26517(30-11-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26517  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

                                   Aprobada Acta N° 139   

Bogotá, D. C., noviembre treinta (30) de dos  mil seis (2006)   

VISTOS  

Define  la Corte la competencia para conocer  del  recurso  de apelación interpuesto contra la decisión de preclusión de la  investigación  dictada  a  favor  de LUDWIN VILLAMIZAR  QUINTERO  por  el  Juzgado  Segundo Penal Municipal de  conocimiento de Bucaramanga.   

ANTECEDENTES  

1.- Con ocasión de petición elevada por la  Fiscalía  orientada  a  obtener  la  preclusión  de  la investigación seguida  contra    LUDWIN   VILLAMIZAR   QUINTERO  por  el  delito  de  lesiones  personales  culposas, según hechos  ocurridos  el  1º  de  marzo  de  2006 donde resultó lesionado el señor Vidal  Antonio  Díaz  Peñuela  por  acción  de  un vehículo automotor conducido por  aquél,  el  Juzgado  Segundo  Penal  Municipal  de  conocimiento de Bucaramanga  realizó  el  pasado  25  de  octubre  la  respectiva audiencia, durante la cual  profirió  la decisión judicial que acogió la petición del ente acusador, por  cuya  virtud el funcionario dispuso consecuencialmente cesar con efectos de cosa  juzgada la persecución penal en contra del indiciado.   

2.-  Como  en  el  acto  de notificación en  estrados  de  la  providencia  mediante la cual se decretó la preclusión de la  investigación  la  víctima interpuso contra la misma el recurso de apelación,  el  a quo ordenó el envío de la actuación a los Juzgados Penales del Circuito  de  conocimiento,  pero  el Décimo de esa categoría, al cual correspondió por  reparto,  mediante  proveído del 31 de octubre se abstuvo de definir la alzada,  por  considerar  que  la  decisión  de  preclusión  reviste  el  carácter  de  sentencia,  según así se desprende de lo establecido en el artículo 334 de la  Ley 906 de 2004.   

En  tal virtud y al amparo de lo previsto en  el  numeral 1º del artículo 34 del mencionado estatuto procesal penal, ordenó  la  remisión  de  la  actuación  a  la  Sala  Penal  del  Tribunal Superior de  Bucaramanga.   

          3.-   Recibida  la  actuación,  la  citada  corporación,  en  Sala  Unitaria,  profirió  el  auto  del  15  de noviembre, por cuyo medio dispuso su  envío  a  la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, no sin antes aludir al  incorrecto  trámite  que  le  imprimió  al  asunto  el  Juez Décimo Penal del  Circuito,  porque  al  manifestar  su  incompetencia  y  radicar  la misma en el  Tribunal  Superior, debió remitirlo directamente a la Corte, de conformidad con  lo  señalado  en  el  numeral  4º  del artículo 32 de la codificación que se  viene citando.   

PARA RESOLVER SE CONSIDERA  

          La  figura de la definición de competencia regulada en el artículo  54  de  la Ley 906 de 2004 se adscribe perfectamente dentro de la filosofía que  inspiró   la   adopción   del   sistema  penal  acusatorio  concebido  en  esa  codificación,  es  decir,  propender  por  la  solución  de  los conflictos de  naturaleza  penal  de manera ágil, célere y expedita, aun cuando, desde luego,  con  total  respeto  de  las  garantías  constitucionales que les asisten a las  partes.   

          En   ese   sentido,   la  norma  ordena  que  una  vez  se  presente  controversia  sobre  temas  de competencia, sin más trámites, se debe disponer  el  envío  de  la  actuación  al  funcionario llamado a dirimirla. Y aunque el  precepto  en cita establece que dicha figura, cuando la discusión la suscita el  Juez,  opera  en los casos en que se ha presentado acusación y, por extensión,  cuando  se  trate  de  lo  previsto  en  el  artículo  286 del Código expedido  mediante  le  Ley  906  de 2004, es decir, con ocasión de la formulación de la  imputación,  la  Sala  ha entendido que la regulación allí contenida también  comprende  “la  fijación del juez que ha de conocer  de  la  preclusión  de  la  investigación  de  que tratan los artículos 331 y  siguientes,  pues  esta  posibilidad  de  darle  término  al proceso compete en  exclusiva   al   juez  de  conocimiento”1.   

          Por  supuesto  que  también debe abarcar, añade ahora la Corte, la  definición  del  juez  llamado  a  resolver la apelación interpuesta contra la  decisión   de  preclusión  de  la  investigación,  porque  se  trata  de  una  providencia  trascendental,  frente  a  la cual resulta perentorio garantizar la  segunda instancia.   

          Bajo   tal  perspectiva,  debe  reconocerse  que  razón  asiste  al  Tribunal  de Bucaramanga cuando criticó la decisión del Juez Décimo Penal del  Circuito  de  esa  misma  ciudad,  al  optar por enviar la actuación al órgano  judicial  que  consideró  competente  para  asumirla, en tanto lo apropiado era  remitirla  a quien corresponde definir la competencia para conocer del mismo, es  decir,  a  la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, como se extracta de lo  establecido en el artículo 32 de la Ley 906 de 2004.   

          Lo  anterior  porque, ciertamente, dentro de las atribuciones que la  referida  disposición  legal  le asigna a la Corte, se encuentra la definición  de  competencia  cuando  se  trate  de aforados constitucionales y legales, o de  Tribunales,  como en este caso, o de Juzgados de diferentes distritos.  Por  tal  razón,  como ya lo señaló la Sala en la providencia arriba citada, es de  su  resorte definir la manifestación de incompetencia proveniente de un Juzgado  cuando  éste  señala  como  competente  a un Tribunal, conforme acontece en el  presente  evento  donde  el  Juzgado  Décimo  Penal del Circuito de Bucaramanga  indicó  que  corresponde  al  Tribunal  Superior  de esa ciudad conocer de este  asunto en sede de segunda instancia.   

          En  tales  condiciones  y por ser de su competencia, la Corte pasa a  definir  qué  autoridad  judicial  es  la  llamada  a  resolver  la  apelación  interpuesta  por  la  víctima  contra la providencia del 25 de octubre de 2006,  mediante  la  cual  se  dictó  preclusión  de  la  investigación  a  favor de  LUDWIN  VILLAMIZAR  QUINTERO.   

          Pues  bien,  el  Juez  Décimo  Penal  del Circuito, para rehusar el  conocimiento  del  asunto  en  segunda  instancia,  sostiene  que  en  cuanto el  artículo    334    de   la   Ley   906   de   2004   denomina   “sentencia”  la  decisión que decreta la  preclusión  de  la  investigación,  es  de  la  incumbencia  del  Tribunal  la  definición de la apelación, norma que es del siguiente tenor:   

          “…Efectos   de   la   decisión   de  preclusión.  En  firme  la  sentencia  que  decreta la preclusión, cesará con  efectos  de  cosa  juzgada la persecución penal en contra del imputado por esos  hechos.  Igualmente,  se revocarán todas las medidas cautelares que se le hayan  impuesto”.   

          Para  la  Sala,  la  disposición  transcrita  en cuanto califica de  “sentencia”   la   decisión  de  preclusión  no  puede  interpretarse  con  sujeción  exclusiva  a  su  tenor literal sino de manera sistemática y tomando  como  eje hermenéutico la propia denominación que el legislador le asignó. Lo  anterior  porque,  como  se verá, la nueva normatividad procesal no implicó un  cambio   frente   a   la  naturaleza  jurídica  que  reviste  dicha  decisión.   

          En  efecto, importa señalar, en primer término, que la regulación  efectuada  tanto  en  la  Ley  600 de 2000 (art. 169) como en la Ley 906 de 2004  (art.  161) acerca de la clase y naturaleza de las providencias que se profieren  en  el  decurso  del  proceso  penal  son  en esencia similares, con las únicas  modificaciones  consistentes en que los autos interlocutorios ahora se denominan  simplemente  “autos”  y  los de sustanciación “órdenes”, denominación  esta  última  que  igual  se  asigna  a las decisiones de la Fiscalía. Pero la  definición  que  el  legislador  asignó  tanto en uno como en el otro estatuto  procesal  a  cada  una  de  esas  providencias,  se  repite,  es sustancialmente  idéntica,  de  suerte que sentencias siguen siendo aquellas que “deciden  sobre  el  objeto  del  proceso,  bien en única, primera o  segunda   instancia,   o   en  virtud  de  la  casación  o  de  la  acción  de  revisión”,  en  tanto  que autos (los de naturaleza  interlocutoria)     continúan     siendo     aquellos    que    “resuelven   algún   incidente   o   aspecto  sustancial”.   

          Frente  a  tales  definiciones y con referencia al estatuto procesal  penal  de  2000,  la  jurisprudencia  de  esta  Corte  siempre  entendió que la  preclusión  de  la  instrucción  (o  la  cesación de procedimiento, según el  estado   del  proceso  en  que  se  emita  la  decisión)  revestía  naturaleza  interlocutoria,  y  de ahí que jamás se haya admitido la interposición contra  decisión   de   esa   naturaleza   del  recurso  de  casación,  en  tanto  ese  extraordinario  medio de impugnación sólo procede contra sentencias de segunda  instancia,  conforme  lo  establece  el  artículo 205, mandato que –dicho  sea  de paso- se mantiene en la  Ley 906 de 2004 (art. 180).   

          Y  como  atrás  se señaló, se carece de razones para concluir que  ese  entendimiento  legal  ha  variado  con  la  expedición  del nuevo estatuto  procesal   penal,  sólo  porque  el  artículo  334  antes  citado  utiliza  la  expresión  “sentencia”.  Si  no  fuera  así,  resultaría  inexplicable,  por ejemplo, que el legislador  hubiese  distinguido  entre  sentencia  y preclusión cuando en el artículo 32,  numeral  2º  de  la  Ley 906 de 2004 atribuye a la Corte Suprema de Justicia el  conocimiento  de  la  acción  de revisión en caso de proferirse alguna de esas  decisiones  por  parte de la propia corporación o de los Tribunales Superiores.  E  igual  acontece  con  los  artículos  33,  numeral  3º y 34, numeral 3º al  radicar  en  los  Tribunales Superiores similar competencia si la sentencia o la  preclusión  es  emitida  por los Jueces Penales del Circuito Especializado, los  Jueces   del   Circuito  o  los  Jueces  Municipales  del  respectivo  distrito.   

          En  ese  mismo  orden de ideas, obsérvese cómo el artículo 192 de  la  misma  Ley  906 de 2004 estructura las causales de procedencia de la acción  de   revisión,   según   se  trate  de  sentencias  condenatorias,  sentencias  absolutorias o decisión de preclusión.   

          Así  las cosas, si la Ley 906 de 2004 frente a la regulación de la  acción  de  revisión  distinguió  entre  sentencia  y  preclusión, es porque  partió  del  presupuesto  que  se trata de providencias que revisten naturaleza  jurídica diversa.   

          Una  reflexión adicional que sustenta la anterior conclusión tiene  que  ver con la disposición contenida en el último inciso del artículo 176 de  la   misma  Ley  906  de  2004,  de  acuerdo  con  el  cual  la  “apelación  procede,  salvo  los  casos  previstos  en este código,  contra  los  autos adoptados durante el desarrollo de  las  audiencias,  y  contra  la sentencia condenatoria o absolutoria”  (se  subraya),  porque  si  no se entendiera que la preclusión  reviste  carácter interlocutorio (o auto en la nueva sistemática procedimental  penal),  esa  determinación  no  sería  susceptible del recurso de apelación,  puesto    que    la    misma    de    ser   considerada   como   “sentencia”  ni  es  ni  condenatoria  ni  tampoco absolutoria.   

          Tal  conclusión,  empero,  no  es  consecuente  con la connotación  trascendental  que  ostenta  la  decisión  de preclusión de la investigación,  aspecto  sobre  el  cual se pronunció recientemente la Sala, en sede de tutela,  donde,  incluso,  expresamente  le  asignó el carácter de auto al que resuelve  acerca   de   la  solicitud  de  preclusión.  En  efecto,  allí  se  precisó:   

“Igualmente  ha de dejarse en claro que el  pronunciamiento  que  en la respectiva audiencia haya de hacer el cognoscente en  uno  u otro sentido, vale decir, negando o decretando la preclusión, tendrá el  carácter  de  auto,  en la medida en que a través de ese pronunciamiento está  resolviendo   un   aspecto   sustancial  de  la  actuación  (art.  161-2);  tan  trascendente  que  puede  -con  efectos  de  cosa  juzgada- extinguir la acción  penal.   

          Ahora,  de cara a la posibilidad de impugnación no vacila el juicio  para  predicar  la  procedencia  de  los  dos  recursos  ordinarios, esto es, la  reposición  (que procede para todas las decisiones, excluida la sentencia) y la  apelación,  porque  esta  la  admiten ‘los    autos    adoptados    durante    el    desarrollo    de   las  audiencias’  (cfr  art.  176)”2.   

          Ahora   bien,   importa   precisar,  finalmente,  que  es  desde  la  perspectiva  de  los  efectos de la decisión de preclusión, en cuanto la misma  reviste  connotación  de cosa juzgada, que se entiende la indebida pero insular  inclusión  de  la  expresión “sentencia”   en   la  redacción  del  artículo  334  de  la  Ley  906  de  2004.           

          Más  aún,  si  se  revisa el contenido material del artículo 177,  fácil  se  advierte  que  allí se encuentra consagrado el efecto en el cual se  concede  la  apelación,  y es así como al referir al suspensivo menciona en su  numeral  2º  el  “auto que  decreta  o  rechaza  la  solicitud  de  preclusión”  (subraya  la  Sala),  norma  que no sólo confirma que la preclusión es un auto  sino que contra él procede el recurso de apelación.   

          Lo  dicho  en  precedencia  constituye razón suficiente para que la  Corte  defina  en  este  caso la competencia para conocer de la apelación de la  decisión  de preclusión, asignándola al Juzgado Décimo Penal del Circuito de  Bucaramanga,  habida cuenta que la de primera fue proferida por un Juzgado Penal  Municipal.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE   

          1.-  DEFINIR  la  competencia   para   adoptar  pronunciamiento  en  segunda  instancia  sobre  la  preclusión     de     fecha     25     de     octubre    de    2006,  asignándola  al  Juzgado Décimo Penal  del  Circuito  de  Bucaramanga, de conformidad con las razones consignadas en la  anterior motivación   

          2.-              DISPONER,  en  consecuencia,  el inmediato  envío de la actuación al citado Juzgado Penal del Circuito.   

          3.-   REMITIR  copia  de  esta decisión a la Sala Penal del Tribunal  Superior de Bucaramanga, para su conocimiento.   

Contra    esta    providencia    no    procede   recurso  alguno.   

CÓPIESE Y CÚMPLASE.  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                              MARINA    PULIDO    DE  BARÓN   

No hay firma  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES               YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                      JAVIER ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Auto  del 30 de mayo de 2006. Radicación 24964.   

2  Sentencia del 21 de marzo de 2006. Radicación 24749.     

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