27182(11-04-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  27182   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 49  

          Bogotá D.C., abril once (11) de dos mil siete (2007)   

VISTOS  

          Dirime  la  Sala  el conflicto negativo de competencia surgido entre  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Bogotá y el  Juzgado  2º  Penal  del  Circuito Especializado de Bucaramanga, en virtud de la  cual  rehúsan  conocer  en  segunda  instancia  del  auto por medio del cual el  Juzgado  10º  de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas de Seguridad de esta ciudad  revocó   la   prisión   domiciliaria  concedida  al  sentenciado  PEDRO ELIÉCER URIBE LAGUADO.   

ANTECEDENTES  RELEVANTES   

          El  ciudadano PEDRO ELIÉCER URIBE LAGUADO,  junto  con  otros procesados,  fue  condenado  por  el Juzgado 2º Penal del Circuito  Especializado  de  Bucaramanga  mediante  fallo  de  junio 29 de 2001, a la pena  principal  de  setenta  y  cuatro  (74)  meses  de prisión, en su condición de  coautor  penalmente  responsable  del  delito  de  secuestro  extorsivo  del que  resultó    víctima    Nelson    Darío     Vargas     Uribe,     según  hechos  ocurridos  el 3 de noviembre de 1989 en la ciudad de  Bucaramanga.   En  la  misma  oportunidad se declaró que este procesado no  tenía    derecho    a   “libertad   provisional”  y  que por ello se debía librar en su contra orden de  captura una vez adquiriera ejecutoria la respectiva sentencia.   

          El  Juzgado  3º  de  Ejecución  de Penas y Medidas de Seguridad de  Villavicencio,  despacho  al  que inicialmente correspondió la vigilancia de la  sanción  impuesta  a  PEDRO  ELIÉCER  URIBE LAGUADO,  mediante  decisión  de julio 24 de 2006, le concedió  la  sustitución  de  la  prisión formal por prisión  domiciliaria  en  los  términos  del  artículo  314  de la ley 906 de 2004”,  medida  que  se materializó el 26 de los mismos mes y  año  cuando  el condenado suscribió la diligencia sobre el cumplimiento de los  compromisos  anejos  a  dicha  medida,  entre los que  figura el siguiente:  “1.-  Cuando  sea del caso, solicitar al funcionario  judicial  autorización  para  cambiar de residencia. El obligado manifiesta que  fija  como  lugar de reclusión su residencia ubicada en la CALLE 22 F No. 86-96  CASA 102 BARRIO MODELIA BOGOTA”.   

          El   Centro  de  Servicios  Administrativos  de los Juzgados de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas de Seguridad de Villavicencio, le comunicó al  juzgado  de  conocimiento que el expediente se remitía  al Juzgado Décimo  de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas  de  Seguridad de esta ciudad, para que se  continuara  con “el control de la pena”.   

          Este  último  despacho  judicial,  mediante  auto  de octubre 19 de  2006,  luego  de  consignar  su  extrañeza porque en relación con el procesado  PEDRO    ELIÉCER    URIBE    LAGUADO   se   hubiera   concedido   la  prisión  domiciliaria,  no  obstante  “la  prohibición  taxativa  señalada en la ley 750  del  19  de  julio  de  2002  y  733  del  mismo  año, las cuales se encuentran  vigentes”,  procedió  a  revocar dicho beneficio de  manera oficiosa. Tal decisión fue impugnada.   

          Al  resolver  el recurso principal de reposición interpuesto contra  la  anterior decisión por la defensora del condenado, el juzgado ejecutor de la  pena  no  accedió  a  lo  pedido  y  procedió,  en consecuencia, a conceder el  recurso  de  apelación  subsidiariamente  interpuesto,  lo  cual  dispuso en el  “efecto    suspensivo    ante   el   H.   Tribunal  Superior”  de la ciudad, a donde dispuso remitir las  diligencias  una  vez  corrido  el  traslado  previsto  en  el artículo 194 del  estatuto procesal penal.   

RAZONES DEL CONFLICTO  

          El  Magistrado  a  quien por reparto correspondieron las diligencias  en  la referida  corporación, mediante auto de enero 30 del año en curso,  luego  de considerar que “la competencia funcional en  lo  que  atañe con los mecanismos sustitutivos de la pena y rehabilitación”,  está radicada en el juez de primera instancia como lo  señala  el  artículo  478  de  la Ley 906 de 2004, dispuso la remisión de las  diligencias  al  Juzgado  2º  Penal  del Circuito Especializado de Bucaramanga,  “para lo de su cargo”.   

          A  su  turno,  el  despacho  destinatario  de  las  mismas, mediante  decisión  de  febrero 22 del año en curso, no aceptó la competencia atribuida  en  la  forma  antes indicada y, consecuentemente, dispuso su inmediato envío a  esta corporación para que se dirima el conflicto así suscitado.   

          Luego  de analizar la jurisprudencia de esta Sala, que el Magistrado  del  Tribunal  Superior  de Bogotá tuvo como sustento para rechazar competencia  funcional,  el  Juzgado  2º Penal del Circuito Especializado fundamenta, en las  siguientes  razones,  el  rechazo  de  la  competencia  que se le atribuye en su  condición   de   juez   de   conocimiento:   (i).-  Al  condenado  PEDRO  ELIÉCER  URIBE  LAGUADO no se le ha  reconocido   ningún   tipo   de  fuero  constitucional  o  legal,  “dado  que  no  contaba  con  esa  calidad”. (ii).- La  conclusión  contenida  en la providencia de la Corte citada por  el  Magistrado  del  Tribunal Superior de Bogotá como sustento para rechazar la  competencia  funcional  en  este  caso,  “no resulta  aplicable”  al  presente  asunto,  por  la  sencilla  razón  de  que  la judicatura no se encuentra frente a persona aforada. (iii).-  Si  el  Tribunal  interviene,  como  así  está  establecido,  no podría estar  vulnerando  el  derecho  del procesado “a una segunda  instancia”;  y (iv).- No se presenta en este caso un  evento  que deba solucionarse acudiendo al parágrafo 1º del artículo 38 de la  Ley 906 de 2004, en aplicación del principio de favorabilidad.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

La  Corte es competente para conocer de este  asunto,  de  conformidad  con  la  previsión  contenida  en  el numeral 4º del  artículo  75  de  la  Ley  600  de  2000, según la cual le corresponde conocer  “De las colisiones de competencia que se susciten en  asuntos  de  la  jurisdicción penal entre las salas de un mismo tribunal, entre  tribunales  o  entre  éstos  y  juzgados  de  otro  distrito  judicial; o entre  juzgados de diferentes distritos”.   

          En  orden  a  dirimir  el  conflicto  negativo de competencia de que  aquí  se  ha  dado cuenta importa precisar, igualmente, que la investigación y  el  juzgamiento  del  condenado  PEDRO  ELIÉCER URIBE  LAGUADO  se  cumplió de acuerdo a las ritualidades de  la  Ley  600  de  2000,  en  la  medida  en  que  el  delito  de  secuestro cuya  responsabilidad  penal  se  le atribuyó, tuvo ocurrencia el día 3 de noviembre  de  1989  en la ciudad de Bucaramanga.  De manera que cualquier remisión a  la  Ley 906 de 2004 en punto de la competencia para conocer en segunda instancia  de  decisiones  adoptadas  en  la  fase  de  ejecución de la pena, sólo sería  posible  si  la  jurisdicción  se  encontrara ante un evento de aplicación del  principio  de  favorabilidad,  dado que la última normatividad, sólo rige para  “los  delitos  cometidos con posterioridad al 1º de  enero  del  año  2005”, según así se precisa en el  artículo 533 ejusdem.   

Y es de meridiana claridad que en el presente  asunto  ausente  se  encuentra  circunstancia  alguna  que  torne  imperiosa  la  aplicación    del    referido    principio    constitucional,   “por  cuanto  el supuesto de hecho, abordado hipotéticamente por uno  u  otro  sistema  procesal  (ley  600  o ley 906) ostenta las mismas garantías,  incluso  la de la doble instancia”.  Y porque en  “relación   con  la  ritualidad,  el  régimen  de  ejecución  y  vigilancia  de  la  pena,  en uno y otro procedimiento agota  trámites  escriturales símiles”, según lo precisó  la   Sala   en   auto   del   pasado   1º   de  febrero  de  2007,  radicación  26.582.   

De  otra parte, tampoco resulta de recibo la  especie   que   subyace  al  planteamiento  del  Tribunal  según  la  cual  las  disposiciones  de  la  Ley  906  de  2004,  en  materia  de  competencia para la  ejecución  y  vigilancia  de  la  pena  y  la  medida  de  seguridad,  resultan  derogatorias  de   las  contenidas  en  la  Ley  600 de 2000 sobre la misma  temática  jurídica,  conclusión  que  la Sala reitera en esta oportunidad con  los    argumentos    expuestos   al   resolver   un   conflicto   de   similares  características, de la siguiente manera:   

          “Desde el acto  legislativo  03  de  2002,  mediante el cual se reformó la Carta Política para  instituir   el   sistema  procesal  de  tendencia  acusatoria  en  Colombia,  el  constituyente  se  preocupó  por la vigencia e implementación del nuevo   sistema,   sometiéndolo   a  la  gradualidad  que  determinara  la  ley  y  sólo  para los delitos cometidos con  posterioridad a su vigencia, art. 5° ejusdem.   

La categoría de la gradualidad tiene efectos  directos  en  la  vigencia  de  las  normas,  se  trata de un juicio de eficacia  jurídica  para  establecer  desde  cuándo una norma tiene aptitud para generar  consecuencias           en          derecho1.    

En cumplimiento del acto legislativo, la ley  906  de  2004, desarrolló en el Libro VII el Régimen de Implementación; en su  artículo      533,      sobre      la      derogatoria      y      vigencia preceptuó tres situaciones: Que  regiría  para  los  delitos cometidos con posterioridad a 1° de enero del año  2005;  que  los casos del artículo 235.3 de la Carta Política continuarían su  trámite  por la ley 600 de 2000, y que las únicas disposiciones que entrarían  en   vigencia  a  partir  de  su  publicación  serían  los  artículos  531  y  532.   

Efectuando una lectura negativa de la última  situación,  habrá que concluirse, por disposición expresa del legislador, que  las  únicas  disposiciones  que no fueron sometidas a una vigencia gradual, son  los    artículos    531    y    532   citados,   los   que   rigen   desde   su  publicación.   

Los  principios de gradualidad y aplicación  limitada  que se revelan en las normas citadas, se lían con la implantación de  las  instituciones propias del sistema de tendencia acusatoria, que se verifican  en  los distintos momentos procesales de la investigación y el juzgamiento. Por  el  contrario,  las  normas  sobre  el régimen de ejecución de las penas y las  medidas  de seguridad en la ley 906 de 2004, como ya lo dijo la Sala2,     al  pronunciarse  sobre  el parágrafo 1° del artículo 38 de esta normatividad, no  muestran   la   construcción   de  una  institución  propia del nuevo modelo procesal:   

‘…dicho  precepto,  por  integrar  el  proceso  de  ejecución  de  la pena, no  hace  parte  del  nuevo  modelo de investigación y juzgamiento  establecido   en   dicho   Estatuto,   e   involucra  tan  sólo  un  asunto  de  competencia  con  posterioridad  a  la  normativamente  establecida  para  la  investigación y juzgamiento, que no compromete para nada  garantías  fundamentales del sentenciado aforado  constitucional  o  legal,  y  si, por el contrario, como ha  visto  en  los precedentes aquí mencionados, le reporta mayores ventajas, es de  concluirse  que resulta de aplicación inmediata por haber derogado tácitamente  la  disposición  sobre  dicha  temática contenida en el artículo 79 de la ley  600          de         2000…’.   

Sin embargo, aun cuando en esta instancia del  sistema  penal  no  se  asomen  procedimientos  o  instituciones  de  naturaleza  acusatoria,  ello  no  conduce a que la vigencia de las normas que se encuentran  en  el  mismo  estatuto (prevista de manera expresa y especial) se gobiernen con  otras  categorías  de  eficacia  normativa extrañas al marco legislativo en el  que fueron expedidas.    

Con  fines  explicativos,  obsérvese  que  mientras  la  ley  906 introduce para la vigencia de sus normas la categoría de  la  gradualidad  a  que  se  ha  hecho mención, la ley 600 de 2000 expresamente  señala  en su artículo 6° que la ley procesal tiene  efecto  general  e  inmediato. Si éste hubiese sido el  querer  del legislador del nuevo procedimiento penal, así lo habría replicado,  al  tratar  el  mismo  principio,  el  de legalidad, pero lo omitió por mandato  constitucional (Acto legislativo 03 de 2002).   

En  otra arista del mismo análisis, nótese  que  en  una  y  otra  ley se prevé una excepción al  principio  de  Legalidad, idénticamente consagrado en  el  inciso 2° del artículo 6°, tanto en la ley 600 de 2000 como en la ley 906  de 2004, que dispone:   

‘la ley procesal  de  efectos  sustanciales  permisiva  o favorable, aun cuando sea posterior a la  actuación,    se    aplicará    de    preferencia    a    la   restrictiva   o  desfavorable’.   

Del texto debe entenderse que lo que permite  afirmar  que  una  ley  procesal  es  sustantiva,  son sus efectos y en punto de  retroactividad    se    concretan    a    que    éstos    sean   favorables   o  permisivos.3   

          El  asunto  por  resolver  de  manera alguna entraña una discusión  sobre  cuál  norma  es  más  favorable  para  resolver  o tramitar los asuntos  relativos  a  los  mecanismos sustitutivos de la pena privativa de la libertad y  por  tanto,  si  no  subyace  esa  condición, no se puede hacer una aplicación  retroactiva de la ley.   

A dilucidar el tema apuntó también la Sala  cuando precisó:   

‘[l]as normas que  se    dictaron    para    la   dinámica  del  sistema  acusatorio colombiano, son susceptibles de aplicarse  por  favorabilidad  a casos  que  se  encuentren  gobernados  por  el Código de Procedimiento Penal de 2000,  a   condición   de   que  no    se   refieran   a  instituciones  propias  del  nuevo  modelo  procesal  y  de  que  los referentes de  hecho  en  los  dos  procedimientos  sean idénticos’4   

          Si  la  pena  y su régimen de ejecución y vigilancia no son ajenos  al  principio  de  legalidad, el cual abarca, también, al Juez natural de estos  asuntos,  con fundamento en la preceptiva superior (art. 29. Inc.3°), entonces,  a  menos  que  se  trate  de  un  supuesto  de  hecho  que  obligue a aplicar la  excepción  de  legalidad  del  artículo  6°,  estatuido  en  las dos leyes de  procedimiento  penal,  no podrá invocarse ley procesal distinta a la vigente al  tiempo de la actuación procesal.   

La pregunta que prosigue es si la fase de la  ejecución   de   la   pena  y  su  vigilancia  está  comprendida  en  la   genérica    expresión   de   “la  actuación  procesal”.  Sí, pues el principio de legalidad  se  reputa  del  delito, de la pena y de su ejecución. No se trata del supuesto  que  indica  aplicar  la excepción al principio. No existe un solo argumento de  favorabilidad  o  mejores  garantías  procesales  que  fuerce  a  recurrir a la  excepción  de  legalidad  indicada  (Inciso  2°,  artículo 6, ley 600 de 2000  igual  en ley 906 de 2004), por lo tanto, lo que se decidirá es que corresponde  aplicar  el  principio de legalidad  en lo que hace al Juez natural para la  vigilancia de la pena en segunda instancia”.   

          Resta  señalar que, en la medida en que la decisión de remitir las  diligencias  al  juzgado  de  conocimiento  para  el conocimiento del recurso de  apelación  del  auto  que  revocó  la  prisión  domiciliaria que se le había  concedido  al  condenado  PEDRO ELIÉCER URIBE LAGUADO,  se  sustentó  en  un  pronunciamiento  de  esta Sala,  importante  resulta  precisar  que  el  supuesto  de  hecho que lo motivó no se  corresponde  al que ha suscitado el presente conflicto negativo de competencias,  pues  mientras   en esta oportunidad la jurisdicción se encuentra frente a  un  condenado  que no ostenta ninguna clase de fuero para la investigación y el  juzgamiento  en  la  referida  oportunidad, la Sala resolvió lo pertinente a la  fase   de   ejecución   de  la  pena  de  un  sentenciado  amparado  con  fuero  constitucional, razón por la cual en lo pertinente se dijo:   

          “Finalmente,  tampoco  soporta sus planteamientos la cita que hace  de            esta            Corporación5,  porque no se corresponde con  el  supuesto  de  hecho  que  se  resolvió en dicho auto.  Se trató de un  asunto  en el quedó claro que razones evidentes de favorabilidad, como lo es la  consagración  de  la  segunda  instancia  para  las decisiones de los jueces de  ejecución  de  penas  y  medidas  de seguridad respecto de condenados con fuero  constitucional  o  legal,  indicaban  la  aplicación  de  la  ley posterior”.   

          Así  las  cosas, sin que se ofrezcan indispensables consideraciones  adicionales,  la  Sala  dirimirá el presente conflicto asignando la competencia  para  conocer  del  recurso de apelación  de que aquí se ha dado cuenta a  la  Sala  de  Decisión  Penal del Tribunal Superior de Bogotá presidida por el  magistrado  que  inicialmente  declinó  la  competencia,  con  fundamento en la  previsión  contenida  en el artículo 80 de la Ley 600 de 2000, a cuyo despacho  se  remitirán de inmediato las diligencias, por economía procesal, comunicando  lo   aquí   decidido   al   Juez   2º  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Bucaramanga.   

          En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

R E S U E L V E  

Primero.-  DIRIMIR    el   presente  conflicto  negativo de competencia, declarando que el competente para conocer de  este  proceso  en  segunda  instancia, es la Sala Penal del Tribunal Superior de  Bogotá, a donde de inmediato se remitirán las diligencias.   

Segundo.-   INFORMAR   sobre  lo  aquí   decidido   al   Juzgado   2º   Penal   del  Circuito  Especializado  de  Bucaramanga.   

          Cópiese y cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                            ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

Permiso  

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                        JAVIER ZAPATA ORTÍZ                         

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Corte  Constitucional Sentencia C-873 de 2003.   

2 Auto  de 16 de marzo de 2006. Rdo. 2459.   

3  CSJ.Cas. Penal. Sent. Oct.. 10/2002.  Rad. 17815.   

4   Auto  de  4  de mayo de 2005. Rdo. 19094, citado en Auto de 28 de Julio de 2005,  Rdo 19093.   

5 Auto  del 16 de marzo de 2006. Rdo 2459.     

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