25769(27-07-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 25769  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 077  

          Bogotá  D.C.,  julio  veintisiete  (27)  de  dos  mil  seis (2006).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  sobre  la  admisibilidad  formal  de la demanda de  casación    presentada    por    el   defensor   del   procesado   CIRO  LOBO  CARRASCAL  contra la sentencia  anticipada  de  segunda  instancia proferida por el Tribunal Superior de Cúcuta  de  fecha  diciembre  13  de  2005,  por cuyo medio confirmó la de primer grado  dictada  por  el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Ocaña el 14 de diciembre  de  2004  que  lo condenó como autor penalmente  responsable del delito de  tráfico de estupefacientes.       

  ANTECEDENTES     

Hacia las 5:30 p.m. del día 21 de octubre de  2004,  personal de las Fuerzas Militares al servicio del Batallón Plan Especial  Energético  y  Vial  No.  10,  capturó al señor CIRO  LOBO  CARRASCAL  cuando se movilizaba del municipio de  Teorama  a  Ocaña en el vehículo Renault 12, color rojo, de placas venezolanas  LAX-962,  en cuyo baúl fueron hallados tres paquetes de una sustancia, que tras  ser  sometida  al  correspondiente análisis químico arrojó resultado positivo  para cocaína con un peso neto de 292 gramos.   

Los hechos anteriores sirvieron de base para  que  se  abriera    instrucción  penal  en contra del capturado, a la  cual  se  le  vinculó  mediante  indagatoria.   Luego  se  le resolvió su  situación  jurídica  con medida de aseguramiento de detención preventiva como  presunto     autor     responsable     del     delito     de     tráfico     de  estupefacientes.   

A petición del procesado, el 24 de noviembre  de   2004   se   llevó  a  cabo  diligencia  de  formulación  de  cargos  para  sentencia     anticipada,   de  conformidad  con  lo  previsto  en  el  artículo  40  de  la  Ley  600  de  2000,  en  la  cual el procesado aceptó su  responsabilidad  por  la  conducta prevista en el artículo 376, inciso tercero,  de la Ley 599 del mismo año.   

El  proceso  se  remitió al Juzgado Segundo  Penal  del Circuito de Ocaña, despacho que profirió sentencia anticipada el 14  de  diciembre  de  2004, por cuyo medio condenó a LOBO  CARRASCAL  a las penas principales de cuarenta y nueve  (49)  meses  de  prisión  y  multa por valor de ciento cincuenta (150) salarios  mínimos   legales   mensuales   vigentes,   así   como   a   la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un  término  igual  al  de  la pena privativa de la libertad, como autor penalmente  responsable  del  delito  aceptado.   En  la  misma  decisión,  el Juzgado  declaró  que  el  sindicado  no era acreedor a la suspensión condicional de la  ejecución de la pena ni a la detención domiciliaria.   

Contra la anterior determinación, interpuso  recurso  de   apelación  el  defensor  del  procesado, por lo que el 13 de  diciembre de 2005 el Tribunal Superior de Cúcuta la confirmó.   

Esta   última   providencia  es  objeto del recurso extraordinario de  casación  por  el  defensor  del sindicado, quien lo sustenta mediante demanda,  sobre cuya admisibilidad formal se pronuncia la Sala.   

LA DEMANDA  

          Luego  de identificar los sujetos procesales que intervinieron en la  actuación  y  la sentencia, así como de efectuar una sinopsis de la actuación  procesal  y  de  los  hechos,  el  defensor  formula  un  cargo  contra el fallo  impugnado  con  fundamento  en  la  causal de casación consagrada en el numeral  primero del artículo 207 de la Ley 600 de 2000.   

        A  continuación,  aduce  que  el  fallo  impugnado  transgrede el artículo 61 del  estatuto   penal   sustantivo   que   se  refiere  a  los  fundamentos  para  la  individualización  de  la  pena,  cuyo  contenido  transcribe,  con  el  inciso  incorporado  por  el  artículo  3°  de  la  Ley 890 de 2004, según el cual el  sistema  de  cuartos  no se aplicará para los eventos en que se hayan llevado a  cabo  preacuerdos o negociaciones entre la Fiscalía y la defensa;  último  aparte  que,  indica, “fue declarado exequible por la  Corte    Constitucional   en   sentencia   C-1068   del   10   de   octubre   de  2001”.   

En  el  acápite  que  denomina “fundamentos” sostiene que el Tribunal  vulneró  el  artículo  61 en mención, dado que “de  la  investigación  que  se  adelanta  y se falló en contra de mi cliente no se  evidencia  que  él  tenía antecedentes penales y tampoco concurra (sic)    circunstancia   de   agravación  punitiva,   antes  por  el  contrario  el  condenado  fue  honesta  (sic)  al aceptar los cargos”.   

Asevera  que el juzgador no tuvo tiempo para  conocer  la  conducta de su defendido, ni tampoco se profundizó a través de su  testimonio  acerca  de “su modo de comportarse con la  sociedad,  su  forma  de  vivir,  su  ocupación laboral y familiar en términos  generales  no  se conocía a mi cliente”, de modo que  “se  le  impuso  una  condena  por  encima de lo que  debió   imponer,   este   es   el   concepto  de  la  violación”.   

Subsidiariamente,  solicita  se  aplique por  favorabilidad  la  Ley  906 de 2004 “en el sentido de  sustituir  la  pena de prisión por la detensión (sic)  domiciliaria”, pues según  dice  su  defendido  es una persona de excelente conducta y no se puede predicar  que  constituya  un  peligro para la sociedad, ni que no comparecerá al proceso  cuando    precisamente    en    este    caso   se   trata   de   una   sentencia  anticipada.   

Además, porque está demostrada su actividad  lícita  como conductor de servicio público, por lo que no se puede inferir que  vaya  a  poner  en peligro a la sociedad.  Concluye, entonces, “no  es  que  el  Tribunal  de Cúcuta, haya violado la ley 906 de  2004,  si no que no la aplicó como debía aplicarla, repito por el principio de  favorabilidad de la ley penal”.   

Con sustento en lo dicho, depreca se case la  sentencia   impugnada   y   en   su   lugar   se  imponga  la  pena  correcta  y  subsidiariamente  “se  le  sustituya  la  detensión  (sic)  preventiva  por  la  domiciliaria,   (ley   904   del   2004),  artículo  314  y  461”.                    

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

   

Se  hará  referencia  simultánea a las dos  propuestas  contenidas en la demanda de casación presentada por el defensor del  procesado     CIRO    LOBO    CARRASCAL,  compendiadas  también  en un mismo acápite, en tanto evidencian  similares  falencias  formales, conceptuales y de fundamentación, según pasa a  verse:   

De  conformidad  con  el  numeral  3°  del  artículo  212  de  la Ley 600 de 2000, la demanda de casación deberá contener  “La  enunciación  de  la  causal  y la formulación del cargo, indicando en forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos  y  las  normas  que  el  demandante  estime  infringidas”   (subrayas   fuera   de  texto)    

Pues  bien, en ninguna de las dos propuestas  que  el  actor involucra en el mismo reparo, esto es, ni en la primera que tiene  el  carácter  de “cargo”,  tal  como así lo expone (aplicación del artículo 61 del estatuto sustantivo),  ni     en     la     segunda,     que    formula    de    manera    “subsidiaria”,  en  donde clama por la  aplicación  del  principio  de favorabilidad de la Ley 906 de 2004 “en  el sentido de sustituir la pena de prisión por la detensión  (sic)                   domiciliaria”, el actor siquiera señala  en  forma clara y precisa la causal por cuyo medio pretende el derrocamiento del  fallo,  mucho  menos  desarrolla  un  cargo de conformidad con esa postulación.   

Prácticamente  el  impugnante  se  limita a  satisfacer  los  mínimos  presupuestos  formales  previstos  en  los  numerales  previos  del  aludido  artículo 212, es decir, a identificar el fallo contra el  cual  dirige  el recurso extraordinario, los sujetos procesales y a elaborar una  síntesis  de  los  hechos y del acontecer procesal, pero de ahí en adelante se  aparta  de  los  derroteros  formales que debe contener la demanda, en lo que se  puede  considerar  el  aspecto  medular  de  la  impugnación,  como  lo  es  la  indicación    en    concreto    de    la    causal   y   de   sus   fundamentos  jurídicos.   

Así  es  como  en  la  propuesta  principal  contenida  en  el  reproche  si  bien  señala que el motivo de su disentimiento  radica  en la causal primera, no precisa si ello se deriva de violación directa  o  indirecta  de  la  ley  sustancial;   por  su  parte,  en  la  petición  subsidiaria,  no  indica  ninguna  de  la  causales de casación previstas en el  artículo 207 el estatuto procesal penal.   

Tales  incorrecciones del libelista no sólo  son  de  carácter  enunciativo,  sino  también  argumentativas, pues en cuanto  concierne  con  el  primer  aspecto  que pregona orientado a que se apliquen los  parámetros  previstos  en  el  artículo  61  del estatuto represor, aun cuando  pareciera   discrepar  sobre  la  forma  como  se  apreciaron  las  pruebas  que  condujeron  al  fallador  a  imponer  la pena, no lo hace de conformidad con los  errores  que en tal sentido determinan la ilegalidad del fallo, sino a partir de  su estricto punto de vista.   

En  forma  pacífica  y  reiterada  se  ha  precisado  por  la  Sala  que  cuando  se  incurre  en  defectos de apreciación  probatoria  en  la sentencia, ha menester acudir a la violación indirecta de la  ley  sustancial  que  se  genera  por  errores  de hecho o de derecho.  Los  primeros  se  producen  por  falsos  juicios  de  existencia, de identidad o por  violación  a  las  reglas  de  la  sana  crítica, mientras que los segundos se  producen   ante   la   verificación   de  falsos  juicios  de  legalidad  o  de  convicción.   

El denominado error de hecho por falso juicio  de  existencia se genera cuando un medio de prueba es excluido de la valoración  que  efectúa  el juzgador no obstante resultar incidente frente al fallo que se  controvierte  (ignorancia  u  omisión) o porque el juzgador lo inventa o crea a  pesar  de  no  existir  materialmente  en  el  proceso,  otorgándole  un efecto  trascendente (suposición o ideación).   

En  este caso el recurrente está obligado a  identificar  el medio de prueba que en su criterio se omitió o se supuso;   luego  de  ello,  debe  establecer  su  incidencia  de  cara  a la decisión que  controvierte  y  a  favor  del  interés  que  representa, señalando las normas  sustanciales  que  a  su  juicio  fueron  aplicadas  indebidamente  o dejadas de  aplicar,  lo  que  además  le  impone  demostrar  que  la  determinación no se  mantiene        con        fundamento       en       otros       medios       de  persuasión.        

Por  su  parte,  el error de hecho por falso  raciocinio  se  origina  cuando  el  sentenciador  aprecia  prueba  trascendente  desconociendo  las  reglas  de  la  sana crítica, esto es, postulados lógicos,  leyes científicas o máximas de la experiencia.   

En   tal   supuesto   le   corresponde  al  casacionista  señalar  qué  dice  concretamente  el  medio probatorio, qué se  infirió  de  él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue el mérito persuasivo  otorgado  y,  desde luego, determinar el postulado lógico, la ley científica o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el fallo, debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta e identificar la norma de derecho  sustancial  que indirectamente resultó excluida o indebidamente aplicada.   Finalmente,   deberá  demostrar  la  trascendencia  del  error  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la  adecuada  apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un   fallo   esencialmente   diverso   y   favorable   a  los  intereses  de  su  representado.   

La  última  de las modalidades del error de  hecho  es  por falso juicio de identidad, el cual se concreta cuando el juzgador  tergiversa  o  distorsiona  el  contenido  objetivo  de la prueba para ponerla a  decir  lo  que  ella  no  expresa  materialmente. En este evento, se le exige al  censor  que  identifique  la  prueba  sobre  la  cual recae la incorrección que  denuncia;   posteriormente,  debe  revelar  lo que fidedignamente dimana de  ella  de  acuerdo  con  su  estricto  contenido  material,  a  lo que se suma la  obligación  de precisar en qué aspecto radicó la tergiversación, bien porque  se  suprimieron  u ora porque se agregaron apartes de su contexto con lo cual se  le  mutó su sentido.  Pero no es suficiente con ello, pues al igual que en  los  dos  errores  anteriores,  ha  de  tratarse  de una prueba trascendente que  afecte  lo  declarado  en  el  fallo,  debiendo  en  esa  dirección indicar los  preceptos  sustanciales  que se vulneraron por falta de aplicación o exclusión  evidente  y  demostrar,  como  ya  se  dijo, que la decisión no se mantiene por  cuenta de los demás medios de persuasión.     

Ahora  bien, cuando la propuesta versa sobre  un  error  de  derecho  en la apreciación probatoria, como ya se dijo, quien lo  propone  está en el imperativo de demostrar que se incurrió por el fallador en  un falso juicio de legalidad o en uno de convicción.   

El  primero  tiene  ocurrencia  cuando  el  sentenciador  otorga valor a una prueba sin el cumplimiento de los ritos legales  exigidos  para  su formación o aducción al proceso y, el segundo se produce al  momento  en  que  se  valora  una  prueba haciendo caso omiso del predeterminado  crédito  que la ley le ha otorgado, circunstancia que cobra gran importancia en  los  sistemas  de tarifa legal probatoria, en cuyo caso se deberá indicar cuál  fue  el  mérito  otorgado  a  la  probanza  y  el  valor  que la ley le fija en  particular.   

No  sobra  recordar que en cualquiera de los  eventos  reseñados, el casacionista está en la obligación de demostrar que el  yerro  se  concretó  respecto  de  prueba trascendente, de tal suerte que tenga  incidencia  para  modificar  en  forma  favorable a sus intereses los contenidos  declarados en el fallo que se impugna.   

Como la propuesta del actor, se reitera, hace  abstracción  total  de  los anteriores postulados y apenas se contrae a exponer  un  criterio personal y genérico sobre la apreciación de las pruebas, es claro  que  no  ostenta  la entidad para resquebrajar el fallo, tanto porque este medio  extraordinario  no  constituye una tercera instancia, como porque el mismo llega  a  esta  sede  cobijado por la doble presunción de acierto y legalidad, la cual  no  se  desvirtúa con la simple exposición de un criterio particular, sino con  la demostración de errores trascendentes que socaven su legalidad.   

Algo   similar   ocurre   con  la  segunda  pretensión   que  formula   con  carácter  subsidiario,  en  donde  a  la  circunstancia  señalada de que no indica la causal bajo cuya égida instaura el  motivo  de  su  disidencia,  se  suma que ella se contrae a la exposición de un  enunciado  totalmente  ayuno de razones tendientes a demostrar que la Ley 906 de  2004  resulta más favorable para su defendido “en el  sentido  de  sustituir  la  pena  de  prisión  por  la  detensión (sic)      domiciliaria”,  pues  aun  al  margen  de  admitir  que seguramente se refiere al  sustituto  penal  de la prisión domiciliaria y no al sustituto de la detención  preventiva   de  la  detención  domiciliaria,  desconoce  que   este   medio   extraordinario   de  impugnación es de naturaleza rogada  y  que,  por  ende,  está  en  la  obligación  de  exponer  los argumentos que  fundamentan su pretensión.   

   

Lo anterior constituye razón suficiente para  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor del procesado  CIRO   LOBO   CARRASCAL  y  devolver  el  expediente al despacho de origen, tal como lo señala el artículo  213   de   la   Ley   600  de  2000.    

Adicionalmente,  porque  no  se advierte que  dentro  del  presente trámite y en la sentencia se haya incurrido en violación  de  garantías  fundamentales  que  precise  la  intervención  de  la  Sala con  sustento  en  la  atribución  oficiosa  que  se le ha otorgado legalmente en el  artículo         216        ejusdem.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  interpuesta    por   el   defensor   de   CIRO   LOBO  CARRASCAL,  por las razones consignadas en la anterior  motivación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

MAURO    SOLARTE   PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                            MARINA  PULIDO  DE  BARÓN            

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES             YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                  JAVIER           ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *