25664(13-07-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25664  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N°  068  

Bogotá, D. C.,  trece (13) de julio de  dos mil seis (2006).   

V   I   S   T   O  S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la  demanda  de  casación  conjunta  presentada por el defensor de NÉSTOR   ALEJANDRO   VELÁSQUEZ  ROJAS,  HEMBERT    ORLANDO    ORTEGA    OLARTE,      JOSÉ     GUILLERMO     DÍAZ  MORENO,  FABIÁN  ENRIQUE  ORTEGA   OLARTE,  ESTEBAN  ALEXANDER   CORONADO   VARGAS   ó   “JORGE   LUIS   JARAMILLO   GIRALDO”  y  JACKSON   XAVIER   RODRÍGUEZ   CHACÓN.   

A  N  T E C E D E N T E  S   

1.  Los hechos fueron sintetizados por  el juzgador de primera instancia de la siguiente manera:   

“Puestos  en  conocimiento  por  el Subteniente Oscar Javier Romero Piñeros, en su condición  de  Subjefe  Operativo  del  Grupo  de Automotores SIJIN, adscrito a la Policía  Metropolitana  de  Bogotá,  quien  manifestó  y  ratificó bajo juramento, que  siendo  las  8:30 de la mañana del día domingo 4 de marzo de 2001, se recibió  información  por parte de la central de radio, que en un parqueadero localizado  en  la  calle  6ª  B  N°  86A-85,  se hallaba guardada una camioneta de placas  CJA-630,  la  cual  había  sido  hurtada  el  día  anterior  mediante  atraco,  procediendo  a  instalar vigilancia en dicho sector, cuando siendo las dos de la  tarde  se  acercó  al  automotor un individuo que subió a él y lo estacionó,  procediendo   a   su   captura,   respondiendo   al   nombre   de   HEMBERT  ORLANDO  ORTEGA  OLARTE,  quien  señaló  a  otros  individuos que esperaban en la calle dentro de una camioneta  Toyota,  doble  cabina,  color  blanca,  los cuales le pagarían $200.000,oo por  sacarlo y llevarlo afuera.   

“Fue  así que  continuó  el operativo policial y cuando se aproximaban a la camioneta aludida,  observaron  igualmente un automóvil Mazda 121, color verde oscuro, ‘dentro  del  cual  se  hallaban  dos  personas,  el  conductor  de cabello mono, notoriamente pintado, y el tripulante  vestía   saco   azul,   de  tez  trigueña,  de  aproximadamente  20  años  de  edad…’,   todos  los  cuales  emprendieron  la  huida,  logrando detener la camioneta y sus ocupantes,  tratándose  de  HERNANDO  SÁNCHEZ VARON,  que  la  conducía,  JOSÉ  GUILLERMO  DÍAZ   MORENO  y  JACKSON  XAVIER   RODRÍGUEZ   CHACÓN,  comerciantes  de  San  Andresito,  llevando  en  su interior cinco llantas usadas, un gato hidráulico,  dos  cigarrillos al parecer de marihuana y un recibo de Codensa perteneciente al  apartamento     de     ORTEGA    LARTE,  el cual a su vez los condujo a su lugar de residencia, donde fue  posible  la  aprehensión  de  un  hermano suyo FABIAN  ENRIQUE  ORTEGA  OLARTE y del Patrullero NÉSTOR   ALEJANDRO   VELÁSQUEZ  ROJAS,  logrando  la  inmovilización  del automóvil Mazda 121, de placas BIW-564, y de  la     motocicleta    Yamaha    XT    600,    de    placas    JGA-99.   

“Acto  seguido  entrevistaron  al  Patrullero  de la Policía Nacional en cuestión, el cual los  llevó  hasta  su  apartamento,  donde  encontraron  distintos  uniformes  y una  granada  de  fragmentación,  así  como la motocicleta Yamaha DT 125, de placas  DNL-62A,  verificándose que la placa trasera es falsa; continuaron el operativo  policial  y  observaron  en  el lugar inicial de los acontecimientos a un sujeto  que  se  encontraba  en  la  puerta  del  parqueadero,  el  cual se acercó a la  camioneta  blanca  y  por error le preguntó a uno de los policías ‘dónde  está taladro y que pasó con  la    camioneta    que    no   la   han   sacado   del   parqueadero’,   requisándole   inmediatamente,  hallando  en  su  poder  una  pistola  calibre  32, marca Pietro Beretta, con un  proveedor  y tres cartuchos y un revólver marca Smith & Wesson, calibre 38,  seis cartuchos, sin permiso para portar.   

“Originó  el  anterior  operativo  policial  la  denuncia  N°  1279 instaurada ante la Octava  estación  de  Policía  de  Bogotá,  mediante  la cual el señor HUGO FERNANDO  VELÁSQUEZ  DURÁN  manifestó  que en la mañana del día sábado 3 de marzo de  2001,  cuando  se iba en compañía de su sobrino JORGE ENRIQUE VELÁSQUEZ, a la  altura  de  la  Avenida  Boyacá,  frente al Terminal de Transportes, en sentido  norte  sur,  en  la  camioneta Toyota Hilux 4 x 4, modelo 1999, color gris xerus  metalizado,  doble  cabina, de placas CJA-630, de su propiedad, fue interceptado  por  dos  policías  uniformados,  quienes  se  desplazaban  en una motocicleta,  obligándolos  a  ocupar  los  asientos  traseros  dizque  por  tratarse  de  un  operativo  de  la  SIJIN, llevándolos hacia Fontibón, donde les dijeron que se  trataba  de  un atraco, trasladándolos a un taxi Daewoo, pero cuando salían de  un     callejón     vio     un     automóvil    Mazda    verde    ‘con   otros   de   ellos’,  dejándolos  abandonados  cerca al  barrio   El   Tintal,   pudiendo   dar   aviso   a   las   autoridades   de   lo  ocurrido.   

“Como resultado  de  todo  lo  anterior,  el Grupo de Automotores de la Policía Metropolitana de  Bogotá,  dejó a disposición a siete (7) personas, dos (2) armas de fuego, una  (1)  granada  de  fragmentación,  cuatro  (4) vehículos inmovilizados, una (1)  camioneta  hurtada,  dos (2) teléfonos celulares, un (1) beeper, un (1) chaleco  antibalas,  un  (1)  casco de policía, un (1) uniforme camuflado del Ejército,  etcétera”.   

2.   Agotada  la  investigación,  la  Fiscalía  Ciento  Veinticuatro  Seccional  de Bogotá, el 4 de octubre de 2001,  calificó  el  mérito  del  sumario  con resolución de acusación en contra de  Hembert    Orlando    Ortega    Olarte,   Hernando   Sánchez   Varón,  José  Guillermo      Díaz      Moreno,     Jackson         Xavier        Rodríguez        Chacón,  Esteban  Alexander  Coronado  Vargas  ó  “Jorge Luis Jaramillo  Giraldo”, Fabián Enrique  Ortega   Olarte   y   Néstor   Alejandro   Velásquez  Rojas  por  los  delitos  de Hurto calificado y agravado y porte ilegal de  armas  de  fuego y, además, para el último de los mencionados, por la conducta  punible  de  falsedad  marcaria,  decisión  que  quedó  ejecutoriada  el  4 de  diciembre siguiente.    

3.   Agotado  el  juicio,  el  Juzgado  Veintitrés  Penal  del  Circuito de Bogotá, mediante sentencia del 11 de junio  de 2003, condenó a los procesados, así:   

3.1.       A      Hembert  Orlando  Ortega Olarte, Hernando  Sánchez     Varón,    José    Guillermo    Díaz  Moreno,   Jackson  Xavier  Rodríguez  Chacón, Esteban  Alexander   Coronado   Vargas   ó   “Jorge   Luis   Jaramillo   Giraldo”  y  Fabián    Enrique   Ortega   Olarte   a  la  pena  principal  de  52 meses de prisión, a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso  de  la  pena privativa de la libertad y al pago de los perjuicios,  como  coautores  de  los delitos de hurto calificado y agravado y fabricación y  tráfico de armas de fuego o municiones, y   

3.2.       A      Néstor  Alejandro  Velásquez Rojas a la  pena  principal  de 54 meses de prisión, a la accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el mismo lapso de la pena  privativa  de  la  libertad  y  al  pago  de los perjuicios, como coautor de los  delitos  de  hurto  calificado  y  agravado, fabricación y tráfico de armas de  fuego o municiones y falsedad marcaria.   

4.  Apelado el fallo por los defensores  de  los procesados, el Tribunal Superior de Bogotá, el 6 de septiembre de 2004,  lo  confirmó,  decisión  contra  la  cual uno de los citados profesionales del  derecho interpuso el recurso de casación.   

  LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

El  defensor  de los procesados    Néstor    Alejandro    Velásquez  Rojas,  Hembert  Orla|ndo  Ortega   Olarte,   José  Guillermo      Díaz      Moreno,     Fabián    Enrique    Ortega    Olarte,  Esteban   Alexander   Coronado  Vargas  ó     “Jorge     Luis    Jaramillo  Giraldo” y Jackson Xavier  Rodríguez  Chacón,  en demanda conjunta y al amparo  de  las  causales  tercera y primera de casación, presenta dos cargos contra la  sentencia  de  segunda instancia, cuyos argumentos se sintetizan de la siguiente  manera:   

Primer cargo  

Sostiene  el  libelista  que en el presente  caso  hubo conculcamiento de la ley sustancial que afectó el debido proceso, ya  que    a    los    procesados    Hembert    Orlando  Ortega,  José  Guillermo  Díaz   y  Jackson  Xavier  Rodríguez  se  les  condenó  por el delito de hurto  calificado  y agravado “cuando la prueba arrimada al  proceso   demostraba   que   ellos   no   había   participado   en   el   antes  mencionado”, siendo el delito de receptación   el que se tipificó.   

Refiere   que  el  señor  Hugo  Fernando  Velásquez  Durán,  afectado  con  la  conducta  punible, jamás señaló a los  citados  sindicados  como  las  personas que el 3 de marzo de 2001 lo despojaron  del vehículo de su propiedad.   

“la  prueba no  señala  que  sea  señalado  por  el  ofendido,  sino la prueba señala que fue  sorprendido  cuando  con  las  llaves originales de la camioneta que había sido  hurtada,  procedía  a encenderla, dijo a los policiales que le habían ofrecido  un   dinero   para  sacarla  y  entregarla.  En  lo  referente  a  los  señores  José    Guillermo    Díaz   Moreno   y  Jackson Xavier Rodríguez  que  junto  con  Hernando  Sánchez  Varón  iban  a cambiar las  llantas  a  la  camioneta  que  era  de  ilícita  procedencia,  por lo tanto su  comportamiento   era   posterior   a   la   ejecución   del   hurto”.   

Dice  que  las  pruebas  no indican que sus  defendidos  hubiesen  tenido  alguna  participación  en  el  hurto  y,  por  el  contrario,  demuestra que su actuación fue posterior a la comisión del delito,  es decir, cuando finalizó el hurto de la camioneta.   

Por  lo  tanto,  estima que no hay duda que  “hubo  trasgresión del debido proceso”,  toda  vez  que no se trató del ilícito de hurto el cometido  por  sus  representados, sino el de receptación, yerro que condujo a una errada  calificación  que,  necesariamente,  conlleva  a que el cargo deba prosperar y,  por ende, que la Corte dicte el correspondiente fallo de reemplazo.   

Segundo cargo  

Afirma  el censor que el juzgador incurrió  en  violación  de  la ley sustancial por error de hecho proveniente de un falso  raciocinio,  “ya  que  el sentenciador al apreciar  los   medios   probatorios   al  asignarle  el  mérito  persuasivo  trasgredió  ostensiblemente  los  principios  de  las reglas de la sana crítica”,  deduciendo  de  los indicios una inexistente certeza respecto  de  la  responsabilidad  de  los  procesados  Néstor  Alejandro     Velásquez    Rojas,    Hembert    Orlando   Ortega   Olarte,  José    Guillermo    Díaz    Moreno,     Fabián     Enrique    Ortega  Olarte, Esteban Alexander  Coronado  Vargas y Jackson  Xavier Rodríguez Chacón.   

Advierte que si bien el juzgador admite que  en  el presente caso no existe prueba directa, de todos modos no señala cuáles  son  los  indicios que lo llevaron a la conclusión de la responsabilidad de sus  representados.   

Estima   que   era  indiscutible  que  el  sentenciador  “tenía  que decir, por ejemplo, que  en   manos  de  Hembert  Orlando  Ortega  se  encontraron las llaves originales del automotor hurtado, que  tal     hecho     se     tiene     como     hecho     iniciante     (sic),  probado  que  se  conoce  como  indicio  de  tenencia, y en fundamento a tal indicante desarrollar las premisas,  donde  allí  opera  la  regla  de  la  experiencia,  que  las reglas de la sana  crítica,  aplicando  bien  sea máximas o mínimas, le llevan al sentenciador a  la  conclusión  de  que todos los aquí procesados forman parte de la banda que  ejecutó el hurto” (sic).   

Así, entonces, dice que la sentencia debió  fundarse    “en   las   diferentes   clases   de  razonamiento,  como  la  lógica,  y  guiarse en el número de razonamientos que  fueran    necesarios    hacer   para   llegar   a   la   conclusión”.   

“No se desconoce  por  parte  del  suscrito la relación entre el procesado y el cuerpo del delito  que  se  ha  venido  entendiendo  como  indicante de gran fuerza, pero es que el  silogismo  no  se queda sólo en el indicante, sino que hay que desarrollarlo, y  si  ese  silogismo  lo hubiese trabajado el Ad Quo como el Ad Quien (sic),  en ese evento si tiene cabida la  aplicación  de  las reglas de la sana crítica o de la experiencia o las reglas  de la lógica”.   

Asevera  que  los juzgadores no acudieron a  los  “criterios de la experiencia, ni a los aportes  de  la  ciencia,  de  las artes y las técnicas, para discutir en forma lógica,  seria y rigurosa la sentencia que hoy nos ocupa”.   

“No se cuenta en  el  presente  asunto  con prueba directa, por ende es la prueba indirecta la que  cuenta  el  mismo,  y  si  se  hace  alusión al hecho indicador, los operadores  judiciales  violaron  el proceso intelectual de la inferencia lógica, ya que se  cuenta  con  el  hecho indicante, pero como ya se dijo los operadores judiciales  no  acudieron  a los criterios de la experiencia, los aportes de la ciencia, las  artes y las técnicas”.   

Por  consiguiente,  como  los  jueces  de  instancia  violaron  las  reglas  de  la  experiencia,  lo  que  conllevó  a la  trasgresión  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error  de hecho por falso  raciocinio,  solicita  a  la  Corte  casar  el  fallo  impugnado y, en su lugar,  proferir sentencia absolutoria a favor de sus defendidos.   CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

Advierte  la  Sala  que   la   demanda   conjunta  presentada  a  nombre  de  los       procesados      Néstor   Alejandro     Velásquez     Rojas,   Hembert        Orlando       Ortega   Olarte,  José   Guillermo      Díaz      Moreno,   Fabián        Enrique        Ortega  Olarte,               Esteban     Alexander     Coronado     Vargas   ó   “Jorge   Luis    Jaramillo   Giraldo”    y   Jackson     Xavier     Rodríguez   Chacón    no    reúne    los   requisitos   de   claridad,  precisión  y  coherencia  que  para  ser  admitida  establecen las normas que regulan la casación.   

Ante todo debe reiterarse que la demanda de  casación  no  es  de libre formulación, por lo que no es procedente toda clase  de  cuestionamientos  a   una  sentencia  que por ser la culminación de un  proceso  está  amparada  por  la doble presunción de acierto y legalidad, sino  que  debe  ser  un  escrito claro, lógico y sistemático en el que, al tenor de  los  motivos  expresa y taxativamente señalados en la ley, se denuncian errores  bien  sea  de juicio o de procedimiento en que haya podido incurrir el juzgador,  procediendo     a    demostrarlos    dialécticamente    y    evidenciando    su  trascendencia.   

Tales  presupuestos no los reúne el libelo  que  ocupa  la  atención  de  la  Sala,  pues  si  bien el actor anuncia que lo  sustenta  en  las  causales tercera y primera de casación, de todos modos en su  desarrollo  no  se respetan los parámetros y las reglas técnicas que la ley ha  establecido para tales hipótesis.   

En  efecto,  en cuanto tiene que ver con el  primer cargo, el cual   fundó  en  la  nulidad,  toda  vez  que,  en  su  criterio, se violó el debido  proceso,   debe   una   vez   más  indicarse  que,  como  lo  ha  reiterado  la  jurisprudencia  de la Corte, la causal tercera como motivo para atacar, por vía  de    casación,   el   fallo   de   segunda   instancia,   en   “orden  a  la  técnica  propia  de  este  medio  extraordinario de  confrontación  de  la  legalidad de las sentencias, comporta los mismos niveles  de  exigencia  que  son  inherentes  a  las  demás  causales  dada  su especial  naturaleza,  lo  cual  significa  que de modo insoslayable debe especificarse la  causal  o motivo de nulidad concurrente, demostrando el carácter sustancial del  vicio  o  la  irregularidad  acusados  y  particularmente  la etapa o el momento  procesal  a  partir  de  la  cual  se  hace imperativa la anulación, explicando  justificativamente  las  razones por las cuales no media alternativa diversa que  la    de    invalidar   lo   actuado”.1   

En  otros  términos, la nulidad no aparece  marginada  del imperativo de claridad y precisión en cuanto a su postulación y  demostración  correspondientes,  toda  vez  que es tan exigente como las demás  dado  el  rigor predicable de la naturaleza misma de la casación, de manera tal  que  se  impone para el actor el deber de concretar la índole del vicio, sea de  estructura  o  de  garantía,  que  se  dice  afecta el proceso, en qué grado y  magnitud y desde qué actuación procesal se configura.   

Por  consiguiente, tratándose del cargo de  nulidad  la demanda no es un escrito de libre confección, toda vez que también  debe ajustarse a los presupuestos formales para su admisibilidad.   

De  igual  manera,  en   virtud    del    principio    de    trascendencia   que  gobierna   la  declaratoria  de  nulidad,  según   la   cual,   no   basta  con denunciar irregularidades o que  éstas  efectivamente se presenten en el proceso, sino que se hace indispensable  demostrar  que  aquellas  inciden  de  manera  concreta  en  el quebranto de los  derechos  de  los  sujetos   procesales,  se  hace  necesario  que el actor  evidencie  un  perjuicio con el  yerro in procedendo denunciado, pues, caso  contrario,  la  Corte,  por  razón  del principio de limitación, no puede  entrar a complementar al censor.   

De otra parte, olvida el actor que cuando la  censura  se  centra  en  la  errónea  adecuación  típica  de  la conducta, la  jurisprudencia  de  la  Corte  ha  sostenido  que  si  la calificación correcta  presupone  la variación del nomen iuris genérico que presidió la imputación,  el  cargo  debe  plantearse  bajo  los  presupuestos  de  la causal tercera, por  trasgresión  del  debido  proceso,  pero desarrollarse siguiendo los derroteros  técnicos propios de la causal primera.   

Contrario  sensu,  si el yerro no afecta el  nombre  genérico de la conducta, sino el específico, el ataque debe perfilarse  por   la   causal   primera,   bien  por  la  violación  directa,  ora  por  la  indirecta,   según  el  error  tenga  origen  en  el  campo  estrictamente  jurídico,  o  se  genere  por  errores  en  la  apreciación  de  los medios de  convicción,  evento  éste  último que impone por parte del libelista precisar  los  errores  de  hecho  o  de  derecho  cometidos, evidenciarlos y demostrar su  trascendencia.   

“En cualquiera  de  las  dos  hipótesis,  el  casacionista debe cumplir al menos las siguientes  exigencias:  (1)  exponer  las razones por las cuales el tipo penal seleccionado  no  es  el  llamado  a  regular  el  caso,  (2)  señalar  la  norma  que recoge  típicamente  la  conducta  investigada, (3) expresar las razones por las cuales  la  calificación  correcta  es la que el actor propone, y (4) indicar de manera  clara  y  precisa  los  errores de orden jurídico o de carácter probatorio que  viciaron  el  proceso  de  subsunción”.2   

Como bien puede apreciarse, el demandante no  cumplió  ninguno  de  los  anteriores  parámetros,  pues, fundado en la causal  tercera  de  casación,  simplemente se limitó a dar por sentado que los hechos  imputados   a   sus   defendidos   Hembert  Orlando  Ortega,  José Guillermo  Díaz  y  Jackson Xavier  Rodríguez   son   constitutivos   del   delito  de  receptación   y   no   de   hurto,   dejando   así   la   censura  carente  de  demostración.   

En    otros   términos,   denunciando     la     presunta     violación     del   debido   proceso  por  una  supuesta errónea calificación jurídica de la  conducta  investigada,  el actor no hizo esfuerzo alguno por ilustrar a la Corte  si  dicho error se generó dentro del ámbito estrictamente jurídico, es decir,  por  una  equivocada  hermenéutica  de  las  normas  sustanciales,  las cuales,  además,  no  menciona,  o  por  una  incorrecta  apreciación  de los medios de  convicción,  limitándose,  en  su  lugar,  a emitir personales opiniones tales  como  que  el  denunciante  “jamás señaló a los  procesados  como  las  personas  que  lo  despojaron de su vehículo”,  o  que  la  “evidencia  que se  allegó   al  plenario  no  señala  ninguna  coparticipación  de  Hembert  Orlando  Ortega, José  Guillermo  Díaz  y Jackson  Xavier  Rodríguez,  sino que  esa  misma  prueba  demuestra  que  hubo  actuación  de  éstos después de que  finalizó el hurto de la camionetas”.   

Ahora  bien,  si se entendiese  que finalmente la censura la postuló bajo los lineamientos de la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, por cuanto que, como anteriormente  se  vio,  discute  asuntos  relacionados  con  la  apreciación de los medios de  prueba,  de todos modos no señaló la clase de error, esto es, si de hecho o de  derecho,  ni  el  falso  juicio  que  lo determinó, es decir, de existencia, de  identidad  o  de  raciocinio,  en  cuanto  al  primero,  o  de  legalidad  o  de  convicción, en lo atinente al segundo.   

Así  las  cosas,  se  observa  que  en la  formulación  de  la censura hay inseguridad y confusión, poniendo en evidencia  la falta de claridad y precisión para su admisibilidad.   

En   lo   que  respecta  al  segundo   cargo,   se   hace  necesario  recordarle  al  actor que en tratándose del error de hecho por falso raciocinio  la  jurisprudencia  de  la  Corte,  de  manera reiterada, ha precisado que si el  reproche  se centra en el desconocimiento de los postulados de la sana crítica,  el  censor  debe  indicar  sobre  cuáles pruebas recayó el error, qué dice de  manera  objetiva  el  medio  de  convicción, cuál fue la inferencia que de él  dedujo  el  juzgador,  cuál mérito persuasivo le fue otorgado, cuál postulado  de  la  lógica,  de  la  ciencia  o  máxima de la experiencia fue desconocida,  especificando  cuál  es  el aporte científico correcto, la regla de la lógica  apropiada,  la máxima de la experiencia que debió tomarse en consideración y,  finalmente,  demostrar  la  trascendencia del yerro, indicando cuál debe ser la  apreciación  correcta  de  la prueba o pruebas que cuestiona y que habría dado  lugar  a  proferir  un fallo sustancialmente distinto y opuesto al que es objeto  de  censura,  para  lo  cual  se  impone  al  demandante  el deber de abordar la  demostración  de  cómo  habría  de  corregirse el error probatorio que acusa,  modificando  tanto  el  supuesto  fáctico  como  la  parte  dispositiva  de  la  sentencia,  labor  que  comprende  un  nuevo  análisis  del  acervo probatorio,  apreciando  las  pruebas acorde con las reglas de la sana crítica y respecto de  las  cuales  se  transgredieron  lo citados postulados, sin dejar pasar por alto  que  dicha  valoración debe realizarse de manera conjunta y mancomunada con los  demás  medios probatorios respecto de los cuales no recae censura alguna y, por  lo mismo, se acepta su correcta apreciación.   

Así  mismo,   cuando   de   la     prueba    indiciaria    se    trata,    la   Corte  ha  dicho:   

“…el  censor  debe  informar  si  la  equivocación  se  cometió respecto de los medios   demostrativos   de  los  hechos  indicadores,  la   inferencia   lógica  ,  o  en  el proceso  de  valoración   conjunta     al     apreciar     su     articulación,   convergencia   y   concordancia   de  los  varios   indicios   entre   sí,  y  entre  éstos  y   las    restantes    pruebas,    para   llegar   a   una         conclusión         fáctica       desacertada.   

“De manera que  si   el   error  radica  en  la  apreciación  del  hecho  indicador,  dado  que  necesariamente  éste  ha  de  acreditarse  con  otro  medio  de  prueba  de los  legalmente  establecidos,  necesario resulta postular si el yerro fue de hecho o  de  derecho,  a  qué expresión corresponde, y cómo alcanza demostración para  el caso.   

“Y si el error  se  ubica  en el proceso de inferencia lógica, ello supone partir de aceptar la  validez  del  medio  con  el  que se acredita el hecho indicador, y demostrar al  tiempo  que  el  juzgador  en  la  labor  de asignación del mérito suasorio se  apartó  de  las  leyes de la ciencia, los principios de la lógica o las reglas  de  experiencia,  haciendo  evidente  en  qué  consiste  y cual es la operancia  correcta   de   cada   uno   de   ellos,   y   cómo   en   concreto   esto   es  desconocido.   

“Si   lo    pretendido    es    denunciar    error   de   hecho   por   falso   juicio   de  existencia  de   un   indicio   o   un   conjunto  de  ellos,   lo   primero   que   debe  acreditar  el  censor es la existencia  material  en el proceso de medio con el cual se evidencia el hecho indicador, la  validez   de   su  aducción,  qué  se  establece  de  él,  cuál  mérito  le  corresponde,  y  luego  de realizar el proceso de inferencia lógica a partir de  tener  acreditado el hecho base, exponer el indicio que se estructura sobre él,  el   valor   correspondiente   siguiendo   las   reglas  de  experiencia,  y  su  articulación  y  convergencia  con  los  otros  indicios  o  medios  de  prueba  directos.   

“Además, dada  la  naturaleza  de  este medio de prueba, si el yerro se presenta en la labor de  análisis  de  la  convergencia  y congruencia entre los distintos indicios y de  éstos  con  los  demás  medios,  o  al  asignar  la  fuerza demostrativa en su  valoración  conjunta,  es  aspecto  que  no  puede  dejarse  de  precisar en la  demanda,  concretando  el  tipo de error cometido, demostrando que la inferencia  realizada  por  el  juzgador  transgrede  los  postulados de la sana crítica, y  acreditando  que  la  apreciación  probatoria  que  se propone en su reemplazo,  permite   llegar  a  conclusión  diversa  de  aquella  a  la  que  arribara  el  sentenciador,  pues no trata la casación de dar lugar a anteponer el particular  punto  de vista del actor al del fallador, ya que en dicha eventualidad primará  siempre   éste,  en  cuanto  la  sentencia  se  halla  amparada  por  la  doble  presunción  de  acierto y legalidad, siendo carga del demandante desvirtuar con  la  demostración  concreta  de  haberse  incurrido  en errores determinantes de  violación       en       la      declaración      del      derecho.   

“Es  en  este  sentido   que   el   demandante   debe  indicar  en  qué  momento  de  la   construcción  indiciaria  se  produce,  si  en  el  hecho  indicador  o  en  la  inferencia   por  violar las reglas de la sana crítica, para lo cual ha de  señalar  qué  en   concreto  el  medio  demostrativo del hecho indicador,  cómo   hizo   la   inferencia   el   juzgador,   en   qué   consistió    el    yerro,   y   qué  grado   de   trascendencia       tuvo       éste       por      su   repercusión     en    la    parte   resolutiva    del   fallo”.3   

Planteadas  así las cosas, surge claro que  el  demandante  no agotó los ineludibles presupuestos en precedencia indicados,  dejando  la  censura  sin  la necesaria demostración y, por lo mismo, el debido  agotamiento.   

En efecto, si bien es cierto que, apoyado en  el  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  acusa  al  sentenciador  de haber  transgredido  las reglas de la sana crítica en el proceso de apreciación de la  prueba  indiciaria,  de  todos  modos no precisó, como era su deber, los medios  indiciarios  sobre los cuales recayó el yerro, ni especificó si éste incidió  sobre  el  hecho indicador o la inferencia lógica, ni el mérito persuasivo que  el  sentenciador  supuestamente le otorgó al mismo, ni preciso cuál debió ser  la  valoración  correcta,  ni  correlacionó  ésta  con  los  restantes medios  probatorios  sobre  los  cuales el juzgador obtuvo el grado necesario de certeza  para  condenar  a  los  procesados  Néstor Alejandro  Velásquez        Rojas,      Hembert    Orlando   Ortega   Olarte,  José    Guillermo    Díaz    Moreno,     Fabián   Enrique   Ortega  Olarte, Esteban Alexander  Coronado     Vargas    ó     “Jorge   Luis  Jaramillo  Giraldo”  y  Jackson   Xavier   Rodríguez   Chacón,  elementos  de  juicio  que  el actor no reprochó y, menos aún,  mencionó.   

En fin, la labor demostrativa de la censura  la  centró  en  imponer  su  personal  valoración  de  los elementos de juicio  obrantes  en  el  proceso, concluyendo que sus defendidos no son responsables de  las  conductas  punibles  imputadas,  desconociendo  que la simple disparidad de  criterios  no  constituye  error  demandable  en  casación,  toda  vez  que  el  juzgador,  dentro  del  método  de  persuasión racional, goza de libertad para  apreciar  las pruebas válidamente allegadas a la actuación, sólo militado por  las  reglas  que  estructuran  la sana crítica, sin que, en este caso, el actor  haya   demostrado   cómo   éstas   fueron  apreciadas  desconociéndose  tales  reglas.   

Por  consiguiente,  al no reunir la demanda  los presupuestos de claridad y precisión, la Corte la inadmitirá.   

Finalmente,  cabe  señalar  que el estudio  detenido  del  expediente permite a la Sala concluir que no procede la casación  oficiosa  por  cuanto no se percibe ninguna causal de nulidad ni vulneración de  derechos fundamentales.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE     SUPREMA    DE    JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR  la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   NÉSTOR  ALEJANDRO  VELÁSQUEZ  ROJAS,  HEMBERT    ORLANDO    ORTEGA    OLARTE,     JOSÉ     GUILLERMO     DÍAZ  MORENO,  FABIÁN ENRIQUE  ORTEGA  OLARTE,  ESTEBAN  ALEXANDER   CORONADO   VARGAS   ó  “JORGE   LUIS  JARAMILLO  GIRALDO”  y  JACKSON   XAVIER   RODRÍGUEZ   CHACÓN.  En  consecuencia, se declara desierto el recurso extraordinario  de casación interpuesto.   

Contra  esta  decisión no procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                        ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN                             MARINA    PULIDO    DE  BARÓN           

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                               YESID     RAMÍREZ  BASTIDAS           

JAVIER    ZAPATA    ORTIZ                                                     TERESA RUIZ NUÑEZ   

                                                                                            Secretaria     

1  Ver, entre otros, auto del 11 de febrero de 2004, rad. 20046.   

2 Ver  casaciones  23713  del  13  de  julio  de  2005  y  24779  del  28 de febrero de  2006.   

3 Ver  casaciones  12062  del  2  de agosto de 2001; 14535 del 30 de noviembre de 1999;  11135 del 26 de noviembre de 2003 y 21044 del 19 de enero de 2005.     

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