26398(20-04-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No  26398   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 056.  

Bogotá  D.C.,  abril veinte (20) de dos mil  siete (2007)   

VISTOS  

Se pronuncia la Sala acerca de los requisitos  de  lógica  y  debida  fundamentación  del libelo casacional presentado por el  defensor   del   incriminado   JUAN  CARLOS  JIMÉNEZ  TORRES,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Barranquilla  el 2 de junio de 2006,  confirmatoria  de  la  dictada  por el Juzgado Séptimo Penal del Circuito de la  misma  ciudad  el  16  de  febrero del referido año, por cuyo medio lo condenó  como  cómplice  penalmente  responsable  del  concurso  de delitos de homicidio  agravado  en  Eduardo Fandiño Berrocal, David Cahuana  Gutiérrez    y    Yeison  Colmenares Rueda.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los  hechos que constituyeron la génesis de  este  diligenciamiento  fueron  sucintamente expuestos de manera adecuada por el  ad  quem  en la sentencia de  segundo grado, así:   

“El  día  25 de  diciembre  de  2004,  aproximadamente a las 6 y 30 de la mañana, se encontraban  departiendo  en  la  carrera  34  con  calle  21,  barrio  Rebollo  (de   Barranquilla,   se  aclara),  YEISON  COLMENARES   RUEDA,  MAYRA  ROCÍO  CASTELLANOS  y  otras  personas,  cuando  se  presentó   un   altercado   entre   estos   con  el  señor  ALEX  ‘El         Cucuteño’  y JULIO, quienes llegaron a donde los  primeros  se  encontraban  y  discutieron, porque le pidieron la moto prestada a  JULIO  para  ir  a comprar vicio y como éste no accedió, se formó entre ellos  una  pelea,  posteriormente,  JULIO  y  ‘El  Cucuteño’,  se    fueron    del    sitio    y   minutos   después   regresó   ‘El         Cucuteño’  en  una  moto  verde,  junto con otra  persona    quien    la    conducía    (JUAN    CARLOS    JIMÉNEZ   TORRES,   se  precisa),  disparando y acabando con la vida de YEISON  COLMENARES  y  EDUARDO FANDIÑO BERROCAL, posteriormente en la huída, le quitó  la vida a DAVID CAHUANA”.   

La  Fiscalía  Seccional  de  Barranquilla  declaró  abierta la instrucción, en cuyo marco vinculó mediante indagatoria a  JUAN  CARLOS JIMÉNEZ TORRES,  definiéndole  su situación jurídica con medida de aseguramiento de detención  preventiva,  sin derecho a libertad provisional, como posible autor del concurso  de delito de homicidio investigado.   

Clausurada  la  fase instructiva, el mérito  del  sumario fue calificado el 13 de abril de 2005 con resolución de acusación  en  contra  del  procesado  como  presunto  autor  del  concurso  de delitos que  sustentó la medida de aseguramiento.   

La etapa del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Séptimo  Penal  del Circuito de Barranquilla, despacho que una vez  surtido  el  rito  dispuesto  para  este  ciclo  por  el  legislador,  profirió  sentencia  el  16  de  febrero  de  2006, por cuyo medio condenó a JUAN  CARLOS  JIMÉNEZ  TORRES  a  la pena  principal   de   diecisiete   (17)   años   de  prisión,  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso  y al pago de la correspondiente indemnización de perjuicios, como  cómplice  penalmente  responsable del concurso de delitos de homicidio agravado  objeto de acusación.   

En  la  misma providencia le negó, tanto la  condena  de ejecución condicional, como la prisión domiciliaria sustitutiva de  la intramural.   

          Impugnada  la  sentencia  por  el  defensor, el Tribunal Superior de  Barranquilla  la  confirmó  mediante  fallo  del 2 de junio de 2006, el cual es  ahora   objeto  de  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto  por  el  mencionado sujeto procesal.   

LA DEMANDA  

El  casacionista presenta tres cargos contra  el  fallo  del  ad  quem. El  primero,  por  violación  de  los derechos al debido proceso y a la defensa del  acusado.  El segundo, por violación indirecta de la ley sustancial por error de  hecho,  producto  de  falso  juicio  de  existencia respecto de varios medios de  prueba.  Y  el  tercero, por violación directa de la ley sustancial derivada de  la  falta  de  aplicación  de de los numerales 8º y 9º del artículo 32 de la  Ley 599 de 2000.   

Con   el   fin  de  soslayar  repeticiones  superfluas,  metodológicamente  se  optará,  a  continuación,  por referir de  manera  independiente  los  reproches  presentados  por el impugnante, para acto  seguido,  analizar  si  en  su  postulación  y  desarrollo cumplen o no con las  exigencias  de lógica y adecuada fundamentación requeridas para acceder a este  medio impugnaticio extraordinario.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Reiteradamente  ha  puntualizado  la  Sala   que  en el estudio  sobre  la  admisibilidad  de los libelos casacionales es de su resorte verificar  que  los  recurrentes  formulen  sus  censuras con sujeción a las exigencias de  lógica  y debida argumentación definidas por el legislador y desarrolladas por  la  jurisprudencia,  con  el propósito de que este recurso extraordinario no se  convierta   en   una   tercera  instancia.  Tales  requisitos  se  orientan  a  conseguir que las demandas se  enmarquen  dentro de unos mínimos lógicos y de coherencia en la postulación y  desarrollo  de  los  cargos  propuestos,  de suerte que resulten inteligibles en  cuanto  precisos  y  claros,  dado  que  no corresponde a la Sala en su función  constitucional   y   legal  develar  o  desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   impugnantes   en  casación.   

Advertido  lo  anterior,  procede  la Sala a  realizar  el  anunciado  estudio  sobre los cargos formulados por el defensor de  JUAN     CARLOS     JIMÉNEZ     TORRES.   

1.            Primer  cargo: Nulidad por violación de  los  derechos  a la defensa técnica, al debido proceso, a la contradicción y a  la investigación integral del acusado.   

Invocando la causal tercera de casación, el  impugnante  asevera  que  en  este  asunto  se  impone declarar la nulidad de lo  actuado,  en  cuanto  se  desconocieron  los  derechos a la defensa técnica, al  debido  proceso,  a  la  contradicción  y  a  la  investigación integral de su  procurado.   

Al acometer el desarrollo de la censura así  planteada,   el   demandante  manifiesta  que  quien  actuó  como  defensor  de  JUAN  CARLOS JIMÉNEZ durante  las  instancias,  no  ejerció  el  derecho  de  contradicción  respecto de los  testigos   que   declararon   haber  presenciado  los  hechos,  no  impugnó  la  resolución  de situación jurídica, ni la providencia que dispuso el cierre de  la  investigación,  ni la resolución acusatoria, no presentó alegatos previos  a  la  calificación  del  sumario,  no  solicitó  la práctica de pruebas o la  declaración  de  nulidad  de  lo actuado en la fase del juicio, de todo lo cual  concluye  que  se  violaron  los derechos a la defensa y al debido proceso de su  representado,  sin  que  en su criterio pueda aducirse que el defensor optó por  el  silencio  como estrategia defensiva, pues ni siquiera solicitó copias de la  actuación.   

          Puntualiza  que  correspondía  a  la  defensa  durante  el  sumario  contrainterrogar  a  Mayra  Rocío Castellanos Vargas,  Porfirio   Ortiz   Fandiño,  Agustín  Saya  Fandiño  y   Nicolás   Antonio  Fandiño  Urieles,  con el propósito de establecer qué grado de participación tuvo  el  procesado  en  la  comisión  de  los  delitos  investigados  al conducir la  motocicleta  en  la  cual  se  desplazaba el homicida al momento de realizar las  conductas punibles investigadas.   

Agrega  que era necesario contrainterrogar a  Alexander   Bornachera  De  La  Rosa,  Angel  Antonio  Hernández   y   Armando  Cesar  Domínguez  Bolívar,  quienes  suscribieron  el informe de captura del incriminado, a fin de verificar  cuál    fue    la    actitud    de    JUAN   CARLOS  JIMÉNEZ   al  momento  de  su  aprehensión,  si  se  resistió  o  si  por  el  contrario, colaboró señalando la ruta de huída del  homicida.   

          Añade  que  tampoco la Secretaría de la Fiscalía ni el instructor  velaron  por  dar  cabal  cumplimiento  al principio de investigación integral,  esto  es,  por  haber escuchado a los testigos que declararon estar presentes en  el teatro de los acontecimientos objeto de investigación.   

          Con  base  en  lo  anterior, el defensor solicita a la Sala casar la  sentencia  impugnada,  disponiendo  la  invalidación  de  lo  actuado  desde la  notificación  de  la  resolución  por  cuyo  medio  se resolvió la situación  jurídica al procesado.   

En  el  análisis  de  esta censura conviene  señalar  que  de  tiempo  atrás  ha  puntualizado  la  Sala  que  si  bien  la  acreditación  de la causal tercera de casación suele ser menos compleja que la  demostración  de  las  otras  causales,  en todo caso corresponde al impugnante  precisar  con  claridad  la especie de irregularidad sustancial que determina la  invalidación,   los   fundamentos  fácticos  y  los  preceptos  que  considera  conculcados,  con  la indicación de las razones de su quebranto. También es de  su  resorte especificar el límite de la actuación a partir del cual se produjo  el  vicio,  así como la cobertura de la nulidad, demostrar que procesalmente no  existe  manera  diversa  de restaurar el derecho afectado y, lo más importante,  acreditar  que la anomalía denunciada tuvo injerencia perjudicial y decisiva en  la  declaración  de  justicia  contenida  en  el  fallo impugnado (principio de  trascendencia),  habida cuenta que este recurso extraordinario no puede fundarse  en  especulaciones,  conjeturas,  afirmaciones  carentes  de  demostración o en  situaciones ausentes de quebranto.   

Precisado  lo anterior, advierte la Sala que  el  censor  incurre  en  varias  faltas a las referidas exigencias casacionales,  pues  de  manera sincrónica señala que el fallo impugnado violó el derecho al  debido  proceso  y  el  derecho a la defensa de su asistido, sin percatarse que,  por  regla  general, uno y otro corresponden a ámbitos diversos. El primero, la  vulneración  del  debido  proceso,  constituye un vicio de estructura (falta de  competencia,  pretermisión  de  las  formas propias del juicio, etc.), en tanto  que  el segundo, el quebranto del derecho de defensa, engendra afectación de la  garantía,  motivo  por  el  cual  no es posible invocarlos simultáneamente, en  igualdad de condiciones y por el mismo motivo.   

Adicional a lo anterior se tiene que si bien  el  casacionista  reprocha la actividad defensiva de su antecesor, no se detiene  a  señalar  de  qué manera una tal estrategia conculcó en concreto el derecho  de  defensa  de  su  asistido, amén de que tampoco señala sin especulaciones y  conjeturas,  cuál habría sido realmente la incidencia en el fallo de una labor  defensiva  diversa,  como que únicamente realiza vagos e imprecisos comentarios  sin acometer el desarrollo correspondiente al cargo que postuló.   

Es  claro  que si la crítica del impugnante  estaba  orientada  a censurar el valor que los falladores otorgaron a los medios  de  prueba,  le  correspondía  formular el reproche bajo la égida de la causal  primera  de  casación, cuerpo segundo, es decir, por violación indirecta de la  ley  sustancial, señalando a la par si se trató de un error de hecho por falso  juicio  de  existencia, falso juicio de identidad o falso raciocinio; o bien, si  se  incurrió  en  un  error  de  derecho  por falso juicio de legalidad o falso  juicio  de  convicción  y  ofreciendo  la demostración inherente a cada uno de  tales yerros, proceder que no emprendió.   

Tampoco  el  defensor  indica de qué manera  variaría  el  resultado  del  proceso  si Mayra Rocío  Castellanos  Vargas,  Porfirio  Ortiz Fandiño, Agustín Saya Fandiño, Nicolás  Antonio  Fandiño  Urieles,  Alexander  Bornachera  De  La  Rosa,  Angel Antonio  Hernández   y   Armando  Cesar  Domínguez  Bolívar,  hubieran  sido  sometidos  a  un  interrogatorio  más exhaustivo, esto es, a un  contrainterrogatorio.   

Ahora,   con  relación  a  la  denunciada  violación   del  principio  de  investigación  integral,  fundada  en  que  la  Fiscalía  no  dispuso  de  oficio  el  contrainterrogatorio  de los mencionados  declarantes,  recuerda  la  Sala  que  en  la invocación de tal censura resulta  insuficiente  que el recurrente relacione las pruebas cuya práctica fue omitida  total  o  parcialmente,  dado  que  es  preciso señalar su fuente, conducencia,  pertinencia  y  utilidad,  amén de su incidencia favorable y específica en los  intereses  del  procesado  frente a las conclusiones del fallo, pues la omisión  de  diligencias inconducentes, dilatorias, inútiles o superfluas, no constituye  menoscabo  del  derecho  a la defensa del incriminado. Además, es necesario que  el   censor   demuestre   que   las   pruebas   echadas  de  menos  –    en     este    caso    los  contrainterrogatorios    de    quienes   ya   habían   declarado   dentro   del  diligenciamiento  – al ser  cotejadas   con   el  acervo  probatorio,  trastocan  las  conclusiones  de  los  falladores,  así como el sentido de la sentencia y que ello impone invalidar la  actuación  a  fin  de  allegarlas para contar con la posibilidad de valorarlas,  labor que el casacionista no asumió en este asunto.   

          Las  razones  expuestas  irrumpen como suficientes para concluir que  el  cargo  objeto  de  análisis no se ajusta a las reglas de lógica y adecuada  fundamentación  requeridas  para acceder a este recurso extraordinario, todo lo  cual impone su inadmisión.   

2.            Segundo cargo: Violación indirecta de la  ley  sustancial  por  error  de  hecho,  producto  de falso juicio de existencia  respecto de varios medios de prueba.   

          Con  base  en  la  causal  primera  de casación, cuerpo segundo, el  censor  manifiesta que los falladores no tuvieron en cuenta las declaraciones de  Vanesa   Tatiana   De   La  Rosa  y  Carlina  Pachón  Mangonez,  quienes  manifestaron  que  se  encontraban  departiendo     con     el     procesado     cuando     arribó     Alex    y   le   dijo   a   JUAN  CARLOS  JIMÉNEZ que lo llevara en la  motocicleta  hasta el sitio donde ocurrieron los hechos investigados, pues iba a  comprar  estupefacientes.  De lo anterior concluye el defensor que el acusado no  tenía    conocimiento    del   plan   delictivo   fraguado   por   Alex    “El  Cucuteño”.   

Añade     que     si     Alex   y   Luis  Carlos    De    La    Rosa,   alias   “Julio”,   fueron   víctimas   de   los  delincuentes  del  sector,  quienes  los  despojaron  de  sus pertenencias y los  golpearon,       circunstancia       que       motivó      en      Alex  la  idea de vengarse, pese a lo cual  Luis     Carlos no aceptó ir a atacarlos, es obvio  que  cuando  Alex contactó a  JUAN     CARLOS             JIMÉNEZ  para  que lo transportara, no le  contó su verdadero propósito delictivo.   

          También  cuestiona  que  no  se  tuvo  en  cuenta  el testimonio de  Nicolás  Fandiño  Urieles  quien  declaró que una vez cometidos los delitos, JUAN  CARLOS   JIMÉNEZ  trató  de  irse  del  lugar,  pero  Alex lo amenazó con su arma  de  fuego  para  que  no  se fuera, amén de que lo regañó y lo golpeó con la  cacha del revólver en una oreja.   

          Precisa  que  el  Tribunal  se  limitó a señalar que el mencionado  declarante  no  informó en su intervención inicial la actitud del homicida con  relación   a   su   compañero   circunstancial,   tachándolo   por   ello  de  sospechoso.    

          A  partir  de los anteriores razonamientos, el demandante solicita a  la  Sala casar la sentencia atacada, para, en su lugar, proferir fallo a través  del cual se reconozca la inocencia de su asistido.   

En  el  estudio  sobre  la  postulación  y  desarrollo  de este cargo encuentra la Sala que si la violación indirecta de la  ley  sustancial  por  error de hecho por falso juicio de existencia por omisión  tiene  lugar cuando la providencia judicial se estructura con total marginación  de  un medio probatorio válidamente practicado o aducido al proceso que resulta  trascendente  en  el  sentido  de  la  decisión,  es claro que correspondía al  recurrente  identificar la prueba no valorada, señalar cuál es la información  que  objetivamente brinda, qué mérito demostrativo debe serle asignado y cómo  su  estimación  conjunta  con  el  resto  de  elementos  que integran el acervo  probatorio  conduce  a  trastrocar las conclusiones del fallo censurado, deberes  que no asumió.   

En  efecto,  advierte la Sala, de una parte,  que  en  el  fallo  de primer grado sí se tuvieron en cuenta los testimonios de  Vanesa  Tatiana De La Rosa, Carlina Pachón y Nicolás  Fandiño1,  pero  el  fallador  les  atribuyó  una  valoración diversa a la  propuesta  por  el  defensor, caso en el cual, para reprochar dicha apreciación  judicial  le correspondía acudir a la postulación del error de hecho por falso  raciocinio,  siendo  de  su  resorte  señalar  qué dice concretamente el medio  probatorio,  qué  se  infirió  de  él  en  la sentencia atacada, cuál fue el  mérito   persuasivo   otorgado,   determinar   el  postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el  fallo,  debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta, identificar la  norma   de   derecho   sustancial   que   indirectamente   resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada  y  finalmente,  demostrar  la  trascendencia  del error  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la adecuada apreciación de aquella  prueba,  con  la indeclinable obligación de acreditar que la enmienda del yerro  daría  lugar a un fallo esencialmente diverso y favorable a los intereses de su  representado, proceder que tampoco acometió.   

          Y  de otra, observa la Sala que en el planteamiento de este reproche  el  demandante quebranta el principio lógico de identidad, según el cual, algo  no  puede  ser y no ser al mismo tiempo, pues sincrónicamente afirma, tanto que  los  falladores marginaron las referidas pruebas (falso juicio de existencia por  omisión),  como  que  las  apreciaron  de manera errada (falso raciocinio), sin  tener  en  cuenta  que  la  ponderación  de  los  medios  de  prueba excluye su  marginación.   

Adicional a lo anterior se tiene que, sin la  denuncia  concreta  de  errores  en la apreciación de las referidas pruebas, el  defensor  pretende  simple  y llanamente cotejar su personal ponderación de las  pruebas  con  la efectuada por los funcionarios judiciales, proceder que resulta  inadmisible      en      este      mecanismo     impugnaticio     de     índole  extraordinaria.   

Ahora, si de conformidad con el principio de  claridad  y  precisión que rige la presentación y fundamentación del cargo en  este  trámite,  corresponde  al impugnante dentro de la violación indirecta de  la  ley  sustancial,  identificar  la especie de yerro que reprocha y conforme a  ello  desarrollar la censura, no se aviene al referido principio que respecto de  la  misma  prueba  y  en  el mismo reproche, o en otro postulado sin señalar su  prioridad,  se  confunda la argumentación y acreditación propias de errores de  distinta  especie  y  excluyentes,  como ha ocurrido en este asunto con el falso  juicio de existencia por omisión y el falso raciocinio.   

En  suma,  encuentra  la Sala que si bien el  actor  censura  la  apreciación de ciertas pruebas, no procede con precisión a  señalar  si  su  queja  apunta  a  que  los  falladores  las  marginaron aunque  aparecían  en  la  actuación o las valoraron con quebranto de las reglas de la  sana  crítica,  omisión  que  le impide desarrollar adecuadamente el reproche,  conllevando, por tanto, su inadmisión.   

3.            Tercer  cargo:  Violación directa de la  ley  sustancial  derivada  de  la falta de aplicación de de los numerales 8º y  9º del artículo 32 de la Ley 599 de 2000   

Apoyándose en la causal primera de casación  cuerpo  primero,  el  defensor  aduce  que  su  asistido  actuó  bajo coacción  insuperable,  pues  “es  claro  que la intimidación  ocurrió  una  vez  el  homicida  se  dio  cuenta de las intenciones de JIMÉNEZ  TORRES  de  huir  del lugar de los hechos y salvarse de la responsabilidad sobre  los  homicidios  ocurridos,  fuerza  esta  que  sometió a mi patrocinado cuando  aquel  le  grita  y  le  amenaza  con las armas y posteriormente le golpea en su  oreja,  causándole  la  herida acusada por este, de la que existe constancia en  su  injurada  y  de  los  testimonios  rendidos  por  los  servidores  públicos  encargados   de   judicializarlo,   cuando   afirman  haberlo  conducido  a  las  instalaciones        del        Hospital       de       Barranquilla”.   

          Concluye  de  lo  anterior  que “existió  pues  una  coacción  insuperable que sufriera mi defendido, aunado al miedo que  sintiera  cuando observó de manera directa la muerte de los parroquianos a mano  de  su  compañero  circunstancial,  el  ser  amenazado con el arma si huía del  lugar   y   posteriormente   herido   con   esta   en   su  oreja,  eventos  los  cuales  (sic) no debieron ser  desconocidos  por  el  H.  Tribunal  y  de  esta forma haber acreditado la total  ajenidad   de   JIMÉNEZ   TORRES   frente   al   triple   homicidio”.   

          Con  base  en lo anotado, el recurrente solicita a la Corte casar la  sentencia  objeto del recurso, con el fin de reconocer a favor de su asistido la  invocada causal excluyente de responsabilidad.   

          Tiene  dicho  la Sala que la violación directa de la ley sustancial  ocurre  cuando  a  partir de la ponderación de los hechos objeto de juzgamiento  legal  y  oportunamente  allegados  a  la  actuación,  los  falladores dejan de  aplicar  la  disposición  que  se ocupa de la situación en concreto, en cuanto  yerran  acerca  de  su  existencia (falta de aplicación o exclusión evidente),  realizan  una  equívoca  adecuación de los hechos probados a los supuestos que  contempla  el  precepto  (aplicación  indebida),  o  le atribuyen a la norma un  sentido  que  no tiene o le asignan efectos diversos o contrarios a su contenido  (interpretación errónea).   

En  tal caso, cualquiera sea la modalidad de  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  el  yerro de los juzgadores recae  necesaria  e inmediatamente sobre la normatividad, circunstancia que traslada el  debate  a  un  ámbito  estrictamente  jurídico,  sea porque se deja de lado el  precepto  regulador de la situación específica demostrada, ora porque el hecho  se  adecua a un precepto estructurado con supuestos distintos a los establecidos  o  bien  porque  se desborda la intelección propia de la disposición aplicable  al  caso  concreto,  todo lo cual exige como punto de partida, la aceptación de  la  realidad  fáctica  definida  en  las  instancias e inmodificable dentro del  proceso.   

Por tanto, si el desacuerdo se predica de la  actividad  probatoria  y  su ulterior ponderación por parte de los funcionarios  judiciales,  la  vía de ataque legalmente adecuada es la indirecta, dado que la  infracción  a  la  ley  sustancial  se  lleva  a  cabo  de  manera  mediata, de  conformidad  con  las diversas modalidades de errores en que pueden incurrir los  sentenciadores en tal materia.   

En  la  censura objeto de estudio se observa  que  si bien el casacionista plantea la violación directa de la ley sustancial,  su  queja  no  es de índole jurídico –  conceptual,  pues  se  ocupa  de cuestionar tanto la acreditación  como  los  efectos  que  a  la  amenaza  posterior a la ocurrencia de los hechos  realizó    Alex   sobre  JUAN  CARLOS JIMÉNEZ TORRES,  con    el    propósito   de   que   no   se   retirara   del   lugar   de   los  acontecimientos.   

En  efecto,  en  primer  lugar,  plantea una  exclusión  evidente  de  los numerales 8º y 9º del artículo 32 de la Ley 599  de  2000,  sin  percatarse  que  en  tal  caso  le  correspondía  indicar si su  propuesta  se  encamina  a  conseguir  el  reconocimiento  de  una situación de  insuperable  coacción  ajena o de miedo insuperable en su conducta, dado que se  trata de institutos sustancialmente diversos.   

En  segundo término se tiene, que el censor  no  acredita  en  qué  aparte  del  fallo  atacado  se  tuvo  por demostrada la  ocurrencia  de  alguna  de  tales  situaciones  fácticas,  pero pese a ello los  falladores  no procedieron de conformidad a otorgarle el efecto dispuesto por el  legislador,  esto  es,  a  reconocer  la  presencia  de una causal excluyente de  responsabilidad penal que imponía absolver al procesado.   

          Finalmente,  resulta  curioso,  por  decir lo menos, que el defensor  pretenda  la  absolución de su asistido mediante la alegación de una coacción  insuperable     ejercida    sobre    éste    por    parte    de    Alex   luego   de  la  comisión  de  los  homicidios  investigados,  pues  es  claro  que  en cuanto se refiere al aspecto  temporal,  la  referida  causal  de  exclusión  de  responsabilidad sólo tiene  efectos  cuando  es  precedente o coetánea con la realización del delito, esto  es,  cuando  incide en la decisión criminal de manera anterior o concomitante a  su ejecución, no así, con posterioridad a ella.   

          De  conformidad con lo anterior, advierte sin dificultad la Sala que  tampoco  el  cargo  estudiado  satisface  las  exigencias  de lógica y adecuada  fundamentación  dispuestas  por  el  legislador  para  acceder  a  este recurso  extraordinario, motivo por el cual se impone su inadmisión.   

En suma, considera  la  Sala  que si el impugnante no ajusta su demanda a las reglas dispuestas para  postular  y  demostrar  los  reproches  que  presenta contra el fallo de segundo  grado  y, en virtud del principio de limitación que rige el trámite casacional  la  Corte  no  se encuentra facultada para enmendar las falencias de aquella, de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  213 de la Ley 600 de 2000 se  impone de plano la inadmisión del libelo.   

          Para   concluir   es   necesario   señalar  que  no  se  observa  dentro  del  trámite  o en el fallo objeto del recurso,  violación    de    derechos    o    garantías   del   procesado   JIMÉNEZ   TORRES,  como  para  que  tal  circunstancia  impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa que sobre el  particular  le  confiere  el  legislador  en  punto de  asegurar su protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor del procesado JUAN   CARLOS  JIMÉNEZ  TORRES,  por  las  razones expuestas en la anterior motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                            ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                        JAVIER ZAPATA ORTÍZ                         

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Cfr.  Folios 115 y 116 c. juzgamiento.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *