25800(15-08-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25800  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANES  

Aprobado acta N° 146  

Bogotá D.C., quince (15) de agosto de dos mil  siete (2007).   

V   I   S   T   O   S   

Se  pronuncia  la Sala sobre la admisibilidad  del  recurso de casación interpuesto por el defensor del procesado EDUARDO  ALBERTO  CORREA  MANJARRES, contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por la Sala Penal de Descongestión  –  Foncolpuertos  –  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá  D. C., el 20 de enero de 2006, mediante la cual  confirmó,  con  una  modificación respecto de la suspensión condicional de la  ejecución  de  la  pena,  la  que  había  proferido  el  Juzgado 2º Penal del  Circuito   de   Descongestión   de   esta   ciudad,  el  30  de  septiembre  de  2005.   

H E C H O S  

El  a  quo  los  resumió  de  la  siguiente  manera:   

“La  génesis del presente investigativo se  remonta  a  la  acción  de  tutela No. 122747 Radicación Corte Constitucional,  impetrada  en  contra  de  Foncolpuertos por el procesado EDUARDO ALBERTO CORREA  MANJARRES  quien  en  representación  de treinta y seis (36) ex trabajadores de  Puertos  de  Colombia,  argumentando la aflicción de los derechos de petición,  igualdad   y   pago   oportuno   ,   solicito   de   los   mismos   (sic),  el  pago  de  diferentes factores  salariales  presuntamente  dejados  de  cancelar  por la empresa, al momento del  fenecimiento   de   la   relación   laboral  y  consecuentemente  con  ello  la  indemnización  moratoria  y  el reajuste de la mesada pensional. Anomalías que  en  sede  de  revisión fueron advertidas por la Honorable Corte Constitucional,  juez  colegiado  que  mediante sentencia T-010 de 1998, ordenó compulsar copias  con  el  fin de que la Fiscalía General de la Nación investigara los presuntos  punibles   en   que   pudieron   incurrir   los  accionantes  y  sus  apoderados  judiciales.”   

ANTECEDENTES  

1. Con sentencia del 30 de septiembre de 2006,  el   Juzgado   2º   Penal   del   Circuito   de   Descongestión   –   Foncolpuertos  –  de  esta  ciudad,  condenó,  entre  otros  procesados, al abogado EDUARDO  ALBERTO  CORREA  MANJARRES,  a la pena principal de 24  meses  de  prisión,  a  las  accesorias  de inhabilidad para el ejercicio de su  profesión  y  la interdicción de derechos y funciones públicas por un periodo  igual  al  de  la  pena  principal,  negó  el  otorgamiento  de  la suspensión  condicional  de  la  pena y concedió la prisión domiciliaria a su favor,   entre  otras  decisiones, como autor responsable del punible de fraude procesal,  que  le  había  sido imputado según resolución de acusación confirmada el 24  de  octubre  de 2002 de 2002 por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior  de Bogotá.   

2.  Dicho fallo fue apelado por el mencionado  acusado   y   su   defensor,   y   la   Sala   de   Descongestión  –  Foncolpuertos – del Tribunal Superior  aludido,  al  desatar  la  alzada,  negó  la  configuración  de  las nulidades  esgrimidas,   modificó   la   sentencia  en  cuanto  concedió  la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena que se había negado a favor del doctor  CORREA   MANJARRES,  y  la  confirmó en lo demás.   

3.  Tal  decisión  es  objeto  del  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto  por  el defensor del procesado, cuya  revisión ocupa a la Corte.   

L  A      D  E  M  A N D  A   

Mediante   un  interminable,  repetitivo  y  desordenado  escrito  que  suscriben  tanto  el  defensor  como  el acusado (273  folios),  argumentan  acudir  a esta sede extraordinaria, de manera excepcional,  en  procura  de  que se desarrolle y unifique la jurisprudencia respecto al tema  de  la “prima sobre prima”  como  factor  salarial,  para  el caso de Foncolpuertos, cuyo pago pretendido en  tutela  por  parte  del  acusado,  como  representante  de ex trabajadores de la  empresa,  fue  concebido  como un acto doloso constitutivo del fraude procesal y  “concierto     para     delinquir”,    que    inexplicablemente   se   le  adjudicaron,  a  pesar  de  los  múltiples  pagos  que  de la misma se hicieron  durante  ocho  (8)  años  a  miles  de  trabajadores, aún sin solicitarlo, por  componer  su  salario,  y  la infinidad de procesos que se tramitan por la misma  reclamación,  amén  de  los  variados pronunciamientos judiciales de las Altas  Cortes  en  el  sentido de que las primas semestrales  constituyen salario,  razón  por la cual la conducta honesta del abogado al acudir a la jurisdicción  a  fin  de  obtener el pago de dicho factor salarial no puede enmarcarse como un  delito,  por  adolecer  de  tipicidad  absoluta y, subsidiariamente, destacan la  causal  de inculpabilidad “del error de tipo vencible  o  invencible  o  error  de prohibición vencible o invencible con exclusión de  toda conducta dolosa”.   

De otro lado, también se advierte acudir a la  casación  discrecional  para  garantizar  los  derechos fundamentales al debido  proceso  y  al  derecho  a  la defensa del acusado, violentados con la sentencia  proferida   en   su   contra,  y  a  continuación  se  desarrolla  la  presunta  vulneración  de  los  mismos,  en cuanto al primero: (i) por la inexistencia de  resolución  de  apertura  de  la  investigación;  (ii)  porque  no  se corrió  traslado  de  la  inspección  judicial  practicada  a  las hojas de vida de los  trabajadores  vinculados  a  la  tutela que originó la investigación, para ser  debatida;  (iii) sin haber ruptura de la unidad procesal, se vinculó al acusado  en  la  actuación  que  se  surtió  con  base  en copias remitidas del proceso  originalmente abierto.   

Y respecto del derecho de defensa, se destaca  su  violación  al dictarse sentencia condenatoria sin existir en el proceso los  cuadernos  de  los  expedientes  Nos.  003, 008 y 014 y las pruebas solicitadas.   

Así,  el  defensor del procesado   EDUARDO   ALBERTO   CORREA   MANJARRES,  presentó    los    siguientes   cargos   contra   la   sentencia   de   segunda  instancia:   

1.- Al amparo de la  causal   tercera   de  casación  (nulidad),  presenta  dos  cargos  cuyos  argumentos  se  sintetizan  de  la  siguiente manera:   

Primer    cargo   (principal):  Se  atribuye  al  Tribunal  haber  dictado sentencia en un juicio  nulo,  por  vicios  de  garantía que determinaron la trasgresión al derecho de  defensa   (principal),  como  quiera  que  se  omitieron  pruebas  oportunamente  solicitadas,  por  inercia  o  desidia de los funcionarios de conocimiento, como  ocurrió  por  ejemplo  con la inspección judicial a los libros de contabilidad  de   Foncolpuertos,   entre   otras   –  testimoniales  y documentales -, que habría conducido a variar el  juicio   de   responsabilidad  que  se  hizo  del  acusado,  porque  se  habría  establecido  que  a éste jamás se le pagó un solo peso durante su gestión en  la   tutela,  que  la  certificación  emitida  por  Foncolpuertos  –  printers  – era fraudulenta y desvió  el  recorrido de la investigación, que a sus poderdantes tampoco se les pagó y  que   el   monstruoso   fraude   procesal   se  había  cometido  por  terceros,  proyectándose la necesidad de dictar sentencia absolutoria.   

Omisión  probatoria  con la cual, señala el  censor,  se desconocieron los principios de inocencia e igualdad, al dictarse la  sentencia   pretermitiendo   lo   referente   a  “la  desmedida  cadena  de  nulidades”  y descartando  la  causal  de  ausencia  de  responsabilidad, pese a no practicarse las pruebas  – denegación de justicia –  y  ser  éstas  necesarias  para  proferir la decisión, en lugar de decretar la  nulidad  que  resultaba obligatoria, con lo cual se violaron indirectamente, por  aplicación  indebida,  los  artículos  10,  32  y 182 de la ley 599 de 2000 y,  directamente,   los   artículos   232,   247   y   445   del  Decreto  2700  de  1991.   

Segundo  cargo  (subsidiario):  Se  ataca  el  fallo  de segunda instancia por dictarse en un juicio  con   vicios de estructura que afectaron el debido proceso, como quiera que  se  violentó  el  principio de la unidad procesal consagrado en el artículo 88  del  decreto 2700 de 1991 y 89 de la ley 600 de 2000, ante la inexistencia de la  resolución  de  apertura  de  la  investigación  legalmente  motivada  y el no  rompimiento   de  la  unidad  procesal,  a  efectos  de  adelantar  la  presente  actuación,  “estratégicamente fraguadas … por el  juzgado    …     para    buscar    efectos    de   condena”,   siendo  ello  confirmado  por el  Tribunal,  puesto  que  ha  debido  adelantarse  un solo proceso en virtud de la  tutela  122747,  pero resulta que dentro del tramitado inicialmente –        3989        –  no se sindicó al hoy acusado y luego  de  la  clausura  parcial  de  dicha  instrucción, con base en dicho cierre, se  adelanta  lo actuado contra el doctor CORREA MANJARRES,  pese  a  no  haber  sido  involucrado,  amén  de  que  cuando   se  le  indaga  ya  se  proseguían  otros  procesos que le fueron  ocultados,  aún  en el juicio; desidia de la administración de justicia que no  podía  ser  subsanada   con un simple proveído de sustanciación mediante  el  cual  se  le  citó  a  indagatoria,  por cuanto para el 23 de julio de 2001  estaba  vigente  el  decreto  2700  de  1991,  todo  lo  cual generó violación  indirecta  de  los artículos 10, 28, 29 y 182 del Código Penal de 1980 y 22 de  la  ley 599 de 2000, como quiera que no se allegó prueba que demostrara el dolo  con  que  actuó  el  acusado,  así  como  de  los  artículos  92  y 166 de la  convención  colectiva  del  trabajo,  y  además,  violación  directa  de  los  artículos  88,  90,  247, 438 A y 445 del decreto 2700 de 1991, y 7º, 92 y 232  de  la ley 600 de 2000, por cuanto se dejó en cabeza del acusado la carga de la  prueba de su inocencia.   

Culmina así, solicitando decretar la nulidad  de  todo  lo actuado, a partir del “auto de audiencia  preparatoria”.   

2.-  Bajo la causal  primera     de     casación,     por     violación  directa  de  la  ley  sustancial, formula el actor dos  cargos contra el fallo así:    

Primer   cargo   (principal):  Por  dejar  de  aplicar los numerales 9º y 10º del artículo 32 de  la  ley  599 de 2000, cuyo contenido resalta y amplía con doctrina –  error  sobre  el  tipo  y/o  error de  prohibición  -, y señala que se ignoró “que existe  una  norma  que regula sin lugar a dudas la materia juzgada … para en lugar de  ella  aplicar  –  por  error  sobre su existencia o validez en el tiempo o en el  espacio-   otra  que  no  está  en  vigor”,  porque  “probado  está  que  esa  era la norma aplicable al  caso    controvertido”,    ya   que   “la  consagración  del  error de tipo o del error de prohibición  en  el nuevo Código Penal o su misma influencia dogmática LEJOS de comprometer  penalmente  la  dirección  de  conducta  del honesto profesional que represento  CONSIGNA  juicios  de  reproche  a  las dos sentencias de condena”.   

Segundo   cargo  (principal):  Por  aplicación indebida del artículo 182 del decreto 100 de 1980,  pues  que  si  bien  es  cierto el fraude procesal comienza con la inducción en  error  al  funcionario  judicial,  que  debe  ingresar con la fuerza o idoneidad  suficiente  para encaminarlo hacia un raciocinio errado, y que se prolonga en el  tiempo  a  condición  de  que subsista la potencialidad para seguir produciendo  efectos  en  el  bien  jurídico;  la  prueba de tal inducción no se allegó al  proceso,  por  lo que rechaza la adecuación típica de la conducta “honesta”  del  profesional acusado al  suscribir  la  tutela  que  presentó  a  nombre  de  sus  poderdantes,  ya  que  “nunca estuvo merodeando al funcionario – juez 28 Civil del Circuito y/o Corte  Constitucional  – para subyugarlo o tenderle una celada  o  la  mentira  para  engañarlo”, constituyendo las  sentencias      proferidas      en      su      contra      una     “imputación  injuriosa”   que  atropella  principios  de  derecho,  pues  “sin  la  prueba  de  los elementos del tipo o fraude procesal …  sin  la  prueba  de los elementos del tipo o figura del dolo malo o deliberado y  sin  la  prueba  de  los  elementos  del tipo o figura de la coparticipación se  escoge   el   deprimente   u  oprobioso  tipo  penal  del  fraude”,   a  pesar  de  que  todo  el  material  probatorio  demostraba la inocencia del procesado, por ser inidónea la conducta  que  desplegó  para  alcanzar  la configuración del resultado que predican las  sentencia  atacadas  y,  por  ende,  imposible  la  configuración del delito de  fraude procesal.   

Advierte   que  Foncolpuertos  conocía  la  verdadera  naturaleza  de  la  prima  sobre  prima  reclamada y nunca vaciló al  autorizar  su  pago,  como  lo  venía  haciendo  con  antelación,  avalado por  distintas  sentencias  y  conceptos  conocidos  y  aportados al proceso, lo cual  confirma  la  tesis  del delito imposible dados dichos antecedentes en relación  con la concreta acción del acusado.   

Luego  de  mencionar  que también dejaron de  aplicarse  los  artículos 7 y 232 de la ley 600 de 2000 y 247 y 445 del decreto  100  de  1980,  solicita  el  proferimiento  de  una  sentencia  de reemplazo de  carácter absolutoria.   

3.- Con fundamento en  la    causal    primera    de    casación,    esta    vez    por   violación  indirecta de la ley sustancial,  le enrostra ocho cargos a la sentencia de segunda instancia:   

Primer  cargo  (subsidiario):  Por  error  manifiesto  de hecho por falsos juicios de identidad, al  distorsionar,  tergiversar  o  acomodar  el  contenido  de la indagatoria y/o el  ejercicio  de  la  profesión de abogado del acusado, quien presentó una tutela  reclamando  el  pago  de la prima sobre prima adeudada a sus poderdantes –   ex  trabajadores  de  Foncolpuertos  -,  cuyo  pago antecedente le fue informado  después  de aquella presentación, por lo que enérgicamente reclamó y exigió  prueba  documental,  pese  a lo cual se concibe como indicio la presentación de  la  demanda  y  se adiciona el contenido de su injurada para provocar efectos de  responsabilidad   penal,  ante  la  inexistencia  de  pruebas  adicionales  para  condenar.   

Argumenta  el  casacionista,  que  por  haber  suscrito  y  presentado  la  demanda  de tutela, se escogió indagar al acusado,  quien  allegó los documentos en que apoyó su actuación, y como premio se dice  que  dolosamente incurrió en el delito de fraude procesal, haciéndole decir lo  que  no  dijo, tergiversando o acomodando la prueba para destacar un dolo malo y  una   coparticipación  criminal  que  no  se  demostró,  lo  que  destaca  una  responsabilidad   objetiva;   equivocados   enfoques   de  la  injurada,  de  la  presentación  de la demanda de tutela y del material probatorio aportado por el  procesado,  que  constituyen  error  de  hecho  con  vulneración  indirecta del  artículo  22  de  la  ley  599 de 2000 –  36  del  decreto 100 de 1980 -, por aplicación indebida, al igual  que  de  los  artículos  92  y 166 de la Convención Colectiva del Trabajo, por  falta  de  aplicación,  ya  que  jamás  se  quiso  estudiar  su  contenido  y,  violación  directa  de  los  artículos  247  y  445  del  decreto  100 de 1980  –  art.  7 y 232 de la ley  600 de 2000 -.   

Segundo  cargo  (subsidiario):  Argumenta  el  impugnante  que  se  incurrió  en error de hecho por  falsos   juicios   de   existencia,  toda  vez  que  se  da  por  demostrada  la  responsabilidad  del  acusado  sin  existir  en  los  autos  la  prueba idónea,  partiendo  de  supuestos  caprichosamente  diseñados  en su contra, pues con el  solo  aporte  de la sentencia C-010 de 1998 de la Corte Constitucional se supuso  la   existencia   del   fraude   procesal   y,   con  las  demás  sentencias  y  certificaciones    allegadas,    “estratégicamente  estudiadas”,     la  responsabilidad    de   un   “abogado   honesto”  dando    por    evidente    el    dolo    malo    o  deliberado.   

En   los   que   denominó   “cargo    tercero    –      subsidiario”     y         “cargo         cuarto-  subsidiario”,  de  nuevo  reitera  que se incurrió en violación indirecta de la ley sustancial originada  en  falsos  juicios  de  identidad,  por  adición  de la prueba, en el primero,  puesto   que   deliberadamente   se   estudiaron  las  resoluciones  de  pago  y  conciliaciones  para  pago  de  primas  sobre  primas  de  Foncolpuertos  y  las  declaraciones  juramentadas  de los trabajadores en las que acreditaban no haber  recibido  tales  pagos,  para  adicionar  sus  alcances  en el sentido de que el  abogado  se  propuso  aportar  la prueba de su propia conducta; y en el último,  por  distorsión  o  tergiversación  de  las  sentencias allegadas –  del  Juzgado  28 Civil del Circuito y  T-010/98  de  la  Corte  Constitucional –  al  hacerles decir lo que no dijeron, en el proceso de valoración  conjunta   de   los   varios   indicios    entre   sí   y   las  restantes  pruebas.   

Y  en  el  “cargo  quinto       –  subsidiario”,  plantea el  demandante    que    la    sentencia    se    sustentó   en   la   “errada  apreciación”  de  los cuatro  indicios  que se atendieron para condenar, en virtud de la equivocada inferencia  lógica  que  se hizo del hecho indicador consistente en que la presentación de  una  tutela  o  la  solicitud  de  pago  de  la  prima sobre prima constituye la  necesaria  participación  del  acusado  en  la  comisión  del delito de fraude  procesal  en  asocio  de  otros  abogados,  cuando  su  comportamiento no tenía  capacidad  probatoria  en  tal sentido por ser única prueba de cargo, admisible  solo  como  sospecha  elevada  a  la  categoría de indicio contingente, lo cual  configura   un   error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad  porque se supuso la demostración de lo  que  requería  ser  demostrado, sin descartar las hipótesis invalidantes de la  prueba  de cargo que permitían una explicación distinta de la culpabilidad del  procesado  como  autor  del  “soñado”  fraude  procesal por el Tribunal, error  relevante  que destaca la ausencia de certeza razonable para condenar, orientada  por las manifestaciones televisivas del gobierno.   

En el “cargo sexto  –  subsidiario”,  argumenta  que  se  incurrió  en  violación  indirecta originada en un error de hecho por  falsos  juicios  de identidad, por cercenamiento o preterición de la prueba, ya  que  se  le  ocultaron  al acusado varios expedientes que no obstante haber dado  origen  a  una  nulidad decretada por el ad quem, no fue acatada, produciéndose  la  condena  sin pruebas que fue confirmada por el Tribunal con vulneración del  debido   proceso  y  del  principio  de  favorabilidad,  en  lugar  de  decretar  nuevamente la nulidad.   

Como   “cargo  séptimo       –  subsidiario”,  se formula  error  de  hecho  por falsos juicios de existencia por omisión, toda vez que el  Tribunal  desconoció  el  contenido  del  acta  No.  005-2  de  octubre de 1996  proveniente  de  Foncolpuertos  e incorporada al proceso, en la cual se reconoce  la  legalidad  de  la prima sobre prima, puesto que al advertir su trascendencia  “calla  sobre  la  misma mirándola con DESDÉN para  justificar  así  el  efecto  de  la frontal ofensa … en abierto desafío a la  verdad  …  en cuanto tenía la … CAPACIDAD SUFICIENTE para excluir el juicio  de responsabilidad”.   

Plantea,  por  último,  como  cargo  octavo,  violación indirecta de la  ley  sustancial – artículos  247,  301,  302,  303  y 445 decreto 2700 de 1991, 7 y 232 ley 600 de 2000 – por  errónea  apreciación  de  los  artículos 36 y 182 del decreto 100 de 1980, al  dictarse  la  sentencia  condenatoria  sin  haberse demostrado la existencia del  delito  y  la  responsabilidad del acusado, con lo que afirma que se desconoció  la  duda  “como  instrumento  de  absolución … al  apreciar   de   MANERA   ERRADA   el   contenido   y   alcance   de   la  prueba  indiciaria”, citando como  hecho  decoroso  malinterpretado,  el que su patrocinado ejerciera con respeto y  dignidad  la  profesión  de  abogado  –  con  poderes  a  bordo  que  le facultaron suscribir la demanda de  tutela    en    forma    “candorosa”,  implorando el pago del factor salarial  aludido  a  favor  de sus poderdantes -,  amén de que no se quiso estudiar  el  tema del pago de la prima sobre prima; pues que la ausencia de certeza sobre  aquellos  tópicos,  necesariamente  ha debido resolverse a su favor, siendo que  el  fallador  abandonó el análisis lógico al punto de terminar en el campo de  la   suposición   especulativa   sin   parar   mientes   en   que  “la  defensa  ha demostrado … HIPÓTESIS DISTINTAS DE LAS QUE EL  DESPACHO  DA  POR  CIERTA Y SÍ EXISTE LA PROBABILIDAD DE QUE EL HECHO INDICADOR  (firma  candorosa  de  una  tutela  cuando  la  costumbre es que se firme por el  TUTELANTE  y  no  el  abogado)  QUE  SIRVE  DE BASE A LAS INFERENCIAS CONDUZCA A  DISTINTA CONCLUSIÓN”.   

Insiste  en  que  se  acudió  al  proceso de  “distorsión,  tergiversación o acomodamiento de la  prueba”,    fundamentada    en   la   “delimitada   sospecha”  –  mal  llamado  indicio de presentar la  tutela  –,  unida  a otras  sospechas,  para  dar  por  existente  el dolo y la coparticipación criminal, y  producir  así  la  injusta sentencia, cuando el Tribunal ha debido aniquilar la  condena   del   a   quo,  proferida  según  ordenes  de  terceros  –  Vicepresidencia  de  la República -,  para respetar la presunción de inocencia.   

Culmina  solicitando  el reconocimiento de la  violación  y,  ante la ausencia de prueba sobre la tipicidad, antijuridicidad y  culpabilidad  del  acusado,  la aplicación del in dubio pro reo, para dejar sin  efecto  la condena impuesta al doctor CORREA MANJARRES,  casando  el  injusto  e  inexplicable fallo atacado y,  consecuencialmente,  se  levante  la  suspensión del ejercicio de su profesión  que se le impuso.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

Conforme   a   los   últimos   desarrollos  jurisprudenciales1,  en  el  presente  asunto  el  recurso   procedería por vía de la casación excepcional, como quiera que  el  delito  de  fraude  procesal  por el cual se condenó al doctor EDUARDO  ALBERTO  CORREA  MANJARRES,  cuya  pena  máxima  era  de  cinco  (5) años de prisión, acorde con la legislación  tenida  en  cuenta  por favorabilidad (artículo 182 de decreto 100 de 1980), se  consumó  antes de entrar en vigencia la ley 600 de 2000, por ende, la casación  estaba  gobernada  por  lo  dispuesto  en  el artículo 35 de la Ley 81 de 1993,  conforme  al  cual  podía  accederse  al  recurso  extraordinario,  por la vía  común,   respecto  de  sentencias  de  segunda  instancia  proferidas  por  los  Tribunales  Superiores  de Distrito Judicial, por delitos que tuvieran señalada  pena  cuyo  máximo  fuera  igual  o superior a seis (6) años de prisión, aún  cuando  la  sanción  impuesta  haya sido una medida de seguridad, y por la vía  excepcional,  discrecionalmente  puede  la  Corte  aceptar  el  recurso en casos  distintos,  a  solicitud  del  ministerio  público  o  del  defensor, cuando se  considere  necesario  para  el desarrollo de la jurisprudencia o la garantía de  los     derechos     fundamentales,    siempre    que    reúna    las    demás  formalidades.   

Ahora bien, insistentemente la jurisprudencia  de  la  Sala  ha  sostenido  que cuando de la casación excepcional se trata, el  demandante  debe  exponer  así  sea de manera sucinta pero clara qué es lo que  pretende  con  el  recurso,  teniendo  como norte que solamente procede el mismo  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  para  garantizar  los  derechos  fundamentales,  por  lo que se debe señalar en concreto el tema jurídico sobre  el  cual  considera  el  actor  que  se hace indispensable un pronunciamiento de  autoridad  por  parte  de  esta  Corporación  y/o  el  derecho fundamental cuya  garantía  persigue,  acorde  con lo exigido por el inciso 3° del artículo 205  de  la  Ley  600  de  2000 –  artículo  219  del  decreto  2700  de  1991  -,  bien  para  unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar  la  doctrina,  ora  para abordar un tópico aún no  desarrollado,  precisando  la  manera  en  que  la decisión solicitada tiene la  utilidad  simultánea  de brindar solución al asunto y a la par servir de guía  a  la  actividad  judicial,  sin que ello pueda confundirse con el desarrollo de  los cargos propuestos en la demanda.   

Sobre tal requisito, el demandante cita como  justificación  de  la casación excepcional, que la Corte desarrolle y unifique  la  jurisprudencia  respecto  al  tema  de la “prima  sobre  prima”  como factor salarial, para el caso de  Foncolpuertos,  cuyo  pago  pretendido  en  tutela  por  parte del acusado, como  representante  de  ex  trabajadores  de  la  empresa, fue concebido como un acto  doloso      constitutivo      del     fraude     procesal     y     “concierto         para         delinquir”         –siendo  que  éste último jamás se le  imputó -.   

Debe precisarse que cuando el actor pretende  fundamentar  la  procedencia  de la casación excepcional en el desarrollo de la  jurisprudencia  sobre  determinado  tema,  se  hace  indispensable, para que sea  viable  admitir el recurso extraordinario de casación por la vía discrecional,  que  el  demandante  refiera la razón por la cual ello se hace “necesario”,  pues  la  ausencia  de  esta  exigencia  impone la inadmisión de la demanda, en  atención  a que la Corte carece de función meramente consultiva y si bien, uno  de    los    fines    del   recurso   de   casación   es   la   “unificación     de    la    jurisprudencia    nacional”  su  intervención  sólo  tiene  sentido  en  la  medida que la  temática  sugerida  por el actor evidencie, como ya se dijo, la necesidad de un  pronunciamiento  y  que  además,  este  resulte útil para solucionar el asunto  analizado.   

Tal  necesidad la pregona el libelista desde  la  perspectiva  de  que  se  estudien  las  diversas sentencias emitidas por la  judicatura  respecto  a lo sucedido en la empresa Puertos de Colombia y el Fondo  de  Pasivo  Social  de  la  misma,  que  conllevó  la  creación  de  despachos  judiciales  dedicados a tal situación, sin que de ninguna manera explique dicho  postulado,  para dedicarse, a continuación, a desarrollar los cargos formulados  contra el fallo, con lo cual no satisface el requisito mencionado.   

Pero  también  advierte como justificación  del  recurso,  garantizar  los  derechos  fundamentales  al  debido proceso y al  derecho  a  la  defensa del procesado, violentados con la sentencia proferida en  su  contra,  con  lo  cual  la  admisión  de  la  demanda  necesariamente  debe  consultarse  a partir de la formulación clara, lógica y precisa de los cargos,  en  armonía con los requisitos que el legislador exige (artículos 205 y 212 de  la ley 600 de 2000).   

Es  que,  por ser la casación un recurso de  naturaleza  extraordinaria  y  rogada,  el legislador estatuyó las causales por  las  cuales  resulta procedente atacar la presunción de acierto y legalidad con  que  viene  amparada  la sentencia a esta sede. De igual modo, dadas las citadas  características   de   la   impugnación,  también  la  legislación  procesal  contempla   los   mínimos   presupuestos   formales   que   debe   cumplir   el  libelo.   

Por   ello,   como   lo   tiene  dicho  la  jurisprudencia   de   la   Corte,  la  demanda  de  casación  no  es  de  libre  formulación,  razón  por  la  cual  no  es procedente hacer cualquier clase de  cuestionamiento  a una sentencia que por ser la culminación de un proceso está  amparada,  como  se  indicó,  por  la doble presunción de acierto y legalidad,  sino  que  debe  ser  un  escrito  lógico  y  sistemático  en  el que sólo es  permitido  denunciar  los errores cometidos en el fallo, separadamente, al tenor  de  los  motivos  expresa  y  taxativamente  señalados  en la ley, demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciar  su  trascendencia  en  la parte dispositiva del  mismo.   

En  consecuencia, el éxito de la censura no  depende  de  la  multiplicidad  indiscriminada de criterios personales, ni de lo  extenso   o   sugestivo  del  discurso  plasmado  en  la  demanda,  sino  de  la  argumentación  técnica  que  conlleve, de manera lógica, precisa, coherente y  jurídica,  a  la  demostración  de  que  la  sentencia  es  ilegal,  por haber  incurrido   el  juzgador  en  vicios  de  juicio  (in  indicando)    o   de   procedimiento   (in    procedendo),   según   el   caso.   

Así,  la  nulidad  no aparece marginada del  imperativo  de claridad y precisión en cuanto a su postulación y demostración  correspondientes,  toda  vez  que  es tan exigente como las demás dado el   rigor   predicable   de   la   naturaleza   misma   de   la  casación,  de manera  tal  que  se   impone   para   el   actor   el   deber   de   concretar   la  índole  del vicio, sea de estructura o de garantía,   que  se dice afecta el proceso, en qué grado y magnitud y desde qué actuación  procesal se configura.   

Por  consiguiente,  tratándose del cargo de  nulidad  la demanda no es un escrito de libre confección, toda vez que también  debe ajustarse a los presupuestos formales para su admisibilidad.   

De   igual  manera,  en   virtud    del    principio    de    trascendencia   que  gobierna   la  declaratoria  de  nulidad,  según   la   cual,   no   basta  con denunciar irregularidades o que  éstas  efectivamente se presenten en el proceso, sino que se hace indispensable  demostrar  que  aquellas  inciden  de  manera  concreta   en  el   quebranto     de     los    derechos    de    los   sujetos    procesales,   se    hace    necesario   que   el    actor    evidencie    un    perjuicio   con   el   yerro   in  procedendo   denunciado,   pues,  caso  contrario,     la     Corte,     por     razón     del  principio   de   limitación,   no  puede  entrar   a  complementar  al  censor.   

1.-   En   esas  condiciones,  observa la Sala que los reproches fundados en la causal de nulidad  no  satisfacen  los  anteriores  presupuestos  en lo atinente a los cargos  primero y segundo, a través de los  cuales  plantea  el actor que por omitirse la práctica de pruebas oportunamente  solicitadas  y  que destaca como necesarias para adoptar una decisión de fondo,  se  dictó  la  sentencia  condenatoria con transgresión del derecho de defensa  (principal),  y  que  se  afectó  el  debido proceso ante la inexistencia de la  resolución  de apertura de la investigación legalmente motivada para adelantar  esta  actuación  y  el  no  rompimiento  de  la  unidad  procesal,  dentro  del  diligenciamiento  inicialmente  tramitado  con  ocasión  de  la  tutela  122747  –  radicación  No.  3989  –,  amén de que cuando se  indaga  al  hoy  acusado,  ya  se  proseguían  otros  procesos  que  le  fueron  ocultados, aún en el juicio.   

Cuando la nulidad se vincula a la vulneración  del  derecho  de  defensa,  por  desconocimiento del principio de investigación  integral,  porque  los  funcionarios  judiciales  no  decretaron  o  dejaron  de  practicar   algunas  pruebas,  para  la  correcta  formulación  de  la  censura  corresponde  al demandante ocuparse de: i)  especificar  cuáles son aquellos medios probatorios cuya ausencia  extraña;   ii)  explicar  razonadamente  que  tales  medios de convicción eran procedentes, conducentes y  factibles  de practicar; iii)  advertir  el  contenido  material  de las pruebas omitidas, en cuanto esté a su  alcance,  para  brindar  a  la  Sala  la  oportunidad de confrontar el aporte de  aquellos  elementos  de  convicción con las motivaciones del fallo y así poder  concluir  si  en  realidad  se  han  vulnerado  las garantías fundamentales del  procesado;  y  iv) establecer  de  qué  manera  las pruebas dejadas de practicar, tenían capacidad de incidir  favorablemente en la situación del procesado.   

En   lo   que  se  relaciona  a  la  trascendencia del vacío dejado por la prueba cuya práctica  se  omitió,  es  preciso  recordar que la posibilidad de declarar la nulidad no  deriva  de la prueba en sí misma considerada, sino de su confrontación lógica  con  las  que  sí fueron tenidas en cuenta por el sentenciador como soporte del  fallo,  “para  a  partir de su contraste evidenciar  que  las  extrañadas,  de haberse  practicado, derrumbarían la decisión,  erigiéndose  entonces  como  único  remedio  procesal  la  invalidación de la  actuación  censurada  a  fin de que esos elementos que se echan de menos puedan  ser  tenidos  en  cuenta  en  el  proceso.”  (Auto  del  12  de marzo de 2001,  radicación 16.463).   

Sobre  tal  requisito  la  demanda  resulta  infundada,  pues apenas contiene la afirmación del libelista en cuanto a que se  ha  generado  una  nulidad  por  menoscabo del derecho a la defensa, por haberse  dejado  de  practicar  pruebas que señala como trascendentales, pero omite  la  construcción  lógica  de  las premisas de las que supuestamente dimana tal  conclusión,  mucho  menos ello se acredita al mencionar que con su aducción se  habría   establecido  la  inocencia de su defendido, porque indudablemente  que  tal presunción en manera alguna tiene la entidad necesaria para desvirtuar  el  poder  suasorio  de  los  medios  de  convicción que sirvieron de base para  fundamentar  el  fallo  de condena cuestionado,  lo que evidencia el vacío  en  la  argumentación  del  casacionista,  en  cuanto  a la lógica del recurso  extraordinario  se  refiere,  muy  a  pesar  de  lo  extenso  e  intrincado  del  libelo.   

Y  sobre  la  vulneración al debido proceso,  tiene   dicho   la   Sala,   que   como   traducción   del   principio  lógico  antecedente-consecuente  que  es,  se  relaciona  con  una  sucesión integrada,  gradual  y  progresiva  de  actos  regulados  en la ley, que tiene por objeto la  verificación  de  un  delito  y  la  consecuente  responsabilidad del imputado,  orientados  al  fin  de  obtener  una  decisión  válida y definitiva sobre los  mismos temas.   

Por ello, cuando el ataque se formula por esa  vía  le  compete  al  actor,  como reiteradamente lo pregona la jurisprudencia,  determinar  la  manera  en  que  se  resquebrajaron  las  bases esenciales de la  instrucción  o  del  juzgamiento  que  obligan  a rehacer lo actuado, es decir,  señalar  en  cuál de los diferentes eslabones concatenados y subsiguientes que  estructuran  el  debido  proceso se presenta el irremediable defecto, y también  le  corresponde  demostrar  que  la irregularidad cometida durante el desarrollo  del  proceso e inadvertida en el fallo incide de tal manera, que para remediarla  no  queda  ninguna  alternativa distinta a invalidar las diligencias, motivo por  el  cual quien así alega debe indicar con precisión el momento procesal al que  han  de  retrotraerse  las actuaciones, una vez excluidas las alcanzadas por los  vicios.   

De  otro  lado,  la  simple  ocurrencia de la  incorrección  no  conduce  necesariamente  a la invalidación de lo actuado, en  cuanto  es  preciso  acreditar  que  aquella  produjo unos resultados adversos y  lesivos  a  los  intereses  y  derechos del sindicado, ya que de lo contrario el  vicio  carece  de trascendencia e imposibilita declarar la pretendida invalidez,  lo  cual  permite  concluir  que  tampoco  este  cargo prospera, peor aún si se  considera  que,   se  mezclan  indebidamente  en  su presentación censuras  relacionadas   violación  directa  e  indirecta  de  la  ley  sustancial,  cuyo  desarrollo  debe realizarse separadamente en casación, acorde con lo mencionado  en principio.   

Lo  anterior  advierte  lo inadmisible de los  cargos.   

2.- Ahora, en lo que  toca   con  los  dos  cargos  formulados  al  amparo  de  la  causal  primera  de  casación, por violación  directa  de la ley sustancial,  por  falta de aplicación de los numerales 9º y 10º del artículo 32 de la ley  599  de  2000  – error sobre  el  tipo  y/o  error de prohibición -, y por aplicación indebida del artículo  182  del  decreto  100  de  1980,  respectivamente,  acorde  con  los  resumidos  argumentos  atrás  citados,  olvida  el demandante que por esta vía no resulta  posible  controvertir  la  apreciación que los juzgadores hicieron de la prueba  en  la  sentencia,  ni  los hechos que se declararon demostrados en ella, puesto  que  esta  forma  de  infracción  presupone  conformidad  absoluta  con  dichos  aspectos  y, por tanto, el debate debe ser de contenido estrictamente jurídico,  no  probatorio, y debe necesariamente abordarse a partir del supuesto de que los  juzgadores  acertaron en la demostración de las conclusiones fácticas, pero se  equivocaron  al  determinar  la situación jurídico sustantiva del asunto, bien  porque  aplicaron una norma equivocada, porque dejaron de aplicar la correcta, o  porque  habiendo  acertado  en  su selección, le dieron un significado distinto  del que legalmente corresponde.    

Y  es  que  en desarrollo de los cargos, para  arribar  a  la  conclusión  de  la  inaplicación  e indebida aplicación de la  normatividad  que  destaca,  el casacionista se opone a los hechos declarados en  la  sentencia como constitutivos del delito por el cual se condenó al acusado y  al  análisis  que  de  la  prueba  hizo el juzgador, y en su lugar, presenta su  tesis  en  el  sentido de que la conducta desplegada por el procesado se acomoda  dentro  de  la  causal  de  ausencia  de  responsabilidad  y/o de atipicidad que  expone.   

Si lo que quería el demandante era demostrar  la  falta  de  aplicación  del  artículo  32.  9  y 10 de la ley 599 de 2000 –  cargo  primero  -,  olvidó  sustentar  la  censura  a  modo  de  la  violación  directa  como  corresponde,  señalando   que   las   pruebas  reconocidas  en  el  proceso  determinaban  la  aplicación  de  la  norma  jurídica  y,  no  obstante ello, el sentenciador la  omitió,  pero  sin  respeto  a  los  lineamientos  de la lógica casacional, ni  siquiera  se  preocupa  por  referir  los  medios probatorios que respaldaran su  tesis  con total desconocimiento del contenido del fallo, al punto de incorporar  como  hipótesis  de  la  valoración  realizada  por el juez ad quem, el de una  supuesta  causal  de ausencia de responsabilidad que jamás fue mencionada en la  sentencia,  lo  que lleva a concluir que la alegación  es     inadecuada,     sin     que    pueda   ser  enderezada por la Sala dada  la  naturaleza y esencia de esta vía de impugnación,  razón    suficiente     para    inadmitir   el  cargo.   

En   el   cargo  segundo  que  el  demandante  presenta  por violación  directa  de  la  ley  sustancial por aplicación indebida, pues en su parecer se  aplicaron  indebidamente  los  artículos  2,  3  y 182 del decreto 100 de 1980,  entendiendo  que  la  conducta  desplegada  por  CORREA  MANJARRES  goza de “atipicidad absoluta”, obligado  le  resultaba,  en  principio,   abstenerse de discutir cuestiones de hecho  porque  el error atribuido a la sentencia recae sobre la normatividad aplicada o  dejada   de   aplicar,   orientándose   el   debate   al   plano  estrictamente  jurídico.   

   

No obstante, desvió el sentido de la censura  a  errores  en  la  apreciación  de las pruebas, y en ese camino lo que hace es  controvertir   la  forma  como  el juzgador entendió la participación del  acusado   en  el  fraude  procesal,  con  lo  cual  termina  oponiéndose  a  la  valoración  del  juzgador  al  respecto, desarrollo del cargo que evidentemente  contradice  el  postulado  de  la  violación  directa por aplicación indebida,  conforme  a  la  cual  ha  debido  construir  el  libelo  a partir de los hechos  reconocidos   en  la  sentencia  y destacar que con ellos fue equivocada la  escogencia de la norma citada, como ya se dijo.   

Tal  desacuerdo  en  la  forma de asumir las  pruebas,  como  se  sabe, no constituye error demandable en casación, salvo que  lo  que  se  quiera  destacar  sea  que  en  la  apreciación  de  los medios de  convicción  se vulneren los postulados que informan la sana crítica, evento en  el   cual  el  reparo  debe  presentarse  con  fundamento  en  la  técnica  que  corresponde  al  error de hecho por falso raciocinio, indicando las reglas de la  lógica, ciencia o experiencia que fueron vulneradas.   

Así, fuerza concluir que el cargo no cumple  con   los   presupuestos   de   claridad   y   precisión   y,   por   ende,  se  inadmitirá.   

3.-  Respecto a los  ocho     cargos     formulados     por    violación  indirecta  de la ley sustancial, interesa recordar que  tal  vía  de  ataque,  según  la  reiterada  jurisprudencia de esta Sala, hace  referencia  a  los  errores en que puede incurrir el juzgador en la apreciación  probatoria,  siempre  y  cuando ellos conduzcan a la equivocada declaración del  derecho  material en cuanto deja de aplicar determinado precepto o por aplicarlo  indebidamente.   

Esta  clase  de  desacierto  se  presenta por  errores  de  hecho  o  de derecho; los primeros cuando el juez ignora una prueba  que  obra  válidamente en el proceso o supone como existente una que no ha sido  incorporada  (falso  juicio  de existencia) o cuando distorsiona o tergiversa su  contenido  fáctico  atribuyéndole  efectos  que  no  se derivan de ella (falso  juicio  de  identidad), y los segundos, hacen  referencia a que el fallador  admite   y  confiere  valor  probatorio  a  un  medio  de  convicción  allegado  irregularmente  al  proceso  o   desconoce  y  niega  alcance  probatorio a  pruebas  válidas  (falso  juicio  de  legalidad),   o  le asignó un valor  probatorio  distinto  al  establecido por la ley o le negó el que legalmente se  le ha conferido (falso juicio de convicción).   

Igualmente,  la transgresión indirecta de la  ley  puede ocurrir cuando en la asignación del mérito probatorio que se deriva  de  la prueba válidamente allegada al proceso, el juzgador haya desconocido los  postulados  de  la  sana crítica como método de apreciación probatoria (falso  raciocinio),  valga  decir,  los  principios  de  la  ciencia,  la  lógica,  la  experiencia o el sentido común.   

Cuando  se  acude  a  esta  vía  de censura,  compete  al  actor precisar la naturaleza del error, el sentido de la violación  y,  luego  de  identificar  el  desacierto,  demostrar su incidencia en la parte  resolutiva  del  fallo  acusado,  en proceso de demostración completo, esto es,  acreditando   cómo  de  corregirse  el  yerro  sobre  las  pruebas  erradamente  apreciadas  y  valorárselas  adecuadamente junto con las restantes válidamente  incorporadas    al    proceso,   la   sentencia   habría   sido   de   distinto  contenido.   

Y   de  otro  lado,  cuando  la  inconformidad  del actor se orienta a demostrar un yerro fincado  en  un  error  de existencia, por suposición u omisión de la prueba, necesario  resulta  precisar cuáles fueron los medios probatorios que militando dentro del  proceso  fueron  omitidos  o que demostrándose su inexistencia fueron supuestos  por  los  juzgadores,  cuál su contenido y cómo de no haberse incurrido en ese  despropósito, el fallo hubiera sido favorable al acusado.   

En     los     cargos     primero,   tercero,   cuarto,   quinto   y   sexto   (subsidiarios),  alega  el  casacionista violación indirecta de la ley  sustancial  originada  en  error  de  hecho  por  falsos  juicios  de identidad,  mientras  que  en  los cargos dos y siete, imputa  al juzgador incurrir en error de hecho por falsos juicios de  existencia,  de  acuerdo  con  las  argumentaciones brevemente resumidas, en las  cuales  subyace  la controversia que plantea desde su personal óptica sobre las  conclusiones  fácticas  y/o  jurídicas  del  fallo  impugnado,  haciendo de la  demanda  la  simple  enunciación  de  la  censura  sin  ocuparse de cumplir las  exigencias  de  demostración, coherencia, concreción y logicidad que  gobiernan la casación, y mucho menos  de  cuya consagración tiene por finalidad cuestionar  la    constitucionalidad    y    legalidad   del   fallo   y   no   revivir  los  debates  probatorios  de unas instancias ya superadas,  razón  por  la  cual  todas  las  inquietudes  del  actor deben canalizarse por  causales   taxativamente   dispuestas   en  el  artículo  207  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  sin  que  sea  suficiente  para  tal  propósito  la mera  invocación  de  las  mismas  o la utilización del lenguaje propio del recurso,  razón por la cual tampoco se admitirán estos cargos.   

Por  último,  en  cuanto  al  cargo  octavo que se formula por violación  indirecta     de     la     ley     sustancial,    reclamándose    “…la  aplicación  del  principio o aforismo latino “in dubio  pro   reo”…”,  al  esgrimir  que  la  sentencia  condenatoria  se  dictó  sin  haberse  demostrado la existencia del delito y la  responsabilidad  del acusado, debe decirse que cuando se alega la duda razonable  por  esta  vía,  se requiere que el demandante precise si se trató de un error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia, falso juicio de identidad o falso  raciocinio,  o  de  un  error de derecho por falso juicio de convicción o falso  juicio  de  legalidad,  acredite su trascendencia y señale su corrección, nada  de lo cual hizo el censor.   

La demanda simplemente contiene la exposición  del   criterio   subjetivo  del  censor  sobre  la  valoración  probatoria  que  contrapone  a  la  del  juzgador, que conduce indistintamente por las sendas del  falso  juicio  de  identidad, de existencia y hasta por el falso raciocinio, sin  atinar  en  su  desarrollo  lógico  y  en  la demostración de su trascendencia  frente  a las conclusiones adoptadas en el fallo, una vez colmada la evaluación  integral  de  la  prueba,  como  le  competía  hacerlo,  actitud  que  en forma  pacífica  y reiterada ha sostenido la Sala, se aparta de la esencia del recurso  extraordinario  y  tiene  arraigo exclusivamente en las instancias ordinarias de  la  actuación;  otra  razón  más para inadmitir el libelo, aunado a que no se  advierte  violación  alguna  de  los  derechos  fundamentales  o  garantías de  Carlos    Alberto    Correa    Manjares,  que  determine  el  ejercicio  de  la facultad oficiosa de índole  legal   que   al  respecto  le  asiste  a  la  Sala  en  punto  de  asegurar  su  salvaguarda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de  EDUARDO     ALBERTO  CORREA   MANJARRES.   En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                MAURO  SOLARTE PORTILLA   

JAVIER  ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1 Autos  16/02/2005 Rad. 23006 y 20/06/2006 Rad. 25090     

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