24939(14-03-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No  24939   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrados Ponentes:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Dr. ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Aprobado Acta No. 24  

Bogotá,  D.C, dieciséis de marzo de dos mil  seis.   

V   I   S   T   O   S   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor común de los  procesados   MERWIN  JESÚS  RODRÍGUEZ  CERVANTES  y  HUGO  ARCÁNGEL  SÁNCHEZ  CORRALES,  contra  el fallo de segundo grado de fecha abril 14 de 2005, por cuyo  medio  el  Tribunal Superior de Santa Marta confirmó la sentencia proferida por  el  Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito de la misma ciudad el 5 de febrero del  mismo  año,  condenando a los procesados en cita a las penas principales de 345  meses  de  prisión  como coautores del delito de homicidio agravado. Igualmente  les  impuso  la  accesoria  de  inhabilidad  para  el  ejercicio  de  derechos y  funciones   públicas   por   el   mismo  lapso  de  la  pena  privativa  de  la  libertad.   

LOS HECHOS  

Según  lo  que  se  declaró  probado en el  fallo,  en  horas  de  la madrugada del 1º de julio de 2001, resultó muerto el  joven  Carlos  Mario Albarracín Aguirre a consecuencia de la herida causada con  un  proyectil  de  arma  de  fuego en las instalaciones de la Marina Mundial del  Rodadero.    

LA DEMANDA  

Al amparo de la causal primera de casación,  el  defensor  común de los procesados MERWIN JESÚS RODRÍGUEZ CERVANTES y HUGO  ARCÁNGEL  SÁNCHEZ CORRALES, presenta dos cargos contra la sentencia impugnada,  cuya fundamentación puede resumirse de la siguiente manera:   

          Primer cargo.   

          Acusa  la  sentencia  de  haber  violado  en  forma indirecta la ley  sustancial  por  error  de  hecho  debido  a  un  falso juicio de existencia por  omisión.   

         

Según el demandante, el fallador no apreció  las  siguientes  pruebas documentales y testimoniales: informe policivo, acta de  inspección  de  cadáver, acta de informe adicional de inspección de cadáver,  protocolo  de  necropsia, declaraciones del subintendente de la Policía Eduardo  Ospino Garavito y del agente Albeiro Campiño Rincón.    

         

Sostiene  que en el primer informe policivo,  mediante  el  cual  se  puso  a  disposición de la Fiscalía al capturado Marco  Fidel  Trujillo Agudelo, se afirma que el mencionado se entregó voluntariamente  con  un  arma  de  fuego,  sin  que  en  ningún  momento  se  comprometiera  la  responsabilidad  de sus representados. Además, el informe fue ratificado por la  autoridad  que  lo  suscribió,  quien  a  pesar  de  admitir  que se alcanzó a  interrogar  a  la  víctima,  en ningún momento se le indagó sobre los autores  del crimen.   

         

Dice  que esa prueba documental dio origen a  los  testimonios  del subintendente Eduardo Ospino Garavito y del agente Albeiro  Campiño   Rincón,   quienes   descartaron   que   el   hoy  occiso  presentara  “desfiguraciones  o  alteraciones”  en  su  rostro o cuerpo que indicaran la  existencia  de  una  riña,  pues  solamente presentaba la herida con el arma de  fuego  que  fue incautada, por lo que se está ante una indebida sindicación de  sus defendidos.   

          Además,  agrega,  el  acta  de inspección del cadáver, el informe  adicional  al  mismo y el protocolo de necropsia, de los cuales se deduce que la  víctima  permaneció con vida casi dos horas y media, lapso durante el cual las  autoridades    pudieron   esclarecer   los   hechos   que   dieron   origen   al  proceso.   

          Concluye  el  cargo  afirmando  que sus defendidos fueron condenados  sin  que  se  reunieran  en  su  contra los requisitos que contempla la ley para  tales  fines,  pues las pruebas recaudadas sólo dejaron dudas, que debieron ser  resueltos a favor de los mismos.   

  Segundo  cargo   

          Acusa  la  sentencia  de ser violatoria por vía indirecta de la ley  sustancial,  por  error de hecho derivado de un falso raciocinio, por violación  de las reglas de la lógica y la experiencia.   

A  continuación sostiene que el fallador no  valoró  en  conjunto  las  siguientes  pruebas  documentales  y  testimoniales:  informe  policivo, acta de inspección de cadáver, acta de informe adicional de  inspección  de  cadáver,  protocolo  de  necropsia,  acta  de reconocimiento a  través   de   fotografías,   acta  de  reconocimiento  en  fila  de  personas,  declaraciones  juradas  de  Carlos  Humberto  Becerra  Suárez,  Eduardo Antonio  Navarro  Perea,  María  Cecilia Jiménez Fontalvo, subintendente de la Policía  Eduardo   Ospino   Garavito   y   del  agente  Albeiro  Campiño  Rincón.    

          Afirma  que  el  juzgador  le  dio  una  errónea apreciación a las  pruebas  indiciarias  al  precisar  detalladamente  los  indicios de presencia y  oportunidad  que derivó de algunos de los testimonios antes citados, los cuales  fueron contradictorios entre si.   

Agrega que el testigo Carlos Humberto Becerra  Suárez  no  desempeñaba  funciones  de  Policía Judicial, pues trabajaba como  receptor  de  cadáveres  en el Instituto de Medicina Legal, y que por lo tanto,  no  podía  adelantar  pesquisas  tendientes  a  esclarecer  los hechos. Destaca  algunos   apartes   de   su   dicho   para   reseñar  que  es  descabellado  su  aporte.   

Dice  que el testigo Eduardo Antonio Navarro  Perea  no fue capaz de reconocer a los partícipes de la gresca a que aludió el  declarante    Becerra,    por    lo    que   al   mismo   no   podía   dársele  crédito.   

Hace  algunas  críticas  alrededor  de  las  diligencias  de  reconocimiento a través de fotografías y en fila de personas,  diligencias  que, sostiene, se realizaron con desconocimiento de los parámetros  que para ellas determina la ley.   

A   renglón   seguido  se  refiere  a  la  declaración  de  María  Cecilia  Jiménez  Fontalvo,  a quien califica como un  testigo  de  oídas,  extemporáneo, sospechoso y poco creíble, si en cuenta se  tiene  el  grado  de  amistad  que la misma tiene con los familiares del occiso,  destacando  una  serie  de  contradicciones  en  las  que  dice incurrió en sus  diferentes intervenciones procesales.   

Concluye el cargo sosteniendo que las reglas  de  la  sana  crítica  no  fueron  observadas  por el Tribunal y que tampoco se  analizó  la  prueba  en  su  conjunto,  con  evidente  violación de garantías  fundamentales de rango constitucional y legal.   

Insiste  en que a favor de sus defendidos se  suscitaron  muchas  dudas,  las  cuales  llevaban  a  descartar certeza sobre su  responsabilidad.   

Finaliza  su  escrito solicitando a la Corte  casar  el  fallo impugnado para que se dicte una nueva sentencia favorable a los  intereses de sus representados.       

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Insuperables   fallas   de   forma   hacen  inestudiable  la  demanda con miras a un pronunciamiento de fondo, imponiéndose  su  inadmisión de plano y la declaratoria de deserción del recurso, de acuerdo  con  lo previsto en el artículo 213 del Código de Procedimiento Penal que rige  este caso (Ley 600 de 2000).   

          En  efecto,  en  ambos  cargos,  de  entrada  se  echa  de  menos la  argumentación  de  los  fallos  de  primera  y  segunda instancia en torno a la  responsabilidad  de  los  procesados,  que debió citar fielmente el impugnante,  pues  sólo  así  podría  la  Corte  contrastar y sacar conclusiones sobre los  supuestos  falsos  juicios  de  existencia  y  de  raciocinio  que  enuncia  sin  demostrar.   

          Pero  además, en el primer cargo el demandante se limita a enlistar  una  serie  de  pruebas  que  dice  fueron  desconocidas por el fallador, pero a  continuación  desarrolla  un  discurso que hace ininteligible la censura, amén  de  que  sobre las pruebas que al desgaire dice están afectadas por el error de  existencia,  nada  demuestra  sobre su potencialidad para derruir el fallo, esto  es,  que  de  haber  sido  analizadas por el juzgador no se habría producido la  condena.   

          Y  en  el  segundo  cargo,  si  la  pretensión  estaba  dirigida  a  acreditar   un   desbordamiento   de   las   reglas  de  la  sana  crítica  era  imprescindible  precisar  la  regla  transgredida,  demostrar que ciertamente se  trata  de  una  regla  y  determinar  si  es  de  la  ciencia,  la  lógica o la  experiencia,   señalando  obviamente  cómo  de  no  haberse  incurrido  en  la  irregularidad  otro  habría  sido  el  sentido  del  fallo,  lo cual implica el  ejercicio de confrontar los términos de la sentencia.   

En  contravía  de  esas precisas pautas, el  censor  se  limita  a  señalar  que  el  Tribunal  incurrió  en  un  error  de  raciocinio,   porque   no   valoró  en  conjunto  las  pruebas  documentales  y  testimoniales  que  igualmente  enlista,  argumento  al  cual  entremezcla,  sin  ningún  orden  ni  coherencia,  una serie de críticas valorativas a algunas de  ellas,  sin  demostrar  de  qué  manera  el Juzgador desembocó en aspectos que  escapan a toda lógica y razón.   

En  conclusión,  el  cargo  no  ofrece  un  argumento  serio  del  cual pueda desprenderse afectación de la sana crítica y  ni  siquiera  ofrece el reporte necesario de los medios de convicción a través  de  los  cuales  se  hizo  el ejercicio de deducción que pretende cuestionar, a  saber  la  certeza  de  la  responsabilidad  de  los  procesados  MERWIN  JESÚS  RODRÍGUEZ  CERVANTES  y HUGO ARCÁNGEL SÁNCHEZ CORRALES en el homicidio por el  cual se les condenó.   

         

         En  fin,  como la demanda no satisface los  mínimos  técnicos  de  precisión  y  claridad,  será inadmitida, tal como se  anunció al inicio de estas consideraciones.   

No  obstante  lo anterior, y como quiera que  observa  la  Sala  una  eventual  vulneración  de  garantías fundamentales que  obligaría  a  acudir  a  las facultades oficiosas a que se contrae el artículo  216  del Código de Procedimiento Penal, se dispondrá su traslado al Ministerio  Público  para  que  emita  concepto  en  lo concerniente a la pena accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas, por  desconocimiento del principio de legalidad.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

         

         R E S U E L V E:   

         1.              INADMITIR  la  demanda   de   casación  presentada  a  nombre  de  los  procesados  MERWIN  JESÚS  RODRÍGUEZ  CERVANTES  y  HUGO  ARCÁNGEL SÁNCHEZ  CORRALES  y  en  consecuencia,  DECLARAR  DESIERTO el  recurso,  por  lo  anotado  en  la  motivación  de  este proveído.     

2. Córrasele traslado al Ministerio Público  para   que   emita   concepto  sobre  la  eventual  vulneración  de  garantías  fundamentales,   a   que   se   hizo   alusión  en  la  parte  motiva  de  esta  providencia.   

          Contra este auto no procede recurso alguno   

          Cópiese, notifíquese y cúmplase.   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                    ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

Salvamento parcial de voto  

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO              ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

Salvamento parcial de voto  

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                  JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

Permiso  

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

             

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *