26451(14-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26451  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 017  

Bogotá,  D. C., catorce (14) de febrero de  dos mil siete (2007).   

V   I   S   T   O  S   

Resuelve  la  Corte  la admisibilidad de la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   MELBA          INÉS          ROMERO          MARTÍNEZ.   

A  N  T E C E D E N T E  S   

1.  Los hechos fueron sintetizados por  el juzgador de segunda instancia de la siguiente manera:   

“MELBA  INÉS  ROMERO  MARTÍNEZ nombrada por acta 007 de 1986 de la  Junta  Directiva, como auxiliar de servicios del ancianato Juan XXIII de Garagoa  (Boyacá),  el  cual  fue  creado  mediante  Acuerdo  N°  9 de 1963 del Consejo  Municipal,   con  el  objeto  de  prestar  asistencia  social,  alimentación  y  alojamiento  a  las  personas  de  la  tercera  edad  con dineros del municipio,  departamento  y  los  aportes  de  sus  miembros,  fue  trasladada  al  cargo de  secretaria  en  el  año  de  1989  y  designada  posteriormente  como Asistente  Administrativo  según consta en Resolución 003 del 8 de febrero de 1991, cargo  que  impone  captar  y  administrar los recursos que ingresan al ancianato y que  desarrolló  hasta  el  1°  de  junio de 2001 cuando se le aceptó su renuncia,  período  durante  el  cual  defraudó  a  la  entidad  en razón de su función  administradora,  evidenciándose  malos  manejos  de  los  dineros ingresados al  ancianato  con  una  doble  contabilidad,  habiéndose  reconocido  por la misma  funcionaria    la   apropiación   en   suma   de   ocho   millones   de   pesos  ($8.000.000°°)”.   

2.  Adelantada la investigación y con  base  en  la solicitud elevada por la procesada y coadyuvada por su defensor, el  5  de  diciembre  de 2001 se llevó a cabo diligencia de formulación de cargos,  dentro    de    la    cual   Melba   Inés   Romero  Martínez  aceptó,  de  manera  libre,  voluntaria y  debidamente  asistida, los cargos que por el concurso de delitos de peculado por  apropiación  (art.  133 del Decreto 100 de 1980, modificado por el artículo 19  de  la  Ley  190  de  1995)  le  imputó  la  Fiscalía Veintisiete Seccional de  Garagoa.   

3.   El  Juzgado Penal del Circuito de  Garagoa,  mediante sentencia anticipada fechada el 17 de enero de 2002, condenó  a    Melba   Inés   Romero   Martínez  a  las  penas  principales  de  20  meses  1  día  de  prisión,  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas por un lapso igual a la pena  privativa  de  la libertad y multa equivalente a $8.000.000°°, como autora del  concurso de delitos de peculado por apropiación.   

Del mismo modo, en el numeral segundo de la  parte  resolutiva,  decidió  que  “No  hay lugar a  condena  en  perjuicios  materiales  y  morales  por  las  razones dadas en este  fallo”.  Finalmente  le  concedió  la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena.   

3.   Apelado el fallo por el apoderado  de  la  parte  civil,  quien  se  mostró  inconforme  por la decisión adoptada  respecto  de  los perjuicios reclamados, el Tribunal Superior de Tunja, el 30 de  junio  de  2006,  revocó  el  numeral  segundo de la parte resolutiva del fallo  impugnado   y,   en   su   lugar,   condenó   a  la  procesada  “al  pago  de  daños materiales a favor del ANCIANATO JUAN XXIII DE  GARAGOA,  en suma de ocho millones de pesos ($8.000.000,°°) mas la indexación  y  el  interés  legal del seis por ciento (6%)”. En  lo demás lo confirmó.   

5.  Contra  el  fallo  de  segundo grado el  defensor  de  la  procesada  interpuso  y sustentó el recurso extraordinario de  casación.   

  LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

El   defensor   de  la   procesada,    invocando    las   causales   primera   y  tercera      de      casación      y     mostrándose   inconforme    con    el    tema    de   la  condena  en  perjuicios,   presenta  tres  cargos  contra  el  fallo  de  segunda  instancia,  así:   

Primer cargo  

El  censor  acusa  al  juzgador  de  haber  violado,  de  manera  directa,  la  ley  sustancial,  toda vez que no aplicó el  inciso  tercero  del  artículo  97  del  Código  Penal,  el  cual  transcribe,  olvidando  que  ninguno  de  los  sujetos  procesales mencionó la existencia de  daño   alguno,   además   de   que   no   se   demostró  que  “alguna  persona hubiera sufrido daños materiales como consecuencia  directa   o  indirecta  de  la  conducta  punible  que  realizó  y  aceptó  mi  defendida”.   

Luego  de  señalar  los conceptos de daño  emergente  y  lucro  cesante,  sostiene  que en el presente caso el ancianato de  Garagoa  no  tuvo  la necesidad de hacer ningún tipo de gastos por razón de la  defraudación,  motivo por el cual el juzgado de primera instancia se abstuvo de  condenar  al  pago  de  perjuicios,  siendo  clara  la  ausencia  de  prueba  al  respecto.   

Considera  que  el  Tribunal, al revocar la  decisión  del  a  quo,  acudió  a  suposiciones  y  a hechos no probados en el  proceso  que lo llevaron a inaplicar el citado artículo 97, sin dejar pasar por  alto  que  “confundió el valor de lo apropiado con  el daño material”.   

Por consiguiente, como en este asunto no se  demostró  la  existencia  de  ningún  perjuicio,  solicita a la Corte casar el  fallo impugnado.   

Segundo cargo  

Afirma  el  libelista  que  el  juzgador de  segundo  grado  incurrió  en  violación  directa de los artículos 94 y 96 del  Código  Penal  y  1316  del  Código  Civil,  disposiciones  sobre  las  cuales  “trata  de  soportar  una presunción probatoria de  los  perjuicios,  dándole  a  las  dos  primeras  un  alcance que no tiene y la  tercera  nada  tiene  que ver con el tema debatido, es decir,  ‘la    prueba    de    los    daños  materiales’”.   

Después  de  transcribir  un  aparte de la  sentencia   atacada,   sostiene   que   ninguna   de   las   normas  mencionadas  “dice  que  el  daño material es la disminución o  privación  de  orden  económico que resulta de la lesión de bienes jurídicos  tangibles”,        como       “tampoco  tales  disposiciones define lo que es el daño emergente y  el  lucro cesante, como lo entiende el juzgador de segunda instancia”,  siendo  evidente  que  dichas  preceptivas  no  eximen  de la  obligación de demostrar aquellos aspectos.   

Agrega  que la sentencia impugnada citó el  artículo  11 del Código Penal para justificar la condena al pago de perjuicios  sin  que existiera la prueba exigida para tal efecto, limitándose el juzgador a  atribuirle    a    la    procesada    “un   daño  potencial”,    olvidando    que   “aquí  no  se  trata de un delito de peligro que es el que encierra  un  daño  potencial y de su enunciado no puede jamás deducirse lógicamente la  prueba  de  los  daños  materiales  como  lo  exige  el  artículo  97  del  C.  P.”.   

Por  lo  tanto,  dice  que  como  resulta  ostensible  el  quebranto  de  las  citadas  normas  sustanciales,  se  ve el la  obligación  de  solicitarle  a  la  Corte “casar la  sentencia         y        proferir        la        correspondiente”.   

Tercer cargo  

Invoca  el  actor  la  causal  tercera  de  casación,  “pues  con las falsas premisas de haber  encontrado  la  plena  prueba  para  condenar a la procesada al pago de daños o  perjuicios  materiales  se  está  afectando el principio fundamental del debido  proceso  y  el derecho de defensa, pues en los cargos formulados no se mencionó  la  causación  de  daños y perjuicios materiales por daño emergente y/o lucro  cesante  y  no  estando  probados  tales  daños  o perjuicios por los cuales se  condenó  a la procesada, es nula la sentencia  porque afecta la estructura  del debido proceso”.   

Asegura  que  el  juzgador  de primer grado  realizó  un  juicioso  análisis  de  la prueba que le permitió concluir en la  “total    ausencia   probatoria   de   daños   y  perjuicios”, mientras que el Tribunal confundió la  cuantía  de  lo  apropiado con el perjuicio material causado, omitiendo aplicar  el  artículo  97 del Código penal, “porque en todo  el  proceso  no  aparecen  siquiera  mencionados  o  enunciados  los  perjuicios  causados,  porque  no existieron”, máxime cuando el  ancianato  de Garagoa nunca dejó de funcionar ni de atender a sus usuarios como  consecuencia    del    delito    por    el    cual    fue   condenada    su  poderdante.   

Luego de referirse a unas jurisprudencias de  esta  Corporación que tratan el tema de los perjuicios, concluye solicitándole  a  la  Corte  decrete  la  nulidad por violación al debido proceso.     

   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

Teniendo  en  cuenta los cargos formulados,  los  cuales  únicamente  se  refieren, según el actor, a la ausencia de prueba  que  sustente  la  condena en perjuicios en contra de su procurada, encuentra la  Sala  que  al  recurrente no le asiste interés jurídico para demandar el fallo  del Tribunal, por las siguientes razones:   

Según    el    artículo   208   del  Código  de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de 2000), norma aplicable a este caso, cuando la casación tiene por objeto  únicamente  lo relacionado con la indemnización de perjuicios decretados en la  sentencia  condenatoria,  el  libelista debe tener en cuenta como fundamento las  causales  y  la  cuantía  establecidas  en  las normas que regulan la casación  civil.   

Observa la Corte que el demandante no sólo  omitió  tener  en  cuenta  las  causales  establecidas en las disposiciones que  regulan  la  casación  civil,  pues  el  reparo  lo  presentó a través de las  causales  primera  y  tercera  del  artículo  207  del Código de Procedimiento  Penal,      sino      que      también      inobservó      la     cuantía fijada por el artículo 366 del  Código  de  Procedimiento  Civil, modificado por el artículo 1° de la Ley 592  de  2000,  esto  es,  la  equivalente  a cuatrocientos  veinticinco  (425) salarios mínimos legales mensuales  vigentes  que  para  la  fecha  de  la sentencia impugnada (30 de junio de 2006)  ascendía  a $ 173.400.000,oo, si se tiene en cuenta que el salario mínimo para  este  año fue fijado en $408.000,oo, según el Decreto 4686 del 21 de diciembre  de 2005.   

De  otro  lado,  como  lo  ha  precisado la  jurisprudencia  de  la Sala, “conviene anotar que la  Corte  Suprema  de  Justicia,  tanto  en  su  Sala de Casación Civil como en la  Penal,  han sostenido que la cuantía del interés para recurrir en casación se  determina  para  la  fecha  del  fallo de segunda instancia, que es la decisión  objeto  de  la  impugnación  extraordinaria, en tanto que allí se decide si se  impone  la  afectación  patrimonial  cuya  cuantía  habrá  de  determinar  la  viabilidad jurídica de censurar el fallo en este puntual aspecto.   

“El valor de la  resolución  desfavorable  al  recurrente puede surgir de la diferencia entre lo  pedido  por  el  demandante y lo negado por el juez, ora entre las sumas fijadas  en  las sentencias de primera y segunda instancia, y esa diferencia es la que se  ha  de  confrontar  con  la cuantía fijada por la ley al momento de dictarse el  fallo    impugnado”.1   

Así,  entonces, teniendo en cuenta que  a  la  procesada  se  le condenó “al pago de daños  materiales  a  favor  del  ANCIANATO  JUAN  XXIII  DE  GARAGOA,  en suma de ocho  millones  de  pesos ($8.000.000,°°) más el interés legal del seis por ciento  (6%)  y  la  indexación”,  significa  que, una vez  realizadas  las operaciones matemáticas correspondientes, esto es, el valor del  capital  de $8.000.000°° (suma apropiada ilícitamente) a la tasa del interés  legal  del  6% anual más la indexación con el IPC del DANE, arroja un total de  $12.943.371,14  (capital  + intereses + indexación), resultando obvio que dicha  cifra  es muy inferior a los 425 salarios mínimos mensuales legales vigentes ($  173.400.000,oo),  que  es la cuantía para impugnar en casación para el momento  de dictarse el fallo atacado (30 de junio de 2006).   

En  consecuencia, la procesada Melba  Inés  Romero  Martínez carece de  interés  jurídico  para  interponer el recurso extraordinario de casación por  el  tema  del  pago  de  perjuicios decretados en la sentencia y cuya exclusión  pretende, motivo por el cual la demanda se inadmitirá.   

Finalmente,  cabe  señalar  que el estudio  detenido  del  expediente permite a la Sala concluir que no procede la casación  oficiosa  por  cuanto no se percibe ninguna causal de nulidad ni vulneración de  derechos fundamentales.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de  MELBA     INÉS    ROMERO    MARTÍNEZ.  En  consecuencia,  se declara desierto el recurso extraordinario  de casación interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                          ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                              MARINA    PULIDO    DE  BARÓN           

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS           

JULIO  ENRIQUE  SALAMANCA SOCHA                        JAVIER ZAPATA ORTIZ                                                               

TERESA RUIZ NUÑEZ  

                                                                    Secretaria   

    

1  Casación 23190 del 23 de agosto de 2005.     

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