25424(04-05-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  25424   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 042.  

Bogotá D.C., mayo cuatro (4) de dos mil seis  (2006).   

VISTOS  

Adopta  la  Sala la decisión que en derecho  corresponda  en  punto  de  la  admisibilidad  formal  del  libelo  de casación  presentado   por   el   defensor   de  HERNANDO  PARRA  RUIZ,  contra  el  fallo  proferido  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá el 11 de octubre de 2005, confirmatorio del dictado por el  Juzgado  Cuarenta  y Dos Penal del Circuito de la misma ciudad el 4 de agosto de  2004,  por  cuyo  medio  lo  condenó a la pena principal de cuarenta y dos (42)  meses  de  prisión, multa en cuantía de treinta (30) salarios mínimos legales  mensuales  y  privación  del  derecho a conducir vehículos por cuarenta y ocho  (48)  meses,  como  autor penalmente responsable del delito de homicidio culposo  agravado  en  Esperanza  Tibaduiza Méndez.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Los  hechos  motivo  de  este  diligenciamiento fueron adecuadamente  sintetizados en el fallo de primer grado, así:   

“Para la primera  hora  de  la  madrugada  del día 1 de septiembre de 2002, en la Avenida Boyacá  con  carrera  34 sur de la ciudad, ocurrió un accidente de tránsito, cuando el  vehículo  Renault  18  de  color  rojo  de  placas ELI-156 arroyó (sic)  a  la  señora  ESPERANZA TIBADUIZA  MÉNDEZ,  arrojándola  varios  metros  más  adelante  a un lado de la vía; al  tratar  de  emprender  la  huida  chocó  el vehículo de color blanco de placas  OBC-235,  producto  del  cual  fue  a  parar  al  separador  de  las  dos vías,  evadiéndose  del  lugar el conductor del vehículo primariamente anunciado. Por  tal  acto  de  atropellamiento quedó sin vida la mencionada ESPERANZA TIBADUIZA  MÉNDEZ,  al  sufrir  múltiples  politraumatismos  en  su humanidad”.   

La Fiscalía Seccional de Bogotá dispuso la  correspondiente   indagación   preliminar   y   luego  de  practicadas  algunas  diligencias  declaró  abierta  la instrucción, en cuyo marco vinculó mediante  indagatoria   a   HERNANDO   PARRA  RUIZ,   definiéndole   su   situación   jurídica   con   medida   de  aseguramiento  de  detención preventiva sin derecho a libertad provisional como  posible  autor  del  delito  de  homicidio culposo agravado, providencia que fue  objeto  de  confirmación  por  parte  de la Fiscalía Delegada ante el Tribunal  Superior  de  Bogotá  al  conocer  del recurso de apelación interpuesto por la  defensa.   

Clausurado   el   ciclo  instructivo,  la  Fiscalía  calificó  el  mérito  del  sumario  el  11 de noviembre de 2003 con  resolución  de  acusación  en  contra  del  procesado  como presunto autor del  delito que sustentó la medida de aseguramiento.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Cuarenta  y Dos Penal del Circuito de Bogotá, despacho que una vez  surtido  el  rito  legal  pertinente profirió fallo el 4 de agosto de 2004, por  cuyo  medio  condenó a HERNANDO PARRA RUIZ  a  la  pena  principal  de  cuarenta y dos (42) meses de prisión,  multa  en  cuantía  de  treinta  (30)  salarios  mínimos  legales  mensuales y  privación  del  derecho a conducir vehículos por cuarenta y ocho (48) meses, a  las  accesorias  de interdicción de derechos y funciones públicas por el mismo  lapso  de  la  pena  privativa de libertad y prohibición del consumo de bebidas  embriagantes  por cinco (5) años y al pago de la correspondiente indemnización  de  perjuicios,  como  autor  penalmente  responsable  del  delito  de homicidio  culposo     agravado    en    Esperanza    Tibaduiza  Méndez.   

          En  la  misma  decisión negó al procesado la condena de ejecución  condicional, la libertad condicional y la prisión domiciliaria.   

          Impugnada  la  sentencia  por  la  defensa,  el Tribunal Superior de  Bogotá  la  confirmó  mediante fallo del 11 de octubre de 2005, pero concedió  al  procesado  la  libertad  condicional,  providencia  que  es  ahora objeto de  impugnación extraordinaria por parte de la defensa.   

LA DEMANDA  

El censor presenta dos cargos contra el fallo  del  ad quem, el primero, por  “ERROR   DE  DERECHO  EN  LA  APRECIACIÓN  DE  LAS  PRUEBAS”  y  el  segundo,  orientado  a conseguir la  nulidad  de la sentencia de condena por violación del derecho al debido proceso  y a la defensa de su representado.   

Con   el   fin   de   evitar  repeticiones  innecesarias,   metodológicamente   se  optará,  a  continuación,  por  hacer  referencia  separada  a  cada  uno  de los cargos presentados por la defensa y a  realizar acto seguido el correspondiente estudio formal del libelo.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Inicialmente  es  oportuno puntalizar que el  recurso    de    casación,    en    cuanto    juicio    técnico   –  jurídico,  cuenta  con una serie de  reglas   técnicas   señaladas   por  el  legislador  y  desarrolladas  por  la  jurisprudencia   a   fin   de   que   no   se   convierta  en  una  tercera  instancia, las cuales no pasan de  ser  un  conjunto  de  postulados  orientados  a  conseguir que el demandante se  sujete  a unos mínimos lógicos y de coherencia en la postulación y desarrollo  de  sus  reparos,  de  suerte  que  resulten  inteligibles  en cuanto precisos y  claros,  dado que no corresponde a la Sala en su función constitucional y legal  develar  o  desentrañar  el sentido de confusas, ambivalentes o contradictorias  alegaciones de los recurrentes en casación.   

Ahora, conforme se anunció, serán abordadas  cada  una  de  las  censuras postuladas por el impugnante para dar sustento a su  pretensión casacional, de la siguiente manera:   

1.          Primer  cargo: Violación directa de la  ley sustancial por errores en la apreciación de las pruebas.   

          Afirma  el  censor  que  los  falladores  incurrieron  en errores de  derecho  al  apreciar  los  testimonios  de Luis Miguel  Niño   Rodríguez,   Eliecer   Montañez,  Martín  Emilio  Rodríguez  Zapata.  Elizabeth  Puentes,  Eugenio Mesa Jiménez, Indira Rivera Jácome, Ricardo Rosas  Beltrán,  Villamil Sánchez Culma, Luz Angélica Aguirre Ramírez, Miguel Angel  Díaz   Ruíz   y  Alberto  Rodríguez  Chiguizo,  pues  no  fueron  valorados  de  conformidad con las reglas de la sana crítica.   

          Agrega   que  tampoco  fueron  ponderadas  de  conformidad  con  las  referidas  reglas  las  pruebas  documentales obrantes en la actuación, con las  cuales  se  acredita  que  su  asistido  no estuvo en el lugar donde ocurrió el  accidente.   

Aduce que los indicios señalados en el fallo  de    primer   grado   y   “confirmados”  por  el Tribunal no fueron apreciados de acuerdo con las normas  procesales.   

Finalmente,   sin   hacer   explícita  su  pretensión,  indica  como normas violadas de manera directa los artículos 1º,  2º,  3º,  6º, 9º, 12 y 13 del estatuto penal y 1º, 2º, 5º, 6º, 7º, 8º,  9º,  10,  12,  13,  15, 16, 17, 20, 24, 142, 170, 232, 233, 234, 235, 237, 238,  284,  285,  286,  287, 303, 306, 307, 309, y 310 de la Ley 600 de 200, así como  1º, 2º, 4º, 13 y 29 de la Carta Política.   

Dado  que el demandante invoca la violación  directa  de  la  ley sustancial, oportuno resulta precisar que al respecto tiene  dicho  la  Sala  que  aquella  sólo se refiere al yerro en el cual incurren los  sentenciadores  cuando  a  partir  de  la  ponderación  de los hechos objeto de  juzgamiento  legal  y  oportunamente allegados a la actuación, dejan de aplicar  la  disposición  que  se  ocupa  de la situación en concreto, en cuanto yerran  acerca  de  su existencia (falta de aplicación o exclusión evidente), realizan  una  equívoca  adecuación de los hechos probados a los supuestos que contempla  el  precepto (aplicación indebida), o le atribuyen a la norma un sentido que no  tiene   o   le   asignan   efectos   diversos   o   contrarios  a  su  contenido  (interpretación errónea).   

Por  tanto,  cualquiera  sea la modalidad de  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  el  yerro de los juzgadores recae  necesaria  e inmediatamente sobre la normatividad, circunstancia que traslada el  debate  a  un  ámbito  estrictamente  jurídico,  sea porque se deja de lado el  precepto  regulador de la situación específica demostrada, ora porque el hecho  se  adecua a un precepto estructurado con supuestos distintos a los establecidos  o  bien  porque  se desborda la intelección propia de la disposición aplicable  al  caso  concreto,  todo  lo  cual  exige  como  punto de partida, la  aceptación de la realidad fáctica definida en las instancias e  inmodificable dentro del proceso.   

En  el caso objeto de estudio se observa que  en  manifiesta confusión, el actor afirma que los sentenciadores incurrieron en  un  error de derecho en la apreciación de la pruebas, con lo cual ingresa en el  discurrir propio de la violación indirecta de la ley sustancial.   

En  efecto,  si  la  censura  se  orienta  a  cuestionar   la  apreciación  de  los  medios  probatorios  por  parte  de  los  sentenciadores,  correspondía  al  defensor  identificar  si  los juzgadores se  equivocaron  al  apreciar  las  pruebas,  bien  sea porque obrando en el proceso  omitieron  valorarlas  (falso  juicio de existencia por omisión); ya porque sin  figurar  en  la  actuación  supusieron  que  allí aparecían y las tuvieron en  cuenta  en su decisión (falso juicio de existencia por suposición); ora porque  al  considerarlas  distorsionaron su contenido cercenándolas, adicionándolas o  tergiversándolas  (falso juicio de identidad); también, cuando sin incurrir en  alguno  de los referidos errores derivaron de los medios probatorios deducciones  que  quebrantan  los  principios de la sana crítica, esto es, los postulados de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o las reglas de la experiencia (falso  raciocinio), todo lo cual fue desatendido por el casacionista.   

Adicional a ello, el recurrente cuestiona el  fallo  por  el quebranto de las reglas de la sana crítica en la apreciación de  los  testimonios y la pruebas documentales obrantes en la actuación, caso en el  cual  le  correspondía  invocar  la  presencia  de  yerros  de  hecho por falso  raciocinio  y  por  tanto,  era  su  deber  señalar con precisión el principio  lógico,  el  postulado  científico  o la máxima de la experiencia desconocida  por  los  juzgadores,  con  la  obligación  de  exponer  a  la  par su correcta  aplicación  y  alcance,  así  como  su  definitiva  injerencia  favorable a su  asistido   en   las   conclusiones   del   fallo   impugnado,  proceder  que  no  acometió.   

También  encuentra la Sala que ni siquiera  el  defensor  señala  lo  pretendido  con  la  censura  propuesta  en  caso  de  prosperar,  circunstancia que unida a las anteriores falencias permiten advertir  las  evidentes  incorrecciones  técnicas  en  la presentación y desarrollo del  reproche.   

Así   las   cosas,  es  evidente  que  el  casacionista  no  sólo  se  aparta  sino  que desconoce de manera ostensible la  valoración  de  las  pruebas  realizada  por los falladores, motivo por el cual  abandona  el desarrollo del cargo que propone, esto es, violación directa de la  ley   sustancial,  para  incursionar  en  los  terrenos  de  la  crítica  a  la  apreciación  judicial de los medios de prueba que corresponde, como ya se dijo,  a   la   argumentación   propia   de   la   violación   indirecta  de  la  ley  sustancial.   

          Finalmente,  si  bien  el  recurrente estima violados los artículos  142  (deberes de los funcionarios judiciales), 232 (necesidad de la prueba), 233  (medios  de  prueba),  234  (imparcialidad del funcionario en la búsqueda de la  prueba),   235   (rechazo  de  las  pruebas),  237  (libertad  probatoria),  284  (elementos  del  indicio),  285  (unidad  de  indicio),  286  (prueba  del hecho  indicador),  287 (apreciación de los indicios) y 303 (reconocimiento en fila de  personas)  de  la  Ley  600  de 2000, sin dificultad encuentra la Sala que tales  preceptos  no  tienen la condición de normas sustanciales, en cuanto no definen  conductas   delictivas   o   hacen   referencia   a   la   punibilidad  o  a  la  responsabilidad,  sino  que sólo sirven como medio o instrumento para arribar a  los  fines  de  las disposiciones sustantivas, falencia que se desentiende de la  preceptiva  contenida  en  el  numeral  1º  del  artículo  207  de la referida  legislación,   según   la   cual,   la   casación   procede   “cuando   la   sentencia   sea   violatoria   de   una   norma           de          derecho          sustancial”  (subrayas fuera de texto), cuya cita  resulta   imprescindible   (numeral   3º   del   artículo   212   ejusdem),  razón  de  más  para advertir  falencias lógicas en la presentación de la censura analizada.   

          2.        Segundo  cargo: Nulidad del fallo por violación el debido proceso y  el derecho de defensa del procesado.   

          Manifiesta  el  impugnante  que  se  violaron los derechos al debido  proceso,  legalidad,  culpabilidad,  igualdad  y dignidad humana de HERNANDO            PARRA,  dado  que  el  fallo de condena se  sustenta   en  “elementos  probatorios  frágiles  y  deleznables   insuficientes   para   aportar   al  Juzgador  la  certeza  de  la  responsabilidad del procesado”.   

          Reprocha  que  el  ad  ad quem  criticó  la  forma  en  que  la  defensa  sustentó el recurso de  apelación,   con   lo   cual   dio   razón   al   a  quo  sin  valorar  los  argumentos  de  la defensa, en  especial  respecto  de  la  prueba  indiciaria, y concluyó que fue HERNANDO  PARRA  quien atropelló y causó  la  muerte  a  la víctima, lo cual comporta violación del derecho de defensa y  de investigación integral del incriminado.   

          Resalta  que el Tribunal no tuvo en cuenta los errores de hecho y de  derecho  en  los  cuales  incurrió  el  juzgador de primer grado, en particular  respecto  de  la  valoración  del testimonio de Miguel  Niño  Rodríguez,  quien  se  encontraba en estado de  embriaguez al momento en que ocurrieron los hechos investigados.   

          Para  concluir  expone  que los motivos de impugnación del fallo de  primer  grado  “aún percisten (sic), como percisten  (sic)  también  las  causales de nulidad enunciadas en el recurso de apelación  (…)  lo  que  conlleva  a  que  la Honorable Corte Suprema de Justicia case la  presente  Demanda  dentro  de  los  principios  determinados  por  la  misma  de  excepcional discrecional”.   

Con  base  en  lo  expuesto,  el  recurrente  solicita  a  la  Sala  casar  la  sentencia  atacada  y  en  su  lugar, proferir  “la     que     debe     reemplazarlo”.   

          Sobre  los  anteriores  planteamientos  es  oportuno señalar que la  Sala  ha  puntualizado  que  si  bien  la  acreditación de la causal tercera de  casación  es  menos  exigente  que  la  demostración de las otras causales, lo  cierto  es  que impone al demandante proceder con precisión, claridad y nitidez  a   identificar   la   clase   de  irregularidad  sustancial  que  determina  la  invalidación,  plantear  sus  fundamentos  fácticos, indicar los preceptos que  considera  conculcados  y  expresar  la  razón  de su quebranto, especificar el  límite  de  la  actuación  a partir del cual se produjo el vicio, así como la  cobertura  de  la  nulidad, demostrar que procesalmente no existe manera diversa  de  restablecer  el  derecho  afectado  y,  lo más importante, acreditar que la  anomalía  denunciada  tuvo injerencia perjudicial y decisiva en la declaración  de  justicia  contenida en el fallo impugnado (principio de trascendencia), dado  que   este   recurso   extraordinario   no  puede  fundarse  en  especulaciones,  conjeturas,  afirmaciones carentes de demostración o en situaciones ausentes de  quebranto.   

Advertido lo anterior se observa que el actor  incurre  en varias faltas a la técnica casacional, pues de manera sincrónica y  con  la  misma  argumentación, señala que el fallo impugnado violó el derecho  al  debido proceso y el derecho a la defensa de su asistido, sin tener en cuenta  que  corresponden  a  dos  ámbitos  diversos  y  delimitados.  El  primero,  la  vulneración  del  debido  proceso,  constituye  por  regla  general un vicio de  estructura  (falta  de  competencia,  pretermisión  de  las  formas propias del  juicio,  etc.),  en  tanto  que el segundo, el quebranto del derecho de defensa,  engendra  afectación  de  la  garantía,  motivo  por  el  cual  no  es posible  invocarlos  de  manera  simultánea,  en igualdad de condiciones, por las mismas  razones y con los mismos planteamientos.   

También   encuentra   la   Sala   que  el  casacionista  no  se sujeta a las exigencias del principio de prioridad que rige  este  trámite  cuando  de  la propuesta plural de circunstancias generadoras de  nulidad  se  trata,  como  en  el  cargo  analizado,  dado  que  en  tal caso es  imprescindible  que  las  proponga  en riguroso orden, postulando como principal  aquella  que  entraña mayor cobertura de afectación para lo actuado en caso de  prosperar.   

En efecto, aunque solicita la declaratoria de  nulidad  de  la actuación, para conseguirlo aduce toda clase de situaciones que  estima  irregulares,  sin  ninguna  ordenación,  desde  la  violación  de  los  derechos  al debido proceso, legalidad, culpabilidad, igualdad y dignidad humana  de   HERNANDO  PARRA,   pasando   por   la  apreciación  judicial  de  algunos  medios  de  prueba,  hasta  la  ausencia  de certeza para  condenar,  circunstancia que impide a la Corte reordenar los reproches, como que  ni  siquiera  señala  la  cobertura  de  invalidación  derivada de cada uno de  ellos.   

Adicionalmente,  el  censor  no  procede  a  explicar  la  forma en que se produjo la violación del debido proceso, esto es,  de  qué  manera  fueron  socavadas las bases y estructura del trámite; tampoco  señala  de  qué  manera  fue  violado   el   derecho   de   defensa   de  su   procurado,  dado  que,  en  virtud del principio de  trascendencia  que  rige  la  declaratoria  de  nulidad  del  proceso, la simple  ocurrencia  de  la incorrección no conduce necesariamente a la invalidación de  lo  actuado,  en cuanto es preciso acreditar que aquella produjo unos resultados  adversos  y  lesivos  a  los  intereses  y  derechos  del  sindicado, pues de lo  contrario,   el  vicio  carece  de  trascendencia  e  imposibilita  declarar  la  pretendida invalidez.   

Lo   anterior   permite  concluir  que  el  recurrente  no cumple las exigencias dispuestas por el legislador para acceder a  esta  impugnación  extraordinaria,  circunstancia que impone la inadmisión del  libelo  con  tales  falencias  presentado, más aún si tampoco la Sala advierte  violación  alguna  de  los  derechos fundamentales o garantías de HERNANDO  PARRA  RUIZ,  como para que ello  determinara  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa  de  índole legal que al  respecto le asiste en punto de asegurar su salvaguarda.   

          Así  las  cosas,  la conclusión que sin dificultad se deriva es la  de  que  la  demanda  acusa  las  graves  falencias técnicas destacadas, que no  pueden  en  modo  alguno  ser  subsanadas  por  la Corte, pues ello lo impide el  principio  de  limitación  que  rige  el  trámite casacional, imponiéndose de  plano  su  inadmisión de conformidad con lo dispuesto en el artículo 213 de la  Ley 600 de 2000.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación    interpuesta    por    el   defensor   de   HERNANDO  PARRA  RUIZ,  de conformidad con  las razones expuestas en la anterior motivación.   

         Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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