26552(07-03-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26552  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado  acta número 31   

Bogotá  D.C.,  siete  de  marzo  de  dos mil  siete.   

Decide la Corte lo pertinente con relación a  la  admisión  de  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  la defensora de  Rosario  Castro  Franco  en  contra  de  la sentencia proferida por el Tribunal Superior de Cartagena el 5 de  julio  de  2006, mediante la cual confirmó la del Juzgado penal del circuito de  Magangué,  que  la condenó como autora del delito de fraude procesal y estafa.   

HECHOS  

Así    fueron    narrados    en    las  instancias:   

          “El   29   de   junio   de   1999,   la   enjuiciada  Rosario  Carmenza  Castro Franco, por medio  de  apoderado judicial impetró ante el juzgado civil del circuito de esta urbe,  demanda   ordinaria   de  prescripción  adquisitiva  de  dominio  del  inmueble  localizado     en     la     carrera     5    B    número    14    –  32  de la Calle Medellín del barrio  Córdoba  de  esta ciudad, contra la Señora Regina Castro de Castro (q.e.p.d.),  demás  herederos  y personas indeterminadas, obteniendo que el día 22 de marzo  de  2000,  el  mencionado juzgado profiriera sentencia declarando la pertenencia  solicitada,  sentencia  que  fue confirmada una vez surtido el grado de consulta  ante  la  Sala  civil  familia del Tribunal Superior de Cartagena, el día 24 de  julio  de  2000.  Se  afirmó  que  la  presentación  de  la  demanda  se  hizo  valiéndose  de artimañas, mentiras y testigos falsos, pues se alegó poseer el  bien  con ánimo de señor y dueño desde hacía mas de 25 años, a sabiendas de  que  a  quien  demandaba  y  figuraba  en  el  respectivo  folio  de  matrícula  inmobiliaria  como  propietaria,  señora Regina Castro de Castro, había muerto  el  27 de noviembre de 1996, en virtud de ser la finada Castro de Castro, esposa  de  su  tío  Eustacio  Castro  Benthan,  de  quienes  había  recibido  el bien  arrendado,    incluso    mucho    antes    que    la    señora    en   mención  falleciera.”   

ACTUACION  PROCESAL   

          Con  base  en  la denuncia formulada a través de apoderado judicial  por  Eustacio  Castro  Benthan,  mediante providencia del 3 de julio de 2001, la  Fiscalía  24  delegada  ante  el  Juzgado penal del circuito de Magangue abrió  investigación    penal    contra    Rosario   Castro  Franco (fs., 51).   

          Después  de  escucharla  en diligencia de indagatoria, la fiscalía  le  resolvió  la  situación  jurídica  el  12 de julio de 2002, imponiéndole  medida   de  aseguramiento  (fs.,  124)  y,  el  20  de  mayo de 2003, luego obtener la prueba necesaria para  calificar,  la  acusó  por  la  posible comisión del delito de fraude procesal  (fs., 209).   

          La  defensa  y  la  parte  civil  apelaron la decisión. La primera,  porque  en  su  criterio  no se estructuraba el delito que le fue imputado, y la  segunda,   porque  se  tipificaba  además  el  delito  de  estafa  (fs., 274).   

          La  Fiscalía delegada ante el Tribunal de Cartagena, al resolver el  recurso  de  apelación  interpuesto,  adicionó  la  acusación  en  el sentido  solicitado  por  la  parte  civil  (cuaderno fiscalía  segunda instancia).   

         

          El  Juzgado  penal  del  circuito de Magangue, mediante la sentencia  del  13  de  abril  de  2005,  condenó a la procesada a la pena principal de 30  meses  de  prisión  como autora de los delitos de fraude procesal y estafa, y a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo  lapso  (fs.,  134 cuaderno  juzgado).   

El Tribunal Superior de Cartagena, mediante  decisión  del  5  de  julio  de  2006,  confirmó la decisión en su integridad  (fs.,       cuaderno       Tribunal).   

DEMANDA     DE  CASACION   

          Después  de indicar la sentencia que demanda, de hacer referencia a  los  antecedentes  del  proceso y detallar las pruebas que considera esenciales,  transcribiéndolas  textualmente,  la  demandante  formula  un  cargo  contra la  sentencia  de segunda instancia con fundamento en el cuerpo segundo de la causal  primera  de  casación  (numeral 1 artículo 207 de la  ley 600 de 2000).   

          Cargo       único.      Violación  indirecta  de  la  ley sustancial por errores de hecho.   

          A  juicio de la demandante, el Tribunal infringió la ley sustancial  al incurrir en errores de apreciación probatoria.   

          En  ese  orden,  señala que la sentencia se apoyó fundamentalmente  en  las  declaraciones  de  José  Castro,  Digna  Fuentes  Nieto, Santiago Rico  García,  Yamile  Morante de Rico, Pedro Pablo Mora Crespo, Iván Romero y Edith  Francina  Castro  Galvis,  y  desestimó  la  versión  de  la  procesada  y  la  declaración del abogado Fabián Arana Zúñiga.   

          El  Tribunal,  dice,  no  apreció  el  testimonio del abogado Arana  Zúñiga,  pese  a  su  innegable importancia para establecer la inocencia de la  sindicada,  dado  que  nadie  mejor  que  él  para conocer la razón de ser del  proceso  de  pertenencia,  de  los motivos para haber dirigido la demanda contra  Rosario  Castro  Franco  y  del respeto impecable que como gestor del proceso le  imprimió al trámite civil.   

          Tampoco    tuvo    en    cuenta    que   la   Señora   Castro  Franco, una mujer sin conocimientos  jurídicos  especializados,  actuó  convencida  como  la  que más –  desde luego siempre asesorada por su  apoderado  -,  de que la posesión que había ejercido sobre el inmueble le daba  el   derecho   para   solicitar   del  juzgado  la  declaración  de  propiedad.   

          Estas  declaraciones  –  la  de  la  procesada  y  de  su abogado -,  desvirtúan  la  posibilidad de que se configuren los delitos de fraude procesal  y  estafa, pues mediante ellas se demuestra que se actuó de acuerdo con la ley,  al  solicitar  la declaración de pertenencia de un bien que la sindicada había  poseído pacífica e interrumpidamente por más de 25 años.   

          De  manera  que  si  se  aprecian las diferentes declaraciones en su  conjunto,  lo  único  que  se obtiene es la prueba de un conflicto familiar que  surge  del  interés  de  la  nieta  del  denunciante, interesada en heredar, en  representación  de  su  padre,  la  casa que le fue adjudicada legítimamente a  Rosario        Castro        Franco.   

          Por  lo tanto, concluye la demandante, la trascendencia del error es  evidente,  pues  sino  se hubiese incurrido en el error de no haberles conferido  crédito   a  las  pruebas  indicadas,  la  solución  habría  sido  diferente.   

          Al   final,  considera  que  no  se  desvirtuó  la  presunción  de  inocencia  de la sindicada y que el remanente de pruebas no permite demostrar la  ocurrencia de una conducta delictual.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Una  de  las  tareas  esenciales  que  se  debe  abordar  en sede de  casación  es la de definir concretamente cuál es la causal y los cargos que se  habrán  de  formular  contra  la  sentencia, y presentarlos en forma coherente,  clara  y precisa, lo cual supone comprender cabalmente el problema jurídico que  se   pretende   plantear   y   los   que   fueron   objeto   de   debate  en  el  proceso.   

         

          En  ese  orden, si bien la demandante se afilia al cuerpo segundo de  la  causal  primera,  al  exponer  la  errónea  apreciación  probatoria en que  habría  incurrido  el  juzgador, no explica, siendo fundamental que lo hiciera,  si  el  Tribunal  incurrió  en errores de hecho o de derecho, y si lo fueron de  raciocinio,  identidad  o  existencia,  o  de legalidad o convicción, según se  trate.   

          En  principio  se  alcanza  a  percibir  medianamente  que lo que la  demandante  pretende  denunciar  es  la  configuración de un error de hecho por  falso  juicio  de existencia por omisión, pues en su sentir el Tribunal habría  dejado  de  considerar el testimonio del abogado Arana Zúñiga y la versión de  la  procesada.  Pero  esa  es una aproximación inicial, porque la recurrente no  logra  explicar  suficientemente  si fue que el Tribunal no apreció esos medios  de prueba o no les confirió credibilidad, lo cual es distinto.   

          Si  lo  que  pretendía  era denunciar un falso juicio de existencia  por omisión, se requería, para imprimirle claridad al cargo,   

          “que  el  demandante indique en qué parte del expediente se ubica  el  medio que extraña, qué objetivamente se establece de él, cuál el mérito  que  le  corresponde  siguiendo  los  postulados de la sana crítica, y cómo su  estimación  conjunta  o  en  relación con el arsenal probatorio que integra la  actuación,  da  lugar  a  variar  las  conclusiones  del  fallo,  y, por tanto,  modificar  de  manera sustancialmente distinta y opuesta la parte resolutiva del  fallo  materia  de  impugnación extraordinaria.” 1   

          Si  esa  era su finalidad, es claro que la demanda no cumple con los  niveles  de  claridad  y coherencia argumentativa que un cargo como el planteado  reclama,  pues  no  se  indicó  el  mérito de la prueba dentro del conjunto de  medios  apreciados  por  el  Tribunal  y  por  esa  razón no destacó porque de  haberse  apreciado,  como  se  dice,  el  fallo  tendría  que  ser  distinto al  ameritado.   

          Estos  niveles  de exigencia no constituyen un requisito simplemente  formal,  sino  sustancial,  que  surge del contenido del artículo 212 de la ley  600  de  2000,  en  la  medida  que  esta  disposición  hace  del  principio de  autosuficiencia  un  presupuesto  necesario  para que la Corte pueda estudiar la  demanda  dentro  del marco del principio de limitación que a la casación le es  inherente como instrumento rogado de impugnación.   

          Mas  evidente  se  hacen esas deficiencias si en cuenta se tiene que  la  demandante  no  logra  explicar  si  es  que  el  Tribunal  no  apreció los  testimonios,  o  si  fue  que  los  apreció  pero  no  les  otorgó el nivel de  credibilidad  que  la  demandante  estima  que ha debido conferírseles. En este  caso,  no  queda  duda,  el cargo no podía ser propuesto en el margen del falso  juicio  de  existencia  por  omisión,  sino en el del falso raciocinio, pues se  trataría    no    de    un   error   objetivo,   sino   de   un   problema   de  argumentación.   

          Con  este  propósito,  resultaba  indispensable  que  la recurrente  tuviera en cuenta que,   

          “su  demostración  impone, tener que confrontar la forma como los  juzgadores  apreciaron  la  prueba  que  se  afirma  indebidamente  valorada,  y  demostrar  -que  no  criticar,  disentir,  o discutir- que sus apreciaciones son  arbitrarias  o irrazonables, y que el desacierto tuvo incidencia trascendente en  el  contenido  o  sentido  del fallo. De no hacerse así, el cargo será inocuo,  porque  la  sentencia  de  segundo  grado  se  encuentra  amparada  de  la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad,  y  por  tanto,  el  análisis  que  los  juzgadores  hayan  hecho  de  los medios de prueba, tendrá prevalencia sobre la  valoración    que    realicen    los    sujetos   procesales.”   2   

          De  modo  que al presentar la demanda como una crítica general a la  sentencia  de  segunda instancia, pero sin sujeción a los requisitos de forma y  fondo  que  impone  el  artículo  212  del código de procedimiento penal, debe  inadmitirse,  como  también porque la Corte no observa garantías fundamentales  que de oficio deba proteger.   

          Por  lo  expuesto,  La  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala de Casación  Penal,   

RESUELVE  

          Inadmitir   la   demanda   de   casación  presentada    a    nombre    de    Rosario    Castro  Franco.   

          Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

ALFREDO GOMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ                ALVARO O PEREZ PINZON    

MARINA        PULIDO        DE  BARON                      JORGE  QUINTERO  MILANES                   

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS                       JULIO SOCHA  SALAMANCA                                       

                    

MAURO            SOLARTE  PORTILLA                        JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria   

             

    

1 Corte  Suprema  de  Justicia,  sentencia  del  27  de  octubre de 2004, radicado 21030.   

2 Corte  Suprema de Justicia, auto del 16 de mayo de 2006, radicado 24652.     

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