26990(08-08-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26990  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

Aprobado  acta N°   140   

Bogotá, D. C., ocho (8) de agosto de dos mil  siete (2007).   

V    I   S   T   O  S   

Procede  la  Corte  a  conceptuar  sobre  la  solicitud    de   extradición   de   la   ciudadana   colombiana   SANDRA   PATRICIA   SANTAMARÍA   ARANGO,  elevada por el Gobierno de los Estados Unidos de América.   

L  A     S O L I C I T U D   

1.     Mediante    oficio   número  OFI07-4008-DIJ-0100  del  20 de febrero de 2007, el Ministerio del Interior y de  Justicia  comunicó  a  esta  Sala  de  la  Corte que el Gobierno de los Estados  Unidos  de  América,  por  conducto  de su Embajada en Colombia y mediante Nota  Verbal  número  0408  del 13 de febrero de 2007, solicitó en extradición a la  ciudadana   colombiana  Sandra  Patricia  Santamaría  Arango,  capturada  el  18  de  diciembre  de 2006, en  cumplimiento  de  la  resolución  del  4 de diciembre anterior, expedida por la  Fiscalía General de la Nación.   

2.  La normatividad que rige al presente  trámite    es    la    contemplada    en   el    Libro   V,   Capítulo   II   del   Código  de  Procedimiento  Penal,  en la  medida que no existe en el momento convenio aplicable  que  regule  el   asunto,  como así lo conceptuó el Jefe de la Oficina de  Asesoría  Jurídica  del  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores, según oficio  número  OAJ.E.  0288 del 14 de febrero de 2007, quien además certificó que la  documentación  del  expediente  procedente de la Embajada de los Estados Unidos  de América, fue presentada debidamente traducida y autenticada.   

3.  Los acontecimientos fácticos objeto  de  la  investigación  e  imputación  de  los  cargos formulados en su contra,  motivo  de  la  solicitud de extradición, fueron sintetizados en la Nota Verbal  número 0408 del 13 de febrero de 2007 de la siguiente manera:   

“Los hechos de  este     caso     indican    que    Carlos    Alberto    Montoya    –  Flórez, Mauricio Ospina, Cristóbal  Morales  – Vélez, Camilo  de   Jesús  Jaramillo  –  Morales,  María  Catalina  Pérez  –  Ochoa, y Sandra  Patricia  Santamaría  –  Arango  eran  miembros de una organización colombiana  de  tráfico  de  heroína.   Comenzando  en julio de 2005 hasta febrero de  2006,  …, y Sandra Patricia Santamaría –   Arango  participaron,  en  diferentes  épocas,  y  en  una variedad de funciones, en un  concierto  para  importar  heroína  a  los  Estados  Unidos en cuatro ocasiones  distintas.   

“Respecto  a  la  primera  importación de  heroína,  comenzando  en julio de 2005 y hasta septiembre de 2005, oficiales de  las     fuerzas     del     orden    grabaron    legalmente    a    Santamaría        –     Arango,    Montoya    –    Flórez,    Ospina   y   Morales  –  Vélez, discutiendo la  obtención  de  heroína para transportarla a Miami.  El 8 de septiembre de  2005,  Morales  – Vélez le  dio  a  una  fuente  confidencial  de  información  una  muestra de heroína en  presencia  de  Montoya  –  Flórez.   Morales  –  Vélez,  Montoya  Flórez  y  la  fuente  confidencial, acordaron el precio y la  cantidad  para una futura transacción de heroína.  El 21 de septiembre de  2005,  la  fuente  confidencial  le pagó a Montoya Flórez, US $13.000 en pesos  colombianos  para comprar un kilogramo de heroína.  El 22 de septiembre de  2005,  Montoya  – Flórez y  Pérez  – Ochoa empacaron  el  kilogramo  de heroína en presencia de la fuente confidencial.  Montoya  – Flórez le proporcionó  a  la  fuente  confidencial  otra  muestra  de  heroína.  Luego, la fuente  confidencial       le       proporcionó       a       Montoya      –  Flórez  US  $6.000  adicionales  en  pesos  colombianos  para  pagarle a oficiales corruptos de las fuerzas del orden  en   el   aeropuerto   de   Medellín   para   facilitar   que  la  heroína fuera  cargada  (en  un  avión).   Después  de  abandonar  el  hotel,  la fuente  confidencial  y  oficiales  de  las  fuerzas  del  orden  observaron  a  Montoya  –  Flórez entregarle la  custodia   de   la    heroína   y   el  dinero  a  Jaramillo  –  Morales.   Ospina  le dio a la  fuente  confidencial  el  número telefónico del individuo responsable de tomar  posesión  de  la heroína una vez llegara a Miami.  El 23 de septiembre de  2005,  oficiales  de  las  fuerzas  del  orden  incautaron  aproximadamente  1,1  kilogramos  de  heroína  en un avión de Avianca en el Aeropuerto Internacional  de     Miami     en    el    área    indicada    por    Montoya    –  Flórez.   Oficiales  de  las  fuerzas  del  orden  en  Miami  intentaron realizar una entrega controlada de la  heroína; sin embargo, la entrega controlada no se realizó.   

“Respecto  a  la  segunda  importación de  heroína,  a  finales  de  octubre  de 2005 y a principios de noviembre de 2005,  la    fuente   confidencial   grabó  legalmente  conversaciones  con   Santamaría –    Arango   y   Montoya   – Flórez acerca de un segundo despacho  de  heroína  a  los  Estados  Unidos.   La  fuente  confidencial y Montoya  – Flórez acordaron enviar  1,3  kilogramos  de  heroína a Miami donde los supuestos empleados corruptos de  la  aerolínea conseguidos por la fuente confidencial bajarían la heroína a un  costo  de $10.000.  De acuerdo con estas conversaciones, el 30 de noviembre  de  2005, Montoya – Flórez  le  envió  a  la  fuente  confidencial  un facsímil que contenía información  acerca  de  la  heroína  pasada  de  contrabando a bordo de un avión comercial  colombiano  con  destino  Miami.   En  esa  misma  fecha,  Oficiales de las  fuerzas  del  orden  en  el  Aeropuerto Internacional de Miami incautaron, en el  área    indicada    por   Montoya   –  Flórez,  aproximadamente  1.3  kilogramos  de  heroína pasada de  contrabando  a  bordo de un avión comercial colombiano.  El 2 de diciembre  de  2005,  oficiales  de  las fuerzas del orden en Miami le hicieron una entrega  controlada  de  la  heroína  a  un individuo designado por Montoya –  Flórez para que tomara posesión de  la  misma.   Oficiales  de  las fuerzas del orden arrestaron al individuo e  incautaron aproximadamente $8.000.   

“Respecto  a  la  tercera  importación de  heroína,   a   principios  de  enero  de  2006,  la  fuente  confidencial  tuvo  discusiones  con  Ospina  acerca  de  enviar  a  Miami una cantidad adicional de  heroína.   De  acuerdo  con  estas  discusiones,  el  12 de enero de 2006,  Montoya   –  Flórez  le  contó  a  la  fuente  confidencial de Miami que aproximadamente un kilogramo de  heroína  había  sido  ubicado  a  bordo  de un avión comercial colombiano con  destino  al  Aeropuerto Internacional de Miami.  Luego, en esa misma fecha,  oficiales  de  las fuerzas del orden en Miami descubrieron aproximadamente 1.203  gramos  de heroína que fue pasada de contrabando a bordo de un avión comercial  colombiano     en     el     área    indicada    por    Montoya    – Flórez.   

“Respecto a  la cuarta importación de  heroína,  a  mediados de enero de 2006, la fuente confidencial tuvo discusiones  con  Montoya  – Flórez y  con  Ospina acerca de transportar aproximadamente tres kilogramos de heroína en  Miami.     El    25    de    enero    de    2006,    Montoya   –  Flórez, le dio a una segunda fuente  confidencial  de  información  2.818  gramos  de  heroína para transportarla a  Miami.  El 27 de enero de 2006, oficiales de las fuerzas del orden transportaron  la  heroína  desde Colombia a Miami.  El 30 de enero de 2006, oficiales de  las  fuerzas  del  orden  hicieron  una  entrega  controlada de la heroína a un  individuo   designado   por  Montoya  –  Flórez.   Oficiales  de  las fuerzas del orden arrestaron al  individuo e incautaron aproximadamente US $66.000.   

“Todas  las  acciones  adelantadas  por la  acusada  en  este caso fueron realizadas con posterioridad al 17 de diciembre de  1997”.   

4.   La  documentación remitida por el  Gobierno  de  los  Estados  Unidos  de  América  que  sustenta  la solicitud de  extradición  de  la  ciudadana colombiana  Sandra  Patricia      Santamaría     Arango,     es     la  siguiente:   

4.1.  Copia  de  la  Acusación  Formal  de  Reemplazo  número  06-20494-CR-Cooke(s)  del 9 de enero de 2007, por medio  de  la  cual  el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos, Distrito Meridional  de  Florida,  acusó  a  Sandra  Patricia  Santamaría  Arango de los siguientes cargos:   

“El  gran jurado  acusa que:   

“CARGO   1”   

(CONCIERTO  PARA  DISTRIBUIR  UN  (1) KILOGRAMO O MÁS DE HEROÍNA CON LA INTENCIÓN DE IMPORTARLA  HACIA LOS ESTADOS UNIDOS)   

“Comenzando el 19  de  julio  de 2005 o alrededor de esa fecha y continuando hasta el 21 de febrero  de  2006  o  alrededor  de esa fecha, en el país de Colombia y en otras partes,  los  acusados,  …,  y  SANDRA  PATRICIA SANTAMARÍA  ARANGO  con  conocimiento de causa e intencionadamente  combinaron,  concertaron,  confederaron  y  acordaron  con  personas conocidas y  desconocidas  para  el Gran Jurado para distribuir una sustancia controlada, con  intenciones  de  que  dicha sustancia controlada fuera importada ilícitamente a  los  Estados  Unidos,  en contravención a la Sección 959 (a)(1) del Título 21  del  Código  de  los Estados Unidos; todo en  contravención a la Sección  963 del Título 21 del Código de los Estados Unidos.   

“Conforme  a la Sección 960 (b)(1)(A) del  Título  21  del  Código  de  los  Estados  Unidos,  también se alega que esta  contravención  trató  de  un  (1)  kilogramo  o más de mezcla y sustancia que  contenía una cantidad perceptible de heroína”.   

“CARGO  2”   

(CONCIERTO  PARA  IMPORTAR   UNO   (1)   O   MÁS   KILOGRAMOS   DE  HEROÍNA  HACIA  LOS  ESTADOS  UNIDOS)   

“Comenzando el 19  de  julio  de 2005 o alrededor de esa fecha y continuando hasta el 21 de febrero  de  2006,  en  el  condado  de  Miami  –  Dade  en  el Distrito Meridional de Florida y en otras partes, los  acusados,   …   y   SANDRA   PATRICIA  SANTAMARÍA  ARANGO  con  conocimiento de causa e intencionadamente  combinaron,  concertaron,  confederaron  y  acordaron  con  personas conocidas y  desconocidas  para  el Gran Jurado para distribuir una sustancia controlada, con  intenciones  de  que  dicha sustancia controlada fuera importada ilícitamente a  los  Estados  Unidos,  en  contravención  a  la Sección 963 del Título 21 del  Código de los Estados Unidos.   

“Conforme  a la Sección 960 (b)(1)(A) del  Título  21  del  Código  de  los  Estados  Unidos,  también se alega que esta  contravención  trató  de  un  (1)  kilogramo  o más de mezcla y sustancia que  contenía una cantidad perceptible de heroína”.   

4.2.  También se allegaron copias de  las  declaraciones  juradas  de  William  H.  Bryan  III, Fiscal Auxiliar de los  Estados  Unidos,  en  la  Sección de Narcóticos de la Fiscalía de los Estados  Unidos  para  el Distrito Meridional de Florida, y de Kyle Kent, Agente Especial  de  la  Administración  de Antinarcóticos de los Estados Unidos (DEA), las que  respaldan   la   acusación   contra  Sandra  Patricia  Santamaría Arango.   

El  primer  funcionario, esto es, William H.  Bryan  III, incorpora en su declaración la descripción y vigencia de los tipos  penales  imputados  en  el  pliego  acusatorio,  explica  que  el alcance de una  acusación  formal  de  reemplazo  consiste  en que ésta sustituye a aquella, y  finalmente,   realiza  una  síntesis de los hechos, de la actuación   procesal    y    de    los    cargos    atribuidos    a    la    solicitada   en  extradición.   

Por  su  parte, el Agente Especial Kyle Kent  relata,  de  manera  pormenorizada,   los   hechos   objeto   de    juzgamiento    ante    el    citado   Tribunal   y  la  participación  en  los  mismos  por  parte  de  la  requerida  en extradición,  respecto    de   quien   suministra   la   información   necesaria   sobre   su  identidad.   

4.3.   Así  mismo,  se informó que la  solicitada,     Sandra     Patricia     Santamaría  Arango,  es  una ciudadana colombiana. Nació el   15  de  diciembre  de  1970  en  Cañasgordas  (Antioquia), Colombia.  “Se  le  describe  a SANDRA PATRICIA  SANTAMARÍA  ARANGO  como  una  mujer blanca con pelo  oscuro.    SANDRA  PATRICIA  SANTAMARÍA  ARANGO  tiene  asignado  el  Número  de  Cédula  colombiana  43.780.331”.   

También    se    allegó   de   la  Registraduría  Nacional  del  Estado  Civil  de  Colombia, la fotografía de su  rostro que aparece en la cédula de ciudadanía.   

Dicha     fotografía     “ha  sido  identificada  por los Agentes Especiales de la Oficina  Nacional  de  la  DEA  en Bogotá, Colombia como la fotografía de la persona de  nombre    SANDRA   PATRICIA   SANTAMARÍA   ARANGO,  quien estuvo involucrada en una tentativa de importar  y  distribuir  heroína anteriormente descrita.  El Agregado Nacional de la  DEA   en  Bogotá  también  me  informa  que  SANDRA  PATRICIA  SANTAMARÍA  ARANGO  es  la  persona  en la  fotografía   que  se  acompaña  y  que  esa  SANDRA  PATRICIA  SANTAMARÍA  ARANGO es la misma persona que  se  menciona  en  la  acusación formal de reemplazo, en esta acusación y en la  orden  de captura que se acompaña y que se dice que cometió los delitos que se  describen en la acusación formal de reemplazo antemencionada”.   

4.4.     Se     adjuntó   copia    del    texto    de   las   disposiciones   del    Código   de  los   Estados   Unidos   que   se    afirman    fueron    infringidas   por   la   solicitada    en     extradición     y     que     se   encontraban    vigentes   para   la   época   de   ocurrencia de los hechos.   

4.5.   Por último, se incorporó copia  de  la  orden  de  captura proferida en contra de la requerida en extradición y  dictada  por  el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos, Distrito Meridional  de Florida.   

PERÍODO    PROBATORIO   

Mediante providencia del 20 de junio de 2007,  la  Sala  negó,  por  impertinencia,  la solicitud elevada por la defensa en el  sentido   de   que  las  pruebas  documentales  aportadas,  hicieran  parte  del  expediente  de  extradición  adelantado  en  contra  de la ciudadana colombiana  SANDRA PATRICIA SANTAMARÍA ARANGO.   

ALEGATO  DE LA   PROCURADORA  SEGUNDA   

DELEGADA   PARA  LA  CASACIÓN  PENAL   

La  representante  del  Ministerio Público,  luego  de  relacionar de manera  detallada los hechos, los antecedentes, el  trámite  adelantado,  los  instrumentos  allegados a este diligenciamiento y de  mencionar  las  normas  aplicables  al  caso , dice que en lo relacionado con la  validez  formal  de  los  documentos,  el Estado solicitante aportó debidamente  traducidas  y  autenticadas  la  providencia  acusatoria,  en  la   cual se  reseña   el  lugar  y  las  fechas  donde  ocurrieron  los  hechos  y  el   delito   imputado, las distintas normas penales, las declaraciones de apoyo  a  la   solicitud de extradición y la orden de captura, motivo por el cual  se cumple cabalmente con esta exigencia legal.    

En consecuencia, anota la Procuradora que de  los  documentos  mencionados  que  sirven  de  apoyo  a la presente solicitud de  extradición,  “puede  inferirse  su autenticidad e  idoneidad  para  tenerse  como medio de prueba, conforme lo permite el artículo  259 del Código de Procedimiento Civil”.   

Respecto  a  la  demostración  plena  de la  identidad  de  la  requerida,  asevera  que  es  otra exigencia que se encuentra  satisfecha,  toda  vez que los datos suministrados por las autoridades del país  requirente  coinciden con los de la persona que fue notificada de la resolución  expedida  por  la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  por medio de la cual se  ordenó  su  captura  y  que en este momento se encuentra privada de la libertad  con fines de extradición.   

Agrega  que en la Nota Verbal 0408 del 13 de  febrero  de  2007   allegada  al presente trámite se consignaron sus datos  personales,  es  decir,  que  se trata de una ciudadana colombiana, “nacida    el    15    de   diciembre   de   1970   en   Asgordas  (Antioquia)”  y  que  es  portadora de la cédula de  ciudadanía  número 43.780.331, datos que confirman dicha identidad, los cuales  coinciden  con  los  que  suministró  Sandra Patricia  Santamaría  Arango al momento de ser notificada de sus  derechos  como  capturada,  así  como  en  aquellos  documentos  que ha firmado  durante  el  trámite  ante  la  Corte,  sin  que  al  respecto se haya mostrado  objeción  alguna.  “Por  lo  anterior, no concurre  duda  en cuanto a que la persona requerida por el gobierno de los Estados Unidos  corresponde  a  la  ciudadana  efectivamente  privada  de  la  libertad  por  la  autoridad  colombiana  y  que  actualmente  se  encuentra sujeta a este trámite  jurídico-   administrativo   pues   existe  coincidencia  entre  los  datos  de  identificación   suministrados   por   el   gobierno   requirente  –  extraídos de los suministrados por  la  Registraduría  Nacional  del  Estado  Civil- y los de la persona capturada,  concretamente,  su  nombre,  nacionalidad,  número  de  cédula de ciudadanía,  fecha y lugar de nacimiento.”   

En  lo que tiene que ver con el principio de  la    doble    incriminación,   sostiene   que   los  cargos  imputados  a  Sandra  Patricia  Santamaría  Arango  en la acusación por el  Tribunal  de  Distrito  de los Estados Unidos, Distrito Meridional de Florida, y  concretamente  el Gran Jurado a través de la resolución de acusación 06-20494  –   CR   –  Cooke(s), constituyen a la luz de la  legislación   penal  colombiana  conductas  delictivas  sancionadas  con  penas  privativas   de   la  libertad,  cuyos  mínimos  superan  los  cuatro  años  y   

encuentran   adecuación  típica  en  el  artículo  340 (modificado por el artículo 8° de la Ley 733 de 2002 y 19 de la  Ley  1121  de  2006) del Código Penal, según el cual se configura el delito de  concierto  para  delinquir,  cuya  pena  mínima  privativa  de  la  libertad es  superior  a  4  años  si  el  acuerdo  se  orienta  a  delinquir en actividades  específicas de narcotráfico.   

Además,  conforme  a lo previsto en la Ley  890  de  2004,  esta  pena  mínima  se incrementó en 96 meses de prisión  cuando   el   referido   concierto   para   delinquir  recae  sobre  delitos  de  narcotráfico.   

Aspecto que conlleva a concluir que también  se encuentra satisfecho este presupuesto.   

En  lo que respecta a la equivalencia de la  providencia  dictada  en  el país solicitante, también se encuentra plenamente  acreditado,  por cuanto la acusación dictada en el extranjero contiene el cargo  del   cual   se   debe   defender  la  acusada,  sin  olvidar  que  dicha  pieza  se    constituye    en  presupuesto   procesal  para  la  iniciación  de   la   etapa   de   juzgamiento,  que  culmina  con  la  respectiva  sentencia,   además  de  que  contiene  una  relación  detallada  de los hechos, con especificación de las  circunstancias  de   tiempo,   modo  y  lugar  en   que    ocurrieron    y   la   calificación   jurídica  de    la    conducta,    con    indicación    de   las   disposiciones   sustanciales  aplicables  y  relación de bienes  sujetos  a  extinción  de  dominio,  lo  cual  permite  colegir que dicha pieza  procesal  guarda  correspondencia  sustancial  con  la resolución de acusación  prevista en nuestro sistema procesal penal.   

En consecuencia, estima la Delegada que las  formalidades  legales  se  encuentran  cabalmente  demostradas para que la Corte  proceda  a emitir concepto favorable respecto de la solicitud de extradición de  la  ciudadana  colombiana  Sandra Patricia Santamaría  Arango.   

Como  cuestión  final  y   en orden a  garantizar  los  derechos  fundamentales de la ciudadana colombiana requerida en  extradición,  la  Procuradora  Delegada pide a la Corte que sugiera al Gobierno  Nacional  para  que  en  caso de que se conceda la extradición se condicione la  misma  en  el  sentido de que la solicitada no sea juzgada por hechos anteriores  ni  distintos  a  los  que  motivan  la  extradición,  ni sometida a destierro,  prisión  perpetua,  ni  a tratos crueles, inhumanos o degradantes y que en caso  que  en  el  Estado  requirente  exista  pena de muerte para los delitos por los  cuales se le acusó, ésta sea conmutada.   

   ALEGATO  DE   LA    DEFENSA   

La     defensa     de    Sandra    Patricia   Santamaría   Arango  solicita  que  el concepto a emitir por la Corte sea negativo, por cuanto que la  solicitud   de   extradición   presenta  una  serie  de  vicios  y  violaciones  “tanto al derecho nacional, como internacional y al  Código   de   Procedimiento   Penal,  como  a  nuestra  legislación  penal”,  a saber:   

1.  Anota que la Corte ha sostenido que  el  derecho  a  la  defensa  en  el  trámite  de extradición se circunscribe a  aspectos  meramente  formales  y,  que,  “su propia  labor  la  ha  limitado  a la revisión notarial de los documentos y al lleno de  las  exigencias formales para la procedencia de la extradición”, ya   que   “no   va  al  fondo  de  la  imputación, sino sólo a la  constatación  de las formalidades de la solicitud y al lleno de los requisitos,  también  formales,  para  su procedencia legal, limitando la defensa también a  estos conceptos”.   

2.   Luego  de  presentar  un  resumen  histórico  del  desarrollo  normativo  de  la  extradición,  desde su personal  óptica,  afirma  que  se presenta una violación a lo dispuesto en el artículo  23  del  Código  de Procedimiento Penal, en concordancia con lo estatuido en el  artículo  260 del Código de Procedimiento Civil, por  desconocimiento del  principio  de  integración, en la medida en que si la resolución de acusación  proferida  en  el exterior obra en idioma distinto al castellano, necesariamente  se  acude  a  traductores  del  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores y, en tal  sentido,   “se   desconoce   la   idoneidad  y  la  experiencia”  del personal especializado de que  habla el artículo 241 del C. de P.C.   

A  su  modo  de  ver,  la traducción de la  documentación  allegada  al  expediente “no se sabe  si  se  hizo  por  las  autoridades extranjeras de la DEA o por el Ministerio de  Relaciones  Exteriores o por un intérprete oficial, por lo que no se procede de  una prueba legal y oportuna allegada al proceso”.    

3.   Del  mismo  modo, el memorialista  echa   de  menos  el  concepto  que  el  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores,  obligatorio  en  este  procedimiento, debió emitir sobre si existe o no tratado  internacional  aplicable  a la solicitud y sobre si los documentos recibidos del  Estado requirente se encuentran completos.   

4.    Presenta   unas   reflexiones  personales  en  torno  al  tema de la aplicación de la ley penal en el espacio,  concluyendo  que  “el  problema  en  los  términos  actuales  es  que los Estados Unidos han venido imponiendo la doctrina de que el  delito  que  se  inicia  en  un país y se consuma en otro da lugar a que aquél  conceda  obligatoriamente  la  extradición.  Y técnicamente se refiere al  narcotráfico”.   Pero  con  ello se olvida que  hay  actos  delictivos  del  mencionado  reato  que  se  consuman  totalmente en  Colombia,  como  por  ejemplo:  el  cultivo,  el  procesamiento, el transporte y  exportación  a  países distintos de los Estados Unidos; en ese orden de ideas,  “pactar   extradición   implica  renunciar  a  la  jurisdicción    colombiana    por    delitos   cometidos   en   territorio   de  Colombia”.    Concluye  que  el  principio  de  territorialidad  “ha venido siendo relegado en aras  del  principio  de  defensa de otros Estados, o bien gracias a la aplicación de  concepciones bastante amplias de la coautoría”.   

5.   Solicita  se  tenga  en cuenta la  documentación   allegada  en  pretérita  oportunidad,  para  que  “se  entre  a considerar también la posibilidad de concederle la  sustitución     de     la     prisión     carcelaria     a     la     prisión  domiciliaria”   a  su defendida, en aplicación  del  artículo  43  de  la  Constitución  y de la Ley 82 de 1993, por cuanto la  solicitada  en extradición es mujer cabeza de familia y, en tal virtud, se hace  merecedora a lo dispuesto en la Ley 750 de 2002.   

6.   Finaliza  alegando  que  hasta el  momento  no  ha  podido  ejercer  el  derecho  a la contradicción de la prueba,  puesto  que  unas  grabaciones  visuales y de voz mencionadas en la solicitud de  extradición,  se  encuentran a disposición únicamente de la Corte Federal del  país requirente.   

CONCEPTO      DE    LA   CORTE   

    

1. Acotación previa:     

El   defensor   de   la   solicitada   en  extradición,  ciudadana  Sandra  Patricia Santamaría  Arango,    hace   las   siguientes   críticas  al  trámite  de  extradición,  asÍ:   

    

1. En  lo  que  tiene  que ver con la violación al derecho de defensa,  supuestamente    conculcado    por    la    actividad   meramente   “notarial”  de la Corte, se hace  necesario  aclararle  que  de manera pacífica y reiterada la Corporación se ha  pronunciado  en  el sentido que: “La extradición no  es  un  juicio  sobre  los  hechos para cuestionar su ilicitud, ni es tampoco un  juicio  sobre  el autor para negar su culpabilidad.  Es un simple incidente  de  carácter administrativo donde sólo se ventilan las condiciones requeridas,  por  una  ley  o  por  un tratado, para la entrega del delincuente o de quien se  presume que lo sea.     

“La   Corte  dentro  del  trámite  de  extradición  que  adelanta  no verifica ningún juicio sobre la responsabilidad  del   requerido.    Ese  juicio  se  realiza  o  se  realizó  –   según   sea   el  caso  concreto  – en el país requirente  y  es  allí  frente  a  los Jueces del Estado que ha solicitado la cooperación  internacional  del  colombiano,  donde  deben  plantearse  todos  los  problemas  atinentes  al  contenido  sustancial  de  la  resolución  de  acusación  o  su  equivalente  que  haya  sido  proferida  en  ese Estado.  Frente a la Corte  Suprema  de  Justicia de Colombia el debate probatorio en ese punto se limita al  contenido  formal de ese tipo de providencia, no a su contenido sustancial, ni a  su  corrección  o  presunta  incorrección”.  (Cfr. Auto Extradición octubre  19/2006. Rad. 25900).   

Por  tal  razón,  en  cuanto  a  que  en  desarrollo  del   trámite  de  extradición  el  Estado  pudiera  ceder su  soberanía  a  favor  del  Estado  requirente,  vulnerándose,  entre  otros, el  derecho   a   sancionar   penalmente,   la  dignidad  nacional  y  la  igualdad  jurídica  de las naciones,  constituye  una apreciación personal del memorialista que la Corte respeta pero  no  comparte,  en  tanto  que reiteradamente  ha sostenido que “la  extradición  no  corresponde  a  la  noción  de un proceso  judicial  en  el  que  se  juzgue  la  conducta  de aquél a quien se reclama en  extradición,  sino  que  obedece a un instrumento de cooperación internacional  previsto  normativamente (Convención, Tratado, Convenio, Acuerdo, Constitución  o  ley,  según el caso)” Concepto del 8 de agosto de  2000.   

    

1. Respecto    de   la   alegada   transgresión   del   principio   de  territorialidad,  por  cuanto  que  el  delito  de narcotráfico comprende actos  delictivos  que  se  consuman  totalmente  en  Colombia y, por tanto, es en este  país  en donde se deberían juzgar, como por ejemplo las conductas relacionadas  con  el  cultivo  ilícito, el procesamiento de sustancias estupefacientes, o el  transporte  de  éstas, entre otras, olvida el defensor que a la requerida se le  hacen  los  cargos  de:  concertar  para  distribuir  un (1) kilogramo o más de  heroína  con  la intención de importarla hacia los Estados Unidos (cargo 1), y  de  concertar  para  importar  uno  (1)  o más kilogramos de heroína hacia los  Estados Unidos (cargo 2).     

Precisamente  en  punto  de  la  conducta ejecutada parcialmente en territorio patrio, la Corte ha  dicho:  “Obsérvese, entonces, que las imputaciones  y  su  sustento  dejan  entrever  con facilidad que los actos desplegados por el  requerido  y  por  la organización delincuencial de la que hacía parte, según  las  autoridades  norteamericanas,  traspasaron ontológica y jurídicamente las  fronteras  nacionales,  ya  que  el  cometido  de  la  conspiración  era  la de  introducir  en  Estados  Unidos  la  cocaína,  así  como  la  de  poseerla con  intención   de   distribuirla”.   (Cfr.   Concepto  favorable    de   extradición,   23   de   noviembre   de   2006,   radicación  25643).     

1. Frente  a  la petición que eleva el citado defensor, consistente en  que  se  le  sustituya  la  “prisión carcelaria por  prisión   domiciliaria”,   recuérdesele   que  la  ciudadana  requerida  en  extradición no está a disposición de la Corte, sino  que   se encuentra privada de la libertad en virtud de la resolución del 4  de  diciembre  de  2006 proferida por el Fiscal General de la Nación, por medio  de  la  cual  se  decretó  la captura con fines de extradición de Sandra        Patricia        Santamaría        Arango.     

    

1. Finalmente,  manifiesta  el  abogado  que  no  ha  podido ejercer el  derecho  a la contradicción de la prueba puesto que algunos medios de juicio se  encuentran a disposición de la Corte extranjera.      

Empero,  recuérdese que la Corte no actúa  como  juez de juzgamiento en este trámite, ni puede reemplazar en su autonomía  y  soberanía al juez extranjero, en la medida en que tales aspectos probatorios  deben  debatirse  y/o  controvertirse  es al interior del proceso penal y en los  tribunales competentes.   

Contestadas las inquietudes del defensor, la  Sala procederá a emitir el correspondiente concepto.   

El   artículo   502   del   Código   de  Procedimiento  Penal  de  2004  estatuye que el  concepto que emite la Sala  debe  estar  centrado en establecer la validez  formal de la documentación  presentada,  en  la demostración plena de la  identidad del solicitado, en  el  principio  de  la  doble  incriminación,  en  la   equivalencia  de la  providencia  proferida  en  el  extranjero  y,  cuando  fuere  el  caso,  en  el  cumplimiento de lo previsto en los tratados públicos.   

1.   La   validez       formal       de      los      documentos   aportados   

Contrario  a lo afirmado por el defensor de  la  solicitada en extradición, sobre este aspecto puntual la Corte advierte que  la  documentación  presentada  como  soporte  de  la  petición de extradición  de  Sandra  Patricia  Santamaría  Arango,  cumple con las exigencias legales contempladas en los Códigos de  Procedimiento  Penal  y  Civil  para tenerla como apta para fundar el respectivo  concepto.   

En efecto, no hay duda que los documentos se  allegaron   por  vía  diplomática,  habiendo  sido  debidamente  traducidos  y  autenticados,  dentro  de  los  cuales  obra la copia de la Acusación Formal de  Reemplazo   número  06-20494-CR-COOKE(s)  del  9 de enero de 2007, dictada  por  el Tribunal de Distrito de  los Estados Unidos, Distrito Meridional de  Florida,  la  cual  fue  firmada por el Presidente del Gran Jurado, el Fiscal de  los    Estados    Unidos,    señor    R.   Alexander  Acosta  y  el  Fiscal  Auxiliar de los Estados Unidos,  abogado  William  H.  Bryan III, documento cuya autenticidad de su contenido fue  certificado  con  la  firma  y  el sello pertenecientes a la Secretaria de dicho  Tribunal, señora Clarence Maddox.   

A su vez, obran las declaraciones juradas de  William  H.  Bryan III, Fiscal Auxiliar de los Estados Unidos, en la Sección de  Narcóticos  de  la  Fiscalía de los Estados Unidos para el Distrito Meridional  de   Florida,  y  de  Kyle  Kent,  Agente  Especial  de  la  Administración  de  Antinarcóticos  de  los  Estados Unidos (DEA), rendidas el 30 de enero de 2007,  ante  el  Magistrado Juez de los Estados Unidos, Distrito Meridional de Florida,  señor  Edwin  G.  Torres, cuyos contenidos y traducción al español, junto con  el  resto  de  la documentación que las acompaña, fueron certificados, el 5 de  febrero  de  dicho año, por Jason E. Carter, Director Asociado de la Oficina de  Asuntos  Internacionales, División de lo Penal, del Departamento de Justicia de  los Estados Unidos.   

En el mismo sentido  aparece   que   la   documentación   anexa  hace   referencia    a    la   orden   de   captura,   a   la   resolución   de  acusación  y  a  las   normas  aplicables  al caso, vale decir, para el cargo 1: Título 21 del Código  de  los  Estados  Unidos,  Sección   959  (a)(1), Sección 960 (b)(1)(A) y  Sección   963   (concierto  para  distribuir  un  (1)  kilogramo  o  más de heroína con la intención de importarla hacia los Estados  unidos).   Y  para  el  cargo  2:  Título 21 del  Código   de   los  Estados  Unidos,  Sección  960  (b)(1)(A)  y  Sección  963  (concierto  para importar uno (1) o más kilogramos de  heroína hacia los Estados Unidos).   

Por  su  parte,  la rúbrica y el cargo del  señor  Jason  E. Carter fueron certificados por el señor Alberto R. González,  Procurador  de  los  Estados Unidos, quien según su propia afirmación escrita,  ordenó  que  se  estampara el sello del Departamento de Justicia de los Estados  Unidos,  siendo  atestada  la  firma  de  aquél  por  el Director Adjunto de la  Oficina  de  Asuntos  Internacionales,  División  de  lo  Penal, y el sello del  Departamento  de   Estado fue ordenado por la Secretaria de Estado, señora  Condoleezza  Rice,  de  cuyo  nombre dio fe el Auxiliar de Autenticaciones de la  misma oficina, Patrick O. Hatchett.   

Por  último,  dichos  documentos  fueron  presentados  para su autenticación ante la Cónsul de Colombia en Washington D.  C.,  señora  María  de  los  Ángeles  Barraza G., como así lo constató y lo  avaló  la  Oficina  de  Legalizaciones del Ministerio de Relaciones Exteriores,  cumpliéndose  con  lo  establecido  por  el  artículo  259 del C. de P. Civil,  modificado  por  el  1°,  numeral  118  del  D.  E.  2282  de  1989  que  dice:  “Los   documentos  públicos  otorgados  en  país  extranjero   por  funcionario  de  éste  o  con   su  intervención,   deberán  presentarse  debidamente  autenticados  por  el cónsul o agente   diplomático  de  la  República,  y  en su defecto por el de una nación amiga,  lo   cual  hace  presumir que se otorgaron conforme a la ley del respectivo  país.  La firma del cónsul o agente diplomático se abonará por el Ministerio  de  Relaciones Exteriores de Colombia, y si se trata de agentes consulares de un  país  amigo,  se  autenticará  previamente  por  el funcionario competente del  mismo  y  los  de  éste  por el cónsul colombiano”,  disposición  aplicable al caso en virtud del principio de integración previsto  en  los  artículos 25 y 495, último inciso, del Código de Procedimiento Penal  de 2004.   

Además, el Jefe de la Oficina de Asesoría  Jurídica  del Ministerio de Relaciones Exteriores, mediante oficio OAJ.E.  0288  del  14  de  febrero de 2007,  certificó  expresamente  que  la documentación del expediente procedente de la  Embajada     de    los    Estados    Unidos    fue    presentada    “debidamente  autenticada”.   

De  esa  manera  no  le  asiste  razón  al  defensor  en lo atinente a que no se sabe qué autoridad realizó la traducción  de  la  documentación  recibida  por  vía  diplomática,  por  cuanto, como lo  dispone  el  artículo 497 del la Ley 906 de 2004, es al Ministerio del Interior  y  de  Justicia  a  quien corresponde examinar la documentación y devolverla al  Ministerio   de   Relaciones   Exteriores,   si   encuentra  que  faltan  piezas  sustanciales  previo  al  envío  a  la  Corte,  lo  cual  no ocurrió porque la  encontró  perfeccionada  y  por  esa  razón fue remitida a la Corte por oficio  OFI07-1437-DIJ-0100  del  23  de  enero de 2007, de manera que así observado el  trámite, la Corporación carece de competencia para cuestionarlo.   

La Corporación ha sostenido reiteradamente,  con  relación  a  la  traducción  del  documento  anexo allegado por el Estado  requirente    en    el    trámite    de    extradición,    que    “según  el  inciso final del artículo 495 de la Ley 906 de 2004  –  idéntico en su texto  al  mismo  numeral  del  artículo  513  de  la  ley  600  de  2000-,     únicamente    se    exige    que  ella  se haga al castellano  si fuere el caso, sin señalar ningún procedimiento especial”.   

De otro lado, contrario a lo alegado por la  defensa,   el   concepto  del  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores  sobre  la  normatividad  aplicable  al  presente  trámite  sí  obra en el expediente y se  encuentra  contenido  en  el oficio OA.J.E 0288 del 14 de febrero de 2007, en el  que  se  lee:  “En  atención  a  lo establecido en  nuestra  legislación procesal penal interna, me permito manifestarle que por no  existir  Convenio  aplicable  al  caso es procedente obrar de conformidad con el  ordenamiento procesal penal colombiano”.   

Por  lo  tanto,  teniendo  en cuenta que la  solicitud   de   extradición   de   Sandra  Patricia  Santamaría  Arango se hizo por la vía diplomática y  que  en la expedición y trámite de los mencionados documentos, así como en su  traducción,  se cumplieron todos los ritos formales de legalización prescritos  por  las  normas  de  los  Estados Unidos de América, la Corte los tendrá como  aptos  para  servir  de prueba en este asunto, cumpliéndose así con la primera  exigencia legal.   

2.  La   identificación     plena     del     solicitado    en   extradición   

No    hay   duda   que   la   ciudadana  colombiana     Sandra     Patricia     Santamaría  Arango,  a  quien  se  refiere  este  trámite,  es la  persona  solicitada  en  extradición  por  el Gobierno de los Estados Unidos de  América.   

En efecto, de la documentación remitida por  vía   diplomática  se  colige  claramente,  como  lo  destaca  la  Procuradora  Delegada,  que  la  persona detenida por cuenta de este trámite es Sandra  Patricia  Santamaría  Arango, pues  basta  observar  que  el  número de cédula de ciudadanía  43.780.331 que  suministró  la  Embajada  de  los  Estados Unidos de América, a través de las  Notas  Verbales  números  2776  y  0408  del  25 de octubre de 2006 y del 13 de  febrero  de  2007,  respectivamente,  concuerda con el que aparece en el acta de  notificación  personal  de  la  providencia que dispuso su captura con fines de  extradición  y  con  el acta en donde se le comunicaron los derechos que tenía  como capturada.   

Igualmente,   los   datos   suministrados  coinciden  con  los que obran en las Notas Verbales, es decir, que la solicitada  en  extradición nació el 15 de diciembre de 1970 en Cañasgordas (Antioquia) y  que  se  identifica  con  la cédula de ciudadanía N° 43.780.331, información  que  también  concuerda  integralmente  con aquella que aparece registrada, sin  dejar  pasar por alto que, además, se aportó una fotografía de su rostro y la  impresión  del  Sistema  de  Consulta de Cédulas de la Registraduría Nacional  del Estado Civil.   

En   esas   condiciones,   sin   temor  a  equívoco,  resulta evidente  que  la persona detenida es Sandra Patricia Santamaría  Arango,  de  nacionalidad  colombiana  y  es  la misma  ciudadana   requerida   en   extradición   por   el  Gobierno  de  los  Estados  Unidos.   

3.  El   principio  de  la  doble  incriminación   

De  conformidad  con  el  numeral  1°  del  artículo  493  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2004,  para  que  la  extradición  se  pueda  conceder  se  requiere que el hecho que la motiva esté  previsto  como  delito  en Colombia y reprimido con una sanción privativa de la  libertad cuyo mínimo no sea inferior a cuatro (4) años.   

Teniendo  en cuenta la Acusación Formal de  Reemplazo  número  06-20494-CR-COOKE(s)  del 9 de enero de 2007, dictada por el  Tribunal  de  Distrito  de  los  Estados  Unidos,   Distrito  Meridional de  Florida,  se  sabe  que  se  acusó  a  Sandra Patricia  Santamaría  Arango,  quien  junto con otras personas,  “con  conocimiento  de  causa  e  intencionalmente  combinaron,   concertaron,   confederaron  y  acordaron  …”   para  “distribuir una sustancia  controlada,  con  intenciones  de que dicha sustancia controlada fuera importada  ilícitamente   a   los   Estados   Unidos”   (cargo  1)   y    que  “con  conocimiento  de  causa e intencionalmente combinaron, concertaron, confederaron  y  acordaron  con  personas  conocidas  y  desconocidas para el Gran Jurado para  distribuir  una  sustancia  controlada,  con  intenciones de que dicha sustancia  controlada  fuera  importada  ilícitamente  a  los  Estados  Unidos”  (cargo  2),  para  ambos  cargos  en una cantidad superior a un (1) kilogramo “o  más  de  una  mezcla  y  sustancia  que  contenía una cantidad  perceptible de heroína”.   

En    esas   condiciones,   la    Sala    advierte    que    dichos   cargos,   de   acuerdo  con  los  hechos  que  se  imputan  y  las  normas allegadas,  encuentran  adecuación  típica  en  nuestro  sistema   penal  en  lo  reglado en los artículos 340 (modificado por el artículo 8° de  la  Ley  733 del 29 de enero de 2002 y por el artículo 19 de la Ley 1121 del 29  de  diciembre  de  2006)  del  Código  Penal,   concierto  para  delinquir  relacionado  con  el  tráfico  de  drogas  estupefacientes,  cuya  pena mínima  privativa  de  la  libertad, conforme a lo previsto en el artículo 14 de la Ley  890   de  2004,  se  incrementó   en   la   tercera   parte  respecto  del  mínimo  y  en  la  mitad  respecto  del  máximo   a    partir    del    1°    de   enero   de   2005,     es     decir,    que   la    pena    de   prisión   está   en   un  rango  de  entre   ocho    (8)    y    dieciocho   (18)   años   de   prisión.   

Así, entonces, surge evidente que se cumple  con el principio de la doble incriminación.   

4.   Equivalencia  de  la  providencia   proferida  en  el  extranjero   

Advierte  la Corte que no existe dificultad  alguna  para  concluir  que  se  cumple  con  el  requisito  de  la equivalencia  contemplado  en  el  numeral  2° del artículo 493 del Código de Procedimiento  Penal  de  2004,  el cual exige “que por lo menos se  haya    dictado    en    el    exterior   resolución   de   acusación   o   su  equivalente”.   

En  efecto, el Tribunal de Distrito de  los  Estados  Unidos,   Distrito  Meridional  de  Florida,  “acusó”   a  Sandra  Patricia  Santamaría  Arango por las conductas  punibles  señaladas  en  precedencia,  mediante  acto  procesal  que en nuestra  legislación  equivale  a  la  acusación,  equivalencia que emerge de las   siguientes similitudes:   

     

a. Es  un  escrito  de acusación en el cual se atribuyen los cargos en  contra   de   la   persona   acusada  para  que  se  defienda  de  ellos  en  el  juicio.     

     

a. Formulada  la  acusación  se inicia el juicio oral que finaliza con  el respectivo fallo de mérito.     

     

a. Se     señalan     los     hechos,    con   especificación     de     las    circunstancias    de   tiempo   modo  y  lugar  en  que  ocurrieron   y    la    calificación    jurídica   de   las  conductas,  con  indicación de las disposiciones sustanciales  aplicables.     

Por  lo tanto, se observa que la acusación  emitida  por  el  tribunal  extranjero  es  equivalente  y tiene la misma fuerza  vinculante  de  la  acusación  propia  de nuestro sistema judicial, pudiéndose  concluir que esta exigencia legal también se satisface.   

ACOTACIÓN    FINAL   

Como lo resaltó el Ministerio Público, se  pone   de   presente   al  Gobierno  Nacional  que  en  caso  de  concederse  la  extradición,  debe  condicionar  la  entrega  en  el sentido de que  Sandra  Patricia  Santamaría  Arango no  será  juzgada  por  hechos  distintos  a los que originaron la reclamación, ni  sometida  a  tratos crueles, inhumanos o degradantes, ni se le impondrá la pena  capital  o  perpetua,  al  tenor  del artículo 494 del Código de Procedimiento  Penal de 2004.   

De la misma manera, se exhorta al Gobierno,  encabezado  por  el  señor Presidente de la República como supremo director de  la  política  exterior  y  las relaciones internacionales, para que efectúe el  respectivo  seguimiento  a los condicionamientos que se impongan a la concesión  de  la  extradición  y  determinar  las  consecuencias que se derivarían de su  eventual  incumplimiento,  al  tenor  de  lo  señalado  en  el  ordinal 2° del  artículo 189 de la Carta Política.   

Finalmente, se pide al ejecutivo recomiende  al  Estado  requirente que, en caso de condena, tenga en cuenta como parte de la  pena  el  tiempo  que la solicitada haya podido estar privada de la libertad con  motivo del trámite de extradición.   

En  consecuencia,  como la totalidad de los  requisitos   formales   contemplados   en   el  artículo  502  del  Código  de  Procedimiento   Penal  se  cumplen  satisfactoriamente,  la  Corte  CONCEPTÚA   FAVORABLEMENTE  a    la    solicitud    de    extradición   elevada   por   el   Gobierno   de   los   Estados  Unidos   de   América,   respecto   de   la   ciudadana  colombiana     SANDRA    PATRICIA    SANTAMARÍA  ARANGO,  en  cuanto tiene que ver con los cargos  1  y  2  que le fueron imputados en  la   Acusación  Formal  de Reemplazo número 06-20494-CR-COOKE(s) del 9 de  enero  de  2007,  dictada  por  el  Tribunal  de Distrito de los Estados Unidos,  Distrito Meridional de Florida.   

Comuníquese  esta  determinación  a  la  requerida,   ciudadana  Sandra  Patricia  Santamaría  Arango,  quien  se encuentra recluida en la Reclusión  Nacional  de  Mujeres de Bogotá,  a  su  defensor, al Ministerio  Público y al Fiscal General de la Nación, para lo de su cargo.   

Devuélvase el expediente al Ministerio del  Interior y de Justicia, para lo de ley.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

Aclaración de voto  

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                MAURO  SOLARTE PORTILLA   

JAVIER  ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

ACLARACIÓN  DE  VOTO  

Con el respeto que siempre profeso por las  decisiones  de  la Sala, expongo a continuación los aspectos que, en mi sentir,  deben  incluirse  en  los  conceptos de extradición que emite la Corte frente a  trámites  que involucran ciudadanos colombianos por nacimiento, particularmente  cuando  se  desarrollan  en  ausencia  de  cláusulas  pactadas  en instrumentos  internacionales   de   carácter  bilateral  o  multilateral,  en  la  forma  de  condicionamientos  que  el  Gobierno  Nacional  debería  exigir  al  momento de  acceder  a  la  entrega  de  un  connacional,  además  de  los que se le vienen  sugiriendo de manera común.   

La  posición que he venido sustentando en  Sala  y que no ha tenido acogida, descansa en que la Corte al asumir la función  de  conceptuar,  no  sólo  ha  de tener como guía los parámetros que sobre la  materia  están  fijados  en  el  ordenamiento  procesal penal patrio, sino que,  además,  su misión también debe estar influida por la regla del artículo 2º  de  la  Constitución,  pues  en  cuanto  órgano  máximo  de  la jurisdicción  ordinaria  y,  por tanto, componente esencial en la estructura del Estado Social  de  Derecho,  también  debe  velar  por  la efectividad de los principios   –entre ellos el fundante  de  la  dignidad  humana-,   derechos  y  deberes  consagrados en la Carta;  defender  la  independencia  nacional y proteger a todas las personas residentes  en    Colombia    en   su   vida,   honra,   bienes,   creencias,   derechos   y  libertades.   

En  ese  orden  de  cosas,  estimo  que es  preciso   advertir   en  el  concepto  sobre  la  necesidad  de  plantear  otras  condiciones  a  la  entrega del reclamado, derivadas del hecho de que el acto de  extradición  no  implica  que el extraditado pierda la nacionalidad colombiana,  lo  cual sólo ocurre frente a los presupuestos señalados en el artículo 98 de  la Constitución.   

En tales condiciones, cuando la entrega en  extradición  de  un  nacional  colombiano se tramita y agota, en ausencia de un  convenio   multilateral   o  bilateral  sobre  la  materia,  con  arreglo  a  la  Constitución  y  a  la  ley,  debe tenerse en cuenta que a diferencia de lo que  ocurre  si  se  hubiera adelantado conforme a un instrumento internacional en el  cual  las  partes  acuerdan condiciones que pueden significar la restricción de  ciertos  derechos,  en  virtud  a  la  configuración del Estado colombiano como  social  y  democrático  de derecho, en el cual es base fundamental el respeto a  la  dignidad  humana  (artículo  1º de la Carta), las condiciones que se deben  exigir  al país reclamante tienen que estar ligadas con la observancia allí de  los  derechos  y  garantías  que  cobijarían  al  solicitado de ser juzgado en  Colombia.   

Eso  es  así,  porque  al  acceder  a  la  extradición  de  un colombiano por nacimiento el Estado, a través del Gobierno  Nacional,  renuncia  a la potestad de ejercer su propia jurisdicción, pero no a  la  obligación  de  proteger al extraditado, pues en tanto siga siendo súbdito  de  Colombia, tiene derecho a todas las prerrogativas, garantías y derechos que  emanan  de  la Constitución y la ley, en particular, aquellos que se relacionan  con   su   calidad   de   procesado  y  que  tienen  que  ver  con  la  dignidad  humana.   

Así las cosas, siendo el marco esencial de  la   figura   de  la  extradición  lo  señalado  en  el  artículo  35  de  la  Constitución,  que  fija  un  sistema  de  fuentes1 para que se solicite, conceda  u  ofrezca,  que son los tratados públicos y, en su defecto, la ley, es preciso  comentar  que  como  no hay un instrumento vigente de esa naturaleza que ligue a  Colombia  con Estados Unidos en el tema de extradición, el ámbito para evaluar  la  procedencia  de  una  solicitud,  concesión  u ofrecimiento de extradición  entre los dos países es el Código de Procedimiento Penal.   

Obsérvese   que   los   preceptos   que  desarrollan  la  extradición  tanto en la Ley 600 de 2000 como en la ley 906 de  2004,  además  de  reiterar  las  reglas  constitucionales  (improcedencia  por  delitos  políticos, o la de colombianos por nacimiento por hechos cometidos con  anterioridad     al     17     de     diciembre     de     1997     –artículo   508   y  artículo  490,  respectivamente-);  fijan  el organismo al que le corresponde ofrecer o conceder  la  extradición  de  una persona y las facultades sobre la materia –el   gobierno-,   el   ámbito   de  competencia  de  cada ente gubernamental, y el que le corresponde en el trámite  a   la  Corte;  señalan  requisitos  adicionales  (doble  incriminación,  acto  procesal   mínimo  en  el  exterior  –artículo  510  y artículo 492 ib.-); estructuran la forma como se  desarrolla  el trámite mixto, así como los fundamentos del concepto (artículo  520  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de 2000 y artículo 502 del Código  Procesal  Penal  de  2004);  determinan cuándo se decide sobre la solicitud, en  qué  momento  se  hace  la  entrega  y regula la orden de prelación en caso de  varias  solicitudes  (artículos  522,  523  y  524, y artículos 504, 505 y 506  ibídem);  consagran el derecho a la defensa y los eventos en que hay lugar a la  libertad  (artículos  529 y 530 de la Ley 600 de 2000 y artículos 510 y 511 de  la Ley 906 de 2004).   

Además, el artículo 512 de la primera de  las  leyes  en  cita  le impone de modo imperativo al gobierno la obligación de  exigir  que  el  solicitado  no vaya a ser juzgado por un hecho anterior diverso  del  que motiva la extradición, ni sometido a sanciones distintas de las que se  le  hubieran  impuesto en la condena, y a que se le conmute la pena de muerte en  caso  de  que  la  legislación del país reclamante la prevea como sanción del  delito  que  motiva  la  solicitud  de  extradición,  circunstancias éstas que  igualmente  se  encuentra  previstas  en  el  artículo 494 del Código Adjetivo  Penal  de  2004, con la inclusión en este último de que tampoco al extraditado  se  le  someta  a  desaparición forzada, torturas ni a tratos ni penas crueles,  inhumanas  o  degradantes,  como  tampoco  a  las  penas  de destierro, prisión  perpetua o confiscación.   

Recuérdese  que  las  condiciones  arriba  señaladas  fueron  extendidas,  con el mismo carácter imperativo, por la Corte  Constitucional a otras situaciones, al señalar que:   

“…no  sólo  habrá  de  entenderse que en caso de que exista en el Estado requirente la pena  de  muerte,  la entrega se hará bajo la condición de la conmutación de ésta,  sino,  también  bajo el entendido de que al extraditado no se le podrá someter  ni  a  torturas,  ni  a tratos o penas crueles, ni a desaparición forzada, ni a  tratamiento   degradante   e  inhumano,  razón  por  la  cual  así  habrá  de  condicionarse  la  constitucionalidad  que  se  declara  del  artículo  550 del  Código de Procedimiento Penal.   

Por otra parte, se observa por la Corte, que  la   Constitución   colombiana,   prohíbe  en  su  artículo  34  ‘las   penas  de  destierro,  prisión  perpetua  y confiscación’,  a  las  cuales,  por  las  mismas  razones  anteriormente  expuestas,  no podrá  someterse  al  extraditado  por  el  país  que  lo  juzgue,  lo que implica que  igualmente   en  ese  sentido  habrá  de  condicionarse  la  exequibilidad  del  artículo     550    del    Código    de    Procedimiento    Penal.”2   

Sin  embargo,  esas  no  son  las  únicas  condiciones  susceptibles  de formularse, pues al fin y al cabo el primer inciso  del  artículo  512  del  Código  de  Procedimiento Penal de 2000, así como el  primer  inciso  del  artículo  494  de  la  Ley  906  de  2004,  preceptúa que  “El gobierno podrá subordinar el ofrecimiento o la  concesión    de    la    extradición   a   las   condiciones   que   considere  oportunas.”   

Esa  facultad,  debe  señalarse,  no  es  discrecional,  pues  al  momento  de  decidir  sobre  la  entrega de un nacional  colombiano  el  gobierno  está  en  el  deber  de  armonizar  los  criterios de  conveniencia  nacional o de cooperación internacional, con la premisa según la  cual  al  concederse la extradición no se renuncia a la soberanía, sino que se  ejerce3,  y  con  los  derechos  y garantías que están consagrados en la  Constitución  y  en  los instrumentos internacionales sobre derechos humanos en  pro   de   un   justiciable,   así   como   en   protección   de  su  dignidad  humana.   

Así,  con  arreglo  al artículo 29 de la  Carta;  a  los  artículos  9  y  10  de  la  Declaración Universal de Derechos  Humanos,  5-3.6, 7-2.5, 8-1.2(a)(b)(c)(d)(e)(f)(g)(h).3.4.5, 9 de la Convención  Americana  de  Derechos  Humanos,  9-2.3,  10-1.2.3,  14-1.2.3,5, y 15 del Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos,  el  Gobierno Nacional debe  condicionar  la  entrega de un compatriota, si concede la extradición, a que se  le    respeten    al   extraditado   –como  a  cualquier  otro  nacional en las mismas condiciones- todas  las  garantías  debidas  a  su  condición de justiciable, en particular, a que  tenga  acceso  a  un  proceso  público  sin dilaciones injustificadas, a que se  presuma  su  inocencia, a que cuente con un intérprete, a que tenga un defensor  designado  por  él  o por el Estado, a que se le conceda el tiempo y los medios  adecuados  para  que  prepare la defensa, a presentar pruebas y controvertir las  que  se  aduzcan  en contra, a que su situación de privación de la libertad se  desarrolle  en  condiciones  dignas, a que la eventual pena que se le imponga no  trascienda  de  su persona, a que la sanción pueda ser apelada ante un tribunal  superior,  a que la pena privativa de la libertad tenga la finalidad esencial de  reforma y readaptación social.   

Igualmente, el gobierno debe condicionar la  entrega  a  que el país reclamante, conforme a sus políticas internas sobre la  materia,  le  ofrezca  posibilidades racionales y reales para que el extraditado  pueda  tener  contacto  regular  con sus familiares más cercanos, habida cuenta  que  la  Constitución  de  1991, en su artículo 42, reconoce a la familia como  núcleo  esencial  de la sociedad, garantiza su protección y reconoce su honra,  dignidad  e  intimidad,  lo  cual se refuerza con la protección adicional que a  ese   núcleo  le  otorgan  la  Convención  Americana  sobre  Derechos  Humanos  (artículo  17)  y  el  Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles y Políticos  (artículo 23).   

En cumplimiento de su deber de protección  a  las  garantías y derechos del nacional colombiano entregado en extradición,  es  misión  del  Estado,  por medio del ámbito de competencias de los órganos  respectivos,  vigilar  que  en  el  país reclamante se respeten las mencionadas  condiciones  (artículo  9  y 226 de la Carta). Así, en primer orden, a través  del  cuerpo  diplomático,  en concreto, por las diferentes oficinas consulares,  con  apoyo  de  la  Procuraduría  General  de  la  Nación (artículo 277 de la  Constitución)  y  de  la  Defensoría del Pueblo (artículo 282 ibídem), de lo  cual,  además,  habrá  de darse informes periódicos a la Corte, en virtud del  principio  de  colaboración  armónica  entre  los diferentes Poderes Públicos  (artículo  113  de  la  Carta),  con  el  fin  de  que todos los estamentos con  injerencia  en  el  tema  tengan elementos de juicio que les permitan sopesar la  conveniencia    de    privilegiar   jurisdicciones   foráneas   frente   a   la  interna.   

De   esa   manera,   dejo   sentado   mi  criterio.   

Señores Magistrados,  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

Fecha   ut  supra.   

    

1 Corte  Constitucional, sentencia C-740/00.   

2  Sentencia C-1106/00.   

3 Cfr.  Corte Constitucional, Sentencia C-621/01.     

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