25867(21-03-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25867  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 042  

Bogotá,  D. C., veintiuno (21) de marzo de  dos mil siete (2007).   

V   I   S   T   O  S   

Procede   la   Corte   a   calificar  los  presupuestos  lógicos  y  de  debida  argumentación de la demanda de casación  presentada   por   el   defensor   de   JHON    JAIRO    ANGULO    QUIÑÓNEZ.   

A  N  T E C E D E N T E  S   

1.   Los  hechos  los  sintetizó  el  juzgador de segunda instancia, así:   

“Acaecen el 28  de  junio  de  2003,  cuando  aproximadamente a las 2:30 p.m., a la altura de la  carrera  48  B  N°  45-74, barrio Mariano Ramos, de Cali,  Jhonatan Javier  Rodríguez         alias        ‘Pio’, iba en  compañía  de  Ana  Mireya  Torres Viveros a visitar a la hija extramatrimonial  del  mencionado.  Mientras la dama subía hasta el segundo piso del inmueble, su  novio    y    acompañante   es   abordado   por   dos   sujetos:   JHON  JAIRO  ANGULO  QUIÑONEZ, que tiene  el       remoquete       de       ‘Caneco’  y  portaba   un  arma  de  fuego,  y   OMAR  ANGULO  CUENU,      conocido      como      ‘Omitar’y  viajaba  en  una  bicicleta cross.  Cuando  el  ahora  obitado  se  trasladaba  hacia  donde se encontraba Jennifer,  Caneco  le  dispara  y  Jhonatan sale corriendo. Nuevamente se hace otro disparo  que  se  lo  pega  a la altura de la cintura, ahí se cayó. La mencionada menor  baja  con  intención de protegerlo e increpa a los agresores, pero ‘Omitar’    la    aparta   y   ‘Caneco’  hace  el  disparo  de  gracia en la  cabeza,   ausentándose  del  lugar  como  si  nada  hubiera  pasado”.   

2.   El  Juzgado  Noveno  Penal  del  Circuito  de  Cali,  mediante  sentencia  del  25  de  junio de 2004, condenó a  Jhon    Jairo    Angulo   Quiñónez   y  a  Omar  Angulo  Cuenú  a  la  pena  principal  de 350 meses de  prisión  y  a  la  accesoria de rigor, como autores de los delitos de homicidio  agravado y porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

3.  Apelado el fallo por los defensores  de  los procesados, la Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior de Cali, el  24  de  febrero de 2006, lo confirmó integralmente, decisión contra la cual el  defensor  de  Jhon Jairo Angulo Quiñónez interpuso recurso de casación.   

LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

El   defensor  del  procesado  Angulo  Quiñónez,  al  amparo  de la  causal    primera    de   casación,   formula   dos  cargos  contra  la  sentencia de segundo grado, cuyos  argumentos se sintetizan de la siguiente manera:   

Primer cargo  

Acusa  al  sentenciador  de “haber   violado  directamente  la  ley  sustancial  por  exclusión  evidente  del artículo 20 del Código de Procedimiento Penal, en aplicación de  los  artículos  103,  104  y 365 de la misma obra, esto es, por haber incurrido  parcialmente  en  la  causal  primera,  cuerpo primero, de casación”.   

Bajo    el    título   que   denominó  “DEMOSTRACIÓN      DEL      CARGO”  y  luego  de citar una jurisprudencia de esta Corporación que  hace  relación a la manera como debe valorarse la prueba, afirma que conforme a  las  circunstancias de tiempo, modo y lugar, resultaba imposible reconocer a los  autores   del   delito.   A   continuación,  de  manera  confusa,  textualmente  agrega:   

“Partamos  del  principio  de  la declaración de la señorita Torres Viveros en el caso que nos  ocupa  es  la  denunciante  ofendida si el denunciante fuere persona extraña al  hecho  investigado, que solo supo de él por referencias, su misión se reduce a  suministrarles  a las autoridades estas referencias ya en posesión de ellas, el  instructor  irá  a  las  fuentes  de  donde proviene y con estas continuará su  labor,  si el denunciante es un testigo de lo acaecido, si personalmente percibo  los  hechos  como  tal  se  le  recibirá  la  información sometiéndosela a la  crítica  correspondiente, pero si el denunciante es ofendido con la infracción  se    tratará   de   un   testigo   ‘sui         generis’,  pero  testigo al fin y al cabo cuyo dicho debe ser sometido, por  consiguiente  a  una  crítica  especial,  minuciosa,  sagaz,  profunda  hay que  averiguar   si   el   presunto   ofendido   por   malevolencia  o  por  móviles  especialisimos   (venganza), odio, deseo de hacerse celebre ante un rival o  un   grupo   donde   reina   la   ley   del   más  fuerte,  etc.,  acusa  a  un  inocente”.   

Después  de transcribir un fragmento de la  sentencia  del  Tribunal  y  de copiar unos apartes del testimonio de Ana Mireya  Torres,   dice   que   esta   declaración   no   es  de  recibo,  pues  resulta  “inverosímil  creer que alguien que está decidido  a  matar  tenga la pasmosa paciencia de decirle al compinche que quite de encima  a  quien  está  protegiendo  la  víctima para rematarle, jamás de los jamases  quien  va  decido  a  acabar  con  la  vida de otro va a ponerse con todos estos  cuidados  y  va  a perdonarle la vida a quien posiblemente va ser el testigo que  lo señalará ”.   

Estima que no solo dicha declaración no es  creíble,  sino  que  también ofrece muchas dudas y contradicciones respecto de  la  manera  como  sucedieron  los  hechos, pues, en su opinión, “es  imposible  acertar  que  alguien  está  armado  a 10 metros de  distancia,   cuando  el  arma  no  la  tiene  a  la  vista  sino  dentro  de  la  pretina”.   

Así  mismo, asevera que la testigo cambió  su  versión  en  la audiencia pública, toda vez que en esta ocasión no estuvo  certera   sobre   la   identidad   del  autor,  pues  se  limitó  a  decir  que  “me  pareció ver a Omar mas no estoy segura si era  o  no  era”,  además de que mientras en su primera  intervención  dijo que tenía completa visibilidad sobre el lugar de los hechos  y  que  Jhon  Jairo  portaba  una  arma  38 larga, posteriormente ya sostuvo que  había  un  palo  que no le permitía ver bien y que como no sabe de armas le es  difícil describirlas.     

En  fin, reitera que la declaración de Ana  Mireya  Torres no ofrece credibilidad y, por lo mismo, el juzgador, basado en el  principio  del  in  dubio pro reo, debió absolver a su defendido, razón por la  cual  solicita  a  la  Corte  casar  el  fallo  impugnado  y,  en  su  lugar dar  aplicación al principio de la duda.   

Segundo cargo  

De      manera      “subsidiaria”, acusa al sentenciador de  segundo  grado de “haber violado directamente la ley  sustancial   por   exclusión   evidente   del   artículo  20  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  en  aplicación  de  los  artículos 103, 104 y 365 de la  misma  obra,  esto  es,  por  haber incurrido parcialmente en la causal primera,  cuerpo primero, de casación”.   

Como demostración del reproche, afirma que  desde  un  comienzo  su defendido negó los delitos imputados. Sin embargo, dice  que   el   juzgador   “hizo   caso  omiso  de  tal  manifestación”,  centrando toda su atención en lo  declarado  por Ana Mireya Torres, quien fue la determinante de la condena que es  objeto de impugnación.   

Considera  que  por  temor  la  testigo Ana  Miyera  no  incriminó  a  los  verdaderos autores del homicidio, situación que  genera  una  evidente injusticia frente a su procurado, quien es inocente de los  hechos imputados.   

En  consecuencia, solicita a la Corte casar  la  sentencia  impugnada  y,  en  su  lugar,  absolver  al  acusado Angulo Quiñónez.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

Como  lo  ha  dicho  la  Sala  en  plurales  ocasiones,  la demanda de casación no es un escrito de libre elaboración, sino  que  debe  contener los presupuestos formales que la ley ha estatuido para dicho  efecto.  El artículo 212 de la Ley 600 de 2000, entre otras cosas, consagra que  en   el   libelo   se  consignará  la  enunciación  de  la  causal  y  la  formulación  de  cargo,  acápite  que impone que se indique en forma y clara y  precisa  “sus  fundamentos  y  las  normas  que  el  demandante estime infringidas”.   

Por   tal  motivo,  no   basta    con    señalar    la    causal,    sino   que      resulta     imperativo      que     en     la   demostración   del   yerro   in  iudicando  o  in  procedendo  alegado,  según  el  caso,  se  evidencie  un  discurso lógico que  permita  a  la  Corte  deducir de manera nítida en qué consiste el reclamo del  libelista  y  la  trascendencia  del  vicio  frente  a la parte resolutiva de la  sentencia.   

Si  no  se  cumple con dicho presupuesto la  demanda  carece de la debida claridad y precisión; evento en el cual la Sala no  puede  entrar  a  complementar al libelista ni desentrañar el verdadero alcance  de la censura, en virtud del principio de limitación.   

De  esa  manera, la demanda que a nombre de  Jhon    Jairo    Angulo   Quiñónez   se  presentó  contiene plurales errores en su confección que hace  que    se    anuncie,   desde   ya,   su   inadmisión,   por   las   siguientes  razones:   

El  sentido  de  la  violación  de  la ley  sustancial  acusada  en  los  dos cargos no guarda armonía con el desarrollo.   

En efecto anuncia el censor que la sentencia  vulneró  la ley sustancial, de manera directa. No obstante, en el desarrollo de  ambos  reparos  se desvía  del  enunciado  y  penetra  en  el  campo  de  la violación indirecta de la ley  sustancial  al  sostener que el yerro del sentenciador consiste en la equivocada  valoración  de  los  medios  de  prueba  sobre los cuales edificó el juicio de  reproche     que     condujo     al     proferimiento     de    una    sentencia  condenatoria.   

El  casacionista  con el fin de fundamentar  los  dos cargos presenta los  siguientes argumentos, a saber:   

a)  Critica  al  sentenciador  por  haber  inferido  la  responsabilidad  del  procesado  Angulo  Quiñónez  basándose en la declaración que rindió  Ana  Mireya  Torres  Viveros, compañera del hoy occiso, testimonio que califica  como         no        creíble        e,        incluso,        “inverosímil”,   toda  vez  que  hizo  afirmaciones  que  no  se  ajustan a la realidad fáctica acontecida y, además,  incurrió  en modificaciones y contradicciones cuando lo amplió en la audiencia  pública  (primer  cargo).   

b)   De  la  misma manera, reprocha el  hecho  de  que el Tribunal no hubiese creído la versión que el acusado rindió  en  su  indagatoria,  quien  siempre  negó  haber  participado  en  los  hechos  juzgados,  agregando  que  la  declarante  Ana  Mireya Torres  por miedo no  incriminó  a  los  verdaderos  autores del homicidio, situación que genera una  evidente  injusticia  frente  a  su procurado (segundo  cargo).   

En  consecuencia, los anteriores argumentos  expuestos  por  el  casacionista  en la fundamentación de los cargos evidencian  que  su inconformidad está en el grado de apreciación que el juzgador le dio a  los  distintos medios de prueba, en especial a los que hace referencia, y de los  cuales  dedujo  la  ocurrencia  del  hecho  y  la responsabilidad del procesado.   

De  ahí  que resulte procedente nuevamente  reiterar  que  la  simple  discrepancia de criterios en cuanto al mérito de las  probanzas   allegadas   válidamente   a  la  actuación,  no  constituye  yerro  demandable  en  sede  de  casación,   toda  vez  que  el  juzgador goza de  libertad  para  justipreciar  los  medios de convicción, sólo limitado por los  postulados  que  informan  la  sana crítica cuya transgresión se debe postular  bajo  los lineamientos de la violación indirecta de la ley sustancial por error  de hecho derivado por un falso raciocinio.   

De  otro  lado,  observa  la  Corte  que el  casacionista  desconoce  los  parámetros  de  la debida técnica que rigen para  invocar  la  violación  directa  de  una  norma  de carácter sustancial, entre  ellos,  que  cuando  se escoge este motivo de violación de la ley sustancial se  deben  respetar  los  hechos  y  las  pruebas  tal  como fueron apreciadas en la  sentencia  impugnada,  por  cuanto  el  vicio  recae  en  la  selección o en la  interpretación de la norma escogida para solucionar el conflicto.   

En otras palabras, como quiera que el debate  o  la discusión se centra en la aplicación de la norma sustancial, se parte de  un  aspecto  incuestionable  como  es que la elaboración del juicio de hecho es  correcto.  Lo  que  no  se  comparte  es  el  juicio  de  derecho en cuanto a la  aplicación  indebida,  la exclusión evidente o la interpretación errónea del  precepto llamado para gobernar el asunto.   

Finalmente, también desconoce que cuando se  trata  de  atacar  en  esta  sede la valoración de la prueba, necesariamente se  está  frente  a los errores de hecho o de derecho, razón por la cual se impone  acudir  a  los falsos juicios de existencia, identidad o raciocinio, si se trata  del  primero,  o  de convicción o de legalidad, tratándose del segundo, camino  que evidentemente no emprendió el casacionista.   

En  esas  condiciones,  resulta evidente la  falta  de claridad y precisión en la formulación de los dos cargos presentados  contra la sentencia, motivo por el cual el libelo se inadmitirá.   

Finalmente,  cabe  señalar  que el estudio  detenido  del  expediente permite a la Sala concluir que no procede la casación  oficiosa  por  cuanto no se percibe ninguna causal de nulidad ni vulneración de  derechos fundamentales.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de  JHON     JAIRO    ANGULO    QUIÑÓNEZ.  En  consecuencia,  se declara desierto el recurso extraordinario  de casación interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                          ÁLVARO   ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN                                             

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                          JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

         Excusa justificada   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JULIO   ENRIQUE   SOCHA  SALAMANCA           

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                 JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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