26449(13-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  26449   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                               DR.    SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ   

                            Aprobado Acta Nº 16   

          Bogotá,  D.  C.,  trece de febrero de  dos mil siete.   

VISTOS  

Para  establecer  si  reúne las exigencias y  condicionamientos  previstos  en los artículos 205 y 212 de la Ley 600 de 2000,  la  Corte  examina  la  demanda  de  casación  presentada  por  la defensora de  LUZ  MARINA  PINTO  GUALDRÓN  contra  la  sentencia  de  segundo grado proferida el 24 de abril de 2006 por el  Tribunal  Superior  del  Archipiélago  de  San  Andrés,  Providencia  y  Santa  Catalina  en Descongestión, confirmatoria de la condena de 20 meses de prisión  que  en  fallo  del  2  de  febrero de 2004 el Juzgado 4º Penal del Circuito de  Bucaramanga  le  impuso a la citada procesada al hallarla incursa, en calidad de  coautora,  en los delitos de falsedad en documento privado y fraude procesal, en  concurso.   

HECHOS  

Aristóbulo García Jerez denunció el 10 de  enero  de  2001  ante  la  Fiscalía,  que el 19 de octubre de 2000 LUIS  ANTONIO  HERNÁNDEZ  PINTO de manera  subrepticia  se  apoderó  del   cheque N° 728198 de Bancolombia, que  suscrito  en  blanco  por  su  propietario  en  el interior de la guantera de la  motocicleta  en  que  transitaba  en compañía de Joao  Alexis   García,  hijo  del  denunciante,  se  hallaba.  Llenados  los  espacios en  blanco   del   título   valor,   LUZ   MARINA  PINTO  GUALDRÓN  intentó  cobrarlo, empero ante la orden de  no  pago,  instauró  acción ejecutiva, para lo cual adujo la existencia de una  actividad  comercial  entre  ella  y el denunciante, proceso del que conoció al  Juzgado  8°  Civil  Municipal  de Bucaramanga. García  Jerez  se opuso judicialmente a las pretensiones de la  demandante.    

LA  DEMANDA   

         

Dos cargos postula el censor en su libelo, el  primero  como  principal con fundamento en la causal tercera por haberse dictado  el  fallo  recurrido en juicio viciado de nulidad, y el segundo como subsidiario  al  amparo  de  la causal primera, por violación indirecta de la ley sustancial  por errores de apreciación probatoria.   

     

Primer        cargo.   

Este  reparo tiene por sustento la causal de  nulidad  establecida  en  el  Art.  306-2 y 3 del C. de P. Penal, por estimar el  censor  que  en  el  decurso  de  la  actuación se incurrió en irregularidades  sustanciales  violatorias  del  debido  proceso  y  del  derecho  a  la defensa.   

El  vicio denunciado se hace consistir en la  defectuosa  valoración  que  de  las  pruebas hizo el juzgador, en cuanto no le  asignó   el   mérito  persuasivo  a  cada  uno  de  los  elementos  de  juicio  incorporados  a  la  actuación.  Por  tal  razón,  asegura, el fallo carece de  validez   jurídica.   Acusa   a   la   Policía  Nacional  de  haber  procedido  arbitrariamente  contra  su defendida y a la Fiscalía Seccional por negligente,  al  punto  de  comprometer  sus  derechos  fundamentales reconocidos por nuestra  Carta  Política  en  su Art. 29, y los tratados internacionales ratificados por  Colombia  que  prevalecen en el orden interno de conformidad con lo estatuido en  el        Art.        93       ibidem.   

La trascendencia de la nulidad invocada tiene  que  ver  con  la  inobservancia  del debido proceso y el derecho de defensa, lo  cual  se  refleja  en  la  condena de 20 meses de prisión que se le impuso a su  asistida,  situación  que a su vez condujo al desconocimiento ostensible de sus  garantías  judiciales con detrimento de los principios de legalidad y seguridad  jurídica,    derechos    intangibles   para   el   ciudadano   en   un   Estado  Liberal.   

Casar  la sentencia impugnada para que en su  lugar  se  decrete  la nulidad de la actuación a partir de la indagatoria de la  procesada,  y  se  ordene  su  devolución a la Fiscalía para que se reponga la  misma, es la pretensión del actor.   

Segundo       cargo.   

Violación indirecta de la ley sustancial por  haber  incurrido el juzgador en error de hecho por falso juicio de identidad, es  el  fundamento de este reproche, yerro que conllevó a que se dejaran de aplicar  los  Arts. 7º y 232 del C. Penal, en cuanto no se reconoció la duda que campea  en el proceso.   

La sentencia gira en derredor de indicios no  probados,  aduce  el  demandante  en desarrollo de la censura. En contravía del  método  racional  que  impera  en nuestro sistema de evaluación probatoria, el  juzgador  jamás  enfrentó  los  declarantes  uno  contra  otros.  De  ahí  el  equivocado  análisis  que  se  hizo  de  los medios que obran en la actuación,  pues,  contrariamente  a  lo  establecido  en  nuestro  ordenamiento, en el  presente  asunto se partió de la presunción de culpabilidad de la enjuiciada y  no de la presunción de su inocencia como debió hacerse.   

Los  argumentos que el Tribunal esgrime para  sustentar  su  pronunciamiento  de  condena,  carecen  de solidez requerida para  sostener  un fallo de esa naturaleza, es el parecer de la libelista, como quiera  que  la  prueba  en que se soporta el mismo “no es lo  suficientemente  necesaria para llevar al enjuiciador a tener la respuesta sobre  la   responsabilidad   de   quien   soporta   tan  injusta  condena.” Y, agrega:   

“El testimonio al  que  se  dio  demasiado  valor,  es un testimonio de oídas que no prueba lo que  dice,   y   los   indicios   tampoco   tienen  esa  fuerza  probatoria,  algunos  indudablemente  ni siquiera tienen razón de ser dentro del proceso.”   

Tras  realizar  su propia estimación de las  pruebas,  critica  al Tribunal por haber amparado con el beneficio de la duda al  coprocesado  Luis Antonio Hernández Pinto,  en tanto que a su asistida se lo negó al creerle “a  medias”  sus exculpaciones, sin parar  mientes  en  que  el  principio  de  presunción  de  inocencia  es el postulado  superior  que  impera  en las investigaciones penales. Así, el yerro denunciado  por  cuyo  medio  se  distorsionó la prueba conllevó a que no se resolviera la  duda  a  favor de la procesada, es decir, su culpabilidad se presumió y la duda  se     resolvió     en     su     contra,     insiste     en     pregonar    la  demandante.          

Que se case el fallo recurrido y en su lugar  se  profiera  el de carácter absolutorio que debe reemplazarlo, es la petición  que          la          censora          le          hace          a         la  Sala.           

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         

         1.  En  este  asunto,  el objeto del ataque casacional lo constituye  una  sentencia  de  segunda  instancia  dictada  en relación con los delitos de  falsedad en documento privado  y   fraude   procesal,  los  cuales,  en  su  orden,  a la fecha de su comisión tenían previstas como penas  máximas,  el  primero, 6 años -Art. 221 del C. Penal de 1980, la misma que hoy  se  establece  en  el  Art.  289 de la Ley 599 de 2000-; y el segundo de 5 años  -Art.  182  del  Dto.  100  de  1980,  ley  vigente al acto que se imputa y más  favorable  en  cuanto  dicho delito hoy se halla reprimido con pena máxima de 8  años en el Art. 453 de la Ley 599 de 2000-.   

         

          Como  lo  tiene  dicho  la Sala, el quantum  punitivo que hace procedente el recurso extraordinario  de  casación  se  determina de acuerdo con lo establecido como sanción para el  respectivo  delito  en  el  precepto  infringido, o para cada uno de ellos en el  correspondiente  tipo  penal  por  los  cuales  se  dictó  la  sentencia que se  pretende  impugnar,  y  la  señalada  en  los  artículos  que  estructuran las  circunstancias  específicas  que  se  tuvieron  en  cuenta  para  incrementar o  aminorar  la  pena  con  los  aumentos  máximos  o  disminuciones  mínimas que  pudieran computarse.    

         

          2.  Ahora  bien,  si  los  hechos  a  los que se contrae la presente  actuación  tuvieron  su  génesis  a partir del 19 de  octubre  de  2000,  esto  es, en vigencia del C. de P.  Penal  de 1991, de acuerdo con la doctrina hoy imperante en la Sala conforme con  la  cual  es  la  fecha  de  los  hechos  la  que determina la procedencia de la  impugnación  extraordinaria,  resulta  claro  que  este  asunto se rige por las  preceptivas  contenidas  en  el  Art.  218  del  Dto. 2700 de 1991, disposición   que   permitía   como   modalidad  de  impugnación  extraordinaria  la  casación  común  en  tratándose  de  delitos que tuviesen  señalada  sanción  de prisión “cuyo máximo sea o  exceda de seis (6) años (…)”   

         

3.  Más aún, cuando a voces del inciso 2º  del  referido  precepto el legislador dispuso que “La  casación  se  extiende  a  los  delitos  conexos,  aunque la pena prevista para  éstos   sea   inferior   a  la  señalada  en  el  inciso  anterior”,   lo   que   resulta   procedente   en   sede  de  impugnación  extraordinaria  contra  las  sentencias  de  segundo  grado  proferidas  por los  Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial  y  el Tribunal Penal Militar por  delitos  que  tuvieren  señalada  una  pena  inferior  a  seis (6) años, es la  casación común.   

En  efecto,  dicha previsión legislativa no  significa  cosa  distinta  a  que  la  casación  ordinaria  se haga extensiva a  aquellos  delitos  conexos  en  relación  con los cuales ella no procedería en  principio  dada  la  penalidad  señalada  para los mismos en la correspondiente  disposición  violada,  a  condición,  claro está, que algún delito reprimido  con  prisión  cuyo  máximo  sea  o  exceda  de  seis (6) años “haya  sido parte del objeto del proceso”,  como  tuvo  oportunidad  la  Sala  de  precisarlo en auto del 18 de noviembre de  2004, Rad. 22.693.   

         

          4.  Este es el evento que aquí ocupa la atención de la Corte, pues  la  condena  contra  la justiciable se profirió por conductas punibles conexas,  una  de  las  cuales  apareja  una  penalidad  máxima  de  6  años de prisión  -falsedad  en  documento  privado-,  en  tanto  que la otra -fraude procesal- no  rebasaba dicho tope.   

          Así  las  cosas,  determinado  como  se tiene que en este asunto lo  procedente   es  la  casación  común,  seguidamente  y  con  sujeción  a  las  previsiones  de los Arts. 212 y 213 de la Ley 600 de 2000, examina la Sala si el  libelo  que  presenta  la  censora cumple con los requisitos que hacen viable la  impugnación extraordinaria.          

         

          5.  La  demandante  denuncia  en  el primer reparo que presenta como  principal,  la  violación  del  debido  proceso  y  el derecho de defensa, cuyo  soporte  argumental  lo  constituye,  en  su  sentir, la deficiente apreciación  probatoria  realizada  por  el  Tribunal. Desconoce la censora que esta clase de  yerros   son  propios  de  la  causal  primera,  cuerpo  segundo,  y  no  de  la  tercera.   

5.1.  En  tratándose  de  la violación del  debido  proceso,  le  era  menester  indicar a la actora, como reiteradamente lo  viene  pregonando la Sala, la manera como se resquebrajaron las bases esenciales  de  la  instrucción  o  el  juzgamiento  que  obligan  a rehacer lo actuado. Su  transgresión  para  reclamar  la  invalidación  del respectivo trámite, ha de  obedecer  a  los  principios  que orientan la declaratoria de las nulidades y su  convalidación establecidos en el Art. 310 del C. de P. Penal.   

Es doctrina pacífica y reiterada de la Sala  que    el    debido    proceso    como   traducción   del   principio   lógico  antecedente-consecuente,  se  relaciona  con  una sucesión integrada, gradual y  progresiva  de  actos regulados en la ley, que tiene por objeto la verificación  de  un  delito  y la consecuente responsabilidad del imputado, orientados al fin  de  obtener  una  decisión válida y definitiva sobre los mismos temas. De este  modo,  el  debido  proceso  se afecta cuando una persona es oída en indagatoria  sin  haber  abierto  formalmente  la investigación; o se le resuelve situación  jurídica  sin  haberla  vinculado  legalmente  -indagatoria  o  declaración de  persona  ausente-;  o  se  califica  el  mérito  de la instrucción sin haberla  cerrado  previamente  y  otorgado  la  oportunidad  a  las partes para alegar de  conclusión;  o  se  inicia  el  juzgamiento  sin  que  exista  una  resolución  acusatoria  en  firme;  o  se  dicta  sentencia sin haber realizado la audiencia  pública.1   

          Por  modo  que,  la  transgresión  del  debido  proceso, por cuanto  significa  pretermitir  un  momento  procesal  expresamente requerido por la ley  para  la validez del que sigue, o la construcción de un acto procesal sin apego  a  las  previsiones legales que lo regulan, conduce a la declaratoria de nulidad  sólo  en  los eventos y bajo los condicionamientos previstos en el precepto que  se acaba de mencionar.   

Nada de lo que viene de precisarse, expone la  libelista  como  fundamento  de  su reparo, simplemente se limitó a proponer la  censura  sin  concretar  cómo  se  dio  la  violación  de  la citada garantía  fundamental,  planteamiento  que  contraviene las notas de precisión y claridad  exigidas  del  escrito, porque cada uno de los factores enervantes de la solidez  estructural  del  proceso reseñados en precedencia, responden a la necesidad de  salvaguardar,  o bien la integridad del trámite, o las garantías debidas a los  sujetos  procesales,  que  se  afectan por disímiles causas, razón por la cual  era  carga  ineludible  del  censor  explicar  con  suma  claridad  por  qué la  irregularidad  denunciada  reportó daño al proceso, o en qué forma se limitó  el  ejercicio  de  la  defensa, óptica esta bajo la cual el debido proceso debe  entenderse  como  el  escenario propicio para que una persona que se enfrenta al  poder  punitivo  del  Estado, pueda gozar sin cortapisa alguna de las garantías  instituidas  en  el Art. 29 de la Carta Política, primordialmente, el derecho a  la defensa.   

5.2.  Y en cuanto a la pretextada violación  del   derecho   fundamental  reseñado  en  último  lugar,  se  ignora  si  tal  vulneración  se  dio  por  la  orfandad  absoluta  de  gestión  en  pro de los  intereses   del   reo   por   parte   de  los  profesionales  encargados  de  su  representación,  o  si  fue por desconocimiento del principio de investigación  integral.   

Ello  si se atiende el criterio reiterado de  la  Sala  en  el  sentido  de que la inactividad del defensor, por sí sola y de  manera  aislada,  no  genera  la  transgresión  argüida, razón por la cual en  tales  casos  se debe probar una concreta omisión y su incidencia en detrimento  del  acusado.  Lo  verdaderamente significativo cuando se trata de cuestionar el  desempeño  profesional  del  defensor  dentro  del  proceso  penal,  es  que se  demuestre  que  en  efecto  hubo  una  evidente  y  manifiesta  dejación de sus  obligaciones,  situación que la demandante ni siquiera sugiere, pues no realiza  esfuerzo  dialéctico alguno para evidenciar la incidencia de su crítica frente  a  las  conclusiones  del  fallo,  cuyo  reconocimiento implica la presentación  objetiva, clara y completa del vicio.   

En suma, los motivos de casación esgrimidos  por  la  actora en cuanto pone de presente que la actuación se halla viciada de  nulidad  por  violación  del derecho de defensa y el debido proceso, carecen de  la  fundamentación debida que denote la posibilidad de haber sido transgredidas  en  el  decurso  procesal,  y el efecto negativo que ello pudo haber tenido para  los intereses de su representada.   

6.  De  la misma guisa es el reparo que como  error  de  hecho  por falso juicio de identidad plantea la censora en el segundo  cargo,  al  aducir  la  tergiversación  del  sentido  objetivo  de  los  medios  probatorios  que relaciona como objeto del pretextado vicio, situación que para  su  demostración  le  imponía  contrastar el contenido material de las pruebas  con  la  aprehensión  fáctica que de ellas recogen los fallos de instancia, en  orden  a  establecer su falta de correspondencia, lo cual implica identificar la  prueba  o pruebas objeto de la distorsión argüida, y enseñar los segmentos de  la  sentencia  en  los  que  el  vicio  se  produjo. Ese ejercicio brilla por su  ausencia,  pues,  con  tal  de  imponer su personal criterio, a la demandante le  bastó  con  aseverar  que  el  juzgador estimó equivocadamente el sentido y la  inteligencia  de  la  prueba,  sin  enfrentar  el  sostén  argumentativo  de la  sentencia.   

         

En  resumen,  porque el rigor técnico está  ausente  del  libelo  que  apenas  se ofrece como memorial contentivo de juicios  contrapuestos  al  criterio  del  juzgador,  constituyéndose por lo tanto en un  mero  escrito  de  libre factura, deviene inepto para los fines de la casación,  razón suficiente para inadmitirlo.   

          Finalmente,  no  se  advierte  violación  de  garantía fundamental  alguna  que a voces del Art. 216 del C. de P. Penal conduzca a la Corte a actuar  oficiosamente.       

         

En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de Casación Penal,   

RESUELVE  

         INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada  a  nombre  de  LUZ  MARINA PINTO GUALDRÓN  por   su   defensora,  conforme  a  las  motivaciones  expresadas     en     el     cuerpo     del    presente    proveído.   

          Contra  la presente decisión NO procede recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

         ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                               ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                              JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID    RAMÍREZ   BASTIDAS                                              JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

Cita medica  

MAURO    SOLARTE    PORTILLA                                               JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 C. S.  de  J., Sala de Casación Penal, auto de segunda instancia de 18 de diciembre de  2001, Rdo. 17.919.     

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