25751(18-10-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso     No  25751   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 118.  

Bogotá  D.C., octubre dieciocho (18) de dos  mil seis (2006).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  en  punto  de  la  admisibilidad  formal  del  libelo  de  casación presentado por el defensor del  procesado   ARMANDO   LIÉVANO   QUINTERO,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Neiva el 6 de marzo de 2006, confirmatoria de la dictada  por  el Juzgado Tercero Penal del Circuito de la misma ciudad el 1º de julio de  2005,  por cuyo medio lo condenó como coautor penalmente responsable del delito  de fraude procesal.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los    hechos    que    motivaron   este  diligenciamiento   fueron   adecuadamente   sintetizados   por  el  ad     quem     de     la     siguiente  manera:   

“Ante el Juzgado  Segundo  Civil del Circuito de Neiva se radicó el proceso ejecutivo hipotecario  propuesto  por  el  BANCO  GANADERO contra ARMANDO ACEVEDO QUINTERO –  hoy  LIÉVANO  QUINTERO  (por    reconocimiento   de   paternidad,   se   aclara)  –.  El  3 de  abril  de 1998, dentro del mentado juicio se libró mandamiento ejecutivo por la  suma  de  DIECISÉIS  MILLONES  CIENTO  OCHENTA  MIL  NOVECIENTOS  TREINTA PESOS  ($16.180.930.oo)”.   

“El 2 de agosto de  1999  comparecieron  ante  la Inspección Primera del Trabajo y Seguridad Social  de  Neiva,  en calidad de demandante la señora GLORIA PATRICIA MARTÍNEZ CERÓN  y   como   demandado   el   señor   ARMANDO   ACEVEDO   QUINTERO   –  hoy  LIÉVANO  QUINTERO  – con el fin de ventilar un diferendo de  naturaleza  laboral  a  través  de  la vía conciliatoria. Al término de dicha  diligencia,  empleador  y  trabajadora suscribieron el acta de conciliación No.  345,  acordando  el  pago de VEINTINUEVE MILLONES SETECIENTOS NOVENTA Y SEIS MIL  PESOS  CON  VEINTISIETE  CENTAVOS  ($29.796.027.oo),  por  concepto  de salarios  pendientes,  cesantías,  intereses  sobre  las  cesantías,  vacaciones y otros  conceptos,  comprometiéndose  el  demandado  a  cancelarle  a su ex empleada la  referida  suma de dinero a más tardar el 10 de agosto siguiente. El funcionario  que  dirigió  al  acto  conciliatorio,  aprobó  el  acuerdo entre las partes a  través     de     auto     proferido     en    la    misma    fecha”.   

          “El Juzgado Primero Laboral del Circuito  de  Neiva,  con  oficio  1043  del 24 de agosto de 1999, le solicitó al Juzgado  Tercero  Civil  del  Circuito de la ciudad se tuviera en cuenta la prelación de  créditos,  lo  cual  se  traduce,  en  que  rematados  los  bienes embargados y  secuestrados  al  ejecutado, con su producto primero debe cancelarse el crédito  laboral”.   

La  Fiscalía  Seccional  de  Neiva declaró  abierta   la  instrucción,  en  cuyo  marco  vinculó  mediante  indagatoria  a  ARMANDO  LIÉVANO  QUINTERO y  Gloria    Patricia    Martínez   Cerón.   

Clausurado  el  instructivo,  el sumario fue  calificado  el  26  de  abril de 2002 con resolución de acusación en contra de  los    procesados    como    presuntos    autores    del    delito   de   fraude  procesal.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado Tercero Penal del Circuito de Neiva, despacho que una vez surtido el  rito  correspondiente  profirió  fallo  el 1º de julio de 2005, por cuyo medio  condenó   a   ARMANDO  LIÉVANO  QUINTERO  a  la pena principal de dos (2) años de prisión y a la accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el  mismo  lapso  como  coautor  penalmente  responsable  del delito por el cual fue  acusado,   concediéndole  el  subrogado  penal  de  la  condena  de  ejecución  condicional.   

          En    la    misma    providencia    fue    condenada    Gloria         Patricia         Martínez         Cerón.   

          Impugnada  la  sentencia por los defensores, el Tribunal Superior de  Neiva  la  confirmó  mediante  fallo  del  6 de marzo de 2006, el cual es ahora  objeto   de   impugnación   extraordinaria   interpuesta  por  el  defensor  de  ARMANDO       LIÉVANO       QUINTERO.   

LA DEMANDA  

Al amparo de la causal primera de casación,  cuerpo  segundo,  el  impugnante  formula un reproche contra el fallo de segundo  grado,  por  violación  indirecta  de  la ley sustancial derivada de errores de  hecho  por  falso  juicio de existencia por omisión y falso juicio de identidad  sobre algunas de las pruebas obrantes en la actuación.   

          Al  fundamentar  el  reparo  comienza por afirmar que los falladores  incurrieron  en  un  error de hecho por falso juicio de existencia por omisión,  al  no  valorar  la  declaración de Fabiola Patiño de  Polanco,  quien  tenía  interés real por adquirir el  apartamento  del  procesado,  prueba  que  como  hecho  indicante  acredita  que  ARMANDO  LIÉVANO sí estaba  en  condiciones  de  cumplir  la obligación laboral contraída con Gloria  Patricia  Martínez  Cerón con la  venta  del  inmueble  de  su  propiedad,  contrario  a  lo  asumido  en el fallo  atacado.   

          Agrega  que  en  la  conciliación  laboral  celebrada entre los dos  procesados  no  había  interés  en  engañar  a la justicia, pues de ser así,  “eso  llevaría a la conclusión absurda de que todo  deudor  que  incumple  una obligación, está en el fondo realizando un ilícito  de fraude procesal”.   

          Igualmente  señala  que  los sentenciadores incurrieron en error de  hecho  por  falso  juicio  de identidad respecto del documento por cuyo medio se  acredita  que  Gloria  Patricia  Martínez  “solo fue contratada como secretaria de  ASUPAFSFI  el  15  de  septiembre  de 2000, por lo que se infiere que igualmente  estuvo    trabajando    sin   solución   de   continuidad   laboral” con el incriminado.   

          Precisa  que dicho documento no demuestra las conclusiones del fallo  atacado,  pues  por  el  contrario,  lo  que  de  él se infiere “es  que  el  tesorero  le  estaba  dando unas instrucciones a Gloria  Patricia,  lo  que  solo demuestra que para dicha época ya se desempeñaba como  secretaria de la asociación”.   

          También  aduce  que  obra  otra  nota  del 15 de septiembre de 2000  firmada  por  el  Tesorero  de la asociación, en la cual informa a Gloria   Patricia   el   cambio  de  sede  “y  no  su  vinculación desde esa fecha”  y  aparecen  las cuentas de cobro presentadas por la mencionada  ciudadana  en  agosto  de  1999,  así  como  las  declaraciones de Orlando     Giraldo    y    José   Eugenio   Olivera  acerca  de  que  aquella   se   desempeña  como  secretaria  desde  que  se  creó  la  referida  asociación.   

          A  partir  de  lo  expuesto,  el  demandante  concluye  que no se ha  configurado  el  delito  de  fraude procesal y que por tanto, se impone casar la  sentencia impugnada para en su lugar absolver a su defendido.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Según el inciso 1º del artículo 205 de la  Ley  600  de  2000,  este  medio  impugnaticio  procede  contra  las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por  los  tribunales  superiores de distrito  judicial  y por el Tribunal Penal Militar, cuando se proceda por “delitos   que   tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad  cuyo   máximo   exceda  de  ocho  años” (subrayas fuera de texto).   

En aquellos casos en que el fallo de segundo  grado  no  es  proferido  por los mencionados tribunales, o que el delito por el  cual  se  procede  tiene  pena  privativa  de  la  libertad  inferior al quantum  señalado  en  precedencia  o  sanción no restrictiva de la libertad, el inciso  3º  del  artículo  205  del  estatuto  procesal penal faculta a esta Sala para  admitir    discrecionalmente    las    demandas    de   casación   presentadas,  “cuando lo considere necesario para el desarrollo de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de los derechos fundamentales, siempre que  reúna    los    demás    requisitos    exigidos    por    la   ley”.   

          Desde  luego,  cuando se trata de la casación discrecional es deber  del    impugnante    exponer    con    claridad   y  precisión  los motivos por los cuales debe intervenir  la  Corte, ya para proveer un pronunciamiento con criterio de autoridad respecto  de  un  tema  jurídico  especial,  bien  para  unificar posturas conceptuales o  actualizar  la  doctrina,  ora para abordar un tópico aún no desarrollado, con  el  deber  de  indicar  de  qué  manera  la  decisión solicitada tiene la dual  utilidad  de  brindar  solución  al  asunto  y  servir  de guía a la actividad  judicial.   

Cuando  la  pretensión del casacionista se  orienta  a asegurar la garantía de derechos fundamentales, tiene la obligación  de  demostrar  la  violación e indicar las normas constitucionales que protegen  el    derecho   invocado,   así   como   su   desconocimiento   en   el   fallo  recurrido.   

También  se  tiene  que  el censor no puede  acudir  simultáneamente  a  las dos especies de casación (ordinaria o común y  discrecional)  en  cuanto  son excluyentes, dado que la segunda es sucedánea de  la  primera,  esto es, únicamente procede en la medida en que no resulte viable  la casación ordinaria.   

         Advertido    lo    anterior,  en  el  caso de la especie se observa que por tratarse del delito  de  fraude  procesal, para el cual el legislador ha dispuesto una pena privativa  de  la  libertad cuyo máximo no supera los ocho (8) años, en punto del recurso  de  casación  se  impone acudir a la vía discrecional (artículo 205 de la Ley  600 de 2000).   

         Lo  anterior,  porque  en  el  artículo  182 del derogado estatuto  penal  bajo  cuya  vigencia  se  cometió el comportamiento delictivo tenía una  sanción  de uno (1) a cinco (5) años de prisión, mientras que en el artículo  453  de la Ley 599 de 2000, vigente para cuando se profirió el fallo impugnado,  se establece una pena de cuatro (4) a ocho (8) años de prisión.   

Ahora,  al  observar  el libelo de casación  presentado  por  el  defensor del incriminado, pronto se establece que no cumple  su  obligación  de  ofrecer  argumentos  encaminados  a demostrar alguna de las  posibilidades para que la Sala admita discrecionalmente su demanda.   

          En  efecto,  no identifica en concreto la temática que debe abordar  el  pronunciamiento,  no dice si sobre el particular ya hay jurisprudencia y, de  ser  así,  cuáles  son  las  decisiones  que  se  ocupan del asunto y cómo se  relacionan  con  el  caso  objeto de estudio, omisión que a la postre le impide  identificar  el  punto  dudoso, la existencia de providencias contradictorias, o  el  vacío  que corresponde dilucidar jurisprudencialmente y cómo el desarrollo  del  concepto  reclamado  tiene  la  doble  utilidad  de servir, tanto para este  trámite, como para la solución de casos similares.   

Tampoco del cuerpo de la demanda se consigue  establecer  con  precisión  la  denuncia  de  agravio  alguno  a  los  derechos  fundamentales  del  acusado, pues el defensor de manera vaga e imprecisa plantea  que  los falladores incurrieron en error de hecho por falso juicio de existencia  al  omitir  la  ponderación  del  testimonio de María  Fabiola  Patiño  de  Polanco  y en error de hecho por  falso  juicio de identidad respecto del documento por cuyo medio se acredita que  Gloria    Patricia    Martínez   Cerón  “solo fue contratada como secretaria de  ASUPAFSFI  el  15  de  septiembre  de 2000, por lo que se infiere que igualmente  estuvo    trabajando    sin   solución   de   continuidad   laboral”   con   ARMANDO  LIÉVANO,  pero  no  procede  a  desarrollar  y  fundamentar las censuras de  conformidad  con  la  especie  de  yerros  que propone, motivo por el cual no se  consigue  evidenciar  en  su  propuesta casacional quebranto de garantías de su  procurado.   

Además,  se  limita a cotejar su particular  ponderación  de  las pruebas con la plasmada por los funcionarios judiciales en  el  fallo  atacado,  proceder  inadmisible en este recurso extraordinario y que,  por  tanto,  no  conduce en modo alguno a acreditar la violación de derechos de  ARMANDO LIÉVANO.   

Lo  expuesto  permite  establecer  que  el  recurrente  no  cumple  con  los  postulados  requeridos para que resulte viable  admitir  discrecionalmente  el  estudio  del  recurso  de casación interpuesto,  además  de  que  tampoco  la  Sala  advierte  violación alguna de los derechos  fundamentales  o  garantías  del  procesado  LIÉVANO  QUINTERO, como para que tal circunstancia impusiera el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa  de  naturaleza legal que le asiste a esta  Corporación sobre el particular.   

          Así  las  cosas,  encuentra  la Sala que el libelo acusa las graves  fallas  destacadas,  que  no  pueden en modo alguno ser enmendadas por la Corte,  pues   ello  lo  impide  el  principio  de  limitación  que  rige  el  trámite  casacional,  imponiéndose  de  plano  su  inadmisión  de  conformidad  con  lo  dispuesto en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor del procesado ARMANDO  LIÉVANO QUINTERO, por las razones  expuestas en la anterior motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el artículo 187 del Código de  Procedimiento    Penal,    contra    este    proveído    no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                              MARINA    PULIDO    DE  BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES               YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                      JAVIER ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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