22809(26-04-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22809  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N°  037  

Bogotá D. C., veintiséis (26) de abril de  dos mil seis (2006).   

V   I   S   T   O  S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda   de   casación   presentada  por  la  defensora  de  ANDRÉS         DARÍO        SEPÚLVEDA        CADAVID.   

A  N  T E C E D E N T E  S   

1.  Los hechos fueron sintetizados por  el juzgador de primer grado de la siguiente manera:   

“El 11 de marzo  de  2003  la  señora  María  Fabiola  Hernández  Toro, transportándose en el  vehículo  de  su  propiedad,  de placas EWM-040, marca Chevrolet, modelo 98, el  cual  conducía,  siendo las 2:50 de la tarde arribó al semáforo ubicado en la  carrera  73  con  calle  48,  sector del estadio de la ciudad de Medellín. Como  estaba  en  rojo procedió a hacer la parada reglamentaria. De un momento a otro  dos   individuos  que  se  movilizaban  en  una  motocicleta  se  le  acercaron,  ubicándose  justo  al  lado  de  la  ventanilla  del  conductor, la cual estaba  cerrada.  Con  la  cacha  de  un  arma  de  fuego  golpearon el vidrio en varias  oportunidades,  a  la vez que la requerían para que les entregara el dinero que  llevaba  consigo.  Empero,  la  precitada  les replicaba que no tenía, que ahí  estaba  el  carro  con  la mercancía. Continuaron golpeando el vidrio, a la vez  que  le  expresaban que si no entregaba la plata la mataban. Luego procedieron a  dispararle  una  sola vez a través del vidrio, logrando impactarla en el hombro  izquierdo,  aunque  el  proyectil  finalmente  se  incrustó  en  el  esternón,  dándose de inmediato a la huida.      

“Sucedió  entonces  que  desde  un vehículo de color rojo, marca Mazda, los dos ocupantes  del  mismo  les dispararon como en seis o siete ocasiones, para finalmente girar  en  el Obelisco, logrando lesionar gravemente al conductor, quien se detuvo para  cambiar  el  puesto  con el parrillero. Una vez lo hicieron se pusieron de nuevo  en  movimiento  continuando  en la misma dirección. Pero cuando ejecutaban esta  última   acción  fueron  observados  por  unos  uniformados  que  se  hallaban  efectuando  labores  de  vigilancia en el estadio, quienes se pusieron en alerta  luego  de la balacera, dándose a la tarea de perseguirlos, siendo secundados en  esta  labor  por  la  misma  ciudadanía,  quien les señalaba su ruta, esto es,  canalización  hacia  arriba.  Finalmente,  sobre  la carrera 80 con la calle 48  observaron  a  uno  de  ellos  en el momento en que empujaba la motocicleta y se  dirigía  hacia  una  mueblería  en  donde finalmente ingresó, siendo avistado  cuando  arrojaba  un  arma  de fuego debajo de una silla. Procedieron entonces a  privarlo  de  su  libertad.  El  capturado  respondía al nombre de Andrés         Darío        Sepúlveda        Cadavid”.   

2.   El  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de  Medellín,  mediante  sentencia  fechada el 20 de octubre de 2003,  condenó   a   Andrés   Darío  Sepúlveda  Cadavid  a  la  pena  principal de 50 meses de prisión y a la  accesoria  de  inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  el  mismo  lapso  de  la pena privativa de la libertad, como coautor de los  delitos  de  hurto  calificado  y  agravado  en  grado  de  tentativa,  lesiones  personales  y porte ilegal de armas de fuego de defensa personal imputados en la  resolución  de  acusación,  la  cual cobró ejecutoria el 15 de julio de 2003.   

3.   Apelado el fallo por la defensora  del  procesado,  el  Tribunal  Superior  de  Medellín, el 7 de mayo de 2004, lo  confirmó  integralmente.  Contra  esta determinación la citada profesional del  derecho interpuso recurso extraordinario de casación.   

LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

Con  fundamento  en  las causales primera y  tercera  de  casación,  la  defensora  del  procesado  Sepúlveda   Cadavid   presenta  dos  cargos,  cuyos  argumentos se sintetizan así:   

Causal  primera, cargo primero   

Afirma  la  libelista  que  “existe   fallo   de   error”   en  la  apreciación  de  la  prueba  documental  allegada  al expediente, especialmente  sobre  el  “historial del vehículo tipo motocicleta  de  placas  WWG25A”,  el  cual  no concuerda con lo  testificado  por  María  Fabiola Hernández Toro y lo informado por los agentes  de la Policía que conocieron el caso.   

Asevera  que  las  declaraciones  de  cargo  afirmaron  que  los  atacantes  se  movilizaban en una motocicleta de color azul  claro,  mientras  que  la  moto  que  fue  aprehendida  por la Fiscalía es azul  oscuro, como así lo indicó su defendido en la indagatoria.   

Dice que “aunque  tanto  el  instructor como el juzgador niegan la posibilidad de que por el lugar  transitaran  varios  vehículos  tipo  motocicleta,  indefectiblemente habrá de  concluir  que  así  lo hacía, pues mientras que la ofendida fue atacada por un  vehículo  como  tantas veces lo indicó de color claro, mi pupilo se desplazaba  en  una moto de color azul, como puede comprobarse en el historial del vehículo  que obra como prueba documental”.   

Refiere  que  tanto  el  Juzgado  como  el  Tribunal  incurren  en  el  mismo  error  respecto  del color, lo que le permite  concluir    que    “no   se   apreció  un  medio  de prueba consistente en la  prueba  documental que es el” citado historial de la  motocicleta que conducía su representado.   

De otro parte, estima que el sentenciador de  segunda      instancia     “prejuzga”  respecto  del  disparo,  toda  vez  que  no  existe prueba que  indique  que  el  proyectil  haya  sido  disparado  por  el arma de Andrés   Darío   Sepúlveda,  máxime  cuando  no  se  sabe  si  el arma encontrada fue con la que se disparó desde la  motocicleta en contra de María Fabiola Hernández.   

En fin, considera que no hay plena prueba de  la  cual  surja  la  necesaria  certeza para sustentar la sentencia condenatoria  impugnada.   

Causal  tercera, cargo segundo   

“Como fundamento  de  la  presente  demanda  me  permito invocar la causal 3 del artículo 207 del  Código  Penal ya que se ha violado el debido proceso regulado en los artículos  1  y  37  del Código de Procedimiento Penal y 29 de la Constitución Política,  incurriendo  en  una  vía  de  hecho, al no apreciarse en su verdadero valor un  medio  probatorio  consistente  en  el  historial  del  vehículo  que  le fuera  incautado a mi representado”.   

Por  lo expuesto, solicita a la Corte casar  el fallo impugnado y, en su lugar, se absuelva al procesado.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

Surge  evidente que la demanda de casación  presentada  a  nombre  del  sentenciado Andrés Darío  Sepúlveda   Cadavid  no  reúne  los  requisitos  de  claridad,  precisión  y  coherencia que para ser admitida establecen las normas  que regulan la casación.   

En  efecto, no distingue la libelista entre  un  alegato  de  instancia  y  una  demanda  de casación, en la que no se puede  hacer,  de  manera  libre, cualquier cuestionamiento a una sentencia que por ser  la  culminación  de todo un proceso, viene amparada por la doble presunción de  acierto  y  legalidad,  sino  que  debe  ser  un  escrito  lógico,  coherente y  sistemático  que  busca  restaurar la legalidad del fallo, por lo cual sólo es  procedente  denunciar  los  errores  cometidos  por el fallador, al tenor de las  causales   expresa   y  taxativamente  señaladas  en  la  ley,  demostrarlos  y  evidenciar   su  trascendencia  en  la  parte  dispositiva  del  la  providencia  impugnada.   

Tales presupuestos no los reúne el escrito  que  ocupa  la  atención de la Sala, pues si bien la demandante anuncia que los  dos  cargos  los  sustenta  en  las  causales primera y tercera de casación, de  todos  modos  en  su  desarrollo  no  se  respetan  los parámetros y las reglas  técnicas que la ley ha establecido para tales hipótesis.   

En  efecto,  respecto  de  la  primera  censura, teniendo en cuenta que  es  la causal primera la seleccionada, no dice la memorialista cuál fue la vía  de  vulneración  de  la  ley sustancial, si directa o indirecta, ni mucho menos  indica  su  sentido,  esto  es,  si lo fue por falta de aplicación, aplicación  indebida   o   interpretación   errónea,  como  tampoco  menciona  las  normas  sustanciales supuestamente transgredidas.   

Ahora  bien,  en  el  entendido  de  que la  censura  la  postuló bajo los lineamientos de la violación indirecta de la ley  sustancial,    por   cuanto   manifestó   que   el   juzgador   “erró    en    la    apreciación    de    la    prueba”,   en   especial   lo   relacionado   con   el  “historial  del vehículo tipo motocicleta de placas WWG25A, la cual  es   disímil  con  lo  expuesto  en  testimonios  de  María  Fabiola  Hernández  Toro  y  los  agentes de  Policía  que  rindieron  y ratificaron su informe”,  de  todos  modos  no  señaló  la  clase  de  error,  esto es, si de hecho o de  derecho,  ni  el  falso  juicio  que  lo determinó, es decir, de existencia, de  identidad  o  de  raciocinio,  en  cuanto  al  primero,  o  de  legalidad  o  de  convicción, en lo atinente  al segundo.   

Contrario   sensu,  se  advierte  que  la  inconformidad  de  la  libelista  radica  en  el  grado  de  estimación que los  juzgadores  le  otorgaron  a  los  elementos de juicio y de los cuales dedujo la  responsabilidad   de   Andrés   Darío   Sepúlveda  Cadavid.  Y  no  se  puede  llegar a otra conclusión  cuando  en  la  demanda  la casacionista critica al sentenciador por no apreciar  “correctamente”   el  historial  de  la  motocicleta  que  obra  en  el  expediente,  o  por  no darle  credibilidad  a   la  versión  que suministró su defendido, quien siempre  adujo  que  su motocicleta era de color azul oscuro y no claro como lo indicaron  los   testigos,   o  porque  “prejuzgó”   cuando   concluyó   que   con   el   arma   de  Sepúlveda   se  hizo  el  disparo  que  produjo  la  lesión  en  la  víctima,  siendo  que tal hecho carece de prueba,  aspectos  que le permiten concluir que su procurado no es autor de las conductas  punibles por las que fue condenado.   

En esas condiciones, desconoce la libelista  que  la  simple  discrepancia  de  criterios  no  constituye yerro demandable en  casación,  puesto  que teniendo en cuenta el sistema de apreciación probatoria  que  nos  rige,  el juzgador goza de libertad para justipreciar los elementos de  juicio,   sólo   limitado   por  los  postulados  de  la  sana  crítica,  cuya  trasgresión   se  debe  postular  a  través  del  error  de  hecho  por  falso  raciocinio.   

Y aun cuando se entendiese que el ataque lo  quiso  orientar  por la vía del  error de hecho por falso raciocinio, toda  vez  que  cuestiona  el  proceso valorativo de dichos medios de prueba, de todos  modos  no  lo  desarrolló,  pues  no  expresa  cuáles  fueron  las leyes de la  ciencia,  los  principios  de  la  lógica o las reglas de la experiencia común  vulnerados,  de  qué manera lo fueron y cómo ese yerro llevó a los falladores  a declarar una verdad distinta de la que revela el proceso.   

A más de lo anterior, olvidó igualmente la  memorialista   que  el  fallo  llega  a  esta   sede   precedido   de   la   doble  presunción  de  acierto  y   legalidad,    es  decir,   que   los   hechos   y   las   pruebas   fueron   correctamente   apreciadas   y  el     derecho    acertadamente    aplicado,    motivo   por    el   cual   constituye   una  carga   para   el    demandante    entrar    a   evidenciar   el   error    in    iudicando    o    in    procedendo   invocado,    según    el   caso,   y   demostrar   su    trascendencia   frente    a   las   conclusiones   adoptadas      en      la      sentencia,     labor     que    no  emprendió.   

En     cuanto     al     segundo  cargo,  sustentado en la causal  tercera  de  casación,  según  el  cual,  el sentenciador de segunda instancia  incurrió   en   violación   del   debido   proceso   por   no  “apreciar  en  su verdadero valor un medio probatorio consistente en  el  historial  del  vehículo  que le fuera incautado a mi defendido”,  olvidó  la libelista que la coherencia conceptual y el rigor  metodológico  de  la  casación  imponen  que  dentro de la demanda se debe dar  aplicación  al  principio  de  prioridad en la invocación de las causales y la  proposición  de  los  cargos,  toda  vez  que  es  necesario tener en cuenta la  incidencia  procesal  que  genere la prosperidad de alguno de ellos respecto del  efecto corrector del recurso extraordinario.   

En    otros    términos,   como    lo    tiene   dicho   la   jurisprudencia   de    la   Corte,  el   orden   de   postulación   de    los    cargos   en   la   demanda   de   casación   se  rige  por  el  principio  de  prioridad,  según el cual es  necesario  tener  en  cuenta la incidencia procesal que la prosperidad de alguno  de  ellos  pueda  conllevar,  en atención al efecto corrector o invalidante del  recurso extraordinario.   

De otro lado, se hace necesario recordar que  la  nulidad  como motivo para atacar, por vía de casación, el fallo de segunda  instancia,  en  “orden a la técnica propia de este  medio  extraordinario  de  confrontación  de  la  legalidad  de las sentencias,  comporta  los  mismos  niveles  de  exigencia  que  son  inherentes a las demás  causales   dada   su   especial  naturaleza,  lo  cual  significa  que  de  modo  insoslayable  debe  especificarse  la  causal  o  motivo de nulidad concurrente,  demostrando  el  carácter  sustancial  del  vicio o la irregularidad acusados y  particularmente  la  etapa  o  el  momento  procesal a partir de la cual se hace  imperativa  la  anulación,  explicando  justificativamente  las razones por las  cuales  no  media alternativa diversa que la de invalidar lo actuado”.1   

Por  consiguiente, tratándose del cargo de  nulidad  la demanda no es un escrito de libre confección, toda vez que también  debe ajustarse a los presupuestos formales para su admisibilidad.   

De igual manera, en virtud del principio de  trascendencia  que gobierna la declaratoria de nulidad, según el cual, no basta  con  denunciar  irregularidades  o  que  éstas efectivamente se presenten en el  proceso,  sino  que  se  hace  indispensable  demostrar  que aquellas inciden de  manera  concreta  en  el quebranto de los derechos de los sujetos procesales, se  hace  necesario  que  el  actor  evidencie  un perjuicio causado con el yerro in  procedendo  denunciado, pues, caso contrario, la Corte, por razón del principio  de limitación, no puede entrar a complementar al censor.   

En esas condiciones, observa la Sala que la  demandante,  en este lacónico reproche, se limitó a quejarse de la manera como  fue  apreciado  el  tantas  veces mencionado historial de la motocicleta que fue  allegado  al  expediente,  aduciendo  que  no  se  le otorgó su “verdadero  valor”,  para  seguidamente  afirmar  que ello conllevó a la violación del debido proceso, sin adentrarse a  demostrar   cómo   tal   forma  valorativa  del  citado  medio  de  convicción  desconoció  la  estructura  del  proceso y, al mismo tiempo, afectó seriamente  las  garantías  fundamentales  del  acusado  Andrés  Darío  Sepúlveda  Cadavid,  quedando   el  cargo  en  el  simple  enunciado.   

Ahora,  si  bien es cierto que la libelista  apoya  el  reproche  en  la  causal  tercera  de  casación,  acusando  así  la  violación  del  debido  proceso  (error  in  procedendo), también lo es que su  exiguo  planteamiento  es propio de la violación indirecta de la ley sustancial  (error  in  iudicando),  bien  por error de hecho ora por error de derecho, toda  vez  que  insiste en la manera como se apreció la mencionada prueba documental,  situación   que  no  sólo  desorienta  el  cargo  sino  que  también  termina  vulnerando  el  principio  de  autonomía  que  rige  al recurso extraordinario,  según  el  cual,  al  interior  de  un mismo cargo no se pueden mezclar ataques  correspondientes  a  causales  distintas, pues cada una tiene características y  reglas  técnicas  de demostración diferentes y producen diversas consecuencias  jurídicas.   

En esas condiciones, al no reunir la demanda  los presupuestos de claridad y precisión, la Corte la inadmitirá.   

Finalmente,  cabe  señalar  que el estudio  detenido  del  expediente permite a la Sala concluir que no procede la casación  oficiosa  por  cuanto no se percibe ninguna causal de nulidad ni vulneración de  derechos fundamentales.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada por la defensora de  ANDRÉS  DARÍO  SEPÚLVEDA  CADAVID. En consecuencia,  se   declara  desierto  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   Comisión    de  servicio   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                          ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

EDGAR    LOMBANA   TRUJILLO                                          ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                          JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

                                                Secretaria     

1 Rad.  20046, auto del 11 de febrero de 2004.     

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