25891(07-09-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  25891   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 093.  

Bogotá D.C., septiembre siete (7) de dos mil  seis (2006).   

VISTOS  

Se   pronuncia  la  Sala  respecto  de  la  admisibilidad  formal  del  libelo  de  casación presentado por el defensor del  procesado   JOSÉ   FABIO   ORREGO  PRADO,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Medellín  el  20  de abril de 2006, confirmatoria de la  dictada  por  el  Juzgado  Octavo Penal del Circuito de la misma ciudad el 27 de  marzo  de  la  referida  anualidad,  por  cuyo  medio  lo  condenó  como  autor  penalmente   responsable  del  delito  de  tráfico,  fabricación  y  porte  de  estupefacientes.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Aproximadamente  a las nueve de la noche del  26   de   enero   de   2006,   en   el   puente  conocido  como  “Punto  cero”  de la ciudad de Medellín,  dos  agentes  de  la policía notaron que unos individuos empujaban un vehículo  Renault  4,  motivo  por  el  cual  se  ofrecieron  a  prestarles ayuda, pero al  percibir  el nerviosismo de uno de ellos y un fuerte olor característico de los  estupefacientes,  practicaron  una  requisa  al  automotor  con  la  anuencia de  JOSÉ  FABIO  ORREGO  PRADO,  encontrando   en  un  dispositivo  secreto  en  la  silla  trasera  ocho  bolsas  plásticas,  las cuales contenían 3.993,5 gramos de cocaína, circunstancia que  motivó   la   aprehensión   del   mencionado   ciudadano   y  de  Miguel   Ángel  Posada  Legarda,  quienes  fueron puestos a disposición de la Fiscalía.   

Legalizada  la  captura  de los aprehendidos  ante  el Juez Veintisiete Penal Municipal con funciones de Control de Garantías  de  Medellín,  la  Fiscalía  les formuló imputación por la posible comisión  del  delito  de  transporte  de  sustancia  estupefaciente y solicitó les fuera  impuesta  medida  de  aseguramiento de detención preventiva, a lo cual accedió  el  funcionario  judicial durante la respectiva audiencia. Los cargos formulados  en  la  audiencia  de  imputación  no  fueron  aceptados  por  ninguno  de  los  imputados.   

El  22  de  febrero  de  2006  la  Fiscalía  presentó  ante  el  Juzgado  Octavo  Penal del Circuito de Medellín escrito de  acusación  contra JOSÉ FABIO ORREGO PRADO     y     Miguel     Ángel     Posada  Legarda  por  la  conducta  de  transportar  sustancia  estupefaciente.  Posteriormente  durante  la audiencia preparatoria realizada el  10  de  marzo  siguiente,  el  último  de los nombrados se allanó a los cargos  objeto  de  acusación,  circunstancia  que  determinó  la ruptura de la unidad  procesal.   

El  22  de los mismos mes y año se llevó a  cabo  el  juicio  oral  y  finalmente,  el  27 de marzo siguiente se celebró la  audiencia  de  lectura  de  fallo,  por  cuyo  medio  se condenó a JOSÉ   FABIO   ORREGO  PRADO  a  la  pena  principal  de  ciento  veintiocho  (128) meses de prisión y multa equivalente a  mil  trescientos  treinta  y  tres  (1.333)  salarios mínimos legales mensuales  vigentes  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso de la sanción privativa de libertad  como  autor penalmente responsable del delito de porte de estupefacientes. En la  misma  oportunidad  se  le  negó el subrogado penal de la condena de ejecución  condicional, así como el sustituto de la prisión domiciliaria.   

          Impugnada  la  sentencia  por  la  defensa,  el Tribunal Superior de  Medellín  la  confirmó  mediante  fallo del 20 de abril de 2006, decisión que  ahora  es  objeto  de  recurso  extraordinario  de  casación interpuesto por el  defensor   de  JOSÉ  FABIO  ORREGO  PRADO.   

LA DEMANDA  

Al  amparo de la causal segunda de casación  establecida  en el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, el recurrente formula un  cargo  contra  el  fallo proferido por el Tribunal, pues considera que se violó  el  principio de congruencia que debe existir entre la acusación y el fallo que  ponga fin al proceso.   

En  los  argumentos  a través de los cuales  fundamentalmente  demuestra  el reproche, refiere que si su asistido fue acusado  por  el  delito  de  transporte  de  estupefacientes, los falladores violaron su  derecho   al  debido  proceso  en  cuanto  afectaron  de  manera  sustancial  la  estructura  del  trámite,  al  condenarlo  por  el  delito  de  porte  de tales  sustancias.   

          Resalta   que  si  bien  durante  la  audiencia  de  imputación  la  Fiscalía      se      refirió      al     verbo     rector     “transportar”  y  en  el  fallo de primer  grado  se  afirma  en varias ocasiones que su procurado transportó la sustancia  estupefaciente  que le fue incautada, lo cierto es que en la parte resolutiva de  tal   sentencia   se   lo   condenó   como   autor   del  delito  de  porte  de  estupefacientes.   

          Por  ello se pregunta si “no hubiera sido  lógico   hablar   de   una   tentativa   y   no   de  un  delito  consumado  de  transporte?”     Y     agrega     “que  si  hay  prueba  sobre la responsabilidad tenemos que reconocer  que  como  se  dieron  los  hechos la droga iba a ser transportada de un lugar a  otro  y entonces por circunstancias ajenas a la voluntad de los implicados no se  consumó   el   hecho,   no   se   logró   el  transporte  efectivo”.   

          Luego  de  transcribir  el  texto del artículo 448 de la Ley 906 de  2004,  el  censor  concluye  que  los  sentenciadores  violaron  el principio de  congruencia,   con   lo  cual  se  afectó  sustancialmente  la  estructura  del  proceso.   

En  apoyo  de  su planteamiento, el defensor  cita  la  sentencia de casación proferida por esta Sala el pasado 20 de octubre  de  2005  dentro  del  radicado  24026,  a  través  de  la  cual  se  dijo  que  “no    se   ofrece   coherente   con   el   modelo  acusatorio,   imputarle  jurídicamente  a  la sindicada la comisión de un  delito  de  porte,  que  el  de venta de estupefacientes, porque aún cuando los  distintos  supuestos comportamientos aparecen recogidos por el artículo 376 del  código  penal y los sanciona con la misma pena, lo cierto es que corresponden a  diversas  modalidades  de  ataque  del  bien jurídico, tanto así que cuando el  porte  excede  en  una  proporción  insignificante  puede  llegar  a carecer de  ofensividad”.   

          A  partir  del hecho según el cual, el Tribunal reconoció el error  del  fallador  de primer grado, pero estimó que era intrascendente, el defensor  presenta  su  inconformidad  con un tal modo de apreciar lo ocurrido, porque, en  su  sentir  tal  yerro  “no sólo fue sustancial sino  que    afectó    tremendamente    la    estructura    del   proceso”.   

          Sin  precisar  los  alcances  de  su  pretensión,  con  base  en lo  expuesto,    el    demandante    solicita    a    la   Sala   casar   el   fallo  impugnado.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Tiene dicho la Sala que si bien la Ley 906 de  2004  no  distingue  entre  recurso  de  casación  por  la vía común y por la  discrecional,  pues  se eliminó la exigencia del quantum de pena del delito por  el  que  se  procede  para acceder a tal impugnación, lo cierto es que es deber  ineludible  del  demandante  acreditar  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales  y  demostrar  que se requiere del fallo de casación para cumplir  alguno  de  los  fines  establecidos por el legislador en el artículo 180 de la  referida  normatividad para el mencionado recurso extraordinario, esto es, hacer  efectivo  el  derecho  material,  verificar  el respeto de las garantías de los  intervinientes,  procurar  la  reparación  de los agravios sufridos por estos y  unificar          la          jurisprudencia1,  para lo cual es menester que  cuente  con  interés  para  impugnar  y  adicional a ello, proceda a invocar la  causal  para  acceder  a este mecanismo impugnaticio extraordinario y desarrolle  los cargos que sustentan su inconformidad.   

De  acuerdo  con la preceptiva del artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, no será admitido el libelo de casación cuando el  demandante  carezca  de interés, no señale la causal bajo cuya égida sustenta  su  propuesta,  no desarrolle adecuadamente los cargos de sustentación o cuando  se  advierta  que  no  se  requiere  del  fallo  para  cumplir con alguna de las  finalidades propias del recurso.   

          Adicionalmente,  es  importante señalar que el recurso de casación  en    cuanto    juicio    técnico   –  jurídico  está  gobernado por una serie de reglas dispuestas por  el  legislador  y  desarrolladas  por  la  jurisprudencia  a  fin  de  que no se  convierta   en   una   tercera  instancia,  las  cuales  no  pasan de ser un conjunto de postulados técnicos  orientados  a  conseguir  que el demandante se sujete a unos mínimos lógicos y  de  coherencia  en  la  presentación y desarrollo de sus reparos, de suerte que  resulten  inteligibles en cuanto precisos y claros, dado que no corresponde a la  Sala  en su función constitucional y legal develar o desentrañar el sentido de  confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones  de  los recurrentes en  casación.   

En  el  asunto  que ocupa la atención de la  Sala  se  tiene  que  como el impugnante invoca la violación del debido proceso  por  quebranto  de la estructura de su trámite, oportuno se ofrece señalar que  si  bien  el  desarrollo  de un tal planteamiento supone una acreditación menos  exigente  que  la  requerida respecto de las restantes causales de casación, de  todas  maneras  le  corresponde  proceder  con  precisión, claridad y nitidez a  identificar  la clase de irregularidad sustancial que determina la invalidación  de lo actuado.   

A  partir  de lo anterior, tiene el deber de  plantear   sus  fundamentos  fácticos,  indicar  los  preceptos  que  considera  conculcados  y  expresar la razón de su quebranto, especificar el límite de la  actuación  a  partir del cual se produjo el vicio, así como la cobertura de la  nulidad,  demostrar que procesalmente no existe manera diversa de restablecer el  derecho  afectado  y,  lo más importante, acreditar que la anomalía denunciada  tuvo  injerencia perjudicial y decisiva en la declaración de justicia contenida  en  el  fallo  impugnado  (principio  de  trascendencia),  dado que este recurso  extraordinario  no  puede  fundarse  en especulaciones, conjeturas, afirmaciones  carentes de demostración o en situaciones ausentes de quebranto.   

Advertido  lo  anterior  se  observa  que el  censor  señala  que  el  fallo impugnado violó el principio de congruencia que  debe  mediar entre acusación y fallo y por tal motivo, quebrantó el derecho al  debido  proceso  de  su procurado en cuanto no lo condenó por el comportamiento  de  transportar estupefacientes por el cual fue acusado, sino por la conducta de  porte de dichas sustancias.   

No  obstante  lo  expuesto,  de  una  parte  reconoce  que  la  Fiscalía durante el trámite imputó y acusó a JOSÉ  FABIO  ORREGO  PRADO  como  posible  autor  de  la  conducta  de transportar la sustancia incautada y de otra, acepta  que  a  lo  largo del fallo de primera instancia que fue objeto de confirmación  por  parte  del  Tribunal,  se  alude  en  múltiples  ocasiones al verbo rector  “transportar” y que sólo  en  la  parte  resolutiva se condena al incriminado por la acción de portar los  mencionados estupefacientes.   

De  lo anterior se desprenden sin dificultad  alguna las siguientes situaciones:   

(i)  Que  el censor incumple con su deber de  señalar  de  qué  manera  fueron socavadas las bases y estructura del trámite  dado  que,  en virtud del principio de trascendencia, la simple ocurrencia de la  incorrección  no  puede  conducir necesariamente a la casación del fallo, sino  que  es  preciso  acreditar  que aquella produjo resultados adversos y lesivos a  los intereses y derechos del sindicado.   

(ii) Que como consecuencia de lo anterior, el  actor  no  señala  la cobertura invalidatoria del vicio que denuncia, es decir,  no  precisa  el  alcance  de  su  pretensión casacional en punto de la supuesta  incongruencia entre acusación y fallo que plantea.   

(iii)  Que  no  se necesitaría del fallo de  casación  para corregir la irregularidad que se denuncia, pues resulta bastante  evidente  que el funcionario de primer grado incurrió simple y llanamente de un  lapsus  calami, el cual fue a  su  vez  tenido  como  un asunto insustancial por el ad  quem  en  el fallo de segunda instancia, circunstancia  que   de   tiempo  atrás  ha  sido  resuelta  por  la  Sala,  al  precisar  que  “la parte resolutiva de una decisión no es otra que  la   necesaria   consecuencia  de  la  motivación;  por  lo  tanto  no  resulta  aconsejable  escindir  artificialmente  las  partes  que  conforman un todo, por  cuanto    éstas    se    integran    y    complementan   mutuamente”2.   

A   su  vez,  en  posterior  decisión  se  puntualizó  que  “las providencias judiciales poseen  una  estructura  lógica, de manera que las motivaciones tienen fuerza normativa  vinculante  en  todo  aquello  que  se  relacione  con  lo dispuesto en la parte  resolutiva,    atendiendo   su   condición   de   ratio   decidendi”3.   

          (iv)  Que  el  defensor  no  se ocupa de cuestionar la respuesta que  sobre  el tema objeto de debate suministró el Tribunal, dado que simplemente se  limita  a  afirmar  que  “ese  error  no  sólo  fue  sustancial  sino que afectó tremendamente la estructura del proceso”,  sin  exponer  razón  alguna  o fundamento plausible sobre tal  aserto.   

          (v)  El  asunto  cuya definición jurisprudencial cita el censor, se  refiere  a  supuestos  diversos  a  la  situación  fáctica  que  motivó  este  diligenciamiento,  pues  allí, la Fiscalía imputó a la procesada el delito de  porte  de  estupefacientes,  el cual fue aceptado por esta, no obstante lo cual,  el  ente  acusador  solicitó  que  le fuera impuesta medida de aseguramiento de  detención  preventiva  por la conducta de venta de estupefacientes a la cual no  accedió  el Juez de Control de Garantías. Luego  la  Fiscalía   presentó  escrito  de  acusación  como  presunta autora del delito de venta de  estupefacientes,  y el juez de conocimiento la absolvió. Impugnada la sentencia  por  la  Fiscalía,  el  Tribunal  la  revocó,  para  en su lugar condenar a la  sindicada por el punible de que trataba el escrito de acusación.   

          Así  las  cosas,  es claro que el precedente jurisprudencial citado  por  el recurrente no guarda relación alguna con la actuación procesal surtida  en   este   expediente,  pues  aquí  la  Fiscalía  mantuvo  siempre  la  misma  imputación  jurídica,  esto es,  por el transporte de estupefacientes, el  juez  de  primer  grado  alude  en  varias  ocasiones  dentro  del  fallo  a tal  comportamiento  y  es  sólo  en  la  parte  resolutiva que por error condena al  procesado  por  la  conducta  de  porte  de estupefacientes, razón de más para  advertir  las  falencias  técnicas  en  la presentación y desarrollo del cargo  formulado.   

         Y  si  ello  es  así,  considera la Sala que el demandante no solo  incumple  con las exigencias formales para acceder a este mecanismo impugnaticio  extraordinario  sino  que,  además,  no  se precisa del fallo de casación para  resolver  la  queja formulada ni para lograr alguna de las finalidades previstas  en  el  artículo  180  de  la  Ley  906 de 2004, como para proceder a tener por  superadas  las  deficiencias  de  la  demanda  objeto de estudio en cuanto a sus  presupuestos   lógicos  y  técnico  – formales.   

          Por   lo   tanto,   se   inadmitirá  el  libelo  en  tanto  que  no  se  observa con ocasión del fallo impugnado o dentro  de  la  actuación  violación de derechos o garantías del procesado, como para  que  tal  circunstancia impusiera superar los defectos de la demanda libelo para  decidir  de fondo, según lo dispone el inciso 3º del  artículo 184 de la  Ley 906 de 2004.   

          Cuestión final.   

          Habida  cuenta  que  contra  la decisión de inadmitir la demanda de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el mecanismo de insistencia de  conformidad  con  lo  establecido  en  el  artículo  184 de la Ley 906 de 2004,  impera  precisar que como dicha legislación no regula el trámite a seguir para  que  se  aplique  el referido instituto procesal, la Sala ha definido las reglas  que   habrán   de   seguirse  para  su  aplicación4, como sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por  cuyo  medio la Sala decida inadmitir la  demanda  de  casación,  con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  –  siempre que el recurso  de   casación   no   hubiera   sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial  –, el Magistrado disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en  los  debates  o  suscrito  la  providencia inadmisioria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

          iii)                      Es potestativo del Magistrado disidente, del que  no  intervino  en  los debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien  se  formula  la  insistencia, optar por someter el asunto a consideración de la  Sala  o  no  presentarlo  para su revisión, evento último en que informará de  ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

          iv)                       El  auto  a  través  del  cual  se  inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor del procesado JOSÉ  FABIO  ORREGO PRADO, por las razones  expuestas en la anterior motivación.   

         De  conformidad  con lo dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906  de     2004,    es    facultad    del    demandante    elevar    petición    de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Cita medica  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

Permiso  

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                              MARINA    PULIDO    DE  BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES               YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

        Comisión de servicio   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                      JAVIER ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Auto  del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322, entre otros.   

2  Sentencia de casación del 11 de agosto de 1983. Rad. 1983.   

3  Sentencia  de segunda instancia del 17 de junio de 2003. Rad. 18684. En el mismo  sentido sentencia de casación del 27 de mayo de 2004. Rad. 20879.   

4  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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