22343(26-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22343  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº  181  

Bogotá  D.C., veintiséis (26) de septiembre  de dos mil siete (2007).   

V   I   S   T   O   S   

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de  casación  interpuesto  por  la  defensora de JAIME  ARBEY  RINCÓN  ROBAYO, contra la sentencia de segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior de Cundinamarca, el  2 de  diciembre  de 2003, mediante la cual confirmó la dictada por el Juzgado Segundo  Penal  del Circuito de Soacha, el 19 de septiembre del mismo año, y lo condenó  a  la  pena  principal  de  26  años  y  4  meses de prisión y a las sanciones  accesorias  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el lapso de 20 años y prohibición de porte y tenencia de armas  por  el  término de 15 años, como autor de las conductas punibles de homicidio  agravado  y  fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas de fuego o municiones.   

H E C H O S  

El   juzgador   de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“…JAIME  ARBEY  RINCÓN ROBAYO a quien le  dicen  WILSON,  segó  la  vida  de su compañera permanente LIGIA ESTELA CADENA  CHAPARRO  cuando le disparó con una escopeta, en la casa ubicada en la calle 34  No.  42A-09  del  municipio de Soacha, en hechos ocurridos a eso de las 5:30 A.M  del  2  de febrero del presente año(2003), cuando en la habitación contigua se  hallaban  sus  pequeños  hijos,  la  madre  de  la  hoy  occisa LIGIA HORTENSIA  CHAPARRO,   su   hermano  OMAR  YAMIT  y  la  esposa  de  éste  ÁNGELA  MILENA  CÁRDENAS”.   

A N T E C E D E N T E S  

1. Por los anteriores hechos, la Fiscalía 37  Delegada  ante  los  Juzgados  Penales  del Circuito de Soacha, el 19 de mayo de  2003,   acusó  a   Jaime  Arbey  Rincón  Robayo  por las conductas punibles de  homicidio agravado  y fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o municiones.   

2.  El Juzgado Segundo Penal del Circuito  de  Soacha,  el 19 de septiembre de 2003, dictó sentencia de primera instancia,  en  la  que  condenó  al procesado a la pena principal de 26 años y 4 meses de  prisión  y  a  las  accesorias  de inhabilitación para ejercicio de derechos y  funciones  públicas por el lapso 20 años y prohibición de porte y tenencia de  armas  por  el  término  de  15  años, como autor de las conductas punibles de  homicidio  agravado  y  fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de fuego o  municiones.   

3.  Apelado el fallo por la defensora, el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca,  el  2 de diciembre de 2003, al desatar el  recurso, lo confirmó.   

   

Contra  la  anterior  decisión,  la  citada  defensora del acusado interpuso recurso de casación.   

L  A      D  E  M  A N D  A   D E   C A S A C I Ó N   

La  defensa técnica del procesado, con base  en  las  causales  tercera y primera de casación, presenta dos cargos contra la  sentencia, cuyos argumentos se sintetizan de la siguiente manera:   

Primer cargo  

El  citado  defensor,  basado  en  la causal  tercera  de casación, acusa al Tribunal de haber dictado sentencia en un juicio  viciado  de nulidad, por violación del debido proceso y del derecho de defensa,  de   acuerdo   con   lo   reglado  por  el  artículo  29  de  la  Constitución  Política.   

Sostiene  que  las  citadas  garantías  se  trasgredieron, así:   

1.  El derecho de contradicción, por cuanto  que  en  este  evento  “no  se constataron todos los  requisitos  y  observancias  de  la  plenitud  de  las  formas  propias  de cada  juicio”.  Además, anota que se debió haber corrido  el  respectivo  traslado  de  las  inspecciones judiciales tal como lo indica el  artículo 245 del Código de Procedimiento Penal.   

2.   Respecto   del  derecho  de  defensa,  manifiesta  que la inspección judicial se realizó sin la presencia del acusado  y/o  su  defensor  o  “en  último  caso” del agente del Ministerio Público.   

Dicho de otra manera,  en esa diligencia  no  estuvo  presente  sujeto  que  velara  por  los derechos del procesado. Así  mismo,  anota  que  del  acta  donde  consta la diligencia se advierte que no se  cumplió   con   la  cadena  de  custodia,  puesto  que  no  hay  constancia  al  respecto.   

3.   En lo atinente a la violación del  derecho  que  tiene  el  acusado a presentar pruebas y a controvertir las que se  alleguen  en  su  contra,  asevera  que no comparte la afirmación del Tribunal,  según  la  cual,  la  omisión de la prueba de ADN no constituye violación del  principio  de  investigación integral, en la medida en que tal derecho tiene el  rango de fundamental.   

Además,    acota    que   con   dicha   prueba   y  con  las  lesiones   que   presentaba    su    patrocinado,    se   habría   concluido   que   él   actuó   en  defensa   de   su    vida,    puesto    que    era    perseguido   por  los  familiares  de la  víctima.   

Dice  que  además  del  artículo  29 de la  Constitución  Política,  se  infringieron   los artículos 6°, 7°, 8°,  9°, 13, 14, 15,16 y 20 del Código de Procedimiento Panal.   

Por lo expuesto, considera que se debe casar  la  sentencia  y,  por  ende,   decretar  la invalidez de todo lo actuado a  partir  de  la  citada  inspección judicial fechada el 8 de febrero de 2003, de  acuerdo con lo argumentado en precedencia.   

Segundo cargo  

La defensa de Rincón Robayo, con base en la  causal  primera  de  casación,  acusa  al  Tribunal   de haber violado, de  manera  indirecta,  la  ley  sustancial por incurrir en error de hecho por   vulneración  de  los  postulados que integran la sana crítica, es decir,   la  lógica,  la  ciencia  y  la  experiencia,   con desconocimiento de los  artículos   7°,  232,  234,  238,  239,  257,  277  y  287 del Código de  Procedimiento Penal.   

Afirma  que  el  Tribunal  señaló  que  su  defendido  era “ el autor responsable de la muerte de  LIGIA  ESTELA  CADENA  CHAPARRO”,  pese  a que en la  prueba  de  absorción  atómica no se halló residuos de pólvora; no obstante,  él   aceptó  que  cuando  se  produjo  la  detonación  portaba  la  escopeta.   

De  igual  manera, anota que pretende que la  Corte  le  reste  credibilidad  a los testimonios de Omar Yamit, Ángela y Ligia  Hortensia  por  haber incurrido en contradicciones e  inconsistencias, y no  como  lo  señaló  el  Tribunal,  en  la  medida  en  que  concluyó que éstas  “versaban  sobre  aspectos  sustanciales”,  razón  por  la  cual no le restó eficacia demostrativa a las  declaraciones.   

Sostiene  que el Tribunal desconoció que su  defendido  actuó  bajo  legítima  defensa,   toda vez que hizo una errada  valoración  de  los  testimonios  de  los  habitantes  de la casa donde vivían  Rincón  Robayo  y  la  víctima,  afirmando  que  las contradicciones son   irrelevantes  y  que  presentan  pequeñas   diferencias  dado el estado de  alicoramiento de los familiares.   

Añade  que la resolución de acusación, al  igual  que  el  fallo  de primera y segunda instancia, se fundó en conjeturas y  suposiciones,   contrariando lo previsto en el artículo 246 del Código de  Procedimiento  Penal, que exige como fundamento que los juicios se apoyen en las  pruebas legalmente practicadas o allegadas al trámite.   

Reitera   que   en   el   “Informe   del   CTI   de  fecha  02  de  febrero,  donde  relata  la  formalización    de    la    captura    del    señor    JAIME   ARBEY   RINCON  ROBAYO”,  se  omitió el deber legal de custodiar la  escena  de los hechos, siendo, esa razón, la que condujo a que se violentara la  puerta donde se cometió el delito.   

Anota  que lo dicho por el Tribunal  no  es  cierto,  esto  es,  que  el  informe  de Policía Judicial sí fue tenido en  cuenta  para  proferir  la  acusación,  cuando  se  sabe que el mismo no tenía  mérito probatorio por cuanto que no fue ratificado.   

De la misma manera, estima que tampoco debía  dársele  credibilidad a la inspección del 8 de febrero de 2003, practicada por  el  señor “Fiscal Instructor 37 (e)”, dado  que  no hubo protección de la escena de los hechos de acuerdo  a  lo  establecido  por  el  artículo  290  del Código de Procedimiento Penal,  máxime  cuado  ésta  se realizó sin la asistencia de su defendido, de su  defensor o de un Agente del Ministerio Público.   

Sostiene  también que en la inspección del  13  de  febrero  de  2003  se  invitó  al defensor más no al sindicado, que se  tomaron  muestras de sangre para prueba de ADN, la que nunca se realizó, que se  buscó  un  arma de fuego que previamente se sabía que no se iba a hallar y que  tampoco  existen  constancias  que el  instructor hubiese puesto los sellos  en  las  puertas  y  en las ventanas con el fin de aislar y proteger el sitio de  los hechos.   

Así  mismo,  señala  que en la inspección  judicial  del 21 de marzo de 2002, se llevaron peritos expertos en topografía y  balística,   quienes   al   cierre  de  la  investigación  y  en  “la   etapa   preparatoria”   no  habían  rendido  dictamen,  omitiéndose  de igual manera dar traslado  de  éste  a las partes, desconociéndose  el derecho de contradicción y   el derecho de defensa.   

Considera  que  las declaraciones de Ángela  Milena    Cárdenas   Castro   contienen   “enormes  contradicciones”,  tanto en la primera intervención  como  en   la   segunda,   relacionados   con  la   hora    en   que   sucedieron   los  hechos,   la   manera    como    éstos   se   desarrollaron   y   las  armas encontradas.    

También  dice  que  de   este   testimonio   se  desprende  que  “la    señora   LIGIA    CHAPARRO    pretendía   llevarse   los   hijos   del   hoy  sindicado  sin  su    consentimiento    lo    cual   generó   el   malestar  entre  ellos”.   

Afirma    que     de   “las    huellas    de   sangre   y   los   testimonios   de   los  familiares   se   deduce    claramente    que    hubo   una   riña   entre    ellos    y    que   producto   de   esta   riña   y  del  forcejeo  entre  las  partes   fallece   la   señora  LIGIA  STELLA  CADENA”.   Sin      embargo,      anota    que    la   deponente   no      hizo      nada     para     evitar     la   tragedia.   

Manifiesta  que   las declaraciones que  rindió  Omar  Yamit  Cárdenas  Chaparro,   no  concuerdan   con   lo  narrado  por  Ángela  Cárdenas  Castro  en   cuanto   a   la   manera   como   ocurrieron   los  hechos.   

De     igual     manera,   observa   que  se  contradice  en  cuanto  a   las    armas  de   fuego   encontradas,   en   la   medida    en    que   en   la   primera   versión  anotó   que   no  observó  ninguna  y,  en   la   otra,   “que  vio  dos   armas”.  Así,  estima  que  la   versión   resulta   inverosímil   y  acomodada,  como  también   lo   relacionado   con   las   heridas   en   su   mano   y   las   que   sufrió  su   madre  Ligia  Hortensia.   

Respecto a la declaración de Ligia Hortensia  Chaparro  Rodríguez,  manifiesta  que  es  inconsistente  con  el de los demás  familiares  de la víctima, resultando, por tanto, contrario a la verdad y   acomodado.   

Asevera   que   el  testimonio  de  Eloisa  Rodríguez  Torres  también es contrario a la verdad, toda vez que ésta narró  los  hechos de acuerdo con los datos que informaron a la justicia los familiares  de la víctima.   

Por  ultimo,  sostiene  que  en  este  caso  “…no   se  constataron  todos  los  elementos  de  convicción  entre  si…pasados,  como  es  obvio,  por  el  tamiz  de  la sana  crítica”.  Además, destaca que las fotografías en  que  también  se  sustentó  el  fallo  fueron allegadas de manera “inoportuna  y  a  última  hora  previo  a la intervención de la  defensa”,  motivo  por  el  cual  no  pudieron  ser  debatidas.   

Recuerda   que   su   defendido   actuó  “bajo   estados   de   emoción   excusables  o  de  circunstancias  personales  que  lo  empujaron  a  cometer el crimen”.  Así mismo, reitera que no se practicaron algunas pruebas como  la  del ADN sobre la sangre y el cristal roto hallado en el lugar de los hechos,  lo  que  otorgó  un sentido distinto al contenido probatorio, desconociéndose,  además,   los   principios   de   presunción   de   inocencia   y  del  debido  proceso.   

En consecuencia, solicita a la Corte casar la  sentencia impugnada y, en su lugar, dictar sentencia absolutoria.   CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  De acuerdo con la pacifica jurisprudencia  de  la  Sala,  el  recurso  de casación constituye el instrumento para demandar  errores  de  derecho  o  de  actividad   cometidos  en la sentencia o en el  proceso,  según  el  caso, con estricto apoyo en las causales que el legislador  contempló para el efecto.   

Así   mismo,    como  quiera  que  la  impugnación  extraordinaria  es  un  recurso  eminente  rogado,  corresponde al  censor,  de  acuerdo  con  los presupuestos que contempla el artículo 212 de la  Ley  600  de  2000,  señalar  la  causal  con  la cual se pretende derrumbar la  sentencia,  enunciar  en  qué consiste el vicio y cómo el mismo incidió en la  parte dispositiva de la sentencia.   

Por  manera que si el censor no cumple con la  anterior  carga,  la  Corte,  en virtud del principio de limitación que rige la  casación,  no  puede  entrar a suplir las deficiencias de la postulación de la  censura.   

2.   Teniendo   en  cuenta  los  anteriores  conceptos,  la  Sala  advierte  que  los  cargos  formulados  contra el fallo de  segunda  instancia  carecen  de  la  debida claridad y precisión, motivo por el  cual el libelo se desestimará.   

En efecto, en lo atinente al primer cargo que  la  defensora  formula  bajo los lineamientos de causal tercera de casación, si  bien   señaló  los  derechos que considera vulnerados durante el trámite  del  proceso,  también lo es que no los demostró, en la medida en que respecto  del  derecho  de  contradicción no enseñó a la Corte en qué consistieron las  irregularidades  que  la  lleva  a  predicar  que se desconoció el rito para el  proceso  de  producción e incorporación  de las inspecciones judiciales a  que hace referencia.   

Además, si estimaba que la citada diligencia  de   inspección   judicial   no  cumplió  con  los  presupuestos  legales  que  condicionan  su  validez,  ha  debido,  entonces,  plantear  la  censura por los  senderos  de  la  causal  primera,  en  tanto  que  el  vicio se circunscribe al  desconocimiento  de las normas que regulan el proceso de producción y aducción  del  citado medio de prueba, hipótesis a la que llega la Corte, en la medida en  que  la casacionista muestra inconformidad por cuanto que en este supuesto no se  cumplió  con  los  presupuestos indicados por el artículo 245 de la Ley 600 de  2000.   

Ahora  bien,  en  lo que tiene que ver con la  violación   del   derecho   de  defensa,  también  observa  la  Corte  que  la  casacionista  tampoco  enseñó cómo se transgredió el mismo por cuanto que la  diligencia  de inspección judicial se realizó sin la presencia del acusado, su  defensor y/o del Ministerio Público.   

De  la misma manera, equivocó la causal para  demandar  el  citado  vicio,  en  la  medida en que en últimas el reparó está  sustentado  a  cuestionar  que las evidencias encontradas en el escenario de los  hechos  no  cumplieron  con  el  tramite  de  la  cadena  de custodia, yerro que  también  ha  debido  de  postular  por los lineamientos de la causal primera de  casación  bajo  la  hipótesis del error de derecho derivado de un falso juicio  de legalidad.   

Finalmente,  el  reparó  que  funda  por  la  violación   del  derecho  de  defensa  por  desconocimiento  del  principio  de  investigación  integral,  en  tanto que no se realizó  la  prueba de  ADN  respecto  de  la sangre y del cristal hallado en el lugar de los hechos, la  casacionista  lo  dejó  a mitad de camino, en  medida en que, cómo era su  deber,  no  enseñó  a la Corte cómo el citado medio de prueba resultaba   pertinente,  conducente  y  útil  para  con  el  tema  objeto  de  prueba  y el  convencimiento del funcionario judicial.   

Así  mismo, tampoco dedicó línea alguna en  evidenciar   la   manera  cómo  el  citado  medio  de  prueba  habría  logrado  modificar   las  conclusiones  del  fallo,  al punto que al procesado se le  debió  haber  reconocido  que  actuó  en  defensa  de su vida, para lo cual la  obligaba  tener   en  cuenta  los  demás  elementos  de  juicio  en que se  soportó el juicio de condena.   

Y,  en lo atinente al segundo reproche que la  casacionista  funda  por  los  senderos  de  la causal primera de casación, por  cuanto  considera  que  el  juzgador  vulneró,  de  manera  indirecta,  la  ley  sustancial,  por  errores  de  hecho  por  desconocimiento de los postulados que  informan  la  sana  crítica,  la  dejó  en  el simple enunciado, edificando la  fundamentación  de  la  censura en presentar una personal opinión de la manera  como  se  debían  haber  valorado los medios de convicción en que se fundó el  juicio de responsabilidad.   

De esa manera, no obstante de enunciarlo, pasa  por  alto  la  demandante que el recurso de casación  no es otra instancia  más  del  trámite en donde se pueda impugnar la credibilidad dada a los medios  de  convicción  en la sentencia, que,  como se sabe, viene amparada por la  doble  presunción de acierto y legalidad, esto es, que los hechos y las pruebas  fueron  apreciadas  correctamente  y  que la norma seleccionada era la llamada a  gobernar el asunto.   

Cómo  no  llegar  a  la anterior conclusión  cuando,  también,  vulnerando  el  principio  de  no  contradicción critica al  Tribunal  por haber declarado responsable al procesado por los cargos formulados  en  su  contra  en  la  resolución  de  acusación,  pese a que en la prueba de  absorción  atómica  no se halló residuos de pólvora; no obstante que el  sentenciado  aceptó  que  tenia  el  arma  en  la  mano  cuando  se  produjo la  detonación.   

De igual manera, anuncia que el recurso tiene  como  finalidad  que  la  Sala  le  reste  credibilidad a los testimonios de los  familiares  de  la  víctima,  en  tanto  que,  a  juicio  de  la  casacionista,  incurrieron  en  contradicciones  e  inconsistencias  que  conducían a restarle  eficacia a los mismos.   

En aras de sacar avante su pretensión, en el  sentido  que el acusado actuó en legítima defensa de su vida,  critica al  Tribunal    por   haber   realizado   “una   errada  valoración”  de  los  anteriores testimonios, en la  medida en que presentaban contradicciones.   

Dicho de otra manera, manifiesta que el fallo  se  sustentó  sobre  simples  conjeturas  y  suposiciones, sin que del discurso  argumentativo  se  evidencie  cuál  fue la regla de la lógica transgredida, el  principio  de  la  ciencia desconocido o la máxima de la experiencia pasada por  alto  en  el  proceso de apreciación de la prueba, y cómo el yerro incidió en  la parte dispositiva de la sentencia.   

De  otro  lado,  dentro  de  esa  amalgama de  argumentos  que  presenta  la  demandante,  insiste  en  que  la  diligencia  de  inspección  judicial  no cumple con los requisitos legales para su validez, que  nunca  se  realizó  la prueba de ADN,  que los peritos que participaron en  aquella  inspección  presentaron  los  dictámenes cuando ya se había cumplido  con la diligencia de audiencia preparatoria.   

Y,  que  las  fotografías  tomadas  en  la  multicitada  diligencia  de  inspección  judicial  fueron  allegadas  de manera  inoportuna  y,  no obstante,  sirvieron de soporte para fundar el juicio de  responsabilidad en contra del procesado.   

Dicho  de  otra  forma,  con  unos  presuntos  errores  en  la  apreciación de la prueba la casacionista pretende que la Corte  reconozca  que  el  acusado  actuó  en defensa de su vida, sin que evidencie en  qué  consistieron  los  denunciados  yerros  y,  menos,  cómo de no haber sido  cometidos  la  causal  de  ausencia  de  responsabilidad  reclamada era la norma  sustancial llamada a gobernar el asunto.   

En fin, esa simple disparidad de criterios con  el  sentenciador  respecto  al  mérito  dado a  los elementos de juicio no  constituye  yerro  para  ser  soporte  de  censura  en  esta  sede, salvo que se  evidencie  y  demuestre que se desconocieron los postulados que informan la sana  crítica,              evento              que              aquí             no  ocurrió.                   

Finalmente, otra razón más para inadmitir el  libelo   aunado  a  que  no  se  advierte  violación  alguna  de  los  derechos  fundamentales  o  garantías  de  JAIME  ARBEY RINCÓN  ROBAYO,  que  determine  el  ejercicio  de la facultad  oficiosa  de  índole  legal  que  al  respecto  le asiste a la Sala en punto de  asegurar su salvaguarda.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

          R E S U E L V E   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada por la defensora  de   JAIME  ARBEY  RINCÓN  ROBAYO. En consecuencia, se  declara      desierto     el     recurso     extraordinario     de     casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Comuníquese       y              cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Cita medica  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                              JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                        JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                 JAVIER     ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

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