24751(26-01-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24751  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N°  005  

Bogotá D. C., veintiséis (26) de enero de  dos mil seis (2006).   

V   I   S   T   O  S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  LUIS ERNESTO LAGOS CAMACHO.   

A  N  T E C E D E N T E  S   

1.  Los hechos fueron sintetizados por  el juzgador de primer grado, así:   

“El catorce (14)  de  septiembre  de  mil novecientos noventa y siete (1997) aproximadamente a las  19:30  horas,  en  la autopista norte a la altura de la calle 107 de esta ciudad  (Bogotá) el señor Medardo  Herrera  Ramírez  requirió de agua para acondicionar el bus que manejaba y que  tuvo  que  estacionar  en  ese  costado de la calzada de norte a sur y para ello  tuvo  que  desplazarse  a pie hasta donde había un lavadero y autoservicio para  carros,  cuando  ya  alcanzaba  el  andén resultó atropellado por el vehículo  automotor   tipo   buseta  de  servicio  público,  conducido  por  Luis     Ernesto     Lagos    Camacho,  provocándole  lesiones  que  días  más  tarde  y  luego  de ser hospitalizado  condujeron  a su deceso, según lo conceptuado por Medicina Legal, por síndrome  de   hipertensión   endocraneana  por  hemorragias  intracraneales  por  trauma  craneoencefálico”.   

2.     Agotada     la   investigación,   la   Fiscalía   Tercera   Seccional   de   Bogotá,   el  2  de  febrero  de  2001, calificó el mérito del  sumario    con   resolución   de   acusación   en   contra   de   Luis  Ernesto Lagos Camacho por el delito  de  homicidio  culposo,  decisión  que  quedó  ejecutoriada  el  20 de febrero  siguiente.   

3. El Juzgado Veinticinco Penal del Circuito  de  Bogotá,  mediante  sentencia  fechada  el  8  de  mayo  de 2002, condenó a  Luis  Ernesto Lagos Camacho  a  las  penas  principales  de  24  meses  de  prisión,  multa  de $1.000,oo, y  suspensión  en  el  ejercicio  de la profesión de conductor por el lapso de un  año,   a la accesoria de rigor y al pago de los perjuicios, como autor del  delito  de  homicidio  culposo. Así mismo le concedió el subrogado penal de la  condena de ejecución condicional.   

4.  Apelado  el  fallo  por el defensor del  acusado,  el  Tribunal  Superior  de  Santa Marta, Corporación que conoció del  asunto  por  disposición  contenida  en  el Acuerdo 2776 del 23 de diciembre de  2004,   expedida   por  la  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  lo  confirmó,  revocando únicamente lo relacionado con la condena  al pago de perjuicios.   

Contra esta determinación, el defensor del  procesado interpuso el recurso extraordinario de casación.   

LA     DEMANDA     DE   CASACIÓN   

El   defensor  del  procesado  Lagos  Camacho,  al  amparo del cuerpo  segundo  de la causal primera de casación, acusa al Tribunal de haber incurrido  en  violación  indirecta de la ley sustancial por errores de hecho generados en  “falsos  juicios  de  existencia  por  omisión, de  identidad   y   falso   raciocinio”,   yerros  que  condujeron  a  la  aplicación  indebida  del artículo 109 del C. P. y falta de  aplicación de los artículos 7° y 232 del C. de P. P..   

En  cuanto  al  falso juicio de existencia,  sostiene  que  el  juzgador  “ignoró una gran parte  del  plexo  de  pruebas  recopiladas”, elementos de  juicio  que  de haber sido tenidos en cuenta otra habría sido la conclusión de  la sentencia.   

Sostiene que la declaración de María Zoila  Fernández  Gómez,  la  indagatoria de su defendido, la experticia practicada a  la  buseta  y  el  hecho  de  que  el  procesado no estaba embriagado ni bajo el  influjo  de  ninguna  sustancia  alucinógena  fueron  omitidos por el Tribunal,  situación que determinó la condena del acusado.   

Afirma  que  el sentenciador ignoró que su  procurado   “desarrollaba  su  labor  de  conductor  cumplimiento  con  todos los requisitos que exigen las autoridades del tránsito  de  esta  ciudad,  ignoró  también  que al conducir la buseta lo hacía con la  convicción  que  se  encontraba  en excelente buen estado mecánico, no tuvo en  cuenta  que  el  lugar  es  de  bastante  riesgo  para  todo peatón que intente  atravesar   la   autopista”,  que  el  hoy  occiso  transgredió  la  ley  al  dejar  su  vehículo averiado estacionado en un sitio  prohibido  como  era  el  carril  central  de la vía y que el lugar era oscuro,  aspectos  éstos  que  generaron “la causa eficiente  de  la  ocurrencia  del  accidente y no como lo consideró el fallo del Tribunal  que  mi  defendido  violó  el  deber  de  cuidado como causa eficiente de dicho  siniestro”.   

Añade que:  

“Comparto   la   consideración   del   fallador   en  considerar  el  comportamiento  desleal de mi defendido al mentir por tratar de justificar que a  la   víctima   lo   venía  persiguiendo  un  sabueso  para  que  ocurriera  el  atropellamiento  contra  la  buseta, hecho contra la verdad que no era necesario  para  el  caso  que  nos  ocupa,  porque  las  pruebas obrantes desmienten dicha  situación.  Lo  mismo el factor de llevar pasajeros abordo tampoco es incidente  para     la    ocurrencia    del    siniestro    que    nos    ocupa”.   

Respecto  del  anunciado  falso  juicio  de  identidad  y  luego  de  transcribir  un  aparte  de  las  consideraciones de la  sentencia    impugnada,    asevera    que   el   juzgador   el   “hecho  indicador”  al  “predicar  de  las  pruebas más de lo que su espíritu expone, pues  le  dio  dicha categoría sin corroborarlo con el conjunto probatorio existente,  ya  que  una  premisa  de  tal envergadura requerirá transitar por los diversos  medios  probatorios,  a  fin de encontrar una identidad profusa con el resto del  acerbo,  para  por  ese  medio  de  persuación, el suceso que se pretende hacer  valer  deje  de  ser  una  conjetura  o  a  lo  sumo,  supere la sospecha. Misma  motivación  predícase  de  los  restantes hechos indicadores, atacados en este  apartado”.   

Refiere   que   no   podía   deducirse  responsabilidad  a  su defendido sin considerar la falta de visibilidad, la hora  nocturna  en  que ocurrió el accidente, y la ausencia de alumbrado público, lo  que  implicaba  que  el  acusado  no  podía visualizar al peatón a pesar de la  escasa    velocidad    con   que   conducía,   tal   como   lo   corrobora   el  perito.   

Por consiguiente, solicita a la Corte casar  el   fallo  impugnado  y,  en  su  lugar,  absolver  al  procesado  Lagos Camacho.   

Finalmente,  en  el  título  que denominó  “De  la  Prescripción”  solicita  que  se  declare  la  prescripción  de la acción penal a favor de su  defendido,  de  acuerdo a lo previsto en el artículo 86 del Código Penal, pues  “teniendo  en cuenta que para el caso sub-judice la  interrupción  del  término prescriptivo ocurrió a mediados del mes de febrero  del  año  1999  cuando cobró ejecutoria la resolución de acusación formulada  en  contra de mi defendido, para de esa fecha a cuando  se  de  trámite  a  la  presente demanda vuelven y se  presentan  los mismo cinco (5) años, cumpliéndose con el requisito previsto en  el  art.  83  ibidem  que  exige  un término igual a la mitad y que no debe ser  menor  de  cinco  años  para  poder  declarar  por  prescripción extinguida la  acción  penal,  por  lo  que no es del caso proseguir y continuar una causa sin  que    la    respectiva    acción   penal   se   halle   vigente…” (se destacó).   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

1.  Sobre la  prescripción de la acción penal.   

Ha  indicado la jurisprudencia de la Corte  que  “cuando  la prescripción de la acción penal  ocurre  durante  la  etapa  sumarial  o  en  el  período  de la causa, de todas  maneras,  antes de proferirse la sentencia de segunda instancia, recurrida ésta  en  casación  y  admitida  la respectiva demanda por cumplir con los requisitos  formales  señalados en la ley, lo procedente es casarla oficiosamente si no fue  objeto  de  específica  acusación, pues resulta incuestionable que fue dictada  respecto  de  una  acción,  que  por  el  fenómeno prescriptivo aludido, ya no  podía  proseguirse.  La  presunción  de legalidad  que  ampara   los    fallos    de    instancia,    se   quiebra   ante    la   vulneración    del    debido    proceso,   dado    que    no   pueden   culminar   las  instancias  mediante  decisiones que jurídicamente no pueden proferirse y, como quiera que,  por  la calificación y admisión de la demanda se ha iniciado el debido proceso  de  la  casación,  éste  debe  culminar  en  sentencia que le ponga fin.    

“Situación  distinta    se   presenta   cuando   la   prescripción   de   la   acción   es  sobreviniente    a    la    sentencia    del   ad   quem,   caso   en   el   cual,  a  la sentencia de  segunda  instancia  no  se  le  puede atribuir ilegalidad alguna, pues el Estado  conserva  incólume  su  facultad  punitiva  para dictarla, por consiguiente, en  dicha    situación,    lo    indicado    es    acudir   a   la   cesación   de  procedimiento”.1   

En  esas condiciones, observa la Sala que,  sin  constituir  un cargo autónomo e independiente, en el escrito de demanda el  defensor  del  procesado sugiere la prescripción de la acción penal, según la  cual,  en su criterio, se consolida con posterioridad al proferimiento del fallo  de  segunda  instancia,  afirmación  que  se deduce cuando asevera que desde la  resolución  de  acusación  a la fecha, es decir, a la presentación del libelo  (31  de  octubre  de  2005)  y  al  trámite  propio del recurso extraordinario,  hipótesis  que  se ubica en el segundo de los casos citados inicialmente.    

Por  ello, antes de resolver lo atinente a  la  admisibilidad de la demanda presentada, procede la Sala a pronunciarse sobre  la sugerida prescripción de la acción penal.   

Es  imperioso señalar que en materia penal  el  fenómeno  prescriptivo de la acción opera en un tiempo igual al máximo de  la  pena  privativa  de la libertad prevista para el delito imputado, tenidas en  cuenta   las   circunstancias   sustanciales  modificadoras  de  la  punibilidad  concurrentes,  sin  que  en ningún caso pueda ser inferior de cinco (5) años o  superior  de  veinte  (20),  salvo  las  excepciones  que la propia normatividad  establece  (artículos  80  del  Decreto  100  de  1980  y  83  de la Ley 600 de  2000).   

Del  mismo modo, dicho lapso se interrumpe  con  la  resolución de acusación o su equivalente debidamente ejecutoriada, lo  que  implica que el término debe comenzar a correr de nuevo desde el mencionado  pliego  de  cargos,  pero  el  fenómeno  se  consolida  en  la mitad del tiempo  respectivo,  sin  que  pueda  ser inferior a cinco (5) años, ni superior a diez  (10),   según   los   artículos  84  del  Código  Penal  anterior  y  86  del  actual.   

Así,  entonces,  en  el  caso que ocupa la  atención  de la Sala, el procesado  Luis Ernesto  Lagos  Camacho, mediante resolución del 2 de febrero  de  2001,  fue acusado por el delito de homicidio en  la modalidad culposa,  de  conformidad  con  el  entonces  artículo 329 del  Decreto 100 de 1980,  vigente  para  la  época  de  los  hechos,  el  cual   contemplaba pena de  prisión   que   oscilaba  entre  dos  (2)  y  seis  (6)  años.   No   está    demás    indicar   que   el   artículo   109   de   la  Ley   599  de  2000  consagra   para      este      delito     el     mismo     quantum  punitivo.   

Por  consiguiente,  teniendo   en    cuenta    dicho    máximo   de   pena,   es  evidente      que     el     término     prescriptivo   durante   la   fase  del  juicio  es  de cinco (5)  años.   

Planteadas  así las cosas, surge claro que  desde  el 20 de febrero de 2001, fecha en que quedó ejecutoriada la resolución  de  acusación  que  en  contra  del  procesado  profirió  la Fiscalía Tercera  Seccional  de  Bogotá,  hasta  hoy  no  se ha agotado el mencionado término de  prescripción,  motivo por el cual no se accederá a la petición elevada por el  defensor del acusado.   

2.  Sobre la  admisibilidad de la demanda   

Como  lo  ha dicho la Corte, la demanda de  casación  debe  ser  un escrito lógico en el que se deben postular los reparos  formulados  contra  la sentencia de segunda instancia, a través de las causales  estatuidas  en  la ley y con apego en los estrictos presupuestos contemplados en  el  artículo  212 del Código de Procedimiento Penal, pues en caso contrario se  impone su inadmisión.   

En  el evento que ocupa la atención de la  Sala,  se  observa que la demanda de casación presentada a nombre del procesado  Lagos  Camacho  no cumple  con los citados presupuestos, razón por la cual será inadmitida.   

En   efecto,  sostiene  el  defensor  del  procesado  que  el  Tribunal incurrió en violación indirecta de la sustancial,  por  error  de  hecho  generado en falsos juicios de existencia por omisión, de  identidad y de raciocinio.   

Así,   en  cuanto  al  falso  juicio  de  existencia   por  omisión,  asevera  que  el  juzgador  ignoró  u  omitió  la  declaración  de María Zoila Fernández Gómez, la indagatoria de su defendido,  la  experticia  efectuada sobre el vehículo que conducía el acusado y el hecho  de  que  Lagos  Camacho no  conducía en estado de embriaguez.    

Sin embargo, se observa que la formulación  de  la  censura  quedó  imprecisa  e  incompleta, pues si bien es cierto que el  actor  señala  cuáles medios de convicción fueron, en su opinión, dejados de  valorar,  también  lo  es  que  no  dedicó  argumentación  alguna tendiente a  concretar   la   demostración   y  trascendencia  de  tales  presuntos  yerros.   

Ha    indicado    insistentemente    la  jurisprudencia  de  la  Corte que la postulación del falso juicio de existencia  por  omisión  en  el  recurso  extraordinario  debe iniciar con “la  constatación  objetiva de que la prueba existe jurídicamente  en  el  expediente  y  que,  pese  a  ello, su contenido material  no   fue     sopesado     por     el    fallador.    A   continuación   se  precisa indicar  la  trascendencia   del    error,    de    modo   que   sin   su   influjo   el  fallo hubiera sido diferente; y todo ha de enlazarse con  la  violación  de  determinada  ley  sustancial  por  falta  de  aplicación  o  aplicación  indebida,  en  procura  de  verificar  que  el  fallo  impugnado es  manifiestamente contrario a derecho.   

“La  estructuración  de  la  censura en punto de la trascendencia del error de hecho  por  falso  juicio  de existencia por omisión no se cumple, como suele creerse,  con  la  sola  manifestación  que  al respecto haga el libelista, como si de su  opinión  personal  de trata; pues, de bastar aquél tipo de crítica el recurso  extraordinario no distaría en mucho de un alegato de instancia.   

“La  demostración  de  la  trascendencia  del yerro atribuido al ad quem comporta la  obligación  de  enseñar  a  la  Corte  que  si  tal  falencia  no  se  hubiese  presentado,  entonces  el  sentido  del  fallo  sería  distinto, y para ello es  preciso  demostrar  que  si  la  prueba  omitida  se  hubiese apreciado en forma  correcta,  las restantes pruebas sopesadas por el Tribunal perderían la entidad  necesaria  y  suficiente  para  mover  hacia  la  convicción  declarada  en  el  fallo”.2    

Teniendo   en   cuenta   los   anteriores  delineamientos,  se  observa  que  el  censor  se  limitó  a  denunciar  que el  Tribunal   ignoró una serie de pruebas, las cuales relaciona. Sin embargo,  dentro  del  discurso  que utilizó no ilustró a la Corte cómo tales medios de  convicción  no  fueron  objetivamente  estimados,  esto  es,  que  dentro de la  valoración  mancomunada  de los elementos de juicio nunca fueron incluidos, sin  que  se  hubiese  tratado  de  una  apreciación  innominada,  es  decir, que el  juzgador,  sin  precisar  los nombres de los testigos o la identificación de la  prueba,    de    todos    modos    sí    fueron    objeto   de   consideración  conjunta.   

Tampoco el actor consideró ni correlacionó  los  elementos  de  prueba  que  el  sentenciador tuvo en cuenta para fundar, en  grado   de   certeza,   la   existencia  del  delito  de  homicidio  culposo  y,  consecuentemente,  el  juicio  de  reproche,  es  decir, sin bien se duele de la  omisión   valorativa  de  determinadas  pruebas,  finalmente  no  precisó  las  consecuencias  que  la  apreciación  de  aquellas (las supuestamente ignoradas)  hubiesen  tenido  frente  a  las  estimadas por el Tribunal, las que ni siquiera  menciona,    conllevando    ineludiblemente    a    la    degradación   de   la  certeza.   

De  otra  parte,  en  cuanto  se refiere al  acusado  falso juicio de identidad, surge evidente que no precisó sobre cuáles  medios   de   convicción   recayó   y,   menos,   en   qué  consistieron  las  tergiversaciones  o  distorsiones, olvidando que cuando en casación se denuncia  un  error  de  hecho  por falso juicio de identidad, es imprescindible que en la  censura  se  individualice  la prueba o pruebas que se afirma han sido objeto de  distorsión,  se  haga  una confrontación de su contenido literal con lo que de  ellas  se expresa en la sentencia, se señale si su tergiversación obedece a la  adición,  mutilación  o  alteración  del  medio probatorio y se establezca la  trascendencia  de  ese yerro en el sentido del fallo, camino que el libelista no  emprendió.   

Y, por último, nada dijo el actor sobre el  falso  raciocinio que al inicio del cargo mencionó, guardando absoluto silencio  al  respecto, es decir, ni siquiera esbozó la razón de su inconformidad frente  a la hipótesis anunciada.   

En   fin,   advierte   la   Sala  que  la  inconformidad  del  recurrente  está centrada en las conclusiones probatorias a  que  llegó el sentenciador de segunda instancia y no en un específico yerro de  apreciación  probatoria,  disparidad  de criterios que no es susceptible de ser  atacada  en  esta  sede,  toda  vez  que  el  juzgador,  dentro  del  sistema de  apreciación  probatoria,  goza  de  libertad  para  justipreciar  los medios de  convicción,   sólo   limitado   por   los  postulados  que  informan  la  sana  crítica.   

Por  consiguiente,  al no reunir la demanda  los presupuestos de claridad y precisión, la Corte la inadmitirá.   

Finalmente,  cabe  señalar que el estudio  detenido  del  expediente permite a la Sala concluir que no procede la casación  oficiosa  por  cuanto no se percibe ninguna causal de nulidad ni vulneración de  derechos fundamentales.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE     SUPREMA    DE    JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

1.         DECLARAR  que  la  acción penal no se  halla prescrita.   

2.         INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de LUIS ERNESTO LAGOS  CAMACHO.  En  consecuencia,  se  declara desierto el  recurso extraordinario de casación interpuesto.   

Contra  esta  decisión no procede ningún  recurso.   

Notifíquese  y devuélvase al Despacho de  origen. Cúmplase.   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                           ALFREDO  GÓMEZ  QUINTERO   

EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                          ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN                           JORGE    LUIS   QUINTERO  MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                              JAVIER    ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1  Ver,  entre  otras, casaciones 17466 del 24 de octubre de 2003 y 21145 del 22 de  septiembre de 2004.   

2  Ver, entre otras, casación 18428 del 10 de noviembre de 2004.     

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