27045(27-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27045  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            DR. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta N° 109   

          Bogotá, D. C., veintisiete de junio de dos mil siete.   

VISTOS  

La  Corte examina si la demanda de casación  presentada  en  nombre  del procesado HUMBERTO VALLEJO  OCHOA,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  dictada  por  el  Juzgado 2° Penal del Circuito de El Espinal, Tolima, el 25 de  octubre  de  2006,  confirmatoria  de  la  que  profirió  el  Juzgado 3° Penal  Municipal  de  esa  ciudad  el  25  de  agosto del mismo año, por cuyo medio lo  condenó  a  24 meses de prisión y multa en cuantía de 2 s.m.l.m.v. como autor  responsable  del  delito  de  lesiones personales dolosas de que hizo víctima a  Jairo   Ochoa   Rubiano,  satisface  los  presupuestos  de  procedencia  y  de viabilidad previstos en los  artículos 205 y 212 de la Ley 600 de 2000.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Luego     de     que     HUMBERTO  VALLEJO  OCHOA  y  Jairo  Ochoa  Rubiano dedicaran gran parte  de  la  jornada  del 14 de agosto de 2005 a ingerir licor en el corregimiento de  Chicoral,  comprensión  municipal de El Espinal, el primero lesionó al segundo  con  arma cortopunzante tras disputa verbal suscitada entre ambos por motivos de  poca monta.   

En poder de VALLEJO  OCHOA  se  halló  una  navaja,  cuya  hoja presentaba  rastros   de   sangre;  en  tanto  que  como  consecuencia  de  sus  heridas,  a  Ochoa  Rubiano  se le fijó  una  incapacidad  definitiva  de  35  días, y como secuela se le determinó una  deformidad  física  que  afecta el cuerpo, de carácter permanente.     

Escuchado  en  indagatoria el agresor por la  Unidad  de  Fiscalía  Local,  perfeccionada  en  lo  posible  la instrucción y  clausurado  el ciclo sumarial, su mérito se calificó por resolución del 13 de  marzo  de  2006  mediante  la cual se acusó a VALLEJO  OCHOA  como  presunto  autor responsable del delito de  lesiones  personales  dolosas,  situación que tras la celebración del juicio y  la   evacuación   de   la   correspondiente   vista   pública,  determinó  el  proferimiento  de  las  sentencias  de  primera  y  segunda  instancias  en  los  términos   y   condiciones   reseñadas   en   el   acápite  inicial  de  esta  providencia.        

LA  DEMANDA   

En  el  acto  de  notificación del fallo de  segundo  grado,  el defensor del sentenciado interpuso el recurso extraordinario  de  casación,  el  cual  dijo  sustentar  mediante el escrito que, dentro de la  oportunidad legal, al efecto presentó.   

Después  de  realizar  la  reseña procesal  pertinente  y  de  referirse  a  los  fundamentos  de  los  fallos producidos en  las   instancias  ordinarias,  se  duele  el  libelista que el A-Quo    hubiese    proferido   condena  “únicamente     con     la     denuncia     del  lesionado”, pues ni siquiera se ratificó el informe  de  quienes  como  efectivos  policiales  aprehendieron al implicado, por lo que  “se  tendría  como  una captura ilegal”,  y  nunca se demostró que los rastros de sangre que presentaba  el arma hallada en poder del acusado fuera de la víctima.   

En  suma,  ni  el  ente  instructor  ni  el  juzgador,  se  preocuparon  por  recaudar  pruebas  para establecer lo realmente  acontecido,  argumenta el censor, situación que denota una clara violación del  debido  proceso  y  el  derecho  de  defensa.  A  diferencia  de lo que aduce el  sentenciador,  no  “existe  el  indicio grave de la  tenencia    del    elemento    empleado    durante    la   agresión”,  pues,  a  su  juicio,  se  carece  del sustento probatorio que  indique  lo  contrario.  Por  el  simple  hecho  de  que  su asistido se hubiese  encontrado  en  el  teatro  de  los  acontecimientos,  mal  puede tenérsele por  victimario.   

Al  amparo  del  beneficio  de  la  duda, el  casacionista solicita se absuelva al procesado.    

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

De  acuerdo  con el inciso 3° del artículo  205  del Código de Procedimiento Penal que rige este caso -Ley 600 de 2000-, la  Corte  Suprema de Justicia, de manera excepcional y discrecional, podrá admitir  la  demanda  de  casación contra sentencias de segunda instancia en condiciones  distintas  a  las  señaladas  en  el inciso 1° del mismo texto, a solicitud de  cualquiera  de  los  sujetos  procesales,  cuando lo considere necesario para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales,  siempre que se cumplan los demás requisitos exigidos por la ley.   

En  tal  evento,  el  recurso extraordinario  puede  ser  presentado  contra sentencias de segundo grado dictadas por órganos  judiciales  diferentes  a  un  tribunal, y/o que el delito por el que se procede  tenga  dispuesta  una  pena  privativa  de  la  libertad cuyo máximo es igual o  inferior  a  ocho  (8)  años, como salvedad a los presupuestos señalados en el  citado inciso 1° del artículo 205.   

         

Aunque en el presente caso la impugnación se  dirige  contra sentencia de segunda instancia proferida por un juzgado penal del  circuito,  lo que en principio haría viable el recurso por la vía excepcional,  encuentra  la  Sala  sin  embargo  que la demanda presentada por el defensor del  procesado  VALLEJO OCHOA, no  apunta  en  forma  alguna  a  demostrar  las  razones  por  las cuales se haría  necesario  autorizar  el  trámite,  carga  de ineludible cumplimiento cuando de  acceder    a    esta    sede    extraordinaria   se   pretende   por   la   vía  discrecional.   

En  efecto, insistentemente ha dicho la Sala  que  el  demandante  tiene  la  carga  de  expresar  el  motivo  que impele a su  admisión  dentro  de  los  previstos de manera taxativa en el citado inciso 3º  del  artículo  205  del  estatuto  procesal  penal,  que  si  no  es  señalado  expresamente,  en  todo  caso  debe  surgir de manera nítida del contexto de la  demanda.   

En  otros términos, le corresponde precisar  si  el  criterio  que  debe  orientar a la Corporación está determinado por la  naturaleza  de  la  temática abordada, en cuanto contribuye al desarrollo de la  jurisprudencia,  o  porque  resulta indispensable su intervención para proteger  los derechos fundamentales ante su eventual conculcamiento.   

En  el  presente  caso,  el demandante omite  cualquier   argumentación   encaminada   a  demostrar  que  en  el  fallo  cuyo  desquiciamiento  pretende,  exista  quebranto  directo  o  inmediato  de  algún  derecho  fundamental  cuya garantía deba proveer la Corte en sede de casación,  o  que  la  intervención  de  la  Sala  se  requiere  para  el desarrollo de la  jurisprudencia.   

Así,  a  manera de mero enunciado, aduce el  conculcamiento  del  debido  proceso  y  del derecho de defensa, aserto ayuno de  cualquier  sustento demostrativo como no sea la simple afirmación de un posible  atentado   al  principio  de  investigación  integral  en  cuanto  que,  ni  el  instructor  ni  el  juzgador,  “se  preocuparon por  recaudar    pruebas,    para    establecer    la    realidad   de   los   hechos  investigados”.  Sin  embargo,  omite  señalar  qué  pruebas  dejaron  de  practicarse  y  su  influencia  benéfica en la situación  procesal del acusado.      

     

Su   inconformidad  con  la  sentencia  se  manifiesta  en  últimas,  en  una clara discrepancia con valoración probatoria  asumida  por  los  falladores,  la cual los llevó a declarar la responsabilidad  del  procesado  en el delito de lesiones personales que se le imputó, cuando, a  su  juicio,  lo  procedente  era  el  reconocimiento  de  la duda, motivo que en  principio    no    puede    tenerse    como   propiciador   del   extraordinario  recurso.   

          Véase,  entonces,  la  ausencia de esfuerzo dialéctico alguno para  mostrarle  a  la  Corte  de  qué  manera  sus  garantías  fundamentales fueron  eventualmente  desconocidas  y,  bajo  tales  supuestos,  la necesidad de que la  Corte  entre  a  conocer  de  la  casación  propuesta,  pues  para ello  no  bastaba  la  simple  aseveración de que se desconocieron  los    derechos    fundamentales   cuya   garantía  tímidamente   reclama;  o  cuál el yerro que permitía arribar a la conclusión  de  la  violación  del  principio  de  in  dubio pro  reo.   

En condiciones semejantes, la demanda deviene  inepta,  y  de  ahí  que resulte imperativo decretar su inadmisión, tanto más  cuanto  ni  siquiera  existe, en estricto sentido, la presentación de un cargo,  pues,  como  si  se  tratara  de  un  escrito  de libre factura, el censor omite  invocar   el  motivo  de  casación  en  el  cual  se  apoya  para  impetrar  el  desquiciamiento  de  un  pronunciamiento que goza de la presunción de acierto y  legalidad.   

De  todas maneras, como el censor en un caso  en  donde  era  viable  la casación excepcional, no la invocó y menos intentó  acreditar  su  procedencia  en  los  términos  estipulados en el referido canon  -Art.  205,  inciso 3° de la Ley 600 de 2000-, la consecuente inadmisión de la  demanda  es  la  declaración  que  se  impone,  como  ya  se  dejó  anunciado.   

   

Finalmente, tampoco se observa a simple vista  la  violación  a  garantía  fundamental alguna que en virtud del artículo 216  del   Código   de   Procedimiento   Penal   conduzca   a   la   Sala  a  actuar  oficiosamente.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   HUMBERTO  VALLEJO  OCHOA, conforme con las  motivaciones plasmadas en el cuerpo del presente proveído.   

Contra  esta  providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese, notifíquese y  devuélvase a la oficina de origen.   

Cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                    ÁLVARO                              ORLANDO                              PÉREZ  PINZÓN                                            

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                        JORGE     LUIS    QUINTERO    MILANÉS          

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                       JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                                 

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

             Secretaria     

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