25442(18-05-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25442  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                                         Magistrado Ponente   

                                                         Dr. Alfredo Gómez Quintero   

                                                         Aprobado Acta No. 48   

Bogotá,  D.C., dieciocho (18) de mayo de dos  mil seis (2.006)   

VISTOS:  

Decide la Corte sobre la admisibilidad formal  de  la  demanda  de  casación  presentada por el apoderado de JIMMY GUTIÉRREZ,  contra  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Cali el 22 de  noviembre  de 2.005, confirmatoria del fallo dictado por el Juzgado 19 Penal del  Circuito  de  la  misma  ciudad  el  28 de enero de dicho año, mediante el cual  condenó  al  procesado  a  la  pena  principal  de  29  años  de prisión como  responsable   del   delito   de   homicidio   agravado   y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  en  el  ejercicio  de sus derechos y funciones públicas por un  término de 20 años.   

HECHOS:  

Los   hechos   de   este   proceso   fueron  sintetizados,  en  glosa  que  la  Sala  acoge,  en  el  fallo  de primer grado,  así:   

“Tuvieron ocurrencia el día 2 de Noviembre  de  2.003, cuando promediaban las 0:40 horas de la madrugada, más concretamente  en  el sector comprendido entre la calle 23 con carrera 45, del barrio San Judas  de  la  localidad  (Cali),  cuando  el  obitado  Nelson  Antonio  Rincón Ríos,  recibió  un impacto de bala en la región frontal de su cabeza, produciéndose,  en un centro asistencial local a donde fue trasladado, su deceso.   

Como  autor  del  disparo que culminó con la  existencia  de  Nelson  Antonio  Rincón  Ríos  (desde  el  mismo inicio de las  diligencias  realizadas  por  la fiscalía que practicó inspección judicial al  lugar  de  los  episodios)  se señaló –por   presenciales   de   la  acción  criminal-,  al  señor  Jimmy  Gutiérrez,   capturado   instantes   después  de  sucedidos  los  episodios”  (fl.280).   

LA DEMANDA:  

Con amparo en la primera causal de casación,  acusa  el defensor del procesado el fallo impugnado, bajo la postulación de dos  cargos independientes.   

El           primero  de  ellos  dice  encaminarse  por  violación  indirecta de la ley sustancial, en el sentido de falso raciocinio en  que  habría  incurrido  el  sentenciador  en  la  valoración  de  los diversos  “medios de prueba contentivos en el proceso”.   

Clarifica el actor la pertinencia de la clase  de  error  argüido,  bajo  el  supuesto  de  reconocer que las diversas pruebas  fueron  analizadas  en su contenido material, pues el yerro surge es por estimar  que  a  través  de  ellas podía llegarse a la certeza sobre la responsabilidad  con quebranto de los supuestos de la sana crítica.   

Para  el  censor,  el  Tribunal  ha  debido  “interpretar  en mejor manera” la prueba testimonial y así determinar si el  procesado  fue atacado y actuó en su defensa, pues no encuentra correcto que se  hubiera  creído a personas consumidoras de droga con desmedro de quien es padre  de familia y honesto trabajador.   

Contrario  a  la  credibilidad  que  el fallo  otorgó  a  los  “testigos” se muestra el actor y en particular lo expresado  por  Henry  Castillo, no porque lo etiquete como “indigente” -señala-, sino  por  tratarse  de  un  consumidor  de  estupefacientes,  aspecto que realza para  desmeritar la credibilidad que le fuera otorgada.   

Así,   para  el  demandante,  el  “falso  raciocinio”  aducido culminó por desconocer normas procesales de apreciación  probatoria  y  sustanciales,  toda  vez que se condenó al procesado con base en  sendos  testimonios de personas que para el momento de los hechos se encontraban  bajo  el  influjo del alcohol y de alucinógenos y que siendo contradictorios no  debieron  ser  creíbles,  defecto  sin  el cual no habría podido declararse la  responsabilidad del incriminado.   

Como           segundo    ataque    al   fallo,   acusa  “tergiversación   de   la  prueba  testimonial”   y   “omisión  parcial  de la prueba”.  Se  refiere en concreto a lo depuesto   por   Henry   Castillo   pues   según  su  criterio  no  ha  debido   desechar   el   Tribunal  aquello  que  expusiera en sus  posteriores  intervenciones   y  solo  creer  lo dicho en su  primer  versión,  censura  que  motiva  en  idéntico  sentido respecto de John  Walter Ruíz.   

Respecto  al  primero  de  los  deponentes,  manifiesta  el  actor  inconformidad  con  la valoración contenida en el fallo,  toda  vez  que  se le brindó credibilidad sólo a la primera de sus versiones y  en  detenido  estudio  –que  cita-  explicó  el  Tribunal  la  razón  por  la  cual  lo  desechaba  en  las  posteriormente  presentadas, cuando según su concepto el ofrecimiento de dinero  que  adujo  para  declarar  como lo hizo es perfectamente posible que lo hubiera  recibido antes de la primera declaración, como lo sostuvo.   

Expresa  enseguida el demandante que también  concurre  falso juicio de identidad por omisión de pruebas, en tanto si bien no  fue  testigo  directo  de los hechos, supo de ellos el “taxista” José Jairo  Gálvis  Marulanda,  pese a lo cual fue “desmeritado por completo por parte de  la  Sala”  en  argumentos con los cuales expresa el libelista su discrepancia,  pues  no  habiendo  establecido  que  entre Gutiérrez y aquél existiera algún  tipo de acuerdo, no era dable tal descalificación probatoria.   

Las   pruebas   destacadas,  asegura,  eran  demostrativas   de   la   legítima  defensa  con  que  actuó  el  incriminado,  peticionando   en   consecuencia,   se   case   el  fallo  para  proceder  a  su  reconocimiento.   

CONSIDERACIONES:  

              

1.  Bajo  los  supuestos  que  han servido de  prolegómeno  a la enunciación de los dos cargos postulados en este caso por el  defensor  de  JIMMY  GUTIÉRREZ,  surge  en  forma  muy evidente que el actor ha  confundido  el  sentido  y  alcance  inherentes  al  recurso  extraordinario  de  casación  invocado,  con aquellos alegatos propios de los mecanismos ordinarios  de  oposición  a las decisiones en las instancias del proceso, al margen de que  en  relación  con  cada  tacha  intentara  fijar  una concreta modalidad de los  errores  probatorios  acusados, dado que visto su particular contenido no existe  ninguna  correspondencia  con  los  supuestos  enunciativos  a  que obedece cada  uno.   

2.        El        primero  de los reproches propuestos, dice  encaminarse  por vulneración a las reglas de la sana crítica, en el sentido de  estar concebido por “falso raciocinio”.   

Y,  aun  cuando  el  libelista  se  muestra  conocedor  de que la fundamentación teórica de dicho yerro está basada en que  el  fallador  habría  socavado  los  principios  lógicos,  las  reglas  de  la  experiencia  común  o  las  leyes  de  la  ciencia,  en  modo alguno realiza un  esfuerzo  orientado  a  hacer  evidente  que  en  el  análisis  de  un medio de  persuasión  o  en  el conjunto de los mismos se produjo un desquicio valorativo  por  quebranto  de  los  enunciados  presupuestos del método apreciativo de las  pruebas de la sana crítica.   

3.  En efecto, no se ocupa del anunciado  defecto  en  la  valoración  de  las  pruebas  porque  el  mismo provenga de un  inadecuado  manejo de aquellos presupuestos propios de la sana crítica, sino en  refutar  la  “credibilidad” que el sentenciador otorgó a sendos testimonios  “que   ha   debido   interpretar   en   mejor   manera”,  previo  “estudio  responsable”  de  los mismos para entender, como lo indica el censor, que dada  su   condición   de   consumidores  de  droga  y  alcohol  no  eran  dignos  de  crédito.   

4. La confusión en el planteamiento del actor  prosigue  en  forma resuelta al censurar lo depuesto por Henry Castillo y que la  sentencia  se  fundara,  entre  otras  pruebas, en lo expresado inicialmente por  él,  sobre  la  ambigua  base  de tratarse de persona adicta a las drogas, como  queriendo  significar  que dadas esas condiciones no se presentaba como digno de  credibilidad,  a  lo cual opone la condición de quien resultó siendo procesado  toda   vez   que   se   trató   realmente   de   una   “víctima  de  ataques  injustos”.   

No  se trata, por ende, de confrontar valores  procesales  predicables  de  la  sana  crítica  que  no hubieran sido sopesados  dentro  de los parámetros que la lógica, la ciencia o la experiencia informan,  sino  de  querer  hacer  predominar  el  poder  de  convicción  que  la  prueba  testimonial  debería  generar  en  el  criterio  del  sentenciador  a efecto de  aceptar  o  no  las  exculpaciones  del  imputado y sobre todo la afirmación de  haber actuado en legítima defensa.   

5. Este es el mismo ostensible desacierto que  repite   el   casacionista   al  promover  el  segundo  ataque a la sentencia.   

Según  queda  visto,  dentro  de  un  mismo  acápite  que  sostiene emerge de un pretendido “falso juicio de identidad”,  propone      tanto     tergiversación     de     la     prueba     –correspondiente   al   falso   juicio  acusado-,  pero  también  la  omisión  parcial  de  otra  prueba  –propio del falso juicio de existencia-,  fusión  de errores que comienza por anticipar la equivocada orientación que al  expresar sus fundamentos se hace inobjetable.   

6.  Para defender la tesis de tergiversación  probatoria  y  pese  a  dejar  en  claro  que el fallador se ocupó a espacio de  estudiar  lo depuesto por Henry Castillo y en concreto la razón por la cual era  creíble  lo  que manifestara en su primera declaración y no con posterioridad,  se  adentra  el actor en la crítica de los fundamentos sentenciadores sin poder  clarificar,  en  modo alguno, cuál fue el contenido objetivo de lo depuesto por  el  testigo  que  el  juzgador modificó, pues lo que surge como discrepante son  las  conclusiones  a  que  arribó  en  desarrollo de su minucioso y explicitado  estudio de esa prueba.   

7.  No  configura  error alguno demandable en  casación,  la  circunstancia  de  no  coincidir  el resultado de la cotejación  probatoria  en  las  conclusiones  del  Tribunal,  con  aquellas  que  desde  su  unilateral  e  interesado lugar de observación hace el demandante, no se trata,  como  insiste el libelista de un yerro en “la interpretación de este medio de  prueba”,  sino  de  una  distinta percepción que surge inoponible al fallo en  tanto   no   medie   en   el   ejercicio   censurado   un   error   fáctico  de  apreciación.   

8.  Como  ya  se  advirtió,  por último, no  existe  el  falso  juicio de identidad por omisión probatoria. Pero además, en  forma   ciertamente  contradictoria  que  se  hace  ininteligible,  sostiene  el  recurrente     que     el    juez    no    tomó    en    cuenta    –ignoró,   por   tanto-,  lo  depuesto  por   el  “taxista”  José  Jairo  Gálvis Marulanda que habría tenido  noticia  de  los  hechos,  mas  sin  embargo,  señala a la vez que su dicho fue  “desmeritado  por  completo  por  parte de la Sala”, expresando –en  reproducción textual-, las razones  concurrentes  para que, en el propio texto del fallo, los jueces hubieran negado  credibilidad  a su versión, aspecto que asume el actor es de dicha forma, a tal  extremo  de  que  ofrece  motivos  propios  para  que el sentenciador le hubiera  brindado veracidad a su exposición.   

En  los términos vistos, es muy elocuente la  falta  de  claridad  y precisión de los reproches esbozados por el demandante y  por  lo  tanto  incuestionable  la ineptitud del libelo.       

En  condiciones semejantes, se impone para la  Sala  la  desestimación  del  libelo,  sin  que  se  observe  la  necesidad  de  actuación oficiosa en protección de garantías constitucionales.   

En razón y mérito de lo  expuesto,    la    Corte    Suprema   de   Justicia   en   Sala   de   Casación  Penal,   

RESUELVE:   

Inadmitir  la  demanda de  casación     presentada     por     el    defensor    del    procesado    JIMMY  GUTIÉRREZ.   

Contra esta decisión no procede  recurso  alguno.   

Cópiese,   cúmplase   y   devuélvase  el  expediente al Tribunal de origen.   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                   

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO           ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN    

Excusa justificada  

MARINA         PULIDO        DE  BARON            JORGE  LUIS   QUINTERO   MILANÉS                             

YESID            RAMÍREZ  BASTIDAS                                 JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

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