25485(25-05-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No  25485   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 51  

Bogotá D.C., veinticinco (25) de mayo de dos  mil seis (2006).   

  VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  sobre  la admisión  formal  de  la  demanda  de  revisión  presentada  por el apoderado especial de  JOSÉ     ALBERTO    RAIGOSO    QUESADA,  quien  fue  condenado  a  la  pena  de  cuarenta  y ocho meses de  prisión  como  autor  penalmente  responsable del delito de acto sexual abusivo  con  menor  de  14 años, mediante sentencia del 25 de octubre de 2005 proferida  por  el  Juzgado 13 Penal del Circuito de Conocimiento de Bogotá, confirmada el  2  de  diciembre  de  la  misma  anualidad  por  el  Tribunal Superior del mismo  distrito judicial.   

  ANTECEDENTES   

1.-  Según  lo  relata  el  apoderado del  sentenciado,  quien  no  allegó  copias  de  los  fallos  de  primera y segunda  instancia  cuya  revisión  solicita,  la  menor hija del procesado JOSÉ  ALBERTO  RAIGOSO  QUESADA,  Nancy  Paola Raigoso,    relató   a   su   profesora   “Luz  Marina”   del   jardín   infantil  “Toma  un  niño  de la mano” que mientras  ella  dormía,  su  padre muchas veces la había sometido a manipulación de sus  genitales.  Así  mismo,  que  él tenía revistas con fotografías de hombres y  mujeres  desnudos  cuyas  poses  trataba  de  imitar,  haciéndola  en  ocasión  partícipe  de dicha actividad, conductas que, según dijo la niña, desarrolló  su  padre  desde  el año 2003 hasta el 27 de julio de 2005, última ocasión en  que la sometió a dichas prácticas.   

          2.-  De  los  escasos  anexos  que  el  actor  compaña  a  la  demanda sólo consigue establecerse que  mediante  fallo  del  25 de octubre de 2005, el Juzgado 13 Penal del Circuito de  Conocimiento  de  esta  ciudad  condenó a JOSÉ  ALBERTO  RAIGOSO QUESADA  a  la  pena  principal de 48 meses de prisión y a la accesoria de  interdicción  de  derechos  y funciones públicas por el mismo lapso de la pena  principal,  como autor penalmente responsable del delito de acto sexual abusivo,  sentencia  confirmada  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  a  través  de  decisión  del  2 de diciembre de esa anualidad, según se acredita a través de  la  constancia  de  ejecutoria  suscrita  por la Juez Coordinadora del Centro de  Servicios Judiciales de Paloquemao.   

LA  DEMANDA   

El  defensor  del  sentenciado  solicita  la  revisión  del  fallo  de condena con base en lo dispuesto en el numeral tercero  del  artículo  192  de  la  Ley  906  de  2004,  esto es, por el surgimiento de  “hechos  nuevos  o pruebas no conocidas al tiempo de  los    debates,   que   establezcan   la   inocencia   del   condenado,   o   su  inimputabilidad”.   

          Para  sustentar  la  causal  de  revisión a cuyo amparo pretende la  remoción   de   los  fallos  atrás  referidos,  refiere  que  la  “presunta”  denunciante,  “profesora  Luz Marina” está dispuesta  a  declarar  ante  esta  Corporación,  para manifestar que ella nunca interpuso  denuncia alguna en contra del sentenciado.   

Así  mismo,  indica que existe “prueba    oficial    de   Bienestar   Familiar”,   según  la  cual  en  los  años  2003 y 2004, la menor Nancy  Paola  Raigoso  vivía, junto con su  madre,  en un hogar de paso del mencionado instituto, al cual no podía ingresar  el procesado RAIGOSO QUESADA.   

El demandante culmina su escrito manifestando  que  anexa  las pruebas que dan soporte a la demanda de revisión, aportando dos  declaraciones   extrajuicio,  a  saber:  la  primera  rendida  por  Maria   Libia   Quesada   Quevedo,   quien  testifica  ser la madre del sentenciado RAIGOSO QUESADA  y  da  constancia  de  que  éste  no  convive  con la  progenitora  de los menores Carlos Alberto y      Jonatan     Mauricio     Raigoso  Guaquetá.  Y  la  segunda,  rendida  por María   Elena  Rodríguez  Onofre,  donde  expone  que  convive  con  el  sentenciado  hace  un  año  y  da  fe de su buen  comportamiento y honestidad.   

El actor finaliza el libelo solicitando a la  Sala  revise  los  fallos  indicados,  los  declare  sin  valor  y  disponga  la  devolución    de    la    actuación   a   la   Fiscalía   para   “que  reinicie  el  procedimiento  a  partir  del  27  de julio de  2005”.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

La  Ley  906  de  2004, bajo cuyo imperio se  emitieron  los fallos de primera y segunda instancia cuya remoción se pretende,  mantiene  en  términos  generales  una  estructura  similar  a  la  que para el  trámite  de  la  acción excepcional de revisión se contempla en la Ley 600 de  2000.   

Así,  en  lo  que  tiene  que  ver  con  la  consagración  de  las  causales por cuyo medio puede intentarse la remoción de  sentencias  ejecutoriadas,  mantiene la nueva codificación adjetiva los motivos  ya  consagrados en el anterior estatuto procesal, ofreciendo como única novedad  la  introducción  de uno nuevo respecto de fallos proferidos por violaciones de  derechos  humanos o infracciones graves al derecho internacional humanitario, en  los  eventos  en  que  una  instancia internacional de supervisión y control de  derechos   humanos  respecto  de  la  cual  el  Estado  Colombiano  ha  aceptado  formalmente  su  competencia,  declara  el  incumplimiento  protuberante  de las  obligaciones  de  investigar  seria e imparcialmente tal decisión -numeral  cuarto, artículo 186, Ley 906 de 2004-.   

Sobre  la  referida  causal tuvo ocasión de  pronunciarse  la  Corte Constitucional en la sentencia C-979 de 2005, declarando  la  inexequibilidad  de  la expresión “absolutorios” que aparecía incluida  en  el  texto  aprobado  por  el legislador, el cual limitaba la procedencia del  referido  motivo  de revisión a fallos de dicho carácter. Al respecto señaló  la alta Corporación:   

“Nada  se opone entonces, a que por virtud  de  la  exclusión  de  la  expresión  acusada,  se  extienda la posibilidad de  reapertura  de  estos  procesos, por la vía de la revisión, a aquellos que han  culminado   con   fallos   condenatorios  y  una  instancia  internacional  haya  establecido  que  son el producto del incumplimiento protuberante de los deberes  de  investigación  seria  e  imparcial por parte del Estado, lo que ubica tales  decisiones  en  el  terreno  de  las condenas aparentes, que toleran o propician  espacios  de  impunidad en un  ámbito en que tanto el orden constitucional  como el internacional, repudian tal posibilidad.   

Las mismas cautelas que en su momento tuvo la  Corte  para  autorizar  la  posibilidad de que por la vía de la revisión penal  extraordinaria,  se reabrieran procesos por violaciones de derechos humanos, que  había  culminado  con  una  decisión favorable al sentenciado, con ruptura del  principio  del  non  bis in idem, operan en el caso de la reapertura de procesos  culminados   con   sentencia   condenatoria.  Esas  cautelas,  orientadas  a  la  preservación   del  non  bis  in  idem,  para  los  delitos en general, se  encuentran  explícitas  en  la  regla  que contiene la expresión demandada, en  cuanto  que  la  reapertura  se  produce  a  través  de  un  mecanismo procesal  extraordinario,  opera  para  la criminalidad con mayor potencialidad ofensiva y  desestabilizadora  como  son  los  crímenes  contra  los  derechos humanos y el  derecho  internacional  humanitario,  y está condicionada al pronunciamiento de  una  instancia  internacional  acerca  del  incumplimiento  del  Estado  de  sus  obligaciones  de  investigación y sanción de estos crímenes. El sentido de la  causal,  una  vez  excluida  la  expresión  demandada,  deja  así  a  salvo el  principio  del non bis in idem  para los delitos en general, tal como lo ha  establecido la Corte en el pronunciamiento referido”.   

Igualmente,  en  materia  del trámite de la  acción  y  los  requisitos  que  debe  reunir  la  solicitud  por cuyo medio se  promueve   esta   especial   acción,   se  reiteran  en  el  nuevo  código  de  procedimiento  penal las exigencias y procedimientos ya existentes, no obstante,  en  este  último  aspecto  se  advierte una sustancial reforma, la cual se hace  consistir  en  el  poder  discrecional que se otorga a la Sala para inadmitir de  plano  la  demanda, cuando de las evidencias aportadas se advierta la manifiesta  improcedencia  de  la  acción,  lo  que  de suyo habilita a esta instancia para  proceder  en el sentido indicado aun en los eventos en que la demanda reúna las  exigencias formales para su admisión.   

En  el  anterior  orden  de ideas, bien esta  precisar  que  el artículo 194 de la nueva codificación adjetiva prescribe que  la  solicitud  a  través de la cual se solicita la revisión, deberá contener:  (i)  la  identificación de la actuación procesal cuya revisión se demanda con  indicación  del  despacho  judicial  que  emitió  el  fallo,  (ii) el delito o  delitos  que  motivaron  la  acción  penal  y la decisión respectiva, (iii) la  causal  que se invoca y sus fundamentos de hecho y de derecho, (iv) la relación  de  las  evidencias que fundamentan la petición y, finalmente, (v) la petición  debe  acompañarse  de  copia  de la decisión cuya revisión se pretende, junto  con la constancia de ejecutoria.   

Tales  exigencias,  conforme  lo  dispone el  artículo  195  ejusdem,   son  las  que  ha  de evaluar la Sala para determinar si la demanda es apta para  promover  la  acción  de revisión, pudiendo inadmitirla de plano mediante auto  motivado  de  la  Sala,  cuando  el  escrito  introductorio de la acción no las  satisface,   así   como   en  las  hipótesis  en  las  cuales  “de  las evidencias aportadas apareciere manifiestamente improcedente  la  acción”,  según  la nueva facultad que en esta  dirección     otorga     el    legislador    a    esta    instancia.   

          En  el  caso  que concita la atención de la Sala, sin dificultad se  advierte  que  el  escrito  que a modo de demanda ha presentado el apoderado del  sentenciado,  incumple  varias de las anteriores exigencias, con la consecuencia  de    tornar    inepta   la   demanda   para   abrir   paso   a   esta   acción  excepcional.   

En  efecto,  no  señala  el  actor  con  la  precisión  debida,  la actuación en la cual se emitieron los fallos de primera  y  segunda  instancia,  ofreciendo  como único antecedente la vaga y tangencial  referencia  de  que los fallos condenatorios se adoptaron previa celebración de  un  acuerdo entre la Fiscalía y el imputado, sobre el cual nada más se revela,  pues  no  especifica la etapa de la actuación en la que este tuvo lugar, ni los  hechos  que  por dicho medio fueron aceptados por el sentenciado, ni si el pacto  que  se  realizó  tuvo  por  objeto una rebaja de pena, o si, en cambio, versó  sobre  la  eliminación de cargos o de agravantes con miras a hacer más benigna  la punibilidad.   

Tampoco  el  demandante  cumplió  con  la  obligación  que  se  le  imponía  de  aportar copia de los fallos de primera y  segunda  instancia, privando así a la Sala de tener mayores elementos de juicio  para    evaluar    la   procedencia   de   la   solicitud   de   revisión   que  efectúa.   

Y,  finalmente,  pese  a  que  en la confusa  exposición  de  las  razones  de  hecho en que apoya su pedimento, basado en la  supuesta  aparición  de  hechos  nuevos o pruebas no conocidas al tiempo de los  debates,  entre  las  cuales  pondera la supuesta declaración de quien dice fue  denunciante  de  la  conducta  punible  y  las constancias “oficiales” sobre  cómo  la  menor  víctima  no  habría  podido  tener  contacto  alguno  con el  procesado  durante el lapso en que se reputa cometida la conducta punible, es lo  cierto  que las evidencias que aporta no pasan de dos declaraciones extrajuicio,  de  buena  conducta,  ajenas  por  completo  a  los motivos que se esgrimen para  solicitar  la revisión de los fallos y, por ende, manifiestamente improcedentes  para promover la acción.   

Las   falencias  advertidas  son  de  suyo  suficientes  para  que  la  demanda  sea  inadmitida  de  plano,  máxime  si se  considera  que la causal a cuyo amparo se pretende promover la acción, hoy día  contenida  en  el  numeral 3º del artículo 192 de la Ley 906 de 2004, esto es,  por  la  aparición  de  hechos  nuevos  o  el  surgimiento  de pruebas de igual  naturaleza  no  conocidas  al tiempo de los debates con virtud para demostrar la  inocencia  del condenado o su inimputabilidad, presupone el aporte de los medios  probatorios  novedosos  los  cuales deben ser idóneos  para   acreditar   cualquiera   de  las  finalidades  anotadas  en  precedencia,  condiciones   que  no  resultan  predicables  de  las  ineficaces    evidencias   que   el   demandante   aporta   en   apoyo   de   su  petición.   

          Así  las  cosas,  como  el libelo incumple fundamentales exigencias  formales  para su admisión, prescritos en el numeral 3º del artículo 192 y el  inciso  final del artículo 194 de la Ley 906 del 2004, se impone su inadmisión  de   plano,   conforme   con   lo   indicado  en  el  artículo  195  del  mismo  estatuto.   

          Resta  señalar  que  aun  cuando en el trámite procesal consagrado  por  la  Ley  906 de 2004, todas las decisiones que se adoptan, excepción hecha  de  la  sentencia,  son  susceptibles  del  recurso  de reposición, una lectura  integral  de  las  disposiciones  que regulan este medio de impugnación lleva a  concluir  que la presente determinación no es susceptible de tal recurso, ni de  ninguno otro.   

          En  efecto,  dentro de la dinámica del nuevo procedimiento penal, a  la  par  que toda la actuación se surte de manera oral en diferentes audiencias  y  que  en  ellas  se  adoptan las  decisiones de interés para los sujetos  procesales,  es  también  en ese mismo escenario que les son notificadas dichas  determinaciones,  por  estrados.  Ello,  subsiguientemente,  pueden interponer y  sustentar  el recurso de reposición, salvo que se trate de sentencias, para que  en  el  mismo acto el funcionario judicial resuelva el recurso. Excepcionalmente  prevé  la  ley  que  se  notifiquen  decisiones  por  comunicación,  cuando el  interviniente  ha justificado debidamente el motivo por el cual no compareció a  la audiencia en la cual se tomó la determinación respectiva.   

La anterior dinámica no resulta extensible a  esta  acción  excepcional,  que no hace parte del trámite procesal propiamente  dicho,  en  cuanto  este  concluyó  con  el proferimiento de los fallos que han  hecho  tránsito  a  cosa  juzgada. Y dado que la ley autoriza la inadmisión de  plano  de la demanda, sin prescribir la procedencia de recurso alguno contra una  tal  determinación,  o mecanismo especial en virtud del cual pueda reexaminarse  el  tema,  como  sí  lo  hizo  frente  al  recurso extraordinario de casación,  forzoso  es  concluir  que la providencia por cuyo medio se inadmite de plano la  demanda  de  revisión,  por voluntad del legislador, no es susceptible de   recurso alguno.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR   la   demanda  de  revisión  presentada  por  el  defensor de JOSÉ ALBERTO RAIGOSO  QUESADA,  de conformidad con  las    razones    consignadas    en    la    anterior    motivación.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno   

Comuníquese y cúmplase.  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

Permiso  

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *