27112(09-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  27112   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No. 69  

Bogotá  D.C.,  nueve (9) de mayo de dos mil  siete (2007)   

VISTOS  

Decide  la Sala el recurso extraordinario de  casación  interpuesto  por  el  defensor  del  procesado  OSCAR  DARÍO ATUESTA  BARRERA  contra  el fallo proferido por el Tribunal Superior de Valledupar el 10  de  octubre  de 2006, confirmatorio del dictado por el Juzgado Segundo Penal del  Circuito   del   mismo   Distrito   Judicial,  mediante  el  cual  lo  condenó,  conjuntamente  con  Emiro  José  Álvarez  Arroyo,  como  coautores  penalmente  responsables del delito de estafa.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El  Sindicato  Nacional  de  la  Salud  y la  Seguridad      Social      “SINDESS”  mediante  Resolución 001 de 5 de julio de 1997  intervino  fiscal   y   administrativamente   su   Seccional  del  Departamento  del  Cesar  suspendiendo  al  Presidente  y  Vicepresidente,  OSCAR DARÍO ATUESTA BARRERA y  José  Alonso  Flórez, respectivamente, además, congeló los recursos, cuentas  bancarias    y    títulos    valores   que   estuvieran   a   nombre   de   esa  sección.   

Posteriormente,  a través de la Resolución  001  de  31  de  enero  de  1998  la  Asamblea  Nacional extraordinaria de dicho  sindicato  ordenó la expulsión de OSCAR DARÍO ATUESTA, José Alonso Flórez y  Edgar  Álvarez  Cañizares  miembros  de  la  junta directiva seccional ante el  retiro  de  más de veinte millones de pesos ($20.000.000,oo) del Banco Popular,  a sabiendas de que las cuentas bancarias estaban intervenidas.   

Así  mismo, OSCAR DARÍO ATUESTA, fungiendo  como  Presidente  de la Seccional del Sindicato, calidad que no ostentaba por su  expulsión,   mediante  escritura  pública  2015  del  24  de  julio  de  1998,  transfirió  a  título  de  venta  por  la  suma  de quince millones doscientos  cuarenta  y  ocho  mil  novecientos  veinticuatro  mil pesos ($15.248.924,oo) el  inmueble   de   propiedad  de  “SINDESS”,  ubicado  en  la  carrera  14 N° 13-Bis 36 de barrio obrero de  Valledupar,  al  Sindicato  Departamental  de  Empleados  de  la Salud del Cesar  “SIDESC”, organización  que había constituido el 8 de enero de 1998.   

Abierta   formal   investigación  por  la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  se  vinculó  mediante indagatoria a OSCAR  DARÍO  ATUESTA,  Emiro  José  Álvarez  Arroyo,  José  Alonso Flórez y Edgar  Álvarez  Cañizares y su situación jurídica se resolvió el 4 de diciembre de  2000  con  caución  prendaria como presuntos responsables del delito de estafa.  Igual  medida  se impuso a los dos primeros procesados por el delito de falsedad  en  documento  privado,  no  obstante,  la  Unidad de Fiscalía Delegada ante el  Tribunal  Superior  de  Valledupar,  mediante  proveído  del  4 de mayo de 2001  revocó  ésta  última   manteniendo  únicamente la impuesta en relación  con el bien jurídico de carácter patrimonial.   

Clausurado  el ciclo instructivo, el mérito  del  sumario  se  calificó el 19 de julio de 2001 con resolución de acusación  en  contra  de  los  cuatro procesados por el ilícito de estafa, previsto en el  artículo  356  del  anterior  Código  Penal  (Decreto-Ley  100 de 1980),   decisión   que   luego  de  haberse  surtido  la  notificación  mediante  fijación  del respectivo estado,  adquirió  firmeza  el 8 de agosto de 2001 al no haber  sido objeto de impugnación.   

La  fase  del  juzgamiento  la  adelantó el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Valledupar,  despacho  que  luego de  adelantar  la vista pública, mediante fallo de 14 de octubre de 2003 condenó a  OSCAR  DARÍO  ATUESTA  BARRERA y Emiro José Álvarez Arroyo como coautores del  delito  de  estafa,  —sin  estimar  la  causal de agravación por la cuantía por no haber sido imputada en  la      acusación      por      parte      de      la     Fiscalía—, a las penas principales de treinta y  seis  (36) meses de prisión y multa de doscientos mil pesos ($200.000,oo), así  como  a  la  accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas por el  igual  término  de  la sanción privativa de la libertad. En la misma decisión  se  absolvió  a  Edgar  Álvarez  Cañizares  y  José Alonso Flórez del cargo  formulado.    

Inconforme  el  defensor de los incriminados  contra  quienes  se  profirió  la  condena  recurrió la anterior decisión. El  Tribunal  Superior de Valledupar por auto de 15 de junio de 2006 accedió a otra  petición   del  mismo  sujeto  procesal  y  en  aplicación  del  principio  de  favorabilidad  revocó la medida de aseguramiento de caución prendaria impuesta  a  los  procesados  al  no haber sido contemplada en la normatividad adjetiva de  las  Leyes  600  de 2000 y 906 de 2004. Luego, mediante  fallo  de  10  de  octubre  de  2006, al estimar que la  cuantía  del  punible  de  estafa  superaba  ampliamente el equivalente a 18.83  salarios  mínimos  legales  mensuales  y que era predicable la circunstancia de  agravación  contemplada  en  el  numeral  1°  del  artículo  372 del anterior  Código  Penal,  no  accedió  a la petición de declarar la prescripción de la  acción  penal  elevada  por  el  defensor  de  ATUESTA  BARRERA,  en  tanto que  confirmó la condena.   

Este    último    apoderado    impugnó  extraordinariamente  el  fallo, con el fin de estudiar el libelo demandatorio el  expediente  ingresó  al despacho del Magistrado ponente de la Sala de Casación  el  14  de  marzo  de  2007 y  mediante  providencia  del  29  siguiente  se  admitió,  motivo  por el cual la  Procuraduría allegó el respectivo concepto.   

LA  DEMANDA   

De manera preliminar y sin que constituya un  cargo,  el  recurrente solicita a la Sala la declaración de prescripción de la  acción  penal  derivada  del  delito de estafa por haber transcurrido, desde la  ejecutoria  de  la  resolución  de  acusación,  un tiempo superior a los cinco  años  luego  de  refutar  al  Tribunal  por  incluir la circunstancia agravante  relacionada   con   la   cuantía  del  punible  sin  atender  el  principio  de  favorabilidad  y  sin  considerar que al ser su defendido apelante único, no se  podía agravar su situación jurídica.   

Seguidamente,  formula un cargo al amparo de  la  causal  primera de casación, por violación indirecta de la ley sustancial,  en  razón  al  yerro  fáctico  debido a la distorsión de algunos hechos y por  otorgar a las probanzas un alcance objetivo que no tienen.   

Estima  el  libelista  que  fue  ilegal  la  expulsión  que ordenó la Asamblea General del Sindicato Nacional de la Salud y  Seguridad  Social,  del  Presidente  y Vicepresidente de la Seccional del Cesar,  pues  no  contó  con  la  aprobación de la mayoría absoluta de los asociados,  según  lo dispone el artículo 398 del Código Sustantivo del Trabajo, además,  debía  acreditarse  con  la  copia  del acta de la reunión respectiva, sin que  fuera dable acudir a otros medios probatorios para ello.   

De la misma manera, considera que el Tribunal  valoró  equivocadamente  el  artículo  35,  numeral  9°, de los estatutos del  sindicato   que   faculta   a  la  Junta  Directiva  para  intervenir  fiscal  y  administrativamente   a   las  Subdirectivas  Departamentales,  Seccionales  y/o  Comité,  sólo  por  el  término  improrrogable  de seis meses, de ahí que la  actuación   de   ATUESTA   BARRERA   estuvo   ajustada  a  derecho,  porque  la  intervención  de la Seccional ordenada el 5 de julio de 1997 se extendía hasta  el  5 de enero de 1998, sin que la nueva orden de intervención del 1° de enero  de  1998  tuviera  algún soporte, por lo que al recobrar la Junta Directiva sus  poderes,  podía  su  defendido  firmar  la escritura pública N° 2015 el 24 de  julio de 1998.   

En  consecuencia,  pide  a  la Sala casar el  fallo.   

ALEGATO DE OPOSICIÓN  

El  apoderado  del  Sindicato Nacional de la  Salud   y  Seguridad  Social,  “SINDESS”  reconocido  como  actor  civil,  se  opone a la pretensión del  demandante  ante  los  errores  de  técnica  del  libelo  y  la sinrazón de su  postura.   

En primer lugar, asevera que la prescripción  de  la  acción  penal  no  se  ajusta  a  alguna  de  las causales de casación  legalmente  previstas,  además, el término para que opere tal figura jurídica  no ha transcurrido porque se trata de una estafa agravada.   

Defiende  la decisión judicial que negó la  prescripción  de  la  acción  penal, por tener en cuenta que la resolución de  acusación  se  adoptó antes de entrar a regir la Ley 599 de 2000, por ello, la  norma  aplicable  era  el  artículo  356  del  Decreto  Ley 100 de 1980, con la  circunstancia  de  agravación  prevista en el numeral 1° del artículo 372 del  mismo    ordenamiento,    la    cual    en   su   criterio   si   fue   imputada  fácticamente.   

Aduce  que de existir la prescripción de la  acción  penal el libelista  debió enmarcarla dentro de las causales de la  acción  de   revisión,  en  tanto  que  la  presentación por la vía del  recurso  extraordinario  deja  ver  que  su  finalidad es simplemente dilatar el  curso del proceso.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

El  Procurador  Cuarto  Delegado  para  la  Casación  Penal,  tras advertir que la solicitud de prescripción de la acción  penal  formulada  por el defensor obedece a un simple acto de postulación, tema  que  debió  presentar  a través de un cargo de casación autónomo por nulidad  al  evidenciarse  el  vicio  in iudicando  por  cuanto se cuestionaría la legitimidad del juicio, insta a la  Sala  para que bien de oficio o conforme con los argumentos del recurrente, case  el  fallo  una  vez  declare su nulidad y decrete la cesación de procedimiento,  porque  es  claro  que  la  acción  penal  derivada  del delito de estafa está  prescrita.   

Pone  de  manifiesto  que expresamente en el  fallo  de  primer  grado  se  indicó que, so pena de quebrantar el principio de  congruencia  que  debe  guardar  la  sentencia  con  la acusación, no se podía  considerar  la  circunstancia  de  agravación por la cuantía para el delito de  estafa  al  no  haber  sido  deducida  por  la  Fiscalía  en  la resolución de  acusación.   

Agrega  que  de  acoger  la  preceptiva  del  anterior  Código  Penal que fue tenida en cuenta por el fallador para dosificar  la  pena,  o  aún  la  prevista  en la nueva normatividad que disminuye la pena  máxima  del  delito  en  comento  de  diez  (10) a ocho (8) años, —que  sería  la  más  favorable  para  efectos    de    la    prescripción—,  la  extinción de la acción penal habría ocurrido en agosto del  año  2006,  dado  que  transcurrió  desde  la  ejecutoria de la resolución de  acusación,  adiada  el  19  de  julio  de  2001, un tiempo superior a los cinco  años,  como  mínimo  requerido  legalmente  para  que  opere  dicho  fenómeno  jurídico en la fase del juicio.   

En  este  orden,  critica  la  postura  del  Tribunal  que negó la solicitud del apelante para decretar la prescripción con  el  argumento  de  que  se  estaba  frente  a  un  atentado contra el patrimonio  económico  cuya  cuantía  superaba  el  equivalente  a 18.83 salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes,  conforme  con  la  exequibilidad condicionada del  artículo  372,  numeral 1° del Código Penal establecida en la sentencia C-070  de 1996 de la Corte Constitucional.   

Tilda  de  vano el esfuerzo del ad  quem para negar la prescripción de la  acción   penal  que  ocurrió  durante  el  tiempo  que  por  casi  tres  años  permaneció  el  expediente en esa Corporación, porque independientemente de la  discusión  acerca  de  considerar  incluida  la  circunstancia  agravante en la  acusación,  aún  si  fuera una realidad en la calificación, el juez de primer  grado la desestimó expresamente.   

Advierte   también   que   pese   a   la  consideración  del Tribunal acerca de la intensidad punitiva aludida, confirmó  el  fallo  sin  modificar  la pena fijada por el a quo  “tal  vez  porque  entendió  que  de  hacerlo  infringía  el principio de la  prohibición  de la reforma peyorativa en vista de que los procesados fueron los  únicos  apelantes,  y  por  esta  misma  razón  le estaba vedado considerar la  agravante  aunque  sólo  fuera  para  efectos  de  contabilizar  el término de  prescripción  de  la  acción  penal,  pues  en  uno  y  otro caso la decisión  resultaba    perjudicial   al   interés   jurídico   de   ellos”.   

Para   el  Procurador,  lo  anterior  hace  innecesario  el  estudio del cargo por violación indirecta de la ley sustancial  postulado  por  el  demandante ya que ante la prescripción de la acción penal,  la  jurisdicción  sólo  puede declararla y no dictar sentencia absolutoria por  la única razón de ser más favorable al acusado.   

Agrega  que  si no se comparte la ocurrencia  del  fenómeno  jurídico de la prescripción para cuando se dictó la sentencia  de  segunda  instancia,  en  todo caso el reproche no está llamado a prosperar,  por  cuanto  no  se ajusta a un adecuado y debido desarrollo, máxime que carece  de claridad y precisión argumentativa.   

Por  lo  tanto,  solicita a la Sala casar el  fallo  objeto  de impugnación y disponer la improseguibilidad del procedimiento  por  prescripción  de  la acción penal del delito de estafa simple por el cual  se  condenó,  solución  que  en  su  parecer  debe  cobijar  a los otros   procesados.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Tal y como lo sugiere el Procurador Delegado  en  su  concepto, la Sala advierte la necesidad de acudir a la facultad oficiosa  que  le  confiere  el  artículo  216  de  la  Ley  600  de  2000, ante el error  manifiesto  del  Tribunal  Superior de Valledupar para negar la ocurrencia de la  prescripción de la acción penal derivada del delito de estafa.   

Efectivamente,  ante el acto de postulación  que  hace  el demandante, ya que no desarrolla el tema de la prescripción de la  acción  penal  como  un  cargo  contra  el  fallo  de segundo grado, la Sala se  ocupará  del  análisis  de  la  prescripción de la acción penal, lo que hace  innecesario,  y  se  abstendrá  del  estudio  del  reproche  que por violación  indirecta  de  la  ley sustancial por errores de apreciación probatoria formula  el libelista.   

El  fenómeno  de  la  prescripción  de  la  acción  penal, según lo normado en el artículo 83 de la Ley 599 de 2000 (art.  80   del  anterior  Código  Penal),  opera  durante  la  etapa  instructiva  si  transcurre  un término igual al máximo de la sanción privativa de la libertad  establecida  en  la  ley,  pero en ningún caso en un lapso inferior a cinco (5)  años, ni superior a veinte (20) años.   

Igualmente,  conforme  con  el  artículo 86 del nuevo Código Penal   

(art.  84  del  anterior),  el  término  de  prescripción  se interrumpe con la ejecutoria de la resolución de acusación y  comienza  a  contarse  nuevamente por un tiempo igual a la mitad del establecido  para  la etapa de instrucción, sin que pueda ser inferior a cinco (5) años, ni  superior a diez (10) años.   

De acuerdo con la resolución de acusación  y  el fallo de primer  grado,  el recurrente fue acusado  y   condenado   por   el   delito  de  estafa,  sin  hacer  expresa  mención  a  circunstancias de mayor rigor punitivo.   

Así, el juez de primera instancia, en total  apego  y  consonancia  con  la  resolución  de  acusación,  para el proceso de  dosificación  punitiva  optó  por razón de favorabilidad por el artículo 356  del  anterior  Código Penal (Decreto-Ley 100 de 1980) vigente para la época de  los  hechos y ubicó los límites punitivos entre 12 meses (un año) y 120 meses  de  prisión  (diez  años) y multa de un mil ($1.000,oo) a quinientos mil pesos  ($500.000,oo),  dejando  de lado lo normado en el artículo 267 de la Ley 599 de  2000  que establece el marco entre dos (2) a ocho (8) años y multa de cincuenta  mil  (50.000)  a  mil  (1.000)  salarios mínimos legales mensuales vigentes que  resultaba más gravoso para el enjuiciado.   

De manera expresa consideró que no se podía  agravar  la  pena  por  la cuantía “toda vez que la  Fiscalía  no  la  dedujo dentro del cuerpo de la resolución de acusación y no  sufrió  variación  durante  el  desarrollo  de  la  audiencia  pública  y por  tratarse  de  una  circunstancia  de agravación específica no puede tenerse en  cuenta,  so  pena  de  quebrantar  el principio de la congruencia  que debe  guardar la sentencia con la resolución de acusación”   

Por  lo  tanto,  ubicado  dentro  del primer  cuarto  punitivo, entre doce (12) meses a treinta y nueve (39) meses le impuso a  OSCAR  DARÍO  ATUESTA  BARRERA  y  a  Emiro  José  Álvarez Arroyo, la pena de  treinta  y  seis (36) meses de prisión y fijó la multa en  doscientos mil  pesos ($200.000,oo).   

Por su parte, el defensor de ATUESTA BARRERA  instó  al  Tribunal  Superior  de  Valledupar  en  el  trámite  del recurso de  apelación   contra   el   fallo   para  que  declarara  la  prescripción de la acción penal del delito de  estafa, no obstante, éste la negó al considerar que:   

   

“Ahora  bien en forma por demás ligera y  sin  reparo  de la sustancia de la acusación y sin olvidar que estamos frente a  conductas  que  atentan contra el patrimonio económico, podría pensarse que la  acción  aquí  prescribió  el  día  24  de  agosto  de  este  año (2006) por  transcurrir  cinco  (5)  años  desde  la  ejecutoria de la acusación que viene  siendo  la  mitad  de  los  diez (10) años para la Estada sin agravación. Pero  ocurre  que  ab  initio  de  este  proceso  penal,  se  tenía  y  hoy  se tiene  conocimiento   de  que  estamos  frente  a  un  atentado  contra  el  patrimonio  económico  del  Sindess,  bajo  la factura de la Estafa, que se pregona para la  época  de  los  hechos     -1998-  en cuantía muy superior a el  equivalente   a   18.83   salarios   mínimos  legales  mensuales  vigentes,  de  conformidad  con  la  exequibilidad condicionada contenida en la sentencia C-070  de  febrero  22 de 1996 de la Corte Constitucional y relativa al numeral primero  del   artículo   372   de   la   codificación   penal   derogada  –sobre  una  cosa  cuyo  valor  fuere  superior  a  cien  mil  pesos.-  que  guardaba  relación con las circunstancias  genéricas  de  agravación  y  que  era  consustancial  o común para todos los  delitos contra el patrimonio económico”.   

Pese  a  que  el  ad  quem  reconoció que el  proveído   acusatorio   no  era  claro  o  puntual respecto a la causal de agravación punitiva    basada   en   la   cuantía   de   la   infracción,  estimó  que  de  la lectura de un aparte del mismo en el que se  hace  mención  a  los  comportamientos relacionados con el retiro de los fondos  bancarios  y  a la enajenación del bien inmueble ella  dimanaba fáctica y jurídicamente.   

Se valió también de otros argumentos para  sustentar  su  negativa:  i)  por  lo  preceptuado  en el artículo 295 del Decreto 2700 de 1991, que delimita  la  competencia  por  el  factor  de  la cuantía   de  acuerdo  con  el  avalúo  de  bienes  que  fije  el  perjudicado,  ii)  por las  manifestaciones      que      la     Fiscalía     realizó    en  el  desarrollo  de  la  audiencia pública cuando anotó que el  monto  del  ilícito  se  encuentra  por  el orden de los veintidós millones de  pesos   ($22.000.000,oo)   y   iii)   porque en la  providencia  de  segundo  grado  de  la medida de aseguramiento se refirió a la  maniobra   de  recaudar  los  aportes  y  traspasar  el  bien  inmueble  a  otra  organización sindical.   

En  este  orden,  como  lo  hace  ver  el  Procurador   Delegado,  el  Tribunal   acudió   a   una   serie  de  razones  sin  algún  peso  jurídico, todo para negar el fenómeno  jurídico  de  la  prescripción  de  la  acción  penal  que  ocurrió  en  esa  Corporación previamente a  la emisión del fallo de segundo grado.   

No  queda  así  duda  que  la  posición  del  juzgador  colegiado     al    considerar    una  circunstancia  de  agravación  punitiva,  no solo contrarió la congruencia que  debe   tener   la   sentencia   con  la  resolución  de  acusación,  sino  que  principalmente,  desconoció  que el a quo      de     manera     expresa   la  había  marginado  precisamente  por  no  haber  sido  imputada     en     el     acusatorio.   

Tal inclusión aparejó la reforma peyorativa  en  contra del procesado, si bien no se tradujo en un incremento de pena, sí se  evidencia  en  la  negativa a la declaración de prescripción de la acción que  redunda  en  la  ilegalidad  del fallo de segunda instancia, decisión que no se  podía  dictar  ante la pérdida de la potestad punitiva del Estado originada en  el transcurso del tiempo.   

    

Contrario  a la consideración del apoderado  de  la  parte  civil  en su alegato de oposición, como se trata de un delito de  estafa  en  el cual no resulta aplicable la circunstancia agravante basada en la  cuantía,  sea  que se tenga en cuenta el Código Penal vigente que disminuye la  pena  máxima  de  diez (10) a ocho (8) años, o la anterior normatividad,   como  la  resolución  de acusación del 19 de julio de  2001  adquirió  firmeza  el  8 de agosto de 2001 al no  haber  sido  objeto  de  impugnación, es evidente que de acuerdo con el máximo  monto  punitivo  el  término de prescripción de la acción en la fase del fase  procesal  de  juicio corresponde al mínimo legal de los cinco años (5) años y  por  lo  tanto,  ello  ocurrió  el  9  de  agosto  de  2006,  cuando  el  expediente  se  encontraba  en  el  Tribunal  Superior  de Valledupar pendiente por definir el recurso de apelación  formulado contra el fallo de primer grado.   

Por  manera  que,  corresponde  a  la  Sala  restablecer  oficiosamente  el daño causado, por ello dispondrá casar el fallo  al  marginar  la  circunstancia  de agravación basada en la cuantía (Artículo  372  numeral  1° del Decreto-Ley 100 de 1980) que predicó el juez plural, y en  consecuencia,  declarar  la  aludida  prescripción  de  la acción penal con la  consecuente  cesación  del  procedimiento  adelantado en contra de OSCAR DARÍO  ATUESTA BARRERA.   

         

En  virtud de lo normado en el artículo 229  de  la  Ley  600  de  2000 esta decisión se hará extensiva a los procesados no  recurrentes,   Emiro  José  Álvarez  Arroyo, José Alonso Flórez y Edgar  Álvarez Cañizares.   

De  la  misma  manera,  se  deberá declarar  prescrita  la  acción  civil  que adelantó el Sindicato Nacional de la Salud y  Seguridad      Social,      “SINDESS” dentro del proceso penal.   

El juez de primera instancia procederá a la  cancelación  de los compromisos adquiridos por los procesados en razón de este  diligenciamiento,  así  como  los  registros  y  anotaciones  originados por el  mismo.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

1.            ABSTENERSE  de  considerar el cargo formulado  en  la  demanda  presentada  por  el  defensor  OSCAR  DARÍO  ATUESTA  BARRERA.   

2.              CASAR    DE    OFICIO   el  fallo  de  segundo  grado  emitido  por  el Tribunal Superior de  Valledupar  en  contra de OSCAR DARÍO ATUESTA BARRERA al marginar del delito de  estafa  la circunstancia de agravación por la cuantía prevista en el artículo  372 de Decreto Ley 100 de 1980.   

3.                  DECLARAR        prescrita  la  acción  penal  derivada  del delito de estafa por el  cual  se  acusó  al  procesado OSCAR DARÍO ATUESTA BARRERA, según las razones  expuestas en la parte motiva de esta decisión.   

4.             ORDENAR,  en  consecuencia,    la   cesación   de   procedimiento   en   favor   del   citado  enjuiciado.   

5.            HACER extensiva  esta  decisión  a  los  procesados no recurrentes: Emiro José Álvarez Arroyo,  José Alonso Flórez y Edgar Álvarez Cañizares.   

6.      DECLARAR     igualmente  prescrita  la  acción civil que se adelantó dentro del  proceso penal.    

7.                                    PRECISAR   que  corresponde  al  juez  de  primera  instancia  proceder  a la cancelación tanto los compromisos adquiridos  por  los  procesados  en  razón  de este diligenciamiento, como los registros y  anotaciones originas por el mismo.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                            ALVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                  JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                               JULIO    ENRIQUE    SOCHA    SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                                     JAVIER    ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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