27160(16-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No  27160   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

DR. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta N° 73  

          Bogotá, D.C., dieciséis de mayo de dos mil siete.   

VISTOS  

Para  establecer  si reúne las exigencias y  condicionamientos  previstos  en los artículos 205 y 212 de la Ley 600 de 2000,  la  Corte  examina  la  demanda de casación por cuyo medio el defensor de JORGE  EMILIO  DEVIA,  dice  sustentar la casación excepcional que interpuso contra la  sentencia  de  segundo  grado  proferida el 18 de octubre de 2006 por el Juzgado  2°  Penal  del  Circuito  de  Neiva,  confirmatoria de la condena de 7 meses de  prisión,  el  equivalente  a 15 salarios mínimos legales mensuales vigentes de  multa  y privación del derecho de conducir vehículos por el mismo lapso, que a  título  de penas principales le impuso al citado procesado el Juzgado 1º Penal  Municipal  de  la misma ciudad en fallo del 28 de febrero de 2006, al declararlo  autor  responsable  de  la  conducta  punible  de  lesiones  personales culposas  perpetrada  en  contra  de  la  integridad personal de Edgar Agustín Gutiérrez  Trujillo.   

ANTECEDENTES   

         

Los  acontecimientos a los que se contrae la  presente  actuación  tuvieron lugar a eso de las cuatro y media de la tarde del  martes  3  de  julio  de  2002, cuando en la intersección de la carrera 2ª con  calle  11  de  la  ciudad de Neiva, colisionó el vehículo automóvil de placas  EXJ421,  conducido  por  JORGE  EMILIO DEVIA, con la motocicleta marca Auteco de  placas  MKH28,  al  mando  de Edgar Agustín Gutiérrez Trujillo, quien resultó  lesionado en el acto.   

Por tales hechos, el implicado fue vinculado  mediante  indagatoria  a  la  correspondiente  investigación  por  parte  de la  Fiscalía  General  de la Nación; perfeccionada en lo posible la instrucción y  decretado  su fenecimiento, por resolución del 27 de julio de 2004 la Fiscalía  9ª  Local  de  Neiva acusó a JORGE EMILIO DEVIA como presunto autor del delito  de  lesiones personales culposas conforme a la descripción típica contenida en  los artículos 111, 114-1 y 120 de la Ley 599 del Código Penal.   

De  la  etapa del juicio conoció el Juzgado  1°  Penal  Municipal  de Neiva, despacho que luego de evacuar la vista pública  profirió  la  sentencia  de  condena  a  la que se hizo alusión en el acápite  inicial  de  esta  providencia,  la  cual  confirmó  el  Juzgado  2° Penal del  Circuito  de  dicha  ciudad  al  desatar  el recurso de apelación que contra la  misma   se   interpuso,  mediante  la  que  hoy  es  objeto  del  extraordinario  recurso.   

LA DEMANDA  

Cargo Único.  

Para  empezar,  considera  el  censor que la  sentencia  recurrida es “violatoria en forma directa  de  las normas sustanciales contenidas en los artículos 6° y 32 numeral 10 del  Código   Penal,   ambos   preceptos   por   falta   de  aplicación”.   

A  continuación, alude a la valoración que  hizo  la  Fiscalía  9ª  Local  de  Neiva  en la resolución de acusación, con  relación  al  testimonio  de  Henry  Guzmán Rubiano, con el fin de concluir la  “notoria aparición” del  principio   del   In   Dubio   Pro   Reo,  debido  a las contrariedades entre lo consignado en el informe de  tránsito  y  lo declarado por los testimoniantes Jhon Carlos Puentes, el citado  Guzmán  Rubiano  y el propio procesado, de los cuales, por reflexión jurídica  elemental,  se generaba una duda sobre la verdadera ubicación de los vehículos  comprometidos en el accidente.   

Manifiesta  que  en  cambio,  del informe de  revisión  técnica  practicado  a los vehículos, sí existía una “correlatividad     de    empatía    silogística” con las versiones de los declarantes mencionados.   

La  ausencia  de una equilibrada valoración  probatoria   por   parte   de  los  falladores  respecto  a  la  “integralidad   probatoria”,  dice,  se  traduce  en  no  percatarse  de las contradicciones en que incurrió el ofendido  Edgar  Agustín  Gutiérrez  Trujillo  en  lo  que  respecta  al lugar donde fue  recibido  el  impacto  en  la  motocicleta.  Frente  al mismo testigo, considera  convincente  y sensato un análisis probatorio que apunte a que él adelantó el  furgón   intempestivamente,   invadiendo  el  separador,  con  la  sorpresa  de  encontrar  parado  el  vehículo  de  su  defendido,  ya  que la moto fue la que  impactó  al  carro  parado,  tal como reconoce el mismo afectado y se convalida  con los restantes declarantes.   

Aduce el casacionista que es inexplicable la  omisión  de  análisis  probatorio de los dos juzgadores, en lo que atañe a la  posición  de  la defensa, que alegó un error invencible con base en el numeral  10  del  artículo  32  del  Código  Penal,  a  partir de lo manifestado por su  prohijado,  pero  aquéllos  solamente  enfilaron  baterías  acusatorias  de la  posible     negligencia     o     violación     de     normas     legales     o  reglamentarias.   

Para  abordar  el  tema  de  la  violación  directa,   a  continuación  alude  a  pronunciamiento  de  la  Sala1,    con  fundamento  en  el  cual  transcribe  la  parte de le sentencia de segundo grado  donde  se  omite  la  aplicación  de  las  normas sustanciales que sustentan la  casación, en los siguientes términos:   

“La  Inconformidad  del  recurrente  la  centraliza  específicamente  en  cuanto  a la confección del croquis del lugar  del  hecho.  Al  observarse  este  documento  que  aparece  en  el  folio  2,  y  confrontarlo  con  la  prueba  testimonial  y  la  versión  que cada uno de los  conductores  involucrados  ofreció  al  ser  llamados al proceso, aquel aparece  como fiel reflejo de lo acaecido.   

JORGE EMILIO DEVIA, hacia su desplazamiento  por  la  Calle  11,  para  tomar  la  carrera  2 en sentido norte-sur, ya había  cruzado  el  primer  carril  y  cuando  había  hecho  un semipare para tomar el  segundo  carril  de  la  carrera,  observó  un furgón, creyendo que detrás de  dicho  vehículo  no  iban  mas  automotores  y  que  por  la  velocidad de este  automotor  podía  meterse en el tráfico de la carrera segunda, decide tomar el  riesgo,  pero  sin  percatarse  que allí iba la motocicleta que conducía EDGAR  AGUSTÍN,  produciéndose la colisión de la moto con el lado derecho del bomper  del  Renault  4  ………………  Quien llevaba la prelación en la vía, era  indudablemente  el  motociclista,  amparado por el principio de la confianza que  le  indicaba  que  como  iba por su vía, los demás conductores respetarían su  prelación.  Por  ello,  quien  estaba obligado a realizar el pare para tomar la  arteria  principal,  era el procesado, quien debió esperar y cerciorarse de que  no  venían  otros  vehículos  para poder acceder a la maniobra, y allí radica  precisamente  su  culpa, desatendió el cuidado medi (sic) exigido para realizar  el  cruce,  conforme  se lo indica el reglamento de tránsito y con ello produjo  el    resultado    que   creyó   poder   evitar,   pero   que   finalmente   se  produjo”.   

Por lo anterior, concluye que el Ad quem basa  la  sentencia  en  la supuesta certeza del informe de accidente y la exclusiva e  insistente  culpa  atribuible  al  procesado,  a  partir  de lo cual esboza tres  errores:   

El  primer  yerro  del  Juzgado  Penal  del  Circuito,  señala,  fue  por no considerar lo planteado por la Fiscalía Local,  de  existir  una  duda  sobre  la  veracidad  de  lo consignado en el informe de  accidente   y  conjugarlo  con  las  versiones  de  los  testigos.  Dicho  error  constituye  una  “falta  de aplicación”,  dada  la  duda que se presenta y las contradicciones entre los  informes y lo declarado por los testigos.   

El  segundo  error,  argumenta, se origina a  partir  de  las  inaplicaciones de los artículos 6° y 32-10 del Código Penal,  al  considerar  la  certeza del informe de tránsito, sin valoración probatoria  integral,  desatendiendo  que  la  misma  Fiscalía  planteó  la duda y por las  contradicciones   entre   los  informes.  Estima  entonces  que  “hay   un   error   de   existencia  en  relación  con  las  normas  sustanciales que se aplican”.   

El  tercer yerro, concluye el demandante, se  deriva   de   “la   errática   consideración  de  exclusivisarse   (sic)   con   la   culpa   (negligencia-violación   de  normas  reglamentarias)    del    procesado”,    ya    que  “contradicen   directamente   con   las  versiones  rendidas   por   los   declarantes   y   las   pruebas  documentales”,  sin  referirse  en  ningún momento a la culpa probada, lo que  acarrea  parcialidad probatoria, omitiéndose la integralidad de la prueba y por  ende obviar su pedimento de error invencible para aquél.   

Agrega  el libelista que los citados errores  confluyen   radicalmente  en  la  fundamentación  de  la  sentencia  objeto  de  casación  y “deja sin oportunidad defensiva real al  procesado      por      la     omisión     realmente     probada”.   

Casar la sentencia recurrida y en su defecto  proferir  “la  sentencia que a bien tenga dentro de  su  leal  saber  y  entender”, es la pretensión que  eleva el censor a la Corte.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Una vez más reitera la Sala, que frente a la  casación  excepcional,  a  más de las exigencias propias de este mecanismo, se  precisa  de  los  mismos  requisitos  de procedibilidad de la casación común u  ordinaria,  pues,  conforme  a lo establecido en el inciso 3º del artículo 205  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  dicho medio impugnativo solamente puede  proponerse  en  relación  con  los  fallos  de segundo grado proferidos por los  Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial  y  el  Tribunal Penal Militar en  procesos  adelantados  por  delitos  que  tengan  señalada pena privativa de la  libertad  cuyo  máximo  no  exceda de ocho (8) años, o contra los fallos de la  misma  naturaleza dictados por los Juzgados Penales del Circuito sin importar en  estos     eventos     el    quantum    punitivo.   

          En  ese  orden  de  ideas, tales presupuestos dicen relación con su  interposición  dentro  de la oportunidad legal por sujeto procesal legitimado y  revestido  de  interés  jurídico,  quien además debe enseñarle a la Corte la  necesidad  de su intervención, bien para el desarrollo de la jurisprudencia -ya  porque  no  exista  antecedentes  sobre  una  materia, ora porque existiendo hay  pronunciamientos  enfrentados,  o  porque es necesario aclarar algún aspecto- o  para  la  garantía  de  los  derechos fundamentales, caso este en el cual ha de  especificarse  el  derecho  fundamental objeto de quebranto, señalando el medio  que  lo  garantiza, y la irregularidad en la cual se origina su desconocimiento,  atropello  o  vulneración;  valga  decir,  debe indicarse de manera concreta en  qué  consistió  la  violación  y su influencia nociva en la garantía, que no  permite  el  goce  o libre ejercicio del derecho fundamental, pues, como lo dijo  la    Sala2:   

“Como   la  necesidad   del  desarrollo  jurisprudencial  y/o  la  tutela  de  los  derechos  fundamentales  surge del caso concreto, no de una abstracta consideración de la  Corte,  es  obvio  que  ésta  no puede ex-officio hacer una declaración de tal  naturaleza,   previa   revisión   del   proceso,  pues  ello  comportaría  una  inconveniente  anticipación  de  juicios sobre la materia de inconformidad. Por  ello,  de  manera  razonable,  se exige al recurrente que escriba la motivación  concreta  que  lo  impulsa  a  interponer el recurso, referida a uno o a los dos  fines  exclusivos  de  la  casación discrecional, única manera de conciliar el  carácter  rogado  de  las  impugnaciones  con  aquellas  loables necesidades de  interés  público,  pues, aunque con matiz excepcional, sigue siendo un recurso  extraordinario  que  se  radica  en  las partes y no una facultad oficiosa de la  Corte.   

“Aunque  finalmente  todo  depende  de la discrecionalidad reglada de la Corte, lo cierto  es  que  el  peticionario  ha  de  exhibir la argumentación autosuficiente para  mostrar  la  necesidad  de  un desarrollo jurisprudencial o de la protección de  derechos  fundamentales  supuestamente  conculcados,  pues  sólo  a  partir del  señalamiento   concreto   de   falencias   puede  el  órgano  decisor  avanzar  dialécticamente  sobre  temas  que de otra manera le están vedados por obra de  la   legalidad   y   el   acierto   que   se   presumen  en  el  debate  de  las  instancias.”   

Ninguno  de los anteriores derroteros cumple  el  demandante, porque si bien la impugnación se ejercitó oportunamente contra  sentencia  de  segundo  grado proferida por un Juzgado  Penal  del Circuito, es lo cierto que la argumentación  pertinente  se halla huérfana de cualquier planteamiento serio que le indique a  la  Corte la necesidad de su intervención en orden al cumplimiento del cometido  que  le  impone una cualquiera de las alternativas posibles que tornan viable el  ejercicio  de  su  potestad discrecional, como con antelación se indicó, y del  mismo  modo,  la  acreditación  del consecuente agravio que para los procesados  contiene la sentencia cuestionada.   

         

         Y  tampoco se infiere del texto del escrito impugnatorio, patente la  necesidad  de  desarrollar  la  jurisprudencia, citando el aspecto problemático  menesteroso de consideración en esta sede.   

          En  suma,  el  enfoque  de  la  demanda exclusivamente se dirigió a  cuestionar  los  razonamientos  probatorios de la sentencia, pero sin desarrollo  alguno  y sin mención atendible de la forma como esa situación incidió en las  garantías de la justiciable.   

          En  este sentido, adviértase, que como los reparos relacionados con  la  apreciación  de  las  pruebas,  de  suyo no entrañan una afrenta directa a  derecho   fundamental   en  concreto,  pues  el  agravio  se  mediatiza  por  el  establecimiento  de  los  errores  de  juicio  en  su estimación, los mismos no  pueden   tenerse   como   sustentación   válida   del   recurso  de  casación  discrecional.   

          Este  medio de impugnación excepcional, tiene dicho la Corte, sólo  se   justifica   por  la  urgencia  de  proteger  las  garantías  fundamentales  conculcadas,  si  el  daño  se  pone  en  evidencia  con  la  sola  indicación  descriptiva  de  su  ocurrencia,  en  el  capítulo  de la demanda dedicado a la  fundamentación  de  la  necesidad  de  que  la  Corte  intervenga para procurar  aquella garantía, cuestión que por completo olvidó el censor.   

         

          Se  insiste,  los  razonamientos en relación con la apreciación de  las  pruebas,  dada  la indeterminación de los resultados por la posibilidad de  meras  discrepancias  valorativas,  no  pueden  ser  argumento  suficiente  para  reclamar una casación sujeta a tan singulares necesidades.   

         

         Es   que,  en  tratándose  de  defectos de apreciación probatoria, fundamento de la solicitud  de  que la Corte ejercite en este evento la potestad discrecional que le asiste,  la  demanda no tiene ninguna  posibilidad   de   ser   admitida  en  los  términos  planteados   por   el   casacionista,   pues,   como  constantemente     lo    viene    sosteniendo    la  Sala3:   

“(…)  en  principio,  las  posibilidades  reconocidas en la  jurisprudencia  para  acceder  a la casación discrecional no se extienden a las  hipótesis  planteadas  en  la  demanda,  es  decir,  a  discutir la valoración  judicial  de  los  elementos  de  convicción,  porque  en  esa labor los jueces  cuentan  con la relativa libertad que se desprende de la sana crítica, a no ser  que  se  proponga  que sus deducciones son producto de una motivación aparente,  falsa  o  ausente,  supuesto  que  determinaría,  en caso de que se demuestre y  aparezca  concretado,  la  consolidación  de  un quebranto a las garantías, en  cuanto  obedecerían  tales  deducciones  a  la arbitrariedad -ajena a un estado  democrático  y  constitucional-  y  no  a la razón y a la justicia”.   

Es  claro  que  en  este  caso  el  censor  plantea  la invalidez de la  sentencia  por  yerros  en  la  valoración  de  los  medios de convicción   allegados   a   la   actuación,  buscando  anteponer  su  criterio  al  propio  de  las instancias, pasando por  alto   que   ellas   llegan   a  esta  sede  revestidas  de  una  doble      condición      de      acierto     y     legalidad.   

         

         Finalmente,     como     se   halla  claro  que  el  casacionista  omitió  fundamentar  los  motivos  que  lo  llevan  a  invocar  el ejercicio de la discrecionalidad por la  Corte, se impone de entrada  el rechazo de su libelo impugnatorio.   

         Pero,  incluso,  si  se  pudiese  pasar  por  alto  tan  ostensible  omisión,     es    necesario    advertir    que    ya    específicamente   delimitados   los   cargos  propuestos  en  contra  de  la  sentencia,  estos  también  adolecen  de  crasos  yerros  en  su postulación, al  punto   de  impedir  conocer  de  la  Corte  cuál  en  concreto es la violación  trascendente  que  se reputa  de los fallos de instancia.   

         Al    efecto,    apenas    a   título  ejemplificativo,  mírese  cómo  el  escrito  jamás  precisa   si  los  dichos  errores  se  asumen  de  hecho o de derecho, y una vez  definido   el   tópico,   cuál   es   la  naturaleza específica de los mismos,  advirtiéndose    confusa   y   contradictoria   la  sustentación   del   tópico,   incluso,   evitando  significar  el  contenido  de las pruebas objeto  de  preterición no empece obrar  válidamente        incorporadas        a        la       actuación.   

         Acorde con lo  anotado,   inexorable  se  presenta  la  inadmisión  de  la demanda,           disponiéndose     la     devolución  del  diligenciamiento al Juzgado  de origen.   

En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de  Casación Penal,   

RESUELVE  

        INADMITIR  la  demanda  de  casación  discrecional   presentada  a  nombre  del  procesado  JORGE   EMILIO   DEVIA,  conforme    con    las   motivaciones   plasmadas   en   el   cuerpo   de   este  proveído.   

          Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

Cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                              ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA        PULIDO       DE  BARÓN                                   JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID          RAMÍREZ  BASTIDAS                              JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                        JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Indica  que Sentencia del 26 de septiembre de 1989.   

2 C. S.  de J., Auto del 25 de septiembre de 1997, Rad. 13.401   

3 C. S.  de J., Auto del 9 de febrero de 2006, Rad. 23.055     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *