27175(23-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27175  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 078  

Bogotá,  D.  C., veintitrés (23) de mayo de  dos mil siete (2007).   

V I S T O S  

Decide  la Corte respecto del cumplimiento de  los  presupuestos  de lógica y debida argumentación de la demanda de casación  presentada  por  el  defensor  de  JONATHAN ALBERT VELA  GÓMEZ.   

H E C H O S  

El   juzgador   de  primera  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“La   génesis   del  presente  se  contrae  a  la   denuncia   formulada  el   27   de  diciembre  de   2005     por     la     señora     Sandra     Patricia  Chaparro    Molina,    quien    da   cuenta   que   fue     interrogada     por     su   progenitora    en   relación   con   el   conocimiento  que  pudiera   tener    sobre    el    abuso    de    que    era   objeto   su   menor   hija  Sandra Jimena  Plazas   de    9    años,    por    parte    de   un   pariente   suyo   en  segundo   grado,  esto  es,   Jonathan  Albert  Vela Gómez.   

“Refiere   que  seguidamente  preguntó a la niña, quien respondiera  afirmativamente a la  manipulación  de  sus genitales por parte del citado VELA GÓMEZ entre agosto y  septiembre  del  año  2005,  aproximadamente,  cuando la menor era enviada a la  casa  de  su  también  prima Mini encargada de  peinarla, donde igualmente  reside  Jonathan,  y  con  ella  salir hacia el  establecimiento educativo.  Cuenta  que  en  dos  ocasiones,  el  citado  la  alzó,  la llevó a su cuarto,  bajándole  el  interior  al  igual  que  él  hacía  lo  propio, procediendo a  efectuar  tocamientos  en  sus genitales mientras sostenía sus manos y a abusar  de  ella,  según  su  expresión.  Refiere  que  a  continuación  el citado la  limpiaba  y  la  enviaba  al colegio, indicándole que no fuera a contar nada ya  que  lo  mataría  su  padre  si se enteraba, yendo seguidamente a la cárcel, y  ellas quedarían solas”.    

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.   Conocidos  los  citados  hechos y a  petición  de  la  Fiscalía Segunda Seccional de Bogotá, el 7 de junio de 2006  el  Juzgado  Noveno  Penal Municipal con Función de Control de Garantías de la  misma   ciudad   profirió   orden   de   captura   en  contra  de  Jonathan    Albert   Vela   Gómez.    

El 12 de junio siguiente, el Juzgado Treinta y  Ocho  Penal  Municipal  con Función de Control de Garantías realizó audiencia  preliminar,  dentro  de la cual se legalizó la captura y la Fiscalía imputó a  Vela  Gómez,  en calidad de  autor,  el  delito  de  acto  sexual violento agravado, en concurso homogéneo y  sucesivo,  de  acuerdo  con  los  artículos 206 y 211, numerales 2° y 4°, del  Código  Penal,  cargo que, de manera voluntaria, libre, espontánea y asistida,  aceptó.  Así  mismo,  se  le  impuso  medida  de aseguramiento privativa de la  libertad en el lugar de su residencia.   

Con  base  en  la  aceptación  de cargos, la  Fiscalía   presentó   escrito   de   acusación   en  contra  de  Jonathan Albert Vela Gómez.   

2.   El Juzgado Trece Penal del Circuito  con  Función de Conocimiento de Bogotá, mediante sentencia del 10 de agosto de  2006,    condenó    a    Jonathan    Albert    Vela  Gómez   a   la   pena   principal  de  50  meses  de  prisión   y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio de  derechos  y  funciones pública por un lapso igual al de la pena privativa de la  libertad,  como  autor  del delito de acto sexual violento agravado, en concurso  homogéneo  y  sucesivo.  Así  mismo, le negó la suspensión condicional de la  ejecución de la pena y la sustitutiva de prisión domiciliaria.   

3.  Apelado el fallo por el defensor del  procesado,  quien  considera que el incremento punitivo previsto en el artículo  14  de la Ley 890 de 2004 no es aplicable a este caso y, además, se reúnen los  requisitos  para  conceder  la prisión domiciliaria a favor de su representado,  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Bogotá, el 20 de octubre de  2006,    lo    modificó    en   el   sentido   de   condenar   a   Jonathan  Albert  Vela  Gómez  a  la pena  principal  de  41 meses de prisión por la citada conducta punible. En lo demás  lo confirmó.   

Contra  esta  decisión el citado profesional  del derecho interpuso el recurso de casación.   

LA      DEMANDA      DE   CASACIÓN   

El  defensor  del  procesado,  apoyado  en el  numeral  primero  del  artículo  181  de  la  Ley 906 de 2004, formula un cargo  contra   la   sentencia  de  segundo  grado,  cuyos  argumentos  se  sintetizan,  así:   

Refiere  que  el   Tribunal  Superior de  Bogotá   incurrió   en   violación   directa   de   la  ley  sustancial,  por  interpretación  errónea  “del tipo penal llamado a  regular  el  presente  asunto,  aclarando  que  el error es respecto del quantum  punitivo,  que  a  su  vez  conllevó  a  que  por  esa  vía  se le negara a mi  representado    el    subrogado    de   la   prisión   domiciliaria”.   

Con fundamento en la sentencia T-091 del 10 de  febrero  de 2006 de la Corte Constitucional, fallo que también puso de presente  ante  el  sentenciador  de segundo grado, sostiene que el incremento previsto en  el  artículo  14 de la ley 890 de 2004 no era aplicable a este caso, pues dicha  preceptiva  solamente es “predicable en los casos de  preacuerdo  o  negociaciones”  y  no  en los asuntos  donde    se    presenta   allanamiento   a   la   imputación   hecha   por   la  Fiscalía.   

Recuerda  que,  como  lo  advirtió  la Corte  Constitucional  en  la citada Tutela, el artículo 3° de la Ley 890 de 2004, el  cual  adicionó  el  artículo  61  del  Código Penal, prevé que el sistema de  cuartos  no se aplicará en los casos en que se han llevado a cabo preacuerdos o  negociaciones   entre   la   fiscalía   y   la  defensa,  siendo  evidente  que  “allí  no  se hizo mención del allanamiento a las  imputaciones”,  como  tampoco  se  contempló,  como  ocurría  en  el  código  anterior, una rebaja sustancial por la confesión del  delito,  la  cual  “no  excluía  la  de acogerse a  sentencia anticipada”.   

Afirma  que  el  tratamiento  especial que el  legislador  quiso  imprimir  al mecanismo de los preacuerdos y las negociaciones  es  diferente al del allanamiento espontáneo a los cargos, pues éste conduce a  un  ejercicio  de  ponderación  por  parte  del  juez,  quien  al  verificar la  legalidad  del mismo, procede a dosificar la pena conforme a los parámetros del  artículo  61  del  Código  Penal  y,  sobre  esa  base,  efectúa el descuento  punitivo   previsto   en   la  ley.  En  cambio,  dice  que  los  preacuerdos  y  negociaciones  celebrados  entre  la  fiscalía  y el acusado obligan al juez de  conocimiento,  salvo  que  se desconozcan o quebranten garantías fundamentales.   

Luego  de  transcribir  varios  apartes de la  sentencia  del  Tribunal,  la cual se aparta de las conclusiones a que llegó la  Corte  Constitucional  en  el  mencionado fallo de tutela, dice el libelista que  quien  se  allana a los cargos está haciendo una aceptación unilateral, lo que  implica  un  ahorro  de  esfuerzos  para el Estado, razón por la cual el citado  incremento  de  penas  no  le  es computable, mientras que el imputado que no se  allana  a  los  cargos  y,  por  el  contrario,  entra  en  negociaciones con la  fiscalía,  facilitando  las  cosas  pero  en  menor  grado respecto de quien se  allana, sí se le debe aplicar el incremento.   

Por  ello, concluye que el juzgador incurrió  en  “interpretación  de  una  norma  de  carácter  sustancial  que  reclama  el presente asunto”, ya que  “en  vez  de  tomar  como  punto de partida la pena  prevista  en  el artículo 206 del Código Penal, que es de 3 a 6 años, más el  incremento  de  una tercera parte previsto en el artículo 211 ibidem, que suman  48  meses de prisión, al tomar erradamente el incremento previsto en la Ley 890  de  2004,  se  le impuso a mi patrocinado una pena mayor y por ende, se llegó a  la  conclusión que no se cumplía con la pena mínima de cinco años que prevé  el artículo 30 de la misma obra”.   

Asevera   que,   como  lo  ha  indicado  la  jurisprudencia  de esta Corporación, “el mencionado  incremento   punitivo   no   fue   establecido   por  el  legislador  de  manera  indiscriminada,  sino  exclusivamente  en  los  sitios  donde entrara a regir el  nuevo  sistema  de juzgamiento, y como lo determinara la Corte Constitucional en  su   profuso   análisis,   exclusivamente   en   los  casos  de  preacuerdos  o  negociaciones,  dadas  las  ventajas  por  la  diminuente de pena que para dicha  figura  (preacuerdos  o negociaciones) contempló el legislador, en la medida en  que  no  hay  lugar  a  la aplicación de los cuartos según se consignara en el  artículo  3°  de  la  Ley  890/04,  mientras  que  cuando el allanamiento a la  imputación  se  trata, el juzgador sí puede y debe recurrir a los cuartos para  tasar la pena”.   

En  fin,  después de reiterar los anteriores  argumentos  y  de  insistir  en  el  error  de interpretación acusado, concluye  solicitándole  a  la Corte casar la sentencia impugnada y, en su lugar, proceda  a  reajustar  el  quantum  punitivo, el cual, en su criterio, debe ser fijado en  26.2  meses  de prisión, pena que permite la concesión a favor de su procurado  de  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena o, subsidiariamente,  la prisión domiciliaria.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.   En el nuevo el sistema procesal, la  casación  se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional y legal que  procede  contra  las  sentencias  dictadas  en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos cuando afectan derechos o garantías procesales.   Por  lo  mismo,  ha  de  concluirse  que este recurso, concebido como un control  constitucional,  es   consecuencia  natural  de  la  función que ejerce la  Corte  Suprema  de Justicia como Tribunal de Casación, según así lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta,  y, por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De  acuerdo con lo que estatuye la citada Ley  906,  para  que la demanda sea admitida se requiere que el libelista, además de  contar  con  interés,   acredite  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,   para   lo   cual   también   deberá   formular   y   desarrollar    los    correspondientes    cargos    y,   por   supuesto,  demostrar  la  necesidad de intervención de la Corte para  lograr  algunos  de los fines establecidos para la casación, según lo previsto  en  el  artículo  180 de esa normatividad, es decir, la efectividad del derecho  material,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y  la  unificación  de la jurisprudencia,  propósitos  que,  como  lo  tiene  dicho  la  Corte, son los mismos del proceso  penal,  lo  que explica que las causales de casación tengan un diseño dirigido  a lograr esos fines.   

Por    ello,    “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que  por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la casación”.1   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento que permita continuar el debate fáctico y jurídico llevado  a  cabo  en  el agotado proceso, por lo que no es procedente realizar toda clase  de  cuestionamientos  a  manera  de  instancia  adicional  a  las ordinarias del  trámite,  sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente y sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente señalados en la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea de juicio o de procedimiento en que haya  podido  incurrir  el sentenciador, procediendo a demostrarlos dialécticamente y  evidenciado  su  trascendencia,  para de esa manera concluir que la sentencia no  es  acorde  con  el  ordenamiento  jurídico,  cuya  desvirtuación, se reitera,  compete al demandante.   

2.   Teniendo  en  cuenta los anteriores  derroteros,  si  bien  es  cierto  que  el libelista, a través del único cargo  fundado  en  la  causal  primera de casación, plantea la violación directa por  interpretación  errónea del artículo 14 de la Ley 890 de 2004, también lo es  que  del  discurso argumentativo no se puede inferir en qué consistió el error  de  hermenéutica  en que supuestamente incurrió el sentenciador al seleccionar  la citada preceptiva y aplicarla al presente asunto.   

Frente  a  la  interpretación  errónea como  motivo  de  casación, tiene dicho la jurisprudencia de la Corte que corresponde  al  censor  evidenciar  el  dislate  interpretativo  de  la  norma escogida para  solucionar  el  caso, siendo igualmente imperativo que se acepte que dicha norma  era  la  llamada  a  gobernar  el  asunto  pero  que por su equivocado contenido  interpretativo  se  le  otorgó  un  alcance  que  no  se  deriva  de  su texto.   

Seguidamente,   corresponde  igualmente  al  libelista  demostrar  su  trascendencia,  es  decir,  cómo   de     haber    sido    interpretada   correctamente   la   norma  necesariamente  el  fallo habría sido favorable a los intereses del acusado. De  ahí  que  se  hace  imperioso que el actor ilustre a la Corte sobre la correcta  interpretación  de  la  norma y, así mismo, la conecte con la parte resolutiva  del  fallo,  pues sólo en ese evento la Corte puede intervenir como tribunal de  casación con el fin de enmendar los agravios inferidos.   

En  el  evento  que  ocupa la atención de la  Sala,  surge  evidente  que  el  actor no cumplió con las citadas cargas, en la  medida   en  que  sustenta  su  disconformidad  con  el  fallo  respecto  de  la  aplicación  del  artículo  14  de la Ley 890 de 2004, para lo cual acude a una  decisión  de  tutela emitida por la Corte Constitucional, sin que se infiera de  su  discurso  las equivocadas razones que tuvo el juzgador de segundo grado para  hacer  el  incremento  punitivo  de  que  trata la citada ley no obstante que el  acusado aceptó los cargos.   

Por el contrario, más que ilustrar a la Corte  sobre  el presunto error de hermenéutica, el actor resalta las conclusiones del  citado  fallo  de  tutela  y,  a  partir  de ahí, construye una interpretación  sofística  que le permite colegir, en su personal criterio, que en este caso no  se  debió  aplicar  el  artículo  14  de la Ley 890 de 2004, por cuanto que su  defendido  se  allanó  a  los cargos, argumentación que por sí sola en manera  alguna evidencia el yerro demandado.   

Además,  teniendo  en  cuenta  las  razones  presentadas   por  el  censor,  de  todos  modos  debió  plantear  la  indebida  aplicación  del  artículo  14  y no su errónea interpretación, pues, como se  indicó,  en su opinión, ésta no era la norma que debía solucionar el asunto,  en  la  medida  en  que  el  acusado  se  allanó  a los cargos imputados por la  Fiscalía.   

De la misma manera, careciendo el reproche de  la  claridad,  logicidad  y debida argumentación, en manera alguna se ocupó en  demostrar  que  en  este  caso y excluyendo el artículo 14 de la mencionada Ley  890  de  2004,  el  acusado tendría derecho a los mecanismos sustitutivos de la  suspensión   condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  o  de  la  prisión  domiciliaria,  institutos  que  en  últimas  son la principal pretensión de su  demanda.   

Ahora bien, superando los defectos del libelo,  en  todo  caso  no  le  asiste  razón  al  actor,  pues  en  cuanto al correcto  entendimiento  del  artículo 14 de la Ley 890 de 2004, recientemente la Sala se  pronunció en los siguientes términos:   

“Las   penas  previstas  en  los  tipos  penales  contenidos  en la parte especial del Código  Penal  se  aumentarán  en  la  tercera  parte en el mínimo y en la mitad en el  máximo.  En  todo  caso,  la  aplicación  de  esta regla general de incremento  deberá  respetar  el  tope máximo de la pena privativa de la libertad para los  tipos  penales  de acuerdo con lo establecido en el artículo 2° de la presente  ley…   

“El  carácter  general    de   la   disposición,   ‘por  la  cual  se  modifica y adiciona el Código Penal’,  dimana de su propia redacción. De  su  gramática  y  de  su  letra se desprende que no fue pensada y confeccionada  para  regular algunos casos -los de negociaciones-, dejando por fuera otros -los  de  allanamiento  a  los  cargos  imputados-, sino para todas aquellas conductas  que,  por  razón  de  la  temporalidad  determinada  por  el constituyente y el  legislador,  se  deben regir, para su investigación y juzgamiento, por el nuevo  Código   de   Procedimiento   Penal,   implementado   por   la   Ley   906  del  2004.   

“2. Se afirma que  como  una Sala de Revisión de la Corte Constitucional en su sentencia de tutela  091  del  10 de febrero del 2006 distinguió entre acuerdos y allanamientos para  decir  que en los primeros había negociación entre la fiscalía y el imputado,  mientras  en  los  segundos  la  persona  simplemente  se  acogía  a los cargos  imputados,  el  incremento de la Ley 890 del 2004 se circunscribe a los acuerdos  y  excluye  los  allanamientos.  Se  parte,  entonces,  de que la intención del  legislador  fue la de forzar al autor de la infracción a pactar con el acusador  la   admisión   de   responsabilidad,   lo   que   no   sucede  en  materia  de  allanamientos.   

“Sobre este punto  la Sala precisa:   

“De    los  antecedentes  legislativos  del nuevo Código de Procedimiento Penal resulta que  los  significativos aumentos punitivos no estuvieron signados exclusivamente por  la  finalidad  de  forzar  las  negociaciones,  sino  también  por el ánimo de  incentivar   al   responsable   de  la  conducta  punible  a  colaborar  con  la  administración  de justicia. Y como es evidente, el allanamiento es una nítida  postura  de  cooperación,  que  así, se enmarca dentro de los lineamientos que  inspiraron el artículo 14 de la Ley 890 del 2004.   

“Como   está  definido,  la  ley  890 del 2004 es una norma amplia, que no particulariza sobre  el  punto,  que  ha  nacido  para  efectos  de la adecuación del nuevo régimen  procesal  y  que  no  establece excepciones, salvo las de los artículos 3°, en  materia  de  cuartos punitivos, y 15, que excluye de vigencia inmediata la mayor  parte de sus disposiciones.   

“Si  en  el tema  preciso  que  convoca  la  atención  de la Sala, las dos normas, es decir , las  leyes  890  y  906  del  2004,  son  mutuamente referentes, y la primera no hace  excepciones  respecto  de  la  segunda,  es  claro,  con  la  tradición, que el  intérprete  no puede confeccionar distinciones ni crear situaciones exceptivas.  Y  recuérdese  que tanto las diferenciaciones, como las excepciones, tienen que  estar  manifiesta  y  expresamente  fijadas por el legislador. Es claro entonces  que  no  es  jurídico  afirmar  que los incrementos punitivos de la Ley 890 del  2004   apuntan   solamente  a  las  hipótesis  de  acuerdos  y  que  se  alejan  radicalmente   de   las   aceptaciones  de  cargos  o  allanamientos”.2   

En  esas condiciones, el recurrente a través  del  cargo formulado no demuestra  que el fallo que se propone en esta sede  tiene  por  finalidad  la  efectividad  del  derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a  éstos  o  la unificación de la jurisprudencia, de acuerdo con el artículo 180  de   la   Ley   906   de   2004,   razón   por   la   cual  se  inadmitirá  la  demanda.   

Resta  señalar  que  no  se  observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaron derechos o  garantías   del   procesado   Jonathan  Albert  Vela  Gómez,  como  para  que  tal  circunstancia  imponga  superar  los  defectos  del  libelo  para decidir de fondo, según lo dispone el  inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Acotación final  

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir  la demanda de casación presentada a nombre del procesado  Jonathan Albert Vela Gómez  procede  el mecanismo de insistencia de  conformidad  con  lo  establecido  en  el  artículo  186 de la Ley 906 de 2004,  impera  precisar que como dicha legislación no regula el trámite a seguir para  que  se  aplique  el referido instituto procesal, la Sala ha definido las reglas  que   habrán  de  seguirse  para  su  aplicación,3 como sigue:   

a)   La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Sala  decida  no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  ésta   reconsidere   lo   decidido.   También    podrá    ser   provocado   oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por   alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación  Penal   -siempre  que  el  recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por  el  Procurador  Judicial-,  el  Magistrado  disidente  o  el  Magistrado que no haya  participado en los debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)   La  solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

d)   El  auto  a  través del cual no se  selecciona  la  demanda  trae  como  consecuencia  la firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

En  mérito  de los expuesto, la CORTE   SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de JONATHAN  ALBERT  VELA  GÓMEZ,  por las razones expuestas en la  parte motiva de esta providencia.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  por  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Comisión de servicio  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                           ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                          JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                             JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Sentencia del 19 de octubre de 2006, radicado 25724   

3  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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