27002(27-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27002  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No.109  

Bogotá. D.C., veintisiete  (27) de junio  de dos mil siete (2007).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Examina la Sala las bases jurídicas, lógicas  y  argumentativas  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor de  JOSÉ  LUIS  MORALES  PARRA,  contra  la  sentencia  proferida  el  1º de noviembre de 2006 por el Juzgado 46  Penal del Circuito de Bogotá.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

En Bogotá, el 3 de enero del 2002, a las 4 y  30    de    la   tarde,   Gustavo   Adolfo   Acebedo  Flórez acudió a la inmobiliaria José Luis Morales y  Compañía    Limitada,   ubicada   en   la   Calle   67   No   8   –  12,  oficina 401, a cancelar la suma  de  $550.000, por concepto del canon de arrendamiento de un inmueble que ocupaba  su  novia  Luz Marcela Ciro Bedoya. Una vez extendido el recibo correspondiente,  fue  requerido  para que lo devolviera porque faltaba hacerle una anotación por  incumplimiento  del contrato; como se negó y salió rápidamente, fue alcanzado  por  JOSÉ LUIS MORALES PARRA  en  el  pasillo  donde esperaba el ascensor, quien le reclamó por haber cerrado  fuerte  la  puerta  y le propinó un golpe que le causó un trauma auditivo, por  el   cual   se   le   fijó   una   incapacidad  definitiva  de  10  días,  sin  secuelas.   

Adelantada   la  investigación,  el  9  se  septiembre  del  2004,  la  fiscal  261,  de  la Unidad Delegada ante los Jueces  Penales  Municipales,  acusó al procesado como presunto autor responsable de la  conducta punible de lesiones personales dolosas.   

Celebrada la diligencia de audiencia pública,  el  Juzgado  61 Penal Municipal de Bogotá, el 17 de julio del 2006, condenó al  procesado,  por  esa  misma conducta punible, a la pena principal de un (1) año  de  prisión  y,  por  el  mismo  término,  a  la accesoria de interdicción de  derechos  y  funciones  públicas.  Le  impuso el pago de los perjuicios morales  causados  con  la  infracción  y  le  concedió  el subrogado de la suspensión  condicional de la ejecución de la pena.   

El  Juzgado  46 Penal del Circuito de Bogotá  confirmó   la   decisión   del   A  quo,  en  providencia del 1º de noviembre del 2006, objeto del recurso  de casación.   

LA DEMANDA  

Para fundamentar la admisibilidad del recurso  interpuesto  contra  la  sentencia  de  segunda instancia, aduce el libelista la  necesidad   de   proteger  el  derecho  fundamental  al  debido  proceso  de  su  representado.   

Luego  de ilustrar el tema con jurisprudencia  de  la  Corte  Constitucional  y  alguna cita doctrinal, argumenta que el debido  proceso,  consagrado  en  la  Carta  Política  y  regulado  en  el  Código  de  Procedimiento  Penal,  no  es  un fin en sí mismo, sino que está encaminado al  respeto  de los derechos esenciales materiales del individuo y su aplicación no  puede  convertirse  en  ritualismos  vacíos  que den apariencia de protección,  cuando  en realidad se terminan violentado otros derechos como el de la libertad  personal,  que en este caso resulta amenazado y limitado por la sentencia, dadas  las  condiciones  de suspensión de la pena, el patrimonio afectado por la multa  y  la imposición de una indemnización, el buen nombre y, sobre todo, el juicio  justo.   

El   derecho  al  debido  proceso  también  comprende  la  obligación  de motivar las providencias, según el artículo 170  de  la  Ley  600  de  2000  y  en  este caso no se cumplió con esa carga, ni el  presupuesto  legal  de  la  condena,  cuando  se hace una apreciación subjetiva  de   los  medios  de  prueba.  No se puede llegar al extremo de deformar su  contenido,  so  pretexto  de  la libre apreciación, porque cuando una decisión  judicial  se  aparta  del  contenido  probatorio,  incurre  en violación de las  reglas  mínimas  exigidas  para  condenar, según el artículo 232 ibídem.   

Aclara  el  censor  que si bien su escrito no  tiene  como  propósito  fundamentar, por el momento, cargo alguno de casación,  porque  no es la oportunidad, cree necesario precisar que no se puede desconocer  la  existencia  de  grandes  dudas sobre la autoría de los hechos investigados,  con  el argumento según el cual, los testimonios de descargo son inaceptables y  los de cargo son aceptables, sin razón alguna.   

El  reconocimiento del valor probatorio de un  testimonio  debe fundarse en el análisis de su contenido, cosa que no ocurre en  la  sentencia.  Así,  el  desconocimiento  de  la sana crítica también es una  violación al debido proceso.   

Igualmente  se  desconoció  el  principio de  igualdad,  porque  al  procesado  se  le  excluyó  del  trámite del proceso al  habérsele  citado, inicialmente, a la dirección que corresponde a sus oficinas  y  a partir de la segunda citación se le enviaron telegramas a otra dirección,  vulnerando de paso el derecho de contradicción.   

El  desconocimiento  del derecho a la defensa  surge  cuando  la fiscalía nombra un defensor de oficio que no  interviene  en  el  proceso,  con  la  única  finalidad de cumplir un requisito cuando para  nadie  es  un  secreto  que  tales  designaciones  no  satisfacen  esa garantía  fundamental.   

A   consecuencia   de  las  citaciones  mal  dirigidas,   no  se  notificó  personalmente  la resolución acusatoria al  procesado  ni  al defensor de oficio y se cumplieron por edicto, dejando de lado  lo    dispuesto   en   el   artículo   396   del   Código   de   Procedimiento  Penal.   

Concluye  que se han pretermitido actuaciones  básicas,  como  la efectiva vinculación del sindicado a la investigación, las  notificaciones  legales, el análisis serio de las pruebas allegadas al proceso,  desconociendo  su  contenido  y  otorgándoles un alcance que no tienen, todo lo  cual  deriva  en  el desconocimiento al debido proceso, cuya protección reclama  por la vía de la casación discrecional.   

CONSIDERACIONES  

1.  La  solicitud de la casación excepcional  impone  al  actor  el deber de cimentar alguno de los motivos que condicionan la  admisibilidad  de  este mecanismo, bien porque se han quebrantado las garantías  fundamentales  o  el debido proceso, bien porque se hace necesario el desarrollo  de la jurisprudencia.   

En   vigencia   del   anterior  Código  de  Procedimiento  Penal  (Decreto  2700 de 1991), esa justificación debía hacerse  al  momento  de  interponer  el recurso. En vigencia de la Ley 600 del 2000, esa  motivación  debe estar contenida en el cuerpo de la demanda, cuyo sustento debe  evidenciar  que  el  caso,  en  realidad,  amerita la intervención de la Corte.   

La  ausencia  de  alguno  de estos requisitos  impide  que  la  Sala,  en uso de la discrecionalidad, admita la demanda, puesto  que  dicha facultad está limitada a la justificación que el interesado ofrezca  para hacer operante el recurso por la vía excepcional.   

2. En el asunto que se examina, el demandante  intentó  acreditar  el  desconocimiento al debido proceso, pero no ofreció una  apoyatura  clara  y  precisa acerca de los alcances de su pretensión. De manera  tangencial,   hizo   referencia  a  distintos  aspectos  de  la  actuación  que  constituyen,  en  su  sentir,  agresiones  a  la  garantía  señalada, pero sin  ninguna  concreción,  en  cuanto  creyó  que  ese  no  era el momento procesal  oportuno para fundamentar algún cargo de casación.   

El actor, entonces, incumplió con el deber de  justificar  el  trámite  de la casación excepcional y se sustrajo del deber de  elaborar    la    correspondiente    demanda    ajustada    a   las   exigencias  técnico-argumentativas   en   cuanto  a  la  formulación  de  los  cargos,  su  desarrollo   y   demostración   de   acuerdo   con   la   causal  de  casación  invocada.   

3.  Aún  cuando  las  deficiencias  anotadas  comportan,  por  sí solas, motivo suficiente para inadmitir la demanda, resulta  imperativo  recordar que cuando la solicitud está orientada a la protección de  los  derechos  fundamentales  y/o  la estructura del proceso, el demandante debe  exponer  claramente las razones y alcances de la impugnación, de tal manera que  surja incuestionable que el error cometido es insubsanable.   

En  consecuencia, como se dijo, la demanda no  puede ser aceptada.   

De  otra  parte,  como  tras la revisión del  expediente  se  puede  concluir que no existen protuberantes causales de nulidad  ni  violación flagrante de derechos sustanciales, la Corte está imposibilitada  para pronunciarse de oficio.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

1.  INADMITIR  la  demanda   de   casación   presentada   a   nombre  del  procesado  JOSÉ   LUIS   MORALES   PARRA   y,   en  consecuencia, declarar desierto el recurso.   

2.           DEVOLVER  la  actuación  al  Juzgado  de  origen.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso.   

NOTIFÍQUESE y CÚMPLASE  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ            ÁLVARO   ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN                                        

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN               JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                                                                                                      

YESID        RAMÍREZ  BASTIDAS            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA                     

MAURO    SOLARTE    PORTILLA                                                   JAVIER      ZAPATA  ORTIZ   

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             

Teresa Ruiz Núñez  

         Secretaria     

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