25977(31-10-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  25977   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 124.  

Bogotá  D.C.,  octubre treinta y uno (31) de  dos mil seis (2006).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  en  punto  de  la  admisibilidad  formal  del  libelo  de  casación presentado por el defensor del  procesado  JOSÉ  JAVIER  BERDUGO  CABRERA,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Barranquilla el 10 de marzo de 2006, confirmatoria de la  dictada  por  el  Juzgado Primero promiscuo del Circuito de Sabanalarga el 20 de  octubre  de  2005,  por cuyo medio lo condenó como autor penalmente responsable  del  delito  de  homicidio  agravado  en  Eduardo José  Olivera Arrieta.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Aproximadamente  a  las  6:30 de la tarde del 5 de julio de 2004, en  la  carretera  del  Corregimiento  de  Gallego,  por  la vía que de Sabanalarga  conduce  a  Manatí, fue hallado el cadáver de Eduardo  José  Olivera  Arrieta,  el  cual  registraba catorce  heridas producidas con arma cortopunzante.   

          Con  fundamento en el informe del Jefe de la Unidad Investigativa de  policía  judicial  de  Sabanalarga,  la  Fiscalía Seccional de dicho municipio  declaró  abierta la instrucción, en cuyo marco vinculó mediante indagatoria a  Iván Enrique Orozco Figueroa  y    Samir   Antonio   Ramírez   Alvarez  y  a  través  de  declaración  de persona ausente a JAVIER     JOSÉ     BERDUGO    CABRERA,  resolviéndoles   su   situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  sin  beneficio  de libertad provisional, al primero como  cómplice  y  a  los  dos  últimos  como  coautores  del  delito  de  homicidio  agravado.   

Cerrada  la  fase  instructiva, la Fiscalía  calificó  el  mérito  del sumario el 4 de noviembre de 2004 con resolución de  acusación   en   contra  de  Samir  Antonio  Ramírez  Alvarez   y   JAVIER  JOSÉ  BERDUGO  CABRERA,  como presuntos coautores del delito  que  sustentó  la  medida  de  aseguramiento. En la misma providencia profirió  preclusión  de  la  investigación  en  favor de Iván  Enrique Orozco Figueroa.   

Contra  la providencia acusatoria la defensa  interpuso  sin  éxito  recurso principal de reposición. La Unidad de Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Barranquilla confirmó la acusación  mediante  resolución del 11 de marzo de 2005, al desatar el recurso subsidiario  de  apelación  interpuesto  por  el  defensor de Samir  Ramírez.   

La   etapa  de  juzgamiento  correspondió  adelantarla  al  Juzgado Primero Promiscuo del Circuito de Sabanalarga, despacho  que  una  vez  surtido  el  rito  pertinente profirió fallo el 20 de octubre de  2005,  por cuyo medio condenó a los procesados a la pena principal de treinta y  seis  (36)  años  y dos (2) meses de prisión y a la accesoria de interdicción  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso, como coautores penalmente  responsables del delito de homicidio agravado.   

Impugnado  el  fallo  por los defensores, el  Tribunal  Superior  de Barranquilla lo confirmó mediante sentencia proferida el  10  de  marzo  de  2006,  misma que ahora es objeto de recurso extraordinario de  casación  interpuesto  por el defensor de JAVIER JOSÉ  BERDUGO CABRERA.   

LA DEMANDA  

El  censor  presenta cuatro cargos contra el  fallo   del   ad  quem.  El  primero,  por  error  de  derecho  respecto  de  la  versión  rendida  por  los  aprehendidos  ante  la policía judicial; el segundo y el tercero por violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por error de hecho sobre los “contra-indicios   de   inocencia”  y  el  cuarto,  por  violación  del  derecho  de  defensa  y  del  debido  proceso del  incriminado       BERDUGO      CABRERA.   

Con  el  propósito de soslayar repeticiones  inútiles,  por  razones  de  método  se  optará  a continuación, por exponer  sucintamente  los  planteamientos  de  cada  cargo presentado por el recurrente,  para luego abordar el respectivo estudio formal de tales censuras.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Ab  initio  impera  precisar  que  el  recurso  de casación, en cuanto juicio técnico –  jurídico,  cuenta  con una serie de  reglas  señaladas por el legislador y desarrolladas por la jurisprudencia a fin  de    que    no   se   convierta   en   una   tercera  instancia,  las  cuales no pasan de ser un conjunto de  postulados  orientados  a  conseguir que el demandante se sujete a unos mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en  la postulación y desarrollo de sus reparos, de  suerte  que  resulten  inteligibles  en  cuanto  precisos  y claros, dado que no  corresponde  a  la  Sala  en  su  función  constitucional  y  legal  develar  o  desentrañar  el sentido de confusas, ambivalentes o contradictorias alegaciones  de los recurrentes en casación.   

1.            Primer  cargo: Error de derecho respecto  de    la    versión   rendida   por   los   aprehendidos   ante   la   policía  judicial   

          Asevera  el  recurrente  que  en  el  fallo atacado se otorgó valor  probatorio   a  las  versiones  suministradas  por  los  aprehendidos  ante  los  funcionarios  de  policía  judicial,  pese  a  que  el  legislador  dispone  lo  contrario,  pues  sólo podían ser tenidas como guía de la instrucción, amén  de  que  el  informe  policivo fue aducido sin el cumplimiento de los requisitos  legales.   

          Luego  de traer a colación normas de los Decretos 409 de 1971 y 050  de  1987,  el  casacionista  afirma  que  la  Ley  599 de 2000 no define qué se  entiende   por   documento,   ni   establece   reglas   para   su   apreciación  judicial.   

          Acerca  de  los  informes de policía judicial, agrega, se establece  en  el artículo 319 del estatuto procesal penal que deben ser rendidos mediante  certificación  jurada,  en  la cual, además del nombre y apellidos de quien lo  suscribe,  debe  aparecer el número del documento que identifica al funcionario  como policía judicial.   

A  su  vez,  resalta  que  de acuerdo con el  artículo  314  ejusdem, las  exposiciones   recibidas  por  la  policía  judicial  no  tienen  el  valor  de  testimonios  ni de indicios y sólo pueden servir como criterios orientadores de  la investigación.   

          Entonces,  el  censor  afirma que el informe policivo No. 0340 de la  Unidad  de  Policía  Judicial  del  Departamento  del Atlántico no se realizó  mediante  certificación  jurada,  no  se identificó a quien lo suscribe con el  número  que  lo acredita como funcionario de policía judicial y no se precisó  si  quien  lo  suscribe  participó  o  no  en  los  hechos materia del informe.   

Para concluir afirma, sin hacer explícita su  pretensión  casacional,  que  la persona que suscribe el referido informe es el  Subintendente   Narciso   Medina  Salazar,  quien  declaró  ante  la  Fiscalía que los agentes Alexander  Navarro Peñarete y Aníbal  Rodríguez  Girón  estuvieron  a  cargo  de  la  investigación,  motivo por el cual considera que “no   resulta   lícito   tener  esos  documentos  como  elemento  de  prueba”,    pues    se    violan   “los   artículos   6º   (legalidad),  9º  (conducta  punible),  10  (tipicidad,  11 (antijuridicidad), 12 (culpabilidad), 22 (dolo), 28 (concurso de  personas)  en  la  conducta  punible,  29 (autores), 103 (homicidio), 104-2-6-7,  todos  del  Código  Penal  colombiano,  en  concordancia con los artículos 6º  (legalidad),  7º  (presunción  de  inocencia),  9º  (actuación procesal), 20  (investigación  integral),  232  (necesidad de la prueba), 238 (apreciación de  las  pruebas  y  314  (labores  de  verificación)  del Código de Procedimiento  Penal”.   

En  el  estudio  formal  de  este  reproche  encuentra  la  Sala  que  si el recurrente plantea la violación indirecta de la  ley  sustancial  por  error de derecho, le correspondía especificar si el yerro  consistió  en  negar  a  determinado medio probatorio el valor conferido por la  ley  u  otorgarle  un  mérito  diverso al atribuido legalmente (falso juicio de  convicción),  o  bien, si los falladores al apreciar alguna prueba la asumieron  erradamente  como  legal  aunque no satisfacía las exigencias señaladas por el  legislador  para  tener  tal  condición,  o  la descartaron aduciendo de manera  errada  su  ilegalidad,  pese  a  que  se  cumplieron  cabalmente los requisitos  dispuestos  en la ley para su práctica o aducción (falso juicio de legalidad),  proceder que no acometió.   

En efecto, el impugnante no identifica alguna  de  las  especies  de error mencionadas, circunstancia que a la postre le impide  acometer  en  debida  forma  la acreditación del reproche que formula, deja sin  comprobar   la   configuración   del   error  y  obviamente,  no  demuestra  su  trascendencia  en  el  fallo,  omisión que unida a la confusión argumentativa,  deja ayuno de demostración el cargo.   

Ahora,  es importante resaltar que el censor  aduce  que el informe No. 340 de la Unidad de Policía Judicial del Departamento  del   Atlántico   “no  resulta  lícito”,  pero  no  demuestra  el  motivo  de  tal  aserto,  dado que la  declaración  de  Iván Orozco  que  aparece  en dicho informe, fue ulteriormente ratificada ante la Fiscalía y  el  juzgado  de  primer  grado, amén de que olvida que el fallo se sustentó en  otros  medios  de  prueba  y  en  virtud de ello su queja deviene intrascendente  respecto de la atribución de justicia que cuestiona.   

Adicional a lo anterior se tiene que si bien  el  demandante  señala  las  normas que estima violadas de manera indirecta, de  una  parte  no  explica  la  razón por la cual considera que fueron conculcadas  cada  una  de  ellas  y de otra, incluye preceptos tales como los artículos 232  (necesidad  de la prueba), 238 (apreciación de las pruebas), 284 (elementos del  indicio),  285  (unidad  de  indicio),  286  (prueba  del hecho indicador) y 287  (apreciación  del  indicio)  de  la  Ley  600  de 2000, los cuales no tienen la  condición  de  normas sustanciales, en cuanto no definen conductas delictivas o  hacen  referencia a la punibilidad o a la responsabilidad, sino que sólo sirven  como  medio  o  instrumento  para  arribar  a  los  fines  de  las disposiciones  sustantivas,  falencia  que  se  desentiende  de  la  preceptiva contenida en el  numeral  1º  del  artículo 207 del estatuto procesal penal, según la cual, la  casación   procede   “cuando   la   sentencia  sea  violatoria     de     una    norma    de    derecho  sustancial”   (subrayas  fuera  de  texto),  cuya  cita resulta imprescindible (numeral 3º del artículo  212  ejusdem), razón de más  para   advertir   equívocos   lógicos   en  la  presentación  de  la  censura  analizada.   

Las  destacadas  falencias  irrumpen  como  suficientes    para    inadmitir   el   reproche   propuesto   en   su   aspecto  formal.   

2.          Cargos  segundo  y  tercero: Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por error de hecho sobre los “contra-indicios               de              inocencia”   

          Para  comenzar  es  necesario  señalar  que como los planteamientos  expuestos  en  los  cargos  segundo  y  tercero son similares, al punto que este  incluye  extensas  transcripciones de aquél, por razones metodológicas resulta  oportuno  resumirlos  conjuntamente  y  de igual manera analizarlos en punto del  cumplimiento de las exigencias legales de índole formal.   

Advertido  lo  anterior  se  tiene,  que el  defensor  manifiesta  que  los falladores incurrieron en violación indirecta de  “los  artículos  6º  (legalidad),  9º  (conducta  punible),  10 (tipicidad, 11 (antijuridicidad), 12 (culpabilidad), 22 (dolo), 28  (concurso  de  personas)  en la conducta punible, 29 (autores), 103 (homicidio),  104-2-6-7,   todos  del  Código  Penal  colombiano,  en  concordancia  con  los  artículos  6º  (legalidad),  7º  (presunción  de inocencia), 9º (actuación  procesal),  20  (investigación  integral),  232  (necesidad  de la prueba), 238  (apreciación  de  las  pruebas)  284  a  287 (indicio, sus elementos, unidad de  indicio,   prueba   del   hecho   indicador   y  apreciación)  del  Código  de  Procedimiento  Penal”, pues sólo tuvieron en cuenta  en  la sentencia de condena los indicios que comprometían la responsabilidad de  JAVIER  JOSÉ BERDUGO, pero  no  hicieron  lo  propio  con los “contraindicios de  inocencia  destacados  por  la  defensa  a  lo largo del debate oral”  y  en  la  sustentación del recurso de apelación interpuesto  contra  la sentencia, con lo cual se incumplió lo dispuesto en el artículo 238  de  la  Ley  600  de 2000, esto es, que “las pruebas  deberán  ser  apreciadas  en  conjunto,  de  acuerdo  con las reglas de la sana  crítica”.   

          Indica  que  no  se  ponderó  en el fallo que el día de los hechos  “desde  temprano  quienes  andaban tomado trago eran  SAMIR  ANTONIO  RAMIREZ  ALVAREZ  y  su víctima, el señor EDUARDO JOSE OLIVERA  ARRIETA,  posteriormente,  ya  en  horas  de  la  tarde  se integran JAVIER JOSE  BERDUGO  CABRERA e IVAN ENRIQUE OROZCO FIGUEROA, lo que es importante recordar y  resaltar  por  cuanto desde los albores se observa la inexistencia del necesario  concierto  previo indispensable, salvo el evento de concierto concomitante, para  la operancia de la coautoría”.   

          También  dice  que  no  es  cierto  que  la  navaja  con la cual se  cometió  el homicidio fue comprada por los procesados, pues se probó que quien  la  adquirió  a espaldas de JAVIER BERDUGO    fue    Samir    Ramírez,  a  pesar  de  que  éste  manifestó  que  la había comprado por  órdenes    de    BERDUGO,  circunstancia    que    demuestra    que    en    todo    momento   Samir   ha   intentado   “cargar  a  su  eventual  compañero  de  parranda  la autoría de un  homicidio que él no cometió”.   

          Añade   que  se  acreditó  con  la  declaración  de  Iván  Enrique  Orozco  Figueroa que quien  compró  la  navaja  con  la  cual  se  cometió  el  homicidio fue Samir  Ramírez,  hecho  que  se  erige en  “indicio de preparación”  en contra de éste.   

         No  constituye  un  indicio,  sino  un  hecho  a  probar,  dice  el  defensor,   la  afirmación  contenida  en  la  sentencia  de  que  Samir        y        JAVIER  se dirigieron en una moto con la  víctima  por una trocha que conduce al corregimiento de Gallego y le propinaron  catorce  puñaladas, pues se encuentra probado que quien manejaba la motocicleta  era  Samir Ramírez, el cual  decidió  la  ruta  sin  tener  en  cuenta  a  JAVIER  BERDUGO.   

          De  otra  parte  expone que los falladores no detectaron la falta de  espontaneidad  y contradicciones en cuanto expuso Samir  Ramírez,  así  como  la carencia de lógica al decir  que  JAVIER BERDUGO descendió  de  la  motocicleta  con  la  víctima,  se alejaron diez metros “y  que  a  pesar  de  la  soledad  del lugar no escuchó siquiera un  gemido  de  parte  de  quien  recibía  en  su  humanidad  una docena de heridas  letales.   Constituye   este   hecho  probado  el  denominado  indicio  de  mala  justificación”.   

Destaca  que  es  absolutamente  lógico que  JAVIER  BERDUGO, al resultar  herido   por  intentar  evitar  el  ataque  de  que  era  víctima  Eduardo  José  Olivera,  quedara perplejo  ante   el   macabro   espectáculo   y  procurara  cesar  la  hemorragia  de  su  dedo.   

          Encuentra     lógico     que     JAVIER  BERDUGO  “debiera  guardar  silencio  aún  ante  su  compañero  de  tragos,  señor  IVAN  ENRIQUE  OROZCO  FIGUEROA,  en  el  primer  momento por la conmoción que se adivina padeció por  tan  horripilante  crimen  y  luego  por encontrarse gravemente amenazado por el  procesado         SAMIR        ANTONIO        RAMIREZ        ALVAREZ”.   

          Como        “contraindicio       de  inocencia”  a  favor  de su procurado, el recurrente  señala  que JAVIER BERDUGO se  presentó  ante  las  autoridades  con  el  propósito de esclarecer los hechos,  cuando fue citado para notificarle la resolución de acusación.   

De  lo  expuesto  concluye  el  censor  que  JAVIER BERDUGO no cometió la  conducta  punible,  pues “cuando acepta acompañar al  señor  SAMIR  ANTONIO  RAMIREZ ALVAREZ para evitar que la víctima, debido a su  avanzado  estado  de  embriaguez,  cayera  de  la  moto durante el traslado a su  supuesto  destino  final,  lo  hace  inocentemente hasta el extremo de invitar a  IVAN  ENRIQUE  OROZCO  FIGUEROA  para que, a bordo de otro automotor, obviamente  conducido  por  una cuarta persona que lo fue el testigo RONALD CASTAÑEDA, para  que  los  acompañara  a  llevar al señor EDUARDO JOSE OLIVERA ARRIETA hasta su  destino   final,   actitud   que   no   realiza  quien  se  propone  cometer  un  delito”.   

          Igualmente  indica  que “la situación de  las  heridas  (tres  heridas  en el cuello, cuatro en la espalda y las restantes  siete  ubicadas  en la región pectoral) lo que nos habla es de un asalto por la  espalda  rematado  con  golpes  de  navaja  al  pecho  cuando  el  cuerpo cae de  espaldas,  lo  que  corresponde  con  la  versión  ofrecida por BERDUGO CABRERA  cuando  nos  informa  que  el  ataque  se  dio  mientras  él  y  la víctima se  encontraban  sentados  a  la  vera  del camino y que al salir de entre la maleza  SAMIR  ANTONIO RAMIREZ ALVAREZ le asestó navajazos por la espalda y el cuello a  la víctima”.   

Agrega  que  si  a  lo  expuesto se suma que  JAVIER  BERDUGO  cuenta  con  “limpios      antecedentes      personales     y  familiares”,   es   evidente   que  los  falladores  incurrieron en el yerro de hecho que anunció.   

          En  suma,  el  impugnante  considera  que su asistido no cometió ni  participó en la comisión del homicidio investigado.   

Inicialmente encuentra sin dificultad la Sala  que  nuevamente,  el casacionista procede a relacionar, sin más, las normas que  considera   violadas  indirectamente,  pero  no  encamina  esfuerzo  alguno  por  señalar  de  qué  manera  se produjo su quebranto, además de que una vez más  incluye  preceptos  que  no tienen la condición de sustanciales según lo exige  el numeral 1º del artículo 207 del estatuto procesal penal.   

También  advierte  la  Sala  que si bien el  casacionista   postula   la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  no  especifica  si  se  trató de un error de hecho o de derecho. En el primer caso,  debía  precisar  si  los  falladores  erraron  al  apreciar la prueba, bien sea  porque  pese  a  obrar  en  el diligenciamiento no fue valorada (falso juicio de  existencia  por omisión); ya porque sin figurar en la actuación supusieron que  allí  aparecía  y  la  tuvieron  en  cuenta  en  su decisión (falso juicio de  existencia  por  suposición);  ora  porque  al  considerarla  distorsionaron su  contenido  cercenándola,  adicionándola  o  tergiversándola  (falso juicio de  identidad);  también,  cuando  sin  incurrir  en alguno de los yerros referidos  derivaron  del  medio  probatorio deducciones que contravienen los principios de  la  sana  crítica,  esto  es,  los  postulados  de  la lógica, las leyes de la  ciencia o las reglas de la experiencia (falso raciocinio).   

          En  el  segundo  caso, esto es, en tratándose de la postulación de  errores  de  derecho,  correspondía  al  recurrente  especificar  si  el  yerro  consistió  en  un  falso  juicio de convicción o un falso juicio de legalidad,  según se dijo en el análisis del primer cargo.   

En  efecto,  ninguna de las referidas reglas  lógicas  fue  acatada  por  el  censor,  quien  se limita a exponer su personal  criterio  sobre  la  ausencia  de  responsabilidad de su representado y sobre la  autoría  del  homicidio  en  cabeza  de  Samir Antonio  Ramírez  Alvarez, pero sin señalar en concreto yerros  de  los  falladores,  pues  sólo  ensaya  confrontar  su criterio con el de los  juzgadores,  en manifiesto desconocimiento de la dual presunción de legalidad y  acierto del fallo, con lo cual deja sin demostración el cargo.   

También  observa  la  Sala  que el defensor  censura  la  apreciación  de  las  pruebas,  pero  no  procede con precisión a  señalar  si  su  queja  apunta  a  que  los falladores las supusieron aunque no  aparecían   en  la  actuación,  las  marginaron  a  pesar  de  figurar  en  el  diligenciamiento,  las  cercenaron  o  adicionaron en su contenido material, las  valoraron  con  quebranto  de  las reglas de la sana crítica, fueron apreciadas  aunque  eran  ilegales, se les marginó pese a ser legales o no les fue otorgado  el  valor  probatorio señalado en la ley, omisiones que le impiden acreditar la  pretendida inocencia de su asistido.   

Adicional a lo dicho, si bien el casacionista  hace  explícito  su interés por atacar la prueba indiciaria, no se percata que  para  emprender  tal  cometido debe identificar con claridad si la equivocación  se  cometió  respecto de los medios demostrativos de los hechos indicadores, la  inferencia  lógica,  o  en  el  proceso  de valoración conjunta al apreciar la  articulación,  convergencia  y concordancia de los varios indicios entre sí, o  entre  éstos  y  las  restantes pruebas, para llegar a una conclusión fáctica  desacertada.   

Tampoco  tiene  en  cuenta  que  si el error  radica  en  la apreciación del hecho indicador, dado que debe acreditarse   necesariamente  con  otro  medio de prueba, imprescindible le resulta establecer  si  se  trata  de  un  yerro de hecho o de derecho, a qué especie corresponde y  cómo se acredita su ocurrencia en el asunto.   

Ahora, olvida que si el error se ubica en el  proceso  de  inferencia  lógica,  ello  supone partir de aceptar la validez del  medio  con  el que se acredita el hecho indicador y demostrar que el juzgador en  su  apreciación  se  apartó  de  las leyes de la ciencia, los principios de la  lógica  o  las  reglas  de  la  experiencia, para acto seguido señalar en qué  consiste  y  cuál  es  su  operancia correcta, así como su trascendencia en la  decisión impugnada.   

Igualmente,  no atiende que si lo pretendido  es  denunciar  un  error de hecho por falso juicio de existencia de un indicio o  un  conjunto  de  ellos, lo primero que debe acreditar es la existencia material  en  el proceso del medio con el cual se evidencia el hecho indicador, la validez  de  su aducción, qué se establece de él, cuál mérito le corresponde y luego  de  realizar  el  proceso  de inferencia lógica a partir de tener acreditado el  hecho  base,  exponer el indicio que se estructura de conformidad con las reglas  de  la  experiencia,  para  ahí  sí,  poner  de  presente  su  articulación y  convergencia con los otros indicios o medios de prueba.   

También  en punto de los yerros respecto de  la  prueba  indiciaria  se  tiene,  que el demandante omite precisar si estos se  presentan  en  la  labor de análisis de la convergencia y congruencia entre los  distintos  indicios y de éstos con los demás medios, circunstancia que permite  advertir serias incorrecciones formales en el libelo.   

          Como  puede  verse, el impugnante procede a identificar los indicios  que  fueron  aducidos  por los falladores para proferir la sentencia de condena,  pero  no  atina,  de  acuerdo  a  las  reglas  ya  enunciadas, a ser claro en su  planteamiento,  como  que  únicamente  expone su particular ponderación de los  medios  de prueba y ensaya su cotejo con la apreciación judicial de los mismos,  pero  sin  detenerse  a  identificar  errores  y  tanto  menos  a acreditarlos y  demostrar su trascendencia en el fallo.   

Las  graves  inconsistencias establecidas en  los cargos analizados formalmente, imponen su inadmisión.   

          4.        Cuarto  cargo:  Nulidad  por  violación del derecho de defensa y el  debido proceso de JAVIER BERDUGO CABRERA   

          Bajo  la  égida  de  la  causal tercera de casación, el recurrente  manifiesta  que a su representado no se le garantizó el derecho (artículos 176  y  179  de  la  Ley  600  de  2000)  que  le  asistía  a conocer por vía de su  notificación,   las   providencias   proferidas   dentro  del  diligenciamiento  adelantado  en su contra, tales como la apertura de instrucción, resolución de  situación  jurídica  y  cierre  de  investigación,  pese  a  que  dentro  del  averiguatorio aparece la dirección de su residencia.   

Con base en lo anterior, el defensor solicita  a    la   Sala   “declarar   la   nulidad   de   la  causa”.   

          Sobre  los  anteriores  planteamientos  es  oportuno señalar que la  Sala  ha  puntualizado  que  si  bien  la  acreditación de la causal tercera de  casación  es  menos  exigente  que  la  demostración de las otras causales, lo  cierto  es  que impone al demandante proceder con precisión, claridad y nitidez  a   identificar   la   clase   de  irregularidad  sustancial  que  determina  la  invalidación,  plantear  sus  fundamentos  fácticos, indicar los preceptos que  considera  conculcados  y  expresar  la  razón  de su quebranto, especificar el  límite  de  la  actuación  a partir del cual se produjo el vicio, así como la  cobertura  de  la  nulidad, demostrar que procesalmente no existe manera diversa  de  restablecer  el  derecho  afectado  y,  lo más importante, acreditar que la  anomalía  denunciada  tuvo injerencia perjudicial y decisiva en la declaración  de  justicia  contenida en el fallo impugnado (principio de trascendencia), dado  que   este   recurso   extraordinario   no  puede  fundarse  en  especulaciones,  conjeturas,  afirmaciones carentes de demostración o en situaciones ausentes de  quebranto.   

Advertido lo anterior se observa que el actor  incurre  en varias faltas a la técnica casacional, pues de manera sincrónica y  con  la  misma  argumentación, señala que el fallo impugnado violó el derecho  al  debido proceso y el derecho a la defensa de su asistido, sin tener en cuenta  que  corresponden  a  dos  ámbitos  diversos  y  delimitados.  El  primero,  la  vulneración  del  debido  proceso,  constituye  por  regla  general un vicio de  estructura  (falta  de  competencia,  pretermisión  de  las  formas propias del  juicio,  etc.),  en  tanto  que el segundo, el quebranto del derecho de defensa,  engendra  afectación  de  la  garantía,  motivo  por  el  cual  no  es posible  invocarlos  de  manera  simultánea,  en igualdad de condiciones, por las mismas  razones y con los mismos planteamientos.   

También   encuentra   la   Sala   que  el  casacionista  no  se sujeta a las exigencias del principio de prioridad que rige  este  trámite,  según  el  cual,  primero  debe  plantear  los  cargos  que de  prosperar  comportan  invalidación  de  lo actuado y luego sí los demás, pues  como  puede  observarse,  en  este  asunto plantea la nulidad del trámite en el  último cargo de su libelo.   

Para  concluir  se  impone  señalar  que el  censor  no  procede  a  explicar  la  forma  en que se produjo la violación del  debido  proceso, esto es, de qué manera fueron socavadas las bases y estructura  del  trámite;  tampoco  señala  de  qué  manera  fue  violado   el   derecho   de  defensa  de su  procurado, dado que, en virtud  del  principio de trascendencia que rige la declaratoria de nulidad del proceso,  la  simple  ocurrencia  de  la  incorrección  no  conduce  necesariamente  a la  invalidación  de lo actuado, en cuanto es preciso acreditar que aquella produjo  unos  resultados  adversos  y  lesivos a los intereses y derechos del sindicado,  pues  de  lo contrario, el vicio carece de trascendencia e imposibilita declarar  la pretendida invalidez.   

          De  conformidad  con  lo expuesto, se impone inadmitir la censura en  tales términos presentada.   

Así las cosas, encuentra la Sala que si el  impugnante  no  ajusta  su  demanda  a  las  reglas  dispuestas  para postular y  demostrar  los  reproches  que  presenta  contra el fallo de segundo grado y, en  virtud  del principio de limitación que rige el trámite casacional la Corte no  se  encuentra  facultada  para enmendar las falencias de aquella, de conformidad  con  lo  dispuesto  en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000 se impone de plano  la inadmisión del libelo.   

          Para  concluir  es  necesario  señalar  que la Sala no observa  dentro  del  trámite  o  en  el fallo objeto del recurso,  violación  de  derechos  o  garantías  de  los  procesados,  como para que tal  circunstancia  impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa que sobre el  particular  le  confiere  el  legislador  en  punto de  asegurar su protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación    interpuesta    por    el   defensor   de   JAVIER  JOSÉ  BERDUGO  CABRERA,  por  las  razones expuestas en la anterior motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el artículo 187 del Código de  Procedimiento    Penal,    contra    esta    decisión    no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN                                  MARINA  PULIDO  DE  BARÓN            

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANES                  YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA               JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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