25414(25-05-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25414  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE C ASACION PENAL  

                                     Aprobado  Acta No. 51                                                                               Magistrado Ponente:   

                                     Dr. MAURO SOLARTE PORTILLA   

Bogotá, D. C., veinticinco de mayo de dos mil  seis.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Omar  Alexánder  Jiménez Lozano contra la  sentencia  proferida por el Tribunal Superior de Popayán el 16 de mayo de 2005,  mediante  la cual confirmó la dictada el 6 de septiembre de 2004 por el Juzgado  55  Penal del Circuito de Bogotá, que condenó al procesado a la pena principal  privativa  de  la libertad de 312 meses de prisión, como coautor responsable de  los   delitos   de   homicidio   agravado  y  hurto  calificado  agravado.    

Antecedentes.   

1. El 15 de junio de 2003, en las horas de la  noche,   cuando   Héctor  William  Arias  Rodríguez  transitaba  por  inmediaciones de la calle 46G Sur con  carrera  17  de  Bogotá,  fue  abordado  por tres sujetos, que lo despojaron de  veinte  mil  pesos  y  de  la  billetera  donde  portaba  sus  documentos,  y le  propinaron  una  herida  con  arma  cortopunzante  en la región precordial, que  minutos más tarde determinó su muerte.   

La  víctima  siguió  de  cerca a uno de los  atracadores,  siendo  auxiliada  por una patrulla de la policía que casualmente  pasaba  por  el lugar, lográndose la captura del sujeto, quien fue identificado  como  Omar  Alexánder  Jiménez  Lozano. Esa  misma  noche  fueron  capturados  el menor de edad Jaime  Antonio  Samarain  Corredor, en cuyo  poder    fue   hallada   la   billetera   de   la   víctima,   y   Jesús  Alfonso  García Avendaño, a quien  el       menor      sindicó      de      haber      participado      en      el  hecho.        

2.  La Fiscalía vinculó al proceso mediante  indagatoria   a   Jesús  Alfonso  García  Avendaño,  quien  en  el  curso de la investigación se acogió a  sentencia   anticipada   propiciando   la   ruptura   de   la  unidad  procesal,  y   Omar  Alexánder  Jiménez  Lozano,  contra   quien   se   sigue   la   presente   actuación1. El sumario fue  calificado  el  8  de  octubre  de  2003  con  resolución de acusación por los  delitos   de   homicidio   agravado   y  hurto  calificado  agravado2.   

3. Rituado el juicio, el Juzgado 55 Penal del  Circuito  de  Bogotá, mediante sentencia de 6 de septiembre de 2004, condenó a  Omar   Alexánder   Jiménez   Lozano   a  la  pena  principal  privativa  de  la  libertad  de 312 meses de  prisión,  como  coautor  responsable de los delitos imputados en la resolución  de   acusación3.  Esta  decisión  fue  apelada  por la defensa y confirmada por el  Tribunal   de   Popayán,  en  desarrollo  de  la  política  de  descongestión  implementada  por  el  Consejo  Superior de la Judicatura. Contra este fallo, la  defensa interpuso casación.   

La         demanda.   

Con  fundamento  en la causal primera, cuerpo  segundo,   del   estatuto   procesal   penal   que  regula  el  caso4, la impugnante  acusa  la sentencia de violar indirectamente la ley sustancial, debido a errores  graves  en  la  apreciación  de  las  pruebas,  por desconocimiento de ellas en  algunos   casos,   por   errónea   apreciación  en  otros,  o  por  omitir  su  práctica,    que   de   no   haberse   presentado   habrían   llevado  al  reconocimiento  a  favor  del  procesado  del  principio in dubio pro reo, y por  ende, de un fallo de carácter absolutorio.   

En desarrollo del cargo argumenta inicialmente  que  la  sentencia  declara  al procesado responsable del homicidio a título de  coautor,  sin  aclarar  si  actuó  como determinador o determinado, el grado de  participación,  la forma de culpabilidad y la graduación de la pena, y que sus  conclusiones   en   torno  a  la  responsabilidad  se  fundan  en  apreciaciones  personalísimas y no en la prueba obrante al proceso.    

En  esta  cadena  de  errores  los juzgadores  desconocen  el  hecho  de  que  la testigo Paola Andrea  Jiménez  Lozano  afirmó  que  por  información  que  obtuvo  de Carolina Chitiva se  enteró  que  el  autor  de la herida mortal fue Jesús  Alfonso  García  Avendaño;  ignoran las afirmaciones  que  en  igual  sentido  hizo  el  menor  Jaime Antonio  Samarain,  y  pretermite  el  hecho  de que fueron los  familiares   del   procesado   los   que   colaboraron   con   la   captura  del  menor.   

Tampoco  se analiza correctamente el hecho de  que  quien  portaba  el  arma era el sentenciado Jesús  Alfonso  García  Avendaño,  como  lo  señala  en su  declaración  el  agente  de  la  policía José Herman  Marín   Zapata,   testimonio  que  ha  sido  evaluado  erróneamente  para endilgarle  soslayadamente esta realidad a Omar   Alexánder,   a  quien  no  le  fue  encontrada  arma  blanca  cuando fue capturado. En cambio, no hay dudas sobre la  responsabilidad  del  menor,  en  cuyo  poder  fue  hallada  la  billetera de la  víctima.   

También se dejó de analizar el hecho de que  la  señora  Luz  Marlen Arias Rodríguez (hermana  de  la  víctima),  afirmó  que  su  hermano salió de su  residencia  alrededor  de  las  11:30  de  la  noche  a comprar media botella de  brandy,  lo  cual  significa que estaba ingiriendo alcohol. Esto sumado al hecho  de  que presentaba una operación reciente de un ojo, a que la visibilidad en el  lugar  era  buena  según  lo  afirmado por los agentes de la policía, y que la  víctima   señaló  a  Omar  Alexánder  cuando  éste  se  hallaba de espaldas y  después se desmayó,  crean  un  manto  de  duda  sobre  si  pudo  equivocarse   al señalar como  culpable al procesado.   

Lo  único  que  está  acreditado  es  que  Omar Alexánder fue capturado  cerca  del  lugar  de  los  hechos,  lo  cual  vendría  a constituir un indicio  circunstancial  en  su  contra,  pero  como  no está claro a qué distancia del  lugar  fue aprehendido, tal indicio no constituye plena prueba, puesto que no da  certeza,  con  mayor  razón  si  se  tiene  en  cuenta  que  el  occiso  estaba  embriagado,  que  había sido operado de la vista, que nadie lo vio agrediendo a  la  víctima  con  arma  blanca,  y  que  ninguno de los otros dos implicados lo  inculpan de causar la herida determinante de la muerte.   

Esta  situación  no  fue  advertida  por  el  Tribunal  debido  a  errores de apreciación de las pruebas, como aconteció con  el   testimonio   de   Luz  Marlen  Arias  Rodríguez  (hermana de la víctima), el cual fue apreciado por el  juzgador  de  manera  fraccionada  y  sesgada, incurriendo en un falso juicio de  identidad,  al omitir tener en cuenta que la testigo no percibió los hechos que  declaró,  que  fue  clara en precisar que su hermano había tomado un poco y se  encontraba  recién  operado de un ojo, y que al ser preguntada si sabía quién  asestó  la  puñalada  a  su  hermano,  contestó  que  decían que había sido  “Pocholo” (Jesús Alfonso García Avendaño).   

El   agente  de  la  policía  Rafael  Rodríguez  Ortiz,  afirma  en  su  declaración  que  el  procesado  siempre negó los cargos, y que al regresar al  lugar  después  de haber dejado a la víctima en el hospital, los familiares de  Omar Alexánder les indicaron  la  vivienda  donde  se hallaba otro de los sujetos que participó en los hechos  (a.  Milquinientos),  en  cuyo poder hallaron la billetera de la víctima. No se  ve,  cómo,  entonces,  pueda  emerger  prueba  cierta de la responsabilidad del  procesado  en  los  hechos,  pues  si  fuera  culpable,  lo  lógico  es que sus  familiares  tratasen  de  ocultar  la  información  y  no  de colaborar con las  autoridades.   

Esta sesgada y fraccionada apreciación de la  prueba  fue  definitiva,  puesto  que  de  no  haberse  presentado “se habría  concluido  en  la  sentencia,  que  cuando  capturaron  a  JESUS ALFONDO GARCIA,  apodado  “POCHOLO”  dijo  que  el  arma  la habían botado al pasto, pero en  ningún  (sic)  señala  a  OMAR  ALEXANDER JIMÉNEZ LOZANO como autor del hecho  punible”.   

El  testimonio  del  agente  de  la  policía  José  Hernán  Marín Zapata  corrobora  lo  afirmado  por su compañero, pero agrega que “el preguntarle al  menor  capturado  qué  hacía  con  la billetera del occiso, informó que se la  habían     quitado,     él     en     compañía    del    tal    Jesús”.  El  Juzgado,  sin  embargo,  aprecia sesgadamente esta  prueba,  pues  no se advierte cómo “del testimonio emerge la prueba y certeza  de  que  fue  definitivamente  Omar Alexánder Jiménez  Lozano  y  no  otra la persona que causó la muerte de  Héctor  William Arias Rodríguez”. Dicho testigo no tiene certeza absoluta de  que  hubiese sido el procesado, como quiera que se basó en el señalamiento que  hizo  la  víctima,  sin reparar si había más personas en el lugar o si era la  única.   

Esta  sesgada  apreciación  de  la prueba en  mención  fue  también  definitiva,  “pues  de  no  haber  mediado se habría  concluido  en la sentencia, que NO considero como (sic) del testimonio emerge la  prueba  y certeza de que fue definitivamente OMAR ALEXANDER JIMÉNEZ LOZANO y no  otra  la  persona  que acuso (sic) la muerte de HECTOR WILLIAM ARIAS RODRÍGUEZ,  pues  el  testigo  en la declaración obrante al folio 113 y 114 del cuaderno 1,  NO  tiene absoluta certeza de que fuera mi procurado quien causó la muerte a la  víctima, simplemente se acogen al señalamiento del occiso”.   

En  el  proceso  también obra “como prueba  ignorada,  definitivamente no apreciada en la sentencia acatada, falso juicio de  existencia,  la  prueba  técnica  pericial  consiste  (sic)  en necropcia (sic)  practicada  al  cadáver  de  HECTOR  WILLIAM  ARIAS RODRÍGUEZ del Instituto de  Medicina  Legal  y Ciencias Forenses”, en el que se concluye como “mecanismo  de  muerte Shock cardiogénico secundario a taponamiento cardíaco por herida de  corazón”.   

La omisión de esta prueba, fue absolutamente  definitiva,  “pues de haberse considerado la reciente operación que el occiso  tenía  en sus ojos al igual que hubiera establecido en qué grado de alcohol se  encontraba  el  día  de los hechos, se habría concluido en la sentencia que mi  defendido  NO  causó  ninguna de las heridas al occiso, pues probado está, con  el  testimonio  de  la señora PAOLA ANDREA JIMÉNEZ LOZANO, que mi defendido no  portaba  arma  blanca, y también está probado que quien aceptó los cargos del  insuceso  fue  JESUS  ALFONSO  GARCIA  AVENDAÑO,  quien  se acogió a sentencia  anticipada  por el delito de hurto calificado y agravado, pero sin dejar certeza  quién cometió el de homicidio”.   

Sustentada en estas consideraciones, solicita  a  la  Corte  dar  aplicación a las previsiones de los artículos 216 y 217 del  Código de Procedimiento Penal.     

SE  CONSIDERA   

La  exigencia  prevista en el numeral 3° del  artículo  212  del  estatuto  procesal penal de 20005,  de  indicar en forma clara y  precisa  los  fundamentos  de la causal de casación que se aduce para solicitar  la  infirmación  del  fallo,  impone  el  cumplimiento  de  ciertos  requisitos  mínimos  de  forma  y  contenido,  propios  de  la técnica casacional, sin los  cuales  no resulta posible pretender el examen del asunto en decisión de fondo,  de acuerdo con lo establecido en el artículo 213 ejusdem.   

Algunas de estas reglas son comunes para todas  las  causales,  y  otras,  propias  de  cada una de ellas. Entre las primeras se  destacan  el  principio de coherencia, que reclama absoluta consonancia entre el  planteamiento   del   cargo,   su   desarrollo   y  la  conclusión;  el  de  no  contradicción,  que  exige  que los argumentos que sirven de sustento al reparo  sean  compatibles  entre  sí;  el  de  autonomía,  que  prohíbe  entremezclar  causales  o  cargos de índole distinta en un mismo contexto argumentativo; y el  de  razón suficiente, que exige que la demanda se baste asimismo para lograr la  invalidación parcial o total del fallo.     

Si  confrontamos  estos  postulados  con  el  contenido  de  la  demanda  que  se  estudia,  de  entrada  se  advierte  que la  casacionista  desatiende  varios de ellos, siendo pertinente destacar por ahora,  el  de  autonomía  de  las causales, cuya violación es manifiesta, pues dentro  del  mismo hilo argumentativo sostiene que los juzgadores incurrieron en errores  de  apreciación  probatoria,  omitieron  la  práctica  de pruebas y dejaron de  precisar  el  grado de participación, la forma de culpabilidad y la graduación  de  la pena, planteamiento que contiene tres ataques, de carácter distinto, que  debieron    plantearse    y    desarrollarse   en   forma   separada6.   

En el primero de ellos, se propone un error in  iudicando  o de juicio, por falencias en la apreciación de la prueba, cuya sede  de  alegación  es  la  causal primera cuerpo segundo; y en los últimos, sendos  errores  in  procedendo o de actividad, susceptibles de ser planteados al amparo  de  la  causal  tercera por violación del debido proceso: uno por inobservancia  del   principio   de   investigación  integral,  cuya  cobertura  invalidatoria  comprendería   parte  de  la  actuación  procesal,  y  otro  por  defectos  de  motivación, que afectarían exclusivamente la sentencia.   

Desde  la  perspectiva  de  sus  contenidos  específicos,  la censura presenta  también inconsistencias argumentativas  de  índole  insubsanable,  pues  la  demandante,  en  su  desarrollo, aunque en  algunos  apartes plantea errores de existencia e identidad en la apreciación de  las  pruebas,  realmente  no  los  concreta,  ni  los  demuestra, ni acredita su  trascendencia,  sino  que  se limita, en buena medida, a criticar la valoración  que  los  juzgadores  hicieron del mérito de algunas pruebas, o la consistencia  de  sus conclusiones, lo cual, en rigor técnico, vendría a constituir un error  de raciocinio, que no se alega.   

Es lo que ocurre, por ejemplo, cuando sostiene  que  los juzgadores omitieron apreciar que en poder del procesado no fue hallada  arma  alguna (lo cual indicaba que no participó en el  hecho),  que  la  víctima  se encontraba embriagada y  había  sido  recientemente  operada  de  la vista (lo  cual   dejaba  en  entredicho sus afirmaciones incriminatorias),  y  que los familiares del procesado colaboraron con la captura de  uno  de  los  autores (lo cual no resultaba lógico si  su  pariente  fuese culpable), circunstancias todas que  se  vinculan  con  la  valoración  de  la  fuerza  persuasiva  de  la prueba, y  fundamentalmente,   con  la  corrección  del  proceso  intelectivo  inferencial  realizado por el juzgador.   

Totalmente  distinto  de  que una determinada  prueba  sea  omitida  o tergiversada, es que no le sea otorgada la trascendencia  probatoria  que   la  sana  crítica  reclama. En la primera hipótesis, se  estará  frente  a  un  error  de  existencia o identidad, según el caso. En el  segundo,  frente  a  un  error de raciocinio, cuya alegación en sede casacional  impone  demostrar  que  el  juzgador  en  la  valoración  que hizo de la prueba  desconoció  un  principio  de  la lógica, una regla de  experiencia, o un  postulado  de  la  ciencia,  y  que este error determinó un fallo ilegal, tarea  que, como ya se dijo, no acomete la casacionista.   

Los  errores  de  apreciación  probatoria se  encuentran   agrupados   en   cinco  categorías:  De  existencia,  cuando  el juzgador ignora una prueba que  hace  parte  material  del  proceso  o  supone una que no ha sido incorporada al  mismo.  De identidad, cuando  distorsiona   el  contenido  material  de  una  determina  prueba.  De   raciocinio,   cuando  desconoce  las  reglas   de  sana  crítica  en  su  valoración.  De  legalidad,  cuando se aparta de las normas que regulan  la   producción  de  la  prueba.  Y  de  convicción  cuando  desconoce  los  preceptos normativos que tasan  los medios de prueba, su valor, o su eficacia probatoria.    

La tarea de demostración de estos errores no  se  agota  en  la  afirmación  simple  y  llana  de  que se cometió tal o cual  desacierto.  Es  imprescindible  señalar, en cada caso, la prueba sobre la cual  recayó  el  error,  y demostrar su existencia, labor que varía según el error  alegado.  Si  es  de  identidad,  como  los  que  en su mayoría la casacionista  plantea,  su  acreditación  implicará  confrontar lo que el juzgador dijo  de  la  prueba  y  lo  que  la  prueba  realmente  dice,  para  mostrar  que  la  aprehensión  material  que  el  juzgador hizo de ella no coincide con su texto,  quehacer   demostrativo  que  tampoco  se  advierte  realizado  en  el  presente  caso.   

Adicionalmente el impugnante debe acreditar su  trascendencia,  exigencia  que  presupone  realizar una valoración del conjunto  probatorio  con  prescindencia  del  error denunciado, para demostrar, que de no  haberse  presentado,  la  conclusión  habría  sido distinta, requerimiento que  también  es  desatendido  por la recurrente, quien al tratar este aspecto de la  sustentación  se  limita a presentar unas muy particulares conclusiones, que no  dejan  de  sorprender  por la absoluta falta de ilación con las premisas que le  sirven de sustento.      

En síntesis, la demanda objeto de estudio no  cumple  las  exigencias  mínimas  requeridas  para  ser  declarada en forma. En  consecuencia,  se la inadmitirá y se ordenará devolver el proceso a la oficina  de  origen,  teniendo  en  cuenta  que no se advierten violaciones de garantías  fundamentales  que  la Sala esté en el deber de proteger de manera oficiosa, en  aplicación  de  lo  dispuesto  en el artículo 216 del estatuto procesal penal.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

Inadmitir la demanda  de   casación   presentada   por   la   defensora  del  procesado  Omar Alexánder Jiménez Lozano.   

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ               ALFREDO GOMEZ  QUINTERO               

Permiso  

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO             ALVARO                                  O.                                 PEREZ  PINZON                     

MARINA        PULIDO        DE  BARON              JORGE      L.     QUINTERO     MILANES          

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS              JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria    

1  Folios 27-32, 34-38, 124-126 del cuaderno original 1.   

2  Folios 167-171 del cuaderno original 1.   

3  Folios 76-97 del cuaderno original 2.   

4 Ley  600 de 2000.   

5 Ley  600.   

6  Artículo 212.4 de la ley 600 de 2000.     

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