26037(07-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26037  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 014  

          Bogotá    D.C.,    febrero    siete    (7)   de   dos   mil   siete  (2007).   

VISTOS  

          Conceptúa  la  Corte  en relación con la solicitud de extradición  del  ciudadano  colombiano  JUAN DIEGO VILLAMIL MEDINA  elevada  por  el  Gobierno  de  los  Estados Unidos de  América a través de su Embajada en Colombia.   

ANTECEDENTES  

El mencionado ciudadano es requerido para que  comparezca  en  juicio  “por  delitos  federales  de  narcóticos”  ante la Corte Distrital de los Estados  Unidos  para  el  Distrito Meridional de Nueva York, dado que, con fecha marzo 9  de   2006,  el  Gran  Jurado  profirió  en  su  contra  la  segunda  acusación  sustitutiva   S2-05-Cr-965,   por   cuyo  medio  se  le  formuló  el  siguiente  cargo:   

“Cargo   Uno:  Concierto  para  importar  a  los  Estados  Unidos,  desde un lugar fuera de los  Estados  Unidos,  sustancias controladas, específicamente, heroína y cocaína,  lo  cual  es  en contra del Título 21, Secciones 812, 952 (a), 960(b) (1) (A) y  960  (b)  (1)  (B)  del  Código  de  los Estados Unidos, todo en violación del  Título 21, Sección 963 del Código de los Estados Unidos”   

1.            Documentos allegados con la solicitud de  extradición.   

Con  el objeto de formalizar la solicitud de  extradición,  fueron  allegados al presente trámite los siguientes documentos,  debidamente   traducidos   y   legalizados  ante  el  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores:   

La  Nota  Diplomática número 1354 de fecha  junio  6  de 2006 y la Nota Verbal  2064 del 18 de agosto del mismo año, a  través  de  las cuales la Embajada de los Estados Unidos solicita la detención  provisional  con  fines de extradición del señor JUAN  DIEGO  VILLAMIL  MEDINA  y  formaliza  su solicitud de  extradición,  respectivamente.  En  ellas,  se  precisa  que  se  trata  de  un  ciudadano              colombiano,             motejado             “Juancho”,  nacido  el 31 de agosto de  1974 y titular de la cédula de ciudadanía número 10.489.793   

          Copia  de la resolución de acusación No. S2-05-Cr-965, dictada por  el  Gran  Jurado  ante la Corte Distrital de los Estados Unidos para el Distrito  Meridional de Nueva York, de fecha marzo 9 de 2006.   

          Copia  de  la orden de arresto expedida por la Magistrada Juez de la  referida   Corte   Distrital  de  fecha  marzo  9  de  2006,  contra  JUAN  DIEGO  VILLAMIL  MEDINA,  para que  “de  contestación  ante  los cargos” de  “concierto  para importar heroína y  cocaína”.   

Copia de las disposiciones del Código Penal  de  los  Estados  Unidos  relativas  al  cargo  contenido  en  la resolución de  acusación.   

          Declaraciones   juradas  del  Fiscal  Federal  Adjunto  Daniel  L  Stein  de la oficina del Fiscal  Federal  del  Distrito  Meridional  de Nueva York, a través de la cual efectúa  una  presentación  de  los  procedimientos  policiales y judiciales realizados,  así  como  del  compromiso  de responsabilidad del solicitado y de Jarod   Forget,  Agente  especial  de  la  Administración   Antinarcóticos   (DEA),   quien   actuó   en   las  diversas  averiguaciones  y  pesquisas que determinaron la acusación presentada contra el  requerido en extradición.   

2.            Actuación  surtida  previo el envío de  las diligencias a la Corte.   

El  Gobierno  de  los  Estados  Unidos  de  América,  mediante  Nota  Diplomática  No.  1354  de  fecha  junio  6 de 2006,  solicitó  la  detención  provisional  con  fines de extradición del ciudadano  colombiano  JUAN  DIEGO  VILLAMIL  MEDINA,  a  quien  las autoridades judiciales de ese país a través de la  resolución  de  acusación  S2-05-Cr.965 del 9 de marzo de 2006, le profirieron  un   cargo   relacionado   con   el   delito  de  tráfico  de  estupefacientes,  concretamente   el   de  “Concierto  para  importar  heroína  y  cocaína”.   

         

Con  fundamento en la anterior petición, el  Fiscal  General  de  la  Nación,  mediante resolución del 16 de junio de 2006,  decretó  la  captura  con  fines  de  extradición  del  solicitado, la cual se  produjo  el  21 de junio del mismo año en allanamiento practicado en la Carrera  7  N°  10-45  lote  6  del  Municipio  de  Santander  de Quilichao (Cauca), por  efectivos  de la Policía Nacional adscritos al Área de Interdicción del Grupo  de Policía Judicial de la Dirección de Antinarcóticos.   

          Actualmente,  el  mencionado  ciudadano  se  encuentra privado de su  libertad    en    la   Penitenciaría   de   Máxima   Seguridad   de   Cómbita  (Boyacá).   

Mediante  la  Nota Verbal No. 2064 del 18 de  agosto  de  2006,  la  Embajada  de los Estados Unidos de América formalizó la  solicitud  de  extradición  del  mencionado,  lo  que  dio lugar a que el   Ministerio  de Relaciones Exteriores, a través del oficio No. OAJ.E. 1485 de la  misma  fecha,  conceptuara  que  “En  atención a lo  establecido   en   nuestra  legislación  procesal  penal  interna,  me  permito  manifestarle  que  por no existir Convenio aplicable al caso es procedente obrar  de  conformidad  con  el  ordenamiento  procesal penal colombiano”.   

3.    Actuación    surtida    en   esta  Corporación.   

Proveniente del Ministerio de Justicia y del  Derecho  se  recibió  por esta Sala la aludida solicitud de extradición con la  documentación  anexa.   De  inmediato,  se  dio  inicio  a  este  trámite  garantizando  el  derecho  de  defensa al requerido y luego se dispuso, mediante  auto  del  28 de septiembre de 2006, correr el traslado previsto en el artículo  500  de  la  Ley 906 de 2004, dentro del cual en forma exclusiva el defensor del  solicitado  en  extradición  presentó  memorial  deprecando  la  práctica  de  pruebas.   

La Sala, mediante auto del 30 de noviembre de  2006,  negó  por  improcedente  la  solicitud  probatoria   elevada por el  abogado  defensor, al tiempo que dispuso correr el traslado previsto en la misma  norma del estatuto procesal penal.   

Dentro  del término previsto para presentar  alegatos  de  conclusión, el Representante del Ministerio Público y el abogado  defensor  allegaron  escritos con el fin de ser tenidos en cuenta en el concepto  que debe emitir la Corte.   

ALEGATOS     DE  CONCLUSIÓN   

          El Ministerio Público:   

El  Procurador  Primero  Delegado  para  la  Casación  Penal considera reunidas las exigencias establecidas en la Ley 906 de  2004   para  que  la  Corte  emita  concepto  favorable  a  la  extradición  de  JUAN  DIEGO  VILLAMIL  MEDINA  solicitada por el Gobierno de los Estados Unidos.   

De  esa  forma,  señala  que los documentos  aportados  por  Estados  Unidos son formalmente válidos, se cumple el principio  de  doble  incriminación  y  mínimo  de  pena exigido, se cuenta con los datos  necesarios  para  dar  por  establecida  la  plena  identidad  del  requerido en  extradición  y  la  providencia  proferida  en  el  extranjero  equivale  a  la  resolución de acusación de nuestro sistema procesal.   

          Con  base  en lo anterior, el Procurador Delegado estima que resulta  viable  conceder la extradición de JUAN DIEGO VILLAMIL  MEDINA  por  el cargo atribuido por la Corte Distrital  de  los  Estados  Unidos  para  el  Distrito  Meridional de Nueva York, al   encontrarse reunidas las exigencias legales establecidas.   

          El defensor:   

          El  defensor  solicita  a  la Sala emitir concepto desfavorable a la  solicitud  de  extradición de su representado.  En ese sentido, insiste en  que  la  resolución de acusación extranjera para este caso específico, carece  de los elementos formales, para equipararse a la colombiana.   

          Asegura  la  defensa  que en Estados Unidos la acusación se hace de  manera  verbal  ante  el  juez  dado  que su sistema es oral y, por lo tanto, la  acusación     “en     reserva”    presentada   por   ellos,   es   el  inicio  de  una  investigación  equiparable    en    Colombia    a    una    “etapa  previa”  y en nuestro país la acusación se formula  después de pasar dicha etapa.   

Advierte,  además,  que dentro del presente  trámite  sólo  se  ha  hablado  de  la  Ley  906  de  2004  incurriendo en una  violación  del  artículo  29 de la Constitución Nacional, en tanto que, en su  sentir, la Ley aplicable es la 600 de 2000.   

Argumenta el defensor, finalmente, que al ser  esta  la  ley  aplicable,  debe  tenerse  en  cuenta que el artículo 356 de esa  normatividad   establece   que   se   deben   tener   dos   indicios  graves  de  responsabilidad   para  imponer  medida  de  aseguramiento  y  para  emitir  una  resolución  de  acusación  la conformación de los requisitos contenidos en el  artículo  397  al  399  ibidem, los cuales no se pueden tener por acreditados a  partir de la insular llamada telefónica.   

         

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

         

Cuestión previa.  

Previo  a  que  la  Sala conceptué sobre la  solicitud   de  extradición  del  señor  JUAN  DIEGO  VILLAMIL  MEDINA, se impone señalar que si bien en la  Nota  Diplomática 1354 del 6 de junio de 2006, se habla de dos cargos en contra  del  mencionado ciudadano colombiano, debe aclararse que en este pronunciamiento  sólo  se  tendrá  en cuenta el primero de ellos, en tanto que en la acusación  sustitutiva  S2  05 Cr. 965, se le llamó a responder por dicho cargo y no así,  en cuanto al segundo del que trata la Nota.   

          Aspectos Generales.   

Como  reiteradamente  lo  ha  precisado  la  jurisprudencia   de   la   Corte,  su  competencia  dentro  de  un  trámite  de  extradición  se circunscribe a la emisión del concepto sobre la procedencia de  entregar  o  no  a  la persona solicitada por otro país, luego de verificar las  exigencias  dispuestas  por  el  legislador (artículos 493, 495 y 502 de la Ley  906  de  204),  teniendo  en  cuenta  para  ello,  además  y primordialmente la  previsión  constitucional  contenida  en  el  inciso 2º del artículo 35 de la  Carta  Política  que  autoriza  la  extradición  de colombianos por nacimiento  cuando  son  reclamados  por  delitos  distintos  de  los conocidos como delitos  políticos,  que  hayan  sido  cometidos  en  el  exterior,  siempre  que  tales  comportamientos  también  estén  contemplados  como  conductas  punibles en la  legislación  penal  interna y que la comisión de los mismos sea posterior a la  fecha  de  promulgación  del  Acto Legislativo No. 1 de 1997, esto es, al 17 de  diciembre de tal anualidad.   

Dado que según lo expresó el Ministerio de  Relaciones  Exteriores  dentro  de  este  diligenciamiento, no existe tratado de  extradición  vigente  entre  Colombia  y  los  Estados  Unidos  de América, el  trámite  de  la  solicitud  de extradición y el concepto que como culminación  del  mismo  debe  emitirse,  se  surtirá  y  emitirá  de  conformidad  con las  exigencias     señaladas    en    el    Código    de    Procedimiento    Penal  Colombiano.   

Por  tanto, en el momento actual corresponde  realizar  el análisis previo a la emisión del concepto, según lo precisado en  el  artículo  502  del  referido  ordenamiento,  sobre los siguientes puntuales  aspectos:   validez   formal  de  la  documentación  allegada  por  el  país  requirente;  demostración plena de la identidad de la  persona  solicitada;  concurrencia  del  principio  de  la doble incriminación,  según  el  cual  “el  hecho que motiva”    la    solicitud    también   debe   estar   “previsto    como  delito  en  Colombia  y  reprimido  con  una  sanción  privativa  de  la  libertad  cuyo mínimo no sea inferior a cuatro (4)  años”;  y  acreditación  de  la  “equivalencia     de     la     providencia    proferida    en    el  extranjero”  con  la  acusación propia del sistema  procesal colombiano.   

          Pues   bien,  en  relación  con  cada  uno  de  tales  aspectos  se  tiene:   

          1.        Validez formal de la documentación.   

          Según  lo  establece  el artículo 495 del estatuto procesal penal,  la  solicitud  de extradición debe efectuarse por vía diplomática y de manera  excepcional  por  la  consular  o  de  gobierno  a  gobierno,  adjuntando  copia  auténtica  del  fallo  o  de  la  acusación  proferida  en  el extranjero, con  indicación  de  los  actos  que  determinan la petición, así como del lugar y  fecha  en  que  fueron ejecutados, los datos que permitan identificar plenamente  al  reclamado  y  copia  auténtica  de  las disposiciones penales aplicables al  caso;  documentos  que  deben  ser  expedidos  en  la  forma  establecida por la  legislación  del  país  reclamante  y  traducida  al  castellano,  si fuere el  caso.   

          A  su  vez,  el  artículo  259  del Código de Procedimiento Civil,  modificado  por  el  Decreto  2282  de  1989,  dispone  en  el numeral 118 de su  artículo  1º que los documentos públicos otorgados en un país extranjero por  uno   de   sus   funcionarios  o  con  su  intervención,  deberán  presentarse  debidamente  autenticados  por el cónsul o agente diplomático de la República  y,  en  su  defecto,  por  el de una nación amiga, lo cual hace presumir que se  otorgaron de acuerdo con la ley del respectivo país.   

         La  firma  del  cónsul  o  agente  diplomático  se abonará por el  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores  de  Colombia  y  si  se  trata de agente  consular  de  un  país  amigo,  se  autenticará previamente por el funcionario  competente  del  mismo  y  los  de éste por el Cónsul Colombiano, disposición  aplicable  al caso en virtud del principio de integración normativa previsto en  el  artículo  25  y  el  inciso último del artículo 495 del estatuto procesal  penal.   

         Los   mencionados   requisitos   legales,  sin  lugar  a  dudas,  se  encuentran   orientados   a  exigir  que  como  sustento  de  una  solicitud  de  extradición,  el  Estado  requirente  debe  remitir  en  todos  los casos y sin  excepción  alguna,  los soportes de la misma pero no de manera simple, sino con  el lleno de las referidas exigencias formales.   

         Advertido  lo  anterior,  se  observa que el Gobierno de los Estados  Unidos  de América solicita por vía diplomática la extradición del ciudadano  colombiano   JUAN  DIEGO  VILLAMIL  MEDINA  a  través de su Embajada en Colombia y que para tal efecto anexó  copia  de  la  resolución  de acusación No. S2 05 Cr. 965, dictada por el Gran  Jurado  ante  la  Corte  Distrital  de  los  Estados  Unidos  para  el  Distrito  Meridional  de  Nueva  York, el 9 de marzo de 2006, en la cual se relacionan las  conductas   objeto   de   censura,   así  como  los  lugares  y  fechas  de  su  ocurrencia.   

         También  allegó copia de la orden de captura expedida en contra de  JUAN  DIEGO  VILLAMIL  MEDINA  por  la Corte Distrital para el Distrito Meridional de Nueva York, el 9 de marzo  de    2006,    para    que    responda    por    el    cargo   de   “Concierto   para   importar  heroína  y  cocaína”.   

Igualmente,    fueron   aportadas   las  declaraciones  juradas  de  Daniel L. Stein,  Asistente Fiscal de los Estados Unidos para la Unidad de Tráfico  Internacional  de Narcóticos de la división de lo penal de la Fiscalía de los  estados  Unidos  para el Distrito Meridional de Nueva York, a través de la cual  realiza   una  presentación  de  los  procedimientos  policiales  y  judiciales  efectuados,  así  como  del  compromiso  de responsabilidad del solicitado y de  Jarot Forget, Agente Especial  de  la Administración Antinarcóticos (DEA) de los Estados Unidos, quien actuó  como   investigador   en  las  averiguaciones  que  determinaron  la  acusación  presentada  contra  el requerido en extradición, quien además de confirmar los  pormenores  de  los cargos, especificó los datos de identidad del acusado y las  disposiciones normativas aplicables al caso.   

         Los   referidos   documentos  obran  en  traducción  al  castellano  certificada   y  autenticada  conforme  a  la  legislación  propia  del  Estado  requirente,   cuentan   con  la  certificación  de  autenticidad  expedida  por  Jason  E.  Carter,  Director  Asociado  de  la  Oficina de Asuntos Internacionales de la División de lo Penal  del  Departamento  de Justicia de los Estados Unidos, quien es reconocido en tal  condición  por  el Procurador del mismo país, Alberto  R. Gonzales.   

         Igualmente,  aparece certificación sobre la referida documentación  suscrita     por     Condoleezza    Rice,  Secretaria  de  Estado  de  los  Estados  Unidos  y  Sonya    N    Johnson,    Auxiliar    de  Autenticaciones  del Departamento de Estado, cuya firma aparece autenticada ante  la Cónsul de Colombia en Washington D.C.   

         A  partir,  entonces,  de  tales  documentos, es claro que el primer  requisito  exigido  por  el  artículo  502  de  la Ley 906 de 2004 se encuentra  suficientemente acreditado.   

2.           Demostración  plena de la identidad del  solicitado.   

         La  anunciada  exigencia,  cuya evaluación debe efectuar la Sala en  el  concepto  que  le  corresponde  emitir,  apunta  a establecer que la persona  procesada  (acusada o condenada) en el país reclamante, es la misma sometida al  trámite  de  extradición,  sin  que  ello  implique  determinar  su  verdadera  identidad,  pues para tenerlo por acreditado suficiente resulta que exista plena  coincidencia entre una y otra de tales personas.   

Sobre  el  particular  se tiene que el Gran  Jurado  ante  la  Corte  acusa  a  JUAN DIEGO VILLAMIL  MEDINA;  la orden de arresto fue librada en contra del  mismo  y  tanto  en  la  Nota Diplomática 1354 del 6 de junio de 2006, remitida  tiempo  antes  de  que  se  produjera su captura, como en la Nota Verbal número  2064  del  18 de agosto abril de la misma anualidad, por cuyo medio se formaliza  la  solicitud  de  extradición,  se  indican  el referido nombre y apellido del  reclamado    y    se    precisa    que    el    solicitado    es    “también  conocido  como “Juancho”, es ciudadano de Colombia,  nacido  el  31  de  agosto  de 1974 en Colombia.  Es portador de la cédula  colombiana N° 10.489.793…”   

La  persona  capturada por orden del Fiscal  General   de   la   Nación  con  fines  de  extradición  se  identificó  como  JUAN  DIEGO  VILLAMIL MEDINA,  con  cédula  de  ciudadanía  número  10.489.793  y  así  se ha notificado de  diversas decisiones adoptadas en el marco de este trámite.   

De lo expuesto puede concluirse que en punto  de  la  plena  identidad  del ciudadano colombiano solicitado en extradición no  existe  dubitación  alguna,  en  tanto  que  con  los  mismos datos con que fue  solicitado  se ha identificado y firmado en repetidas oportunidades, quien sobre  el   particular  tampoco  ha  elevado  cuestionamiento  alguno  dentro  de  esta  actuación.   

         De  conformidad  con  lo  anterior,  estima  la  Sala  satisfecha la  exigencia     legal    de    la    plena    identidad    del    solicitado    en  extradición.   

         3.        Principio de la doble incriminación.   

         En  el  análisis  de la operatividad de este principio debe la Sala  establecer  si  los comportamientos delictivos que se imputan al requerido en el  país  solicitante tienen en Colombia la misma naturaleza, esto es, que también  sean  considerados  como  conductas  ilícitas  y que, además, tengan señalada  como   sanción   una   pena   mínima   no  inferior  a  cuatro  (4)  años  de  prisión.   

Dado  que  se  trata  de  un  mecanismo  de  cooperación  internacional,  el  mencionado cotejo debe adelantarse con base en  los  preceptos  internos  vigentes  para el momento en que se rinda el concepto,  motivo  por  el  cual  resulta  improcedente  la  aplicación  del  principio de  favorabilidad  con  ocasión  del tránsito legislativo, en cuanto los preceptos  del  país  requerido  no  son  objeto  de  aplicación  por  parte  del  Estado  reclamante1.   

JUAN  DIEGO  VILLAMIL  MEDINA  es  solicitado  para  dar respuesta a la resolución de acusación  No.  S2  05  Cr.  965, dictada por el Gran Jurado ante la Corte Distrital de los  Estados  Unidos  para  el Distrito Meridional de la Nueva York, el 9 de marzo de  2006,  por  el cargo de “Concierto para importar heroína y cocaína”, en la  cual se anota:   

“CARGO  UNO.  Concierto  para  importar heroína y cocaina.  El Gran Jurado acusa que: 1.  Comenzando  en  o alrededor de julio de 2004 a más tardar, hasta e inclusive el  30  de  enero  de  2006  o  alrededor de esa fecha, en el Distrito Meridional de  Nueva  Cork  y  en  otros  lugares,  los  acusados  …JUAN DIEGO VILLAMEL (sic)  MEDINA,  alias “Juancho,… y otros conocidos y desconocidos, con conocimiento  de   causa  e  intencionada  e  ilícitamente  se  combinaron,  concertaron,  se  confederaron   y   acordaron   entre   si   y   juntos  para  violar  las  leyes  antinarcóticos de Estados Unidos.   

2.  Como  parte y Objeto del Concierto, los  acusados  …JUAN DIEGO VILLAMEL (sic) MEDINA, alias “Juancho” y otros tanto  conocidos  como  desconocidos  importaban  y  de hecho importaron hacía Estados  Unidos  desde  un  lugar  fuera  del país una sustancia controlada, a saber, un  Kilogramos   y  más  de  mezclas  y  sustancias  que  contenían  una  cantidad  perceptible  de  cocaína  en  violación a las secciones 812, 952 (a) y 960 (b)  (1) (A) del Título 21 del Código de Estados Unidos.   

3.  Como  parte  y  objeto  adicionales del  concierto,   los   acusados   …JUAN   DIEGO   VILLAMEL   (sic)  MEDINA,  alias  “Juancho”  y  otros  tanto conocidos como desconocidos importaban y de hecho  importaron  hacía  Estados  Unidos desde un lugar fuera del país una sustancia  controlada,  a  saber,  un  Kilogramos  y  más  de  mezclas  y  sustancias  que  contenían  una  cantidad  perceptible de cocaína en violación a las secciones  812,  952  (a)  y  960  (b)  (1)  (B)  del  Título  21  del  Código de Estados  Unidos.   

Las  normas  que  consideran  violadas  las  autoridades  de ese país son las Secciones 812, 952 (a) y 960 (b) (1) (A) y (B)  del Título 21 del Código de los Estados Unidos.   

         Título 18, Sección 812   

“Tabla       de      sustancias  controladas   

Tabla   I.   ***  (b)  A  menos  que  sea  específicamente  excluido o que esté incluido en otra tabla, cualquiera de los  siguientes  derivados  del  opio,  sus  sales,  isómeros  y sales de isómeros,  siempre  que sea posible que tales sales, isómeros y sales de isómeros existan  dentro de la designación química específica: *** (10) Heroína.   

Tabla     II.     ***    “(a)  A  menos  que sea específicamente  excluida  o  que  esté  incluido  en  otra  tabla, cualquiera de las siguientes  sustancias,  ya sea producida directa o indirectamente mediante la extracción a  partir  de  sustancias  de  origen vegetal o en forma independiente por medio de  síntesis  química,  o  mediante  una  combinación  de extracción y síntesis  química:  ***  (4)  ***  la  cocaína,  sus  sales,  sus  isómeros  ópticos y  geométricos, y las sales de sus isómeros.”   

Título 21, Sección 952 (a):  

“Importación     de     sustancias  controladas:   

a).  Sustancias controladas de la Tabal I y  II y drogas narcóticas de la Tabal III, IV o V; excepciones:   

Será  ilegal  importar hacia el territorio  aduanero  de  los  Estados  Unidos desde cualquier lugar fuera de ese territorio  (pero  dentro  de los Estados Unidos), o importar hacia los Estados Unidos desde  cualquier  lugar fuera de ese país, una sustancia controlada de la Tabla I o II  del  subcapítulo  I de este capítulo, o cualquier droga narcótico de la Tabla  III,  IV  o  V  del  Subcapítulo  I  de  este  capítulo,  con la excepción de  que:   

    

1. Tal  cantidad de opio crudo, paja de adormidera, concentrado de paja  de  adormidera  y  hoja  de coca que el Fiscal General viere necesarios para los  propósitos    médicos    o   científicos   u   otros   productos   legítimos  y,   

2. Tal  cantidad de cualquier sustancia controlada de la Tabla I o II o  cualquier  droga  narcótica de la Tabla III, IV o V que el Fiscal General viere  necesario  para los propósitos médicos o científicos o para otras necesidades  legítimas de Estados Unidos….     

Podrán ser importadas conforme a las reglas  que  dispusiere  el  Fiscal General.  Ninguna cantidad de opio crudo podrá  ser   importado   para   la   fabricación   de   heroína   o   el   opio  para  fumar.   

Título  21,  Sección  960  (b)  (1) (A) y  (B):   

“(b)  penas.  (1)  En  el  caso  de  una  violación  al  subcapítulo  (a)  de  esta  sección, que trata de – (A) un Kilogramo o más de una mezcla  o  sustancia  que  contenga  una  cantidad  perceptible de heroína.  (B) 5  Kilogramos  o  más  de  una  mezcla  o  sustancia  que  contenga  una  cantidad  perceptible  de:  …  (ii)  cocaína,  sus  sales,  sus  isómeros  ópticos  y  geométricos,  y  las sales de los isómeros *** el que cometa dicha infracción  a  la ley será castigado con la pena de al menos 10 años de prisión y no más  que  la  cadena  perpetua  ***,  con  una  multa  que  no  deberá exceder de lo  autorizado  en  el  título  18 o US$ 4,000.000 si el reo es individuo***, o con  ambas penas.   

La  conducta  por  la  cual  se  acusó  a  JUAN DIEGO VILLAMIL MEDINA se  encuentra  tipificada  en el artículo 340 del Código Penal, modificado por los  artículos  8°  de la Ley 733 de 2002 y 14 de la Ley 890 de 2004, cuyo texto es  el siguiente:   

“Concierto para  delinquir.  Cuando  varias personas se concierten con el fin de cometer delitos,  cada  una  de  ellas será penada, por esa sola conducta, con prisión de cuatro  (4)     a     nueve     (9)    años”.   

“Cuando  el  concierto   sea   para   cometer   delitos   de  tráfico  de  drogas  tóxicas,  estupefacientes  o  sustancias  sicotrópicas  (…)  lavado de activos (…) la  pena  será  de  prisión  de ocho (8) a dieciocho (18) años y multa de dos mil  (2.000)    hasta    veinte    mil    (20.000)    salarios    mínimos    legales  mensuales”.   

Así  las  cosas,  al  cotejar  las  normas  invocadas  por  Estados  Unidos  como  país  requirente,  con las disposiciones  internas  de Colombia, fácilmente se advierte que la conducta de concierto para  delinquir,  agravada  por  la  naturaleza  de  los  actos, tratándose de delito  relacionado  con  el  narcotráfico,  se  encuentra  penalizada tanto allí como  acá.   

Adicional  a lo anterior se observa que los  comportamientos  por  los  cuales  fue  acusado el requerido en extradición por  parte  del  Gran  Jurado  ante  la Corte Distrital de los Estados Unidos para el  Distrito  Meridional  de  Nueva York, se encuentra sancionado en la legislación  punitiva  de  Colombia  con  pena privativa de la libertad superior a cuatro (4)  años.   

En  suma,  estima  la Sala que se encuentra  satisfecha  la  exigencia  de  la  doble  incriminación,  dado que, además, la  mencionada    conducta    no    corresponde    a   delitos   políticos   o   de  opinión.   

4.           Equivalencia de la providencia proferida  en el extranjero con la acusación del sistema procesal colombiano.   

Al  respecto, compete a la Sala señalar en  el  concepto  si  el  acto  judicial  por  cuyo  medio  se acusa al reclamado en  extradición  en  el  Estado  requirente  es  equivalente  a  la  resolución de  acusación propia del sistema procesal colombiano.   

Según  se ha señalado en forma reiterada,  no  se  trata  de  una  identidad  entre  ambas  decisiones  judiciales, pues lo  importante  es  establecer  que  con  ellas  se  abre el paso al juicio donde se  debatirá  la  acusación,  que en tal pieza procesal aparezca un relato sucinto  del  comportamiento  imputado  con  especificación  de  las  circunstancias  de  tiempo,  modo  y  lugar  y  su  calificación  jurídica, con el correspondiente  señalamiento de los preceptos aplicables.   

         Como  sin dificultad puede observarse, es evidente que la acusación  No.  S2  05  Cr.  965, dictada por el Gran Jurado ante la Corte Distrital de los  Estados   Unidos   para  el  Distrito  Meridional  de  Nueva  York  JUAN  DIEGO  VILLAMIL  MEDINA, al igual que  ocurre  con  la  demanda acusatoria en el ordenamiento interno colombiano, marca  el  comienzo  del  juicio,  en  el  cual  el  acusado  tiene  la  oportunidad de  controvertir las pruebas y los cargos por los cuales se le acusa.   

Además,   según   la   documentación  debidamente   aportada  por  vía  diplomática,  autenticada  y  traducida,  la  acusación   señala   los  cargos  imputados  y  las  disposiciones  del  país  requirente  que  se  estimaron  violadas;  también  aparecen  relacionados  los  lugares  de ocurrencia de los comportamientos (Distrito  Meridional  de  Nueva  York y otros lugares), su época  (“Comenzando  en  o alrededor de julio de 2004 a mas  tardar,  hasta  e  inclusive  el  30  de  enero  de  2006  o  alrededor  de  esa  fecha”)   y   el  nombre  del  acusado, JUAN DIEGO VILLAMIL MEDINA   

También se allegaron declaraciones juradas  rendidas  por  Daniel L Stein,  Asistente  Fiscal  en  la  Fiscalía  de  los  Estados  Unidos  para el Distrito  Meridional    de    Nueva    York    y    de   TJarod  Forget,   Agente   Especial   de  la  Administración  Antinarcóticos  (DEA)  de los Estados Unidos, las cuales apoyan la actuación y  señalan  el  compromiso  de responsabilidad del requerido, luego es evidente la  equivalencia  entre  la  acusación  del Gran Jurado y la establecida en nuestro  sistema,  obviamente, se trata de una equivalencia material y no de identidad de  formas.   

         Lo  anterior  es  suficiente para decir que ninguna razón asiste al  señor defensor en cuanto a que una y otra no son equivalentes.   

Por tanto, estima la Sala que esta exigencia  se  encuentra acreditada, pues la acusación del Gran Jurado es equivalente a la  acusación   de  que  tratan  los  artículos  336  y  337  de  la  Ley  906  de  2004.   

        Cuestión final   

Resta  señalar  que  como ha sido criterio  reiterado  de  la  Sala, corresponde al Gobierno Nacional condicionar la entrega  del  reclamado,  en  el  evento de que acceda a la extradición, a que no podrá  ser  juzgado  por  hechos anteriores al 17 de diciembre de 1997, ni diferentes a  los  que  motivan  la  solicitud,  ni  sometido  a  tratos  crueles, inhumanos o  degradantes  ni  podrá ser impuesta la pena de cadena perpetua o confiscación,  de  acuerdo con lo establecido en los artículos 11, 12 y 34 de la Constitución  Política de Colombia.   

Por  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL emite CONCEPTO FAVORABLE a la solicitud de  extradición   del  ciudadano  colombiano  JUAN  DIEGO  VILLAMIL  MEDINA  formulada  por  el  Gobierno  de los  Estados  Unidos  de  América a través de su Embajada en Bogotá, motivo por el  cual  el  Gobierno  Nacional está en la obligación de condicionar la entrega a  que  el  extraditado  no  vaya  a ser condenado a pena de muerte, ni juzgado por  hechos  diversos  a  los  que  motivaron  la  solicitud  de extradición, ni por  sucesos  anteriores  al  17  de  diciembre  de 1997, ni sometido a desaparición  forzada,  torturas,  tratos  o  penas  crueles, inhumanos o degradantes, ni a la  sanción  de  destierro, cadena perpetua o confiscación, conforme lo establecen  los 11, 12 y 34 de la Carta Política.   

Adicional  a  lo  anterior,  corresponde al  Gobierno  Nacional  exigir  al  país  reclamante  que  en  caso  de un fallo de  condena,  tenga  en  cuenta  el  tiempo  que JUAN DIEGO  VILLAMIL  MEDINA ha permanecido privado de su libertad  con ocasión de este trámite.   

         La  Sala  ha de indicar que en virtud de lo dispuesto por el numeral  2º  del  artículo  189  de la Constitución Política, le compete al Gobierno,  encabezado  por  el  señor  Presidente  como  supremo  director de la política  exterior   y   de   las   relaciones  internacionales,  realizar  el  respectivo  seguimiento  a  los  condicionamientos  que  se  impongan  a la concesión de la  extradición  y  determinar  las consecuencias que se derivarían de su eventual  incumplimiento.   

Comuníquese por Secretaría de la Sala esta  determinación   al   requerido  JUAN  DIEGO  VILLAMIL  MEDINA,  su  defensor,  al Procurador Primero Delegado  para  la  Casación  Penal y al Fiscal General de la Nación para lo de su cargo  con     relación     al     detenido     preventivamente     con    fines    de  extradición.   

         Devuélvase  la  actuación  al  Ministerio  del Interior y de   Justicia para los trámites subsiguientes de ley.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                              ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

Aclaración de voto  

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                              JORGE  LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                               JULIO       ENRIQUE      SOCHA  SALAMANCA   

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                    JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

ACLARACIÓN  DE  VOTO  

Con el respeto que siempre profeso por las  decisiones  de  la Sala, expongo a continuación los aspectos que, en mi sentir,  deben  incluirse  en  los  conceptos de extradición que emite la Corte frente a  trámites  que involucran ciudadanos colombianos por nacimiento, particularmente  cuando  se  desarrollan  en  ausencia  de  cláusulas  pactadas  en instrumentos  internacionales   de   carácter  bilateral  o  multilateral,  en  la  forma  de  condicionamientos  que  el  Gobierno  Nacional  debería  exigir  al  momento de  acceder  a  la  entrega  de  un  connacional,  además  de  los que se le vienen  sugiriendo de manera común.   

La  posición que he venido sustentando en  Sala  y que no ha tenido acogida, descansa en que la Corte al asumir la función  de  conceptuar,  no  sólo  ha  de tener como guía los parámetros que sobre la  materia  están  fijados  en  el  ordenamiento  procesal penal patrio, sino que,  además,  su misión también debe estar influida por la regla del artículo 2º  de  la  Constitución,  pues  en  cuanto  órgano  máximo  de  la jurisdicción  ordinaria  y,  por tanto, componente esencial en la estructura del Estado Social  de  Derecho,  también  debe  velar  por  la efectividad de los principios   –entre ellos el fundante  de  la  dignidad  humana-,   derechos  y  deberes  consagrados en la Carta;  defender  la  independencia  nacional y proteger a todas las personas residentes  en    Colombia    en   su   vida,   honra,   bienes,   creencias,   derechos   y  libertades.   

En  ese  orden  de  cosas,  estimo  que es  preciso   advertir   en  el  concepto  sobre  la  necesidad  de  plantear  otras  condiciones  a  la  entrega del reclamado, derivadas del hecho de que el acto de  extradición  no  implica  que el extraditado pierda la nacionalidad colombiana,  lo  cual sólo ocurre frente a los presupuestos señalados en el artículo 98 de  la Constitución.   

En tales condiciones, cuando la entrega en  extradición  de  un  nacional  colombiano se tramita y agota, en ausencia de un  convenio   multilateral   o  bilateral  sobre  la  materia,  con  arreglo  a  la  Constitución  y  a  la  ley,  debe tenerse en cuenta que a diferencia de lo que  ocurre  si  se  hubiera adelantado conforme a un instrumento internacional en el  cual  las  partes  acuerdan condiciones que pueden significar la restricción de  ciertos  derechos,  en  virtud  a  la  configuración del Estado colombiano como  social  y  democrático  de derecho, en el cual es base fundamental el respeto a  la  dignidad  humana  (artículo  1º de la Carta), las condiciones que se deben  exigir  al país reclamante tienen que estar ligadas con la observancia allí de  los  derechos  y  garantías  que  cobijarían  al  solicitado de ser juzgado en  Colombia.   

Eso  es  así,  porque  al  acceder  a  la  extradición  de  un colombiano por nacimiento el Estado, a través del Gobierno  Nacional,  renuncia  a la potestad de ejercer su propia jurisdicción, pero no a  la  obligación  de  proteger al extraditado, pues en tanto siga siendo súbdito  de  Colombia, tiene derecho a todas las prerrogativas, garantías y derechos que  emanan  de  la Constitución y la ley, en particular, aquellos que se relacionan  con   su   calidad   de   procesado  y  que  tienen  que  ver  con  la  dignidad  humana.   

Así las cosas, siendo el marco esencial de  la   figura   de  la  extradición  lo  señalado  en  el  artículo  35  de  la  Constitución,  que  fija  un  sistema  de  fuentes2 para que se solicite, conceda  u  ofrezca,  que son los tratados públicos y, en su defecto, la ley, es preciso  comentar  que  como  no hay un instrumento vigente de esa naturaleza que ligue a  Colombia  con Estados Unidos en el tema de extradición, el ámbito para evaluar  la  procedencia  de  una  solicitud,  concesión  u ofrecimiento de extradición  entre los dos países es el Código de Procedimiento Penal.   

Obsérvese   que   los   preceptos   que  desarrollan  la  extradición  tanto en la Ley 600 de 2000 como en la ley 906 de  2004,  además  de  reiterar  las  reglas  constitucionales  (improcedencia  por  delitos  políticos, o la de colombianos por nacimiento por hechos cometidos con  anterioridad     al     17     de     diciembre     de     1997     –artículo   508   y  artículo  490,  respectivamente-);  fijan  el organismo al que le corresponde ofrecer o conceder  la  extradición  de  una persona y las facultades sobre la materia –el   gobierno-,   el   ámbito   de  competencia  de  cada ente gubernamental, y el que le corresponde en el trámite  a   la  Corte;  señalan  requisitos  adicionales  (doble  incriminación,  acto  procesal   mínimo  en  el  exterior  –artículo  510  y artículo 492 ib.-); estructuran la forma como se  desarrolla  el trámite mixto, así como los fundamentos del concepto (artículo  520  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de 2000 y artículo 502 del Código  Procesal  Penal  de  2004);  determinan cuándo se decide sobre la solicitud, en  qué  momento  se  hace  la  entrega  y regula la orden de prelación en caso de  varias  solicitudes  (artículos  522,  523  y  524, y artículos 504, 505 y 506  ibídem);  consagran el derecho a la defensa y los eventos en que hay lugar a la  libertad  (artículos  529 y 530 de la Ley 600 de 2000 y artículos 510 y 511 de  la Ley 906 de 2004).   

Además, el artículo 512 de la primera de  las  leyes  en  cita  le impone de modo imperativo al gobierno la obligación de  exigir  que  el  solicitado  no vaya a ser juzgado por un hecho anterior diverso  del  que motiva la extradición, ni sometido a sanciones distintas de las que se  le  hubieran  impuesto en la condena, y a que se le conmute la pena de muerte en  caso  de  que  la  legislación del país reclamante la prevea como sanción del  delito  que  motiva  la  solicitud  de  extradición,  circunstancias éstas que  igualmente  se  encuentra  previstas  en  el  artículo 494 del Código Adjetivo  Penal  de  2004, con la inclusión en este último de que tampoco al extraditado  se  le  someta  a  desaparición forzada, torturas ni a tratos ni penas crueles,  inhumanas  o  degradantes,  como  tampoco  a  las  penas  de destierro, prisión  perpetua o confiscación.   

Recuérdese  que  las  condiciones  arriba  señaladas  fueron  extendidas,  con el mismo carácter imperativo, por la Corte  Constitucional a otras situaciones, al señalar que:   

“…no  sólo  habrá  de  entenderse que en caso de que exista en el Estado requirente la pena  de  muerte,  la entrega se hará bajo la condición de la conmutación de ésta,  sino,  también  bajo el entendido de que al extraditado no se le podrá someter  ni  a  torturas,  ni  a tratos o penas crueles, ni a desaparición forzada, ni a  tratamiento   degradante   e  inhumano,  razón  por  la  cual  así  habrá  de  condicionarse  la  constitucionalidad  que  se  declara  del  artículo  550 del  Código de Procedimiento Penal.   

Por otra parte, se observa por la Corte, que  la   Constitución   colombiana,   prohíbe  en  su  artículo  34  ‘las   penas  de  destierro,  prisión  perpetua  y confiscación’,  a  las  cuales,  por  las  mismas  razones  anteriormente  expuestas,  no podrá  someterse  al  extraditado  por  el  país  que  lo  juzgue,  lo que implica que  igualmente   en  ese  sentido  habrá  de  condicionarse  la  exequibilidad  del  artículo     550    del    Código    de    Procedimiento    Penal.”3   

Sin  embargo,  esas  no  son  las  únicas  condiciones  susceptibles  de formularse, pues al fin y al cabo el primer inciso  del  artículo  512  del  Código  de  Procedimiento Penal de 2000, así como el  primer  inciso  del  artículo  494  de  la  Ley  906  de  2004,  preceptúa que  “El gobierno podrá subordinar el ofrecimiento o la  concesión    de    la    extradición   a   las   condiciones   que   considere  oportunas.”   

Esa  facultad,  debe  señalarse,  no  es  discrecional,  pues  al  momento  de  decidir  sobre  la  entrega de un nacional  colombiano  el  gobierno  está  en  el  deber  de  armonizar  los  criterios de  conveniencia  nacional o de cooperación internacional, con la premisa según la  cual  al  concederse la extradición no se renuncia a la soberanía, sino que se  ejerce4,  y  con  los  derechos  y garantías que están consagrados en la  Constitución  y  en  los instrumentos internacionales sobre derechos humanos en  pro   de   un   justiciable,   así   como   en   protección   de  su  dignidad  humana.   

Así,  con  arreglo  al artículo 29 de la  Carta;  a  los  artículos  9  y  10  de  la  Declaración Universal de Derechos  Humanos,  5-3.6, 7-2.5, 8-1.2(a)(b)(c)(d)(e)(f)(g)(h).3.4.5, 9 de la Convención  Americana  de  Derechos  Humanos,  9-2.3,  10-1.2.3,  14-1.2.3,5, y 15 del Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos,  el  Gobierno Nacional debe  condicionar  la  entrega de un compatriota, si concede la extradición, a que se  le    respeten    al   extraditado   –como  a  cualquier  otro  nacional en las mismas condiciones- todas  las  garantías  debidas  a  su  condición de justiciable, en particular, a que  tenga  acceso  a  un  proceso  público  sin dilaciones injustificadas, a que se  presuma  su  inocencia, a que cuente con un intérprete, a que tenga un defensor  designado  por  él  o por el Estado, a que se le conceda el tiempo y los medios  adecuados  para  que  prepare la defensa, a presentar pruebas y controvertir las  que  se  aduzcan  en contra, a que su situación de privación de la libertad se  desarrolle  en  condiciones  dignas, a que la eventual pena que se le imponga no  trascienda  de  su persona, a que la sanción pueda ser apelada ante un tribunal  superior,  a que la pena privativa de la libertad tenga la finalidad esencial de  reforma y readaptación social.   

Igualmente, el gobierno debe condicionar la  entrega  a  que el país reclamante, conforme a sus políticas internas sobre la  materia,  le  ofrezca  posibilidades racionales y reales para que el extraditado  pueda  tener  contacto  regular  con sus familiares más cercanos, habida cuenta  que  la  Constitución  de  1991, en su artículo 42, reconoce a la familia como  núcleo  esencial  de la sociedad, garantiza su protección y reconoce su honra,  dignidad  e  intimidad,  lo  cual se refuerza con la protección adicional que a  ese   núcleo  le  otorgan  la  Convención  Americana  sobre  Derechos  Humanos  (artículo  17)  y  el  Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles y Políticos  (artículo 23).   

En cumplimiento de su deber de protección  a  las  garantías y derechos del nacional colombiano entregado en extradición,  es  misión  del  Estado,  por medio del ámbito de competencias de los órganos  respectivos,  vigilar  que  en  el  país reclamante se respeten las mencionadas  condiciones  (artículo  9  y 226 de la Carta). Así, en primer orden, a través  del  cuerpo  diplomático,  en concreto, por las diferentes oficinas consulares,  con  apoyo  de  la  Procuraduría  General  de  la  Nación (artículo 277 de la  Constitución)  y  de  la  Defensoría del Pueblo (artículo 282 ibídem), de lo  cual,  además,  habrá  de darse informes periódicos a la Corte, en virtud del  principio  de  colaboración  armónica  entre  los diferentes Poderes Públicos  (artículo  113  de  la  Carta),  con  el  fin  de  que todos los estamentos con  injerencia  en  el  tema  tengan elementos de juicio que les permitan sopesar la  conveniencia    de    privilegiar   jurisdicciones   foráneas   frente   a   la  interna.   

De   esa   manera,   dejo   sentado   mi  criterio.   

Señores Magistrados,  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

Fecha   ut  supra.   

    

1 Cfr.  Concepto del 22 de julio de 2004. Rad. 22206, entre otros.   

2 Corte  Constitucional, sentencia C-740/00.   

3  Sentencia C-1106/00.   

4 Cfr.  Corte Constitucional, Sentencia C-621/01.     

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