27105(16-10-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  27105   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARIA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 199.  

         

          Bogotá   D.C.,   octubre   dieciséis   (16)   de   dos  mil  siete  (2007)   

  VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  revisión  presentada  por el apoderado especial de  RIVER   D’AMAURY  INSUASTY  GUERRERO  contra el fallo  proferido  por  esta  Corporación  de fecha noviembre 30 de 2006, a través del  cual  no  casó  el  de  segundo  grado  proferido el 4 de agosto de 2003 por el  Tribunal  Superior  de  Pasto  que  condenó al mencionado como autor penalmente  responsable   del   delito   de   interés   ilícito   en  la  celebración  de  contratos.   

HECHOS  

          Los   hechos  que  motivaron  el  referido  diligenciamiento  fueron  sintetizados  por  esta  Sala  en  la  decisión  contra  la cual se dirige esta  acción, de la siguiente forma:   

“El     mencionado     (refiriéndose   a   RIVER  D’AMAURY  INSUASTY  GUERRERO,  se  aclara)  en su condición de Alcalde  del  municipio  de Yacuanquer (Nariño), celebró con Rubén Darío Duque Rivera  tres  contratos  en  1997  (julio 28, septiembre 26 y noviembre 24), cuyo objeto  era  la  prestación  de servicios de orientación en promoción de salud en las  Veredas  de  Chapacual,  Tasnaque  y  San  Felipe y cuyo valor total ascendió a  $7.000.000.oo.   

La prohibición de ceder los contratos sin la  autorización  del  municipio,  incluida  en  todos  los  casos,  la levantó el  Alcalde  a  través  de  resoluciones  y ello le permitió a Duque Rivera, quien  carecía  de conocimientos para realizar el objeto pactado, ejecutarlo a través  de Fernando Duque Salazar”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

Dispuesta la apertura de la instrucción, se  vinculó    mediante    indagatoria    a    INSUASTY  GUERRERO,  a  quien  se resolvió situación jurídica  con  medida de aseguramiento de detención preventiva, posteriormente sustituida  por detención domiciliara.   

Cerrada  la  investigación,  la  Fiscalía  acusó  al  procesado  el  18  de  diciembre  de 2000 por la conducta punible de  interés ilícito en la celebración de contratos.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  3º  Penal del Circuito de Pasto, despacho que, una vez tramitó el  rito  legal pertinente, absolvió al acusado, mediante sentencia del 28 de marzo  de 2003.   

Contra   la  anterior  determinación,  la  Fiscalía   interpuso  recurso  de  apelación,  sobre  el cual conoció el  Tribunal  de  Pasto.  Dicha  corporación,  el  4  de agosto de 2003, revocó la  sentencia  impugnada  y,  en su lugar, condenó a RIVER  D’AMAURY    INSUASTY  GUERRERO a las penas principales de cincuenta y cuatro  (54)  meses  de  prisión,  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y  funciones  públicas  por  el  término  de dos (2) años y multa de 15 salarios  mínimos  legales  mensuales.  En la misma decisión, le negó el subrogado  penal  de  la  condena  de  ejecución  condicional  y  le sustituyó la pena de  prisión    por   la   de   prisión   domiciliaria.   

Inconforme  con  la  sentencia  anterior, la  defensa  del  procesado  interpuso  y sustentó recurso de casación.  Esta  Sala,  mediante  decisión  de  fecha noviembre 30 de 2006, decidió no casarla.   

LA  DEMANDA   

El   defensor   especial  de  RIVER  D’AMAURY  INSUASTY   GUERRERO,  con  fundamento  en  la  causal  prevista  en el numeral 3° del artículo 220 de la Ley 600 de 2000, solicita la  revisión  del  fallo  proferido  por esta Sala el 30 de noviembre de 2006, pues  considera  que  ha  surgido  un  hecho  o  prueba nueva del cual se establece la  inocencia de su prohijado.   

A  su  juicio,  dicha  circunstancia  está  constituida  por el proferimiento de la providencia de fecha diciembre 2 de 2003  por  parte  de  la  Fiscalía 19 Seccional de Pasto, por cuyo medio se precluyó  investigación      a     favor     de     INSUASTY  GUERRERO  por  el  delito  de  falsedad  en  documento  público, ordenándose el consiguiente archivo del expediente.   

A   través   de   esta   prueba,  agrega,  “se desvirtúa la prueba de cargos que concluyó con  sentencia  en  contra  del  investigado,  ya  que  la acusación por el supuesto  interés  ilícito en la celebración de contratos se basaba en la ilegalidad de  las  resoluciones que autorizaban subcontratar para cumplir con el objeto de los  contratos,  que  si  hubiere  sido  existente  al  momento  de los debates, otro  hubiera  sido  el  desenlace  de la investigación, ya que con dichas pruebas se  establecía  sin  lugar  a dudas la inocencia del condenado, en la forma como lo  exige la causal invocada”.   

Refrenda la anterior aseveración, agrega, el  hecho  de  que el Tribunal hubiera considerado que se cumplió con el objeto del  contrato  y  no  se  causó  daño  al  interés jurídico tutelado por la norma  penal.   

En   el   capítulo   concerniente  a  los  fundamentos  fácticos del libelo, el demandante es enfático en señalar que la  importancia  de  la  aludida providencia de preclusión de investigación radica  en   que   “durante  toda  la  investigación  y  el  juzgamiento,  e  inclusive  materia  de  todas  las  decisiones  impugnadas,  se  discutió  la existencia, veracidad y legalidad e, inclusive autenticidad de las  resoluciones   dictadas   por   el  entonces  alcalde  municipal  de  Yacanquer,  autorizando   la   subcontratación   de   los   convenios   hechos   con  Duque  Rivera”.   

En  ese  orden  de  cosas, como la decisión  favorable  estudió  “la inexistencia de la conducta  de  falsedad que le correspondiera definir a otro fiscal, está aceptando que no  fueron  falsas  ni  falaces  aquellas  resoluciones  administrativas  y  que  al  autorizar  al  contratista  para  ceder este servicio, este sí se prestó y era  plenamente  autorizado,  por  lo  que no se presenta el verbo rector    principal  en  el  delito  del  que se ocuparon las sentencias cuya revisión se  pretenden”.   

Lo anterior permite colegir al accionante que  si  las  resoluciones  no  eran  falsas  “tampoco es  delictual la contratación del caso”.   

Reitera  así  que el fiscal 19 seccional de  Pasto,  luego  de minuciosa investigación y de evacuar las pruebas pertinentes,  concluyó  que  las resoluciones emitidas por su defendido estaban revestidas de  autenticidad,  por  lo  cual dispuso la preclusión de investigación a su favor  por  el  delito  de falsedad.  En esa medida, el fiscal 20 seccional de esa  misma  ciudad,  cuando ordenó la expedición de copias con el fin de investigar  dicha  conducta,  “debió declarar la presencia de la  figura  de  prejudicialidad,  hasta tanto el fiscal de conocimiento decidiera lo  pertinente   sobre  la  presunta  falsedad  de  las  resoluciones”.   

En el acápite de los fundamentos jurídicos  de  la petición, añade que la providencia de preclusión aludida al convalidar  la  legitimidad y realidad de las resoluciones tildadas de espurias o apócrifas  “las convierte en medios de prueba que sostienen una  razón  de fondo para no atender la tipicidad del hecho en el asunto que hoy nos  ocupa”.   

Entonces,  prosigue, si la discusión dentro  del  proceso  giró en torno de la falta de autorización legal para ejecutar el  contrato  de  servicios  como  lo  señala  el Tribunal y ello aparece probado a  través  de  una  providencia de fondo que tiene el carácter de hecho nuevo, se  verifica la causal de revisión alegada.   

En     consecuencia,     “se  viola  así el debido proceso consagrado constitucionalmente,  al  no  tener  en  cuenta  un proyecto de fondo y ejecutoriado que niega entidad  jurídica  a  un  delito,  del  que  dependía  efectivamente  el juzgamiento de  otro”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

          La  acción  de revisión tiene como finalidad particular remover la  intangibilidad  propia  de  la cosa juzgada, razón por la cual el legislador ha  dispuesto  como  condición  de admisibilidad del libelo dirigido a tal cometido  el  cumplimiento  de rigurosas y taxativas exigencias contenidas en el artículo  222 de la Ley 600 de 2000.   

Así, esta acción procede únicamente contra  providencias  que  hayan cobrado ejecutoria (fallos, resoluciones de preclusión  de  la  investigación  o  autos  de  cesación de procedimiento), constituyendo  deber  del  actor  anexar  a  la demanda copia de las decisiones cuya rescisión  pretende, junto con la respectiva constancia de su ejecutoria.   

Particularmente  cuando  se invoca la causal  contenida  en  el  numeral  3º  del  artículo  220 de la Ley 600 de 2000, como  ocurre  en  este  caso,  por  la aparición de hechos nuevos o el surgimiento de  pruebas  de  igual  naturaleza  no  conocidas  al  tiempo  de  los  debates  con  virtualidad  para  acreditar  la  inocencia  del condenado o su inimputabilidad,  tales  novedosos elementos probatorios deben también ser aportados junto con la  demanda  y  ser  idóneos  para  demostrar  cualquiera  de las finalidades antes  precisadas.   

Pues  bien,  revisado  el  contenido  de  la  demanda  que  ocupa  la  atención de la Sala, sin dificultad alguna se advierte  que   el   apoderado   especial  del  condenado  RIVER  D’AMAURY INSUASTY GUERRERO  no  satisface  los  presupuestos  indicados  y, en esa  medida,  la  decisión  que corresponde adoptar es la de inadmitirla, por ser la  consecuencia  prevista legalmente para este evento, en virtud de lo dispuesto en  el       inciso       segundo      del      artículo      223      ejusdem.            

En  efecto,  no  obstante  que el demandante  anexa  al  libelo copia de las decisiones contra las cuales promueve la acción,  esto  es, tanto de la sentencia del Tribunal de Pasto de fecha agosto 4 de 2003,  como  del  fallo  de  esta  corporación  del  30  de  noviembre de 2006, con su  correspondiente  constancia  de  ejecutoria  y  copia de la prueba sobre la cual  sustenta  su  pretensión,  en este caso de la providencia dictada por el fiscal  19  de delegado ante los Jueces Penales del Circuito de Pasto de fecha diciembre  2  de  2003 a través de la cual precluyó investigación a favor del mencionado  por  el  delito de falsedad en documento público, lo cierto es que esta última  probanza,  aportada como prueba nueva, no persuade a la Corte sobre la necesidad  de      admitir      a      trámite      la      acción      de      revisión  propuesta.            

Lo afirmado en precedencia, en cuanto todo se  deriva  de  la  distorsión de los contenidos objetivos de esta prueba por parte  del demandante.   

Es  así  cómo,  desde  su  punto de vista,  merced  a lo declarado a través de esa providencia se desvirtúan los términos  del  fallo  de  condena por el delito de interés ilícito en la celebración de  contratos,    habida   cuenta   se   estudió   “la  inexistencia  de la conducta de falsedad” respecto de  las  resoluciones  administrativas  signadas  por  el condenado con el objeto de  modificar   las   cláusulas  originales  de  los  contratos  que  impedían  la  subcontratación,  “aceptando que no fueron falsas ni  falaces”, “por lo que no  se  presenta  el  verbo  rector    principal  en  el delito del que se  ocuparon    las    sentencias   cuya   revisión   se   pretenden”,  lo cual afecta “la tipicidad del hecho  en el asunto que hoy nos ocupa”.   

Si  se  revisa  el contenido fidedigno de la  providencia  traída  a  colación  bajo pretexto de constituir prueba nueva, se  advierte  que  mucho  de  lo  que  aduce  el  actor  para sustentar la causal de  revisión invocada no se ajusta a la verdad.   

Ciertamente, en esa decisión ni se analizó,  como  lo  sostiene  el  libelista,  la  existencia del delito de falsedad, ni se  adujo   “luego  de  minuciosa  investigación  y  de  evacuar    las   pruebas   pertinentes”   que   las  resoluciones  no  eran  apócrifas  para  de  ahí concluir que esa conducta era  atípica  revirtiendo  esa situación necesariamente en el reproche criminal por  el   delito   contra   la   Administración   Pública   por   el   cual  se  lo  condenó.   

Lo que en realidad motivó la preclusión de  investigación   allí  declarada  a  favor  de  RIVER  D’AMAURY    INSUASTY  GUERRERO        fue       que       “se  trata  de  una conducta que ya fue  investigada,  juzgada  y  castigada.  Esto es que,  si  volviéramos  sobre  las  mismas  circunstancias,  cambiando  tan  sólo  la  denominación  jurídica de los hechos, estaríamos violando las normas rectoras  contempladas  en  los  artículos  8°  del  C.P. y 19 del C. de P.P., amén del  artículo   29   de   la   Constitución   Nacional  y  aún  de  los  convenios  internacionales  que tratan sobre el fenómeno de la cosa juzgada”.   

Ello condujo a que en la misma determinación  se sostuviera lo siguiente:   

“En  este  orden  de  ideas  tenemos  que  concluir  que  necesariamente  tenía que investigarse por la misma cuerda tanto  el  interés  ilícito  como  la  presunta  falsedad  de  las  resoluciones  que  autorizaban  la subcontratación.  Y a la hora de  la  verdad  eso  fue  lo  que sucedió.  Así sean reales o apócrifos esos  actos  administrativos,  se llegó a la conclusión de que el delito de interés  ilícito  se  estructuró y se endilgó responsabilidad al alcalde de ese tiempo  RIVER  D’AMAURY INSUASTY  GUERRERO  sin  que  nos  sea permitido retrotraer lo investigado y decidido para  tomar   alguna   determinación   en   este  momento,  porque  de  lo  contrario  violaríamos,   reiteramos,  el  principio  del  non  bis  in  ídem”  (subrayas fuera de texto).    

Independientemente  de que se compartan o no  los  argumentos sobre los cuales se edificó esta preclusión de investigación,  lo  cierto  es  que  las razones aducidas para decretarla giraron en derredor de  considerar  que  la  conducta  falsaria imputada sobre los actos administrativos  expedidos    por   INSUASTY   GUERRERO   estaban  inmersos  en la conducta punible de interés ilícito en la  celebración  de  contratos por la cual fue condenado, predicado que está lejos  de  demostrar  que  era  inocente  de  esta última, pues, de así considerarse,  implicaría  deformar  la  verdadera  naturaleza  del  principio de non  bis  in  ídem,  en tanto que bajo el  supuesto  de  obrar  más  de  una  investigación  o juzgamiento por los mismos  hechos  no  se  pueda  procesar  ni consecuentemente condenar  por ninguno,  cuando  lo que realmente se prohíbe a través de dicho apotegma es el múltiple  procesamiento o juzgamiento en tal caso.   

Desde  esa perspectiva, la Sala no advierte,  ni  el  defensor  lo  señala  adecuadamente,  de  qué manera la providencia de  preclusión  de  investigación  por el delito de falsedad en documento público  dictada    en    favor    de    RIVER   D’AMAURY  INSUASTY GUERRERO pueda  modificar  favorablemente su juicio de responsabilidad por el  delito  de  interés  ilícito  en  la  celebración de contratos, como se exige  legalmente  para  que  sea  admitida  la  demanda con fundamento en la causal de  revisión invocada.   

Así  las cosas, como la demanda incumple la  exigencia  formal  que  para su admisión establece el numeral 3º del artículo  222  de  la  Ley  600  del  2000, se impone su inadmisión de conformidad con lo  indicado en el artículo 223 del mismo estatuto.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR   la   demanda   de   revisión  presentada  en nombre del condenado RIVER D’AMAURY  INSUASTY  GUERRERO, por las razones expuestas en la anterior motivación.   

Contra  esta  decisión  procede  recurso de  reposición.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL              JAIME CAMACHO FLOREZ   

              Conjuez                                                        Conjuez    

ALFONSO           GÓMEZ  MÉNDEZ                            AUGUSTO   J. IBÁÑEZ GUZMÁN    

Conjuez  –     No     hay  firma                                                                               

MARÍA      DEL      R.     GONZALEZ     DE    LEMOS           MAURICIO LUNA BISBAL   

                                                    Conjuez   

GUILLERMO PUYANA  RAMOS                                LUIS ARNOLDO ZARAZO OVIEDO   

Conjuez                                       Conjuez   

            

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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