25227(10-12-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  25227   

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta No. 251  

Bogotá,  D.C., diez (10) de diciembre de dos  mil siete (2007) .   

D E C I S I Ó N  

Procede  la  Sala  a resolver de fondo   el   recurso   extraordinario  de  casación   discrecional,  interpuesto  contra  el  fallo  emitido por el Juzgado  Quince  Penal  del  Circuito, el 10 de octubre de 2005,  que  modificó  la sentencia  adoptada  por  el  Juez Promiscuo Municipal de Viotá  Cundinamarca),  el  10  de mayo de 2005, en el proceso  iniciado  contra  LAURA  PAOLA VEGA PRIETO.   

H E C H O S  

El  19  de  abril  de  2001, en el perímetro  urbano  de  Bogotá,  se presentó un accidente de tránsito en la carrera 7 con  calle  112, siendo arrollado, cuando se disponía a cruzar la vía, JORGE   ALBERTO   VARÓN   TRUJILLO,  por  LAURA      PAOLA      VEGA      PRIETO.   

A C T U A C I Ó N     P R  O C E S A L   

1.   El  9  de  enero  del 2003, la Fiscalía  Doscientos    Dieciocho    de    Bogotá,   profirió  resolución  de acusación     contra     VEGA    PRIETO,   por   el   punible   de  LESIONES  PERSONALES  CULPOSAS  AGRAVADAS. Proveído ejecutoriado el 7 de febrero de 2002.   

2. El 10 de mayo de  2002,   el  Juzgado  Promiscuo  Municipal  de  Viota  (Cundinamarca),  en  cumplimiento  del acuerdo 2781 de  diciembre  de  2004, emanado del Consejo Superior de la Judicatura, condenó  por el  punible  imputado a LAURA PAOLA VEGA PRIETO,  a  la pena principal de veintisiete (27) meses de prisión, multa  de  seis  (6.000)  mil  pesos  y  suspensión en el ejercicio de la actividad de  conducir  por  un periodo de veinticuatro (24) meses e interdicción de derechos  y    funciones    públicas    por   un   período   igual   al   de   la   pena  principal.   

3. El 10 de octubre  de   2005,   por   apelación   interpuesta  por  la  defensa,  el  Juzgado   Quince   Penal   del   Circuito   de  Bogotá, modificó el  fallo  en  cuanto a las penas principales de veintiún (21) meses de prisión, $  5.833  mil  pesos  de  multa,  suspensión  en el ejercicio de la conducción de  automotores  por  un  período  de siete (7) meses e interdicción de derechos y  funciones públicas por un termino igual al de prisión.    

4. El 9 de noviembre  de  2000,  la  defensa técnica interpuso y sustentó el recurso de casación  discrecional, por cuyo motivo el  proceso     se     envió    a    la    Corte,    disponiéndose    –en la presente decisión- su análisis  de fondo, previa admisibilidad del libelo.   

L A    D E M A N D A  

Sustenta   el   libelista   la   casación  discrecional,  al  informar que la Sala debe proferir una decisión de fondo, en  el     entendido     que     se     vulneró     el     derecho     “fundamental  de  la  presunción  de  inocencia consagrada en el  artículo 29 de la Constitución Política”.   

Colige  que  la  garantía expuesta tiene una  “exigencia   probatoria   para  la  deducción  de  responsabilidad   penal   por   la  concreta  infracción  de  una  descripción  típica”,  motivo  suficiente para que la duda quede  “inerme”, aplicándose,  por  tal  motivo,  el artículo 7, inciso 2, del Código de Procedimiento Penal,  “haciendo   imposible   aplicar   válidamente  la  comisión  del  ilícito”; citando algunas decisiones  proferidas     por     la    Corte    Constitucional,    para    respaldar    su  afirmación.   

Por  ello,  la violación a la presunción de  inocencia  se concretó en “un error de apreciación  probatoria”,  motivo  suficiente  para  que la Corte  intervenga,   “pues   sólo   a   través   de  la  eliminación  de  tales  yerros  se  podrá  poner  fin  a  la  violación de la  garantía fundamental”.   

Cargo     principal:     amparado  en  la casual primera, vía indirecta, error de hecho, por  falso  juicio  de  identidad  “en la apreciación de  las   pruebas”,  por  aplicación  indebida  de  la  agravante  consagrada  en  el artículo 110, inciso 1, del Código Penal, atacó  el  fallo  último,  al  dar  por  probada  una  circunstancia  que no lo está,  “por  cuanto  se  consideraba que el sólo hecho de  que  se  haya  demostrado  que  para el momento de los hechos LAURA PAOLA había  ingerido  licor,  no  determina  necesariamente que pueda imputársele cualquier  resultado lesivo en el que se vea involucrada”.   

Sostuvo que debe entenderse que los hechos se  adecuan  a  dos disposiciones: una por estar vigente (Ley 100 de 1980) y la otra  por  favorabilidad  (Ley  599  de 2000), al proponer la nueva legislación en su  descripción  típica  que  “haya sido determinante  para  su  ocurrencia”,  lo  cual se relaciona con el  nexo  causal  que  debe existir entre “el influjo de  bebidas  embriagantes  y  el  resultado  producido”.  Decidiendo  el  demandante  auxiliarse  del artículo 110 de la Ley 599 de 2000,  por  indebida  aplicación  del  numeral  primero,  toda vez que, con base en el  artículo   21,  se  estaría  “ante  una  indebida  interpretación”, de la norma derogada, “lo  que  hace  más  favorable  acudir  a  la  norma actualmente  vigente   dada  la  objetividad  que  posibilita  el  contenido  expreso  de  la  disposición”.   

Infiere  que  la  presencia  de  alcohol,  no  descarta    otras    causas    generadoras   de   las   lesiones,   “como  sucede  por  ejemplo,  cuando  conduciendo un vehículo en  estado  de  embriaguez  se ve alguien involucrado en un accidente causado por el  estallido  de  la llanta de otro vehículo que determinó su pérdida de control  y   la  invasión  del  carril  contrario”.  Por  lo  expuesto,   observa   el   demandante  que,  el  legislador  Ley  599  de  2000,  “adicionó,  al  regular  las  agravantes  para  el  homicidio  y  las  lesiones  culposas, la frase “y ello haya sido determinante  para  su  ocurrencia”,  para  eliminar toda forma de  responsabilidad objetiva.   

Por tanto, la prueba que obra en el expediente  muestra,  por  lo  menos, “otra causa generadora del  resultado,  como lo es el actuar imprudentemente de la víctima”, pues  “ninguna relación existe entre la  embriaguez  y  las  lesiones causadas, por lo que improcedente resulta imputar a  LAURA PAOLA VEGA PRIETO tal agravante”.   

Y,  ninguna  relación  tiene “con    los    efectos    de    la    embriaguez”,    –como  lo  afirmó  la imputación- que  las  lesiones  se  ocasionaron  porque  su poderdante estaba distraída al estar  mirando  otro  vehículo y no hacía adelante, por lo que se cruzó el semáforo  en  rojo,  en  el  instante  de  los  acontecimientos.  Es por ello que, el  alicoramiento  dictaminado  en primer grado, “no fue  determinante para lo ocurrido”.   

Transcribió el referido examen practicado por  Medicina  Legal,  en  el  que  se concluyó que los signos clínicos     correspondían    “a  EMBRIAGUEZ  AGUDA POSITIVA. GRADO I”.  Siendo  evidente  para  el  actor que el Juez de segunda instancia se equivocó,  toda   vez   que   el   dictamen  no  afirma,  “por  imposibilidad    material    incluso”,   sobre   la  “relación  de causalidad entre la situación allí  si   acreditada   y   la   causación   de   las   lesiones   al  señor  VARÓN  TRIJILLO”.   

Por  ende,  el falso  juicio  de identidad se demuestra, al haber deducido el  Juez    con    base   en   el   dictamen   de   Medicina   Legal,   “una  relación  de  causalidad que no demuestra”. Reiterando  que  una  cosa  son los efectos del estado de embriaguez  (capacidad,   reflejos   y   atención)   y   otra   muy  distinta  “es  que  ello  determine  la  relación  de  causalidad entre el  estado    que    los   produce   y   el   resultado   causado”:   vició  que  incidió  sobre  la  agravante,  en  el  entendido  que  “una  cosa es la prueba del estado de embriaguez…  y  otra,  muy  diferente es la demostración de la relación de causalidad entre  dicho estado y las lesiones causadas”.   

Como   se   tergiversó   la   “entidad  demostrativa respecto de la relación de tal estado con  la  producción  del  resultado  lesivo”,  solicitó  casar  el fallo recurrido en lo que tiene que ver con la agravante del artículo  110, inciso 1, del Código Penal.   

Cargo     subsidiario:    lo  presentó  como  error  de  hecho,  por exclusión evidente, del  inciso  segundo  del  artículo 7 del Código de Procedimiento Penal, porque los  falladores  no  reconocieron  la  duda  en torno a la  materialidad    de    la    infracción   y   la   responsabilidad   penal   del  sindicado”.   

Hace   depender   el  ataque  del  anterior  cuestionamiento,  es  decir, sin la existencia del falso juicio de identidad por  tergiversación  sustentado  en  el  cargo  primero,  no  tendría  vigencia  la  presente  censura, “toda vez que de no haber mediado  tal  error  de  valoración  probatoria”, se habría  reconocido  la  duda  “de  entidad  suficiente para  optar por la no imputación de la agravante”.   

La petición de in dubio pro reo la sustentó  en  que  los  hechos  que  generaron las lesiones a ALBERTO VARÓN, tuvieron una  causa  diversa  a  la  entendida por los falladores, tal como lo demostró en su  primer ataque, por errada valoración probatoria.   

Siendo   ello   así,   realiza  su  propia  estimación  de  las declaraciones de su defendida y de la víctima, concluyendo  una    vez    trascribió    apartes    de    su   injurada   que   “esta   versión,   digna   de  credibilidad,  no  desvirtuada  y  coincidente  con  lo  probado”,  partiendo  del  supuesto  que  no  existía prohibición para que LAURA  PAOLA  VEGA, cruzara, “y en  esa  medida  el  resultado  no  se  produjo  por una violación de las normas de  tránsito   a   ella   atribuible”,  existiendo  la  posibilidad  que  la  víctima  tuviera  un  “juicio  erróneo” al pensar que el semáforo estaba en rojo,  dando  lugar  a  un  actuar  imprudente  del propio lesionado, que bien pudo ser  determinante en el resultado.    

Como  no se demostró la certeza, se imponía  la   duda,   establecida  por  la  presunción  de  inocencia;  solicitando,  en  consecuencia,   se  case  la  sentencia  recurrida,  suprimiéndole la agravante a ella atribuida; lo cual, en  aplicación  del  articulo  42  del  Código  de Procedimiento Penal, al haberse  indemnizado   los   daños   y   perjuicios,   lo   precedente  es  cesar  el  procedimiento  a  favor  de  su  prohijada.   

M I N I S T E R I O    P Ú B L  I C O   

El señor Procurador  Primero  Delegado  para  la Casación Penal, conceptuó  que  se  debe  desestimar  la  demanda  y casar  la  sentencia  impugnada  parcial y oficiosamente    a    fin   de   reajustar   la   pena  impuesta  a  LAURA PAOLA VEGA  PRIETO.   

Los  fundamentos  de  sus  conclusiones  se  sintetizan de la siguiente manera:   

1. Una vez realizó  un   resumen  de  los  hechos,  de  la  actuación  procesal  y  de  la  demanda  discrecional,    conceptuó    sobre    el    primer  cargo,  aduciendo que, no obstante los acontecimientos  se   presentaron   en   vigencia   de   la   Ley   100   de  1980,  “ello  en ningún modo excluye la necesidad de establecer el nexo  causal  que  debe  existir entre la circunstancia prevista en el numeral primero  de  dicha  disposición  y  el  resultado  lesivo  producido,  a  fin de aplicar  adecuadamente   la  agravación  punitiva:  pensar  lo  contrario,   es   una   forma   de   responsabilidad   objetiva,   proscrita  en  Colombia.   

Los  delitos  culposos  se  rigen  por  los  artículos  21 y 37 del Código Penal Ley 100 de 1980; 9, parte final y 23 de la  Ley   599   de   2000.   Por   tanto,  se  hace  imprescindible  “examinar  la  conducta del sujeto agente no sólo desde el punto de  vista  naturalístico,  sino  también normativo, con el objeto de establecer si  violó   o   no   el  deber  objetivo  de  cuidado”;  exigencias  advertidas  por la Corte en pronunciamientos del 16 de septiembre de  1997, radicado 12.655 y junio 8 de 1995.   

Considera  la  Delegada  que  el  censor  se  equivocó  al  entender  que le era más favorable a su prohijada la aplicación  del  artículo  110 del Código Penal del 2000, al exigir la circunstancia allí  prevista   “haya  sido  determinante”,   para   la   consumación   del   delito   culposo,  “cuando  es lo cierto que ambos estatutos penales exigen la plena  demostración  tanto  del  nexo  causal  como  de  la  imputación jurídica del  resultado,  así no lo hubiera exigido explícitamente el artículo 330, numeral  primero,  del  Código  Penal del 1980”, toda vez que  el  nuevo  ordenamiento  penal, se adecuó a los  avances jurisprudenciales  que sobre esa materia se habían realizado.   

El  falso juicio de identidad, es desacertado  pues  fue  motivado  considerándose “establecida la  relación  de  causalidad  entre la embriaguez y el resultado lesivo en la salud  de  la  víctima,  sin  estarlo,  porque  el  dictamen  técnico  nada afirma al  respecto”  y,  porque  en  el pensamiento del actor,  existen  otras  causas  generadoras  de  los  sucesos, como la imprudencia de la  víctima.   

No  se  demostró  en  la  demanda  ninguna  alteración,   adición  o  mutilación  de  la  prueba  atacada,  ni  menos  se  confrontó  con  lo  que  de  ella  expresó  el  Tribunal a fin de verificar la  tergiversación  alegada  y,  menos  aún,  se  analizó con lo restantes medios  probatorios.   

El dictamen de embriaguez emitido por Medicina  Legal,    “no    podía   señalar   –como  erróneamente  lo  pretende  el  censor-,  la  relación  de  causalidad  existente  entre  la  embriaguez  se la  señorita  LAURA  PAOLA  VEGA y las lesiones personales causadas al señor Jorge  Alberto  Varón  Trujillo,  por  la  potísima  razón de que al perito le está  absolutamente  prohibido  emitir  cualquier  juicio  de  responsabilidad  penal,  pues dicha función es exclusiva del juez. (Artículos  267,   2,   parte   final   del  Decreto  2700  de  1991  y  Ley  600  de  2000,  251).   

Con  toda  la  gama  probatoria aportada a la  actuación,  los  falladores  concluyeron  que  el  atropellamiento “tuvo  como  causa la absoluta desatención de la procesada… en  su  labor  de  conducción, aunado a su ingesta de licor, lo cual la llevo a que  no   tuviera   el   deber  de  cuidado  exigido  por  las  normas  de  tránsito  terrestre”.   

En    consecuencia,    el    cargo   debe  desestimarse.   

2.   Cuando  el  demandante  propuso  que  el  falso  juicio de identidad, se hizo manifiesto, en  torno   a   la  valoración  del  dictamen  de  embriaguez,  porque  los  jueces  inaplicaron  el inciso 2 del artículo 7 del Código de Procedimiento Penal, por  no  estar  demostrado  el  grado  de  certeza, teniendo en cuenta que los hechos  fueron   motivados   en   la   “imprudencia  de  la  víctima”;  debieron  no haber imputado la agravante  del  330,  inciso  primero,  del  Código Penal anterior, con base en la duda, y  haber   decretado  la  cesación  de  procedimiento  por  estar  documentada  la  indemnización de perjuicios.   

El  cargo  motivado  en  esas circunstancias,  afirma   la   Delegada,   “no  es  excluyente  sino  reiterativo”,  porque  lo  presenta  con  los mismos  argumentos  de  la  anterior  propuesta:  “no estar  demostrados   los   efectos   determinantes  de  la  embriaguez  y  la  probable  imprudencia  de  la víctima”, para pedir aplicación  de  la duda e inaplicación de la agravante, lo cual conllevaría a la cesación  de   procedimiento,   por  haber  cancelado  la  correspondiente  indemnización  integral.   

Así  mismo,  sostiene  que el nexo causal es  claro  (actividad  peligrosa),  la  superación  del  riesgo  permitido también  (conducir  embriagada),  como la realización de la conducta contra la humanidad  de  VARÓN  TRUJILLO  (lesiones  personales) por “no  atender  la  luz  roja  del semáforo por alteración de los reflejos y falta de  atención  derivada de los efectos de la embriaguez”.   

A  juicio  de  la  Procuraduría,  este cargo  tampoco puede prosperar.   

3.   Casación  oficiosa:  Pretende  el  Ministerio  Público, se case  parcialmente    el    fallo,    teniendo   en   cuenta   que   el   “Juez   de   primera   instancia”  se  equivocó  en el proceso de individualización de la pena; toda vez que, el Juez  del  Circuito  sólo  quitó  la  agravante  del numeral 2 del artículo 330 del  anterior   Código   Penal,  por  no  haber  sido  imputada  en  la  acusación,  “pero  no  corrigió  la  equivocación  en  la que  incurrió  el  Juez  A  quo  al  fijar  los  mínimos  y  máximos aplicables al  caso”.   

Para salvaguardar las garantías fundamentales  se  debe  partir  de  las  penas  mínimas  previstas en el Decreto 100 de 1980,  artículo  334,  que  fija  una  pena  de  2  a 8 años y aplicarse también por  favorabilidad  los  mínimos  y máximos del artículo 60 de la Ley 600 de 2000;  criterio  empleado  por  la  jurisprudencia  de  la Sala, en donde se respete la  ponderación   del  a  quo;  concluyendo  que  corresponde  imponer  el  mínimo  establecido  en  el  primer cuarto, es decir, 5.6 meses de prisión y multa de $  1.166,66  pesos,   siete  (7)  meses como suspensión en el ejercicio de la  conducción  de  automotores  e  interdicción de derechos y funciones públicas  por  el  mismo  tiempo  de  la  pena  de  prisión.  De esa forma, consideró la  Delegada, debe de reajustarse oficiosamente la pena impuesta.   

    CONSIDERACIONES   DE   LA  SALA   

El  problema  jurídico,  estribó  para  el  actor,  en  haber  condenado a su poderdante por la circunstancia de agravación  punitiva  contemplada  en el artículo 330, inciso primero, del Código Penal de  1980,  habida consideración que con tal proceder, no fue posible dictar a favor  de   su  protegida  jurídica  cesación  de  procedimiento  por  indemnización  integral.  Englobando  su  inconformidad,  en  la  vulneración  al principio de  inocencia, postulado al amparo de la casación discrecional.   

Bajo  esa  premisa,  indicó  que  se  había  aplicado  indebidamente  la  agravante consagrada en el artículo 110, inciso 1,  del      Código      Penal      el      dictamen      pericial     –norma que él seleccionó por ser más  favorable-  por  considerar  que los juzgadores habían incurrido en un error de  hecho,  en  sentido  de  falso juicio de identidad, al haberla tergiversado; por  cuando  su  prohijada  –al  instante   de   los  acontecimientos-  estaba  bajo  los  efectos  del  alcohol,  circunstancia  que  en  su  criterio jurídico, no permite degradarle la aludida  agravante  en  el  accidente automovilístico, porque el nexo causal no se puede  acreditar  de  esa  forma, al concluirse que si su poderdante estaba embriagada,  entonces  es  responsable  de  las lesiones culposas agravadas; desconociéndose  múltiples   causas,  como  por  ejemplo,  que  la  víctima  actuó  de  manera  imprudente.  En otras palabras: la embriaguez y las lesiones personales culposas  no  tienen  ninguna  relación  y,  el  falso juicio de  identidad  lo  constata, al haber deducido el Juez con  base   en  el  dictamen  de  Medicina  Legal,  “una  relación de causalidad que no demuestra”.   

Haciendo  depender  el  cargo subsidiario del  éxito  del  principal,  como una extensión hermenéutica, en el sentido de que  se  dejó  de  aplicar el in dubio pro reo, precisamente, porque se incurrió en  la  tergiversación  del  dictamen  de medicina legal, por lo cual, es imperioso  aplicar  el  artículo  7,  numeral  2 del Código de procedimiento Penal.    

Por  lo  tanto,  como  metodología,  la Sala  responderá  las  dos  censuras en un solo cuerpo argumentativo, entendiendo que  la  inconformidad  jurídica,  está  hincada  en  la  agravante, pues ese es el  problema de fondo alegado.    

I.   Calificación   jurídica   y   normas  sustanciales  por  las  que  se  condenó a LAURA PAOLA  VEGA PRIETO:   

(a) El 9 de enero de  2003,   como  se  recordará,  la  Fiscalía  218  de  Bogotá,       le       dictó       resolución  de  acusación a LAURA    PAOLA,   por   el   punible   de  lesiones  personales  culposas  agravadas   al   conducir   bajo  el  influjo  de  bebidas  embriagantes,  de  conformidad  con  los  artículos  110, 111,112, 114 y 120 del Código Penal Ley  599 de 2000.   

(b) El 10 de mayo de  2005,    el    Juzgado   Promiscuo   Municipal   de  Viotá,  la  condenó  con base en los artículos 330,  331,  332,  1;  333,  1;  334,1, 337; 340 y 341 del Decreto Ley 100 de 1980, por  favorabilidad.   

(c) El 10 de octubre  de   2005,  El  Juzgado  15  Penal  del  Circuito  de  Bogotá,  quien conoció en segunda instancia el caso,  aceptó  la adecuación típica prevista en las normas del Código Penal de 1980  y,  con  base  en ellas, rebajó las penas, principales y accesorias, impuestas.   

(d)   El  actor,  discrepó  de  las  normas sustanciales aplicadas contra su prohijada, afirmando  que  el Código Ley 100 del 1980, en términos generales le es más desfavorable  porque   la  actual  normatividad  trae  la  circunstancia  cuando  “haya   sido   determinante   para  su  ocurrencia”,  la  que  condiciona  la  aplicación  de  la  norma  al  nexo  de  causalidad entre la embriaguez y el resultado producido.   

II.   Diferencias   normativas   entre  las  codificaciones penales de 1980 y 2000:   

(a) El punto crítico  para  el  actor se ubica en la descripción de los preceptos de orden sustancial  determinados  en  el  330,1  (Ley  100  de  1980)  y  110,  1. (Ley 599 de 2000)   

(a) Decreto Ley 100  de   1980:   artículo   330.   “Circunstancias  de  agravación  punitiva  para  el  homicidio  culposo. La  pena  prevista  en  el  artículo anterior se aumentará de una sexta parte a la  mitad, en los siguientes casos:   

“1.  Si al momento  de  cometer  el  hecho  el  agente  se  encontraba  bajo  el  influjo  de bebida  embriagante   o  de  droga  o  sustancia  que  produzca  dependencia  física  o  síquica”.   

(b) Ley 599 de 2000:  artículo   110  ““Circunstancias  de  agravación  punitiva  para  el  homicidio culposo. La pena prevista  en  el  artículo  anterior  se aumentará de una sexta parte a la mitad, en los  siguientes casos:   

“1.  Si al momento  de  cometer  el  hecho  el  agente  se  encontraba  bajo  el  influjo  de bebida  embriagante  o  de droga o sustancia que produzca dependencia física o síquica  y    ello    haya   sido   determinante   para   su  ocurrencia”. (Subrayado fuera de texto).   

Resulta  nítido  que  la  única diferencia,  entre  legislaciones  aludidas  en  lo que respecta a la agravación punitiva de  los  delitos  contra  la  vida y la integridad personal culposos, es el agregado  normativo  concebido  como  aquella circunstancia que une la ingesta alcohólica  con  el  instante  de  consumación  del  acto ilícito, bajo cuya influencia se  determina  la ocurrencia del hecho.    

El actor no hace depender, en primer lugar, el  grado  de  embriaguez  con  el  resultado lesivo (de poca monta para él, fue la  conclusión  de  medicina  legal  que diagnosticó que de cuerdo a los síntomas  clínicos  el estado de alicoramiento en el que se encontraba la sentenciada era  agudo  positivo,  grado  uno);  en  segundo  término, la influencia alcohólica  tampoco  puede  estar  atada con el resultado, pues entiende que se evidenciaron  posiblemente,  otras concausas, como el que se hubiere reventado una llanta o la  probable imprudencia de la víctima.   

III. Criterio jurídico de la Sala:  

Lo disciplinado en los estatutos sustanciales  encuentra  eco  en el deber objetivo de cuidado en cabeza de toda persona que se  halle  en  situación  de  riesgo jurídicamente permitido, como las actividades  peligrosas,  entre  ellas,  la  conducción.  No obstante, si el agente, consume  bebidas  embriagantes o sustancias que produzcan dependencia física o síquica,  se  ubica  dentro  del ámbito de prohibición de la norma, sólo y en cuanto su  actuar  desborde  un  peligro  para  la  comunidad  y de facto vulnere intereses  jurídicos  protegidos  por  el sistema de derecho penal de manera puntual, como  son, por ejemplo, las conductas culposas.     

Una  persona  que a sabiendas de su estado de  alicoramiento  –cualquiera  de  los  establecidos por las normas de tránsito- conscientemente se instale al  volante  para  carretear un vehículo en esas condiciones, pone en alto riesgo a  toda  la  comunidad  y,  en especial, así misma; precisamente por el influjo de  tales  bebidas,  desbordando  su  actuar  en  un  riesgo  no  permitido  por  la  ley.    

Las pruebas allegadas al proceso, como son las  declaraciones     de     MARIO     EDIEN    MONTES  LÓPEZ   (patrullero   de   la   policía  nacional),  ALBERTO      NATALE  (zootecnista),    SANDRA     JULIETA   GIRALDO  CÁRDENAS    (auxiliar   de   vuelo),   MARÍA    VICTORIA    NIÑO    BENAVIDEZ  (estudiante  de  psicología),  JIMMY ALEXANDER LADINO  HIGUERA    (agente   de   tránsito),   HENRY  RICARDO  GÓNGORA ROJAS (estudiante  de  ingeniería),  junto con los dictámenes de medicina legal que incapacitaron  definitivamente     a    JORGE    ALBERTO    VARÓN  TRUJILLO,  en  cuarenta  días,  con  deformidad  que  afectó   el   cuerpo  (secuelas)  y  perturbación  funcional  del  órgano  de  locomoción,  permanentes;  demostraron  tal  y  como  lo  reconoció  la  misma  implicada,  que  ella  sobrepasó  los  límites  establecidos  por las normas y  causó el resultado lesivo contra la humanidad de VARÓN.   

Objetivamente la diligencia de injurada a ella  recibida  informa:  “almorzamos como a las dos de la  tarde  y  nos  quedamos  allá, allá viene el almuerzo con cerveza y siempre se  pidieron  como  tres  jarras de cerveza filmes… como  yo    no   tomo   es   obvio   que   las   cervezas   me   afectaran…”     (Subrayado   fuera   de  texto)   

En  consecuencia,  los dos ataques propuestos  contra  el  fallo  de segunda instancia proferido por el Jugado Quince Penal del  Circuito  no  tienen  la  entidad  suficiente  de tumbar la doble presunción de  acierto  y  legalidad  que  viene  unida  a las decisiones de instancias, por lo  siguientes motivos:   

Primero:   el  demandante  sólo  dirigió  su  desacuerdo  jurídico  contra  el  dictamen  de  medicina  legal  que  plasmó  el  estado de embriaguez de su prohijada, dejando  intacto  el  resto  del material probatorio, con lo cual el vicio alegado, lejos  de  acreditarlo,  se  quedó  en  enunciados  genéricos,  sin  ninguna  entidad  demostrativa  en  la  contemplación objetiva de la prueba; como por ejemplo, la  aceptación   expresa   de   LAURA  PAOLA,       que       el       licor       si       la      “afectó”  porque  ella  nunca  toma.   

Segundo:  tampoco  demostró  el  libelista el yerro denunciado, pues el falso juicio de identidad,  como   error   de   hecho,   sobre   los   medios  probatorios,  en  sentido  de  tergiversación  objetiva,  por  adición  o  cercenamiento, no fue trabajado en  ningún  aspecto.  Si  a la prueba atacada no se le restó o aumentó su sentido  literal  poniéndola  a  decir  lo que ella no informa, entonces la embestida se  muestra  extraña  y,  tanto  lo  es,  que el fundamento para hacer depender tal  equívoco,  lo  basó  en  que  su poderdante así estuviera con algún grado de  alicoramiento,   esa   situación   no   alteró   sus  facultades  –en  oposición  a  lo  narrado  por su  poderdante,  en donde acepta que sí hubo modificación de su comportamiento por  la  bebida  consumida-; por tanto, ella no determinó el resultado culposo, sino  otra causa, como la imprudencia de la víctima.   

Es  el  mismo  demandante en casación que le  cambia  el  sentido  a  la prueba, él la tergiversa para concluir que pese a la  embriaguez  de  su mandante esa situación no tuvo nada que ver con el resultado  culposo,  cuando  ella  misma  sostuvo  en  la  injurada que es obvio que sí la  afectó  porque no está acostumbrada a tomar; luego entonces, no podía en esas  circunstancias,  haber  asumido  una actividad peligrosa como es el ejercicio de  conducir      un     vehículo     –como  lo  hizo-  precisamente,  para evitar resultados como el aquí  juzgado.   

Tercero:  pretender  excluir  el  nexo  causal  establecido  por la teoría del delito, tal y como lo  advierte  la  Delegada,  en  las  dos  codificaciones  aludidas,  es concebir la  causalidad  como un simple formalismo hincado en reflexiones personalísimas que  desdibujan  el  sistema  de  derecho  penal  imperante,  para  volverlo  cruel e  inhumano  al  poderse  imponer  penas sin culpabilidad; lo cual es inadmisible y  promueve   la   responsabilidad   objetiva,  erradicada  de  las  legislaciones.  (Artículo  12  Ley  599  de  2000  y  5  de  la  Ley  100  de 1980)     

Cuarto:  no se puede  aislar,    lo    viene    afirmando    la    Sala1,   la   violación  al  deber  objetivo  de  cuidado,  con  apreciaciones  por  fuera del contexto fáctico; es  deber   enjuiciar   la  acción  humana  en  el  mismo  ámbito  en  el  que  se  desarrollaron  los  acontecimientos  y  en  el que se desplegó la actividad del  agente,  con  fundamento en el principio de confianza, entendiéndolo como aquel  ejercicio  riesgos  en la que se encuentran las personas, quines tienen el deber  objetivo  de cuidado, de actuar con precaución: esa es la regla, el confiar los  unos  en  los  otros,  de  que  todos  harán lo suyo para evitar resultados que  atenten  contra los bienes protegidos por el legislador.       

Aquí,   la  misma  imputada,  aceptó  que  desbordó  el  deber  objetivo de cuidado, pero su defensor opinó que no había  nexo  causal  entre  la  embriaguez  y  el  resultado lesivo, con especulaciones  indemostradas,  como  una  supuesta  imprudencia  de la víctima, para de manera  inusual,  restarle  importancia  a la agravante, y de paso buscar la aplicación  del  in  dubio  pro reo, en el ataque subsidiario. Con ello, el actor, impuso su  exclusivo   pensamiento,   sobre  el  de  los  falladores,  creando  situaciones  ficticias,  para  fundar  en  ellas, teorías absurdas, superadas con el paso de  los años, por un derecho penal de acto.   

Los  hechos  ilícitos  estudiados,  en  sede  extraordinaria,  verifican  que  el  resultado culposo agravado fue consecuencia  directa  de  la procesada, por la influencia del alcohol, al no percibir ex ante  su  deber  objetivo  de  cuidado  fundamentado en el principio de confianza y ex  post   –a  pesar  de  ser  consiente  de  ello-  se  lanzó  a  riesgo  propio,  a  ejercer  una  actividad  peligrosa,  produciéndose  una consecuencia lesiva, al cruzarse el semáforo en  rojo,  sin  percatarse  de tal situación, precisamente, por el grado de alcohol  que  estaba alojado en su cuerpo, el que según la misma sentenciada, la afectó  por no ser una bebedora frecuente.      

Quinto: Tal y como lo  alude  la  Procuraduría,  los  efectos nocivos en la actividad sicomotora de la  persona  ebria, incrementan la posibilidad de generar resultados dañinos cuando  se    desempeñan    actividades    peligrosas    y,    lo   ha   sostenido   la  jurisprudencia2  al  determinar que el licor causa múltiples efectos en quienes lo  ingieren  teniendo  presente  la cantidad de alcohol consumido, la forma como se  toma,  el  estado  ánimo  de  la persona; su resistencia, la cual depende de la  constitución  sico-física  de quien la bebe; pudiéndose entender que personas  con   mínimas   dosis   y   otras   con  altas  cantidades  se  embriaguen  por  igual.      

La   circunstancia   específica    de  agravación  consagrada para los punibles culposos (homicidio y lesiones), tiene  mayor  sustento  normativo  al  deducirse  que  la embriaguez por sí sola no es  punible,  pero  al  instante de consumarse el acto contrario a derecho, el autor  hubiere   sobrepasado  los  riesgos  permitidos,  en  contra  del  principio  de  confianza  depositado  en  él  por la sociedad, y con base en la influencia del  licor  determine  un  resultado  lesivo,  como  en  el  caso  de  análisis, por  descuido,  distracción,  negligencia, -generados precisamente por la ingesta de  alcohol-  desbordando las normas de atención y cuidado debido, en una actividad  riesgosa;  en  ese tiempo y momento, su comportamiento es reprochable y punible.   

Luego, la embriaguez en sí misma considerada,  no  tiene  la  entidad  de  ocasionar  ningún  daño  a  los  bienes jurídicos  protegidos  por  el  legislador, lo cual sería absurdo. Debe, pues, existir una  relación   causal   –que  propone  y  niega  a la vez el libelista- con el efecto culposo, como cuando una  persona  conduce  su  vehículo  en  estado  de  alicoramiento y, a la espera de  cambio  del  semáforo  de  rojo a verde, se presenta una colisión entre varios  automotores  –él a pesar  de  manejar  en un estado no permitido por las normas de tránsito vigentes y de  estar  poniendo  en  riesgo  no  permitido  a  la  ciudadanía-   no fue el  causante  del choque que vio, por tanto, no se le podría imputar tal resultado.   

Tal proceder no es el caso en estudio, habida  cuenta   que   LAURA  PAOLA,  excedió  el  riesgo  permitido  de  la normatividad de tránsito al conducir en  estado  de  embriaguez,  al  ejercer  una actividad de contenido peligroso y, en  esas  condiciones,  determinó  el  resultado  lesivo,  por afectación aguda en  primer  grado de su atención, reflejos y cuidado, haciendo caso omiso de la luz  roja,  que  le estaba indicando que no debía continuar acelerando el vehículo;  ese  es el nexo causal que pretendió la defensa técnica ignorar en sus ataques  al  fallo  de  segundo  grado.  Aunado  a  ello,  se  encontraban otras personas  ingiriendo  en  el mismo automóvil, en el que ella iba al volante, vodka.    

En    consecuencia,    los    cargos   no  prosperan.   

IV.  Casación  oficiosa:      

Le asiste razón a la Procuraduría en cuanto  que  los  juzgadores  equivocaron  el  proceso de individualización de pena, al  desconocer  los  parámetros  para  la determinación de los mínimos y máximos  aplicables  al  caso,  por  favorabilidad  de  la Ley 599 de 2000, artículo 60,  numerales 4 y 5.    

Para  realizar la redosificación punitiva se  respetarán  los  criterios  de  ponderación  señalados  por  los  juzgadores,  partiéndose  del mínimo que allí se estableció de veinticuatro (24) meses de  prisión.  Por  tanto,  los  extremos  punitivos  del  delito identificado en el  artículo    334    del   Decreto   Ley   100   de   1980,   como   “perturbación   funcional”   de  un  órgano  de  carácter  permanente fluctúan entre 2 a 8 años (24 a 96 meses) y  multa de cinco ($ 5.000) a veinte ($ 20.000) mil pesos.    

Con   base   en   las   pautas3 señaladas en  el  artículo  60 citado, se aplicará, como primera medida, la circunstancia de  agravación  punitiva  prevista  en el artículo 330, inciso 1, (embriaguez); y,  en   segundo  término,  sobre  ese  resultado,  de  aplicará  la  disminución  contenida  en  el  artículo  340,  por  ser  un  punible  culposo que ordena la  disminución   de   la   pena   de   las  cuatro  quintas  a  las  tres  cuartas  partes.   

El  tipo  básico  más la agravación por la  embriaguez  oscila  entre 28 y 144 meses de  prisión y multa de $ 5.833.33  a  $  30.000  pesos. Reducida, a su turno, por la disminución punitiva del 340,  los  extremos aludidos quedarían en 5.6 y 36 meses de prisión y $ 1.166.66 a $  7.500 pesos como multa.   

Se  aplicaran  las  circunstancias  de  menor  punibilidad  por  la  reparación  voluntaria  de  los  perjuicios realizada por  LAURA  PAOLA  y  la falta de  antecedentes  de  la  misma, aplicándose el mínimo establecido de prisión, el  cual  quedó en definitiva en 5.6 meses y multa de $ 1.166.66 pesos; contrario a  la  expuesto  en  el  fallo  de  segunda  instancia,  en  donde  el Juez    Quince    Penal   del   Circuito   de   Bogotá,  la condenó a 21 meses de prisión y el pago de multa de $ 5.833;  las  demás  penas  accesorias  no  son  motivo  de reparo por parte de la Sala.   

Con  fundamento  en lo expuesto, la    Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por autoridad de la ley,   

R E S U E L V E  

Casar  oficiosa    y   parcialmente   el   fallo  impugnado,   atendiendo  las  razones  aducidas  en  la  parte  motiva  de  esta  providencia,  en  el  sentido  de imponer a LAURA PAOLA  VEGA   PRIETO,  como  sanción  principal,  la pena de 5.6 meses de prisión y multa  de $ 1.166.66 pesos.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Juzgado de origen de origen.   

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

                     

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ           MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN            JORGE LUIS  QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

                                                                                 

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                 Secretaria   

    

1 Corte  Suprema   de   Justicia:   radicación   12.655   del   16   de   septiembre  de  1997.   

2 Corte  Suprema de Justicia: radicación 2475 de junio 8 de 1995.   

3 Corte  Suprema de Justicia: auto del 24 de febrero de 1999.     

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