26464(14-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26464  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

Aprobado acta N° 17  

Bogotá,  D. C., febrero catorce (14) de dos  mil siete (2007)   

VISTOS  

Examina  la Sala los presupuestos lógicos y  de  adecuada  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por el  defensor   de   URIEL  HERNANDO  SÁNCHEZ  RODRÍGUEZ  contra la sentencia proferida el 13 de febrero de 2006  por  el  Tribunal  Superior de Bogotá, confirmatoria de la emitida el 3 de mayo  de  2005  por el Juzgado Tercero Penal del Circuito Especializado de Depuración  de la misma ciudad.   

Fallos por medio de los cuales se condenó al  procesado  a las penas principales y accesoria de veinte (20) años de prisión,  multa  en  cuantía  de  ochocientos  (800)  salarios mínimos legales mensuales  vigentes  e inhabilitación de derechos y funciones públicas por el mismo lapso  de  la  pena  privativa  de  la  libertad, como autor penalmente responsable del  concurso  de  delitos  de  secuestro  simple  agravado  y acceso carnal violento  agravado.   

HECHOS   Y  ACTUACION  PROCESAL   

1.  Los hechos que se declararon probados en  las   instancias,  fueron  reseñados  en  los  fallos  de  primera  y  segunda,  así:   

“… En denuncia  instaurada  por la señora Marlene Méndez Ochoa, ante la Unidad Judicial Quinta  Usme  contra  URIEL  HERNANDO  SÁNCHEZ  OCHOA  (sic),  da cuenta que el sábado cinco (5) de julio de dos mil  tres  (2003), fue interceptada por un hombre crespo, alto y por otro encapuchado  que  tras  advertir  que era la esposa de Jhon, la introdujo en un vehículo con  la  cara  contra  la  silla, ubicándose el primero con la víctima, mientras el  que  portaba  la  capucha  se  ubicó en la silla delantera con el conductor del  rodante,  siendo  conducida  a  un  rancho  de  lata  en  el que fue sexualmente  violentada  por  el crespo, y el encapuchado, mientras le decían que eso tenía  que  agradecérselo  a  su  esposo,  quien  había puesto a estudiar y se había  metido con la esposa del encapuchado.   

Además    de   adelantar   –relatar,  entiende la Sala-  los  vejámenes  a los que fue sometida, advera que los sujetos la  amenazaban  con  enviarla  en  pedacitos  en una caja de cartón o en una bolsa,  refiriendo  el  de la capucha que había realizado una llamada telefónica y que  sería  sacada  en  horas  de la tarde del día lunes, no sin antes introducirle  chorros de agua con una manguera por la vagina.   

Agrega  que  al  ser  sacada del lugar en el  vehículo   luego   de   dos  horas,  el  encapuchado  se  apeó  del  vehículo  informándole  después al crespo que ya había realizado la llamada, dejándola  cerca  al  hospital  de  Meissen  en  el  que  según  los  sujetos ‘está      su     gran     esposito  esperándola’,   centro  hospitalario  en  el  que  al  llegar  recibió ayuda, siéndole comunicado a su  esposo que ella se encontraba allí”.   

2.  Con  fundamento  en  la  denuncia  y las  pruebas  recaudadas  en  sede  de instrucción, a la cual fue vinculado mediante  indagatoria      URIEL     HERNANDO     RODRÍGUEZ  SÁNCHEZ,  con  fecha 28 de abril de 2004 se profirió  resolución  de  acusación  en  su contra como probable autor de los delitos de  secuestro  simple agravado y acceso carnal violento agravado, determinación que  cobró ejecutoria el 13 de mayo de 2004.   

3.  El  juicio se surtió inicialmente en el  Juzgado  Sexto  Penal  del  Circuito Especializado de Bogotá llevándose a cabo  audiencia    preparatoria.   Posteriormente,   en   virtud   de   política   de  descongestión  adoptadas  por  el Consejo Superior de la Judicatura, se dispuso  su  reasignación  al  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Depuración  y luego de llevarse a cabo audiencia de juzgamiento, con fecha 3 de  mayo de 2005 se profirió fallo de primer grado.   

Impugnada  por  la  defensa la sentencia, el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  le  impartió confirmación el 13 de febrero de  2006,  fallos  por  virtud  de  las  cuales  el  procesado  fue  declarado autor  penalmente  responsable  de las conductas punibles por las cuales se le acusó y  le  fueron  impuestas las penas principales y accesoria indicadas en el introito  de esta decisión.   

Contra la sentencia de segunda instancia, el  mismo     sujeto     procesal     interpuso     recurso     extraordinario    de  casación.   

LA  DEMANDA   

          Bajo  la égida de la causal primera de casación, apartado segundo,  el   demandante   formula   dos   cargos  contra  el  fallo  de  segundo  grado,  desarrollados de la siguiente forma:   

A través del cargo  primero,  denuncia que fruto  de  un error de hecho por falso juicio de identidad, el fallador dio por probada  la  certeza  del  hecho,  alterando  el contendido material del dictamen médico  legal  que  en  el  presente  caso  se  practicó a la víctima y de su historia  clínica,  como  quiera  que  asumió  a  partir de esos elementos de juicio que  obraba  prueba  concluyente  en  torno  a  la  existencia de la agresión sexual  investigada,  cuando  esos  medios  de prueba no revelan dicha  hipotética  circunstancia.   

Así,  manifiesta  el  demandante  que en el  dictamen  se  dejó  consignado  que  la  denunciante presentaba “…  excoriaciones  de  cinco  centímetros  múltiples, lineales en  ambas  muñecas,  equimosis leve, reciente en cara exterior del tercio medio del  muslo  izquierdo”,  que no presentaba “…  signos  clínicos  de  embarazo  ni contaminación venérea”.   

Por su parte, en la historia clínica que se  allegó  al  proceso,  expresamente  se  mencionó que al momento del ingreso de  Marlén  Méndez  Ochoa  al  hospital  de Meissen, fue ella quien refirió haber sido abusada sexualmente. No  obstante,  en la revisión médica que seguidamente se le practicó, los galenos  dejaron  las  siguientes anotaciones: “ Cesárea hace  10  años.  Apendicetomía.Huellas  de  rascado  y  excoriaciones  en senos, los  cuales  son  sensibles  al  tacto.  C/P:  Normal.  No equimosis. Abdomen: plano,  blando,  en  hipogastrio  distendido.  Blimberg  negativo.G-U: NO sangrado. T.V.  normal.  Dolor  a  la palpación vesical. No edemas. Excoriaciones en muñecas y  hombros”.   

En tal sentido, considera el defensor que los  juzgadores  de  instancia  dieron  a  las  anteriores  pruebas un alcance que no  tenían,  mediante  la  distorsión  de su contenido, porque de ellas no emanaba  que  la  denunciante hubiera sido violentada sexualmente. A lo sumo contenía el  propio  relato  de  la  víctima  quien  narró a los galenos episodios de abuso  sexual,  hipótesis  que  no  fue respaldada por otro medio probatorio porque al  examen  no presentó sangrado, ni otros signos de violencia de la magnitud de la  narrada por ella.   

Por  ello,  considera  desacertado  que  los  falladores  se  hubieran  apoyado  en  el  reconocimiento  médico y la historia  clínica   para   dar   por   probado  el  acceso  carnal  violento,  criticando  especialmente  que  se  haya hecho referencia en el fallo de segundo grado a que  las  señales  de  violencia que registraba en su muñecas fueran producto de la  fuerza  que  se  le  imprimió  cuando  era  abusada, porque de ninguno de tales  elementos  de  juicio  puede  inferirse  esa  conclusión,  como  lo  afirma  el  Tribunal,  en  tanto “… no existe evidencia directa  de  tal  penetración,  como  tampoco  hay  huellas  de  la introducción de una  manguera  por  su  vagina,  además,  téngase  en  cuenta que el examen médico  realizado  en  el hospital Meissen, corresponde al día en que supuestamente fue  liberada por sus captores”.   

Sobre  la trascendencia del yerro, afirma el  libelista  que  de  no  ser  por  la  distorsión de los medios de prueba atrás  reseñados,  se  habría  reconocido  que  no obraba medio de prueba directo que  demostrara  la  ocurrencia  de los hechos, contando los falladores solamente con  los  testimonios  de  la víctima y de su esposo, pruebas que debían apreciarse  “…  con  la  aprehensión  propia  de  testimonios  provenientes de deponentes que tienen un interés directo”.   

Así  mismo, señala el actor que de haberse  reconocido  la  ausencia  de  prueba  directa,  se habría dado crédito a otros  testimonios  arrimados  al  proceso,  según los cuales la víctima pernoctó en  casa  de  Daysi  Fandiño por  los  días en que se dijo fue secuestrada, como que el móvil que pudo inducirla  a   formular  denuncia  falsa  contra  URIEL  HERNANDO  SÁNCHEZ,  fue  su  deseo  de  darle una lección a su  marido    que    al   parecer   sostenía   relaciones   con   la   esposa   del  procesado.   

Por  ello,  considera  el  demandante que el  yerro  que  se plantea en este primer cargo, rompe la presunción de legalidad y  acierto  del  fallo  impugnado,  por lo que solicita a la Sala casarlo, a fin de  proferir   sentencia   sustitutiva   de   carácter   absolutorio  a  favor  del  procesado.   

De   otra   parte,   en   el  segundo  cargo el  demandante  denuncia un error de hecho por falso raciocinio originado en que los  falladores  dieron  a  los  medios  de prueba “… un  valor  que  no les corresponde conforme al sistema de la sana crítica por falso  juicio de convicción”.   

Con esta orientación, el demandante señala  que   los   falladores   desatendieron   máximas  de  la  experiencia,  con  la  consecuencia   de   aplicar  indebidamente  el  artículo  238  del  Código  de  Procedimiento   Penal   y  dejar  de  aplicar  del  inciso  2  del  artículo  7  ejusdem,  consagratorio  del  principio rector del in dubio pro reo.   

Para  desarrollar  el  ataque,  menciona  el  libelista  que  objetivamente  el  yerro  recae  sobre  la  valoración  de  los  testimonios    de   Carlos   Jairzinho   y   Daysi  Fandiño  Ochoa,  hermanos   medios  de  la  víctima,  quienes  indicaron  de  manera  concluyente  sobre  la  mendacidad de la denuncia, movida por deseos de venganza  para   con   su   esposo   Jhon   Pablo  que  por  la  época de los acontecimientos salía con la esposa del  procesado,  testimonios  que  fueron  desechados  por  el  fallador  pese  a que  “…  resulta  improbable  que  dos personas que son  consanguineas  con  la  denunciante, hayan acordado perjudicarla compareciendo a  declarar  fraudulentamente,  únicamente  por  el prurito de causarle perjuicio.  Absurda  deducción  de los juzgadores, cuando lo que emerge del contexto de los  medios  de probatorios aludidos es el deseo de denunciar tan arbitraria e ilegal  maquinación  que  ha  afrentado y destrozado a un ser humano inocente y ajeno a  unos hechos que no tuvieron ocurrencia”.   

Igualmente,  el  actor  menciona  que  los  falladores  desconocieron  reglas  del  sentido común que incontrovertiblemente  señala  que las personas normalmente no evocan con precisión una fecha exacta,  motivo   que   llevó   al   juzgador   a   restar   mérito  suasorio  a  estas  testificaciones.    

Con fundamento en los anteriores argumentos,  el   actor   menciona  quebrantadas  las  reglas  de  la  sana  crítica  en  la  apreciación    de    los    testimonios    correspondientes    a   Carlos    Jairzinho    y    Daysi  Fandiño  Ochoa los cuales, agrega,  de  haber  sido  atendidos en su real valor demostrativo habrían conducido a la  absolución  del procesado, motivo por el cual solicita casar el fallo recurrido  para absolver al procesado.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

Señala el artículo 212, numeral tercero del  estatuto   procesal   penal   que  la  demanda  de  casación  deberá  contener  “…la  anunciación  de la causal y la formulación  del  cargo,  indicando en forma clara y precisa sus fundamentos y las normas que  el  demandante  estime  infringidas”,  exigencia que  guarda  intima  relación  con  el  carácter  rogado  que ostenta este medio de  impugnación  extraordinario,  en  cuya  virtud no es posible que la Corte llene  los  vacíos  argumentativos que el libelo introductoria del recurso ofrezca, ni  que  reencause  o  complemente  la  censura  hacia  donde realmente corresponda,  excepción  hecha  de los eventos en que se impone su  intervención   oficiosa   en  procura  de  amparo  a  garantías  fundamentales  conculcadas en el trámite o con los fallos.   

En  el  caso que concita la atención de la  Sala,     ab    initio  advierte    la    Sala  insalvables   falencias   lógicas  en  el  desarrollo  de  los  dos  cargos  propuestos  contra  el fallo de  segundo  grado, que        contribuyen  a que tales  censuras     se     ofrezcan     incompletas     e  indemostradas  y,  en  tal  medida,  sin aptitud para  abrir paso a este extraordinario recurso.   

En  este  orden  de  ideas, en cuanto hace a  las    razones    que  sirven  de  fundamento  al  cargo  primero    de    la   demanda,   baste   mencionar   que   son    los  propios  apartes del fallo  impugnado  que el libelista  destaca  con la pretensión  de  enseñar  la  forma  en  que  acaeció  el  error  por   falso   juicio  de  identidad  que denuncia, los  que  permiten  advertir la  inexistencia   de  una  propuesta  dotada  de  material  contenido  que  permita  vislumbrar   ese   tipo   de  yerro,  o  de   alguno  otro  demandable  en  esta  sede.   

Así   se   advierte   del  cotejo  entre  el contenido material de las pruebas que el  demandante  denuncia  tergiversadas y  los  apartes del fallo que se trascriben con el fin de  poner  de  presente  a la Sala ese error, en  tanto que ese ejercicio no dejan duda  sobre  la plena coincidencia  entre  unas y otro. En dicho  sentido,    el   texto   del   fallo   que  el  demandante  trascribe es del siguiente tenor:   

“…  de  las  anteriores   pericias   médicas,   el   despacho   concluye   que  ninguna  duda  existe respecto del ingreso de Marlene Méndez Ochoa  al  hospital  de  Meissen,  el  siete  de  julio de 2003, fecha en que según la  denunciante  la  dejaron  en  libertad  sus  captores,  como  tampoco  de  los traumas físicos que le fueron  procurados  durante su cautiverio, los que corresponden  a  la  fuerza  que  le fue imprimada (sic) para  sujetarla  mientras  la  accedían carnalmente, o cuando se le  introducía  vía  vaginal  la  manguera a la que alude la víctima, o cuando se  sometía  a  tocamientos  sus senos, sin que el hechos  (sic)  de no haberse hallado  por  los  médicos tratantes o por el forense en epicrisis practicada más de un  año  después  de sus acontecimientos, evidencia de desgarro genital ni rectal,  como  tampoco  sangrado,  resultó  suficiente  para  demeritar los dichos de la  quejosa”.   

Siendo  lo  anterior  así,  nítido   se   ofrece   que   en   el   contexto  del  fallo       impugnado,    la   prueba   con   fundamento   en   la   cual   se   declaró  demostrada     la     ocurrencia     del  delito  contra  la libertad sexual no  fue  otra  que  la  declaración  de la víctima, como  también  que  el  aporte de  la  historia  clínica  y  del reconocimiento médico  legal     citados     textualmente    por     el     actor,    coinciden  plenamente  con  lo que de ellos extrajo el Tribunal,     esto     es,     que    a    través    de             la  primera   prueba  se  demostraba que la víctima  ingresó  a  un  centro  asistencial  en  la  fecha  en la que narró haber sido  liberada   por   sus   captores,   como  que  las  huellas  de  violencia que  presentó    para    ese    momento   eran  compatibles con los vejámenes de  que  dijo  había  sido  víctima y que pese a que  el   segundo   medio   de   prueba  no  revelaba          sangrado  u  otros  signos  que  evidenciaran  el  acceso  carnal  denunciado,  ello  no demeritaba el valor probatorio  del testimonio de la víctima.   

De  manera  que,  no se alberga duda sobre  cómo  el  actor  al  formular  el  reproche  dejó  de  lado el contenido de la  sentencia  impugnada,  emprendiendo  su  ataque  bajo  supuestos que el fallo no  exhibe,  circunstancia  que  hace  explicable  la  razón  por  la cual el yerro  denunciando  sólo  es abordado por el casacionista bajo premisas indemostradas,  que  de  paso  dejan  en  evidencia  su intención subyacente, relativa a que se  otorgue  validez  a una tesis que expuso sin éxito en las instancias, según la  cual  sólo mediante prueba medico legal que  hubiera  confirmado  la existencia  de  penetración por vía vaginal o anal,    habría    podido    darse    por    demostrado   que    la   víctima   fue   accedida  carnalmente.   

En tal sentido,  olvidó  el casacionista que de acuerdo con la  naturaleza  del  sistema  probatorio  que  rige  en  nuestro medio “…  Los  elementos  constitutivos del  hecho  punible,  la  responsabilidad  del imputado y la naturaleza y cuantía de  los  perjuicios, podrán demostrarse con cualquier medio probatorio, a menos que  la   ley   exija   prueba   especial   y   respetando   siempre   los   derechos  fundamentales”   -artículo   237,   Ley   600   de  2000-,  de  forma  que el  dictamen  que  hecha  de  menos  no se constituye en  razón   suficiente   para   alegar   la   existencia  de  un  error   capaz   de   desquiciar   la   lógica   del  fallo.   

Por su parte, el desarrollo del segundo  cargo,  no corre  con mejor  suerte  que el anterior, si en cuenta se tiene que el demandante es enfático en  atribuir  a  los  falladores un error de hecho por falso raciocinio y, aunque en  principio  señala  los  medios de prueba sobre los cuales considera recayó ese  yerro,  en  su propósito de concretar la forma en que éste se verificó, eleva  a  la  categoría  de  máximas  de  la experiencia común algunas apreciaciones  personales  que  no  ostentan  tal categoría, con lo cual, todo el subsiguiente  desarrollo  del  cargo  resulta  meramente  especulativo,  fruto  de  su parecer  personal  sobre el mayor valor que debió otorgarse a unos medios de prueba y el  que debió restarse a otros.   

En  efecto,  como  ha  tenido  ocasión  de  precisarlo  la  Sala  -Cfr.  sentencia  de  casación,  radicado  19888,  septiembre  18 de 2006-, las máximas  de  la  experiencia se configuran a través de la observación e identificación  de  un  proceder  generalizado y repetitivo frente a circunstancias similares en  un  determinado  contexto, motivo por el cual suelen formularse con pretensiones  de  universalidad,  salvo  que  surjan  condiciones  especiales con capacidad de  introducir  cambios  en  sus  variables desencadenando respuestas diversas a las  normalmente esperadas y predecibles.   

          Así  las  cosas,  las  reglas  de  la  experiencia  corresponden al  postulado  “siempre o casi siempre que se presenta A,  entonces,  sucede  B”,  motivo  por el cual permiten  efectuar  pronósticos  y  diagnósticos.  Los primeros, referidos a predecir el  acontecer   que   sobrevendrá   a   la  ocurrencia  de  una  causa  específica  -prospección-   y   los  segundos,   predicables   de  la  posibilidad  de  establecer  a  partir  de  la  observación   de   un   suceso   final   su   causa   eficiente   -retrospección-.   

          En  oposición,  es claro que el primer postulados a partir del cual  el  demandante  denuncia  el  desconocimiento de las reglas de la sana crítica,  referido  a  que  por  regla  general  las  personas no rinden declaraciones que  puedan  agraviar  a  sus  congéneres, no ostenta la categoría de máxima de la  experiencia,  como  parece  entenderlo el casacionista, en cuanto se trata de un  pronóstico  que  admite  diversas  variables  dependiendo  en  cada caso de las  relaciones  interpersonales  existentes entre el declarante y su pariente y, por  ende,   sin   posibilidad  de  predicarse  con  pretensiones  de  universalidad.   

Igual sucede con la segunda premisa que eleva  como  máxima  de  experiencia  desconocida  en  el  fallo, referida a que en el  proceso  de evocación de un evento específico lo regular es que no se recuerde  la  fecha  o  la  época  en  que acaeció, conclusión que lejos está de poder  predicarse  como regla universal que se presenta en los procesos de la memoria o  del  recuerdo, pues tal hipótesis está condicionada a múltiples contingencias  sujetas,   en   cada   caso   concreto,   a   las   condiciones  personales  del  testigo.   

        Y,  como  es  apenas natural, ante la imposibilidad de  que  en  el cargo se concreten las máximas de experiencia o los  postulados   lógicos  supuestamente  desconocidos  por  los  falladores  en  la  apreciación  de  los  dos  testimonios  a  los  que  se  refiere el demandante,  tampoco logra  demostrar de manera clara y precisa  la   forma   en   que   se   verificó   el   error  denunciado,   ni   su  trascendencia,   esto   es,   cómo   de   haberse  sido                   apreciados  los  testimonios a              los             cuales  hace alusión en el cargo, los  restantes   medios   de  convicción  serían  insuficientes  para  soportar  la  decisión  adoptada  en  el  fallo,  haciendo  variar su sentido en favor de los  intereses del procesado.   

        Así,  pues, como la demanda acusa las graves falencias que se han  precisado,  que  no pueden en modo alguno ser subsanadas por la Corte, pues ello  lo  impide  el  principio  de  limitación  que  rige el trámite casacional, se  impone  de  plano su inadmisión, de conformidad con lo  establecido  en  el artículo 213 de la Ley 600 de 2000, sin que, por lo demás,  se   advierta   en  la  actuación  o  en  el  fallo  reprochado,  violación de derechos o garantías del procesado que impusieran el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa  que  sobre  el  particular le confiere el  legislador  a  la  Sala,  con  el  fin  de procurar su  protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR  la  demanda de casación    interpuesta    por    el   defensor   de   URIEL  HERNANDO  SÁNCHEZ  RODRÍGUEZ, por  las razones expuestas en la anterior motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra esta decisión no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ            ALFREDO  GÓMEZ QUINTERO   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN            MARINA  PULIDO DE BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES             YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                     JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria    

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