25861(23-08-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25861  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

MAURO  SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado acta número 89  

Bogotá.  D.C.,  veintitrés de agosto de dos  mil seis.   

Decide la Corte lo pertinente con relación a  la  admisión  de  las  demandas de casación interpuestas por los defensores de  Rigoberto  Vivas Gutiérrez y  Jesús Salcedo Galvis, contra  la  sentencia  proferida  por el Tribunal Superior de Bogotá el 4 de septiembre  de  2003,  mediante  la  cual  confirmó  la  del  Juzgado  veintidós penal del  circuito  de  Bogotá,  que  los condenó como coautores de los delitos de hurto  calificado y agravado.   

HECHOS  

          Así    pueden    resumirse    los    hechos    juzgados    en   las  instancias:   

          En  la  noche  del  siete  de  febrero  de  2001, varios sujetos que  portaban  armas  de fuego, algunos de los cuales vestían prendas de uso militar  y  otros  distintivos  de  la Fiscalía, le informaron a la señora Nancy Stella  Valek  Tristancho  que  su  residencia iba a ser allanada. Después de romper la  caja  fuerte  y de “requisar” el apartamento, se apoderaron de bienes por un  valor estimado de 20 millones de pesos.   

          Julio  César  Bustamante,  Teniente del Ejército Nacional, aceptó  su  participación  en esos hechos y haber seleccionado el grupo de soldados que  lo  acompañarían  en  ese  ilegal  propósito, el cual ejecutó en compañía,  entre  otros, de Rigoberto Vivas Gutiérrez,  siempre  bajo  la  coordinación  del Ex capitán de la Policía,  Jesús   Salcedo   Galvis.   

          Se  supo  luego  que  algunas  personas  de  ese mismo grupo, con la  participación  de  Bustamante,  realizaron otras serie de operativos similares,  todos  ilegales,  por  los  cuales fueron convocados a juicio dentro de la misma  causa.   

ACTUACION  PROCESAL   

          El  8  de  febrero  de  2001,  con base en la denuncia formulada por  Nancy  Stella  Valek,  la  fiscalía  316 de la Unidad de Reacción Inmediata de  Usaquén,   abrió   investigación  previa  (fs.,  7  cuaderno   1),   y   el   20   de  febrero  siguiente  investigación    penal    (fs.,    131    cuaderno  1).   

          El  6  de abril de 2001 les impuso a Jesús  Salcedo  Galvis  y  Rigoberto  Vivas,    medida   de   aseguramiento   de  detención  preventiva  por la probable comisión de los delitos  de  concierto  para  delinquir,  hurto  calificado y agravado y secuestro simple  (fs.,       90      cuaderno      4).   

         

El  17  de  agosto  de  2001,  la  fiscalía  calificó   parcialmente   la   investigación,   sin   incluir  a  Salcedo     Galvis    y    Vivas  Gutiérrez,  a quienes acusó el 13  de  septiembre  del  mismo  año  como  probables  autores  del  delito de hurto  calificado  y  agravado  en  concurso  con  el  de secuestro simple (fs.,  194  cuaderno  sin  numerar).    

          El  17  de  octubre siguiente, al resolver el recurso de reposición  interpuesto   contra   las  anteriores  decisiones,  la  fiscalía  revocó  sus  determinaciones,  en  lo  relacionado  con  la  imputación  por  el  delito  de  secuestro  simple  (fs.,  107 cuaderno 8).   

          El  4  de diciembre de 2001, la fiscalía delegada ante el tribunal,  confirmó  la resolución acusatoria proferida el 17 de agosto de ese año, y el  30 de enero de 2002, la del 13 de septiembre del mismo año.   

El 4 de junio de 2002, el Juzgado sexto penal  del  circuito  especializado  de  Bogotá  realizó  la  audiencia  preparatoria  (fs.,  1 cuaderno 13) y el 4  de  septiembre  del mismo año, dio inicio a la diligencia de audiencia pública  (fs.,      94      cuaderno      14).   

El 11 de septiembre de 2002, el Juzgado sexto  penal  del  circuito  especializado,  con fundamento en el decreto 2001 del 9 de  septiembre  de ese año, remitió por competencia el asunto al Juzgado penal del  circuito.   

El 29 de abril de 2003, el Juzgado veintidós  penal  del  circuito, condenó entre otros, a Rigoberto  Vivas  Gutiérrez  y  Jesús  Salcedo  Galvis  como  autores  del  delito  de  hurto  calificado  y  agravado, a la pena principal de cinco años de prisión y por el  mismo  lapso  a  la accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas  (fs.,         69         juzgado).   

El     defensor     de    Salcedo  Galvis  apeló  la  decisión, la  cual  fue confirmada por el Tribunal Superior de Bogotá, mediante la suya del 4  de      septiembre      de      2003     (cuaderno  tribunal).   

El defensor de Vivas  Gutiérrez  – que no apeló  la  sentencia  –, y el de  Salcedo Galvis, interpusieron  oportunamente recurso extraordinario de casación.   

DEMANDAS  DE  CASACION   

          Demanda a nombre de Rigoberto Vivas Gutiérrez   

          Con  apoyo en la causal tercera de casación, un cargo  formula  el  demandante  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia. En él acusa a la  decisión   de   ser  ilegal  por  haberse  dictado  en  un  juicio  viciado  de  nulidad.   

          Explica  que como consecuencia de la falta de defensa técnica no se  impugnó  la  sentencia  de  primera  instancia,  de  manera  que  ese es motivo  suficiente  para  acreditar el interés que le asiste para demandar en casación  la decisión de segundo grado.   

          Superado  a  su  juicio  ese  escollo,  insiste  en que el sindicado  careció  de  defensa  técnica, pues los defensores de confianza se limitaron a  solicitar  la  práctica  de  pruebas  ineficaces, en lugar de pedir diligencias  importantes,  tales como el reconocimiento en fila de personas con intervención  de  las  víctimas,  los  celadores  y el oficial que concurrió al sitio de los  hechos a verificar lo que había ocurrido.   

          En  su  criterio,  estas  diligencias  eran indispensables, pues las  personas  mencionadas  tuvieron contacto directo con las que realizaron el falso  operativo,  de manera que quién mejor que ellas para identificar al autor de la  conducta,  en  vez  de  creerle  a  quien  falsamente le imputa al procesado una  participación  inverosímil  con  el fin de desentenderse de su responsabilidad  penal.   

          De   otra   parte,   la   defensa  solicitó  que  se  escuchara  en  declaración  a  los  agentes  del  Cuerpo  Técnico  de  Investigación  de  la  Fiscalía,  Marcos  Santos  y  Luis Alfonso Amaya, con el objeto de aclarar qué  fue  lo  que  el  procesado les informó a los investigadores sobre los hechos a  él  imputados;  sin  embargo,  esas  pruebas  le  fueron  negadas  sin  mayores  fundamentos,  pese  a  que  eran  esenciales  para  establecer  la inocencia del  procesado.           

          Como     si     eso     no     fuese     suficiente     –  dice el demandante –  la  defensa no presentó alegatos de  conclusión  antes  de la calificación de la investigación e incluso no apeló  la  sentencia  de  primera instancia, en evidente perjuicio de los intereses del  sindicado.   

          En  fin,  la  defensa  no  fue  continua ni técnica, por lo cual se  impone declarar la nulidad del proceso.   

          Demanda a nombre de Jesús Salcedo Galvis   

          Con  fundamento  en  el  cuerpo  segundo  de  la  causal primera, el  demandante  propone  tres cargos contra la sentencia de segunda instancia, y uno  con apoyo en la causal tercera.   

          Causal  primera.            

En        el        primero,  acusa  a  la sentencia por haber  incurrido  el  sentenciador  en  errores de hecho por falso juicio de existencia  por  omisión,  al  no  haber  apreciado  las  declaraciones del Coronel Alberto  Echeverri  Arias  y del Capitán Nemesio López, quienes dijeron que el teniente  Bustamante,  uno de los procesados, tergiversaba la información que obtenía en  las actividades a él encomendadas.   

          Reproduce  con  ese fin las declaraciones de los testigos y de ellas  concluye  que  si  el teniente Bustamante mentía ante sus superiores, con igual  razón  podía  hacerlo para “colocar en cabeza de terceros la responsabilidad  de  su  accionar  ilegal,  para disminuir o extinguir la suya propia.” De modo  que  si se hubiese considerado esa urdimbre de mentiras, el sentenciador habría  tenido  que  concluir  que  las  imputaciones  de Bustamante contra Salcedo  Galvis  eran parte de su coartada  para eludir su compromiso con la justicia.   

         

          Además,  a  su  juicio,  el  sentenciador  incurrió en un error de  hecho por falso raciocinio,   

“por  cuanto en la apreciación probatoria  del  testimonio de Julio Bustamante Fernández, ésta prueba aparece adornada de  credibilidad  como  consecuencia  de la omisión planteada en éste cargo y como  resultado final sobreviene el fallo condenatorio.”   

          En   el  segundo  ataca  la  sentencia  por  haber  incurrido el juzgador en un error de hecho por  falso  raciocinio  al  apreciar el testimonio del teniente Bustamante Fernández  en  contra de los principios de la sana crítica. En especial, no tuvo en cuenta  el tribunal que la regla general de la experiencia enseña que,   

          “la   personalidad  engañosa,  mentirosa  y  urdidora  de  falsas  justificaciones  no  puede  ser fuente de un dicho que se tenga con certeza como  veraz  y creíble, porque a éste testimonio la sentencia de segundo grado le ha  otorgado  una  falsa  convicción  para declarar la culpabilidad de Jesús Salcedo Galvis.   

         

Siendo,  entonces,  que ese testimonio es el  fundamento  de  la decisión, la sentencia ha debido ser absolutoria, pues no es  lógico   que   el   fallo   se  apoye  en  una  declaración  contradictoria  e  inverosímil,     para    atribuirle    a    Salcedo  Galvis   responsabilidades   que  no  le  corresponde  asumir.   

          En     el    tercer    cargo,  ataca  la  sentencia por haber incurrido en un error de hecho por  falso  juicio de identidad, al apreciar el testimonio de Eduardo Gómez Monroy y  deducir  de  él  una  verdad  que  no  corresponde a la realidad. En efecto, el  tribunal  adicionó  el  contenido  de  la  prueba,  pues aun cuando el también  sindicado  manifestó  en su diligencia de indagatoria que un Salcedo participó  en  los  hechos  por  los  cuales se les acusa, no dijo que fuera Jesús Salcedo  Galvis,  sino  un  Salcedo, que es diferente a determinar la verdadera identidad  del autor.   

          En  consecuencia, mediante éste error, y los otros, se infringieron  los  artículos  9  y  10  de  la ley 599 de 2000 y 350 y 351 del decreto 100 de  1980.           

          Causal tercera.   

          La  sentencia  se  profirió  en  un  juicio  viciado de nulidad por  violación  del  principio  de  investigación  integral.  Pese a las múltiples  solicitudes  de  la  defensa,  no se logró recepcionar las declaraciones de los  investigadores  judiciales  Marcos  Santos  y  Alfonso  Amaya,  quienes  podían  verificar    que    la   intervención   de   Salcedo  Galvis se redujo a presentarles a aquellos a Rigoberto  Vivas, quien si conocía de los hechos por los cuales fue juzgado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Además  de  que  la  Corte  no  observa  violación  de  garantías  fundamentales   que   deba  defender  oficiosamente,  inadmitirá  las  demandas  propuestas por las siguientes razones:   

          Demanda a nombre de Rigoberto Vivas Gutiérrez   

          La  Sala ha señalado que la impugnación de la sentencia de primera  instancia  es  un  presupuesto  de procedibilidad del recurso extraordinario. En  efecto,   

          “El  interés  jurídico para recurrir tiene relación directa con  las  pretensiones  que  el  sujeto  procesal que se dice afectado haya formulado  ante  los jueces de instancia. Si lo que se pretende en sede de casación no fue  planteado  al  funcionario de primer nivel, como tampoco al de segunda instancia  a  través  del  recurso  de  apelación,  para,  luego  de  dejar  vencer  esas  oportunidades  que la ley concede, acudir a esta vía extraordinaria, deviene en  ilegítima  su  causa,  porque mal puede pretenderse perjudicado por algo que si  no  se  decidió  por el tribunal, obedeció única y exclusivamente a que no se  le  solicitó  a  través de la oportuna alzada.” 1   

          No  obstante,  pese  a  no haberse impugnado la decisión de primera  instancia,  si  la  nulidad  alegada  compromete  la  validez  y legitimidad del  juicio,  esa  situación  solventa  el interés que le asiste al recurrente. Sin  embargo,  si  el  vicio  denunciado  es  una  propuesta tardía para intentar la  anulación  del  proceso,  y  las  razones  que  se  aducen  no  corresponden  a  hipótesis  ciertas  de  violación  de  garantías  fundamentales, la necesaria  legitimación  para  recurrir  la  sentencia  en  sede  extraordinaria  no puede  tenerse por cumplida.   

          En  ese  sentido obsérvese que aun cuando la causal tercera ostenta  cierta  flexibilidad argumentativa, no por ello el demandante está exonerado de  indicar  la  actuación irregular, el momento a partir del cual se debe subsanar  la  actuación  y  la  trascendencia  de  los  vicios  de  rito  o de garantía.  2  De  manera  que  si así es, el recurrente no logra acreditar el interés que le  asiste  y  cumplir  al  mismo  tiempo  las exigencias que dicen relación con el  principio  de  autosuficiencia  de  los cargos, pues ligeramente cuestiona a sus  antecesores,  indicando  que  su  labor  se  limitó a solicitar la práctica de  pruebas   ineficaces   –  sin      mencionar      cuáles      –,  cuando  no  a  guardar  un discreto  silencio   frente   a   la   decisión   de   primera   instancia   –  sin  destacar los efectos benéficos  que    podía    comportar   el   ejercicio   de   los   recursos   –.   

          Aún  más,  sin  hacer mención a las implicaciones que comporta un  vicio  de  garantía,  el  demandante  postula en el mismo cargo y sin la debida  autonomía  y  fundamentación  la  violación  del  principio de investigación  integral,  criticando  el  que  no se hubieran recepcionado las declaraciones de  Marcos  Santos  y  Luis  Alfonso  Amaya,  sin precisar, como era su deber, cuál  sería  su trascendencia frente a las pruebas que regular y oportunamente fueron  allegadas    al    expediente    y    que   sirvieron   de   fundamento   a   la  sentencia.   

          En  fin,  tanto  por el interés, como por la fundamentación de los  cargos   que   reafirman   la   ausencia  de  ese  presupuesto,  la  demanda  se  inadmitirá.   

          Demanda    a    nombre    de   Jesús   Salcedo   Galvis.   

          La    Sala   analizará   en   orden   de   prioridad   los   cargos  propuestos.   

          En  el  único  cargo  que  se  formula  con fundamento en la causal  tercera,  el  censor incurre en los mismos defectos de la demanda anterior, como  que  no  explica de manera clara y precisa la razón por la cual el principio de  investigación   integral   le  fue  desconocido  al  procesado  al  no  haberse  practicado la prueba testimonial que menciona.   

          En ese sentido, olvida el demandante que,   

          “Cuando  la  nulidad  se  relaciona  con  el  desconocimiento  del  principio  de  investigación integral no es suficiente con enumerar las pruebas  supuestamente  omitidas, pues es imperativo aludir a su fuente, a los principios  que  gobiernan  su  decreto  y  práctica,  como a su incidencia favorable a los  intereses  del acusado frente a las conclusiones del fallo, ya que como lo tiene  señalado  la  Sala  la  no  práctica  de  una  prueba  que  se  aparta de esas  exigencias   no   configura   la   vulneración   de  la  garantía  fundamental  cuestionada,  de  tal manera que  el principio no se relaciona con aquellas  inocuas        o        superfluas.”        3   

          Los  cargos  restantes  se refieren a la infracción indirecta de la  ley.  En  ese  sentido,  el  recurrente  tiene por deber identificar la clase de  error   –  como  lo  hace  –  y  a  partir  de  ese  supuesto  construir  una  argumentación  clara,  precisa  y  coherente  con  la  modalidad  de  error  seleccionada.  Así,  teniendo  en  cuenta  que la primera  opción  se  aborda  desde la perspectiva del error de hecho por falso juicio de  existencia  por  omisión,  ha  debido  el demandante además de indicar cuáles  fueron  las  pruebas  omitidas  (los  testimonios del  Coronel   Alberto   Echeverri   y   del   Capitán  Nemesio  López),  y  mostrar  su  trascendencia  mediante una nueva apreciación en  conjunto  de  los medios de prueba, para destacar cómo de haberlas apreciado la  conclusión necesariamente tenía que ser diversa.   

         

No  obstante,  el  demandante  elude  esos  planteamientos  y  en  su  lugar,  desde la perspectiva de lo que denomina falso  raciocinio,  simplemente opone su criterio al del juzgador, concluyendo desde su  particular  punto de vista que el testimonio de Bustamante Fernández, no merece  credibilidad.  Si  así fuera, pasando por alto la impropiedad en que incurre de  entremezclar  el  falso  raciocinio  con  el  falso  juicio  de  existencia,  la  fundamentación  del  cargo  le  exigía  demostrar  cuál  fue  la  regla de la  experiencia,  la  ley  de  la  ciencia  o  la  máxima  de la experiencia que el  juzgador  infringió  al  apreciar la prueba, no ya la que se dice omitida, sino  la que fue considerada.   

En el segundo cargo intenta aproximarse a los  postulados  del  falso raciocinio, pero nuevamente incurre en el error de aislar  el  medio  y  por  lo  tanto  no  realiza el examen de conjunto que requiere una  argumentación cifrada en esa modalidad de error.   

No  menos evidentes son las impropiedades en  que  incurre  al  denunciar  supuestos  falsos  juicios de identidad. En efecto,  tratándose  de  un  asunto  esencialmente  objetivo, la técnica del recurso le  imponía  indicar  en concreto qué dice el medio y que dijo de él el juzgador,  con  el fin de destacar la distorsión fáctica del medio, sea por agregados que  no  corresponden a su texto, por cercenamiento de alguno de sus apartes o por la  transmutación  de su literalidad. Luego, para cumplir el precepto que manda que  las  pruebas se aprecien en su conjunto (artículo 238  de  la  ley  600  de 2000) debía analizar la prueba en  sistemática  y  demostrar  a partir de ese examen la trascendencia del error en  la  decisión  final, lo cual por supuesto no se logra si la censura se reduce a  criticar    el    medio   sin   la   debida   confrontación   con   la   prueba  restante.   

Por  esas razones, los cargos adolecen de la  precisión  necesaria  y  de  admitir  la  Corte la demanda en esas condiciones,  tendría    que   complementarlos,   no   sin   desconocer   el   principio   de  limitación.   

Por  lo  expuesto,  La  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal,   

Resuelve  

          Inadmitir   las  demandas  de  casación  presentadas  a  nombre  de  Rigoberto  Vivas Gutiérrez y  Jesús        Salcedo        Galvis.   

         

Notifíquese,  Cúmplase  y  devuélvase  al  tribunal de origen.   

MAURO  SOLARTE            PORTILLA   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ              ALFREDO    GOMEZ  QUINTERO                    

ALVARO         O         PEREZ  PINZON                 MARINA                                 PULIDO                                 DE  BARON                   

JORGE           QUINTERO  MILANES            YESID  RAMIREZ  BASTIDAS                

JULIO             SOCHA  SALAMANCA                JAVIER ZAPATA ORTIZ   

Impedido  

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria   

    

1Decisión  del  13  de junio del 2002, radicado 16.662. Así mismo,  providencia del 27 de enero de 2006, radicado 24715.   

2  Cfr.,  en  ese  sentido,   providencia del 10 de  mayo de 2005, radicado 18930.   

3  Corte Suprema de Justicia, providencia del 7 de marzo  de 2006, radicado 24293.     

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