25636(26-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25636  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado  Acta  No.  181   

Bogotá, D.C., veintiséis (26) de septiembre  de dos mil siete (2007)   

DECISIÓN  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  requisitos  formales que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda de  casación  presentada  por  el  defensor  de FRANCISCO  JOSÉ  VALIENTE  JIMÉNEZ,  contra el fallo del 30 de  enero  de  2006, mediante el cual el Tribunal Superior  Militar,    confirmó  la   sentencia   expedida   por   el   Juez  de Primera Instancia de la Fuerza Naval  de Cartagena de  Indias, el  13 de octubre de 2005.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Mediante orden  del  día  número  003  del Comando Base Naval ARC Bolivar, entre el 9 al 13 de  enero  de  2004,  fue  designado  para  prestar  servicio de guardia  en la  Estación  Naval  de  Tierra  Bomba,  el  S3AMS   FRANCISCO  JOSÉ  VALIENTE  JIMÉNEZ. Período dentro  del  cual  se ausentó por una hora de las instalaciones referidas en un camión  C-30,  de  placa  militar  4-4817,  que  se  encontraba  de  servicio,  llevando  materiales  que  había  adquirido;  desplazándose  con tres infantes de marina  hasta   Caño   del   Oro  e  informando  que  el  S/A  estaba  enterado  de  su  actuar.   

2. La Fiscalía     Sexta     Penal    ante    el    Tribunal    Superior  Militar,  el  22  de  abril  de  2005,  confirmó  la  resolución  de acusación proferida por la Fiscalía de primera instancia el 28  de  febrero  de  2005, por los delitos de peculado por  uso   y   abandono  del  cargo,  contra  VALIENTE JIMÉNEZ.   

El  Juzgado  de  Primera    Instancia    de    la   Fuerza   Naval   del   Caribe,   condenó  al  suboficial  FRANCISCO JOSÉ VALIENTE JIMÉNEZ, como  autor  responsable de los punibles de peculado por uso  (artículo   398   Código  Penal)  en  concurso  con  abandono  del  puesto  (artículo  124  Código Penal  Militar),  a la pena principal de dieciocho (18) meses  de  prisión,  inhabilitación  de  derechos  y  funciones públicas por el mimo  lapso y la separación absoluta de las Fuerzas Miliares.   

Contra la decisión del Juez interpuso   recurso  de  apelación  la  defensa  técnica; alzada que fue resuelta mediante  sentencia    expedida    por    el    Tribunal    Militar,    al    confirmar   la   sentencia   recurrida.   

El  defensor  de  FRANCISCO   JOSÉ   VALIENTE  JIMÉNEZ,  presentó  y  sustentó el recurso de casación.   

RESUMEN DE LA DEMANDA  

Asegura el actor que no existe prueba de la  existencia  de  los  delitos,  que  los  infantes  no  ostentan  la  calidad  de  investigadores  por  ello  la operación fue arbitraria e inexistente; que en el  plenario  no  existe certificado de representación legal de la firma Proasercon  Ltda.,  que la comunidad militar pretermitió la conducta de su prohijado porque  no cumplieron con las consignas de la guardia.   

Por  tanto,  invocó la causal “primera    de    excepcionalidad   de   casación”  del  artículo  368  del  Código  Penal  Militar;  alegando  que  “la sentencia fue confirmada sin tener en cuenta el  principio  de  razonabilidad  que en forma reiterada a dictado la corte y que ha  servido   de   enseñanza   en   el   caso  del   delito  de  peculado  por  uso”   

Para   constatar  sus  planeamientos,  el  libelista  trae  a  colación  los  elementos  del  peculado  por uso, habla del  servidor  público,  informa que el vehículo se lo entregaron para una pequeña  reparación,  que  él no era el encargado de custodiar o administrar el camión  y  que  no  tenía  esas  funciones.  Que  el  uso de tal vehículo en el que se  transportaron  materiales  no sabe a qué persona pertenece, que su representado  sólo  utilizó  cuarenta  minutos  del  referido automotor, es decir, -agregó-  “le  dio un uso razonable de corto tiempo, frente a  esas  consideraciones  la  jurisprudencia  de  la  corte  se  ha  pronunciado al  expresar  que  no  existe  dicho  delito  cuando  el uso que se le da al bien de  estado es razonable… con base al principio de razonabilidad”.   

Por ello los funcionarios del Estado le dan  un  uso  razonable  a los abonados telefónicos, entre otros bienes; entendiendo  el  libelista que el Tribunal condenó a su prohijado porque trasportó material  de  construcción  ajeno,  conducta  típica  diferente  al  peculado  por  uso.   

Tampoco  existe  delito  de  abandono  del  puesto,    teniendo    en    cuenta   que   VALIENTE  JIMÉNEZ  era  motorista  para  el mantenimiento y la  reparación  de  vehículos,  más  no  guardia   armada:  ingrediente  que  requiere la norma que para consumar tal ilícito.   

Sostiene  que  invoca  la causal segunda de  casación  contenida  en  el  “artículo  29  de la  constitución  política…  cuando  la  sentencia  se  ha  dictado en un juicio  desconociendo el principio de debido proceso.   

Puntualiza    que   se   pretermitieron  formalidades  procesales,  que las pruebas que se recogen en la actuación penal  tienen  un  fundamento de “probalidad”  como  una posibilidad que se haya infringido la ley; entonces esa  probalidad  al  demostrar  o  no  la existencia de los delitos vulnera el debido  proceso  al  no  haberse  decretado  las  pruebas  pedidas por la defensa, al no  poderse  controvertir  las que aparecen contra el sentenciado. Por tanto, “…  sin  pruebas  el  sindicado  no  tiene  éxito…  la  certeza   viene   siendo   la   persuasión   de   la   verdad…”  como  le negaron las pruebas le prohibieron conocer la certeza de  los hechos.   

Concluye   el   actor   que  “frente    a    las    anteriores   razones   y   consideraciones  jurídicas”  se  case  a  favor  de su prohijado el  fallo.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

La censura presentada a favor de  FRANCISCO  JOSÉ  VALIENTE JIMÉNEZ, no  reúne   los   mínimos   presupuestos  de  coherencia  y  lógica-argumentativa  puntualizados  por la jurisprudencia para admitir la demanda. Propone como punto  de  partida  para  lograr  la  infirmación  del fallo de segundo nivel, la vía  excepcional,  fundamentada en las normas contenidas en el Código Penal Militar,  por  violación del principio de razonabilidad; en su desarrollo, presentación,  argumentación  y  demostración  incurre en graves fallas que atentan contra la  filosofía que inspira el recurso extraordinario.   

No es un escrito de libre confección con el  que  se pretenda derrumbar la doble presunción de acierto y legalidad que viene  unida  los  fallos,  tampoco  es  una  adición  de  una  multiplicidad de ideas  hipotéticas  en  búscaqueda  de  un  fin  jurídico subjetivo para asegurar la  demostración    de    la    causal   alegada.    

La  censura  se  sustentó  en  afirmaciones  confusas,   enmarañadas   e   insustanciales,   por   las  siguientes  razones:   

Primera:   se  justifica   la   casación  discrecional  en  la  medida que se debe fundamentar su ataque con el objeto de  demostrarle  a  la  Sala,  uno  de  los  siguientes  motivos,  para acceder a su  estudio:   1)  buscar  el  restablecimiento  de  una  garantía de derecho fundamental, que en criterio del  libelista,    fue   trasgredida   por   los   falladores,   y  2)   perseguir   el   desarrollo  de  la  jurisprudencia.   

Exigencia  que  prevé confeccionar en forma  clara,  precisa  y consecuente con el historial procesal, uno de los dos motivos  seleccionados  o  ambos si se presenta el caso, a fin de  argumentar el por  qué  la  Sala   debe  intervenir  en  un asunto en el que no concurren los  presupuestos básicos para la casación ordinaria.     

Si  la  casación  discrecional  busca  un  pronunciamiento para aclarar  situaciones  jurídicas  confusas, oscuras e ininteligibles es indispensable que  se  centre  la propuesta discrecional en i)  la unificación hermenéutica de criterios contrapuestos sobre un  mismo    tema,   ii)   la  actualización   de   la   doctrina,  iii)  o  el desarrollo de una nueva concepción normativa; con un doble  propósito:  primero,  argumentar  la  necesidad  y  utilidad  de  la  solución  propuesta  y,  segundo,  de qué manera podría servir de parámetro rector a la  actividad judicial.    

Pero  ahí  no cesa el ejercicio intelectual  del     demandante,     es     imperativo,    en    consecuencia    –una    vez    superados    los  presupuestos  anteriores-  desarrollar cada cargo como si fuese una casación  común,  es  decir,  con  las  exigencias  lógico-jurídicas  que  imponen  una  adecuada censura, la que debe  condensar los errores de juicio o de actividad.   

Segunda:  auspiciando  una  misión  pedagógica  la Sala precisará algunas falencias del  libelo,  indicando  -en  principio-  que el postulado de autonomía de casación  fue  desconocido  en  su  integridad,  al  mezclar  unas causales con otras, por  ejemplo,    anunció    que   el   “principio   de  razonabilidad”  en el delito de peculado por uso es  el  que  se  debe  aplicar,  aduciendo el actor para complementar la motivación  violaciones  al  debido  proceso,  al  principio de investigación integral y al  contradictorio.   

Tercera: el ataque  lo  estaba  realizando por vía directa, al discriminar los elementos normativos  del  tipo  penal  de peculado por uso, no obstante, termina valorando los medios  probatorios  en  conexión  a  su propio criterio, reorganizando, inclusive, los  hechos  a  su  acomodo; cuestión, desde luego, prohibida en casación, toda vez  que  el recurso no es una nueva e ilimitada instancia donde se puede extender el  discurso a limites insustanciales.    

Cuarta: tal es su  confusión,  que  remata  el  cargo afirmando que se vulneró el debido proceso,  sin  que  hubiese  realizado  algún  ejercicio  jurídico  e  intelectual  para  demostrarlo, sólo se quedó con el enunciado.     

Quinta: el actor en  esencia  afirmó que no había prueba para condenar y que no logró controvertir  las  pruebas  incriminatorias,  con lo cual, se inmiscuye en una combinación de  teorías,  causales  y  cargos que se excluyen entre sí, al no haber sido   sustentados  en capítulos diversos, todo lo cual, bajo el imperio del principio  de  limitación,  la  Sala  no  puede  entrar  a  subsanar  ese  manojo de ideas  deshilvanadas   para   resolver   de   fondo,   porque   el   desatino   en   la  lógica-argumentativa es abrumador.   

Sexta: por último,  el     principio    de    trascendencia  fue olvidado por el demandante, el cual es vital a fin de derruir  los yerros conculcados en instancias.   

Se  verifica,  entonces,  que  el  libelista  presenta  una  alegación  producto  de  su  propia percepción del derecho, los  hechos  y  las  pruebas  contra  lo  afirmado por el Juez Colegiado, sin ninguna  prevalencia  en la lógica-jurídica requerida para sustentar la demanda, con lo  cual  todas sus pretensiones se alejan de la filosofía que inspira el instituto  casacional.   

La   sumatoria  de  defectos  sustanciales  enunciados   atrás  no  le  dejan  otro  camino  a  la  Sala  que  inadmitir   la   demanda  de  casación,  presentada   a  favor  de  FRANCISCO  JOSÉ  VALIENTE  JIMÉNEZ,  de  conformidad  con  lo preceptuado en el  artículo  213  de la Ley 600 de 2000; sin olvidar que, estudiado el proceso, no  se   percibe  en  su  contexto,  que  se  hubiese  violentado  alguna  garantía  fundamental  que  amerite  el facultativo ejercicio de la oficiosidad, en virtud  de   los   dispuesto   en  el  artículo  216  de  la  misma  obra  instrumental  citada.   

Con   fundamento   en   lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema de  Justicia,   

RESUELVE   

Primero:  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  FRANCISCO JOSÉ  VALIENTE     JIMÉNEZ.   

Segundo:  Contra  la  presente  providencia  no procede recurso  alguno.   

         Cópiese,                 comuníquese,                cúmplase.   

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

Cita medica  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ           MARÍA DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                       

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN             JORGE LUIS  QUINTERO    MILANÉS                      

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

         

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                 JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

         Secretaria   

    

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