26152(31-10-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26152  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                     

Magistrada Ponente  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

Aprobado   Acta  N°.  124   

Bogotá,  D.C, octubre treinta y uno (31) de  dos mil seis (2006).   

VISTOS  

          Procedería  la  Sala  a  pronunciarse  sobre  la  admisibilidad  formal  de  las demandas de  casación   presentadas  por  los  defensores  de  los  procesados  MARIANO   PORRAS   BUITRAGO,  FABIOLA  PEÑA  GUEVARA  y  MARLÉN YOLANDA PÉREZ ORTIZ, contra la  sentencia  proferida  el  25  de  octubre  de  2005,  por cuyo medio el Tribunal  Superior  de Bogotá confirmó en lo esencial la dictada por el Juzgado 48 Penal  del  Circuito  de  la misma ciudad el 16 de junio de la misma anualidad, que los  condenó  por su responsabilidad penal en el delito de estafa agravada objeto de  acusación,  si  no  se  observara  que,  por el transcurso del tiempo, ha hecho  presencia  el  fenómeno de la prescripción de la acción penal derivada de tal  conducta punible.   

HECHOS   Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          El  supuesto  fáctico  que  dio origen a la presente actuación se  compendió  por  el Tribunal en el siguiente sentido:             

          “Aparece  en  el expediente que durante los años de 1991, 1992 y  1993,  el  Sr.   MARIANO  ENRIQUE PORRAS BUITRAGO, dirigente del movimiento  político  Unión  Nacional Independiente    y Renovadora (UNIR),  y  las  señoras  MARLÉN  YOLANDA  PÉREZ  ORTIZ  Y  FABIOLA  PEÑA DE GUEVARA,  promocionaron  entre  personas  de  escasos  recursos  un  plan  de vivienda que  denominaron  de autogestión y autoconstrucción, el cual tendría una duración  de dieciocho meses.   

Para desarrollar este proyecto los acusados  crearon  la  Sociedad Vivienda Social Limitada (VISOCOL Ltda.), representada por  Mariano  Enrique  Porras, la Cooperativa Multiactiva Orión Limitada, gerenciada  por  Fabiola Peña y la Corporación para el Desarrollo Humano Integral Vivienda  Social,  de la que los tres procesados eran socios, cuyo objeto era afiliar a la  personas   interesadas   en  adquirir  las  soluciones  de  vivienda  que  ellos  promocionaban,  así  como  recaudar  el  dinero  que  los  cientos de afiliados  aportaban,  ya fuera con capital propio, trabajo o actividades desarrolladas por  éstos  para  la consecución de su tan anhelada vivienda. Dineros que estarían  destinados  a  la  compra  del terreno en donde se construirían su viviendas la  compra  de  los  materiales  necesarios  y  la  construcción  de  las  unidades  habitacionales.    

Con  el  dinero aportado por los cientos de  personas   interesadas  en  adquirir  una  vivienda  se  compraron  los  predios  Calandamia     para     construir     Unir    I    y    Altamira,    donde    se  construiría         Unir II, ambos inmuebles  fueron    adquiridos    a   nombre   de   Mariano     Enrique   Porras  Buitrago.   

Durante el tiempo que se acordó duraría el  proyecto,  esto  es  dieciocho  (18)  meses,  los  potenciales adjudicatarios de  vivienda     consignaban  periódicamente  sumas  de  dinero  por  diferentes   valores en las cuentas bancarias que los oferentes les habían  indicado  o  los  entregaban directamente en las oficinas que para tal efecto se  abrieron,  con  el  paso  del  tiempo  los  afiliados al programa de vivienda de  interés  social  advirtieron que el proyecto no era una realidad”.   

Con fundamento en los hechos anteriores, se  abrió  la  correspondiente  investigación  penal,  dentro  de  la  cual fueron  vinculados  mediante diligencia de indagatoria MARIANO  PORRAS  BUITRAGO,  FABIOLA  PEÑA  GUEVARA  y  MARLÉN  YOLANDA        PÉREZ        ORTIZ.    

Clausurada  la  instrucción,  el  15  de  diciembre  de  1999  la  Fiscalía  74  de  la  Unidad de Delitos Financieros de  Bogotá,  profirió  resolución  de acusación en contra de los mencionados por  el   delito   de   estafa   “con  las  agravaciones  contenidas  en el art. 372 del C.P.P., numeral  1°…y las contempladas en  el  artículo  66  numerales  4, 5, 7, 9 y 11 del C.P. y la del artículo 26 del  C.P.”.  Esta decisión cobró ejecutoria el 21  de enero de 2000.   

La fase de la causa correspondió al Juzgado  48  Penal  del  Circuito  de Bogotá despacho que, una vez impartió el trámite  legal  correspondiente,  profirió fallo de primer grado el 16 de junio de 2005,  por  cuyo  medio  condenó  a  MARIANO PORRAS BUITRAGO  a las penas principales de sesenta y siete (67) meses  de  prisión  y  multa por valor de quinientos mil pesos ($ 500.000)  y  a FABIOLA  PEÑA  GUEVARA  y  MARLÉN  YOLANDA  PÉREZ ORTIZ a las penas principales de   treinta  y ocho (38) meses de prisión y multa por valor de doscientos cincuenta  mil  pesos  ($  250.000),  al encontrarlos coautores penalmente responsables del  delito  de estafa agravada.  En la misma decisión, a los procesados se les  condenó  a  las  penas  accesorias  de  inhabilitación  para  el  ejercicio de  derechos  y  funciones  e  inhabilitación  para el ejercicio de  actividad  comercial  relacionada  con  el  ofrecimiento  y  captación  de  recursos  para  programas  de  vivienda  por  un  lapso  igual  al  de  la  pena privativa de la  libertad,  al  tiempo  que  les  negó  el  subrogado  penal  de  la  condena de  ejecución   condicional   y  se  les  sustituyó  la  prisión  intramural  por  domiciliaria.   

Apelado   el   fallo   anterior  por  los  sindicados,  sus defensores y por los apoderados de algunas víctimas que fueron  admitidas  en el proceso como parte civil, el Tribunal Superior de Bogotá el 25  de   octubre   de  2005,  lo  confirmó  en  lo  esencial,  con  las  siguientes  modificaciones:   

Aumentó  la  pena  de  prisión impuesta a  MARIANO  PORRAS  BUITRAGO a  ochenta  y cuatro (84) meses y a FABIOLA PEÑA GUEVARA  y  MARLÉN  YOLANDA PÉREZ  ORTIZ  a  cuarenta  y  ocho (48) meses para cada una,  asimismo,  revocó  el  beneficio de prisión domiciliaria concedido en el fallo  de    primera    instancia    a    MARIANO   PORRAS  BUITRAGO.   

Contra  la  anterior sentencia se interpuso  recurso  extraordinario  de  casación  por  los  defensores  de  los procesados  MARIANO       PORRAS       BUITRAGO,  FABIOLA  PEÑA  GUEVARA  y     MARLÉN     YOLANDA     PÉREZ  ORTIZ.   

         

Cuando se surtían los respectivos traslados  legales  para  el  allegamiento  de  las  demandas de casación, el defensor del  procesado    MARIANO   PORRAS   BUITRAGO  solicitó en favor de su defendido cesación de procedimiento por  prescripción  de  la  acción penal, petición que fue resulta en forma adversa  por  el  Tribunal  de  Bogotá,  mediante  interlocutorio de fecha febrero 17 de  2006.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Como  ya  se anunció en el exordio de esta  decisión,  procedería  la  Sala a pronunciarse en punto de la admisión formal  de  los  libelos  de  casación presentados por los defensores de los procesados  MARIANO       PORRAS       BUITRAGO,  FABIOLA  PEÑA  GUEVARA  y     MARLÉN     YOLANDA     PÉREZ  ORTIZ,  de no ser porque se advierte que a esta fecha  se   encuentra  extinguida  la  facultad  punitiva  del  Estado  por  cuanto  ha  transcurrido  el  término previsto por el legislador para que en la etapa de la  causa  prescriba  la acción penal derivada del delito de estafa agravada por la  cuantía imputado en su contra.   

          La  Sala  llega  a  la  anterior  conclusión,  con  fundamento  en  los    siguientes argumentos jurídicos:   

Los  hechos  por  los  cuales  se  procede  tuvieron  ocurrencia durante los años 1991, 1992 y 1993, pues de acuerdo con la  información   contenida  en  el  expediente,  para  dicha  época  MARIANO  ENRIQUE  PORRAS  BUITRAGO  y las  señoras  MARLÉN  YOLANDA  PÉREZ ORTIZ y  FABIOLA  PEÑA DE GUEVARA  promocionaron  entre  personas de escasos recursos económicos un  plan  de  vivienda,  que  denominaron  de autogestión y autoconstrucción, cuya  duración  eventualmente  sería  de  dieciocho  meses,  a través de las firmas  “Sociedad   Vivienda   Social   Limitada  (VISOCOL  Ltda.)”,     representada    por    MARIANO  ENRIQUE  PORRAS,  la   “Cooperativa   Multiactiva  Orión  Limitada”,  gerenciada  por FABIOLA PEÑA  y la “Corporación para el Desarrollo  Humano  Integral  Vivienda  Social”, de la cual los  tres  procesados  eran socios, logrando que gran cantidad de personas entregaran  dineros,  algunos de los cuales al advertir la inviabilidad del proyecto optaron  por denunciar penalmente a los mencionados.      

       

Teniendo en cuenta la fecha de ocurrencia de  los  hechos  investigados,  es claro que los mismos en cuanto a la calificación  jurídica  debían analizarse a la luz del Decreto Ley 100 e 1980, para entonces  vigente,  no  obstante,  durante  su  investigación  y  juzgamiento,  entró en  vigencia la Ley 599 de 2000, que derogó aquella normatividad.   

Frente a este tránsito de legislación, es  de  meridiana  claridad  que  para  efecto  de determinar si ya la acción penal  prescribió,  debe previamente realizarse el juicio de favorabilidad, por virtud  del  cual  se pueda establecer cuál es la norma sustancial llamada a regular el  presente  asunto  y,  por ende, la que deba tenerse en cuenta para los indicados  fines.   

Pues  bien, el delito de estafa agravada en  razón  de  la  cuantía,  conducta  a  la  que  se  contrajo  la resolución de  acusación  en contra de los procesados en la modalidad de concurso homogéneo o  en  los  fallos de instancia como delito masa, se sancionaba en el artículo 356  del  Decreto  Ley 100 de 1980 con pena de uno (1) a diez (10) años de prisión,  quantum  que por virtud de  la   circunstancia   agravante   prevista  en  el  artículo  372,  numeral  1°  ibídem,  se  incrementaba  “de  una  tercera  parte  a la mitad”.   Por su parte, el mismo comportamiento delictivo se reprime  en  el  artículo  246 de la Ley 599 de 2000, con sanción de dos (2) a ocho (8)  años  de  prisión,  manteniendo  el  incremento  derivado de la cuantía en la  misma  proporción  prevista  en  la  legislación  precedente,  a  tenor  de lo  dispuesto   en   el   artículo  267,  numeral  1°,  del  último  estatuto  en  mención.   

Ahora,  como  la  premisa  según  la  cual  “la  acción  penal prescribirá en un tiempo igual  al  máximo  de  la  pena  fijada  en  la  ley”  es  idéntica  en  las  dos  legislaciones  aludidas,  puesto que así lo estipulaba  tanto  el artículo 80 del Decreto Ley 100 de 1980, como actualmente el 83 de la  Ley  599  de  2000,  resulta  claro  que  para la determinación del término de  prescripción  de  la  acción penal que concita la atención de la Sala resulta  favorable  esta  última, ya que si bien aumentó el mínimo legal previsto para  dicha  conducta  punible,  lo  cual no trascendería para establecer el lapso de  prescripción  de  la  acción penal, no lo es menos que redujo el máximo de la  pena          de          diez          a         ochos         años         de  prisión.                     

Precisado  lo  anterior, oportuno se ofrece  agregar  que,  de  conformidad con la preceptiva contenida en el artículo 83 de  la  Ley 599 de 2000 (que corresponde al 80 del anterior estatuto penal), durante  la  etapa  instructiva  la  acción  penal prescribe, como ya se señaló, en un  término  igual  al máximo de la pena establecida en la ley, pero no podrá ser  inferior  a  cinco  (5)  años,  ni  superior a veinte (20).  En la fase de  juzgamiento,  tal  término  comienza  a  contarse  de  nuevo  a  partir  de  la  ejecutoria  de  la  resolución  de acusación, y corre por un tiempo igual a la  mitad  del  establecido para la etapa de instrucción, sin que pueda tampoco ser  inferior  a  cinco  (5) años, ni superior a diez (10), como lo dispone el 86 de  la codificación actual (84 de la anterior).   

De  otra  parte, también conviene advertir  que  el  artículo  98  de  la  Ley  599  de 2000 establece que la acción civil  proveniente  del delito prescribe en tiempo igual al de la acción penal, cuando  aquella  se  ejercitaba dentro proceso penal, como así lo estipulaba el 108 del  anterior estatuto penal sustantivo.   

En  el asunto de la especie, se tiene que a  los   procesados  MARIANO  ENRIQUE  PORRAS  BUITRAGO,  MARLÉN    YOLANDA    PÉREZ   ORTIZ   y   FABIOLA   PEÑA   DE  GUEVARA  en  la  resolución  de  acusación  de  fecha  diciembre 15 de 1999 se les atribuyó la  conducta  punible  de  estafa  agravada  por  la  cuantía (art. 356 y 372.2 del  Decreto  Ley  100  de  1980),  por  la  cual  se  los  condenó en los fallos de  instancia.   

Como  para los efectos del cómputo de la  prescripción  de  la  acción  penal,  según  ya  se señaló, es favorable la  legislación  actual  que  redujo la pena máxima prevista para la comisión del  delio  de  estafa a ocho (8) años de prisión, con sustento en tal quantum  se  establecerá el término de  prescripción.   

En efecto, dicha pena máxima se aumenta en  la  mitad,  por  la  concurrencia  de  la circunstancia agravante prevista en el  numeral  1°  del artículo 267 de la Ley 599 de 2000, lo que arroja un monto de  doce  (12)  años  término que, a su vez, se diminuye en la mitad por razón de  la   interrupción  del  término  prescriptivo  de  la  acción  penal  con  la  resolución  de  acusación  ejecutoriada,  para  un total de seis (6) años, el  cual  ha  de tenerse en cuenta para establecer la fecha exacta en que se produce  el  fenómeno  de  la prescripción de la acción penal en la fase del juicio, a  partir  precisamente  del  momento  en  que  cobró ejecutoria la resolución de  acusación en el presente asunto.   

Pues bien, como la resolución de acusación  se  profirió el 15 de diciembre de 1999 y la misma alcanzó ejecutoria el 21 de  enero   de   2000,   es   a   partir  de  esta  última  fecha  que  procede  la  contabilización  de  los seis (6) años con que contaba el Estado para tramitar  la fase del juicio.   

Dicho  lapso  se  cumplió  el  21  de enero de 2006, mucho antes de que  el  asunto  llegara  a la Sala para adoptar decisión alguna en relación con el  recurso  extraordinario  de  casación  promovido  por  los  defensores  de  los  procesados,  dado  que  tal situación se consolidó cuando aún se surtían los  traslados  legales  para  que  los impugnantes allegaran los respectivos libelos  casacionales.   

En  ese  sentido, llama la atención que el  Tribunal  mediante  providencia  de  fecha febrero 17 de 2006 no haya accedido a  decretar  la  prescripción  de  la acción penal solicitada por el defensor del  procesado  PORRAS BUITRAGO,  apartándose  de  los parámetros consignados en el fallo de segunda instancia y  de  la  posición  de  la  Sala  respecto  de  la  aplicación  del principio de  favorabilidad   de   la   ley   penal   aún   en   los  casos  de  lex                tertia1   

.  

Lo  anterior,  entonces,  constituye razón  suficiente  para  que  la  Sala  proceda  a  declarar dicha prescripción con la  consecuente      extinción   de   las  acciones  penal  y  civil  derivadas  de  la  conducta  punible  de  estafa  agravada  por  la cuantía y a  ordenar,   en  consecuencia,  la  cesación  del  procedimiento  seguido  contra  MARIANO  ENRIQUE  PORRAS  BUITRAGO,  MARLÉN  YOLANDA  PÉREZ   ORTIZ  y  FABIOLA  PEÑA DE GUEVARA.   

Habida cuenta que mediante decisión del 20  de  enero  de  1997  se  dispuso  el embargo y secuestro del predio “Altamira”  se dispone, en virtud de  lo decidido, la cancelación de tales medidas cautelares.   

Así  mismo,  será del resorte del juez de  primera  instancia  proceder a la cancelación de los compromisos adquiridos por  el procesado en razón de este diligenciamiento.   

Finalmente,  cabe  advertir  que  la  Sala  encuentra  necesario  expedir  copias  de  la presente actuación con destino al  Consejo    Seccional    de    la   Judicatura   de   Cundinamarca   –Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria-,  con  el objeto se determine la posible responsabilidad disciplinaria en que pudo  incurrir  el titular del Juzgado 48 Penal del Circuito de esta ciudad, en cuanto  el  presente  asunto  se  tramitó  ante esa instancia por un lapso superior a 5  años.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:   

1.-      DECLARAR      prescritas  las  acciones  penal  y  civil   derivadas  de  la  conducta  punible  de  estafa agravada por la cuantía atribuidas a MARIANO   PORRAS   BUITRAGO,  FABIOLA  PEÑA  GUEVARA  y  MARLÉN  YOLANDA  PÉREZ ORTIZ, por las  razones señaladas en la anterior motivación.   

2.-  ORDENAR,  en  consecuencia,  la  cesación del procedimiento adelantado contra los mencionados  procesados.   

         

3.-            CANCELAR  las  medidas   cautelares   de   embargo   y   secuestro   del   predio  “Altamira”,  según  lo  expuesto en  las consideraciones precedentes.   

4.-           PRECISAR  que  corresponde  al  juez  de  primera  instancia  proceder a la cancelación de los  compromisos    adquiridos    por    los    procesados    en   razón   de   este  diligenciamiento.   

5.-      EXPEDIR     copias  de  la presente actuación con destino al Consejo Seccional  de   la  Judicatura  de  Cundinamarca  -Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria-  de  conformidad  con  lo  expuesto  en  la  parte considerativa de esta providencia.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.      

Cúmplase.  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                            MARINA  PULIDO  DE  BARÓN            

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES             YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                JAVIER        ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  Secretaria   

    

1Al  respecto  puede  consultarse  sentencia del 3 de septiembre de 2001 y decisiones  de  fechas  marzo  3,  abril 15 y octubre 6 de 2004, radicaciones 13436, 13207 y  19445, respectivamente.     

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