26881(09-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 26881  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado Acta N° 069  

Bogotá,  D.C., nueve (9) de mayo de dos mil  siete (2007).   

V    I   S   T   O  S   

Se procede a resolver sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor del procesado PEDRO  MANUEL  LEÓN  FLÓREZ,  condenado  en  fallos  proferidos por el Juzgado Cuarto  Penal  del  Circuito  de Cartagena de Indias y el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  la  misma  ciudad como autor penalmente responsable de la conducta  punible de homicidio agravado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.            El 21 de Marzo de 2002, alrededor de las  10:30  de  la  noche,  cuando  Elizabeth  Leonés Rodríguez se encontraba en su  residencia  ubicada  en  la carrera 102, manzana C, lote 20 del barrio San José  de  los  Campanos  de Cartagena de Indias, le fueron propinados numerosos golpes  en  la  cabeza  con  instrumento contundente hasta hacerle perder la conciencia,  también  fue  sometida a maniobras de ahorcamiento y finalmente fue envuelta en  varias  prendas a las cuales se les prendió fuego, causándole severas lesiones  que  le produjeron la muerte y que el agente realizó para despojarla de la suma  de $250.000.00 que tenía consigo.   

2.            Formalmente  la Fiscalía Sexta Delegada  ante  los  Juzgados Penales del Circuito de Cartagena de Indias declaró abierta  la   instrucción   el   5   de   abril   de   20021  y  vinculó a ella, a través  de   indagatoria,   a  PEDRO  MANUEL  LEÓN  FLÓREZ2,  a  quien le impuso medida de  aseguramiento  de  detención preventiva en resolución del 19 de septiembre del  mismo    año3.   

A  solicitud del defensor, dicha providencia  fue  revocada  por  la Fiscalía Treinta y Seis del mismo rango y lugar el 17 de  diciembre             de             20024,  oficina que por disposición  de  la  Dirección Seccional de Fiscalías de Cartagena de Indias fue desplazada  por   la   Fiscalía   Diez  Seccional,  a  petición  de  una  pariente  de  la  víctima5,  y  mediante  resolución  del  28  de  enero  de 20036   le   hizo  recobrar validez a la medida precautelar personal.   

3.             Clausurada  la  fase  instructiva,  la  última   Fiscalía   señalada   en   resolución   del  22  de  septiembre  de  20037,  acusó  al  implicado antes nombrado en calidad de presunto autor  del      delito     de     homicidio     agravado8.   

4.            Tramitado  el  juicio por el Juzgado 4°  Penal  del  Circuito  de  Cartagena  de  Indias,  en sentencia del 2 de abril de  20049,  condenó  a PEDRO MANUEL LEÓN FLÓREZ  por  el  delito de homicidio agravado a la pena principal de trescientos ochenta  (380)  meses  de  prisión, a la interdicción de derechos y funciones públicas  por  un  término  de  quince  (15)  años,  sanciones  cuya  ejecución ordenó  simultáneamente.   

Adicionalmente  le  impuso la obligación de  pagar  la  suma  de  ciento  cincuenta (150) salarios mínimos legales mensuales  vigentes  a “…los familiares de la víctima…” por los perjuicios morales  causados con la conducta punible.   

5.            Dicho pronunciamiento fue apelado por el  defensor  del  acusado  y  el Tribunal Superior de Cartagena de Indias a través  del  fallo  recurrido  en casación, expedido el 21 de abril de 200610, le impartió  confirmación integral.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

    

* LA DEMANDA    

El  casacionista postula tres cargos contra  la  sentencia  proferida  por  el  Ad quem, así:   

    

1. PRIMER REPARO    

Lo  enmarca  dentro  de  la  última causal  prevista  en  el artículo 207 del Código de Procedimiento Penal por considerar  que   la   sentencia   se   dictó   en   un   juicio  viciado  de  nulidad.   

La  irregularidad  se presenta a partir del  momento  en  el cual la Fiscalía General de la Nación mediante resolución N°  0450  del 30 de diciembre de 2002, desplaza al funcionario que revocó la medida  de  aseguramiento  impuesta  a  su  asistido,  a  petición  de  la  madre de la  víctima,  y  escoge  arbitrariamente  otro  fiscal  para  que  prosiga  con  la  instrucción,   práctica   con   la   cual   se   vulneran  los  principios  de  transparencia,  imparcialidad,  igualdad,  juez  natural,  legalidad, actuación  procesal,  acceso  a  la administración de justicia, autonomía e independencia  judicial  y  publicidad,  consagrados en los artículos 5 a 14 del  Código  de Procedimiento Penal y 228 de la Constitución Política.   

Estima  que  dicha  medida  administrativa  refleja   el   desconocimiento  de  la  sentencia  de  la  Corte  Constitucional  C─873   del   30   de  septiembre  de  2003,  que  reconoce la facultad de reasignar el conocimiento de  procesos  entre  funcionarios  de  la  Fiscalía  exclusivamente  a  su Director  General.   

En   consecuencia  solicita  la   invalidación   de  la  actuación  hasta   antes   de   la  resolución  de  clausura  de  la  instrucción  y el  reenvío  al  funcionario  encargado  de  dicha  fase  procesal    para    que  libremente  adopte “…el  criterio que estime del caso de manera autónoma.”   

    

* EXAMEN DE LA CENSURA     

La Sala ante el planteamiento en esta sede de  una  hipótesis  de nulidad, sin ningún respaldo normativo específico, pues no  desciende  del  ocupado por la principialística, sin entroncarla tampoco dentro  del  concepto de debido proceso y alegando un motivo de carácter administrativo  ─el  desplazamiento  del  ciclo  instructivo  de  un  fiscal  atendiendo  petición de una de las personas  perjudicadas        con        los        delitos       investigados─,  estima  dicho cargo deficientemente  presentado   y  sustentado  en  cuanto  no  se  ciñó  el  libelista  al  rigor  metodológico   requerido   para   el   extraordinario   recurso  de  casación,  obligatorio aún cuando se denuncian vicios de procedimiento.   

De  igual  manera,  el  demandante  omitió  demostrar   la  trascendencia  del  error  in  procedendo  invocado,  según  lo  preceptúa  el  artículo  310  del  Código  de  Procedimiento Penal, no siendo  suficiente  la simple enunciación, sino que estaba obligado a evidenciar que se  trata  de  una  irregularidad sustancial, cómo afecta las garantías judiciales  de  los  sujetos  procesales  o  se  desconocen  las  bases  fundamentales de la  instrucción       y       el       juzgamiento11.   

En  tales  condiciones,  las  deficiencias  argumentativas    del   casacionista   tornan   inabordable   el   estudio   del  cargo.   

    

1. SEGUNDO ATAQUE     

En  el  contexto  de  la  causal primera de  casación  consagrada  en  el  artículo  207,  numeral  1°, cuerpo segundo del  Código  de  Procedimiento  Penal,  el  actor acusa el fallo de segundo grado de  violar  indirectamente  la  ley  sustancial  como  consecuencia  de los plurales  errores  de  hecho  por  falso raciocinio  en  que  incurrieron  los  juzgadores  al  construir los indicios  sustento  de  la  condena  impuesta  a su representado y después de invocar los  artículos  232 y 284 del Código de Procedimiento Penal, se ocupa del análisis  individual de los siguientes:   

     

1. Indicio de presencia del procesado.     

El libelista al desarrollar el cargo discute  inicialmente    el    hecho   indicador  fijado  por los juzgadores consistente en el hallazgo del suéter  del  procesado  sobre  el  cuerpo  de  la  víctima en cuanto fue utilizado para  avivar  el  fuego  promovido con el fin de incinerarla, prenda que éste vestía  cuando departía con la occisa poco antes del insuceso.   

Pone  en entredicho la citada circunstancia  fáctica  porque  el  proceso  no  informa  de  la preservación de la cadena de  custodia  en  relación  con  el  lugar  exacto  en donde se encontró el citado  abrigo,  circunstancia  acreditada únicamente con el testimonio de Rosa Matilde  Suárez  Vega, suegra de la occisa, quien lo descubrió al escarbar los residuos  incinerados  provista  de  un madero, pero lo entregó a la Fiscalía tres días  después.   

Más  adelante,  con  base  en  la  misma  deposición,  el  demandante  afirma la demostración de la proximidad existente  entre  las  residencias  de  PEDRO  MANUEL  LEÓN  FLÓREZ  y  Elizabeth Leonés  Rodríguez,  y  de  la  confianza  observada  por  aquel  cuando  frecuentaba la  vivienda  de ésta sucesos de los cuales infiere la imposibilidad del acusado de  ejecutar los luctuosos episodios juzgados.   

Al  final  de la demanda en forma inusitada  descalifica  a  la  citada  declarante  por  ser  ajena  al  suceso  delictual e  introduce  lacónicamente  en  la  discusión de este indicio la inexistencia de  prueba  que  hubiera  conducido a determinar al portador de la sangre hallada en  el leño utilizado por el actor delictual.   

También  ataca  el  poder  conclusivo  de  responsabilidad  asignado  al  dueño del suéter encontrado cerca a la víctima  incinerada  y  que  usara  la  nefasta  noche, en cuanto desconoce que tal hecho  indicador admite otras deducciones.   

Y, enuncia las siguientes: la existencia de  familiaridad  y  trato  cotidiano  entre el procesado, la occisa y la familia de  ésta,  también  reconocida por el Tribunal, que de acuerdo con la experiencia   impide  concebir  que  le  hubiera  causado  la  muerte  en  tan  funestas circunstancias; la selección de  dicha  prenda  para  promover  el  fuego  no  podía provenir del procesado pues  “…el  sentido  común  y  la  lógica  indican  que  nadie abandona sus vestidos en el teatro delictual,  aparte  del elevado grado de incriminación que le implicaría su descubrimiento  en  ese  sitio;  la  ubicación  de  la  residencia de la madre y la hermana del  acusado  en  la  misma  zona  en  donde  ocurrieron  los  hechos, de acuerdo con  la   lógica   y   el   sentido   común,   descarta   que   PEDRO   MANUEL  LEÓN  FLÓREZ  promoviera  la  conflagración  con  gas  por  cuanto  las  ponía  en  peligro; el hallazgo del  suéter  sobre  la  occisa  pudo  obedecer,  también, a que ella cayó encima o  alguien  se  lo  lanzó;  el  enfrentamiento  entre  el  agresor  y la víctima,  conforme  a  la  lógica y la experiencia,  conlleva necesariamente a desgarramientos en las ropas por ellos  vestidas,   inexistentes   en   el   suéter   cuyo  buen  estado  se  demostró  pericialmente;  el hallazgo de la citada prenda en la casa de la occisa, enseña  la  experiencia, bien pudo  corresponder  a  que  la  abandonó en ese lugar el acusado cuando se cambió de  ropa  para  salir de noche, después de todo un día de trabajo, además, porque  en  una  zona  calurosa como Cartagena es frecuente que las personas se despojen  de  la  camisa  y  permanezcan  sin  ella  por largo tiempo, luego quien usó la  pluricitada  prenda  para  activar  el  incendio fue otra persona diferente a su  representado,  quien  la  tomó  desprevenidamente  al  encontrarla a mano en el  espacio escogido para la acción criminal.   

Estima  que  también  contribuyó  a  la  errónea  deducción  reprobada,  el  desconocimiento  del testimonio de Mayinis  Elvira  Galvis Olivero quien aludió a la presencia del procesado en el lugar de  los     hechos     pero     antes     de     su     consumación    ─confirmó  este  hecho Javier Enrique  Pérez  Vásquez─,  pues  cuando  ella  volvió a las “…once menos diez…” no lo vio, prueba que al  no    haber    sido    valorada   por   los   juzgadores   genera   error   de   hecho   por  falso  juicio  de  existencia;  y  la  omisión  de  valoración del testimonio de Marco Segundo  Hernández,  empero,  a  renglón seguido transcribe las razones aducidas por el  Tribunal  para  negarle  capacidad  demostrativa  a  la  manifestación  de este  testigo  sobre el hecho de haber visto al procesado ingiriendo licor la noche de  autos, sin presentar manchas de sangre en sus ropas.   

El  mismo  efecto  estima  se  deriva  del  error    de    hecho    por    falso    juicio   de  identidad en el cual incurrió el Tribunal al suponer  el  contenido  del testimonio de Cindy Paola, hermana del acusado, aunque objeta  que  se  le  haya  restado  crédito al contrastarla con el testimonio de Javier  Pérez,  pues  mientras  éste dijo que ellos salieron juntos, ella aseguró que  estuvo  haciendo  dormir  a  sus  hijos  de  manera sucesiva, contradicción que  considera    aparente    dada    la    contigüidad    existente    entre    las  viviendas.   

2.2.         Indicio de móvil.   

El  casacionista  discute  que  se  hubiera  tenido  como hecho indicador  de  la acción homicida del procesado el ánimo de lucro pues no se demostró la  pre-existencia  del  dinero  hurtado a la víctima ni se encontraron sus huellas  en  el  teatro delictual, mientras que con el testimonio de Rosa Matilde Suárez  se  comprobó  la confianza existente entre el procesado y la occisa, suficiente  para  que  éste  supiera  desde  tiempo atrás que Elizabeth Leonés Rodríguez  guardaba  el  dinero  en  una caja metálica, sin embargo, nunca se registró la  pérdida  de  algo, además, critica que tampoco se hubiera tenido en cuenta que  dicha  deponente  dijo  que  ignoraba  si  la  noche de autos la occisa guardaba  dinero, en qué lugar o si lo tenía consigo.   

2.3.          Indicio  de  mala  justificación  y de  mendacidad.   

     

1.   Censura principal:     

Admite  la  existencia  del  hecho   indicador  consistente  en  las  contradicciones  detectadas  entre  las  expresiones de su representado y las de  los  testigos  en  cuanto  a  la hora en que se reunieron la noche de autos, con  relación  a  la  clase  de licor que consumieron y al lugar que ocuparon dentro  del  establecimiento  al  cual  asistieron,  pues  las  estima intranscendentes.   

Por el contrario, opina que son suficientes  para  demostrar  que  el  justiciable no pudo estar en dos lugares diferentes al  mismo  tiempo,  “departiendo  sanamente  y  sin manchas de sangre ni signos de  evidencia   después   de   haber  tenido  una  confrontación  tan  violenta  y  ensangrentada como la que precedió a los hechos”.   

Después  reprueba  las  inferencias  del  Ad─quem por no haber sido  extraídas   aplicando   los  criterios  de  la  sana  crítica   y   a   ellas   opone   los   siguientes  contra-argumentos:  la  subjetividad  con  la  cual resolvió PEDRO MANUEL LEÓN  FLÓREZ  atender tardíamente el llamado a indagatoria no puede ser utilizado en  su  contra;  la ausencia de su casa la noche de autos resulta normal en un joven  que  ha  estado  departiendo  despreocupadamente  con  un  amigo;  la  falta  de  coincidencia  entre  los  testigos antes que revelar la mendacidad del procesado  demuestra  que  el  lapso durante el cual fue consumado el reato transcurrió en  completa  normalidad  de  ahí  que lo sucedido no fuera grabado mentalmente por  ellos,  cuyos  relatos,  de haber sido análogos, seguramente hubieran infundido  sospecha   

     

1. Reproche subsidiario:     

Con  fundamento  en  la  causal  primera de  casación,  cuerpo  segundo del artículo 207 del  Código de Procedimiento  Penal,  plantea violación indirecta de la ley sustancial por desconocimiento de  la prueba existente.   

Insinúa  que  el  juzgador  incurrió  en  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia  al sostener que desconoció las pruebas demostrativas  de  “…la existencia de situaciones paralelas que pueden bien ser la causa de  estos   hechos…”   y,   menciona,   los  informes  de  inteligencia  de  los  investigadores  alusivos  a  la  narración  de la menor Helena Cristina Galacio  sobre  la  presencia de un sujeto “…delgado, moreno, alto…”, detrás del  baño  de  la habitación de la occisa, versión que asegura también escucharon  las  testigos  Cindy  Paola  León  Flórez  y Rosa Matilde Suárez; y sobre los  cambios  observados en el candado de la parte exterior del inmueble habitado por  la  occisa,  que  demuestran  que  fueron  sujetos  merodeadores  de la estancia  quienes perpetraron los delitos investigados.   

Igualmente reclama por la atención negada  a  la  información  contenida  en  los  citados  documentos  policivos sobre la  existencia  de  amenazas  en  contra  del hijo de la deponente Rosa Suárez Vega  sino  devolvía  la  suma  de  $60.000  que  se  había hurtado, que unidas a la  sevicia  demostrada  por  el  actor  delictual  imponen direccionar el juicio de  responsabilidad penal hacia personas diferentes al procesado.   

    

* ANÁLISIS DE LOS ATAQUES     

La  Sala  estima que si bien el demandante  invoca  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo  segundo,  del artículo 207  del   Código de Procedimiento Penal, la trasgresión normativa que anuncia  la   hace   recaer   inadecuadamente  sobre  normas  de  carácter  instrumental  ─los artículos 232 y 284  del         Código        de        Procedimiento        Penal─  en  evidente  desconocimiento  del  deber  de  denunciar la violación de reglas sustanciales según lo contempla la  preceptiva     reguladora     del     extraordinario     recurso     por     él  interpuesto.   

También  omitió  en  la formulación del  cargo   precisar   cuál   de   tres  modalidades  de  conculcación  de  la  ley  sustancial se presenta en el fallo impugnado, si por  falta  de  aplicación, aplicación indebida o interpretación errónea, lo cual  conllevó   posiblemente   a  la  ausencia  de  elaboración  de  la  respectiva  proposición jurídica.   

El  cargo  no  fue  desarrollado  bajo los presupuestos de precisión  y   claridad   requeridos   para   su  demostración,  pues     son     múltiples    las    falencias   de   la   demanda   en  este  tema  según se colige del  desconocimiento    de   los   imperativos   técnico  casacionales        fijados        reiteradamente   en   la   jurisprudencia   de   la   Sala cuando de  atacar       los  indicios  se  trata,  cuya  evocación     a     continuación    resulta de gran utilidad:   

“En  primer  lugar,  si el indicio es un  medio  de  prueba,  debe  tenerse  claro  que  cuando  se  plantean en casación  defectos  en  su  apreciación  como  fundamento  de  la  violación  de  la ley  sustancial,  la  vía  de  ataque  tiene  que ser la indirecta, siendo deber del  demandante  indicarle  a  la Corte la clase de error que denuncia (de hecho o de  derecho),  su  modalidad  y  si  lo predica del hecho indicador o probado, de la  inferencia  lógica o de la fuerza persuasiva obtenida del análisis conjunto de  los diferentes indicios.   

Cuando  la equivocación se hace recaer en  la   prueba   del   hecho   indicador,  los  errores  susceptibles de ser planteados son los siguientes:   

De  hecho  por falso juicio de existencia,  que  tiene ocurrencia cuando se supone esa prueba o se omite considerar otra que  la desvirtúa.   

De hecho por falso juicio de identidad, que  ocurre cuando se distorsiona su contenido físico.   

De  hecho por falso raciocinio, que sucede  cuando  la  premisa obtenida a partir de la prueba del hecho indicador, desde la  cual  se  construirá  el  juicio  lógico,  fue  el producto de un razonamiento  apartado de las reglas de la sana crítica.   

De  derecho por falso juicio de legalidad,  que  tiene lugar cuando el Juez estima probado el hecho indicador con una prueba  inválida, o considera inválida una prueba que lo desvirtúa.   

La    inferencia   lógica,  que no es susceptible de reproche en el mismo cargo en el que se  refuta  el  hecho indicador por constituir ello un planteamiento contradictorio,  sólo  es  atacable  por  error  de  hecho  por  falso raciocinio y es carga del  casacionista   en   tal   eventualidad,   aparte  de  probar  la  trascendencia,  demostrarle  a  la  Corte  que  el  proceso intelectual que condujo a inferir la  existencia  del  otro  hecho  fue irrespetuoso de la sana crítica, es decir que  contravino  las leyes científicas, los principios de la lógica o las reglas de  la experiencia.   

La  fuerza  demostrativa  que le otorga el  juzgador   al   conjunto   indiciario   es  también  susceptible  de  reproche  en  casación,  con  fundamento en error de hecho por  falso  raciocinio.   Este ataque, que implica aceptar el hecho probado y la  inferencia  lógica  que  en  cada  caso  realizó  el Juez, le impone al censor  demostrar  que  en  el  proceso intelectual a través del cual se vincularon los  diferentes  indicios,  se desbordaron las reglas de la sana crítica y que de no  haberse  incurrido en el error otra hubiera sido la decisión, lo cual lo obliga  a  desvirtuar  los  demás  fundamentos  probatorios en los que eventualmente se  encuentre     fundamentada     la     sentencia”12          (Énfasis  agregado).   

A partir del anterior marco conceptual, se  advierten        múltiples        deficiencias    en   los   yerros  que  el  libelista  atribuye   al   proceso  intelectual  de  confección    por    parte    del    Ad─quem  de   los   diferentes   indicios  sobre  los  cuales  edificó   la   sentencia   impugnada,  a saber:   

    

* El  ataque  emprendido  contra el hecho  indicador  a partir del cual fue construido el indicio  de  presencia,  esto  es, el descubrimiento del suéter con el cual el   procesado  fue  visto  la  noche  del  insuceso,  poco  antes  de  su  ocurrencia,  entre  los     elementos     utilizados     para       prender      fuego  al  cuerpo inerme de Elizabeth               Leonés              Rodríguez,  revelado  a  través del testimonio  de  Rosa  Matilde  Suárez  Vega  y  de  la falta de aplicación de cadena    de    custodia    a   dicha  prenda,   no  fue  planteado  por la senda de los  errores  de  hecho  ─por  falso  juicio  de  existencia,  de identidad o falso  raciocinio─    en  relación  con  el  primer  medio  probatorio,  ni  por  la  vía  del  error de  derecho  por  falso  juicio de legalidad   sugerido   en   relación   con  la  evidencia  mencionada.     

Pero  además, revisado el fallo de primer  grado,  se  observa  que  la  demostración  del  referido  hecho  indicador fue  declarada  no  sólo a partir del testimonio de Rosa Matilde Suárez Oviedo sino  después  de  establecer que el procesado mintió en su injurada cuando dijo que  había  usado  el  suéter solamente hasta las 7:30 u 8:00 de la noche cuando se  cambió  de  ropa  para  salir a la calle, mientras que la deponente con firmeza  aseguró  que  entre  las  8:45 y las 9:00 de la noche estuvo en el “puesto”  que ella atiende públicamente con la madre del mismo acusado.   

Y si bien es cierto la comprobación de la  mencionada  circunstancia  fáctica  está  determinada  en  el fallo de primera  instancia,  con  base,  además,  en  la  declaración  de Javier Enrique Pérez  Vásquez,  cuyo  acogimiento  rechaza el censor por provenir de errores de hecho  por  falso  juicio de existencia y falso juicio de identidad recaídos sobre los  testigos  Mayinis Elvira Galvis Olivero y Marco Segundo Hernández, en su orden,  le  correspondía no sólo postularlos sino demostrarlos con ajuste a las pautas  jurisprudenciales   fijadas   para  cada  modalidad13.   

Las  anteriores  falencias  infringen  los  principios   de   sustentación   suficiente   y  limitación  que  orientan  el  extraordinario  recurso  de  casación,  derivados  de  su carácter dispositivo  ─más   no   tercera  instancia─ y que implica  que  la  demanda  debe  bastarse a sí misma para propiciar la invalidación del  fallo  sin  que  deba  la Corte, en principio, suplir sus vacíos y corregir sus  deficiencias14.   

La   protesta   contra  el  razonamiento  deductivo  elaborado  por  los juzgadores a partir del citado hecho indicador no  sólo  fue  contradictoriamente  formulada  en  el mismo cargo en el cual atacó  aquel,  sino inadecuadamente enmarcada por el libelista en el contexto del error  de  hecho  por  falso  raciocinio  a través del planteamiento de otras posibles  inferencias  del  mismo hecho que a su juicio derrumban la responsabilidad penal  endilgada  a  su representado, ejercicio que matizó con la alusión genérica a  postulados  de  lógica y a máximas de la experiencia y del sentido común cuyo  contenido   se  abstuvo  de  determinar  en  flagrante  desconocimiento  de  los  parámetros   técnicos   elaborados   por  la  Corte  en  relación  con  dicho  yerro.   

    

* Con  similares  defectos  de  postulación  y  de desarrollo acometió el defensor la crítica a  los  restantes  indicios, labor en la cual, además, fragmentó el testimonio de  Rosa  Matilde Suárez para darle crédito parcialmente, ponderó los informes de  inteligencia   de   la  Policía  Judicial  desconociendo  que  no  alcanzan  la  categoría  de medio probatorio e hizo una serie de propuestas deductivas que se  quedan  en  el  plano  de  lo  hipotético, condiciones en las cuales los cargos  resultan inabordables.     

Argumentaciones de esta naturaleza impiden  aprehender de fondo el estudio de la censura.   

         

3.         TERCERA TACHA   

Al  amparo  de  la  causal primera, cuerpo  segundo   del  artículo  207  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  denuncia  violación  indirecta de la ley sustancial por errores  de   hecho  en  la  apreciación  probatoria  que  no  especifica  e  invoca  el  principio  del in dubio por  reo (artículo 7° ibídem) y la preceptiva 232 de la  misma codificación.   

        Despoja  de  fuerza  demostrativa el grupo de indicios sustento del  fallo     condenatorio     dada    su    fragilidad    y    demanda    sentencia  absolutoria.   

    

* ANÁLISIS DEL REPARO     

        La  forma  sucinta como el censor presenta el cargo, en criterio de  la  Sala, en este caso específico, conlleva impropiedades técnicas insalvables  y  revelan  el  desconocimiento  que  tiene  del  patrón  técnico fijado en la  jurisprudencia  cuando  se  emprende  el ataque invocando la conculcación de la  mencionada garantía procesal, del siguiente tenor:   

“Frente   a   este  planteamiento  el  recurrente  olvidó  que  cuando  la  pretensión  del casacionista se dirija al  reconocimiento  del  in  dubio pro reo, la  jurisprudencia  de  la  Sala  tiene  entendido que dos son las  alternativas  con  que cuenta para su reclamo en esta sede: Una, acudiendo a los  postulados  de la violación directa cuando el fallador admite en la motivación  de  la  sentencia  su  ocurrencia  pero no la reconoce en la parte resolutiva; y  otra,  bajo  los  lineamientos  de la violación indirecta en el evento  en  que  la  sentencia  no  la  admite  pero  el  demandante demuestra a la Corte su  existencia    por   haber   incurrido   aquél   en   errores   de   derecho   o  hecho.”15   

        Por    tanto:   resulta   innecesario  abordar  el tema propuesto  en       esta  censura.   

    

* REFLEXIONES FINALES     

La  imposibilidad  que se le presenta a la  Corte  de  suplir las deficiencias y corregir las imprecisiones de la demanda le  impone  su  inadmisión de conformidad con lo dispuesto por los artículos 212 y  213  de  la  Ley 600 de 2000, además, porque no encuentra violación ostensible  de   garantías   que   ameriten  protección  oficiosa,  lo  cual  conlleva  la  consecuencia  procesal  de declarar desierta la impugnación, mediante decisión  que  adquiere  ejecutoria  en  la  fecha  en que es suscrita y no admite ningún  recurso.   

A  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la Ley,   

R E S U E L V E :  

1.            INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  en  defensa del procesado PEDRO MANUEL LEÓN  FLÓREZ   y,   en  consecuencia,  declarar  desierto  el  recurso  de  casación  interpuesto. Y,   

2.            ADVERTIR  que  contra esta providencia no procede ningún recurso.   

Notifíquese,  devuélvase al Tribunal de  origen y cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                                                               ÁLVARO   O.   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                       JORGE L. QUINTERO MILANÉS   

  YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                                        JULIO          ENRIQUE          SOCHA  SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE  PORTILLA                                                         JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

  TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria.    

1  C.  orig. N° 1, fol. 27.   

2  C.  orig. N° 1, fols. 93-97.   

3  C.  orig. N° 1, fols. 107-113.   

4  C.  orig. N° 1, fols. 148-152.   

5  C.  orig. N° 1, fol. 161.   

6  C.  orig. N° 1, fols. 195-198.   

7  C.  orig. de la Fiscalía Seccional, fols. 179-196.   

8  C.  orig. N° 1, fols. 342-347.   

9  C.  orig. del Juzgado, fols. 28-39.   

10 C.  del Tribunal, fols. 3-23.   

11  CORTE    SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sent. del 21 de julio de 2004, rad. N° 14.538.   

12  CORTE    SUPREMA   DE   JUSTICIA.   Sent.  del  23  de  septiembre   de 2003, rad. N° 14.093 y, en el  mismo  sentido  Sent. del 24  de enero de 2002, rad. N° 14.180.   

13  CORTE   SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Auto  del   28  de  abril  de  2004, rad. N° 20.507; y, Sents.  del 26 de junio de 2002, rad. N° 11.451 y del 9 de noviembre de  2006, rad. N° 19.721.   

14  CORTE    SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sent. del 17 de enero de 2002, rad. N° 15.972.   

15  CORTE    SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Auto. del 17 de agosto de 2005, rad. No. 23.324.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *