27188(03-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 27188  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado acta número 63  

Bogotá,  D.C.,  tres  de  mayo  de  dos  mil  siete.   

Decide  la  Corte  sobre  la admisión de la  demanda   de   casación   interpuesta   por   el   apoderado   de  CLARA  EMILSE  SIERRA  BARRIOS, contra la  decisión  de  segunda  instancia  proferida  el  31  de  octubre de 2006 por el  Tribunal  Superior  de  Santa Rosa de Viterbo, mediante la cual confirmó la del  Juzgado  Segundo  penal  del circuito de Duitama, fechada el 21 de septiembre de  2006,  en  virtud  de  la cual se decretó la preclusión de la investigación a  favor    de    FABIO   CAMARGO   BUITRAGO.   

HECHOS  

          Así los narró el Tribunal:   

“El  25  de enero de 2006, a la hora de las  5:15  A.M.,  en  la  intersección de la carrera 18 (avenida circunvalar) con la  calle  23,  frente  a la Cámara de Comercio de Duitama, la buseta de la empresa  Tures,  de  placas  XID431,  conducida  por FABIO CAMARGO que llevaba dirección  sur-norte      (Duitama-Santa      Rosa),      que  llevaba una velocidad entre 55 y 82 K. P. H., arrolló  al  señor  HECTOR  HORACIO  MALAVER,  quien se desplazaba en bicicleta cruzando  la   calzada   oriental   para   tomar   la  calzada  oriental  para  tomar  la  calzada  que con dirección  norte-sur  (Santa Rosa-Duitama) lo llevaría hacía (sic) el centro de la ciudad  donde  laboraba en una de las sedes del supermercado El Paraíso, causándole la  muerte en el acto.”   

ACTUACION PROCESAL  

Dicha  noticia  criminal  fue  puesta  en  conocimiento  de la Fiscalía General de la Nación, la cual, por conducto de la  Fiscalía   Décima  Delegada  ante  los  Jueces  del  Circuito,  promovió  dos  actuaciones:  una,  el  6  de febrero de 2006, consistente en la realización de  una  audiencia  preliminar  ante el Juzgado cuarto penal municipal de Duitama en  función  de  control  de  garantías,  para  efectos  del  control de legalidad  respecto  de  la  entrega  de un vehículo; y otra efectuada el 21 de septiembre  del  mismo año ante el Juzgado segundo penal del circuito de Duitama, como juez  de  conocimiento,  destinada  a  estudiar la solicitud de preclusión a favor de  FABIO  CAMARGO BUITRAGO, que  efectivamente fue aceptada.   

Esta  determinación  fue  apelada  por  el  representante  de  las  víctimas,  efectuándose la sustentación oral el 17 de  octubre  de 2006. El 31 de ese mismo mes, el Tribunal procedió a la lectura del  fallo  confirmando  el  pronunciamiento  emitido por el a-quo, resolución ésta  que notificó en estrados.   

El  abogado  de  las  víctimas1  interpuso  contra esta decisión el recurso extraordinario de casación.   

En  obedecimiento  a  lo  previsto  por  el  artículo   184,   debe   ocuparse   la   Corte   sobre   la   admisión  de  la  demanda.   

SE CONSIDERA:  

La  Sala  inadmitirá  la  demanda  por las  siguientes razones:   

La   demanda   fue   propuesta   por   el  representante  de  las  víctimas,  en  este  caso  la compañera permanente del  occiso  y sus hijos menores de edad, con el propósito de atacar la legalidad de  la   providencia   que  puso  fin  a  la  actuación  a  favor  de  FABIO    CAMARGO    BUITRAGO,   mediante  “sentencia” de preclusión.   

Significa  aquello  que  se  trata  de  la  interposición  del recurso extraordinario de casación contra una resolución a  la  que  el libelista le atribuye categoría de sentencia, basado seguramente en  que  el  artículo  334  de  la  Ley  906 de 2004, literalmente se refiere a esa  determinación como “sentencia de preclusión”.   

Una  interpretación  exegética  de  esa  disposición,  aunada  a  la  previsión  contenida  en  el  artículo 181 de la  mencionada   ley   que  alude  a  la  procedencia  del  recurso  extraordinario,  fácilmente  conduce al equívoco de creer que entre la  especie  de  las sentencias se encuentra el género de  aquellas  decisiones  que  aparejan  la  preclusión  y  que  por  ese motivo es  plausible suponer que cabe contra ellas la casación.   

No  obstante,  un análisis sistemático de  las  disposiciones del nuevo estatuto procesal penal, así como los lineamientos  de  la  tradición  jurídica en materia de casación, palmariamente denotan que  la  decisión  mediante  la  cual el juez de conocimiento decreta la preclusión  tiene  el carácter de “auto interlocutorio” y no de sentencia y que por esa  razón el recurso extraordinario no es procedente.   

En efecto, la Sala en pretérita oportunidad  tuvo   ocasión   de   pronunciarse   sobre   el   tema   con   los   siguientes  argumentos:   

“Pues  bien,  el  Juez  Décimo  Penal del  Circuito,  para  rehusar  el  conocimiento  del  asunto  en  segunda  instancia,  sostiene  que  en  cuanto  el  artículo  334  de  la  Ley  906 de 2004 denomina  “sentencia”  la  decisión  que decreta la preclusión de la investigación,  es  de la incumbencia del Tribunal la definición de la apelación, norma que es  del siguiente tenor:   

          “…Efectos  de la decisión de preclusión. En firme la sentencia  que  decreta la preclusión, cesará con efectos de cosa juzgada la persecución  penal  en  contra  del imputado por esos hechos. Igualmente, se revocarán todas  las medidas cautelares que se le hayan impuesto”.   

          Para  la  Sala,  la  disposición  transcrita  en cuanto califica de  “sentencia”   la   decisión  de  preclusión  no  puede  interpretarse  con  sujeción  exclusiva  a  su  tenor literal sino de manera sistemática y tomando  como  eje hermenéutico la propia denominación que el legislador le asignó. Lo  anterior  porque,  como  se verá, la nueva normatividad procesal no implicó un  cambio   frente   a   la  naturaleza  jurídica  que  reviste  dicha  decisión.   

          En  efecto, importa señalar, en primer término, que la regulación  efectuada  tanto  en  la  Ley  600 de 2000 (art. 169) como en la Ley 906 de 2004  (art.  161) acerca de la clase y naturaleza de las providencias que se profieren  en  el  decurso  del  proceso  penal  son  en esencia similares, con las únicas  modificaciones  consistentes en que los autos interlocutorios ahora se denominan  simplemente  “autos”  y  los de sustanciación “órdenes”, denominación  esta  última  que  igual  se  asigna  a las decisiones de la Fiscalía. Pero la  definición  que  el  legislador  asignó  tanto en uno como en el otro estatuto  procesal  a  cada  una  de  esas  providencias,  se  repite,  es sustancialmente  idéntica,  de suerte que sentencias siguen siendo aquellas que “deciden sobre  el  objeto del proceso, bien en única, primera o segunda instancia, o en virtud  de  la  casación  o  de  la acción de revisión”, en tanto que autos (los de  naturaleza  interlocutoria)  continúan  siendo aquellos que “resuelven algún  incidente o aspecto sustancial”.   

          Frente  a  tales  definiciones y con referencia al estatuto procesal  penal  de  2000,  la  jurisprudencia  de  esta  Corte  siempre  entendió que la  preclusión  de  la  instrucción  (o  la  cesación de procedimiento, según el  estado   del  proceso  en  que  se  emita  la  decisión)  revestía  naturaleza  interlocutoria,  y  de ahí que jamás se haya admitido la interposición contra  decisión   de   esa   naturaleza   del  recurso  de  casación,  en  tanto  ese  extraordinario  medio de impugnación sólo procede contra sentencias de segunda  instancia,  conforme  lo  establece  el  artículo 205, mandato que –dicho  sea  de paso- se mantiene en la  Ley 906 de 2004 (art. 180).   

          Y  como  atrás  se señaló, se carece de razones para concluir que  ese  entendimiento  legal  ha  variado  con  la  expedición  del nuevo estatuto  procesal   penal,  sólo  porque  el  artículo  334  antes  citado  utiliza  la  expresión  “sentencia”.  Si  no  fuera  así, resultaría inexplicable, por  ejemplo,  que  el  legislador  hubiese distinguido entre sentencia y preclusión  cuando  en  el  artículo  32,  numeral  2º de la Ley 906 de 2004 atribuye a la  Corte  Suprema de Justicia el conocimiento de la acción de revisión en caso de  proferirse  alguna  de  esas decisiones por parte de la propia corporación o de  los  Tribunales  Superiores. E igual acontece con los artículos 33, numeral 3º  y  34,  numeral  3º al radicar en los Tribunales Superiores similar competencia  si  la sentencia o la preclusión es emitida por los Jueces Penales del Circuito  Especializado,  los  Jueces del Circuito o los Jueces Municipales del respectivo  distrito.   

          En  ese  mismo  orden de ideas, obsérvese cómo el artículo 192 de  la  misma  Ley  906 de 2004 estructura las causales de procedencia de la acción  de   revisión,   según   se  trate  de  sentencias  condenatorias,  sentencias  absolutorias o decisión de preclusión.   

          Así  las cosas, si la Ley 906 de 2004 frente a la regulación de la  acción  de  revisión  distinguió  entre  sentencia  y  preclusión, es porque  partió  del  presupuesto  que  se trata de providencias que revisten naturaleza  jurídica diversa.   

          Una  reflexión adicional que sustenta la anterior conclusión tiene  que  ver con la disposición contenida en el último inciso del artículo 176 de  la  misma  Ley  906  de  2004,  de acuerdo con el cual la “apelación procede,  salvo  los casos previstos en este código, contra los  autos  adoptados  durante el desarrollo de las audiencias, y contra la sentencia  condenatoria  o  absolutoria” (se subraya), porque si  no  se entendiera que la preclusión reviste carácter interlocutorio (o auto en  la  nueva  sistemática  procedimental  penal),  esa  determinación  no  sería  susceptible  del  recurso  de apelación, puesto que la misma de ser considerada  como “sentencia” ni es ni condenatoria ni tampoco absolutoria.   

          Tal  conclusión,  empero,  no  es  consecuente  con la connotación  trascendental  que  ostenta  la  decisión  de preclusión de la investigación,  aspecto  sobre  el  cual se pronunció recientemente la Sala, en sede de tutela,  donde,  incluso,  expresamente  le  asignó el carácter de auto al que resuelve  acerca   de   la  solicitud  de  preclusión.  En  efecto,  allí  se  precisó:   

“Igualmente  ha de dejarse en claro que el  pronunciamiento  que  en la respectiva audiencia haya de hacer el cognoscente en  uno  u otro sentido, vale decir, negando o decretando la preclusión, tendrá el  carácter  de  auto,  en la medida en que a través de ese pronunciamiento está  resolviendo   un   aspecto   sustancial  de  la  actuación  (art.  161-2);  tan  trascendente  que  puede  -con  efectos  de  cosa  juzgada- extinguir la acción  penal.   

         Ahora,  de cara a la posibilidad de impugnación no vacila el juicio  para  predicar  la  procedencia  de  los  dos  recursos  ordinarios, esto es, la  reposición  (que procede para todas las decisiones, excluida la sentencia) y la  apelación,  porque  esta  la  admiten ‘los    autos    adoptados    durante    el    desarrollo    de   las  audiencias’  (cfr  art.  176)”2.   

          Ahora   bien,   importa   precisar,  finalmente,  que  es  desde  la  perspectiva  de  los  efectos de la decisión de preclusión, en cuanto la misma  reviste  connotación  de cosa juzgada, que se entiende la indebida pero insular  inclusión  de  la expresión “sentencia” en la redacción del artículo 334  de   la   Ley   906  de  2004.               

Más aún, si se revisa el contenido material  del  artículo  177,  fácil  se  advierte  que allí se encuentra consagrado el  efecto  en  el  cual  se  concede  la  apelación,  y es así como al referir al  suspensivo     menciona     en     su    numeral    2º    el    “auto  que  decreta o rechaza la solicitud  de  preclusión”  (subraya  la  Sala),  norma  que  no  sólo  confirma que la  preclusión   es   un   auto   sino   que  contra  él  procede  el  recurso  de  apelación.”3   

Entonces,  como en este caso se trata de la  proposición  de  una demanda de casación contra el “auto interlocutorio” a  través  del cual el Tribunal confirmó la análoga determinación de la primera  instancia   disponiendo  la  preclusión  de  la  actuación  en  beneficio  del  indiciado  –pues  no  se  formuló  imputación-,  la  demanda resulta inadmisible por cuanto al tenor del  artículo  181  de la Ley 906 de 2004, el recurso de casación solamente procede  contra   sentencias   proferidas   en   segunda  instancia  y  no  contra  autos  interlocutorios.   

Por lo expuesto, La  Corte  Suprema  de  Justicia,  en Sala de Casación Penal,   

Resuelve  

Inadmitir la demanda de casación formulada  por  el  apoderado  de  las  víctimas  CLARA  EMILSE  SIERRA  BARRIOS, JEDHRYCK  SANTIAGO,  NICOLAS,  LORENA,  MAXIMILIANO y ANA ELVIRA MALAVER SIERRA, contra la  decisión indicada.   

En  firme  la  decisión  se  remitirá  el  expediente al Tribunal de origen.   

Notifíquese y Cúmplase  

ALFREDO GOMEZ QUINTERO  

Comisión de servicio  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ                    ALVARO O PEREZ PINZON    

MARINA        PULIDO        DE  BARON                      JORGE  QUINTERO  MILANES                   

             

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS                       JULIO SOCHA  SALAMANCA                                       

                    

MAURO            SOLARTE  PORTILLA                        JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria   

    

1 CLARA  EMILSE  SIERRA  BARRIOS,  compañera  del occiso, y de los hijos menores de edad  JEDHRYCK   SANTIAGO,   NICOLAS,   LORENA,   MAXIMILIANO  y  ANA  ELVIRA  MALAVER  SIERRA.   

2  Sentencia del 21 de marzo de 2006. Radicación 24749.   

3 CSJ,  Sala  de  Casación  Penal,  auto  de  30  de  noviembre  de  2006,  radicación  27188.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *