26288(09-11-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No  26288   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.128  

Bogotá  D.C., nueve (9) de noviembre de dos  mil seis (2006).   

VISTOS  

Decide la Sala sobre la admisibilidad de los  fundamentos  lógicos  y  de  debida  argumentación  de la demanda de casación  presentada  por  el defensor del procesado CARLOS ANÍBAL GUZMÁN ZULUAGA contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Armenia  el  15 de junio de 2006, confirmatoria de la dictada por el Juzgado Quinto Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad,  por  cuyo  medio  lo  condenó como autor  penalmente responsable del delito de estafa agravada   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

El  acontecer  fáctico fue presentado de la  siguiente forma por el Tribunal:   

“El  señor  Mario  Lozano  contrató los  servicios  profesionales  de  CARLOS  ANÍBAL GUZMÁN ZULUAGA, quien afirmó ser  abogado,  con el objeto que tramitara un proceso judicial contra una empresa que  servía  de  proveedora  al  establecimiento  de  comercio  que aquél tenía en  Armenia.  El  señor  Lozano  abandonó  la ciudad y Carlos Aníbal se presentó  ante   la   esposa   del  ausente,  señora  Rosa  Atilia  Álvarez  de  Lozano,  manifestándole  que  su  cónyuge lo había contactado para que se encargara de  asesorarla    en    los    negocios    que   se   ejecutaban   en   la   entidad  comercial.   

“Una  vez  iniciada  la gestión, Guzmán  obtuvo  el  manejo  financiero  de  la  empresa familiar y, en desarrollo de esa  labor,  la ofendida le entregó cheques destinados al pago de los acreedores, de  cuyos valores se apropió el acusado.   

“Asimismo,  el  procesado  ofreció  a la  perjudicada  tramitar  la  libreta  militar  de  su  hijo.  Con  ese propósito,  fechados  en 20 de enero de 1998, Carlos Aníbal recibió dos cheques por montos  de  $1.000.000 y $2.000.000, pero la gestión nunca se llevó a cabo, puesto que  el  joven había sido exonerado de la prestación de dicho servicio. Los cheques  mencionados   fueron   cobrados   por  Carlos  Aníbal  Guzmán  y  Olga  Lucía  López.   

“Igualmente, el enjuiciado se apoderó de  una  tarjeta  débito enviada por don Mario a dona Atilia, quien estableció que  el  señor  Jhon  Faber  Carmona  la  usó  y  retiró con ella $2.000.000 de la  respectiva  cuenta  bancaria,  en  virtud  de  un  negocio  de compraventa de un  vehículo que celebró con Carlos Aníbal Guzmán.   

“Aprovechando las gestiones que realizaba  para  la  familia,  Guzmán  Zuluaga  se  apropió  de la tarjeta débito que la  ofendida  tenía  para manejar su cuenta del banco Davivienda de esta ciudad, de  lo cual retiró importante cantidad de dinero.   

“La señora Rosa Atilia formuló denuncia  penal  por  estos  hechos  el treinta de abril de mil novecientos noventa y ocho  (1998)  y,  ante la Fiscalía, estimó la cuantía total de las apropiaciones en  once millones de pesos ($11.000.000)”.   

Abierta   formal   investigación  por  la  Fiscalía,  se  vinculó  a  través de declaración de persona ausente a CARLOS  ANÍBAL  GUZMÁN  ZULUAGA  y  su  situación  jurídica  se  resolvió con   caución  prendaria  como  presunto  autor  del  delito  de estafa agravada, por  superar  la  cuantía  del  ilícito el valor de $3.838.043,50 el equivalente al  factor  de  18.83  en relación con el salario mínimo vigente para la época de  los hechos.   

Admitida  como  parte  civil la señora Rosa  Atilia  Álvarez  de  Lozano, se clausuró el ciclo instructivo y el mérito del  sumario  se  calificó  el 11 de julio de 2001 con resolución de acusación por  el  ilícito  referido, decisión que adquirió firmeza el 2 de agosto siguiente  al no ser objeto de impugnación.   

La   fase  del  juzgamiento  la  adelantó  inicialmente  el  Juzgado  Segundo Penal Municipal de Armenia, no obstante, tras  advertir  que  no  era competente dado que la cuantía del ilícito superaba los  50  salarios mínimos legales, dispuso el envío del diligenciamiento al reparto  de  los  Juzgados  Penales  del  Circuito  de  la  misma  ciudad y correspondió  finalmente  al  Quinto  de  ésta categoría continuar con el conocimiento de la  causa.   

Adelantada la vista pública, mediante fallo  del  28  de  octubre  de  2005  el  referido despacho judicial condenó a CARLOS  ANÍBAL   GUZMÁN   ZULUAGA,  como  autor  responsable  del  delito  de  estafa,  —sin  estimar  causal  de  agravación    por    la    cuantía—  a  la  pena  de  doce  (12)  meses de prisión y a la accesoria de  interdicción  de derechos y funciones públicas por igual término, así como a  la  carácter civil de cancelar por concepto de perjuicios materiales la suma de  diez millones seiscientos mil pesos ($10.600.000,oo).   

Impugnado  el  fallo  por el apoderado de la  parte  civil  y por el defensor del procesado, el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Armenia  mediante  decisión  emitida  el  15 de junio de 2006, lo  confirmó,    pero    al   considerar   que   el   a  quo  no tuvo en cuenta la circunstancia de agravación  por  razón  de  la  cuantía  del ilícito, ajustó la pena a la legalidad para  fijara  en  treinta  y dos (32) meses de prisión y multa de dos mil seiscientos  sesenta  y  seis pesos ($2.666,oo) pesos. El mismo término de la pena privativa  de la libertad lo estableció para la sanción accesoria impuesta.   

LA  DEMANDA   

          Contra  el  fallo  de  segundo  grado  interpone el defensor recurso  extraordinario  de  casación  al  amparo  de  la  causal  tercera, por nulidad,  ante   la  pretermisión del debido proceso y del derecho de defensa debido  a las siguientes irregularidades:   

          1.  La  audiencia preparatoria se llevó a cabo sin la presencia del  sindicado  o  su  defensor,  con  lo  cual  no fue posible solicitar pruebas que  fueran de interés del procesado.   

          2.  En la primera audiencia pública, que luego fuera declarada nula  ante  la  falta  de  competencia  del  funcionario que la adelantó, el defensor  solicitó la condena para el enjuiciado.   

          Agrega  que  la  nulidad  decretada  debió  abarcar  toda  la etapa  instructiva  por  tratarse  de  una  estafa de mayor cuantía investigada por un  fiscal sin competencia.   

          3.  El  ad  quem  accedió  a  las  pretensiones  de  la  parte  civil y  agravó la pena impuesta a su representado.   

          Señala  el libelista que lo precedente se acredita con un minucioso  estudio   del   expediente  y  solicita  además  a  la  Sala   revisar  la  intervención  del  procesado  en la audiencia pública, que ante su elocuencia,  acertividad y contenido jurídico, merece ser atendida.   

          Por  último,  anota  que  si  los  juzgadores  hubiesen  tomado  en  consideración  las  advertencias acerca de las nulidades, no habrían concluido  la responsabilidad penal del procesado.   

          En   consecuencia,   pide   casar   el   fallo   y   absolver  a  su  defendido.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

La  Sala ha insistido en que la casación es  un  recurso  de  ámbito  restringido  en  el  que la pretensión de examinar la  legalidad   del   fallo   no  puede  estar  incluida  en  un  escrito  de  libre  formulación   a  manera de simple alegato de instancia, porque ha de tener  unos  contenidos  de  claridad y precisión, además de coherencia, que permitan  entender  el  vicio  que  se  denuncia,  así  como  la  identificación  de sus  consecuencias.   

Concerniente  a la postulación y desarrollo  de  la  causal  tercera  de casación ha sido criterio reiterado de la Corte que  aunque  su  demostración  suele  no  ser  tan estricta como la exigida para las  otras  causales,  de todas formas debe el demandante observar reglas de claridad  y  precisión sobre el vicio in procedendo que anuncia.   

Esa  mayor libertad que se permite cuando se  opta  por  la  aludida causal no exime tampoco al actor de acatar los principios  que  orientan  la  declaración y convalidación de las nulidades, en ese orden,  debe  advertir la entidad del vicio procesal, las normas que estima conculcadas,  especificar  el  momento  de la actuación en que se produjo y demarcar su radio  invalidante,  así como también, ha de acreditar la injerencia desfavorable que  tuvo  tal anomalía en el fallo para demostrar cabalmente que al no existir otra  manera    diversa   de   restaurar   el   derecho   afectado,   se   impone   la  anulación.   

Alejado  el censor de una pretensión acorde  con  los  vicios que postula, solicita la absolución para su cliente, cuando le  correspondía  deprecar  la  anulación  desde  algún  momento de la actuación  procesal,  ya que los vicios in procedendo  conducen  a  cuestionar  la validez del  proceso y generalmente impiden un fallo de sustitución.   

Las  críticas  que de manera indiscriminada  formula  contra  la  actuación  procesal  no  colaboran  en  su propósito para  motivar  la  atención de la Sala para aprehender el estudio de fondo del fallo,  por su precariedad demostrativa, como se verá:   

De manera indiscriminada el impugnante ubica  las  quejas como violación del  debido proceso y del derecho de defensa, y  si  bien  no  son  pocos  los  eventos  en  que  el  desconocimiento del primero  involucra  también  al segundo, no explica si en el caso de la especie ocurrió  la  vulneración  simultánea  de  ambos,  lo  cual  era imprescindible ante las  diversas   características   ontológicas   del  vicio  que  afecta  las  bases  fundamentales  de  la  instrucción  o  del  juzgamiento, (vicio de estructura),  frente  a  la vulneración de alguna garantía procesal (vicio de garantía) que  los  hace  ubicables  legalmente en causales autónomas de nulidad, falencia que  no   puede   ser  suplida  por  la  Sala  debido  a  la  naturaleza  rogada  del  recurso.   

A su turno, no dedica espacio para acreditar  la  trascendencia  que  tuvo  la  no presencia del sindicado o su defensor en la  audiencia  preparatoria,  pues simplemente anota que no pudo solicitar pruebas a  favor  de  los intereses defensivos, sin precisar sobre qué aspecto versarían,  la  clase de elementos de convicción, su conducencia, pertinencia y utilidad, y  sobre  todo  cómo  su  practica  habría  cambiado  la orientación del juicio,  así   como  debido  a  su  incidencia  mediante  la confrontación con los  elementos  de juicio que sustentaron el fallo, cambiaría la decisión adversa a  su asistido.   

De  manera  impertinente  radica la carencia  defensiva  en  una  actuación  que  no  tiene  ya vida jurídica procesal, como  cuando  aduce  que  en  la  primera diligencia de audiencia pública el defensor  abogó  por  la  condena del enjuiciado, pues el mismo libelista destaca que tal  actuación  y la fase del juicio fue declarada nula por falta de competencia del  funcionario  judicial  que  la adelantó, como efectivamente aparece rehecha tal  etapa por el Juzgado Penal del Circuito competente.   

La   remisión   indebida   que   hace  el  casacionista  para  sustentar la censura para revisar todo el proceso y analizar  la   intervención  del  incriminado  en  las  vista  pública  contraviene  los  requerimientos  metodológicos  necesarios que implica el recurso extraordinario  caracterizado   por   la  coherencia,  precisión  y   claridad  que  deben  conduzcan  al  cabal  entendimiento del embate, porque en manera alguna se trata  de  reabrir  el  debate  probatorio  o  de  revisar in  integrum    o   ex  novo  la  actuación  procesal.   

Las  mencionadas  deficiencias  llevan  a la  inadmisión  del  libelo  de conformidad con lo dispuesto en el artículo 213 de  la Ley 600 de 2000.   

No obstante lo anterior, la Sala observa que  eventualmente  se  pudo  desconocer  la garantía de aplicación favorable de la  ley  respecto  de  CARLOS  ANÍBAL  GUZMÁN  ZULUAGA,  particularmente en cuanto  comporta  ponderar  el  alcance de la circunstancia de agravación por razón de  la  cuantía  para  el  delito  patrimonial  dispuesta  en  el artículo 372 del  Código  Penal  de 1980 y su actualización de conformidad con lo establecido en  la   sentencia  C-070  del  26  de  febrero  de  1996  proferida  por  la  Corte  Constitucional,  con  el  cotejo  frente a la preceptiva del artículo 267 de la  Ley  599  de  2000,  todo  lo  cual  a la postre, podría incidir en el cómputo  prescriptivo de la acción penal derivada del ilícito de estafa.   

Por lo tanto, se impone el traslado oficioso  correspondiente  al  Ministerio  Público a fin de emita concepto por la posible  vulneración  de  las  garantías  procesales  del  condenado,  ya  que  podría  ameritar  el  ejercicio  de la facultad oficiosa que en virtud del artículo 216  del la Ley 600 de 2000 le asiste a la Corte al respecto.   

          En   mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA     DE     JUSTICIA,     SALA     DE     CASACIÓN     PENAL,   

RESUELVE   

1.          INADMITIR la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  CARLOS  ANIBAL  GUZMÁN  ZULUAGA,  de  acuerdo  con  las  razones  anteriormente  expuestas.   

          2.        CORRER  traslado  de  oficio al Ministerio  Público  para  que emita concepto de rigor sobre la posible vulneración de las  garantías del procesado.   

          Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

Excusa justificada  

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                              MARINA    PULIDO    DE  BARÓN   

Salvamento  parcial  de  voto                                                                                           Permiso   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                                                YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                      JAVIER ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *