26938(14-03-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26938  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

DR. MAURO SOLARTE PORTILLA  

Aprobado acta No. 036  

Bogotá,     D.     C.,    catorce   de  marzo  del  año  dos  mil  siete.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  MAURICIO SÁNCHEZ SÁNCHEZ.   

Antecedentes.-  

1.-  La  cuestión  fáctica,  ocurrida  en  Bogotá, fue declarada por el juzgador de la manera siguiente:   

“…El día 5 de  junio  de  2005, se encontraba en el primer piso de su residencia la señora LUZ  STELLA  ROJAS,  mientras su esposo RAÚL SÁNCHEZ SÁNCHEZ, se bañaba, al salir  de  la  ducha  pregunta por sus hijos respondiendo la señora que se encontraban  en   el   segundo  piso  mirando  televisión,  él  decide  subir  a  verificar  encontrando  a  su  hijo  N.  a  quien  le  pregunta  por  su  hermana J.T.S.R.,  respondiendo  el  infante  que  ella  se  encontraba  en  el  cuarto con el tío  MAURICIO  SÁNCHEZ  SÁNCHEZ;  el  progenitor  sigue  en  búsqueda de su hija y  cuando  llega  al  cuarto donde se hallaba la niña observa como ella estaba con  la  ropa  abajo  y  subiéndose  los  pantys,  de  inmediato bajó y llamó a su  esposa,  ella  cuando  llega al cuarto ve como la niña se acomodaba la ropa. Se  le  hace  el  reclamo  al  agresor  quien  niega  saber  qué sucedía ya que se  encontraba  durmiendo,  al  llegar  los abuelos de la niña y padres del agresor  él  niega  todo y por esto despiden de la casa a los quejosos. La niña refiere  que MAURICIO la abusó…”   

2.-   Después   de   haber   solicitado  la  captura  de MAURICIO    SÁNCHEZ    SÁNCHEZ    y   previa   legalización   de  ésta,  en  audiencia    preliminar    llevada    a    cabo   el   6  de  abril  de    2006  ante el Juzgado Décimo Penal Municipal  con  funciones  de  Control de Garantías, de conformidad con lo dispuesto por el  artículo  154  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2004,  la  Fiscalía  229 Seccional adscrita a la  Unidad  de  Delitos  contra la Libertad, Integridad y  Formación   Sexual   con   sede   en   Bogotá  le  imputó la realización del  concurso  homogéneo y sucesivo de actos sexuales con  menor  de catorce años, y solicitó la imposición de  medida de aseguramiento por dichas conductas.   

El  imputado  no  aceptó  los cargos que le  fueron  formulados,  y  acto seguido, el Juez de Control de Garantías le impuso  medida  de  aseguramiento  consistente  en  detención  preventiva  en centro de  reclusión.   

3.-  El  cinco de  mayo  siguiente  la  Fiscalía  presentó  escrito de  acusación    en    el    cual    le   imputó   al   incriminado   MAURICIO    SÁNCHEZ    SÁNCHEZ    la  realización  del  concurso  de delitos de acto sexual  con menor de catorce años agravado.   

4.-   Ante   el   Juzgado   Once  Penal del Circuito, el 27  de  junio  de    2006,  se  llevó a cabo la audiencia de formulación de la acusación;  el  18  de  julio siguiente la audiencia preparatoria,  y finalmente, el        día        2  de  agosto  de    2006    el   juicio   oral;  en  esta  misma diligencia se anunció el sentido del fallo.   

5.-  Con  fecha 25  de   agosto  de  2006, el  Juzgado     Once     Penal    del    Circuito       condenó       al       procesado      MAURICIO  SÁNCHEZ  SÁNCHEZ a la pena  principal   de   setenta  y  cuatro  (74)  meses  de  prisión  y  la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por igual término, a consecuencia  de  hallarlo  penalmente  responsable  del  concurso  de  delitos imputado en la  acusación.  En  esa misma determinación le negó la suspensión condicional de  la ejecución de la pena, así como la prisión domiciliaria.   

Apelado el fallo por la defensa, el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Bogotá, al conocer en segunda instancia de  la  impugnación  interpuesta,  mediante  sentencia  proferida  el  trece  de  octubre  de  dos  mil  seis,  decidió   confirmarlo  en  lo  que  fue  motivo  de  impugnación.   

6.- Contra el fallo de segunda instancia, en  oportunidad  la  defensa  interpuso recurso extraordinario de casación mediante  la  presentación  del  escrito de demanda sobre cuya admisibilidad se pronuncia  la  Corte.   

La demanda.-  

Con  apoyo en lo dispuesto por el artículo  181-2  del  Código  de  Procedimiento  Penal de 2004, el actor formula un cargo  contra  la  sentencia  del  Tribunal, en el que la acusa de haber sido proferida  con  “desconocimiento  del  debido  proceso  por  afectación sustancial de su  estructura o de la garantía debida a cualquiera de las partes”.   

En  este  caso,  dice,  el  debido  proceso  se   afectó  por  falta de defensa técnica del  procesado   MAURICIO  SÁNCHEZ  SÁNCHEZ,  en  tres  aspectos  que  califica  de  fundamentales.   

El primero de ellos, por haberse desconocido  por  parte del defensor las reglas sobre el contrainterrogatorio, y no  refutar  en todo o en parte lo que  los  testigos  habían contado, especialmente las entrevistas realizadas a Raúl  Sánchez,  Luz  Stella  Rojas  y  Julieth  Tatiana  Sánchez,   respecto de  quienes  dice  que   va  a  demostrar que “le mintieron a la audiencia de  juicio  oral,  aparentemente  con  pequeñas  contradicciones entre sí y en sus  propias          declaraciones”.   

A  continuación  se dedica a reproducir in  extenso  el  interrogatorio formulado y las respuestas dadas por cada uno de los  testigos,   a   partir   de  los  cuales  introduce  particulares  consideraciones  sobre  la  manera  en que el anterior defensor ha  debido  realizar el contrainterrogatorio,  y  a  presentar su criterio sobre la  credibilidad   que   han  de  merecer  cada uno de ellos.   

En   tal   sentido,   en   referencia  a  lo  declarado  por la menor, manifiesta: “si esto  fuese  cierto,  tuvo  la  oportunidad  de  contarle  a  los  padres,  bueno pero  supongamos    que    se    le    crea    que    les    tenía    miedo  y  por eso no les contó, entonces  en   qué  momento  la  encuentra  el papá siendo  víctima  del  abuso  sexual si ella ya supuestamente se había salido a pedirle  al  hermano  que no le contara a su mamá?”.   

Respecto  de lo informado en el proceso por  Stella  Rojas,  manifiesta  que  si se analiza lo que dijo, fácilmente se puede  inferir   que   existe   una   falsedad   en   su   dicho,  lo  cual,  al  no  haber  sido advertido por el  anterior     defensor,    implicó    dejar  sin  defensa a su asistido.   

Y,  en  torno  a  lo  declarado  por  Raúl  Sánchez   Sánchez,   manifiesta  que  incurre  en  contradicción  en  relación  con      lo     narrado    por  su  esposa, sobre lo que se encontraba haciendo al momento de  los       hechos.        

Después se dedica a confrontar lo dicho por  la  menor  ofendida  con  lo  narrado por María Margarita Sánchez, Mery Leonor  González  Sánchez, Stella Rojas, Raúl Sánchez y Jorge Enrique Sánchez, para  afirmar  que  “ni  aún  poniéndose  de  acuerdo logran ser coherentes en sus  dichos,    notándose    lo    falso    de    sus    afirmaciones”.   

El   segundo   aspecto   que,  en  su  criterio, afectó el debido  proceso,     se    relaciona,    dice,  con  el  desconocimiento  de la técnica del interrogatorio y el  contrainterrrogatorio   por   parte   del   anterior   defensor,  toda  vez  que  durante  todo  el  juicio  le  fueron  objetadas las  preguntas  realizadas  a  los  testigos,  llegando  en  últimas  a abandonar el  interrogatorio para dejar desamparado al imputado.   

Con  la pretensión de demostrar su aserto,  se   dedica   reproducir   algunos   apartes  de  lo  acontecido  durante el recaudo de los testimonios rendidos por Luz Stella Rojas,  Mery  Leonor González Sánchez,  María Margarita Sáchez, Julieta Tatiana  Sánchez  Rojas,  Raúl  Sánchez  Sánchez,  Jorge  Enrique  Sánchez Sánchez,  Martha    Janeth    Fuentes   y   Sandra   Mariño  Pedraza.   

En  cuanto tiene que ver lo que en opinión  del  casacionista  constituye tercer aspecto en que se violó el debido proceso,  manifiesta   que  surge  como  consecuencia  de  no  manejar   adecuadamente  el anterior defensor la técnica del nuevo sistema  acusatorio,  y  es  por  ello  que  al  momento  de  los alegatos de clausura su  intervención  se  nota  pobre  y  desviada  del  objetivo central, así como la  ausencia  de argumentos probatorios sobre las contradicciones entre los testigos  de     cargo.            

En  el  aparte  de la demanda que el censor  denomina      “trascendencia     de     la     violación”,     manifiesta  que  cuando  el  defensor  no  lleva  a  cabo su labor  conforme  a  las  exigencias del proceso, se configura la presencia de un motivo  de  nulidad  previsto  en  el  artículo  29  de la Carta Política, ya que todo  imputado debe contar con una defensa técnica.   

Con fundamento en lo expuesto, solicita a la  Corte  declarar  nulo  el proceso seguido en contra de su asistido, a partir del  momento   de   la   posesión   del  anterior  defensor  (fls.  59  y  ss.  cno.  Trib.).   

SE CONSIDERA  

             

1.-   De   manera  reiterada,  por  tanto  difundida,  la  Corte  ha convenido en sostener que el recurso extraordinario de  casación  no  es  instrumento  que  permita  continuar  el  debate  fáctico  y  jurídico    llevado    a    cabo    en    el    fenecido    proceso,  a  manera  de instancia adicional a  las  ordinarias del trámite, sino una sede única que parte del supuesto que el  proceso  culminó  con  el  proferimiento  del fallo de segunda instancia, y que  éste  no  sólo  es  acertado  sino  acorde con el ordenamiento jurídico, cuya  desvirtuación compete al demandante.   

Tal cometido sólo resulta posible por parte  de  los  intervinientes en la actuación cuyo interés derive del agravio que la  ejecutoria  de  la   decisión  impugnada habría de causarles, mediante la  presentación  de  una  demanda  en  que  no  sólo  se  expresen con claridad y  precisión  los  fundamentos  de  la  pretensión,  sino  que  se  demuestre  la  configuración  de  al  menos  uno  de  los  motivos  de casación taxativamente  previstos  por  la ley de rito, así como la necesaria intervención de la Corte  para  cumplir,  en  el  caso  concreto,  uno o más de los fines que le son  inherentes,  previstos  por  el artículo 180 del Código de Procedimiento Penal  de  2004,  pues  no de otra manera podría ser entendida la expresión según la  cual,  a  voces del artículo 183 ejusdem, la demanda debe señalar “de manera  precisa y concisa” las causales invocadas y sus fundamentos.   

Es  tan  cierto  que  el  modelo casacional  previsto  en  el  nuevo  ordenamiento  en  manera alguna libera al demandante de  cumplir  con  unos  mínimos  requisitos  que  le  permitan superar el necesario  juicio  de  admisibilidad  que  por  ley  compete  realizar  a  la Corte, que el  artículo  184  de la Ley 906 de 2004 la faculta para no seleccionar al trámite  aquellas  demandas  en  las  cuales  se  establezca  que el impugnante carece de  interés,  no  se  señala  el  motivo  de casación en que apoya la pretensión  desquiciatoria  contra el fallo de segunda instancia, se deja de desarrollar los  cargos  que  a  su  amparo  pretendió  formular,  “o cuando de su contexto se  advierta  fundadamente  que  no se precisa del fallo para cumplir algunas de las  finalidades del recurso”.   

2.- En punto de las causales de procedencia  de  la casación, previstas por el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, asimismo  la Corte tiene precisado lo siguiente:   

“a)  La  de  su  numeral  1º  –falta de aplicación, interpretación  errónea,  o aplicación indebida de una norma del bloque de constitucionalidad,  constitucional  o  legal, llamada a regular el caso-, recoge los supuestos de la  que  se  ha  llamado  a  lo  largo  de  la  doctrina  de  esta Corporación como  violación directa de la ley material.   

“b)   La  del  numeral  2º  consagra  el  tradicional  motivo  de  nulidad por errores in iudicando, por cuanto permite el  ataque  si  se  desconoce  el  debido  proceso  por afectación sustancial de su  estructura  (yerro  de  estructura) o de la garantía debida a cualquiera de las  partes (yerro de garantía).   

“En tal caso, debe tenerse en cuenta que las  causales  de nulidad son taxativas y que la denuncia bien sea de la vulneración  del  debido  proceso  o  de  las  garantías,  exige  claras  y  precisas pautas  demostrativas1.   

“Del mismo modo, bajo la orientación de tal  causal  puede  postularse  el desconocimiento del principio de congruencia entre  acusación           y           sentencia2.   

“c) Finalmente, la del numeral 3º se ocupa  de  la  denominada  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  –manifiesto  desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y apreciación de la prueba sobre la cual se ha fundado  la  sentencia-;  desconocer  las  reglas  de  producción alude a los errores de  derecho  que  se  manifiestan  por  los falsos juicios de legalidad –práctica  o  incorporación  de  las  pruebas   sin  observancia  de  los  requisitos  contemplados  en  la  ley-,  o,  excepcionalmente  por  falso  juicio de convicción3,     mientras     que    el  desconocimiento  de  las reglas de apreciación hace referencia a los errores de  hecho   que  surgen  a  través  del  falso  juicio  de  identidad  –distorsión   o  alteración  de  la  expresión  fáctica  del  elemento  probatorio-, del falso juicio de existencia  –declarar   un   hecho  probado  con  base  en  una  prueba  inexistente u omitir la apreciación de una  allegada  de  manera  válida  al  proceso-  y del falso raciocinio –fijación  de  premisas  ilógicas  o  irrazonables    por    desconocimiento    de    las    pautas    de    la   sana  crítica-.   

“La  invocación  de  cualquiera  de  estos  errores  exige  que  el  cargo  se  desarrolle conforme a las directrices que de  antaño  ha desarrollado la Sala, en especial, aquella que hace relación con la  trascendencia  del  error,  es  decir,  que  el mismo fue determinante del fallo  censurado” (cfr. Auto Cas. mayo 4 de 2006. Rad. 25250).   

Precisamente  por razón de lo que viene de  anotarse, más recientemente señaló la Sala:   

“Supone lo anterior que  el  demandante  debe  encaminar  sus esfuerzos a demostrar cómo con el trámite  procesal  o a través del fallo se afectaron derechos o garantías fundamentales  para  lo  cual,  en  consonancia  con  el  yerro advertido, ha de servirse de la  causal  de  casación  pertinente  señalándola  expresamente  e  indicando las  razones  que  le asisten para estimar que se encuentra estructurada, sin olvidar  que  debe  indicar,  así sea sucintamente, cuál de los fines establecidos para  la  casación  hace  necesaria  la  intervención  de  la Corte en el particular  asunto,  según lo previsto en el artículo 180 de esa normatividad, esto es, si  ella  es  indispensable  para la efectividad del derecho material, el respeto de  las  garantías  de  los intervinientes, la reparación de los agravios sufridos  por éstos o la unificación de la jurisprudencia.   

“Con  esos  propósitos,  resulta  de suma  utilidad   que   el   actor   atienda   las  directrices  desarrolladas  por  la  jurisprudencia  sobre  la  forma  para abordar en esta sede el desarrollo de los  diferentes  motivos  de  casación  pautas que, bien está recordar, no pasan de  ser  un  conjunto  de  postulados  orientados  a  conseguir que el demandante se  sujete  a unos mínimos lógicos y de coherencia en la formulación y desarrollo  de sus reparos.   

“Tales   directrices  tienden,  pues,  a  facilitar  la labor del demandante a fin de que resulten completos y entendibles  los  cargos  que  propone  contra el fallo de segundo grado, exigencia que sigue  vigente  pues  si  bien  en  la nueva lógica del recurso se habilita a la Corte  para  superar  los  defectos que el libelo ofrezca, esta última opción demanda  del  censor  un  esfuerzo  argumentativo  a  través  del  cual  demuestre ya el  probable  distanciamiento  entre  el fallo recurrido y la norma constitucional o  legal  que debió gobernarlo, ora la vulneración de garantías fundamentales de  los  intervinientes,  bien  el  tema  jurídico  que  por su relevancia deba ser  abordado  por  la  Sala  a  fin  de procurar el desarrollo de la jurisprudencia.   

“Es  decir, siempre será necesario que el  demandante  elabore  una  propuesta  coherente,  comprensible y convincente, por  cuyo  medio  pueda  concluirse  que  sí es indispensable la intervención de la  Corte  para  lograr  alguno  de los cometidos de la casación, de acuerdo con la  índole  de  la controversia planteada” (cfr. auto cas. junio 22 de 2006. Rad.  25412).   

3.-  En  el  evento  que  ahora  ocupa  la  atención  de  la  Sala,  se  observa  que si bien el  demandante   sostiene  que  se  configuró  la  violación  del  debido  proceso  por  razón  de  lo  que  califica como desconocimiento  de  las  reglas  del  contrainterrogatorio de los  testigos   por   parte  del  anterior  defensor  al  no   confrontar  a  los  testigos  en  los   aspectos  en  que  el  libelista  considera  incurrieron  en  contradicción;  por  no  conocer  la  técnica  del  interrogatorio  al  formular preguntas inadecuadas, inoportunas, impertinentes e  inconducentes  las  cuales  le  fueron  objetadas; y por realizar una alegación  final    que    el    censor   cataloga   de  pobre,  es  lo  cierto  que  en  realidad  su  discrepancia  con  el  fallo  no  se  funda  en la denuncia de una  concreta  irregularidad  trascendente  que  vicie de  ineficacia   lo   actuado,   sino   con   el   mérito   asignado  a  la  prueba  recaudada.   

Tanto  es  esto,  que se dedica a presentar  particulares   criterios   de  valoración  para  anteponerlos  sin  más  a  la  ponderación  de  los medios realizada por los juzgadores de instancia, pero sin  llegar  a  demostrar que el sentenciador hubiere incurrido en errores de hecho o  de    derecho    en    la    apreciación    probatoria.       

Al  efecto  pertinente  resulta  traer  a  colación,  cómo  en  lugar  de acreditar que su asistido estuvo desprovisto de  asistencia   técnica   durante   el  juicio,  se  dedica  a  expresar  la  poca  credibilidad  que  en  su  criterio  merecen  los testigos de cargo, y que en su  opinión    el   defensor   no   puso   de   presente   mediante   un   agresivo  contrainterrogatorio    que    se    ciñera    a   las   pautas   del   sistema  acusatorio.   

Para  que  la  censura  por  violación del  derecho  de  defensa  técnica tuviera alguna viabilidad en sede extraordinaria,  el  censor  tenía  que  demostrar  que  el  enjuiciado  careció  totalmente de  asistencia  profesional  durante  el juicio oral por falta de designación de un  abogado,  o  que pese a contar nominalmente con uno, el profesional encargado de  su  ejercicio  desatendió  por  completo  los  deberes  que el cargo le impone,  generado  una  situación  de  desamparo total frente a la parte acusadora, y no  dedicarse  a  cuestionar la gestión de su antecesor  bajo  el supuesto indemostrable de que si el ahora recurrente hubiera actuado en  el juicio, la suerte del procesado habría sido diversa.   

No  toma en cuenta que la jurisprudencia se  ha  orientado  por  indicar  que  el  defensor,  sea  de  confianza, de oficio o  vinculado  al  servicio  de defensoría pública, en ejercicio de la función de  asistencia  profesional,  goza  de  total  iniciativa, pudiendo intervenir en el  juicio  oral de la manera que considere pertinente, y no por estar en desacuerdo  con  la estrategia asumida, o haber sido adversos los resultados del juicio, hay  lugar  a  sostener  que  el  derecho  de  defensa  técnica  ha sido violado por  ausencia  de  defensor idóneo, pues la ley no le impone al abogado derroteros  en  torno  a la estrategia, contenido, forma o alcance  de  sus  propuestas,  ni  la  aptitud  de  estas  gestiones se establece por los  resultados        del        debate4.   

            

Sin  llegar,  entonces,  el  recurrente  a  demostrar  que  evidentemente  la  garantía  a  que alude en la demanda ha sido  conculcada,  se  limita  a  sugerir  que  el  anterior defensor del procesado no  conocía  las  técnicas  del  sistema  acusatorio  toda  vez  que  no  contrainterrogó  en la forma como  el     ahora     recurrente    seguramente    lo    habría    hecho,  y  no  alegó de conclusión con el  rigor  con que al parecer habría alegado el casacionista, con lo cual el reparo  que  propone cae en el vacío, pues al sustentarse en  meras    conjeturas,    resulta    sustancialmente  incompleto,  por  ende inidóneo para los propósitos perseguidos en la demanda.   

Lo  que  se  advierte  en  últimas,  es la  divergencia  de criterios en la apreciación de la prueba, pero sin enunciar         expresamente,         tampoco        demostrar,  la  concreta  configuración de un desacierto que diera lugar al desquiciamiento  del     fallo    por    incurrir    en    errores  probatorios,  lo  que  impide  que  la  demanda  sea  admitida     al     trámite     para     el     estudio     de     mérito    de    la    censura   que  propone,  sin  que  en  este  caso resulte necesario  superar  sus  defectos  para  cumplir  con los fines de la casación mediante la  emisión   de   un   fallo   de   fondo.   

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

INADMITIR la demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor  del  procesado  MAURICIO SÁNCHEZ  SÁNCHEZ,   por   las   razones   expuestas  en  la  motivación de este proveído.   

Contra  esta  determinación  procede  la  insistencia   en   los   términos   del   artículo   184  de  la  Ley  906  de  2004.   

   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal del origen.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ         ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN              JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS               JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

Permiso  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA             JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1  Cfr.   auto   de   casación   del   24   de   noviembre  de  2005,  radicación  24.323.   

2  Cfr.   auto   de   casación   del   24   de   noviembre  de  2005,  radicación  24.530.   

3 ib.  radicación 24.530   

4  Cfr. Casación de junio 13 de 2002. Rad. 11324     

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