26179(09-11-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26179  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

Aprobado acta N° 128  

Bogotá,  D.  C., noviembre nueve (9) de dos  mil seis (2006)   

VISTOS  

Examina  la Sala el cumplimiento o no de los  presupuestos  lógicos  y  de adecuada argumentación de la demanda de casación  presentada     por     JUAN     ANDRÉS     SUÁREZ  GUTIÉRREZ,  en nombre propio, por cuyo medio sustenta  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto  contra  la sentencia de  segunda  instancia  proferida  del  31 de marzo de 2006 por el Tribunal Superior  Militar.   

Fallo   por   cuyo   medio   se  confirmó  parcialmente  la  sentencia  proferida por el Juzgado de Primera Instancia de la  Inspección   General   de  la  Policía  Nacional  que  condenó  al  procesado  SUÁREZ  GUTIÉRREZ  a  las  penas  principal  y accesoria de cuarenta y dos (42) meses de prisión, multa de  trescientos  mil  pesos  e inhabilitación de derechos y funciones públicas por  el  mismo  lapso  de  la  sanción  privativa  de la libertad, al hallarlo autor  penalmente  responsable del delito de peculado por apropiación y, se revocó en  virtud  del  grado  jurisdiccional  de consulta, la absolución proveída por el  a  quo  a favor del agente de  la   policía   Luis  Hernández  Gaviria,  quien  finalmente  fue  sometido  a las mismas penas principales y  accesorias  ya  referidas,  por  su  compromiso  de responsabilidad penal en los  hechos materia de juzgamiento.   

HECHOS Y ACTUACION PROCESAL  

1.  En  desarrollo  de un operativo policial  llevado  a  cabo  el  11  de enero de 1998 en la ciudad de Armania, Quindío, al  mando    del   Subteniente   JUAN   ANDRÉS   SUÁREZ  GUTIÉRREZ,  se  dio captura al ciudadano Cesar  Parra  Prieto en cuyo poder se dijo  fue   hallado  un  revólver  hechizo  o  “changón”,  pese  a  lo  cual  el  aprehendido,  desde  el  mismo  momento  en  que fue puesto a disposición de la  autoridad  competente,  afirmó  que  el  elemento encontrado en su poder era un  arma  deportiva  marca  DAYSY.   

El 20 de enero del mismo año, en desarrollo  de   un   operativo   de  contrainteligencia,  fue  sorprendido  el  Subteniente  JUAN    ANDRÉS    SUÁREZ    GUTIÉRREZ   en   momentos   en   que  negociaba  con  familiares  del  señor  Parra   Prieto   el   arma  deportiva  marca  DAYSY por la  suma   de   cien   mil  pesos  que  le  fue  entregada  en  efectivo,    negociación    intermediada    por  Diego  Correa,  quien era en  realidad informante de la policía.   

2.  Adelantada  la  instrucción  a  la cual  fueron  vinculados  el Subteniente JUAN ANDRÉS SUÁREZ  GUTIÉRREZ  y  el agente Luis  Hernández  Gaviria, con fecha 28 de febrero de 2003 la  Fiscalía  142  Penal  Militar  ante  el  Juzgado  de  Primera  Instancia  de la  Inspección   General   de   la  Policía  Nacional,  profirió  resolución  de  acusación  contra  los antes nombrados como probables autores de los delitos de  peculado  por  apropiación  y  privación ilegal de la libertad, determinación  que  impugnada  por  la  defensa  fue  confirmada  mediante  proveído  del 4 de  septiembre  de  2003  en  lo relativo a la primera de las conductas punibles, no  así  respecto  de  la  segunda  por  cuanto  se  declaró  prescrita la acción  penal.   

3.  El  juicio  se  surtió en el Juzgado de  Primera   Instancia   de   la   Inspección  General  de  la  Policía  Nacional  profiriéndose  a  su  conclusión  sentencia condenatoria contra el Subteniente  JUAN   ANDRÉS   SUÁREZ   GUTIÉRREZ   como  autor  responsable  del delito de peculado por apropiación en  cuya  virtud  le fueron impuestas las penas principales y accesoria indicadas en  el  introito  de  esta  providencia  y  absolutoria  en  relación con el agente  Hernández  Gaviria. Apelado  el   fallo  por  el  defensor  del  procesado  SUÁREZ  GUTIÉRREZ  el  Tribunal Superior Militar le impartió  confirmación  a  la  condena, decisión contra la cual el procesado, en tiempo,  acreditando  su  calidad  de  abogado  en  ejercicio,  interpuso  y sustentó el  recurso extraordinario de casación.   

LA  DEMANDA   

          Sin  especificar  la  causal ni los cargos que se proponen contra el  fallo  de  segundo  grado,  el  demandante  asevera  que  la sentencia impugnada  “es  violatoria  de  una norma de derecho sustancial  proveniente  un  error  de  hecho  en  la  apreciación  de  las  pruebas  y con  afectación     al     DEBIDO    PROCESO”  (subrayas y negrillas incluidas en el  texto trascrito).   

          En  tal  sentido,  menciona  el  actor  que  los fallos de primera y  segunda  instancia  no responden a un “buen juicio de  raciocinio”, ocupándose de señalar el contenido de  algunas  de  las  pruebas  para  criticar  el mérito suasorio que le otorgó el  sentenciador  y  reivindicar  el  que  correspondía  a  otras. Así, en esencia  argumenta el demandante que:   

a)    No   se   logró   “descifrar  el embuste o verdad de Cesar Parra Fierro” quien  para  desembarazarse de la sindicación en su contra dijo que  el  revólver  que  le  encontraron no era de él y que en su poder se halló un  arma de juguete tipo deportivo.   

          b)  No  tuvo  en  cuenta el fallador las contradicciones del testigo  Diego   Correa,  quien  dio  cuenta  de  la  negociación  de  la  pistola  de  juguete,  pues en una primera  declaración  dijo  haber visto en poder del procesado dicho elemento el domingo  siguiente  al  operativo  en  que  se  capturó a Cesar  Parra,  en la segunda afirmó que la pistola la tenía  el  aquí  procesado  desde octubre anterior y en la tercera manifestó que supo  de   la   existencia   del   arma   de   juguete   decomisado   a   Cesar  Parra,  contradicciones hacen perder  fuerza suasoria al testigo.   

c) No podía darse credibilidad a la versión  de   Cesar  Parra  dada  su  “hipocresía”    al  pretender   desmentir   circunstancias   anteriores  a  su  captura  que  están  plenamente   demostradas,  como  que  momentos  antes  estuvo  en  la  funeraria  Inmaculada  y  los  allí presentes pudieron ver que tenía un arma en su poder,  lo  cual  permite  inferir  que  si  portaba  el  revólver  y no una pistola de  juguete.   

d)  Tampoco era creíble la declaración del  Coronel  Posada  Hoyos, quien  se  mostró contradictorio al sostener que el procesado no ofreció explicación  sobre  la  venta  del  arma deportiva, para afirmar luego que aquél admitió su  responsabilidad,  sacó  $90.000  y se los entregó, confesión extrajudicial de  la  cual  dijo  eran  testigos  dos  agentes  que  luego  declararon  no haberla  escuchado.   

e)  No  tuvo  en  cuenta  el  fallador  la  “probable inverosimilitud de la familia PARRA FIERRO  interesados    en    que    su    consanguineo    CESAR    PARRA   eludiera   la  responsabilidad”.   

En  oposición,  considera el demandante que  debió   otorgarse  mayor  mérito  suasorio  a  la  declaración  del  Teniente  Correa  Barbosa,  quien  por  compartir  su  habitación  conoció que el procesado poseía un arma de juguete  marca  DAYSY,  la  cual  dijo  mantenía  en  su  mesita  de noche, junto con la  invariable  versión  que  brindó el agente Hernández  Gaviria,   también   condenado   por   estos  hechos  -no  recurrente,  aclara  la  Sala-  quien   en   todo   momento  ratificó  que  el  arma  decomisada  a  Parra Fierro fue un revólver  y  no  una  pistola  de  juguete.  Por  ello,  el  actor estima que “debió  darse  aplicación al principio constitucional y legal de  la  presunción  de  inocencia” puesto que, a más de  lo  anterior,  “no parece lógico que una pistola de  juguete  y  de  poco  valor,  que  le  guste  o  aprecie un determinado servidor  público  que  la  incauta, origine de inmediato un informe policivo embustero y  dejación  a  disposición  de  autoridad  competente,  cuando  lo usual en esos  casos   similares   es  la  retención    o    apropiación    del   objeto   a   aprópiense   (sic)  y la libertad de quien lo detenta o  poseía y la carencia de informe policivo”.   

Seguidamente,  el  demandante  denuncia  la  “violación   del   debido   proceso”  indicando que en el curso de la corte marcial la representante del  Ministerio  Público  advirtió sobre las deficiencias probatorias que obligaban  a  decretar  la  nulidad  de  lo  actuado  desde  la  resolución de acusación,  inclusive,  petición  que no fue atendida olvidando los jueces de instancia que  les  compete  la guarda de los derechos fundamentales del procesado. Igualmente,  se  incurrió en otra irregularidad sustancial en la sentencia de segundo grado,  por  cuanto  la  alzada  fue  resuelta  en perjuicio  de quien no promovió  recurso,    como    era    el    agente    HERNÁNDEZ  GAVIRIA,  contrariando  la competencia que asistía al  Tribunal  Militar,  situación  que  impone  una exhaustiva revisión del asunto  para  que  “se  profiera decisión que garantice los  preceptos del debido proceso”.   

Finalmente,  manifiesta  el  actor que en el  Decreto  2550 de 1998 y en la Ley 522 de 1999 se sanciona con pena de arresto de  seis  meses  a  dos años a quien decomise y sin justa causa no entregue armas o  municiones  a la autoridad competente dentro de los quince días siguientes a la  fecha  del  decomiso,  conducta  punible  que  recoge la desarrollada, cual fue,  decomisar  un arma deportiva  y no dejarla  a disposición, siendo las  autoridades    de    primera    y    segunda   instancia   renuentes   a   darle  aplicación.   

Con fundamento en las anteriores razones, el  demandante  solicita casar la sentencia recurrida y, en su lugar “revocar  la  providencia de fecha 13 de julio de 2005, proferida por  el  Juzgado  de primera instancia ante la Dirección de la Policía Nacional, en  aras  de preservar el debido proceso constitucional, la presunción de inocencia  y  lo  mismo  que  a  su  similar  de in dubio pro reo y el principio de la sana  crítica en la valoración de las pruebas”.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

Impera  señalar, en primer término, que de  conformidad  con  las previsiones del artículo 209 del estatuto procesal penal,  asiste  legitimidad  al  procesado  para  sustentar el recurso extraordinario de  casación  en  cuanto  acreditó  su  calidad  de  abogado  habilitado  para  el  ejercicio  de  la  profesión, según se desprende de la tarjeta profesional que  exhibió  al  momento  de presentar la demanda y de la cual aportó copia con el  libelo  respectivo.  De  manera  que, constatada dicha legitimidad para obrar en  nombre  propio,  procedente  resulta  abordar el examen del libelo introductorio  del  recurso,  con  miras  a  establecer  si  cumple  o  no con los presupuestos  lógicos   y   de   adecuada   argumentación,  necesarios  para  su  admisión.   

Con  dicho  propósito  oportuno  se ofrece  precisar   que,   como   insistentemente  lo  ha  señalado  esta  Corporación,  el  recurso  extraordinario  de  casación  gira  al  rededor  de  la  denuncia  específica que presenta el impugnante, de suerte que  para  su  admisión  se  precisa que el censor anuncie la causal con apoyo en la  cual  pretende  la  casación  del  fallo,  como  que  efectúe  una exposición  razonada  clara  y  precisa  que  responda  lógicamente  al  motivo  de casación seleccionado, pues como es  apenas   natural,   cada   uno   de   ellos   supone   específicas   exigencias  argumentativas,   a   través   de  las  cuales  debe  quedar  en  evidencia  el  distanciamiento    evidente    entre    el    fallo    impugnado    y   la   ley  sustancial.   

También ha dicho la Sala reiteradamente que  siendo  disímiles  las  cargas  argumentativas  que  debe  desarrollar el actor  dependiendo  de  la causal seleccionada y el tipo de yerro advertido, debe tener  especial  cuidado  en no confundir errores in iudicando  e in procedendo. Ni   denunciar   en  un  mismo  cargo,  indiscriminadamente,  yerros  originados  en un incorrecto ejercicio hermenéutico y los que tienen arraigo en  la   apreciación  probatoria.  O  abordar  bajo  una  misma  línea  argumental  irregularidades  procesales  para  sostener  que a través suyo se afectaron las  formas  propias del juicio y las garantías fundamentales de los intervinientes.   

Ello  porque no resulta posible predicar los  presupuestos  de  logicidad  y de adecuada argumentación que deben ostentar los  reproches   en   esta   sede,  cuando  el  demandante  confunde  las  anteriores  categorías  de  error,  y menos aun en los eventos en que las entremezcla en un  mismo   reproche,   por   cuanto  ello  conduce  inexorablemente  a  confusiones  argumentativas   y  conceptuales  que  puedan  entorpecer  la  comprensión  del  planteamiento e incidir negativamente en su construcción lógica.   

En la demanda que concita la atención de la  Sala   resulta   notoria  la  incursión  del  actor  en  todas  las  anteriores  incorrecciones,  por cuanto omite enunciar alguna de las causales de casación a  cuyo  amparo  persigue  la  casación  del  fallo  y  porque,  simultáneamente,  efectúa  una  exposición  a través de la cual menciona indiscriminadamente la  existencia   de   errores   en  la  apreciación  de  las  pruebas,  errores  de  procedimiento  y  errores en la selección de la norma con fundamento en la cual  se  impuso  la  condena,  de  forma  que, en lo que se asemeja más a un alegato  propio  de  las  instancias,  el  libelista  aborda  temas  disímiles,  que son  expuesto   sin   el   rigor   lógico  que  exige  la  fundamentación  de  este  extraordinario recurso.   

En tal sentido, se advierte cómo el actor,  en   principio,  vincula  la  ilegalidad  del  fallo  impugnado  a  la  probable  incursión  del  sentenciador  en  un  error  de hecho en la apreciación de las  pruebas,  lo  cual supondría que la vía de ataque seleccionada es la contenida  en  la  causal  primera de casación, apartado segundo, por violación indirecta  de   la   ley   sustancial.  Así  mismo,  según  se  extracta  de  la  inicial  argumentación,  el  error  denunciado  parecería  corresponder a uno por falso  raciocinio,  en tanto se estructura sobre el supuesto de que analizado el caudal  probatorio  en  su  conjunto y de acuerdo con las reglas de la sana crítica, no  otorga certeza para condenar.   

Sin  embargo, aun asumiendo que la anterior  fue  la  intención  del  censor, el subsiguiente desarrollo que se ensaya en el  libelo  resulta  inadecuado  para abrir paso a este extraordinario recurso, pues  para  ello  habría  sido necesario que el demandante identificara los criterios  tenidos  en  cuenta por el sentenciador para la valoración de las pruebas, así  como  el  error  de  argumentación  por  soportarse  en  equivocados postulados  científicos,  pautas  lógicas  o máximas de la experiencia  aplicados en  su   análisis   conclusivo  y,  en  contraste,  aquellos  aportes  científicos  correctos,  reglas  de  la lógica apropiadas o  máximas de la experiencia  que  debieron ser tenidos en cuenta para esclarecer el asunto debatido, todo con  el  fin de demostrar que a partir de ese nuevo ejercicio valorativo variaría la  reconstrucción  fáctica  que  se dio por demostrada en la sentencia, así como  su consecuencia jurídica y, por ende, su sentido.   

Pero  el demandante sólo incursiona en una  franca  oposición  de  criterios,  reivindicando  la  mayor  razonabilidad  que  considera  tienen  sus  premisas conclusivas, a diferencia de aquellas a las que  arribó  el  fallador,  las cuales no pone en conocimiento de la Sala, olvidando  así  que  este  medio  de  impugnación extraordinario no ha sido previsto para  reabrir  el  debate  que  ya  se  surtió  en  las instancias, ni constituye una  tercera  instancia  a  la que se pueda acudir con el ánimo de persuadirla sobre  la  mayor validez de la tesis por la cual se aboga.   

No  menos impropia resulta la argumentación  del  demandante  cuando,  en el mismo reproche, refiere que el fallo vulneró el  debido  proceso  en  razón  de  haberse  denegado la petición de nulidad de lo  actuado  que  elevó  la  delegada  del  Ministerio Público por “deficiencias  probatorias”, irregularidad  que  no  aparece desarrollada de manera alguna, como quiera que no avanza en esa  propuesta  invalidatoria, indicando cuáles fueron aquellas pruebas que pudiendo  llevarse  a cabo, se dejaron de practicar, ni menciona su posible aporte y cómo  habrían  incidido  en  la  definición  del  asunto  de  forma  favorable a los  intereses del procesado.   

Tampoco  ofrece  el actor una argumentación  precisa  en orden a demostrar la existencia de un error acaecido en la sentencia  por  la  presunta  violación de la prohibición de reforma peyorativa en cuanto  que,  cómo fácil se advierte, la determinación que cuestiona no se adoptó en  el  marco  del recurso de apelación interpuesto contra el fallo condenatorio de  primer  grado, sino por virtud del grado jurisdiccional de consulta al cual, por  ministerio  de  la  ley, estaba sometida la decisión absolutoria adoptada en la  misma sentencia y a favor de otro procesado.   

De   suerte   tal   que  no  se  vislumbra  cuestionable  la competencia del superior para reformar la sentencia en cuanto a  la  situación  del  no recurrente, vinculada como se hallaba al cumplimiento de  una  función jurisdiccional que le correspondía desarrollar, en cuanto que por  vía   del   grado   jusrisdiccional  de  consulta,  era  de  su  cargo  examinar  la  legalidad  la decisión  absolutoria  de  primera  instancia.  Y,  en  todo  caso, no cabe duda que dicha  competencia  resultaba  ser  diversa  a  la  que ostentaba la misma Corporación  frente  al  recurso  de  apelación que interpuso contra el mismo fallo el aquí  demandante,  en  cuanto  que  respecto  de  él,  sí  se hallaba restringido el  superior  al examen de los temas propuestos en la alzada y los inescindiblemente  vinculados a su objeto.   

Por  lo  demás,  el demandante tampoco hace  mención  alguna  a  cómo  esa  hipotética  irregularidad  que denuncia por la  vulneración  de  la prohibición de reforma peyorativa, tendría alguna aptitud  para comunicar efectos a su propia situación.   

Finalmente,   sobre   las   tangenciales  referencias  del  demandante,  por  cuyo  medio  denuncia un posible yerro en la  selección   del  tipo  penal  de  peculado  por  apropiación,  ellas  resultan  igualmente  insuficientes  para  demostrar dicho error, en tanto todo el peso de  la  censura se reduce a la transcripción acrítica del tipo penal que considera  se  tipificaba,  para de allí sostener, sin más argumentos, que por ese delito  debió procesársele.   

En  suma,  los  diferentes argumentos que el  demandante  expone  para  atacar  la  legalidad  del  fallo, no se acompañan de  razones   claras  que  dejen  al  descubierto  la  ilegalidad  de  la  sentencia  impugnada.   

Y  en  cambio,  como  ya  se  anticipó,  la  entremezcla  de diferentes tipos de error en un mismo cargo incide negativamente  en  su construcción lógica, si en cuenta se tiene que a través de la denuncia  de  errores  de  hecho  el  demandante discute los supuestos fácticos sobre los  cuales  se  apoya  la sentencia, pero luego coloca en un mismo plano de igualdad  otro  error  de  puro derecho en la selección del tipo penal, sirviéndose esta  vez  de  los  hechos  que  se declararon probados y que previamente niega. Y, en  similar   dirección,  a  la  par  de  la  denuncia  de  los  anteriores  yerros  in  iudicando  que  suponen  conformidad  con  la  actuación  procesal  que  antecede  a  la  emisión de la  sentencia,  alega  la existencia de vicios anteriores acaecidos en el desarrollo  del  proceso,  ilogicidad  que  a  la  postre  se  refleja  cuando al momento de  concretar  su  petición  final, no atina a precisar qué persigue, esto es, sí  la  nulidad  de  lo  actuado  desde  la  calificación,  o  que  se profiera una  sentencia  sustitutiva  absolutoria  por la alegada duda, o se reconozca que con  su  conducta consumó un delito diferente al imputado y se le condene como autor  del mismo.   

         Así,  pues,  como la demanda acusa las graves falencias que se han  precisado,  que  no  pueden en modo alguno ser subsanadas por la Corte pues ello  lo  impide  el  principio  de  limitación  que  rige el trámite casacional, se  impone  de  plano  su inadmisión de conformidad con lo  establecido  en  el artículo 213 de la Ley 600 de 2000, sin que, por lo demás,  se   advierta   en  la  actuación  o  en  el  fallo  reprochado,  violación  de derechos o garantías que impusieran el ejercicio de  la    facultad    oficiosa    que   sobre   el   particular   le   confiere   el  legislador  a  la  Sala,  con  el  fin  de procurar su  protección.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  interpuesta  por  JUAN  ANDRÉS SUÁREZ GUTIÉRREZ, en nombre  propio,  por  las  razones  expuestas  en  la  anterior motivación.           

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra esta decisión no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ             ALFREDO  GÓMEZ QUINTERO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN              MARINA  PULIDO DE BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES               YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA              JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria    

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