25565(08-06-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  25565   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 055.  

Bogotá D.C., junio ocho (8) de dos mil seis  (2006).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  en  punto  de  la  admisibilidad  formal  del  libelo  de  casación presentado por el defensor del  acusado  EDWIN  JAVIER  SALAMANCA RESTREPO,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal   Superior  de  Pereira  el  31  de  enero  del  año  que  transcurre,  confirmatoria  de  la  dictada  por  el Juzgado Tercero Penal del Circuito de la  misma  ciudad  el  29 de noviembre del referido año, por cuyo medio lo condenó  como   autor  penalmente  responsable  del  concurso  de  delitos  de  tentativa  homicidio,   homicidio   agravado   y   porte   ilegal   de   arma   de  defensa  personal.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los hechos que motivaron esta investigación  fueron   adecuadamente   sintetizados   por   el   ad  quem, en los siguientes términos:   

“En  el  sector  Intermedio  de  Villa Santana en esta capital (Pereira,  se  precisa), siendo aproximadamente las 9:00p.m., del  día   veintidós   (22)   de   enero  del  año  próximo  pasado  (2005,   se   aclara),   se   encontraron  departiendo  en  vía pública los hermanos GLADYS ELENA y JOSÉ JESÚS CARVAJAL  GARCÍA,  DERLY  YURANI  GRAJALES  HOLGUÍN  y  el joven JHONATAN ENRIQUE TORRES  CORREA,  de  16  años  de  edad,  de  quien se dice tenía trastornos mentales,  momento  en  el cual fueron agredidos por tres (3) sujetos que portaban armas de  fuego,  a consecuencia de lo cual JOSÉ JESÚS y JHONATAN resultaron lesionados,  el último de los cuales falleció.   

Desde un comienzo, el señalamiento de parte  de  los  ofendidos  se  dirigió  hacia sujetos residentes en el sector de Villa  Santana  apodados  RATÓN, NELSON y GASPARÍN, quienes fueron identificados como  EDWIN  JAVIER  SALAMANCA  RESTREPO,  JHONATAN  ALEXANDER JARAMILLO POSADA y JOHN  JAIRO   MUÑOZ   MARÍN,  respectivamente.   Se  supo,  que  MUÑOZ  MARÍN  (Gasparín)    falleció    en    forma    violenta    por    el    sector    de  Corocito”.   

Legalizada   la  captura  de  SALAMANCA    RESTREPO    y   JARAMILLO  POSADA  ante  el  Juez  Tercero  Penal  Municipal con funciones de Control de Garantías de Pereira, la Fiscalía  le  formuló  imputación  en audiencia por la comisión del concurso de delitos  de  tentativa  homicidio  en la persona de José Jesús  Carvajal  García, homicidio agravado a título de dolo  eventual   en   el   menor   Jhonatan  Enrique  Torres  Correa  y  porte  ilegal  de armas de fuego de defensa  personal,  a  la  vez que solicitó le fuera impuesta medida de aseguramiento de  detención  preventiva  de  su  libertad.  Los   imputados no aceptaron los  cargos     formulados.                     

Acto  seguido,  el   Juez de Control de  Garantías   les  impuso  medida  de  aseguramiento  consistente  en  detención  preventiva.   

Luego,  la  Fiscalía  presentó  escrito de  acusación  contra  los  incriminados.  Posteriormente, el Juzgado Tercero Penal  del  Circuito  de  Pereira  realizó  las  respectivas audiencias de acusación,  preparatoria  y  la  del  juicio  oral,  para finalmente proferir fallo el 29 de  noviembre  de  la  misma  anualidad, por cuyo medio condenó a los acusados a la  pena  principal  de  cuatrocientos  catorce  (414)  meses  de  prisión  y  a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  diez  (10)  años,  como  coautores  penalmente responsables del  concurso  de  delitos por los cuales fueron acusados. En la misma decisión, les  negó  el  subrogado penal de la condena de ejecución condicional, así como la  prisión domiciliaria.   

          Impugnada  la  sentencia  por  los  defensores de los procesados, el  Tribunal  Superior  de  Pereira  la  confirmó mediante fallo del 31 de enero de  2005,  decisión  que  ahora  es  objeto del recurso extraordinario de casación  interpuesto  exclusivamente  por  el  defensor de EDWIN  JAVIER SALAMANCA RESTREPO.   

LA DEMANDA  

El    defensor   del   procesado    SALAMANCA   RESTREPO  formula dos reproches contra el fallo de  segundo  grado;  el  primero,  invocando la causal prevista en el artículo 181,  numeral  3°,  de  la  Ley 906 de 2004, al estimar que la sentencia impugnada es  violatoria  de  manera  indirecta  de la ley sustancial y, el segundo, arguyendo  violación directa de la ley sustancial.   

Con   el   fin   de   evitar  repeticiones  innecesarias,  metodológicamente  se  optará  en el aparte siguiente por hacer  referencia  separada  a  cada  uno  de los cargos presentados por la defensa y a  realizar, acto seguido, su correspondiente estudio formal.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

No  obstante que la Sala ha precisado que en  la  Ley  906  de  2004  no  se  distingue entre recurso de casación por la vía  común  y  por  la  discrecional,  al  eliminar  la  exigencia  del quantum  de  pena del delito por el que se  procede  para  acceder  a  tal  impugnación,  también lo es que corresponde al  demandante  acreditar  la afectación de derechos o garantías fundamentales, lo  cual   le  impone  contar  con  interés  para  impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar  los  cargos  de  sustentación  del  recurso  y  demostrar  que  es  necesario  el  fallo  de casación para cumplir alguno de los fines establecidos  por  el  legislador  en  el  artículo  180  de la referida normatividad para la  mencionada  impugnación,  esto  es,  la  efectividad  del  derecho material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  sufridos   por   estos   y  la  unificación  de  la  jurisprudencia1.   

         Además,  se  tiene  que de acuerdo con la  preceptiva  del  artículo  184  de la Ley 906 de 2004, no será seleccionado el  libelo  de  casación  cuando  el  demandante carezca de interés, no señale la  causal,  no  desarrolle  adecuadamente  los  cargos de sustentación o cuando se  advierta  que  no  es necesario el fallo para cumplir algunas de las finalidades  del recurso.   

Una   vez   clarificado  lo  anterior,  se  abordarán   las   censuras  postuladas  por  el  impugnante,  de  la  siguiente  manera:   

1.            Primer   cargo   (principal).   Violación  indirecta de la ley sustancial.   

Aduce  el  censor  que se incurrió en esta  causal,  por   “APLICACIÓN  INDEBIDA  DE  LOS  ARTÍCULOS  27,  28, 103, 104.7 Y 365 DEL CODIGO PENAL, LO CUAL SE PRODUJO TANTO  POR   ERRORES  DE  HECHO  (CONSISTENTE  EN  FALSOS  JUICIOS  DE  EXISTENCIA  POR  SUPOSICIÓN   Y   ADEMÁS   POR   EXCLUSIÓN),   COMO  POR  ERRORES  DE  DERECHO  (CONSISTENTES  EN  FALSOS  JUICIOS  DE      LEGALIDAD Y  FALSOS  JUICIOS  DE  CONVICCIÓN), LO QUE  A SU TURNO CONDUJO A LA FALTA DE  APLICACIÓN    DE    LOS    ARTÍCULOS    7°,    8    LITERALES    ‘j        y        k’, 15, 16, 17, 377, 378, 379, 381, 437  y 438 DE LA LEY 906 DE 2004”.   

En  orden a exponer los errores anunciados,  sostiene  el  demandante  que  es preciso tener en cuenta dos momentos dentro de  este  proceso.   El  primero,  la  investigación  que realizó la policía  judicial  antes  de  la  formulación de la imputación y, el segundo, el debate  probatorio  del  juicio oral y público “cada uno de  los  cuales produce unas consecuencias precisas y contiene un valor diferente en  términos    de   fundamentar   en   ellos   decisión   judicial”.   

En  la  primera  fase  aludida, destaca, de  acuerdo   con   el   programa  metodológico  de  la  Fiscalía  se  practicaron  entrevistas  a  los  testigos víctimas, quienes aportaron información por vía  de  reconocimientos  fotográficos,  la  cual  sirvió  para  identificar  a los  posibles  autores  o  partícipes  de  las  conductas  investigadas y luego para  expedir  en  su  contra  órdenes  de  captura,  formularles la imputación y la  medida  de  aseguramiento.   En la segunda etapa, por su parte, se obtienen  las    pruebas    con    las   que   “se      podría     fundamentar     la     sentencia”.   

Lo  anterior  le  permite  colegir  que  la  realidad  procesal  que  se vivió en este caso hasta el momento de la audiencia  preparatoria  es muy diferente a la verdad que fluye en el debate probatorio del  juicio,  en  donde  cambió  el sentido de las sindicaciones que en contra de su  defendido  efectuaron  las  personas  que  aparecían como testigos y víctimas,  pues  resultaron  ser  mentirosas,  al  ser  motivadas  por  un  sentimiento  de  venganza.   

Pero, agrega, tanto las retractaciones, como  las  pruebas  que  las corroboran, fueron excluidas del juicio del fallador, por  lo  que  la  actitud  de  sentenciar con base en las diligencias practicadas por  Policía  Judicial  antes de la formulación de la imputación, condujo a que se  incurriera  en  los yerros que formula en este acápite.       

En  primer  lugar, refiere a los errores de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia  por  suposición,  e indica que tales  consistieron  en  que  se  le  otorgó  el valor de testimonios a la diligencias  llevadas  a  cabo  por  la  Policía  Judicial,  esto  es,  a las entrevistas de  José  de  Jesús  Carvajal  García,  Gladis  Elena  Carvajal  García  y  Derly  Yurani  Grajales  Holguín, las cuales se consignaron  en   acta   escrita   y  en  cinta  magnetofónica,  así  como  a  lo  álbumes  fotográficos  que permitieron el reconocimiento de los tres supuestos agresores  identificados   con   los  alias  de  Ratón,  Nelson  y  Gasparín  y  a  la  propia  diligencia  de  reconocimiento  fotográfico,  no  obstante  que,  de conformidad con lo previsto en los artículos 205 y 206 de la  Ley   906  de  2004,  tan  sólo  están  previstas  y  autorizadas  como  actos  urgentes.   

Tales   versiones,   afirma,   tienen  la  connotación  de  simple información para la Fiscalía con el objeto de definir  su  actividad  posterior,  así  como para diseñar su programa de expectativas,  mas  no de testimonios o de declaraciones, como se señala equivocadamente en la  sentencia,  porque  respecto  de  ellas  no  ha existido la menor posibilidad de  contradicción, inmediación o controversia.   

A   renglón   seguido,  señala  que  de  conformidad  con  el  artículo  16  del estatuto procesal penal, sólo adquiere  condición  de  prueba  la  producida  o  incorporada  en  forma pública, oral,  concentrada   y   sujeta   a   contradicción  ante  el  juez  de  conocimiento,  características   que   no   revisten   las  entrevistas  realizadas  ante  los  funcionarios  de  Policía Judicial, pues con ello lo que se pretende es revivir  el  principio del procedimiento mixto relativo a la permanencia de la prueba, de  conformidad,  además,  con  lo  expuesto  por  la  Corte  Constitucional en las  sentencias  C-973  y  C-591  de  2005,  al  aclarar cuál es el real alcance del  trabajo  investigativo  desplegado  por  la  Fiscalía  en  las fases previas al  juicio oral.   

A  juicio  del  censor,  considerar  como  testimonios  los  elementos  referidos  “implica dar  por  existente  algo  que no está”, lo cual da vida  al  falso juicio de existencia por suposición que propone, como así se infiere  del  desarrollo  de la audiencia de juicio oral (minuto 4:26) y de la de lectura  del fallo (20:53).   

En  segundo  lugar,  refiere  a  los falsos  juicios  de  existencia  por exclusión, comenzando por señalar que el punto en  discusión  se  centra  en  establecer  si  SALAMANCA  RESTREPO   fue   o   no  uno  de  los  agresores  de  José   de   Jesús   Carvajal   García,  lo cual éste mismo se encarga de negar, en lo que es ratificado  por    su    hermana   Gladys   Elena   y    por    Derly    Yurany   Grajales  Holguín  y si el juez no otorga credibilidad a estas  probanzas    por    distintas   razones   “podría  entenderse,   pero   adicionalmente   habían  otros  testimonios       que      confirmaban      dicha      situación”.   

Los testimonios no tenidos en cuenta por el  sentenciador  son  los  rendidos  por  Geiner Ramírez  Largo,  presencial  de  los  hechos,  quien al minuto  11:12  declaró  que  se  encontró  con  los  atacantes  y  que  entre ellos no  estaba  SALAMANCA RESTREPO;  Jesús  Alberto  Díaz Gil,  también   presencial   y   quien  depuso  en  el  mismo  sentido;  Adolfo   Enrique  Ospina  Trejos,  quien  dejó  en  claro  que  éste se encontraba en otro lugar a la hora de los hechos  y; Enit Zorany Mesa Marín,  enfática  en  señalar  que  el  acusado  no hizo parte del grupo de agresores.   

       

Incluso,   destaca,   el  otro  condenado  JHONATAN   ALEXANDER   JARAMILLO  POSADA,  cuya  presencia  en  el lugar de los hechos es incontrovertible,  también  advierte que SALAMANCA RESTREPO no  hacía  parte  del  grupo  de  agresores,  siendo completamente  injusto  su  procesamiento,  tal  como  se  puede  escuchar en el registro de la  sustentación  del  recurso  de apelación interpuesto contra el fallo de primer  grado (minutos 55:37 y 56:53).   

Los  anteriores  testimonios,  indica  el  demandante,  fueron  practicados  en la audiencia del juicio oral, por lo que su  exclusión genera el yerro endilgado al fallo.   

Sobre la trascendencia del error, aduce que  “con  esto,  apreciada la prueba, toda en conjunto,  el  juez  se  encuentra con que es posible que la versión retractada a favor de  SALAMANCA  RESTREPO  sea  la correcta;  y por lo menos debe tener efecto en  función de la duda”.   

En  tercer  lugar,  el demandante aborda el  error  de derecho por falso juicio de legalidad propuesto y advierte al respecto  que  existen  dos  tipos de actividad de Policía Judicial.  Por una parte,  los  registros  magnetofónicos  de las entrevistas realizadas a los testigos en  la  fase  previa  de la captura e imputación y, de otra, el conjunto conformado  por  informes  ejecutivos de los investigadores de la Fiscalía, los formatos de  los investigadores y las actas de reconocimiento fotográficos.   

Sobre  las primeras en mención, aclara que  se   trata   de   las   grabaciones   de   las   entrevistas   de   José  de  Jesús  Carvajal García, Gladis Elena Carvajal García  y  Derly Yurani Grajales  Holguín,  las  cuales  al parecer se practicaron en  enero  de  2005  y  cuya incorporación merece el reproche consistente en que se  tuvieron  en  cuenta  a  pesar  de  no relacionarse en el escrito de pruebas del  escrito  de  acusación  y  no  anunciarse,  ni  solicitarse  u  ordenarse en la  audiencia  preparatoria.             

Aduce  que de conformidad con el artículo  337  del estatuto procesal penal, con el escrito de acusación debe acompañarse  la  relación  de  las  pruebas  que la Fiscalía hará valer en el juicio, ello  para  los  efectos de su publicidad y contradicción.  Por su parte, según  el  346 ibídem, se prevé  que  la  sanción  por  el  no  descubrimiento  de  las  pruebas consiste en que  “no   podrán   ser   aducidas   al  proceso,  ni  convertirse    en    prueba    del    mismo,    ni    practicarse   durante   el  juicio”.   

Al  respecto,  señala el actor, basta con  escuchar  el  minuto  3:01  de  la segunda sesión de audiencia preparatoria, en  donde  la  defensa  requiere  a  la Fiscalía por las cintas, ante lo cual ésta  aclara  que  no  las  va  a  hacer  valer.   Lo mismo ocurre cuando en  desarrollo  de  las solicitudes probatorias el ente fiscal hace la relación sin  incluirlas,  lo  cual  se  comprueba  desde  el  minuto  18:02 y en el 23:40 del  registro  de  la  aludida  diligencia,  informándose  a la Juez por parte de la  Fiscalía  que no las pretenderá hacer valer, circunscribiéndose entonces a la  entrevista  documental  y  a  los  álbumes  fotográficos.  De esa manera,  cuando  la Juez enuncia las pruebas a practicar en el juicio nada dice sobre las  aludidas cintas magnetofónicas.   

A  pesar  de  lo  anterior,  destaca  el  defensor,  tales  probanzas  fueron  incorporadas  en  el  juicio  con el primer  testigo  de  la  Fiscalía, sin que a la Juez le importaran las objeciones de la  defensa,  ni  su  contenido  o  autenticidad,  al punto que nunca se escucharon,  “por  lo  que  a  estas  alturas  del  proceso, la  defensa no conoce su contenido”.   

Pero  lo  peor, a su juicio, es que fueron  valoradas,  como  se  constata  a  partir del minuto 20:48 de la audiencia de la  lectura  del  fallo,  sin  haber  sido solicitadas, anunciadas, descubiertas, ni  decretadas,  con  lo  cual la Juez violó la igualdad de las partes, desconoció  el  principio  de  contradicción  e  inmediación  de  las pruebas “y abjuró del juicio con todas sus garantías”   

En  cuarto  lugar,  el  actor  enfoca  su  atención  en  el  error de derecho por falso juicio de convicción que propone,  dejando  en  claro  que todas las pruebas en que se fundamentó la condena de su  defendido  son  de  referencia,  sin  que  de  las  debatidas  en el juicio haya  existido  una sola directa.  Así, expone, las actas de las entrevistas, el  informe  ejecutivo suscrito por los investigadores, los álbumes fotográficos y  las  actas  de  reconocimientos “son solo evidencia  de  las  actividades urgentes que realizó la policía judicial una vez conoció  de     la     realización     de    las    conductas    punibles”.   

Tras  recordar  el  concepto de pruebas de  referencia  previsto  en el artículo 437 del estatuto procesal penal, aduce que  las  mencionadas  por  haber  sido  practicadas fuera del juicio oral tienen tal  carácter.   Ellas,  continúa, tienen la limitación de que gozan de valor  probatorio  sólo en forma excepcional cuando se presenta una de las situaciones  contempladas  en  el artículo 438 del mismo código, esto es, cuando el testigo  ha  perdido  la memoria, es víctima de un secuestro o de desaparición forzada,  cuando  padece una grave enfermedad o porque ha fallecido, situaciones que no se  concretan  respecto  de  las  pruebas  aludidas,  por  lo  que los dichos de los  entrevistados han debido ser corroborados en el juicio oral.   

De  allí  que,  señala, el artículo 381  crea  una tarifa legal negativa, “según la cual no  podrá   dictarse   sentencia   exclusivamente  con  fundamento  en  pruebas  de  referencia”,    el   cual   se   transgrede   al  otorgárseles valor.   

La  presencia  de los errores referidos en  este  reproche,  colige, permitió que se arribara a una conclusión contraria a  derecho,  en  el  sentido de condenar a su defendido como coautor de los delitos  investigados.           

Con fundamento en lo anterior, solicita se  case  el  fallo  impugnado  y,  en  su  lugar,  se  dicte el de reemplazo.    

A  juicio  de  la  Sala  la  decisión que  corresponde  adoptar  frente  a  este cargo es la de su inadmisión, con base en  los razonamientos que a continuación se exponen:   

1.  En primer orden, es preciso reiterar  que  el  recurso  de  casación  con  el  nuevo  sistema  penal acusatorio no ha  perdido       su   entidad  de  juicio  técnico–jurídico    contra    el    fallo  impugnado    y,  por  lo  tanto,  su  proposición debe ceñirse a una  serie   de   pautas   lógicas   que   impidan   concebirlo   como  una  tercera  instancia.    En   esa   medida,  la  claridad  y  precisión  han  de  ser  características   ineludibles   de   los   reparos,  pues  no  es  del  resorte  constitucional   ni   legal   de  la  Corte  develar  o  desentrañar  confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   recurrentes   en  casación.   

En  el  cargo que concita la atención, se  advierte,  luego  de  la  compilación de los diversos errores que en materia de  valoración  probatoria  expone  el  censor,  que  no  se  satisfacen las pautas  lógicas  expuestas,  por  no  cumplirse  con la exigencia prevista expresamente  para  la  admisión  del libelo en el inciso segundo del artículo 184 de la Ley  906  de  2004 referida al desarrollo de los cargos de sustentación, porque ello  impone  su  presentación  en  forma  clara  y  precisa  de  tal  forma que haga  inteligible su estudio de fondo.   

A  la anterior conclusión se llega porque  la  mayor  parte  de     yerros  que  se  plantean  en la censura  (errores  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia  y de derecho por falsos  juicios   de  legalidad  y  convicción)  recaen  sobre  los  mismos  medios  de  persuasión,  salvo  el  planteado  como  error  de  hecho  por  falso juicio de  existencia  por exclusión, incurriéndose por ello en una impropiedad evidente,  dada su diversa naturaleza.   

       

En  vista  de  esta  situación, oportuno se  ofrece  recordar  el concepto que la Sala tiene en relación con cada una de las  modalidades  del error de hecho (falso juicio de existencia) y de derecho (falso  juicio  de legalidad y de convicción), que propone el actor.  Se empezará  con  lo  pertinente  a  las  modalidades  del error de hecho y luego con las del  error de  derecho invocadas.    

Así, el denominado error de hecho por falso  juicio  de  existencia  se  produce  cuando un medio de prueba es excluido de la  valoración  que  efectúa el juzgador no obstante resultar incidente de cara al  fallo  que  se  controvierte  (ignorancia  u  omisión)  o porque el juzgador lo  inventa  o  crea  a  pesar  de  que  no  existe  materialmente  en  el  proceso,  otorgándole   un   efecto   trascendente   en   la   sentencia  (suposición  o  ideación).   

Ahora  bien, cuando la propuesta versa sobre  un  error de derecho en la apreciación probatoria, quien lo propone está en el  imperativo  de  demostrar que se incurrió por el fallador en un falso juicio de  legalidad o en uno de convicción.   

El  primero  tiene  ocurrencia  cuando  el  sentenciador  otorga valor a una prueba sin el cumplimiento de los ritos legales  exigidos  para su formación o aducción al proceso y, el segundo, se produce al  momento  en  que  se  valora  una  prueba haciendo caso omiso del predeterminado  crédito  que la ley le ha otorgado, circunstancia que cobra gran importancia en  los  sistemas  de tarifa legal probatoria, en cuyo caso se deberá indicar cuál  fue  el  mérito  otorgado  a  la  probanza  y  el  valor  que la ley le fija en  particular.   

No  sobra  recordar que en cualquiera de los  eventos  reseñados, el casacionista está en la obligación de demostrar que el  yerro  se  concretó  respecto  de  prueba trascendente, de tal suerte que tenga  incidencia  para  modificar  en  forma  favorable a sus intereses los contenidos  declarados en el fallo que se impugna.   

Según  el  demandante  los  errores  se  evidenciaron   respecto   de   las  entrevistas  de  José  de  Jesús  Carvajal  García,  Gladis  Elena  Carvajal  García  y Derly  Yurani   Grajales   Holguín,  consignadas  en  acta  escrita  y en cinta magnetofónica, en cuanto a los álbumes fotográficos y del  reconocimiento  que se derivó de los tres supuestos agresores identificados con  los    alias   de   Ratón,   Nelson   y         Gasparín.   

Respecto   de   estos  mismos  elementos  materiales   de  prueba,  inicialmente  el  defensor  del  acusado  SALAMANCA  RESTREPO plantea un error de  hecho  por  falso  juicio de existencia por su suposición, al aducir que se les  otorgó  carácter  probatorio  cuando en realidad carecen de dicha connotación  por  no  haber sido practicadas en la audiencia del juicio oral; sin embargo, en  forma  posterior  y  al  interior  del  mismo  reparo,  alude que también en su  ponderación  se  incurrió  en  error de derecho por falso juicio de legalidad,  dado  que  fueron apreciados a pesar de no haber sido relacionados en el escrito  de  acusación  presentado  por  la  Fiscalía,  ni  referidos  en  la audiencia  preparatoria,  por  lo que el Juez de conocimiento no los tuvo en consideración  para  ser  practicados  en  el  juicio  oral  y,  en  la  parte  final, advierte  igualmente,  que en su apreciación también se incurrió en un error de derecho  por  falso  juicio de convicción, puesto que se trata de pruebas de referencia,  sobre  las  cuales, por disposición legal, no se puede apoyar exclusivamente un  fallo condenatorio.   

Si  bien en principio podría decirse que  los   dos   primeros   cuestionamientos   presentados   por  el  demandante  son  compatibles,  habida cuenta que desembocan en una misma crítica y en esa medida  han  podido  compendiarse  dentro de un mismo acápite orientado a demostrar que  el  fallador  habría   supuesto  unas pruebas que de acuerdo con la ley no  tienen  esa  entidad,  también lo es que no puede decirse lo mismo en relación  con  el  último cuestionamiento que recae sobre la mismas probanzas, pues allí  ya,  de  forma  contradictoria,  admite  que  son pruebas de referencia y que la  tacha  sobreviene  por razón de que existe una veda legal para que con sustento  en ellas, en forma exclusiva, se soporte un fallo de condena.   

Es  decir que, el actor al señalar en la  misma  censura  que  los  referidos  elementos  materiales  de  prueba no tienen  naturaleza  probatoria  y  por  otro  lado  que  son pruebas de referencia, cuya  validez  está  supeditada a unas específicas condiciones señaladas en la ley,  al  sentir  de  la  Sala  incurre  en contradicción, la cual, infortunadamente,  atenta  contra  la  anunciada  claridad  y  precisión  del libelo, toda vez que  finalmente   no   se   sabe   cuál   es   el   verdadero   fundamento   de   su  prédica.            

Ahora,  en  lo que concierne con el falso  juicio  de  existencia  por  omisión que el demandante postula en relación con  los  testimonios de Geiner Ramírez Largo,  Jesús Alberto Díaz Gil,     Adolfo     Enrique     Ospina  Trejos y Enit Zorany Mesa  Marín,  quienes  en  su decir coinciden en señalar  que    el   procesado   SALAMANCA       RESTREPO    no  hacía  parte  del  grupo  de  agresores  que  consumaron  las  conductas  punibles  por  las  cuales  se procede, adviértase que una revisión  somera  del  contenido  de  los  fallos  permite  evidenciar no sólo que fueron  efectivamente  apreciadas,  sino  que  su  inconformidad  deriva  de  que  no se  valoraron  como  lo  hubiera  querido  para  otorgarles  credibilidad, cuando es  realidad  inconcusa  que  una  tal discrepancia se aleja de la esencia del yerro  endilgado al fallo.     

Así,  en relación con la deposición de  Ospina          Trejos          expresamente  se  indicó  por el a-quo  lo siguiente:    

“Intenta  respaldar  esa  tesis, Adolfo  Ospina  Trejos,  amigo  de EDWIN JAVIER, quine introduce una especie relacionada  con  que  éste,  para esa noche, se hallaba en otro lugar, misma que no reviste  capacidad  para  infirmar  la  prueba  de  cargos, cuando se ofrece difusa, poco  concreta  y  casi  absurda.   Por  ello  confrontada  esta  especie  con la  probanza   que   se   ha   analizado,   no   hace   mella   en   la  solidez  de  aquella”2                    

         

A  su turno, el fallador de segundo grado  descalificó   directamente   el   crédito   que  pudieran  merecer  todas  las  deponencias indicadas por el censor, en el siguiente sentido:   

“5.  Los  testigos de la defensa, EINER  RAMÍREZ  LARGO,  JESÚS  ALBERTO  DÍAZ GIL y EMI SORANY MESA MARÍN, dicen ser  testigos  presenciales  por  haber  visto  a  los  sujetos disparando e intentan  excluir  a una tercera persona en el episodio, cuando es sabido que los directos  afectados  hablan  de tres personajes y no de dos, es decir, es decir, que si le  creemos  a quienes eventualmente estaban en mejores condiciones para percibir lo  acaecido  como  que  fueron  víctimas  directas, tendremos que concluir que los  testigos   llamados   a  juicio  por  la  defensa  dijeron  solo  una  verdad  a  medias.   

6.  En cuanto al testimonio de ADOLFO  ENRIQUE  OSPINA  TREJOS,  quien nos refiere la presencia de SALAMACA en una casa  de    Cuba    donde    se    llevó    a    cabo    un   supuesta   ‘empiyamada’  de  doce  personas, es situación  sui  generis,  como  lo  hace notar la Fiscalía en sus alegatos de conclusión,  pues  es sabido que este tipo de actividades se acostumbran entre adolescentes y  además  de  sexo  femenino, pero no entre personas adultas y varones como lo es  EDWIN                   JAVIER”3.       

Lo  transcrito en precedencia, revela que  el  interés  del  actor   va  dirigido  a  cuestionar  el  mérito que los  juzgadores  confirieron a las pruebas de la defensa, pretensión que no sólo no  se  enmarca  en  los  presupuestos del yerro aquí atribuido, sino que, además,  como  en  forma  pacífica se ha dicho por la Sala, no se allana a la naturaleza  extraordinaria  del  recurso  de  casación,  cuya esencia  no responde, se  insiste,  a  una  tercera  instancia, ni tampoco tiene la virtud de resquebrajar  las    presunciones   de   veracidad   y   acierto   que   preceden   al   fallo  impugnado.      

2.   Ahora  bien, tampoco se precisa  del  fallo  con  base  en  los  argumentos  expuestos por el actor, para cumplir  algunos  de  los  fines  del recurso extraordinario establecidos en el artículo  189  de  la  Ley  906 de 2004, esto es, en procura de la efectividad del derecho  material,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los  agravios  inferidos  a  éstos  o la unificación de la jurisprudencia, que  imponga  superar  los  defectos formales señalados en el acápite previo y así  pronunciarse  de fondo sobre la pretensión.         

Ello, porque lo que se advierte es que el  casacionista  hizo  abstracción  total  de  los  argumentos  expuestos  por  el  ad-quem,   quien  ante  cuestionamiento  similar  en  relación  con  la  no  entidad  probatoria de los  referidos  elementos  materiales  de  prueba, no dudó en refutar al juzgador de  primer    grado,    para    convenir    con    la    defensa   de   SALAMANCA   RESTREPO  que  únicamente  tenían  carácter  probatorio  las  realizadas en la audiencia del juicio oral,  esto   es,   las   atestaciones   presentadas   en  tal  acto  por  José  de  Jesús  Carvajal García, Gladis Elena Carvajal García  y  Derly Yurani Grajales  Holguín,  y  no así las diligencias practicadas en  la    fase   previa   de   la   actuación,   por   lo   que   en   strictu  sensu no era admisible en este  caso  referir a una retractación;  sin embargo, también precisó que ello  no  era  suficiente  para  derruir  el juicio de responsabilidad penal que recae  contra  el procesado, en tanto afloran en el proceso otros medios de convicción  con esa entidad.   

   

En ese sentido, fue enfático el Tribunal  en  señalar  que  “lo  que  se  debió  tomar  en  consideración  para  la  sustentación del fallo de condena, no podían ser las  entrevistas  bajo el argumento de ser elementos materiales probatorios, sino los  restantes  medios  de  convicción  válidamente  allegados al juicio:  nos  referimos  a  las actas de reconocimiento debidamente incorporadas, los informes  y  exposiciones que rindieron los agentes investigadores con respecto a la forma  en  que  llevaron a cabo el procedimiento de identificación y ulterior captura,  también  incorporados  lícitamente  en el juicio oral;  y,  obviamente,  la prueba indirecta de origen indiciario que pone  de  presente  la existencia de un interés para atentar contra la vida, derivada  precisamente  de  la  sindicación  que  como  autor  del  hecho de sangre en la  persona  de  un  hermano  de SALAMANCA, se adelanta en contra del aquí afectado  JOSÉ       JESÚS       CARVAJAL”4  (subrayas fuera de texto).   

Significa   lo   anterior   que   los  cuestionamientos  que  por  errores  en  la  apreciación  probatoria elabora el  defensor  carecen  de  trascendencia  en  punto  de  la  responsabilidad  de  su  prohijado,  al  no cobijar la totalidad de la probanzas que dieron cimiento a la  responsabilidad   de   EDWIN   SALAMANCA  RESTREPO,  motivo por el cual en este caso no es viable superar  los  defectos  formales  referidos  que  exhibe  el  primer cargo del libelo, so  pretexto  de  garantizar  el  cumplimiento de los fines del recurso, con base en  los  planteamientos  expuestos  por  el  actor,  porque  fundamentalmente  no se  tuvieron  en  consideración  las variaciones argumentativas introducidas por el  ad-quem y el ataque no se  dirigió   contra   la   totalidad   de  las  pruebas  que  dieron  sustento  al  fallo.       

Lo      anterior     resulta  suficiente  para  establecer  que el cargo no satisface las  exigencias   formales   dispuestas   por   el  legislador  para  proceder  a  su  admisión.   

2.     Segundo    cargo.      Violación      directa     de     la    ley  sustancial.   

Estima  el  censor  que  esta  censura se  verifica  por  “APLICACIÓN INDEBIDA DEL ARTÍCULO  104  NUMERAL  7°  DEL  CODIGO  PENAL  Y  A  LA VEZ POR FALTA DE APLICACIÓN DEL  ARTÍCULO 103 DE LA MISMA OBRA”.   

Se  refiere  concretamente  el actor a la  aplicación  incorrecta  de  la  circunstancia  de  agravación  específica del  delito  de  homicidio prevista en la primera disposición aludida, que tiene que  ver   con  haber  colocado  a  la  víctima  en  situación  de  indefensión  o  inferioridad  o  aprovecharse  de esa situación pues, a su juicio, es claro que  al  partir  la  sentencia  de reconocer que el blanco del ataque no fue el menor  Jonatan    Enrique    Torres    Correa,  sino  la  persona que resultó lesionada, esto es, José   de  Jesús  Carvajal  García,  fruto  de  un  plan  criminal previamente concertado por los acusados, e inferir  que  la  responsabilidad  por  la  muerte  del  menor  surge  a  título de dolo  eventual,      resulta     a      todas     luces     inaplicable     dicha  circunstancia.   

En   esas   condiciones,   prosigue  el  libelista,  es  diáfano  que  de  acuerdo con lo aceptado por el fallador ni se  colocó   al   menor   en   condiciones   de   inferioridad,   ni  tampoco  hubo  aprovechamiento     de     esa     situación,     pues     ello    “supondría  reconocer  al  menor víctima como objetivo directo  de  la  agresión,  lo  cual  está  descartado totalmente por el fallador en la  sentencia,  y  por  el  sentido  lógico  de  los acontecimientos”,  pues para ello sería necesaria la cadena causal probada dentro  del  proceso  de  que  el  objetivo  de  la agresión fue el menor, aspecto que,  insiste, fue descontado en el fallo.   

El anterior vicio es trascendente, indica  el  actor, en cuanto acarreó la aplicación indebida de la pena contenida en el  artículo   104  de la Ley 599 de 2000 y, a su vez, la falta de aplicación  de      la      dispuesta      en      el     artículo     103     ibídem.   

Con fundamento en lo expuesto, solicita se  case  la  sentencia  y,  en  su lugar, se profiera la de reemplazo, “redosificando  la  pena  a partir de la aplicación de la norma  correspondiente”.     

Tiene   dicho   en   forma  pacífica  la  jurisprudencia  de  la  Sala que cuando se trate de desarrollar un cargo en sede  de  casación  por  violación  directa  de  la  ley  sustancial  el actor está  obligado  a  respetar  los  fundamentos  fácticos y probatorios de la decisión  impugnada  para  concentrar  así  su  atención  exclusivamente  en el error de  juicio  que  sin  mediación  alguna  recae  sobre  la norma sustancial, pues si  pretende  ventilar  discusiones en derredor de la apreciación de la prueba o de  los  supuestos  fácticos,  para ello cuenta con la causal que por su naturaleza  está  concebida  para  ese propósito, como lo es la violación indirecta de la  ley sustancial.   

          La  propuesta  contenida  en el cargo objeto de análisis respeta el  presupuesto  formal  y  lógico  aludido,  toda  vez  que  en  forma  atinada el  demandante  no  sólo  se  abstiene  de  discutir  en  derredor  de los aspectos  probatorios  y  fácticos  del  fallo,  aceptándolos  en  la  forma como fueron  concebidos  por  el  sentenciador, sino que su planteamiento gira en torno de un  aspecto  jurídico-conceptual, que es lo que precisamente debe caracterizar a un  reparo propuesto con fundamento en dicha causal.   

            Ciertamente,    asiste   razón   al  casacionista  cuando  indica  que  el  juzgador  de primer grado reconoce que la  voluntad  de  los  sujetos activos del delito estuvo encaminada exclusivamente a  segar   la   vida   de  José  de  Jesús  Carvajal  García,  para  lo  cual los coacusados EDWIN       JAVIER       SALAMANCA      RESTREPO      y   Jhonatan   Alexander   Jaramillo  Posada  concibieron un plan criminal y que la muerte  del  menor,  en  esas  condiciones, se les atribuyó a título de dolo eventual;  disertaciones  con las que estuvo plenamente de acuerdo el Tribunal, al precisar  lo siguiente:   

“Se sabe entonces que el blanco del ataque  era  JOSÉ  JESÚS,  persona  lesionada,  quien  desprevenidamente dialogaba con  otros  en  la  vía  pública.   Pero  ese  inicial propósito no impide la  acusación  por  el funesto desenlace en la persona del menor JHONATAN a título  de  dolo  eventual,  como  en  efecto se dejó consignado en la acusación y fue  finalmente  corroborado en la sentencia.   

Para  la  Sala,  esa  forma  de  razonar es  correcta,  pues  es  indudable que quien se atreve a disparar contra un grupo de  personas,  así  el  disparo  sea  dirigido  contra  un individuo en particular,  acepta  el riesgo evidente de afectar a quienes se encuentran a su lado, y eso y  nada  más  es lo que pretendió el legislador sancionar bajo la figura del dolo  eventual”5.   

De lo anterior queda claro que el libelista  satisface  el presupuesto inherente a la violación directa de la ley sustancial  consistente  en  aceptar  los  hechos  y  las  pruebas  en  la forma como fueron  valorados  por  el  sentenciador  y en concentrar el ataque contra el fallo a un  debate  netamente  jurídico, cuya proposición en este caso podría concretarse  a  si  resulta  viable  imponer  la  circunstancia  de  agravación  específica  prevista  en  el  numeral  7°  del  artículo  104  de  la Ley 599 de 2000 para  aquellos  eventos  en  que  se imputa responsabilidad por la conducta punible de  homicidio   a  título  de  dolo  eventual,  asunto  que,  dicho  sea  de  paso,  delimitará la discusión en esta sede.       

El  reproche  objeto  de  examen,  además,  cumple  en su totalidad con los requisitos formales contemplados en el artículo  184  de la Ley 906.  De esa manera, no surge duda alguna en cuanto a que el  casacionista   cuenta   con   interés   para   impugnar,  desarrolla  el  cargo  adecuadamente  y  de  forma  clara  y precisa y, por último, que se precisa del  fallo    para    cumplir    alguna    de    las    finalidades    del    recurso  extraordinario.   

Sobre este último aspecto, cabe indicar que  de  conformidad  con el artículo 180 de la misma ley, según ya se reseñó, el  medio  extraordinario  de impugnación tiene como finalidades la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de los intervinientes y la  unificación de la jurisprudencia.   

Ante  una problemática como la que formula  el  casacionista  en  la  censura, según la cual es inadmisible dogmáticamente  deducir  la  circunstancia  de  la  puesta  a  la  víctima  en  condiciones  de  indefensión  e  inferioridad  o  el aprovechamiento de tal situación cuando la  responsabilidad  por  el  delito  de  homicidio  se  imputa  a  título  de dolo  eventual,   indudablemente   se   evidencia  que  puede  estar  comprometida  la  efectividad   del  derecho  material  al  propiciarse  una  situación  que,  de  verificarse,  resultaría  notoriamente  injusta,  con  una  repercusión  en el  ámbito  de  la  punibilidad  significativa,  que  ameritaría  eventualmente la  casación  del  fallo  para  restaurar  el  presunto daño ocasionado al acusado  EDWIN       SALAMANCA       RESTREPO.         

          Con  fundamento  en lo expuesto, colige la Sala que la decisión que  corresponde   adoptar   en   relación   con   esta   censura   es   la   de  su  admisión.     

       Lo  anterior constituye razón suficiente para que se proceda a la  admisión  de  la  demanda  sólo  en  cuanto  al  segundo cargo contenido en la  demanda  propuesto  como  subsidiario  e  inadmita el primero, de acuerdo con la  consecuencia  procesal señalada por la ley en el artículo 184 de la Ley 906 de  2004.   

         

         Cuestión final.   

         Habida  cuenta  que  contra  la decisión de inadmitir la demanda de  casación  presentada  por  la  defensa  en  cuanto a su primer cargo procede el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 186  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación6,    como  sigue:   

i)           La  insistencia es un mecanismo especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco (5) días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la Sala decida  no  seleccionar  la  demanda  de  casación,  con  el  fin de provocar que ésta  reconsidere  lo  decido.  También podrá ser provocado oficiosamente dentro del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados del Ministerio Público para la  Casación   Penal,   el  Magistrado  disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado en los debates y suscrito la providencia inadmisioria.   

         ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  hayan  salvado  voto  en  cuanto  a la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido   en   la  discusión  y  no  haya  suscrito  el  referido  auto  de  inadmisión.   

         iii)                      Es potestativo del Magistrado disidente, del que  no  intervino  en  los debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien  se  formula  la  insistencia, optar por someter el asunto a consideración de la  Sala  o  no  presentarlo  para su revisión, evento último en que informará de  ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

         iv)                       El  auto  a través del cual no se selecciona la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

       En  mérito  de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         1.   INADMITIR  el primer cargo de la  demanda  presentada por el defensor del procesado EDWIN  JAVIER  SALAMANCA RESTREPO, por las razones consignadas  en la anterior motivación.   

        Contra  esta  decisión,  de  conformidad  con  lo dispuesto en el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia.   

2.  ADMITIR  la  demanda  de  casación presentada por el  mismo sujeto procesal únicamente  en  lo  que  concierne  al  segundo  cargo,  como se dejó precisado en la parte  considerativa de esta providencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

MAURO   SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                               ALFREDO     GÓMEZ  QUINTERO   

Salvamento parcial de voto  

ÉDGAR LOMBANA  TRUJILLO                        ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

Permiso  

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN                           JORGE    LUIS   QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                     JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

SALVAMENTO PARCIAL DE VOTO  

Con el respeto que siempre profeso por la  posición  de la mayoría de la Sala, en esta oportunidad me permito exponer los  motivos  por  los  cuales  salvo  parcialmente  mi  voto, los mismos que ya tuve  ocasión  de hacer conocer dentro del radicado 24.193 en relación con idéntico  tema, y que ahora reitero.   

Allí  advertí  que  aunque  estaba  de  acuerdo  con  la  decisión  que  culminó  en  la  inadmisión de la demanda de  casación  presentada  por  el  recurrente  extraordinario  con ocasión de este  asunto,  sin embargo era mi parecer que el recurso de  insistencia  en  el  sistema  acusatorio que hoy nos  rige   no   tiene  cabida,  comoquiera  que  dicho  instituto  no  se  encuentra  establecido  en  la  nueva codificación procesal penal como recurso ordinario o  extraordinario  -artículos  176  a 198-, criterio que ahora refrenda la Sala en  la providencia materia de esta aclaración.   

En aquella oportunidad, repito, sostuve, y  aún  lo  sigo  haciendo,  que  el legislador partiendo de lo dispuesto para tal  efecto  -la  insistencia-  en  el  artículo 33 del Decreto 2591 de 1991 para la  revisión  de  las sentencias de tutela por parte de los magistrados de la Corte  Constitucional  que  no  intervinieron  en  el proceso de selección pertinente,  introdujo  un  tal  mecanismo  en  el  trámite  casacional  sin echar de ver la  disimilitud  del  procedimiento  que  impera  en  uno  y  otro  evento,  pues  a  diferencia  de  lo que ocurre en la regulación contenida en el citado precepto,  bien  cabe  advertir  que  cuando ello ocurre en el proceso penal, el magistrado  que  no  comparte la decisión de la mayoría está llamado a salvar su voto o a  aclararlo,  lo  cual  consulta la lógica si con esa actuación del magistrado o  magistrados  disidentes se obliga la Sala a revisar los argumentos planteados en  los respectivos salvamentos y/o aclaraciones.   

Empero,  además, los recursos en derecho  procesal  y en la teoría general del proceso son mecanismos de impugnación que  el  legislador  reserva  a  las  partes  y  sujetos  procesales con capacidad de  intervención  en  el  debate, para hacer operante el derecho de contradicción,  situación  que  no  compagina con las estipulaciones previstas en el inciso 2º  del  artículo 184 de la Ley 906 de 2004, cuando sea el magistrado de la Sala el  que interponga el denominado recurso de insistencia.   

En  efecto,  si  la  determinación de no  seleccionar  una  demanda  de casación debe ser tomada en auto motivado por los  integrantes  de  la  Sala, no se concibe cómo a uno o a algunos de sus miembros  les  asista  la  atribución de impugnar una tal decisión, si para su adopción  hubieron   de  tomar  parte  en  la  discusión  pertinente.   Dicho  canon  establece:   

“Artículo    184.    Admisión.   

“(…)   

“No  será  seleccionada,  por  auto  debidamente motivado que admite recurso de insistencia  presentado  por  alguno  de  los  magistrados  de  la  Sala  o por el Ministerio  Público,   la  demanda  que  se  encuentre  en  cualquiera  de  los  siguientes  supuestos:   Si  el demandante carece de interés, prescinde de señalar la  causal,  no  desarrolla  los  cargos de sustentación o cuando de su contexto se  advierta  fudadamente  que  no  se precisa del fallo para cumplir algunas de las  finalidades del recurso.   

“(…)”   

Ahora,  para  lo  que  interesa  al  caso  presente,  no  se  puede  olvidar  que  la norma en mención también faculta al  Ministerio  Público  para  interponer  el  llamado  recurso  de insistencia, en  tratándose  de  uno cualquiera de los supuestos que impiden la selección de la  correspondiente  demanda  de  casación.   Allí,  es precisamente donde se  alude  al  Ministerio  Público  con interés para el recurso de insistencia, lo  cual,  como  se  dijo  antes, no tiene cabida toda vez que éstos -los recursos-  están  definidos en la novísima legislación procesal penal en el Título 5º,  Capítulo  8º,  artículo  176 y Ss., y entre ellos no se encuentra relacionado  el de insistencia.   

Surge, entonces, el interrogante: ¿Si no  está   consagrado  el  recurso  de  insistencia  como  uno  de  los  ordinarios  establecidos  en  el  Código,  será que se trata de uno de los extraordinarios  que tampoco está establecido como tal?   

Siendo  las  cosas  así,  esa expresión  “recurso  de  insistencia”  no tiene consonancia con la estructura misma del  proceso,  ni  tiene  sustento lógico, lo que constituye un aspecto amorfo en el  artículo  184  de  la Ley 906 de 2004, mucho más si se tiene en cuenta que los  recursos  están  previamente  definidos  en el Código Procesal Penal para unos  fines y sujetos concretos (Título VI, Capítulos VIII y IX).   

Señores Magistrados,  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

Fecha   ut  supra.   

    

1 Auto  del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322, entre otros.   

2  Fol.169 c.o.   

3  Fol. 198 ibídem.      

4  Fol.    197   ejusdem.   

5  Fol.    192   ibídem.   

6   Providencia  del  12  de  diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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