25375(15-08-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25735  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

Aprobado   acta   N°  085   

Bogotá,  D. C.,  quince (15) de agosto  de dos mil seis (2006).   

V    I   S   T   O  S   

Corresponde  a  la Corte conceptuar sobre la  solicitud    de   extradición   de   la   ciudadana   colombiana   LUZ  MARINA  HOYOS  DE MESA, elevada por el  Gobierno de los Estados Unidos de América.   

L  A     S O L I C I T U D   

1.    Mediante   oficios   números  OFI06-8129-DIJ-0100  y  OFI06-9701-DIJ-0100  del  6  de abril y del 2 de mayo de  2006,  el  Ministerio  del  Interior  y  de Justicia comunicó a esta Sala de la  Corte  que  el  Gobierno  de  los Estados Unidos de América, por conducto de su  Embajada  en  Colombia  y mediante Notas Verbales números 0804 y 0957 del 31 de  marzo  y  del  21  de  abril  del  año en curso, solicitó en extradición a la  ciudadana    colombiana    Luz   Marina   Hoyos   de  Mesa,   capturada   el  4  de  febrero  de  2006,  en  cumplimiento  de  la  resolución  del  21  de  julio  de  2005, expedida por la  Fiscalía General de la Nación.   

2.  La normatividad que rige al presente  trámite  es  la  contemplada  en  el  Capítulo II, Título I, Libro V del  Código  de  Procedimiento Penal de 2004, en la  medida que no existe en el  momento  convenio  aplicable que regule el  asunto, como así lo conceptuó  el  Jefe  de  la  Oficina  de  Asesoría  Jurídica del Ministerio de Relaciones  Exteriores,   según   oficio   número   OAJ.E.   0581   del   3  de  abril  de  2006.   

3.  Los acontecimientos fácticos objeto  de  la  investigación  e  imputación  de  los  cargos formulados en su contra,  motivo  de  la  solicitud de extradición, fueron sintetizados en la Nota Verbal  número 0804 del 31 de marzo de 2006 de la siguiente manera:   

“Como resultado de  la  investigación,  autoridades  de las fuerzas del orden de los Estados Unidos  han  recogido  evidencia e información que demuestra que entre agosto de 2002 y  enero   de   2005,   o   aproximadamente  entre  ese  período,  Gabriel  Jesús  Miranda-Martínez   y   Edgar   de-Castro-de-Vivo   obtuvieron   contratos   con  narcotraficantes  en  Colombia  para  lavar  dinero colombiano proveniente de la  venta  de  narcóticos.  Miranda-Martínez  y  Castro-de-Vivo  entonces hicieron  arreglos   para  que  otros  asociados  de  ellos  en  la  actividad  delictiva,  incluyendo  Jhon Pablo Medina-Ramírez y Luz Marina Hoyos-de-Mesa, entregaran -y  por  lo  tanto  lavaran-   las  utilidades  provenientes de la venta de los  narcóticos  en  Puerto  Rico,  y  en otros lugares, a oficiales encubiertos que  trabajaban con la DEA.   

“Entre septiembre  de  2004  y octubre de 2004, o aproximadamente entre esos meses, Medina-Ramírez  y   Hoyos-de-Mesa   tuvieron   en   su  posesión  una  cantidad  de  utilidades  provenientes  de  la  venta  de  narcóticos  en  Puerto  Rico,  la cual tenían  intención  de  lavar  para  Castro-de-Vivo. Específicamente, Medina-Ramírez y  Hoyos-de-Mesa  tuvieron  en  su posesión e intentaron lavar US $1.161.611,oo en  utilidades  provenientes  de la venta de narcóticos en San Juan, Puerto Rico, a  nombre  de  Castro-de-Vivo.  Oficiales  de las Fuerzas del orden de Puerto Rico,  sin  embargo,  incautaron  dichas  utilidades antes de que los acusados pudieran  lavarlas.   

“Todas   las  acciones  adelantadas  por  la  acusada  en  este  caso  fueron  realizadas  con  posterioridad      al      17      de      diciembre     de     1997”.   

4.   La  documentación remitida por el  Gobierno  de  los  Estados  Unidos  de  América  que  sustenta  la solicitud de  extradición  de  la  ciudadana  colombiana Luz Marina  Hoyos de Mesa, es la siguiente:   

4.1.  Copia de la Acusación número Cr.  05-102  (JAF)  del  8  de  abril  de  2006,  por medio de la cual el Tribunal de  Distrito  de  los  Estados  Unidos para el de Puerto Rico, acusó a Luz  Marina Hoyos de Mesa de los siguientes  cargos:   

“CARGO  UNO   

(Concierto para lavado de dinero)  

“Desde  más  o  menos  el  mes de agosto de 2002, hasta más o menos el mes de enero de 2005, en  el  Distrito de Puerto Rico, New York, Chicago, Colombia, Canadá y dentro de la  jurisdicción   de   este   Tribunal…,  LUZ  MARINA  HOYOS-DE  MESA,… los acusados  en  este  caso; a sabiendas se combinaron, conspiraron y acordaron el uno con el  otro  y  con  otras  personas  conocidas y desconocidas para el Gran Jurado para  cometer  delitos contra los Estados Unidos en violación del Título 18, Código  de los EE.UU., Sección 1956, a saber:   

“(a) a sabiendas  llevar   a   cabo  e  intentar  llevar  a  cabo  transacciones  financieras  que  afectarían  el  comercio  interestatal,  cuyas  transacciones  involucraban las  ganancias  de  actividades  ilegales  específicas,  esto  es,  la  manufactura,  importación,   recibo,   ocultar,   compra,  venta  y  de  otra  forma  manejar  substancias  controladas  (según  se  define  en  la  Sección 102 de la Ley de  Substancias  Controladas),  incluido  el  Título  18,  Código  de  los EE.UU.,  Sección  1961,  que se castigue bajo cualquier ley de los EE.UU., incluyendo el  Título  21,  Código  de los EE.UU, Secciones 841(a)(1) y 846, sabiendo que las  transacciones  estuvieron  designadas en todo y en parte para promover el llevar  a  cabo  tales  transacciones financieras, sabiendo que la propiedad involucrada  en  la  transacción  financiera  representa  las  ganancias  de alguna forma de  actividad  ilegal,  en violación al Título 18, Código de los EE.UU., Sección  1956(a)(1)(A)(i); y   

“(b) a sabiendas  llevar   a   cabo  e  intentar  llevar  a  cabo  transacciones  financieras  que  afectarían  el  comercio  interestatal,  cuyas  transacciones  involucraban las  ganancias  de  actividades  ilegales  específicas,  esto  es,  la  manufactura,  importación,   recibo,   ocultar,   compra,  venta  y  de  otra  forma  manejar  substancias  controladas  (según  se  define  en  la  Sección 102 de la Ley de  Substancias  Controladas),  incluido  el  Título  18,  Código  de  los EE.UU.,  Sección  1961,  que se castigue bajo cualquier ley de los EE.UU., incluyendo el  Título  21,  Código  de los EE.UU, Secciones 841(a)(1) y 846, sabiendo que las  transacciones  estuvieron designadas en todo y en parte para ocultar y disfrazar  la  naturaleza,  localización,  fuente, propiedad y control de las ganancias de  la  actividad  ilegal  específica,  y  que  mientras  conducían  e  intentaban  conducir,  sabiendo  que  la propiedad involucrada en la transacción financiera  representa  las  ganancias de alguna forma de actividad ilegal, en violación al  Título   18,  Código  de  los  EE.UU.,  Sección  1956(a)(1)(B)(i) …”.   

“CARGO  TRECE   

(Conspiración     para     importar  narcóticos)   

“Desde  más o  menos  el  mes de agosto de 2002, hasta más o menos el mes de enero de 2005, en  el  Distrito  de  Puerto  Rico, en otros lugares y dentro de la jurisdicción de  este     Tribunal…,  LUZ      MARINA     HOYOS-DE     MESA,… los acusados  en  este caso, a sabiendas e ilegalmente, se combinaron, conspiraron y acordaron  entre  sí  y  con  otras personas conocidas y desconocidas para el Gran Jurado,  para  cometer  las  siguientes  ofensa  contra  los  EE.UU.:  para  importar  al  Territorio  Aduanal  de  los  EE.UU.,  desde un lugar fuera del mismo, cinco (5)  kilogramos  o  más de cocaína, una Sustancia Narcótica Controlada de la Tabla  II,  en violación del Título 21, Código de los EE.UU., Sección 952(a) y 960.  Todo  en  violación  del  Título  21  del  Código  de  los  EE.UU.,  Sección  963.   

“El  Gran Jurado  por  la presente incorpora por referencia en Cargo Uno de este Pliego Acusatorio  y  lo  designa como una acción al descubierto de esta conspiración”.   

4.2.   También  se allegaron copias de  las  declaraciones juradas de Ernesto G. López Soltero, Fiscal Auxiliar para el  Distrito  de  Puerto  Rico,  y  de  Richard C. Gardner, III, Agente Especial del  Departamento  para  el  Control  de  Estupefacientes (DEA), las que respaldan la  acusación  contra Luz Marina Hoyos de Mesa.   

El primero de los nombrados, esto es, Ernesto  G.  López Soltero,  en su declaraciones, rendidas el 1° de agosto de 2005  y  el  29  de  marzo  de 2006, incorpora la descripción y vigencia de los tipos  penales  imputados  en el pliego acusatorio y una síntesis de los hechos, de la  actuación   procesal  y  de  los  cargos  atribuidos  a  la  solicitada en  extradición.   

Por  su parte, el Agente Especial Richard C.  Gardner,  III,  en  su  testimonio  rendido el 1° de agosto de 2005, relata, de  manera   pormenorizada,    los    hechos   objeto   de   juzgamiento   ante   el   citado  Tribunal y la participación en  los  mismos  por  parte  de  la  requerida  en  extradición,  respecto de quien  suministra la información necesaria sobre su identidad.   

4.3.   Así  mismo,  se informó que la  solicitada,   Luz  Marina  Hoyos  de  Mesa,  “también conocida como ‘Pech’, es ciudadana de Colombia, nacida el  28  de  abril  de  1963,  en Colombia. Es portadora de la cédula colombiana N°  42.878.087”,   y   se  allegó  la  correspondiente  fotografía.   

4.4.  Se adjuntó copia del texto de las  disposiciones  del  Código  de  los   Estados Unidos que se afirman fueron  infringidas  por  la  solicitada  en   extradición  y  que  se encontraban  vigentes para la época de los hechos.   

4.5.  Finalmente, se incorporó copia de  la  orden  de  captura  proferida  en  contra  de la requerida en extradición y  dictada  por  el  Tribunal de Distrito de los Estados Unidos para el Distrito de  Puerto Rico.   

PERÍODO    PROBATORIO   

Mediante providencia del 20 de junio de 2006,  la  Sala  aceptó  la  renuncia  de  los  términos  de  traslado  para  pruebas  manifestada  por el defensor de la solicitada en extradición, sin perjuicio del  derecho  que le asistía al Ministerio Público, quien tampoco solicitó pruebas  ni la Corte consideró necesario decretar ninguna de oficio.   

ALEGATO      DEL    DEFENSOR   

La      defensa     no     presentó  alegaciones.   

ALEGATO   DEL   PROCURADOR  PRIMERO   

DELEGADO  PARA   LA  CASACIÓN  PENAL   

El  representante  del  Ministerio Público,  después   de  relacionar  de  manera  detallada  el  trámite  adelantado,  los  documentos  allegados  a  este  diligenciamiento  y  los  cargos  imputados a la  solicitada  en extradición, dice que, en lo relativo a la validez formal de los  instrumentos,   el   Estado   solicitante   aportó,  debidamente  traducidas  y  autenticadas,  la  pieza  acusatoria,  en  la que se reseña el lugar y la fecha  donde  ocurrieron  los  hechos  y  las conductas punibles atribuidas, las normas  penales,  las declaraciones de apoyo a la solicitud de extradición y el auto de  detención,    motivo    por   el   cual   se   cumple   cabalmente   con   este  requisito.   

Respecto  a la demostración de la identidad  plena  de  la  requerida,  asevera que tampoco encuentra objeción, toda vez que  los  datos  suministrados por las autoridades del país requirente coinciden con  los  de  la  persona  que  fue  notificada  de  la  resolución  expedida por la  Fiscalía  General  de  la Nación, por medio de la cual se ordenó su captura y  que    en    este    momento    se    encuentra    detenida    con    fines   de  extradición.   

Agrega que en las Notas Verbales allegadas al  presente  trámite  se  consignaron sus datos personales, es decir, que se trata  de  una  ciudadana   colombiana,  nacida  el  28  de abril de 1963 y que es  portadora  de  la cédula de ciudadanía número 42.878.087, sin dejar pasar por  alto  que  en  la  declaración  jurada  del  Agente  Especial de la DEA, señor  Richard  C. Gardner se incluyeron otros datos que confirman dicha identidad, los  cuales  coinciden  con  los  que aparecen en este diligenciamiento y con los que  suministró  Hoyos de Mesa al  momento de su captura.    

En  lo  que  atañe al principio de la doble  incriminación,  sostiene  que  los   dos  cargos  imputados a Luz   Marina   Hoyos  de  Mesa  encuentran  adecuación  típica  en  el artículo 340 del Código Penal, modificado por los  artículos  8°  de la Ley 733 de 2002 y 14 de la Ley 890 de 2004, el  cual  consagra  el  delito  de concierto para delinquir para cometer delitos de lavado  de  activos y narcotráfico, cuya pena privativa de la libertad no es inferior a  4  años,  lo  que le permite concluir que este postulado también se satisface.   

De  otro  lado,  en  lo  que  respecta  a la  equivalencia  de  la providencia dictada en el país solicitante, manifiesta que  ninguna  objeción  le merece, por cuanto la acusación dictada en el extranjero  contiene  los  cargos  de  los cuales se debe defender la acusada en juicio, sin  olvidar    que    dicha    pieza   se   constituye  en  presupuesto procesal para la iniciación de la etapa  de   juzgamiento,   que   culmina  con  la  respectiva  sentencia,  además  que  contiene   una  relación  detallada  de  los  hechos, con especificación de las circunstancias de tiempo,  modo  y lugar en que ocurrieron y la calificación jurídica de la conducta, con  indicación de las disposiciones sustanciales aplicables.   

Por consiguiente, estima la Delegada que las  formalidades  legales  se  cumplen cabalmente para que la Corte proceda a emitir  concepto  favorable  a la solicitud de extradición de la ciudadana Luz Marina Hoyos de Mesa.   

Finalmente,  en  orden  a  garantizar  los  derechos  fundamentales  del  ciudadano colombiano requerido en extradición, el  representante  del  Ministerio  Público solicita a la Corte exhorte al Gobierno  Nacional  para  que, en caso de que se conceda la extradición, se condicione la  misma  en  el  sentido de que la solicitada no sea juzgada por hechos anteriores  ni  distintos  a  los  que  motivan  la  extradición,  ni  sometida  a prisión  perpetua, ni a tratos crueles, inhumanos o degradantes.   

CONCEPTO      DE    LA   CORTE   

El  artículo  502  del   Código    de   Procedimiento   Penal   de   2004   estatuye   que  el  concepto  que  emite  la   Sala    debe   estar   centrado   en   establecer   la    validez   formal   de   la   documentación   presentada,   en  la  demostración  plena  de la   identidad   del   solicitado,   en  el  principio   de     la    doble    incriminación,    en    la   equivalencia   de  la  providencia  proferida  en   el   extranjero   y,  cuando  fuere el caso, en el cumplimiento de los  previstos en los tratados públicos.   

En  esas condiciones, se procederá a emitir  el concepto en los siguientes términos:   

1.   La   validez       formal       de      los      documentos   aportados   

Advierte  la  Sala  que  la  documentación  presentada  como  soporte  de  la  petición  de  extradición  de  Luz  Marina  Hoyos  de Mesa, cumple con las  exigencias  legales  contempladas en los Códigos de Procedimiento Penal y Civil  para tenerla como apta para fundar el respectivo concepto.   

Así,  no  hay  duda  que  los documentos se  allegaron   por  vía  diplomática,  habiendo  sido  debidamente  traducidos  y  autenticados,  dentro  de  los  cuales  obran  la copia de la Acusación N° Cr.  05-102  (JAF) del 8 de abril de 2005, dictada por el Tribunal de Distrito de los  Estados  Unidos  para  el  Distrito  de  Puerto  Rico, la que fue firmada por el  Presidente  del  Gran Jurado y por el Fiscal de los Estados Unidos, señor H. S.  García,  documento  cuya  autenticidad  de  su contenido fue certificada con la  firma  y  el  sello  pertenecientes  a  la Secretaria de dicho Tribunal, señora  Frances Ríos de Morán.   

A su vez, obran las declaraciones juradas de  Ernesto  G.  López  Soltero, Fiscal Auxiliar para el Distrito de Puerto Rico, y  de  Richard C. Gardner, III, Agente Especial del Departamento para el Control de  Estupefacientes  (DEA),  rendidas ante el Magistrado Juez de los Estados Unidos,  Distrito   de  Puerto  Rico,  señor  Gustavo  A.  Gelpí,  cuyos  contenidos  y  traducción  al  español,  junto  con  el  resto  de  la documentación que las  acompaña,  fueron  certificados,  el  23  de marzo y el 4 de abril de 2006, por  Jason  E.  Carter  y  Thomas  N.  Burrows,  Directores Asociado de la Oficina de  Asuntos  Internacionales, División de lo Penal, del Departamento de Justicia de  los Estados Unidos.   

Así  mismo  aparece  que  la documentación  anexa  hace referencia a la orden de arresto, a la resolución de acusación y a  las  normas  aplicables  al  caso,  esto es, Título 18, Secciones 853, 881, 982  (extinción  penal del derecho de dominio), 1956 (lavado de recursos monetarios)  y  3282  (delitos  no  conminados con la pena de muerte) y Título 21, Secciones  812  (lista de sustancias controladas), 841 (actos prohibidos), 846 (tentativa y  concierto)   

853 (confiscaciones penales), 963 (tentativa  y  concierto)  y 952 (importación de sustancias controladas) del Código de los  Estados Unidos.   

A  su  vez,  las  firmas y los cargos de los  señores  Jason  E. Carter y Thomas N. Burrows fueron certificados por el señor  Alberto  R.  González, Procurador de los Estados Unidos, quien según su propia  afirmación  escrita,  ordenó  que  se  estampara  el sello del Departamento de  Justicia  de  los  Estados  Unidos,  siendo  atestada  la firma de aquél por el  Director  Adjunto  de  la  Oficina  de  Asuntos Internacionales, División   de    lo    Penal,    y    el    sello   del   Departamento  de  Estado  fue  ordenado  por  la  Secretaria  de Estado, señora  Condoleezza  Rice,  de  cuyo  nombre dio fe la Auxiliar de Autenticaciones de la  misma oficina.   

Finalmente,   dichos   documentos   fueron  presentados  para su autenticación ante la Cónsul de Colombia en Washington D.  C.,  señora  María de los Ángeles Barraza, como así lo constató y lo avaló  la   Oficina   de   Legalizaciones  del  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores,  cumpliéndose  con  lo  establecido  por  el  artículo  259 del C. de P. Civil,  modificado  por  el  1°,  numeral  118  del  D. E. 2282 de 1989 que dice:   “Los       documentos       públicos  otorgados       en      país      extranjero      por   funcionario       de      éste      o      con      su  intervención,   deberán  presentarse debidamente autenticados por el  cónsul    o    agente    diplomático    de   la   República,   y  en  su  defecto  por  el de   una     nación     amiga,     lo    cual    hace   presumir   que   se   otorgaron  conforme a la ley del respectivo  país.  La firma del cónsul o agente diplomático se abonará por el Ministerio  de  Relaciones Exteriores de Colombia, y si se trata de agentes consulares de un  país  amigo,  se  autenticará  previamente  por  el funcionario competente del  mismo  y  los  de  éste  por el cónsul colombiano”,  disposición  aplicable al caso en virtud del principio de integración previsto  en  los  artículos  23  y  513,  último  inciso,  del Código de Procedimiento  Penal.   

Además,  el Jefe de la Oficina de Asesoría  Jurídica  del Ministerio de Relaciones Exteriores, mediante oficios OAJ.E. 0581  y  OAJ.E. 0681 del 3 y del 24 de abril de 2006, certificó que la documentación  del  expediente procedente de la Embajada de los Estados Unidos de América, fue  presentado   “debidamente  autenticado”.   

Por lo tanto, teniendo en cuenta  que la  solicitud  de  extradición  de  Luz  Marina  Hoyos de  Mesa  se  hizo  por  la  vía diplomática y que en la  expedición   y  trámite  de  los  mencionados  documentos,  así  como  en  su  traducción,  se cumplieron todos los ritos formales de legalización prescritos  por  las  normas  de  los  Estados Unidos de América, la Corte los tendrá como  aptos  para  servir  de prueba en este asunto, cumpliéndose así con la primera  exigencia legal.   

2.   La   identificación    plena    de   la    solicitada   en   extradición   

No  hay  duda  que la colombiana  Luz  Marina  Hoyos  de  Mesa, a quien se  refiere  este trámite, es la persona solicitada en extradición por el Gobierno  de los Estados Unidos de América.   

En efecto, de la documentación remitida por  vía  diplomática se colige claramente, como lo destaca el Procurador Delegado,  que  se  trata  de Luz Marina Hoyos de Mesa,   pues   basta   observar   que   el   número   de   cédula   de  ciudadanía   que   suministró  la  Embajada  de   los   Estados   Unidos   de América,  a  través   de   las  Notas  Verbales  números  1222  y   0804   del  8  de   junio  de  2005   y   del  31   de    marzo   de   2006,   respectivamente,  concuerda   con    el    que    aparece   en   el   acta   de    notificación    personal   de  la   providencia   por    medio   de   la   cual   se   dispuso   su   captura,  en  la diligencia mediante la cual se le comunicó  sus  derechos  de  capturada  por  razón  de este trámite y en el acta de buen  trato  suscrita  por  ella  (42.878.087),  además de que ninguno de los sujetos  procesales ha cuestionado dicha identidad.   

Igualmente,  todos  los  datos suministrados  coinciden  con  los  que obran en la documentación, es decir, que se identifica  con  la  cédula de ciudadanía número 42.878.087 de Envigado (Antioquia) y que  nació  en  Pacora  (Caldas)  el 28 de abril de 1963, información que concuerda  integralmente  con  aquella  que  aparece registrada en la tarjeta decadactilar,  documento  que  se aportó a este diligenciamiento, así como una fotografía de  su rostro.   

En esas condiciones, resulta evidente que la  persona    detenida    es   Luz   Marina   Hoyos   de  Mesa,  de  nacionalidad  colombiana  y es la ciudadana  requerida  en  extradición  por  el  Gobierno  de  los  Estados Unidos de   América.   

3.   El   principio  de  la  doble  incriminación   

De  conformidad  con  el  numeral  1°  del  artículo  493  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2004,  para  que  la  extradición  se  pueda  conceder  se  requiere que el hecho que la motiva esté  previsto  como  delito  en Colombia y reprimido con una sanción privativa de la  libertad cuyo mínimo no sea inferior a cuatro (4) años.   

Teniendo  en  cuenta  la  Acusación N° Cr.  05-102  (JAF)  del  8  de  abril  de   2005,   dictada  por   el     Tribunal     de     Distrito     de    los   Estados    Unidos    para    el    Distrito    de   Puerto   Rico,   se   sabe   que   a  Luz  Marina  Hoyos de Mesa se le acusó, de  “conspirar   para   lavado  de  dinero”  (cargo uno) y  de   “conspirar”  para  “importar    al   Territorio   Aduanal   de   los  EE.UU.”  más  de  cinco  kilogramos   de    una    “Sustancia   Narcótica  Controlada”    (cargo  trece),   según   las   normas  penales  del  Estado  requirente en precedencia citadas.    

En  esas  condiciones,  advierte la Sala que  dichos  cargos, de acuerdo con los hechos que se imputan y las normas allegadas,  encuentran  adecuación  típica  en  nuestro  sistema penal en lo reglado en el  artículo  340,  inciso  segundo,  del   Código  Penal,  modificado por el  artículo  8°  de  la  Ley 733 del 29 de enero de 2002, que prevé el concierto  para  delinquir  relacionado  con  el  lavado de activos y el tráfico de drogas  estupefacientes,   habida   cuenta   que,   como   quedó   visto,  Luz  Marina Hoyos de Mesa a “sabiendas     e    ilegalmente”    se  concertó      para  “llevar   a  cabo  transacciones  financieras  que  involucraban  las  ganancias de actividades ilegales”  y  para importar sustancias que contenía una cantidad perceptible de cocaína y  heroína.   

Cabe  agregar  que  el  citado  delito  de  concierto  para  delinquir, en nuestra legislación contempla una pena privativa  de  la  libertad  que  oscila  entre  seis  (6)  y  doce (12) años de prisión,  punibilidad  que  se  aumentó  en la tercera parte respecto del mínimo y en la  mitad  en  cuanto  al máximo por disposición del artículo 14 de la Ley 890 de  2004.   

Así  las  cosas,  resulta  evidente  que se  cumple con el principio de la doble incriminación.   

4.    Equivalencia   de   la   providencia            proferida            en           el   extranjero.   

Advierte  la  Corte que no existe dificultad  alguna  para  concluir  que  se  cumple  con  el  requisito  de  la equivalencia  contemplado  en  el  numeral  2° del artículo 493 del Código de Procedimiento  Penal  de  2004,  el cual exige “que por lo menos se  haya    dictado    en    el    exterior   resolución   de   acusación   o   su  equivalente”.   

En   efecto, el Tribunal de Distrito de  los  Estados  Unidos  para  el  Distrito  de  Puerto Rico, acusó a Luz   Marina   Hoyos   de   Mesa  por  las  conductas   punibles  señaladas en precedencia, mediante acto procesal que  en  nuestra  legislación  equivale  a  la  acusación, como emerge de las   siguientes similitudes, que las tornan equivalentes:   

     

a. Es  un  escrito  de acusación en el cual se atribuyen los cargos en  contra de la acusada para que se defienda de ellos en el juicio.     

     

a. Formulada  la  acusación  se inicia el juicio oral que finaliza con  el respectivo fallo de mérito.     

     

a. Se     señalan     los     hechos,    con   especificación     de     las    circunstancias    de   tiempo   modo  y  lugar  en  que  ocurrieron   y    la    calificación    jurídica   de   las  conductas,  con  indicación de las disposiciones sustanciales  aplicables.     

Por  lo tanto, se observa que la acusación  emitida  por  el  tribunal  extranjero  es  equivalente  y tiene la misma fuerza  vinculante  de  la  acusación  propia de nuestro sistema judicial con tendencia  acusatoria.   

ACOTACIÓN    FINAL   

Como lo resaltó el Ministerio Público, se  pone  de  presente  al   Gobierno  Nacional  que  en  caso de concederse la  extradición,  debe  condicionar  la  entrega  en el sentido de que Luz  Marina  Hoyos de Mesa no será juzgada  por  hechos distintos a los que originaron la reclamación, ni sometida a tratos  crueles,  inhumanos  o  degradantes,  ni  se  le  impondrá  la  pena  capital o  perpetua,  al  tenor  del  artículo  494  del Código de Procedimiento Penal de  2004.   

De  la  misma  manera,  se  le  exhorta  al  Gobierno,   encabezado  por  señor  Presidente  como  supremo  director  de  la  política  exterior  y  las  relaciones  internacionales  para  que  efectúe el  respectivo  seguimiento  a los condicionamientos que se impongan a la concesión  de  la  extradición  y  determinar  las  consecuencias que se derivarían de su  eventual  incumplimiento,  al  tenor  de  lo  señalado  en  el  ordinal 2° del  artículo 189 de la Carta Política.   

Finalmente, se pide al ejecutivo recomiende  al  Estado  requirente que, en caso de condena, tenga en cuenta como parte de la  pena  el  tiempo  que la solicitada haya podido estar privada de la libertad con  motivo del trámite de extradición.   

En  consecuencia,  como la totalidad de los  requisitos   formales   contemplados   en   el  artículo  502  del  Código  de  Procedimiento   Penal  se  cumplen  satisfactoriamente,  la  Corte  CONCEPTÚA   FAVORABLEMENTE  a  la  solicitud  de  extradición  elevada  por  el Gobierno de los  Estados  Unidos  de  América,  respecto  de la ciudadana colombiana  LUZ MARINA HOYOS DE MESA, en cuanto tiene  que   ver  con  los  cargos  uno  y  trece  que  le fueron imputados en la Acusación N° Cr. 05-102 (JAF) del  8  de  abril  de 2005, dictada por el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos  para el Distrito de Puerto Rico.   

Comuníquese  esta  determinación  a  la  requerida   Luz   Marina  Hoyos  de  Mesa,  quien se encuentra recluida en el Centro de Reclusión de Mujeres  El  Buen  Pastor  de  Bogotá, a su defensor, al Ministerio Público y al Fiscal  General de la Nación, para lo de  su  cargo.   

Devuélvase el expediente al Ministerio del  Interior y de Justicia, para lo de ley.   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                                        ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

Aclaración de voto  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN                                          MARINA PULIDO DE BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS           

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

ACLARACIÓN  DE  VOTO  

Con  el respeto que siempre profeso por las  decisiones  de  la Sala, expongo a continuación los aspectos que, en mi sentir,  deben  incluirse  en  los  conceptos de extradición que emite la Corte frente a  trámites  que involucran ciudadanos colombianos por nacimiento, particularmente  cuando  se  desarrollan  en  ausencia  de  cláusulas  pactadas  en instrumentos  internacionales   de   carácter  bilateral  o  multilateral,  en  la  forma  de  condicionamientos  que  el  Gobierno  Nacional  debería  exigir  al  momento de  acceder  a  la  entrega  de  un  connacional,  además  de  los que se le vienen  sugiriendo de manera común.   

La  posición  que he venido sustentando en  Sala  y que no ha tenido acogida, descansa en que la Corte al asumir la función  de  conceptuar,  no  sólo  ha  de tener como guía los parámetros que sobre la  materia  están  fijados  en  el  ordenamiento  procesal penal patrio, sino que,  además,  su misión también debe estar influida por la regla del artículo 2º  de  la  Constitución,  pues  en  cuanto  órgano  máximo  de  la jurisdicción  ordinaria  y,  por tanto, componente esencial en la estructura del Estado Social  de   Derecho,   también  debe  velar  por  la  efectividad  de  los  principios  –entre  ellos el fundante  de  la dignidad humana-, derechos y deberes consagrados en la Carta; defender la  independencia  nacional  y  proteger a todas las personas residentes en Colombia  en su vida, honra, bienes, creencias, derechos y libertades.   

En ese orden de cosas, estimo que es preciso  advertir  en  el  concepto sobre la necesidad de plantear otras condiciones a la  entrega  del  reclamado,  derivadas  del hecho de que el acto de extradición no  implica  que  el  extraditado  pierda  la nacionalidad colombiana, lo cual sólo  ocurre   frente  a  los  presupuestos  señalados  en  el  artículo  98  de  la  Constitución.   

En  tales condiciones, cuando la entrega en  extradición  de  un  nacional  colombiano se tramita y agota, en ausencia de un  convenio   multilateral   o  bilateral  sobre  la  materia,  con  arreglo  a  la  Constitución  y  a  la  ley,  debe tenerse en cuenta que a diferencia de lo que  ocurre  si  se  hubiera adelantado conforme a un instrumento internacional en el  cual  las  partes  acuerdan condiciones que pueden significar la restricción de  ciertos  derechos,  en  virtud  a  la  configuración del Estado colombiano como  social  y  democrático  de derecho, en el cual es base fundamental el respeto a  la  dignidad  humana  (artículo  1º de la Carta), las condiciones que se deben  exigir  al país reclamante tienen que estar ligadas con la observancia allí de  los  derechos  y  garantías  que  cobijarían  al  solicitado de ser juzgado en  Colombia.   

Eso  es  así,  porque  al  acceder  a  la  extradición  de  un colombiano por nacimiento el Estado, a través del Gobierno  Nacional,  renuncia  a la potestad de ejercer su propia jurisdicción, pero no a  la  obligación  de  proteger al extraditado, pues en tanto siga siendo súbdito  de  Colombia, tiene derecho a todas las prerrogativas, garantías y derechos que  emanan  de  la Constitución y la ley, en particular, aquellos que se relacionan  con   su   calidad   de   procesado  y  que  tienen  que  ver  con  la  dignidad  humana.   

Así las cosas, siendo el marco esencial de  la   figura   de  la  extradición  lo  señalado  en  el  artículo  35  de  la  Constitución,  que  fija  un  sistema  de  fuentes1  para que se solicite, conceda  u  ofrezca,  que son los tratados públicos y, en su defecto, la ley, es preciso  comentar  que  como  no hay un instrumento vigente de esa naturaleza que ligue a  Colombia  con Estados Unidos en el tema de extradición, el ámbito para evaluar  la  procedencia  de  una  solicitud,  concesión  u ofrecimiento de extradición  entre los dos países es el Código de Procedimiento Penal.   

Obsérvese que los preceptos que desarrollan  la  extradición  en  la  Ley  600  de  2000,  además  de  reiterar  las reglas  constitucionales  (improcedencia por delitos políticos, o la de colombianos por  nacimiento  por  hechos  cometidos   con   anterioridad  al   16    de   diciembre   de  1997  –artículo  508-); fijan el organismo al que le corresponde ofrecer o  conceder  la  extradición  de  una  persona  y  las facultades sobre la materia  –el gobierno-, el ámbito  de  competencia  de  cada  ente  gubernamental,  y  el  que le corresponde en el  trámite  a  la  Corte;  señalan  requisitos adicionales (doble incriminación,  acto  procesal  mínimo en el exterior –artículo   510-);  estructuran  la  forma  como  se  desarrolla  el  trámite  mixto,  así  como  los  fundamentos  del  concepto  (artículo  520);  determinan  cuándo  se  decide  sobre  la solicitud, en qué momento se hace la  entrega  y  regula  la  orden  de  prelación  en  caso  de  varias  solicitudes  (artículos  522, 523 y 524); consagran el derecho a la defensa y los eventos en  que hay lugar a la libertad (artículos 529 y 530).   

Además, el artículo 512 ibídem le impone  de  modo  imperativo  al  gobierno la obligación de exigir que el solicitado no  vaya   a   ser  juzgado  por  un  hecho  anterior  diverso  del  que  motiva  la  extradición,  ni  sometido  a  sanciones  distintas  de  las que se le hubieran  impuesto  en  la condena, y a que se le conmute la pena de muerte en caso de que  la  legislación  del  país  reclamante  la prevea como sanción del delito que  motiva la solicitud de extradición.   

Recuérdese  que  las  condiciones  arriba  señaladas  fueron  extendidas,  con el mismo carácter imperativo, por la Corte  Constitucional a otras situaciones, al señalar que:   

“…no  sólo  habrá  de  entenderse que en caso de que exista en el Estado requirente la pena  de  muerte,  la entrega se hará bajo la condición de la conmutación de ésta,  sino,  también  bajo el entendido de que al extraditado no se le podrá someter  ni  a  torturas,  ni  a tratos o penas crueles, ni a desaparición forzada, ni a  tratamiento   degradante   e  inhumano,  razón  por  la  cual  así  habrá  de  condicionarse  la  constitucionalidad  que  se  declara  del  artículo  550 del  Código de Procedimiento Penal.   

Por otra parte, se observa por la Corte, que  la   Constitución   colombiana,   prohíbe  en  su  artículo  34  ‘las   penas  de  destierro,  prisión  perpetua  y confiscación’,  a  las  cuales,  por  las  mismas  razones  anteriormente  expuestas,  no podrá  someterse  al  extraditado  por  el  país  que  lo  juzgue,  lo que implica que  igualmente   en  ese  sentido  habrá  de  condicionarse  la  exequibilidad  del  artículo     550    del    Código    de    Procedimiento    Penal.”2   

Sin  embargo,  esas  no  son  las  únicas  condiciones  susceptibles  de formularse, pues al fin y al cabo el artículo 512  del    Código   de   Procedimiento   Penal   preceptúa   que   “El  gobierno  podrá  subordinar el ofrecimiento o la concesión de  la   extradición   a   las   condiciones  que  considere  oportunas”.   

Esa  facultad,  debe  señalarse,  no  es  discrecional,  pues  al  momento  de  decidir  sobre  la  entrega de un nacional  colombiano  el  gobierno  está  en  el  deber  de  armonizar  los  criterios de  conveniencia  nacional o de cooperación internacional, con la premisa según la  cual  al  concederse la extradición no se renuncia a la soberanía, sino que se  ejerce3,  y  con  los  derechos  y  garantías que están consagrados en la  Constitución  y  en  los instrumentos internacionales sobre derechos humanos en  pro   de   un   justiciable,   así   como   en   protección   de  su  dignidad  humana.   

Así,  con  arreglo  al  artículo 29 de la  Carta;  a  los  artículos  9  y  10  de  la  Declaración Universal de Derechos  Humanos,  5-3.6, 7-2.5, 8-1.2(a)(b)(c)(d)(e)(f)(g)(h).3.4.5, 9 de la Convención  Americana  de  Derechos  Humanos,  9-2.3,  10-1.2.3,  14-1.2.3,5, y 15 del Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos,  el  Gobierno Nacional debe  condicionar  la  entrega de un compatriota, si concede la extradición, a que se  le    respeten    al   extraditado   –como  a cualquier otro nacional en las mismas condiciones- todas las  garantías  debidas  a  su condición de justiciable, en particular, a que tenga  acceso  a un proceso público sin dilaciones injustificadas, a que se presuma su  inocencia,  a  que  cuente con un intérprete, a que tenga un defensor designado  por  él  o  por el Estado, a que se le conceda el tiempo y los medios adecuados  para  que  prepare  la  defensa,  a  presentar pruebas y controvertir las que se  aduzcan  en  contra,  a  que  su  situación  de  privación  de  la libertad se  desarrolle  en  condiciones  dignas, a que la eventual pena que se le imponga no  trascienda  de  su persona, a que la sanción pueda ser apelada ante un tribunal  superior,  a que la pena privativa de la libertad tenga la finalidad esencial de  reforma y readaptación social.   

Igualmente, el gobierno debe condicionar la  entrega  a  que el país reclamante, conforme a sus políticas internas sobre la  materia,  le  ofrezca  posibilidades racionales y reales para que el extraditado  pueda  tener  contacto  regular  con sus familiares más cercanos, habida cuenta  que  la  Constitución  de  1991, en su artículo 42, reconoce a la familia como  núcleo  esencial  de la sociedad, garantiza su protección y reconoce su honra,  dignidad  e  intimidad,  lo  cual se refuerza con la protección adicional que a  ese   núcleo  le  otorgan  la  Convención  Americana  sobre  Derechos  Humanos  (artículo  17)  y  el  Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles y Políticos  (artículo 23).   

En cumplimiento de su deber de protección a  las  garantías y derechos del nacional colombiano entregado en extradición, es  misión  del  Estado,  por  medio  del  ámbito  de competencias de los órganos  respectivos,  vigilar  que  en  el  país reclamante se respeten las mencionadas  condiciones  (artículo  9  y 226 de la Carta). Así, en primer orden, a través  del  cuerpo  diplomático,  en concreto, por las diferentes oficinas consulares,  con  apoyo  de  la  Procuraduría  General  de  la  Nación (artículo 277 de la  Constitución)  y  de  la  Defensoría del Pueblo (artículo 282 ibídem), de lo  cual,  además,  habrá  de darse informes periódicos a la Corte, en virtud del  principio  de  colaboración  armónica  entre  los diferentes Poderes Públicos  (artículo  113  de  la  Carta),  con  el  fin  de  que todos los estamentos con  injerencia  en  el  tema  tengan elementos de juicio que les permitan sopesar la  conveniencia    de    privilegiar   jurisdicciones   foráneas   frente   a   la  interna.   

De   esa   manera,   dejo   sentado   mi  criterio.   

Señores Magistrados,  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

Fecha    ut  supra.   

    

1 Corte  Constitucional, sentencia C-740/00.   

2  Sentencia C-1106/00.   

3 Cfr.  Corte Constitucional, Sentencia C-621/01.     

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