26236(27-03-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 26236  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

Aprobado   acta   N°  045   

Bogotá, D. C., veintisiete (27) de marzo de  dos mil siete (2007).   

V    I   S   T   O  S   

Corresponde  a  la Corte conceptuar sobre la  solicitud   de   extradición   del    ciudadano   colombiano  HUMBERTO  HERRERA  DÍAZ,  elevada  por el  Gobierno de los Estados Unidos de América.   

L  A     S O L I C I T U D   

1.     Mediante    oficio   número  OFI06-24088-DIJ-0100  del  5 de octubre de 2006, el Ministerio del Interior y de  Justicia  comunicó  a  esta  Sala  de  la  Corte que el Gobierno de los Estados  Unidos  de  América,  por  conducto  de su Embajada en Colombia y mediante Nota  Verbal  número  2233  del  5  de  septiembre  del  citado  año,  solicitó  en  extradición  al  ciudadano colombiano Humberto Herrera  Díaz,   capturado   el   8  de  julio  de  2006,  en  cumplimiento  de  la  resolución  del  8  de noviembre de 2004, expedida por la  Fiscalía General de la Nación.   

2.  La normatividad que rige al presente  trámite  es  la  contemplada  en el  Capítulo III, Título I, Libro V del  Código  de  Procedimiento  Penal  (Ley  600 de 2000), en la  medida que no  existe  en  el  momento convenio aplicable que regule el  asunto, como así  lo  conceptuó  el  Jefe  de la Oficina de Asesoría Jurídica del Ministerio de  Relaciones  Exteriores, según oficio número OAJ.E. 1616 del 6 de septiembre de  2006.   

3.  Los acontecimientos fácticos objeto  de  la  investigación  e  imputación  de  los  cargos formulados en su contra,  motivo  de  la  solicitud de extradición, fueron sintetizados en la Nota Verbal  número 2233 del 5 de septiembre de 2006 de la siguiente manera:   

“Los  hechos  de  este  caso  muestran  que los acusados Melesio Roberto-Aguilar, Humberto      Herrera-Díaz,      Lucy  Manzanarez-Díaz  y  Orlando  de  Jesús  Bedoya-García, también conocido como  ‘JoséCristancho  Pinzón-Torres’,  participaron  en  una  organización  que  importó  cantidades considerables de  heroína  a  los  Estados  Unidos  proveniente  de  Colombia  desde por lo menos  septiembre  de  2003  hasta  por  lo  menos  marzo  de  2004.  Durante  el curso de la investigación, agentes  federales   grabaron   varias   conversaciones  telefónicas  entre  una  fuente  confidencial              (‘CS1’) y alguno  de  los acusados, con el consentimiento de CS1. Agentes de las fuerzas del orden  en  los  Estados  Unidos  también  incautaron  varias  cantidades  de  heroína  enviadas  a  los  Estados  Unidos por los participantes en el concierto luego de  algunas   de   las   conversaciones  que  fueron  sostenidas  entre  CS1  y  los  participantes     en    el    concierto.   

“En septiembre y  octubre   de   2003,   CS1  sostuvo  conversaciones  telefónicas  con  Humberto  Herrera-Díaz  y  Lucy Manzanarez-Díaz en las que Humberto Herrera-Díaz y Lucy  Manzanarez-Díaz  acordaron  proporcionar  heroína a CS1 en los Estados Unidos.  CS1  también  habló  con  Melesio  Roberto-Aguilar,  quien  fue presentado por  Humberto   Herrera-Díaz  y  Lucy  Manzanarez-Díaz  como  él  jefe’.    Como    resultado    de    esas  conversaciones,  Herrera-Díaz,  Manzanarez-Díaz  y  Roberto-Aguilar  acordaron  enviar  heroína a CS1 en los Estados Unidos. En noviembre de 2003, y Orlando de  Jesús      Bedoya-García,      también     conocido     como     ‘José            Cristancho  Pinzón-Torres’,  envió  más  de  700  gramos  de  heroína  a  CS1  en  Queens,  Nueva York.   

“En diciembre de  2003   y   marzo   de  2004,  CS1  habló  por  teléfono  con  Herrera-Díaz  y  Roberto-Aguilar,  quienes enviaron dos ‘correos’  diferentes  para  entregarle  a  CS1  mas  de un kilogramos en cada ocasión. La  entrega  de  diciembre  de 2003 tuvo lugar en Bronx, Nueva York, mientras que la  entrega  de  marzo  de 2004 ocurrió en Queens, Nueva York. Después de cada una  de   esas   entregas,  agentes  de  las  fuerzas  del  orden  arrestaron  a  los  ‘correos’,   quienes   posteriormente   fueron  acusados  de  delitos  de  narcóticos  en  este  caso.   

“Todas  las  acciones  adelantadas  por  el  acusado  en  este  caso  fueron  realizadas  con  posterioridad      al      17      de      diciembre     de     1997”.   

4.   La  documentación remitida por el  Gobierno  de  los  Estados  Unidos  de  América  que  sustenta  la solicitud de  extradición  del ciudadano colombiano Humberto Herrera  Díaz, es la siguiente:   

4.1.   Copia  de  la Acusación número  04-CR-365(NG)  del  15  de  abril  de  2004, por medio de la cual el Tribunal de  Distrito  de  los  Estados  Unidos,  Distrito  Oriental  de Nueva York, acusó a  Humberto Herrera Díaz de los  siguientes cargos:   

“EL  GRAN JURADO  ACUSA QUE:   

“CARGO  UNO   

“Comenzando en o  alrededor  de septiembre de 2003 y con continuación hasta marzo de 2004, siendo  ambas  fechas  aproximadas e inclusivas, en el Distrito Oriental de Nueva York y  en  otras  partes,  los  acusados…,  HUMBERTO HERRERA  DÍAZ…,  junto  con otras personas, con conocimiento  de  causa  e  intencionalmente  concertaron  para  importar a los Estados Unidos  desde  un  lugar  fuera  de  este  país  una  sustancia  controlada, delito que  involucró  un  kilogramo o más de una sustancia que contenía la heroína, una  sustancia  controlada  de la Tabla I, en contravención a la Sección 952(a) del  Título     21     del     Código    de    los    Estados    Unidos.   

“(Secciones 963,  960(a)(1)  y  960(b)(1)(A)  del  Título  21  del Código de los Estados Unidos;  Secciones   3551   y   ss.   del   Título   18   del  Código  de  los  Estados  Unidos).   

“CARGO  DOS   

“Comenzando en o  alrededor  de septiembre de 2003 y con continuación hasta marzo de 2004, siendo  ambas  fechas  aproximadas e inclusivas, en el Distrito Oriental de Nueva York y  en  otras  partes,  los  acusados…,  HUMBERTO HERRERA  DÍAZ…,  junto  con otras personas, con conocimiento  de  causa e intencionalmente concertaron para distribuir y poseer con intención  de  distribuir  una  sustancia  controlada, delito que involucró un kilogramo o  más  de  una  sustancia  que contenía heroína, una sustancia controlada de la  Tabla  I,  en  contravención a la Sección 841(a)(1) del Título 21 del Código  de los Estados Unidos.   

“(Secciones 846 y  841(b)(1)(A)(i)  del  Título  21  del  Código de los Estados Unidos; Secciones  3551  y  ss.  del  Título  18  del  Código  de los Estados Unidos).   

4.2.   También se allegó copia de las  declaraciones  juradas  de  Roger A. Burlingame, Fiscal Asistente de los Estados  Unidos  para  el  Distrito  Oriental  de Nueva York, y de Joseph Doherty, Agente  Especial  de  la Administración Antinarcóticos de los Estados Unidos (D.E.A.),  las   que  respaldan  la  acusación  contra  Humberto  Herrera Díaz.   

El  primero de los nombrados, esto es, Roger  A.  Burlingame,  incorpora  en su declaración la descripción y vigencia de los  tipos  penales  imputados  en  el  pliego acusatorio y una síntesis de los  hechos,  de  la  actuación  procesal   y  de los cargos atribuidos al  solicitado en extradición.   

Por  su  parte,  el  Agente  Joseph  Doherty  relata,  de  manera  pormenorizada,   los   hechos   objeto   de    juzgamiento    ante    el    citado   Tribunal   y  la  participación    en   los   mismos   por   parte   del    requerido    en    extradición,  respecto   de   quien    suministra    la    información    necesaria   sobre  su identidad.   

4.3.   Así  mismo,  se informó que el  solicitado,    Humberto   Herrera   Díaz,  “es ciudadano de Colombia, nacido el  6  de  agosto  de  1965,  en  La Mesa, Cundinamarca, Colombia. Es portador de la  cédula  colombiana  N°  298.263”,  y se allegó la  correspondiente fotografía de su rostro.   

PERÍODO    PROBATORIO   

Mediante  providencia  del  21 de febrero de  2007,  la Sala no ordenó la práctica de las pruebas solicitadas por la defensa  ni consideró necesario  decretar ninguna de oficio.   

ALEGATO      DEL    DEFENSOR   

El     defensor     de    Humberto  Herrera  Díaz, luego de recordar  que  se  le negaron las pruebas por él solicitadas y de indicar que el concepto  que   debe   emitir   la   Corte   es   puramente  formal,  considera   que  “no  hay otro camino defensivo y solamente me queda  solicitar  que  se emita el concepto que corresponde en derecho de acuerdo a las  exigencias       de      orden      legal      y      constitucional”.   

ALEGATO   DEL   PROCURADOR  PRIMERO   

DELEGADO  PARA   LA  CASACIÓN  PENAL   

El  representante  del  Ministerio Público,  después   de   relacionar   de   manera   pormenorizada  los  hechos,  los  antecedentes,   el  trámite  adelantado,  los  instrumentos  allegados  a  este  diligenciamiento  y de mencionar las normas aplicables al caso, sostiene que, en  lo  relacionado  con  la  validez formal de los documentos, el Estado requirente  aportó,     debidamente     traducidas     y    autenticadas,     la   providencia    acusatoria,    en   la   cual   se   reseña    el    lugar   y   las   fechas   donde   ocurrieron     los    hechos    y    el    delito   imputado,   las  distintas  normas  penales,  las  declaraciones de apoyo a  la   solicitud de extradición y la orden de captura, motivo por el cual se  cumple con este requisito legal.   

En  cuanto  a  la  demostración plena de la  identidad  del solicitado, asevera no existe duda alguna, toda vez que los datos  suministrados  por  las autoridades del país requirente coinciden con los de la  persona  que  fue notificada de la resolución expedida por la Fiscalía General  de  la Nación, por medio de la cual se ordenó su captura y que en este momento  se encuentra privada de la libertad con fines de extradición.   

Dice  que en las Notas Verbales allegadas al  presente  trámite  se  consignaron sus datos personales, es decir, que se trata  de  un ciudadano colombiano, nacido en el municipio de La Mesa el 6 de agosto de  noviembre  de  1965  y  que  es  portador  de  la cédula de ciudadanía número  298.263,  datos  que confirman dicha identidad, los cuales coinciden con los que  suministró   Humberto   Herrera  Díaz  al momento de su captura.   

En lo que tiene que ver con el principio de  la  doble  incriminación,  sostiene  que  los  cargos  imputados  a   Humberto   Herrera   Díaz   encuentran  adecuación  típica  en  el  artículo  340,  inciso  2°,  del  Código Penal,  modificado  por  el  artículo 8° de la Ley 733 de 2002, el  cual consagra  el  delito de concierto para delinquir con el fin de cometer delitos de tráfico  de  estupefacientes,  cuya pena mínima privativa de la libertad es superior a 4  años,  aspecto  que  conlleva  a  concluir  que  también  se  cumple  con esta  exigencia legal.   

En   lo   que  respecta   a    la    equivalencia    de    la   providencia   dictada   en   el país solicitante, luego de citar una jurisprudencia  de  esta Corporación, dice que es otro requisito que también se satisface, por  cuanto    la    acusación    dictada    en    el   extranjero   contiene   el   cargo   del cual  se   debe    defender    el   acusado,   sin   olvidar   que   dicha   pieza   se  constituye  en  presupuesto procesal para la iniciación de la etapa  de  juzgamiento,  que  culmina  con  la  respectiva  sentencia,  además  de que  contiene   una  relación  detallada  de  los  hechos, con especificación de las circunstancias de tiempo,  modo  y lugar en que ocurrieron y la calificación jurídica de la conducta, con  indicación  de  las  disposiciones  sustanciales  aplicables,  lo  cual permite  colegir  que  dicha  pieza  procesal  guarda  correspondencia  con la acusación  prevista en nuestro sistema procesal penal.   

En   consecuencia,  estima  el  Procurador  Delegado  que  las  formalidades legales se cumplen cabalmente para que la Corte  proceda  a  emitir  concepto  favorable respecto de la solicitud de extradición  del    ciudadano   colombiano  Humberto  Herrera  Díaz.   

CONCEPTO    DE   LA   CORTE   

El   artículo  520  de   la     Ley     600    de    2000,    normatividad   aplicable   en  este   caso,   estatuye   que  el   concepto   que  emite  la  Sala  debe  estar   centrado   en   establecer   la   validez  formal   de    la   documentación   presentada,   en   la   demostración     plena    de   la    identidad    del   solicitado,     en    el    principio    de    la   doble   incriminación,  en  la  equivalencia  de   la   providencia   proferida   en  el  extranjero   y,  cuando  fuere  el  caso, en el cumplimiento de los previstos en los tratados  públicos.   

En  esas condiciones, se procederá a emitir  el concepto en los siguientes términos:   

1.   La   validez       formal       de      los      documentos   aportados   

Advierte  la  Sala  que  la  documentación  presentada   como   soporte  de  la  petición  de  extradición  de  Humberto  Herrera  Díaz, cumple con las  exigencias  legales  contempladas en los Códigos de Procedimiento Penal y Civil  para   tenerla   como   apta   para  fundar  el  concepto  que  debe  emitir  la  Sala.   

En efecto, no hay duda que los documentos se  allegaron   por  vía  diplomática,  habiendo  sido  debidamente  traducidos  y  autenticados,  dentro  de  los  cuales  obran  la copia de la Acusación número  04-CR-365(NG)  del  15  de abril de 2004, dictada por el Tribunal de Distrito de  los  Estados  Unidos, Distrito Oriental de Nueva York, la que fue firmada por el  Presidente  del  Gran  Jurado  y  por la Fiscal Asistente de los Estados Unidos,  señor  Roger  A.  Burlingame,  documento  cuya autenticidad de su contenido fue  certificada  con  la  firma  y  el  sello  pertenecientes al Secretario de dicho  Tribunal, señor Robert C. Heinemann.   

A su vez, obran las declaraciones de Roger A.  Burlingame,  Fiscal Asistente de los Estados Unidos para el Distrito Oriental de  Nueva  York,  y  de  Joseph  Doherty,  Agente  Especial  de  la  Administración  Antinarcóticos  de  los  Estados  Unidos (D.E.A.), rendidas, el 15 de agosto de  2006,  ante  el Magistrado Juez del Distrito Oriental de Nueva York, señor Kiyo  A.  Matsumoto, cuyos contenidos y traducción al español, junto con el resto de  la  documentación  que  las  acompaña, fueron certificados, el 23 de agosto de  dicho  año,  por  Jason  E.  Carter, Director Asociado de la Oficina de Asuntos  Internacionales,  División  de  lo  Penal,  del Departamento de Justicia de los  Estados Unidos.   

Así  mismo  aparece  que  la documentación  anexa  hace referencia a la orden de captura, a la resolución de acusación y a  las  normas  aplicables al caso, esto es, Título 18, Secciones 3282 (delitos no  conminados  con  la  pena  de  muerte) y 3551 (penas autorizadas), y Título 21,  Secciones  812  (tabla  de  sustancias controladas), 841 (actos prohibidos), 846  (tentativa  y  concierto),  952  (importación  de  sustancias controladas), 959  (posesión,  fabricación,  o  distribución  de  sustancias  controladas),  960  (actos  prohibidos  y  penas)  y  963 (tentativa y concierto) del Código de los  Estados Unidos.   

A  su  vez,  la  firma y el cargo del señor  Jason  E.  Carter  fueron  certificados  por  el  señor  Alberto  R. González,  Procurador  de  los  Estados Unidos, quien según su propia afirmación escrita,  ordenó  que  se  estampara el sello del Departamento de Justicia de los Estados  Unidos,  siendo  atestada  la  firma  de  aquél  por  el Director Adjunto de la  Oficina  de Asuntos Internacionales, División de lo Penal, y el sello del   Departamento   de   Estado   fue  ordenado  por  la Secretaria de  Estado,  señora  Condoleezza  Rice,  de  cuyo  nombre  dio  fe  el  Auxiliar de  Autenticaciones de la misma oficina, Patrick O. Hatchett.   

Finalmente,   dichos   documentos   fueron  presentados  para su autenticación ante la Cónsul de Colombia en Washington D.  C.,  señora  María de los Ángeles Barraza, como así lo constató y lo avaló  la   Oficina   de   Legalizaciones  del  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores,  cumpliéndose  con  lo  establecido  por  el  artículo  259 del C. de P. Civil,  modificado  por  el  1°,  numeral  118  del  D. E. 2282 de 1989 que dice:   “Los       documentos       públicos  otorgados       en      país      extranjero      por   funcionario       de      éste      o      con      su  intervención,   deberán  presentarse debidamente autenticados por el  cónsul    o    agente    diplomático    de   la   República,   y  en  su  defecto  por  el de   una     nación     amiga,     lo    cual    hace   presumir   que   se   otorgaron  conforme a la ley del respectivo  país.  La firma del cónsul o agente diplomático se abonará por el Ministerio  de  Relaciones Exteriores de Colombia, y si se trata de agentes consulares de un  país  amigo,  se  autenticará  previamente  por  el funcionario competente del  mismo  y  los  de  éste  por el cónsul colombiano”,  disposición  aplicable al caso en virtud del principio de integración previsto  en  los  artículos  23  y  513,  último  inciso,  del Código de Procedimiento  Penal.   

Además,  el Jefe de la Oficina de Asesoría  Jurídica  del  Ministerio de Relaciones Exteriores, mediante oficio OAJ.E. 1616  del  6  de  septiembre  de  2006 certificó que la documentación del expediente  procedente  de  la  Embajada  de  los Estados Unidos de América, fue presentado  “debidamente         autenticado”.   

Por lo tanto, teniendo en cuenta  que la  solicitud   de   extradición   de   Humberto  Herrera  Díaz  se  hizo  por  la vía diplomática y que en la  expedición   y  trámite  de  los  mencionados  documentos,  así  como  en  su  traducción,  se cumplieron todos los ritos formales de legalización prescritos  por  las  normas  de  los  Estados Unidos de América, la Corte los tendrá como  aptos  para  servir  de prueba en este asunto, cumpliéndose así con la primera  exigencia legal.   

2.   La   identificación     plena     del     solicitado    en   extradición   

No  hay  duda  que el colombiano   Humberto  Herrera  Díaz,  a  quien  se  refiere  este trámite, es la persona solicitada en extradición por el Gobierno  de los Estados Unidos de América.   

En efecto, de la documentación remitida por  vía  diplomática se colige claramente, como lo destaca el Procurador Delegado,  que  se  trata  de  Humberto Herrera Díaz.  Basta  observar  que  el  número de cédula de ciudadanía   que    suministró    la    Embajada    de    los   Estados   Unidos   de  América,   a  través  de   las    Notas    Verbales    números    2399    y   2233   del   28   de  septiembre  de 2004  y   del      5     de     septiembre     de     2006,   respectivamente,  concuerda   con   el   que   aparece   en    el    acta    de   notificación   personal   de   la   providencia   por   medio   de  la   cual   se   dispuso   su   captura  y  en  la  diligencia  mediante  la  cual  se  le  comunicó  sus derechos de capturado por  razón de este trámite (298.263).   

Igualmente,  todos  los  datos suministrados  coinciden  con  los  que obran en la documentación, es decir, que se identifica  con  la  cédula  de ciudadanía número 298.263 de La Mesa (Cundinamarca) y que  nació  en  dicho  municipio  el 6 de agosto de 1965, información que concuerda  integralmente  con  aquella que aparece registrada en la ficha técnica expedida  por  la DIJIN de la Policía Nacional, sin olvidar que también se aportó copia  de la tarjeta decadactilar y una fotografía de su rostro.   

En esas condiciones, resulta evidente que la  persona  detenida es Humberto Herrera Díaz,  de  nacionalidad  colombiana  y  es  el  ciudadano  requerido  en  extradición   por   el  Gobierno  de  los  Estados  Unidos  de   América.   

3.   El   principio  de  la  doble  incriminación   

De  conformidad  con  el  numeral  1°  del  artículo  511  del  Código de Procedimiento Penal, para que la extradición se  pueda  conceder  se  requiere  que  el  hecho  que la motiva esté previsto como  delito  en  Colombia  y reprimido con una sanción privativa de la libertad cuyo  mínimo no sea inferior a cuatro (4) años.   

Teniendo  en  cuenta  la  Acusación número  04-CR-365(NG)  del  15  de abril de 2004, dictada por el Tribunal de Distrito de  los  Estados Unidos, Distrito Oriental de Nueva York, se sabe que a Humberto   Herrera  Díaz  se  le  acusó,  conforme   a   los   cargos   anteriormente   trascritos,   de   “concertarse”   para   “importar”,  desde un lugar fuera de los  Estados  Unidos (cargo uno), y  para     “distribuir     y    poseer”  un kilogramo o más de de una sustancia que contenía heroína,  según  las  normas  penales del Estado requirente en precedencia citadas.    

En  esas  condiciones,  advierte la Sala que  dichos  cargos, de acuerdo con los hechos que se imputan y las normas allegadas,  encuentran  adecuación  típica  en  nuestro  sistema penal en lo reglado en el  artículo  340,  inciso  segundo, del Código Penal, modificado por el artículo  8°  de  la Ley 733 del 29 de enero de 2002 y por el artículo 19 de la Ley 1121  del  29 de diciembre de 2006, que prevé el concierto para delinquir relacionado  con  el  tráfico,  fabricación  o porte de estupefacientes, habida cuenta que,  como  quedó  visto, Humberto Herrera Díaz,  con  conocimiento  conspiró  para  importar,  distribuir  y poseer sustancias que contenía una  cantidad perceptible de heroína.   

Cabe   agregar  que  el   citado     delito     de     concierto     para    delinquir  relacionado       con       el       tráfico       de   estupefacientes,    de    acuerdo    con    la  legislación  nacional    anteriormente    citada,    contempla    una    pena   privativa   de  la   libertad  que  oscila  entre   ocho   (8)   y   dieciocho   (18)  años  de   prisión.   

Así las cosas, claro es que se cumple con el  principio de la doble incriminación.   

4.    Equivalencia   de   la   providencia            proferida            en           el   extranjero.   

Advierte  la  Corte que no existe dificultad  alguna  para  concluir  que  se  cumple  con  el  requisito  de  la equivalencia  contemplado  en  el  numeral  2° del artículo 511 del Código de Procedimiento  Penal,  el  cual  exige  “que  por lo menos se haya  dictado  en  el  exterior resolución de acusación o su equivalente”.   

En   efecto, el Tribunal de Distrito de  los  Estados  Unidos,  Distrito  Oriental  de  Nueva York, acusó a Humberto    Herrera    Díaz    por   la  conducta   punible  señalada en precedencia, mediante acto procesal que en  nuestra  legislación  equivale  a  la  acusación,  como  emerge  de  las   siguientes similitudes, que las tornan equivalentes:   

a) Es un pliego concreto de cargos en contra  del acusado para que se defienda de ellos en el juicio.   

b)  Formulada  la  acusación  se  inicia el  juicio oral que finaliza con el respectivo fallo de mérito.   

c)   Se    señalan    los   hechos,      con      especificación      de      las   circunstancias    de    tiempo   modo   y   lugar   en    que    ocurrieron    y   la   calificación   jurídica   de   las   conductas,   con   indicación   de   las   disposiciones  sustanciales  aplicables.   

Por  lo  tanto, se observa que la acusación  emitida  por  el  tribunal  extranjero  es  equivalente  y tiene la misma fuerza  vinculante de la acusación propia de nuestro sistema judicial.   

ACOTACIÓN    FINAL   

Se  pone  de  presente  al   Gobierno  Nacional  que en caso de concederse la extradición, debe condicionar la entrega  en    el    sentido    de    que   Humberto   Herrera  Díaz  no será juzgado por hechos distintos a los que  originaron   la   reclamación,  ni  sometido  a  tratos  crueles,  inhumanos  o  degradantes,  ni  se  le  impondrá  la  pena  capital  o perpetua, al tenor del  artículo 512 del Código de Procedimiento Penal.   

De  la  misma  manera,  se  le  exhorta  al  Gobierno,   encabezado  por  señor  Presidente  como  supremo  director  de  la  política  exterior  y  de  las  relaciones internacionales para que efectúe el  respectivo  seguimiento  a los condicionamientos que se impongan a la concesión  de  la  extradición  y  determinar  las  consecuencias que se derivarían de su  eventual  incumplimiento,  al  tenor  de  lo  señalado  en  el  ordinal 2° del  artículo 189 de la Carta Política.   

De  otra  parte,  se  pide  al  ejecutivo  recomiende  al  Estado  requirente que, en caso de condena, tenga en cuenta como  parte  de  la  pena  el tiempo que el solicitado haya podido estar privado de la  libertad con motivo del trámite de extradición.   

En  consecuencia,  como la totalidad de los  requisitos   formales   contemplados   en   el  artículo  520  del  Código  de  Procedimiento   Penal   se  cumplen  satisfactoriamente,  la  Sala  CONCEPTÚA   FAVORABLEMENTE  a  la  solicitud  de  extradición  elevada  por  el Gobierno de los  Estados  Unidos  de  América,  respecto  del  ciudadano colombiano HUMBERTO  HERRERA  DÍAZ, en cuanto tiene  que  ver  con  los  cargos  que  le  fueron  imputados  en la acusación número  04-CR-365(NG)  del  15  de abril de 2004, dictada por el Tribunal de Distrito de  los Estados Unidos, Distrito Oriental de Nueva York.   

Comuníquese   esta   determinación   al  requerido,    Humberto   Herrera   Díaz,  quien se encuentra recluido en el Establecimiento Penitenciario y  Carcelario  de Alta y Mediana Seguridad de Combita, a su defensor, la Agente del  Ministerio  Público  y  al  Fiscal  General  de  la  Nación,  para lo de   su  cargo.   

Devuélvase el expediente al Ministerio del  Interior y de Justicia, para lo de ley.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                          ÁLVARO   ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN                        Aclaración de voto                      

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                                          JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JULIO   ENRIQUE   SOCHA  SALAMANCA           

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                 JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

                    Secretaria   

ACLARACIÓN  DE  VOTO  

Con el respeto que siempre profeso por las  decisiones  de  la Sala, expongo a continuación los aspectos que, en mi sentir,  deben  incluirse  en  los  conceptos de extradición que emite la Corte frente a  trámites  que involucran ciudadanos colombianos por nacimiento, particularmente  cuando  se  desarrollan  en  ausencia  de  cláusulas  pactadas  en instrumentos  internacionales   de   carácter  bilateral  o  multilateral,  en  la  forma  de  condicionamientos  que  el  Gobierno  Nacional  debería  exigir  al  momento de  acceder  a  la  entrega  de  un  connacional,  además  de  los que se le vienen  sugiriendo de manera común.   

La  posición que he venido sustentando en  Sala  y que no ha tenido acogida, descansa en que la Corte al asumir la función  de  conceptuar,  no  sólo  ha  de tener como guía los parámetros que sobre la  materia  están  fijados  en  el  ordenamiento  procesal penal patrio, sino que,  además,  su misión también debe estar influida por la regla del artículo 2º  de  la  Constitución,  pues  en  cuanto  órgano  máximo  de  la jurisdicción  ordinaria  y,  por tanto, componente esencial en la estructura del Estado Social  de  Derecho,  también  debe  velar  por  la efectividad de los principios   –entre ellos el fundante  de  la  dignidad  humana-,   derechos  y  deberes  consagrados en la Carta;  defender  la  independencia  nacional y proteger a todas las personas residentes  en    Colombia    en   su   vida,   honra,   bienes,   creencias,   derechos   y  libertades.   

En  ese  orden  de  cosas,  estimo  que es  preciso   advertir   en  el  concepto  sobre  la  necesidad  de  plantear  otras  condiciones  a  la  entrega del reclamado, derivadas del hecho de que el acto de  extradición  no  implica  que el extraditado pierda la nacionalidad colombiana,  lo  cual sólo ocurre frente a los presupuestos señalados en el artículo 98 de  la Constitución.   

En tales condiciones, cuando la entrega en  extradición  de  un  nacional  colombiano se tramita y agota, en ausencia de un  convenio   multilateral   o  bilateral  sobre  la  materia,  con  arreglo  a  la  Constitución  y  a  la  ley,  debe tenerse en cuenta que a diferencia de lo que  ocurre  si  se  hubiera adelantado conforme a un instrumento internacional en el  cual  las  partes  acuerdan condiciones que pueden significar la restricción de  ciertos  derechos,  en  virtud  a  la  configuración del Estado colombiano como  social  y  democrático  de derecho, en el cual es base fundamental el respeto a  la  dignidad  humana  (artículo  1º de la Carta), las condiciones que se deben  exigir  al país reclamante tienen que estar ligadas con la observancia allí de  los  derechos  y  garantías  que  cobijarían  al  solicitado de ser juzgado en  Colombia.   

Eso  es  así,  porque  al  acceder  a  la  extradición  de  un colombiano por nacimiento el Estado, a través del Gobierno  Nacional,  renuncia  a la potestad de ejercer su propia jurisdicción, pero no a  la  obligación  de  proteger al extraditado, pues en tanto siga siendo súbdito  de  Colombia, tiene derecho a todas las prerrogativas, garantías y derechos que  emanan  de  la Constitución y la ley, en particular, aquellos que se relacionan  con   su   calidad   de   procesado  y  que  tienen  que  ver  con  la  dignidad  humana.   

Así las cosas, siendo el marco esencial de  la   figura   de  la  extradición  lo  señalado  en  el  artículo  35  de  la  Constitución,  que  fija  un  sistema  de  fuentes1 para que se solicite, conceda  u  ofrezca,  que son los tratados públicos y, en su defecto, la ley, es preciso  comentar  que  como  no hay un instrumento vigente de esa naturaleza que ligue a  Colombia  con Estados Unidos en el tema de extradición, el ámbito para evaluar  la  procedencia  de  una  solicitud,  concesión  u ofrecimiento de extradición  entre los dos países es el Código de Procedimiento Penal.   

Obsérvese   que   los   preceptos   que  desarrollan  la  extradición  tanto en la Ley 600 de 2000 como en la ley 906 de  2004,  además  de  reiterar  las  reglas  constitucionales  (improcedencia  por  delitos  políticos, o la de colombianos por nacimiento por hechos cometidos con  anterioridad     al     17     de     diciembre     de     1997     –artículo   508   y  artículo  490,  respectivamente-);  fijan  el organismo al que le corresponde ofrecer o conceder  la  extradición  de  una persona y las facultades sobre la materia –el   gobierno-,   el   ámbito   de  competencia  de  cada ente gubernamental, y el que le corresponde en el trámite  a   la  Corte;  señalan  requisitos  adicionales  (doble  incriminación,  acto  procesal   mínimo  en  el  exterior  –artículo  510  y artículo 492 ib.-); estructuran la forma como se  desarrolla  el trámite mixto, así como los fundamentos del concepto (artículo  520  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de 2000 y artículo 502 del Código  Procesal  Penal  de  2004);  determinan cuándo se decide sobre la solicitud, en  qué  momento  se  hace  la  entrega  y regula la orden de prelación en caso de  varias  solicitudes  (artículos  522,  523  y  524, y artículos 504, 505 y 506  ibídem);  consagran el derecho a la defensa y los eventos en que hay lugar a la  libertad  (artículos  529 y 530 de la Ley 600 de 2000 y artículos 510 y 511 de  la Ley 906 de 2004).   

Además, el artículo 512 de la primera de  las  leyes  en  cita  le impone de modo imperativo al gobierno la obligación de  exigir  que  el  solicitado  no vaya a ser juzgado por un hecho anterior diverso  del  que motiva la extradición, ni sometido a sanciones distintas de las que se  le  hubieran  impuesto en la condena, y a que se le conmute la pena de muerte en  caso  de  que  la  legislación del país reclamante la prevea como sanción del  delito  que  motiva  la  solicitud  de  extradición,  circunstancias éstas que  igualmente  se  encuentra  previstas  en  el  artículo 494 del Código Adjetivo  Penal  de  2004, con la inclusión en este último de que tampoco al extraditado  se  le  someta  a  desaparición forzada, torturas ni a tratos ni penas crueles,  inhumanas  o  degradantes,  como  tampoco  a  las  penas  de destierro, prisión  perpetua o confiscación.   

Recuérdese  que  las  condiciones  arriba  señaladas  fueron  extendidas,  con el mismo carácter imperativo, por la Corte  Constitucional a otras situaciones, al señalar que:   

“…no  sólo  habrá  de  entenderse que en caso de que exista en el Estado requirente la pena  de  muerte,  la entrega se hará bajo la condición de la conmutación de ésta,  sino,  también  bajo el entendido de que al extraditado no se le podrá someter  ni  a  torturas,  ni  a tratos o penas crueles, ni a desaparición forzada, ni a  tratamiento   degradante   e  inhumano,  razón  por  la  cual  así  habrá  de  condicionarse  la  constitucionalidad  que  se  declara  del  artículo  550 del  Código de Procedimiento Penal.   

Por otra parte, se observa por la Corte, que  la   Constitución   colombiana,   prohíbe  en  su  artículo  34  ‘las   penas  de  destierro,  prisión  perpetua  y confiscación’,  a  las  cuales,  por  las  mismas  razones  anteriormente  expuestas,  no podrá  someterse  al  extraditado  por  el  país  que  lo  juzgue,  lo que implica que  igualmente   en  ese  sentido  habrá  de  condicionarse  la  exequibilidad  del  artículo     550    del    Código    de    Procedimiento    Penal.”2   

Sin  embargo,  esas  no  son  las  únicas  condiciones  susceptibles  de formularse, pues al fin y al cabo el primer inciso  del  artículo  512  del  Código  de  Procedimiento Penal de 2000, así como el  primer  inciso  del  artículo  494  de  la  Ley  906  de  2004,  preceptúa que  “El gobierno podrá subordinar el ofrecimiento o la  concesión    de    la    extradición   a   las   condiciones   que   considere  oportunas.”   

Esa  facultad,  debe  señalarse,  no  es  discrecional,  pues  al  momento  de  decidir  sobre  la  entrega de un nacional  colombiano  el  gobierno  está  en  el  deber  de  armonizar  los  criterios de  conveniencia  nacional o de cooperación internacional, con la premisa según la  cual  al  concederse la extradición no se renuncia a la soberanía, sino que se  ejerce3,  y  con  los  derechos  y garantías que están consagrados en la  Constitución  y  en  los instrumentos internacionales sobre derechos humanos en  pro   de   un   justiciable,   así   como   en   protección   de  su  dignidad  humana.   

Así,  con  arreglo  al artículo 29 de la  Carta;  a  los  artículos  9  y  10  de  la  Declaración Universal de Derechos  Humanos,  5-3.6, 7-2.5, 8-1.2(a)(b)(c)(d)(e)(f)(g)(h).3.4.5, 9 de la Convención  Americana  de  Derechos  Humanos,  9-2.3,  10-1.2.3,  14-1.2.3,5, y 15 del Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos,  el  Gobierno Nacional debe  condicionar  la  entrega de un compatriota, si concede la extradición, a que se  le    respeten    al   extraditado   –como  a  cualquier  otro  nacional en las mismas condiciones- todas  las  garantías  debidas  a  su  condición de justiciable, en particular, a que  tenga  acceso  a  un  proceso  público  sin dilaciones injustificadas, a que se  presuma  su  inocencia, a que cuente con un intérprete, a que tenga un defensor  designado  por  él  o por el Estado, a que se le conceda el tiempo y los medios  adecuados  para  que  prepare la defensa, a presentar pruebas y controvertir las  que  se  aduzcan  en contra, a que su situación de privación de la libertad se  desarrolle  en  condiciones  dignas, a que la eventual pena que se le imponga no  trascienda  de  su persona, a que la sanción pueda ser apelada ante un tribunal  superior,  a que la pena privativa de la libertad tenga la finalidad esencial de  reforma y readaptación social.   

Igualmente, el gobierno debe condicionar la  entrega  a  que el país reclamante, conforme a sus políticas internas sobre la  materia,  le  ofrezca  posibilidades racionales y reales para que el extraditado  pueda  tener  contacto  regular  con sus familiares más cercanos, habida cuenta  que  la  Constitución  de  1991, en su artículo 42, reconoce a la familia como  núcleo  esencial  de la sociedad, garantiza su protección y reconoce su honra,  dignidad  e  intimidad,  lo  cual se refuerza con la protección adicional que a  ese   núcleo  le  otorgan  la  Convención  Americana  sobre  Derechos  Humanos  (artículo  17)  y  el  Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles y Políticos  (artículo 23).   

En cumplimiento de su deber de protección  a  las  garantías y derechos del nacional colombiano entregado en extradición,  es  misión  del  Estado,  por medio del ámbito de competencias de los órganos  respectivos,  vigilar  que  en  el  país reclamante se respeten las mencionadas  condiciones  (artículo  9  y 226 de la Carta). Así, en primer orden, a través  del  cuerpo  diplomático,  en concreto, por las diferentes oficinas consulares,  con  apoyo  de  la  Procuraduría  General  de  la  Nación (artículo 277 de la  Constitución)  y  de  la  Defensoría del Pueblo (artículo 282 ibídem), de lo  cual,  además,  habrá  de darse informes periódicos a la Corte, en virtud del  principio  de  colaboración  armónica  entre  los diferentes Poderes Públicos  (artículo  113  de  la  Carta),  con  el  fin  de  que todos los estamentos con  injerencia  en  el  tema  tengan elementos de juicio que les permitan sopesar la  conveniencia    de    privilegiar   jurisdicciones   foráneas   frente   a   la  interna.   

De   esa   manera,   dejo   sentado   mi  criterio.   

Señores Magistrados,  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

Fecha    ut  supra.   

    

1 Corte  Constitucional, sentencia C-740/00.   

2  Sentencia C-1106/00.   

3 Cfr.  Corte Constitucional, Sentencia C-621/01.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *