25465(08-06-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No  25465   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 055.  

Bogotá D.C., junio ocho (8) de dos mil seis  (2006).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  en  punto  de  la  admisibilidad  formal  del  libelo  de  casación presentado por el defensor del  procesado    DUHAMEL   GONZÁLEZ   LEÓN,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  el  18  de  enero  de 2006, confirmatoria de la  dictada  por  el  Juzgado Veintiocho Penal del Circuito de la misma ciudad el 27  de   octubre  de  2005,  por  cuyo  medio  lo  condenó  como  autor  penalmente  responsable  del  concurso  de  delitos  de  tráfico  de  migrantes  agravado y  falsedad ideológica en documento público.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los hechos que motivaron esta investigación  fueron   adecuadamente   sintetizados   por   el   ad  quem, en los siguientes términos:   

“DUHAMEL GONZÁ{EZ  LEÓN,  detective  del  DAS  adscrito  al  Grupo  de  Coordinación de Servicios  Migratorios  del  Aeropuerto  El Dorado, registró el 13 de febrero de 2005 como  mejicanos  (que  ingresaban  al  país  procedentes de  Méjico,  se aclara) a JOSÉ LUIS SOTO SALAZAR, LILIANA  MARTÍNEZ  OROPEZA  y  LUIS  SOTO  MARTÍNEZ  (menor), siendo colombianos, cuyos  nombres  son  ALFREDO  MANZERA  CARDONA,  LILIA  OLARTE  ALZATE Y JUAN SEBASTIAN  MANZERA  OLARTE.  Estas  personas  el  16  de  dicho  mes salieron del país con  destino  a  Méjico  en  el  vuelo  392  de  Mejicana de Aviación, pero al día  siguiente    fueron    deportadas   a   Colombia   al   descubrirse   su   falsa  identidad”.   

Por  los  referidos  hechos  la  Fiscalía  solicitó  al  Juzgado  Veintiocho  Penal  Municipal de Control de Garantías de  Bogotá  la  captura  de  DUHAMEL GONZÁLEZ,  la  cual  se  materializó y entonces, una vez legalizada ante el  Juez  Diecinueve Penal Municipal de Control de Garantías de la misma ciudad, la  Fiscalía  le formuló imputación en audiencia por la comisión del concurso de  delitos  de  tráfico  de migrantes agravado y falsedad ideológica en documento  público,  a  la  vez que solicitó le fuera impuesta medida de aseguramiento de  detención preventiva de su libertad.   

El imputado no aceptó los cargos formulados  y  el mencionado juzgado no dispuso la medida de aseguramiento solicitada por no  haber  sido  deprecada  en  debida  forma,  providencia  contra  la cual el ente  acusador  interpuso sin éxito recurso principal de reposición y subsidiario de  apelación.   

Presentado  por  la  Fiscalía el escrito de  acusación  contra  el  incriminado, el Juzgado Veintiocho Penal del Circuito de  Bogotá  realizó  la respectiva audiencia de acusación, ulteriormente efectuó  la  audiencia preparatoria y luego, la audiencia de juicio oral, para finalmente  proferir  fallo  el  27 de octubre de 2005, por cuyo medio condenó al acusado a  la  pena  principal de ciento cuarenta (140) meses de prisión, multa de ochenta  y  ocho  punto  ocho  (88.8) salarios mínimos legales mensuales vigentes y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo término de la sanción privativa de la libertad, como  autor  penalmente  responsable  del concurso de delitos de tráfico de migrantes  agravado y falsedad ideológica en documento público.   

En la misma oportunidad le negó el subrogado  penal   de   la  condena  de  ejecución  condicional,  así  como  la  prisión  domiciliaria.   

          Impugnada  la  sentencia  por  la  defensa,  el Tribunal Superior de  Pereira  la  confirmó  mediante  fallo  del  18 de enero de 2006, decisión que  ahora  es  objeto  de  recurso  extraordinario  de  casación interpuesto por el  defensor   de   DUHAMEL  GONZÁLEZ  LEÓN.   

LA DEMANDA  

El defensor del procesado formula tres cargos  contra  el  fallo  de  segundo grado; el primero, por violación indirecta de la  ley  sustancial  por  falso  juicio  de legalidad respecto de la declaración de  Yamber  Antonio Ariza Delgado  y  los  documentos  que  aportó  con  ocasión  de  la  misma;  el segundo, por  manifiesto  desconocimiento  de  las  reglas de producción y apreciación de la  prueba  sobre  la  cual  se  edificó la sentencia y; el tercero, por violación  directa  de  la  ley  sustancial  en  punto  de la determinación de la conducta  objeto de investigación.   

Con  el  propósito  de  evitar repeticiones  innecesarias,   metodológicamente   se  optará,  a  continuación,  por  hacer  referencia  separada  a  cada  uno  de los cargos presentados por la defensa y a  realizar acto seguido el correspondiente estudio formal del libelo.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Ha  precisado  la Sala que si bien en la Ley  906  de 2004 no se distingue entre recurso de casación por la vía común y por  la  discrecional,  pues  se eliminó la exigencia del quantum de pena del delito  por  el  que  se  procede  para  acceder  a  tal  impugnación, lo cierto es que  corresponde  al  demandante  acreditar  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,  lo cual le impone contar con interés para impugnar, señalar la  causal,  desarrollar  los cargos de sustentación del recurso y demostrar que es  necesario  el  fallo  de casación para cumplir alguno de los fines establecidos  por  el  legislador  en  el  artículo  180  de la referida normatividad para la  mencionada  impugnación,  es  decir,  la  efectividad  del derecho material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  sufridos   por   estos   y  la  unificación  de  la  jurisprudencia1.   

         Adicionalmente    se   tiene   que   de   acuerdo   con  la  preceptiva  del  artículo 184 de la Ley 906 de 2004, no será  seleccionado  el  libelo  de casación cuando el demandante carezca de interés,  no  señale la causal, no desarrolle adecuadamente los cargos de sustentación o  cuando  se  advierta  que  no  es necesario el fallo para cumplir algunas de las  finalidades del recurso.   

          Es  importante señalar que el recurso de casación en cuanto juicio  técnico   –  jurídico  cuenta  con  una  serie  de  reglas  técnicas  señaladas  por  el legislador y  desarrolladas  por  la  jurisprudencia  a  fin  de  que  no  se convierta en una  tercera instancia, las cuales  no  pasan  de  ser  un  conjunto  de  postulados  orientados  a conseguir que el  demandante   se   sujete  a  unos  mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en  la  postulación  y  desarrollo  de sus reparos, de suerte que resulten inteligibles  en  cuanto  precisos  y claros, dado que no corresponde a la Sala en su función  constitucional   y   legal  develar  o  desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   recurrentes   en  casación.   

Señalado  lo  anterior y conforme se había  anunciado,  serán  abordadas  cada  una  de  las  censuras  postuladas  por  el  impugnante  para  dar  sustento  a  su  pretensión  casacional, de la siguiente  manera:   

1.          Primer cargo: Violación indirecta de la  ley  sustancial  por  falso  juicio  de legalidad respecto de la declaración de  Yamber     Antonio    Ariza    Delgado.   

Aduce  el  censor  que  la  recepción  del  testimonio    del    investigador    Yamber   Ariza  Delgado   no   fue   solicitada   en   la  audiencia  preparatoria,  pese  a  lo  cual  fue valorado por los falladores, junto con los  documentos  que  aportó  al  rendir  su  declaración,  en  violación  de  los  artículos 3º, 357, 360 y 374 de la Ley 906 de 2004.   

Puntualiza  que  las  mencionadas  pruebas  tienen   origen  notoriamente  ilegal,  pues  si  el  investigador  Ariza  Delgado no fue citado a declarar,  contaminó  los  medios  probatorios  que aportó, circunstancia que imponía su  exclusión,  pese  a  lo  cual,  quien  fungía  como  defensor  de DUHAMEL  GONZÁLEZ guardó silencio sobre  el    particular    y    “cohonestó    con   esa  realidad”.   

         También  afirma  el  casacionista que el Tribunal dijo al respecto  que  el a quo decretó en la  audiencia  preparatoria  “no  solo  los testimonios  expresamente  solicitados  por  la  Fiscalía,  sino  que  dispuso  ‘la   incorporación  de  acuerdo  al  testigo     de    acreditación    que    señale    la    Fiscalía’ de las pruebas documentales a que se  refiere  el  informe  ejecutivo  042,  el  informe suscrito por los funcionarios  YAMBER  ARIZA  y  MIGUEL  PINEDA,  el  informe  investigativo  de campo suscrito  por   los  mismos  funcionarios”, aseveración  que  desconoce,  de  una  parte,  que  el  testigo de acreditación mencionado y  presentado  por  la  Fiscalía  hasta  su  última intervención en la audiencia  preparatoria   fue   Juan  Miguel  Pineda,    no    Yamber    Ariza,  y de otra, que el artículo 361 de la Ley 906 de 2004 prohibe al  juez decretar pruebas de oficio.   

         Destaca    que    si    bien    Yamber  Ariza  fue  mencionado  como testigo de acreditación  desde  la  fase previa al juicio y en el escrito de acusación, lo cierto es que  en    la    audiencia    preparatoria    no    se    solicitó   escucharlo   en  declaración.   

Como consecuencia de lo expuesto, el censor  argumenta  que  al  excluir  el  testimonio  de Yamber  Ariza,  así  como  los  medios de prueba que aportó  (evidencias  5,  6, 7, 8, 9, 10 y 11), con las pruebas restantes se acredita que  DUHAMEL   GONZÁLEZ  era  agente  del  DAS,  que  el  13 de febrero de 2005 laboraba en el filtro 24 de la  Sección  de  Inmigración  del  Aeropuerto  El  Dorado,  que  ese  día  fueron  registrados  los ingresos simulados de José Luis Soto  Salazar,   Liliana   Martínez   Oropeza  y  su  hijo  Luis  Soto  Martínez, que  estos  no  viajaron  en  dicha  fecha, que los registros de ingreso simulados se  realizaron  en  el  filtro  24  de inmigración que correspondía a DUHAMEL  GONZÁLEZ  y que el registro de  datos  debía  efectuarse  mediante una clave secreta, personal e intransferible  dispuesta para acceder al sistema.   

Y precisa que si se considera más allá de  toda   duda   concluir   que   se   demostró  la  comisión  del  delito  y  la  responsabilidad       del       procesado,       dado      que      DUHAMEL  era  la persona que laboraba en  el  filtro  24 de inmigración donde se efectuaron los registros simulados y que  sólo  los  pudo  realizar  él,  pues  tenía una clave personal para ello, tal  aseveración   sólo   constituye   una   hipótesis   lógica,   pero   no   la  única.   

Añade  que  si  bien  el  defensor  que lo  antecedió  pretendió  demostrar  que el procesado fue víctima de un abuso por  parte  de  un  compañero suyo, quien de manera ilegal y arbitraria realizó los  ingresos       simulados       en       el      filtro      de      DUHAMEL,  lo  cierto es que no adelantó  una  adecuada  estrategia  defensiva  para  acreditarlo,  más  aún,  cuando se  demostró  que  la  clave  de  acceso  a  los  sistemas no era tan secreta, pues  también era conocida por la Auditoría del DAS.   

Anota que bien pudo ocurrir también que por  ingenuidad,  el  procesado hubiera dejado el sistema pretendido, oportunidad que  aprovechó  otra  persona  para efectuar los registros simulados o incluso, pudo  acontecer   que  un  compañero  o  jefe  de  DUHAMEL  GONZÁLEZ  le hubiera pedido el favor de efectuar los  mencionados   registros   valiéndose   de   la  figura  de  la  “PRELACIÓN”.   

         A  partir de lo expuesto, el recurrente  concluye  que  en este asunto se presentan serias dudas que impiden arribar a la  certeza  requerida para condenar a su representado, motivo por el cual se impone  casar  el  fallo  atacado,  para  en  su lugar proferir sentencia absolutoria en  aplicación    del    principio    in   dubio   pro  reo.      

Encuentra   la   Sala   que  si  bien  el  casacionista   acierta   en  el  planteamiento  del  cargo  al  formularlo  como  violación  indirecta  de  la ley sustancial derivada de un error de derecho por  falso  juicio  de legalidad, en cuanto reprocha que en el juicio oral se hubiera  escuchado  en  declaración  al  investigador  Yamber  Antonio   Ariza   Medina,  pues  pese  a  que  éste  suscribió   el   correspondiente   informe   investigativo   en  compañía  de  Miguel   Pineda,  no  se  solicitó  en  la  audiencia  preparatoria  la  recepción  de su testimonio, lo  cierto  es que en la demostración del reproche se aparta de las reglas lógicas  inherentes a tal censura.   

En  efecto, de tiempo atrás ha precisado la  Sala  que  se  incurre  en  el  mencionado  yerro cuando el fallador aprecia una  prueba  irregularmente  aducida  a  la  actuación  o cuando la misma adolece de  irregularidades   que  afectan  su  validez;  también  se  presenta  cuando  el  funcionario  desecha  por ilegal una prueba que no ostenta tal irregularidad. En  el  primer  caso, corresponde al actor identificar el medio probatorio que tacha  de  ilegal,  indicar  las  disposiciones  legales  o constitucionales que al ser  quebrantadas  determinan  su  ilegalidad  y  demostrar  que  ello  efectivamente  ocurrió;  en  el  segundo  es deber del demandante comprobar la legalidad de la  prueba  desechada  por  el  juzgador.  Además,  en los dos eventos, también le  compete  acreditar  la  trascendencia  del  yerro en las conclusiones del fallo,  esto  es, demostrar que con la marginación de la prueba que se dice ilegal, las  restantes  pruebas  conducen  a  una  decisión  sustancialmente  diversa  de la  atacada,  o  bien,  que  con  la incorporación del medio de prueba que el actor  estima  legal,  las conclusiones son distintas de las contenidas en la sentencia  impugnada.   

Puntualizado lo anterior advierte la Sala que  el  casacionista no procede a demostrar por qué la declaración de Yamber  Ariza como testigo de acreditación  y  los  documentos  que  aportó  son  ilegales, pese a que dicho declarante fue  mencionado  como testigo de acreditación desde la fase previa al juicio y en el  escrito  de  acusación  y  además,  la  Juez  de  conocimiento  dispuso  en la  audiencia  preparatoria  que  el  informe  ejecutivo del DAS y el informe de los  investigadores  de campo junto con sus anexos debían ser incorporados a través  de testigo de acreditación.   

Adicional  a ello, aunque el censor emprende  el  ejercicio  de  establecer qué se demostraría con los medios de prueba cuya  legalidad  y validez no cuestiona una vez marginadas las evidencias que tacha de  ilegales,  se  desentiende,  de  una  parte,  de los fundamentos probatorios que  sirvieron  de  base al fallo de condena y de otra, orienta su labor a exponer su  personal  apreciación  de  dichos elementos demostrativos, proceder inadmisible  en este recurso extraordinario.   

Como  el  defensor  aduce que los falladores  quebrantaron  las  reglas  de  la  lógica en la apreciación de las pruebas que  considera  legales,  es  evidente que se aparta del cargo propuesto e ingresa en  el  discurrir  del  error  de  hecho  por  falso  raciocinio, caso en el cual le  correspondía  establecer  qué  dice concretamente el medio probatorio, qué se  infirió  de  él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue el mérito persuasivo  otorgado,  determinar  el  postulado lógico, la ley científica o la máxima de  experiencia  cuyo  contenido  fue  desconocido  en  el  fallo, debiendo a la par  indicar  su  consideración correcta, identificar la norma de derecho sustancial  que  indirectamente  resultó  excluida  o  indebidamente aplicada y finalmente,  demostrar  la  trascendencia del error expresando con claridad cuál debe ser la  adecuada  apreciación  de  aquella  prueba,  con la indeclinable obligación de  acreditar  que  la  enmienda  del  yerro  daría  lugar a un fallo esencialmente  diverso  y  favorable  a  los  intereses  de  su  representado, actividad que no  acometió.   

Ahora,  como  básicamente  la  queja  del  defensor  se encamina a echar de menos la certeza exigida por el legislador para  proferir  un fallo de condena y para ello alega la existencia de duda razonable,  sin  dificultad  se observa que no dirige su esfuerzo a señalar la presencia de  dudas  trascendentes  respecto  de la materialidad de los delitos investigados o  la  responsabilidad  de  DUHAMEL GONZÁLEZ,  sino  que,  sin  más,  a  partir  de  la valoración subjetiva y  fragmentaria     de     algunas    pruebas    propone    unas    “hipótesis”  especulativas  acerca de un  posible  actuar  desleal de un funcionario del DAS en el puesto de filtro que en  la  Oficina de Inmigración tenía su procurado el día en que se efectuaron los  falsos   registros   de  ingreso  de  Alfredo  Mancera  Cardona,  Lilia  Olarte  Alzate  y  Juan  Sebastian  Mancera  Olarte,  planteamiento  por  completo ajeno a la invocación del principio  in dubio pro reo.   

Es preciso expresar que tal forma de censurar  el   fallo   de   segundo  grado  es  ajena  al  ámbito  de  esta  impugnación  extraordinaria,  la cual no está instituida para reabrir debates ya clausurados  en  el curso de las instancias, para reprochar exclusivamente la valoración que  de   las   pruebas   efectuaron  los  falladores  o  para  construir  conjeturas  indemostradas,  dado  que  es imprescindible en punto de la violación indirecta  de  la  ley  sustancial  identificar  y  acreditar  errores trascendentes de los  funcionarios   judiciales   y  no  simples  discrepancias  en  el  campo  de  la  valoración  de  los  medios  probatorios,  por virtud de la dual presunción de  acierto  y  legalidad  con  la  que  llega  amparada  la  providencia  objeto de  impugnación.   

Así las cosas, a la Sala no le queda camino  diverso a inadmitir el reproche en tales términos planteado.   

2.             Segundo    cargo    (subsidiario):  Desconocimiento   de   las   reglas   de   producción  y  apreciación  de  las  pruebas.   

         El  defensor considera que los falladores no tuvieron en cuenta las  notorias  contradicciones  en  las  cuales  incurrió  el  testigo  Alfredo   Mancera   Cardona  entre  lo  expuesto  inicialmente  ante  funcionarios  del  DAS y lo declarado en el juicio  oral,  circunstancia  que  tampoco  fue  alegada  por  quien lo antecedió en la  defensa técnica.   

        En  punto  de  la  demostración del cargo aduce que el mencionado  declarante  y  su  esposa  no  fueron  víctimas  del  delito  investigado, sino  copartícipes,  pues  intencionalmente  querían viajar a Méjico con pasaportes  falsos,  como  en  efecto  ocurrió,  pese  a  lo  cual  no fueron investigados;  además,  considera  que  en el testimonio de Alfredo  Mancera  se advierte un afán sospechoso en señalar  a  DUHAMEL GONZÁLEZ como  autor  del  comportamiento  objeto  de  investigación,  motivo  por  el cual la  referida declaración debió ser desechada por los falladores.   

Luego, el censor realiza un resumen de las  declaraciones  de  Jackeline  Mejía, Danny Jiménez  Enciso  y  Ana  Padilla  Vaca  y concluye que sí era posible que una persona  diferente  al  procesado  ingresara  al  sistema  en  el  filtro veinticuatro de  inmigración y efectuara el registro de los ingresos simulados.   

Añade que de acuerdo con las reglas de la  experiencia  y  el  sentido  común,  los  mencionados  registros  simulados  no  debieron  efectuarse  tres  horas  antes  del vuelo 393 de Mejicana de Aviación  como  se  afirma  en  la  decisión  atacada,  pues  de  tal manera se detectaba  fácilmente  la irregularidad, sino que debieron adelantarse con el ingreso real  de los pasajeros de dicho vuelo.   

Cuestiona que en el fallo recurrido se diga  que  los registros de las tres personas se efectuaron de manera intercalada para  evitar  la  detección  de  la  irregularidad,  pues  en  su  criterio  una  tal  afirmación contraría las reglas de la experiencia.   

        Igualmente  destaca que la clave personal de acceso a los sistemas  no  era  tan  secreta  como  se ha expuesto en el diligenciamiento, pues hay que  tener  en  cuenta  que en el DAS hay corrupción y que la clave era conocida por  la  Auditoria  de  la  mencionada entidad, circunstancia que impide arribar a la  certeza sobre la autoría del delito investigado.   

        Con  base  en lo anterior, el defensor solicita a la Sala casar el  fallo  objeto  del  recurso,  para en su lugar proferir sentencia absolutoria en  favor   de   su   representado,  dando  aplicación  al  principio  in dubio pro reo.   

Al estudiar formalmente este cargo observa la  Sala  que el casacionista postula de manera sincrónica y por los mismos motivos  el  desconocimiento  de  las reglas de producción y apreciación de las pruebas  que   sirvieron   de   fundamento  al  fallo  de  condena,  sin  percatarse  que  corresponden  a  dos fenómenos sustancialmente diferentes. El primero, comporta  un  error  de  derecho  por falso juicio de legalidad o de convicción, en tanto  que el segundo alude a un error de hecho en alguna de sus especies.   

Además   se  tiene  que  al  postular  la  violación  indirecta de la ley sustancial, correspondía al recurrente señalar  si se trató de un error de hecho o de derecho.   

En  el  primer  caso, debía precisar si los  falladores  erraron  al  apreciar  la prueba, bien sea porque pese a obrar en el  diligenciamiento  no  fue valorada (falso juicio de existencia por omisión); ya  porque  sin  figurar  en  la  actuación  supusieron  que  allí  aparecía y la  tuvieron   en   cuenta   en   su  decisión  (falso  juicio  de  existencia  por  suposición);   ora   porque   al   considerarla   distorsionaron  su  contenido  cercenándola,  adicionándola  o  tergiversándola (falso juicio de identidad);  también,  cuando  sin  incurrir en alguno de los yerros referidos derivaron del  medio  probatorio  deducciones  que  contravienen  los  principios  de  la  sana  crítica,  esto  es, los postulados de la lógica, las leyes de la ciencia o las  reglas de la experiencia (falso raciocinio).   

En  el segundo caso, esto es, en tratándose  de  la  postulación de errores de derecho, era su deber especificar si el yerro  consistió  en  negar  a  determinado medio probatorio el valor conferido por la  ley  u  otorgarle  un  mérito  diverso al atribuido legalmente (falso juicio de  convicción).  También,  porque  los  falladores  al  apreciar alguna prueba la  asumieron   erradamente   como   legal  aunque  no  satisfacía  las  exigencias  señaladas  por el legislador para tener tal condición, o porque la descartaron  aduciendo  de  manera  errada su ilegalidad, pese a que se cumplieron cabalmente  los  requisitos dispuestos en la ley para su práctica o aducción (falso juicio  de legalidad).   

En  efecto,  ninguna de las referidas reglas  lógicas  fue  acatada  por  el  censor,  quien  se limita a exponer su personal  criterio  sobre  la  ausencia  de  responsabilidad  de su representado, pero sin  señalar  en  concreto yerros de los falladores, pues sólo ensaya confrontar su  criterio  con  el  de  los  juzgadores, en manifiesto desconocimiento de la dual  presunción   de   legalidad   y  acierto  del  fallo,  con  lo  cual  deja  sin  demostración el cargo.   

También  observa  la  Sala  que el defensor  censura  la  apreciación  de  las  pruebas,  pero  no  procede con precisión a  señalar  si  su  queja  apunta  a  que  los falladores las supusieron aunque no  aparecían   en  la  actuación,  las  marginaron  a  pesar  de  figurar  en  el  diligenciamiento,  las  cercenaron  o  adicionaron en su contenido material, las  valoraron  con  quebranto  de  las reglas de la sana crítica, fueron apreciadas  aunque  eran  ilegales, se les marginó pese a ser legales o no les fue otorgado  el  valor  probatorio señalado en la ley, omisiones que le impiden acreditar la  pretendida inocencia de su asistido.   

          De  conformidad  con  lo  expuesto,  se impone inadmitir el reproche  formulado.   

3.          Tercer cargo: Violación directa de la  ley  sustancial  en  punto  de  la  determinación  de  la  conducta  objeto  de  investigación.   

Al amparo de la causal primera de casación  establecida  en  la  Ley  906  de  2004, el demandante afirma que los falladores  incurrieron  en  violación directa de la ley sustancial (artículos 11, 12, 188  y  188  B  de  la  Ley  599 de 2000), dado que no se configura en este asunto el  delito de tráfico de migrantes.   

En  la  demostración del reproche señala  que  no  incurre  en  el  referido delito quien facilita la salida de Colombia a  tres  personas  supuestamente  mejicanas,  dado  que  estas,  como  lo  declaró  Alfredo  Mancera Cardona,  voluntariamente  querían  viajar  a  Méjico  y por tanto, no fue violentada su  autonomía personal.   

        También  anota  que  la  conducta  investigada  no  es típica en  cuanto  no hay presencia en este caso del objeto material o del objeto jurídico  del  ya  mencionado comportamiento delictivo y que además, ni siquiera se puede  estructurar  el juicio de antijuridicidad formal, dado que no se lesionó o puso  en peligro el bien jurídico protegido por la ley penal.   

        Puntualiza   que   si   bien   Alfredo  Mancera y su familia fueron inadmitidos en Méjico y  por  ello fueron devueltos a Colombia, tal circunstancia no comporta un atentado  contra  su autonomía personal perpetrado por DUHAMEL  GONZÁLEZ,   como   erradamente  se  afirma  en  la  sentencia atacada.   

        Con  fundamento  en  lo expuesto, el recurrente solicita a la Sala  casar  la  sentencia  impugnada, para en su lugar proferir fallo de reemplazo de  carácter absolutorio en favor de su procurado.   

          Considera   la   Sala   que   en   su  aspecto  formal  el  defensor  sujeta  su argumentación a las reglas que de tiempo  atrás  han  sido  establecidas por la jurisprudencia en punto de la invocación  de la violación directa de la ley sustancial.   

En  efecto,  ha  dicho  la  Sala y ello vale  respecto  de  la Ley 906 de 2004, que la violación directa de la ley sustancial  sólo  se refiere al yerro en el que incurren los sentenciadores cuando a partir  de  la  ponderación  de  los hechos objeto de juzgamiento legal y oportunamente  allegados  a  la actuación, dejan de aplicar la disposición que se ocupa de la  situación  en  concreto,  en  cuanto  yerran  acerca de su existencia (falta de  aplicación  o  exclusión  evidente), realizan una equívoca adecuación de los  hechos   probados  a  los  supuestos  que  contempla  el  precepto  (aplicación  indebida),  o  le  atribuyen  a  la  norma  un sentido que no tiene o le asignan  efectos    diversos    o    contrarios    a    su   contenido   (interpretación  errónea).   

Entonces,  cualquiera  sea  la  modalidad de  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  el  yerro de los juzgadores recae  necesaria  e inmediatamente sobre la normatividad, circunstancia que traslada el  debate  a  un  ámbito  estrictamente  jurídico,  sea porque se deja de lado el  precepto  regulador de la situación específica demostrada, ora porque el hecho  se  adecua a un precepto estructurado con supuestos distintos a los establecidos  o  bien  porque  se desborda la intelección propia de la disposición aplicable  al  caso  concreto,  todo lo cual exige como punto de partida, la aceptación de  la  realidad  fáctica  definida  en  las  instancias e inmodificable dentro del  proceso.   

En la censura objeto de estudio se observa  que  el  casacionista  plantea  la  violación  directa  de  la ley sustancial y  orienta  su  discurrir  a  plantear  la  inexistencia  del objeto material y del  objeto  jurídico  en  punto  del delito de tráfico de migrantes, para concluir  que     la    conducta    imputada    a    DUHAMEL  GONZÁLEZ   es  atípica  o  no  antijurídica  por  ausencia  de  lesión  al  bien  jurídico,  todo  ello sin adentrarse de manera  alguna  en  la  valoración  de  las  pruebas  y  aceptando,  tanto  los  hechos  declarados  en  las  instancias,  como  la validez de las pruebas obrantes en la  actuación sobre el particular.   

        También  encuentra  la  Sala que el demandante hace explícita la  necesidad  del  fallo  en  punto  de  hacer  efectivo  el  derecho  material del  procesado   y   asegurar   el   respeto   de  las  garantías  que  le  asisten,  específicamente  en  cuanto  se refiere a establecer si la conducta de trata de  migrantes   por   la   cual   se  acusó  a  DUHAMEL  GONZÁLEZ  lesionó  o  puso  en  peligro  de manera  efectiva el bien jurídico objeto de protección.   

          Las  razones  expuestas  irrumpen  como  suficientes para admitir el  cargo así propuesto por el defensor.   

          Cuestión final.   

          Habida  cuenta  que  contra  la  decisión  de  inadmitir los cargos  primero  y  segundo de la demanda de casación presentada por la defensa procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo  186  de  la  Ley  906  de  2004,  impera precisar que como dicha legislación no  regula  el trámite a seguir para que se aplique el referido instituto procesal,  la   Sala   ha   definido   las   reglas   que   habrán  de  seguirse  para  su  aplicación2, como sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de la providencia por cuyo medio la Sala decida no seleccionar la  demanda  de  casación,  con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio Público para la Casación Penal, el  Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates y  suscrito la providencia inadmisioria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  hayan  salvado  voto  en  cuanto  a la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido   en   la  discusión  y  no  haya  suscrito  el  referido  auto  de  inadmisión.   

          iii)                      Es potestativo del Magistrado disidente, del que  no  intervino  en  los debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien  se  formula  la  insistencia, optar por someter el asunto a consideración de la  Sala  o  no  presentarlo  para su revisión, evento último en que informará de  ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

          iv)                       El  auto  a través del cual no se selecciona la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

        1.                     INADMITIR   los  cargos  primero  y  segundo  de la demanda de casación  interpuesta  por  el  defensor  del  procesado  DUHAMEL  GONZÁLEZ  LEÓN,  por  las  razones  expuestas  en la  anterior motivación.   

        De  conformidad con lo dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906  de     2004,    es    facultad    del    demandante    elevar    petición    de  insistencia.   

        2.                     ADMITIR  el  cargo  tercero  del  libelo  de  casación  presentado  por  la defensa, en punto de la  temática delimitada en la parte considerativa de esta providencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                               ALFREDO     GÓMEZ  QUINTERO   

ÉDGAR LOMBANA  TRUJILLO                        ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

Permiso  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                           JORGE    LUIS   QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                     JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Auto  del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322, entre otros.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *