24978(05-10-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24978  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 112  

Bogotá,  D.  C., cinco (5) de octubre de dos  mil seis (2006).   

V    I    S   T   O  S   

Resuelve  la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  JOSUÉ JARAMILLO OSORIO.   

A  N  T  E  C E D E N T E  S   

1.  Los hechos fueron sintetizados por el  juzgador de primera instancia de la siguiente manera:   

“En  el  mes  de  septiembre  de  2001 se aprobó judicialmente la interceptación de una serie de  líneas  telefónicas y específicamente el abonado telefónico número 8841404,  el  cual  está  asignado  a una de las sedes de campaña del Senador OMAR YEPES  ALZATE,  específicamente  el  Directorio  Conservador  de Caldas, ubicado en la  carrera  24  número 22-36, oficina 502 de Manizales, desde el cual su asistente  en   la   Cámara   Legislativa   JOSUÉ   JARAMILLO  OSORIO  hacía  una  serie  de  llamadas a diferentes  entidades  del  orden  nacional,  departamental y municipal, intercediendo en la  consecución   de  empleos  y  contratos  para  diferentes  personas  afines  al  movimiento   político  del  mencionado  Senador,  funcionarios  del  C.  T.  I.  entregaron  a  la  Fiscalía los resultados grabados de esas comunicaciones, que  sirvieron       al      ente      instructor      para      acusarlo.   

“Esta  labor  se  facilitó  porque  líneas telefónicas intervenidas tenían activado un sistema  de  identificador de llamadas salientes que permitía a través de una grabadora  técnica  específica  determinar  qué  números  se  marcaban  del  abonado en  cuestión.  Así,  y  contando  además con el soporte de la base de datos de la  empresa   de   teléfonos   respectiva,   se   logró   la   ubicación  de  los  receptores.   

“De acuerdo con  estas   interceptaciones,  el  C.  T.  I.  pudo  detectar  múltiples  diálogos  sostenidos  entre  JOSUÉ JARAMILLO OSORIO   con   diversas   personas   vinculadas  a  entidades  estatales,  intercediendo  por nombramientos y contratos para personas ligadas al movimiento  político del Senador OMAR YEPES ALZATE.   

“Obra  en  el  expediente  la  transliteración  de  numerosas llamadas que realizaba el señor  JOSUÉ,  quien  para  la  época  de  los  hechos se desempeñaba como Asistente del Senador YEPES ALZATE,  comunicándose  de  manera  especial  con  los  siguientes servidores públicos:  MARLENY   OSORIO  QUINTERO,  Directora  Regional  del  Instituto  Colombiano  de  Bienestar      Familiar       –I.C.B.F.–;  VÍCTOR  EDUARDO  PÉREZ  CASTAÑO,  Gerente  de  la  Central Hidroeléctrica de  Caldas;  TERESA  CASTAÑO  GRAJALES,  Subgerente Comercial de la CHEC; ANA MELVA  NARANJO  DE  GIRALDO,  Directora  del  Servicio Nacional de Aprendizaje; BEATRIZ  GÓMEZ  ESCOBAR,  Jefe en el Grupo de Información para el empleo del SENA; LUIS  FERNANDO  COCA  GONZÁLEZ,  Gerente Seccional en Caldas del Instituto de Seguros  Sociales              –I.S.S.–   y  NORMA  ESPERANZA  GÓMEZ  MARTÍNEZ,  Jefe  de la Unidad  Administrativa    y    Financiera    de    la    Secretaría    de    Educación  Departamental”.   

2.   El Juzgado Sexto Penal del Circuito  de   Manizales,   mediante  sentencia  del  25  de  junio  de  2004  condenó  a  Josué Jaramillo Osorio a las  penas  principales  de  4  años  6  meses  de  prisión,  multa  por  valor  de  34.762.500°°  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo  lapso de la pena privativa de la libertad, como autor  del  concurso  de  conductas  punibles  de  tráfico  de influencias de servidor  público  (artículo  411  de  la Ley 599 de 2000) imputado en la resolución de  acusación,  la cual quedó ejecutoriada el 28 de octubre de 2003. Así mismo se  le concedió la prisión domiciliaria.   

3.  Apelado el fallo por el defensor del  procesado,  el  Tribunal  Superior de Manizales, el 21 de septiembre de 2005, lo  confirmó  en  su  integridad. Contra esta determinación, el citado profesional  del     derecho     interpuso     “recurso    de  casación”.   

LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

El   defensor   del   procesado  Jaramillo  Osorio,  al  amparo la causal  primera  de  casación,  presenta  tres  cargos  contra  la sentencia de segunda  instancia, cuyos argumentos se sintetizan así:   

Primer cargo  

Acusa al Tribunal de haber violado, de manera  directa,  la  ley sustancial, por interpretación errónea del artículo 411 del  Código Penal.   

Luego de transcribir el mencionado artículo,  de  referirse  a  los elementos normativos del delito de tráfico de influencias  de  servidor  público  y  de copiar algunos apartes del fallo de segundo grado,  afirma  que  el  sentenciador desconoció la dogmática jurídica que desarrolla  el  tipo  penal  imputado, pues, a su juicio, el peligro en concreto forma parte  esencial  de  los  ingredientes  normativos de dicha conducta punible, yerro que  conllevó a su errónea interpretación.   

Dice  que  la  defensa  ha  sostenido  que el  ilícito   imputado,   a  pesar  de  ser  delito  de  conducta,  “no   releva   al   juzgador  de  analizar  y  entronizar  tanto  la  investigación  como  el  juzgamiento a la demostración del daño antijurídico  tutelado,  pues  la  exigencia de un beneficio propio o de un tercero no permite  que  encaje  dentro  del  concepto  de  delito  de  peligro presunto”.  Por  ello,  agrega, “la equivocada  interpretación  del  juzgador  al inobservar la presión en el funcionario para  quebrar  su  autónoma voluntad como condición irrelevante del tipo penal, pone  sobre  el  tapiz el desconocimiento integral de elementos normativos íntimos de  la  conducta  que permiten afirmar la errónea conclusión jurídica a la que se  llega”.   

Asevera  que revisados los testimonios de los  funcionarios  públicos  que  supuestamente  sufrieron el influjo del procesado,  todos  ello,  sin  excepción,  afirmaron que no sintieron presión por parte de  Jaramillo  Osorio,  al  punto  que  la fiscalía los exoneró de responsabilidad  alguna  en  los  procesos  que  se  les  siguió  por  interés  ilícito  en la  celebración de contratos.   

De   otro  lado,  después  de  hacer  unos  cometarios  conceptuales  sobre  la  antijuridicidad  material  y  sobre el bien  jurídico  de  la  administración pública, para lo cual acude a jurisprudencia  de  la  Corte  Constitucional y de esta Corporación,  refiere el libelista  que  la  “lesividad del bien jurídico tutelado como  lo  es  la  administración  pública,  debe  ser  demostrada,  no desconocida e  ignorada  como  lo  hace  el Tribunal de Manizales, pues es un delito de peligro  concreto,   en  la  medida  de  que  se  requiere  su  comprobación”.   

Estima que no basta la simple contrariedad de  la  conducta  con  lo  dispuesto  en  el  tipo, sino que se requiere que con ese  comportamiento  se  lesione  o  se ponga en peligro, de manera efectiva, un bien  jurídico  tutelado.  Por  ello,  al  desconocer  el  Tribunal  que no era dable  establecer  la  capacidad  nominadora  del  presunto  influenciado,  ni el daño  antijurídico,  sin  dudas  interpretó,  de  manera  errónea, el contenido del  mencionado   artículo   411,   situación  que  necesariamente  conlleva  a  la  prosperidad de la censura.   

“Así entonces,  si  el  Tribunal  de  Manizales  no  hubiese  interpretado  en forma errónea el  comportamiento    punitivo    del    ‘tráfico  de  influencias’,  probatoriamente  tendríamos  demostrado en grado de certeza que  la  actuación  de  Josué  Jaramillo  Osorio  no encaja dentro de la estructura  delictual  imputada,  pues  sus actuares, tal como la Honorable Corte Suprema de  Justicia   reconoció   en  cabeza  del  senador  YEPES  ALZATE,  se  trató  de  recomendaciones   e   inquietudes  propias  del  cargo  desempeñado  y  no  una  influencia   a   producir   una   lesión   concreta  a  la  administración  de  justicia”.   

Afirma  que  su  defendido,  a  través de su  intervención  procesal,  puso en evidencia su entendimiento funcional propio de  su   cargo   y,   por   ello,  atendió  personalmente,  mediante  comunicación  telefónica  o  cualquier  otro  medio,  la  solución  de  los problemas que la  comunidad  le  reportaba y que a su juicio correspondía solucionar, trasladando  las  inquietudes  y esperanzas ante los diferentes estamentos oficiales, sin que  con  ello  pueda  predicarse conocimiento de actitudes delictuales por parte del  procesado.   

Con  base  en  jurisprudencia  de  la Sala de  Casación  Penal, concluye que los miembros de las Unidades Legislativas no solo  cumplen   funciones  orgánicas,  es  decir,  propias  del  servicio,  sino  que  igualmente  desarrollan  un  contacto  directo  con  los  electores a efectos de  tratar  de  solucionar  los  “conflictos  sociales,  políticos   y   económicos   de   aquellos,   sin  que  pueda  entenderse  tal  circunstancia   en   un   tráfico   ilícito   de   recomendaciones”.   

“Continuando con  las  probanzas  que no fueron consideradas por el Honorable Tribunal al errar en  la  interpretación  del tipo penal del tráfico de influencias, los testimonios  recogidos  a lo largo de la instrucción y el juzgamiento demuestran a cabalidad  la  ausencia  total  de quebrantamiento o suplantación del nominador y por ende  la  ausencia  total  de  la  lesividad  al  bien  jurídico tutelado”.   

Estima que el proceso no arroja ninguna prueba  que  indique  capacidad  de  influencia  por  parte  de su procurado que refleje  presión  alguna  a través de sus solicitudes para que el instigado accediera a  sus  pretensiones,  menos  cuando los distintos testigos indicaron que no fueron  objeto  de  presiones,  como  así  lo indicó Norma Esperanza Gómez Martínez,  Supervisora  de  Educación  Departamental  de  Caldas,  quien además no tenía  capacidad  nominadora,  sin dejar pasar por alto que de las declaraciones de los  presuntos   beneficiarios   de   la   supuesta   influencia  se  puede  concluir  que    “no   existe  ningún  funcionario  adscrito  a  la  Secretaría  de  Educación  que reconozca en Josué Jaramillo el favor de estar desempeñando la  labor de docencia”.   

Dice  que  similares  condiciones  se  pueden  predicar  en  cuanto  atañe  al  Banco  Agrario,  pues no puede pretenderse que  Josué  Jaramillo  haya  influido para la asignación de una sola persona dentro  de  la mencionada entidad bancaria, situación que se repite frente al Instituto  Colombiano de Bienestar Familiar y demás instituciones públicas.   

Segundo cargo  

Acusa  al  juzgador  de  haber  incurrido  en  violación  indirecta  de  la ley sustancial, por error de hecho “al  ignorar  los  testimonios  de  los  funcionarios  presuntamente  influenciados,  así  como  de  los supuestos beneficiarios, con el concerniente  perjuicio    que    dicha    actuación    generó    al   procesado”.   

Afirma  que en el contexto de la sentencia no  se  consideraron  los testimonios de Marleny Osorio Quintero, Directora Regional  del   Instituto   Colombiano  de  Bienestar  Familiar,  Víctor  Eduardo  Pérez  Castaño,  Gerente  de  la  Central  Hidroeléctrica  de Caldas, Teresa Castaño  Grajales,  Subgerente  Comercial  de  la  CHEC,  Ana  Melva  Naranjo De Giraldo,  Directora  del Servicio Nacional de Aprendizaje, Beatriz Gómez Escobar, Jefe en  el  Grupo  de  Información  para  el  empleo  del SENA,  y Norma Esperanza  Gómez   Martínez,  Jefe  de  la  Unidad  Administrativa  y  Financiera  de  la  Secretaría de Educación Departamental.   

Así  mismo, sostiene que el Tribunal tampoco  apreció   en   su   conjunto  los  testimonios  relativos  con  “la  no  aceptación de que Josué Jaramillo Osorio hubiese influido  para  que,  en  algunos casos, se les designara como empleados y, en otros, como  contratistas”.   

Luego  de indicar el contenido de cada una de  las   mencionas   declaraciones,   concluye  que  si  el  Tribunal  las  hubiese  considerado  habría comprendido que “no existió el  tipo  penal  de  tráfico de influencias por ausencia de capacidad nominadora de  los  presuntos  influenciados,  ni beneficio personal o de terceros por parte de  Jaramillo Osorio”.   

En consecuencia, solicita a la Corte casar el  fallo  impugnado  y,  en su lugar, absolver a su defendido del delito por el que  fue condenado.   

Tercer cargo  

Afirma     que    la    “sentencia  acusada  es  violatoria  por  vía  indirecta  de la ley  sustancial,  por  haber incurrido el ad quem en ostensible y manifiesto error de  hecho  al  considerar  como  único  elemento  probatorio  las  interceptaciones  telefónicas   como  fuente  de  responsabilidad  subjetiva  del  hoy  condenado  dándole alcance de documento”.    

Considera  que  el Tribunal confundió en sus  apreciaciones  la  legalidad de las interceptaciones, toda vez que la defensa no  discutió   su   formalidad   sino   su   alcance  como  valor  probatorio  que,  “conforme  a  un  juicioso  análisis del texto que  permite  la  realización  de  tales diligencias, no son instrumentos de prueba,  menos  documentos,  sino que a través de ellos se pueden ubicar las pruebas que  puedan  dar  solidez  a  la  estructura  de una investigación penal”.   

Después de citar y comentar el artículos 301  del   Código   de   Procedimiento   Penal,   asevera   que  el  “fallador  no  podía  de  ningún  modo  valorar  los  informes  de  policía   judicial,   más  aún  cuando  los  mismos  aparte  de  aportar  las  grabaciones  telefónicas  producto  de  la  interceptación  y  su consiguiente  transcripción   y   variada   prueba   documental…,  no  contienen  más  que  conclusiones  sobre los análisis hechos al contenido de las mismas y el reporte  de  las  labores  de seguimiento y vigilancia, que de ningún modo podían tener  valor probatorio en este caso”.   

Agrega  que al sustentarse la sentencia   de  segundo  grado  en  los  citados  informes  de  policía  judicial  y en las  interceptaciones   telefónicas,   “existió   una  indebida  apreciación  de  los  insumos  probatorios,  pues le dio vocación de  prueba  de  cargo  a una herramienta de obtención probatoria, colocando en este  evento   valor   de   incriminación  –y     casi    exclusivo–      en      contra      de      Jaramillo      Osorio”.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar el  fallo  atacado  y,  por ende, absolver a su procurado del delito por el cual fue  condenado.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.   Se  hace  necesario recordar que el  procesado    Josué   Jaramillo   Osorio  fue acusado y condenado por la conducta punible de “tráfico    de   influencias   de   servidor   público”  que  describe  abstractamente el artículo 411 de la Ley 599 de  2000,  Código  Penal  vigente para la época de los hechos (mes de septiembre y  siguientes  de  2001), según el cual consagra pena privativa de la libertad que  oscilaba entre cuatro (4) y ocho (8) años de prisión.   

Así  mismo,  el artículo 205 del Código de  Procedimiento  Penal  (Ley  600 de 2000) contempla que el recurso extraordinario  de  casación  procede  contra  sentencias  de segunda instancia dictadas, entre  otros,  por  los  Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial por delitos que  tengan    pena    privativa   de   la   libertad   cuyo   máximo   exceda de 8 años.   

2.       En      esas   condiciones,    en    el    evento    que   ocupa   la   atención   de   la Sala,  resulta  evidente   concluir    que    el    recurso    extraordinario   de  casación    no    procedía,    toda   vez   que   la    conducta    punible    por    la   que  fue   condenado   el   procesado  Josué   Jaramillo   Osorio,   el máximo    de    pena    privativa    de   la  libertad   no   supera  los ocho (8) años.    

3.   De   otra   parte,   se     advierte     que     el    libelista    no   interpuso   el   recurso  de   casación  excepcional,   pues    revisado    tanto    el    escrito    por   medio    del   cual    manifestó   su   inconformidad   contra    la    sentencia    de   segundo   grado   como   el   contenido   de  la  demanda,  se   avizora    que    no    hizo  mención   a   este   discrecional    medio    de    impugnación,    motivo   por    el   cual   la   Corte,   en   virtud   del    principio   de   limitación,   no   puede   entrar   a  reemplazar   al   censor   en   estos   aspectos.   

En    consecuencia,    la    demanda   se  inadmitirá.   

Por  último,  cabe  señalar  que el estudio  detenido  del  expediente  permite  a  la  Sala concluir  que no procede la  casación  oficiosa  por  cuanto  no  se  percibe  ninguna  causal de nulidad ni  vulneración de derechos fundamentales.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S   U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de  JOSUÉ JARAMILLO OSORIO.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                          ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

            

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                              MARINA    PULIDO    DE  BARÓN           

          Comisión   de   servicio                                                        Permiso   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS           

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                        JAVIER ZAPATA ORTIZ                                                     

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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