24746(16-06-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24746  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta. No. 057.   

          Bogotá    D.C.,   junio   dieciséis   (16)   de   dos   mil   seis  (2006).   

VISTOS  

          Procede  la  Sala  a  resolver de fondo el recurso extraordinario de  casación  interpuesto  por  el  defensor  de  la  procesada   GENOVEVA  BEATRIZ TROMP THOWINSON contra la  sentencia  del  Tribunal  Superior  de Bogotá -Sala Penal de Descongestión- de  fecha  febrero 21 de 2005, por cuyo medio confirmó en lo fundamental la dictada  por  el  Juzgado Primero Penal del Circuito de Descongestión de la misma ciudad  el  30  de noviembre de 2004, que la condenó como autora penalmente responsable  de los delitos de fraude procesal y estafa agravada.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Los   señores   Armando   José   Orozco  Carrascal,  Jaime Enrique Lora Celedón, Florentino de Jesús Ramírez Sánchez,  Electo  Emilio Niño Fuentes y  GENOVEVA  BEATRIZ TROMP THOWINSON, otorgaron poder a la  abogada   Alcira  Isabel  Perdomo  Salinas,  con  el  objeto de que instaurara acción de tutela en procura de  obtener  la  protección  de  sus derechos fundamentales a la igualdad y al pago  oportuno,  presuntamente conculcados por el Fondo de Pasivo Social de la extinta  empresa  Puertos de Colombia (FONCOLPUERTOS), por no habérseles cancelado en su  proceso  de  liquidación  como  ex  trabajadores  de  la mencionada entidad, la  indemnización moratoria.   

El  conocimiento de la acción constitucional  correspondió  al  Juzgado  Segundo  Penal del Circuito de Santa Marta, despacho  que  mediante  fallo  de fecha noviembre 10 de 1996 negó la acción de tutela a  los  referidos,  salvo  en  cuanto  a GENOVEVA BEATRIZ  TROMP  THOWINSON, a quien concedió protección de los  derechos   invocados,   por  lo  cual  dispuso  las  medidas  conducentes  a  su  restablecimiento,  lo  que  se  tradujo  en la expedición de la Resolución No.  1770  del  13 de noviembre de 1997, por medio de la cual se reconoció el pago a  su                 favor                de                la                suma  de                      $ 45.814.895,72.   

      

Si  bien  la  decisión  anterior  no  fue  impugnada,  se  seleccionó  para  revisión  por la Corte Constitucional.   Dicha  Corporación  mediante  sentencia  T-575  del  16  de  noviembre de 1997,  confirmó  el  fallo  en cuanto a la negativa de conceder el amparo y la revocó  en  lo concerniente a su concesión, tras considerar que ya se había reconocido  el     pago,     ocultándose    esa    información    a    los    funcionarios  judiciales.   

Con  ocasión  de  los hechos anteriores, se  dispuso   la   apertura   de   investigación   penal,   en  cuyo  marco  fueron  vinculados  Armando  José  Orozco  Carrascal,  Jaime  Enrique  Lora  Celedón,  Florentino  de Jesús Ramírez Sánchez, Electo Emilio  Niño   Fuentes  y  GENOVEVA  BEATRIZ   TROMP  THOWINSON,  a  quienes  se  resolvió  situación  jurídica  con  medida de aseguramiento de detención preventiva por  el  delito de fraude procesal y, a la última en mención, adicionalmente por el  delito                                 de                                 estafa  agravada.                 

Clausurada  la instrucción, se calificó el  mérito  del sumario el 13 de diciembre de 2000 con resolución de acusación en  contra  de  todos  los aludidos como presuntos autores de los mismos delitos que  sustentaron la medida de aseguramiento.   

La  Fiscalía  Delegada  ante el Tribunal de  Cundinamarca,  ante  la  impugnación interpuesta por el defensor de    Florentino    de    Jesús    Ramírez   Sánchez   contra  la  anterior  decisión,  la confirmó mediante proveído de  fecha diciembre 18 de 2001.   

          La  etapa  de juzgamiento correspondió al Juzgado Primero Penal del  Circuito  de  Descongestión  despacho  que,  una  vez se surtió el rito legal,  dictó   sentencia  el  30  de  noviembre  de  2004,  por  cuyo  medio  condenó  a   GENOVEVA  BEATRIZ  TROMP  THOWINSON  a  las  penas  principales  de  veinticinco (25) meses de prisión y  multa  por  valor  de  $  50.000,oo  y  al pago de perjuicios correspondientes a  daños  materiales por la suma de noventa y cinco millones trescientos cincuenta  y  seis  mil  doscientos  setenta pesos ($ 95.356.270,oo), al encontrarla autora  penalmente  responsable  de  los  delitos  de  fraude procesal y estafa y, a los  demás  procesados,  a  la  principal  de  quince  (15)  meses de prisión, como  autores  penalmente  responsables únicamente de la segunda infracción aludida.  En  la  misma  determinación,  se  condenó  a  todos  los sindicados a la pena  accesoria  de  inhabilitación  en  el  ejercicio   de derechos y funciones  públicas  por el mismo lapso de la pena privativa de la libertad, al tiempo que  les concedió la condena de ejecución condicional.   

          Contra  la  sentencia precedente, interpuso recurso de apelación el  defensor   de  la  procesada  GENOVEVA  BEATRIZ  TROMP  THOWINSON,  por lo que el Tribunal Superior de Bogotá  -Sala  Penal  de Descongestión- el 21 de febrero del año anterior la confirmó  en  lo  esencial,  pero  modificó  el  numeral  sexto  de  su  parte resolutiva  “en  el sentido de condenar a Genoveva Beatriz Tromp  Thowinson,  al  pago  de  $  34.889.122,oo  por  concepto  de  indemnización de  perjuicios     y     no    a    la    suma    allí    estipulada”.   

         El   fallo   del   ad  quem  fue objeto del recurso extraordinario de casación por  la  defensa  de  la  procesada, mediante demanda que el pasado 7 de diciembre de  2005  se  admitió formalmente, motivo por el cual se ordenó correr el traslado  al  Procurador  Delegado,  de conformidad con lo preceptuado en el artículo 213  de la Ley 600 de 2000.   

El  Procurador  Primero  Delegado  para  la  Casación  Penal,  emitió  concepto  en  el cual solicita no casar la sentencia  impugnada.    En    consecuencia,    corresponde   ahora   proferir   el   fallo  respectivo.   

LA DEMANDA  

         

El    defensor    técnico    de    la  procesada  TROMP  THOWINSON,  formula  tres  cargos  contra  el  fallo  impugnado.  El  primero  de ellos, con  carácter  principal,  tiene  fundamento  en  la  causal  tercera prevista en el  artículo  207 del estatuto procesal penal, por nulidad   originada en  violación  del  debido  proceso  en  tanto  estima  la acción penal se hallaba  prescrita  respecto  del  delito  de  fraude  procesal.  El segundo reparo,  “análogamente     principal”     tiene    sustento  en  la  misma causal, al estimar que se  vulneró  el  principio  de juez natural. Y, el tercero, se soporta en la causal  primera   prevista   en  la  misma  preceptiva,  pues  considera  que  el  fallo  transgredió  en forma directa la ley sustancial por interpretación errónea de  los artículos 182 y 356 del Decreto 100 de 1980.   

Con  el  fin  de no incurrir en repeticiones  innecesarias,   la   Sala  metodológicamente  abordará  en  primer  lugar  los  fundamentos  de  cada  uno  de  los  reparos  propuestos;   posteriormente,  sintetizará  lo  que  el  Ministerio  Público  conceptuó  sobre  el  cargo en  particular y, finalmente, expondrá su criterio de fondo.   

Para  tal efecto, no se acogerá el orden de  los  cargos  propuestos  por  el  libelista,  al advertirse que el segundo tiene  mayor  cobertura  procesal  que  el  planteado  en  la  primera censura, pues de  comprobarse  la  vulneración  del  principio  de  juez  natural  tal situación  incidiría  nocivamente  en  la  actuación  surtida respecto de los dos delitos  imputados   al   procesado,   mientras   que   la   pretendida  declaratoria  de  prescripción  de  la  acción  penal,  como  el  mismo  censor  es enfático en  indicarlo, sólo cobija al ilícito de fraude procesal.   

Por  consiguiente,  la  Sala,  adoptando  la  metodología  señalada  y  en armonía con el denominado principio de prioridad  regente  en  casación,  se  ocupará  en primer orden del cargo formulado en la  segunda  censura;   luego,  y si es del caso, esto es, en tanto no prospere  esta  censura,  procederá  a  lo  mismo  en relación con el primer cargo de la  demanda  y, por último, se ocupará del tercero, toda vez que éste no comporta  afectación   alguna  de  la  actuación  procesal,  como  sí  ocurre  con  los  precedentes.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.  Primer  cargo  (segundo  de la demanda).  Causal    tercera,    nulidad    por    violación   del   principio   de   juez  natural.   

Comienza  por  reseñar el demandante que el  postulado  del  juez  natural  está  referido al hecho de que el juzgador ha de  estar  instituido  por  ley ordinaria o especial con antelación a la ocurrencia  de  la  conducta,  por  lo  que  no  está  permitida  la  creación de células  judiciales  con  posterioridad  a la comisión del injusto, como también ocurre  con  el  procedimiento, pues ello atenta contra los derechos fundamentales de un  acusado.   

En  lo  que respecta al caso concreto, aduce  que  la  Sala   Administrativa  del Consejo Superior de la Judicatura creó  tanto  al  Juzgado Primero Penal del Circuito de Descongestión, como la Sala de  Descongestión  anexa  del  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Bogotá,  “despachos  que  conocieron,  juzgaron,  fallaron  y  sancionaron  sin consideración a que su creación y discernimiento de funciones  lo  fue  con  posterioridad  a la ejecución de los supuestos de hechos punibles  contenidos  en  el paginario procesal que nos ocupa”,  en  armonía  con  lo  expuesto  por  la  Corte  Constitucional  en la sentencia  C-1541/01,  en  donde  se  regulan  las  facultades  de  la primera Corporación  aludida,  a  la  luz  de  lo  dispuesto  en  el  artículo  63  de la Ley 270 de  1996.   

Adicionalmente, señala el actor que también  se  contrarió  el  contenido  del artículo 91 de la misma ley, en cuanto a los  fines  que  deben  orientar la creación de despachos de descongestión y porque  tal  circunstancia  generó que su defendida tuviera que asumir una causa en una  ciudad distante de donde reside.   

De  conformidad con lo expuesto, solicita se  declare  la  nulidad,  puesto que “esta irregularidad  tiene  el  carácter  y  la  condición  de  sustancial por ser lesiva de normas  legales       y       supralegales”.                  

Para  el Procurador Primero Delegado para la  Casación  Penal  este reparo no tiene vocación de prosperidad, pues si bien la  competencia  para  conocer  de  los  delitos  por  los  que  se dictó condena a  GENOVEVA  TROMP, tanto en el  estatuto  procesal penal de 1991, como en el de 2000, está atribuida en primera  instancia  a los Jueces Penales del Circuito y en segunda instancia a la Sala de  Decisión  Penal  del  Tribunal  Superior del correspondiente Distrito Judicial,  por  razones de orden constitucional que indican que la justicia debe ser pronta  y  eficaz, el legislador otorgó competencia con carácter transitorio a la Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior de la Judicatura para descongestionar los  despachos  judiciales,  en los términos señalados en el artículo 63 de la Ley  270 de 1996.   

Acota  que  en virtud de esa facultad, dicha  Corporación  expidió  los  Acuerdos No. 1799 del 14 de mayo de 2003, por medio  del  cual  dictó  normas  tendientes a descongestionar los Juzgados Penales del  Circuito  y  el  No. 2573 de fecha 25 de agosto de 2004, a través de los cuales  adoptó  medidas  de descongestión para la Sala Penal del Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Bogotá  en  relación  con  los  recursos de apelación  interpuestos  contra  sentencias  y  autos  en  procesos penales adelantados por  delitos  asociados  con  el  proceso  de  liquidación  de la Empresa Puertos de  Colombia  “COLPUERTOS” y del Fondo de Pasivo Social de la Empresa Puertos de  Colombia   “FONCOLPUERTOS”,   vigencia   que   se   ha   prorrogado,   entre  otros,     a través de los Acuerdos No. 2562 del 10 de agosto de  2004 y 2740 del 21 de diciembre del mismo año.   

De  conformidad  con  lo anterior, colige el  Procurador  Delegado que “para la época en la que se  profirieron  los  fallos  de  primera  y  segunda  instancia  en  este  proceso,  continuaba   vigente  el programa de descongestión adoptado mediante estas  disposiciones”.   

En esa medida, estima que el Consejo Superior  de  la  Judicatura  respetó  el  principio  de  Juez Natural, pues no varió la  competencia   por  los  factores  objetivo  y  funcional,  de  acuerdo  con  los  parámetros  establecidos  en  el  estatuto  procesal  penal, ya que    simplemente  expidió  normas de descongestión sin desconocer las garantías de  los  asociados,  como  así  también  lo ha señalado la Sala Penal de la Corte  Suprema de Justicia.   

Por  lo  anterior,  sugiere  que el cargo no  está                                  llamado                                 a  prosperar.                                  

Como  acertadamente  lo  destaca  el  señor  Procurador  Delegado  en su concepto, el reproche que concita la atención de la  Sala  no tiene posibilidad de éxito, por no verificarse vulneración alguna del  principio de Juez Natural según lo expone el casacionista.   

    

La  competencia  tanto  del  Juzgado Primero  Penal  del  Circuito  de Descongestión de Bogotá para adelantar el trámite de  la  presente  causa  y  proferir el fallo de primer grado, como la de la Sala de  Descongestión  del Tribunal Superior el Distrito Judicial de Bogotá al desatar  el  recurso  de apelación que promovió el defensor de la procesada  GENOVEVA BEATRIZ TROMP THOWINSON mediante  la  sentencia  objeto de impugnación, sobre lo cual recae el peso argumentativo  del  cuestionamiento  comprendido  en  este  reparo,  no  sólo goza de sustento  legal,    sino    que,    además,    encuentra    soporte    en    las   normas  constitucionales.   

Desde  la  perspectiva  constitucional,  es  necesario  precisar que de conformidad con lo previsto en el artículo 228 de la  Carta  Política,  “La Administración de Justicia es  función  pública.  Sus  decisiones  son independientes. Las actuaciones serán  públicas  y  permanentes  con  las excepciones que establezca la ley y en ellas  prevalecerá  el  derecho  sustancial.  Los términos  procesales   se   observarán   con   diligencia   y   su  incumplimiento  será  sancionado.  Su  funcionamiento será desconcentrado y  autónomo”  (subrayas  fuera  de  texto).   

De  lo  anterior deviene que la propia Carta  Fundamental  reconoce  que  la  Administración  de Justicia debe ceñirse a los  postulados  de  prontitud  y eficacia.  En ese cometido, faculta al Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  para  que,  de  conformidad con lo previsto en el  artículo   257,   numerales  2-3  ibídem,  como  máximo ente a cuyo cargo radica la gestión administrativa  de la Rama Judicial, cumpla con las siguientes funciones:    

   

          “2.   Crear,   suprimir,   fusionar   y  trasladar  cargos  en  la  administración de justicia….   

          3.  Dictar los reglamentos necesarios para  el  eficaz  funcionamiento  de  la administración de justicia, los relacionados  con  la  organización  y  funciones  internas  asignadas a los distintos cargos  y  la  regulación  de  los  trámites  judiciales  y  administrativos  que  se  adelanten en los despachos judiciales, en los aspectos  no  previstos  por  el legislador” (subrayas fuera de  texto).   

                  

Bajo  ese marco constitucional, el artículo  63  de  la  Ley 270 de 1996 o Ley Estatutaria de la Administración de Justicia,  otorgó  facultades  especiales  a  la Sala Administrativa de dicha Corporación  con  el fin de adoptar medidas de descongestión, cuyo propósito fundamental es  el  de  alcanzar  los  fines referidos de prontitud y eficiencia inherentes a la  Administración     de     Justicia.     Dispone    tal    preceptiva    lo  siguiente:   

“La   Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior  de  la Judicatura, en caso de congestión de los Despachos Judiciales,  podrá  regular  la forma como las Corporaciones pueden redistribuir los asuntos  que  tengan  para  fallo  entre  los  Tribunales  y  Despachos Judiciales que se  encuentren   al   día;   seleccionar   los   procesos  cuyas  pruebas,  incluso  inspecciones,  puedan  ser  practicadas mediante comisión conferida por el Juez  de  conocimiento,  y determinar los jueces que deban trasladarse fuera del lugar  de  su  sede para instruir y practicar pruebas en procesos que estén conociendo  otros jueces.   

Igualmente,  podrá  crear,  con  carácter  transitorio,  cargos  de  jueces  o  magistrados  sustanciadores  o de fallo, de  acuerdo con la ley de presupuesto”.   

          En  ejercicio  del control previo de constitucionalidad dispuesto en  el  artículo  153  de  la  Carta  Fundamental para este tipo de leyes, la Corte  Constitucional   condicionó   la  exequibilidad  de  este  precepto1,   bajo  el  entendido  de  que  “El presente artículo constituye  una  interpretación  del  principio constitucional de que la administración de  justicia  debe  ser  pronta  y  eficaz,  el  cual  ya  ha sido analizado en esta  sentencia.  Es  con  este  propósito,  que  la  Sala Administrativa del Consejo  Superior  de la Judicatura podrá redistribuir los asuntos pendientes para fallo  entre   los   distritos   tribunales   o   despachos   judiciales,  función  ésta  que se podrá llevar a cabo siempre y cuando no se  alteren  las  garantías  procesales  con  que  cuentan  los  asociados  para la  resolución    de    sus    conflictos” (subrayas fuera de texto).   

Pues  bien,  acorde  con  las  atribuciones  constitucionales  y  legales,  la Sala Administrativa del Consejo Superior de la  Judicatura,  como  bien lo señala el Procurador Delegado y así lo ha precisado  con        antelación        la        Corte2,  expidió  los  Acuerdos Nos.  1799  del  14  de  mayo de 2003 y 2573 del 25 de agosto del año siguiente, cuya  vigencia  fue  prorrogada a través de los Acuerdos No. 2562 del 10 de agosto de  2004  y 2740 del 21 de diciembre del mismo año, por medio de los cuales adoptó  medidas  de  descongestión  en  relación con los procesos penales asociados al  proceso  de  liquidación  de  la Empresa Puertos de Colombia (COLPUERTOS) y del  Fondo de Pasivo Social de esa misma entidad (FONCOLPUERTOS).    

Dichas  medidas  de  descongestión  tienen  sustento  en  las  pautas  establecidas por esa misma Corporación en el Acuerdo  No.  738  de  marzo  14  de  2000  que,  a  su  turno, se soporta en la facultad  conferida en el mencionado artículo 63 de la Ley 270 de 1996.   

            

          En  el  aludido  artículo  5°  del Acuerdo No. 2573, se dispuso la  creación  transitoria  de  una  Sala  Penal  de  Descongestión  en el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá,  para  asumir el trámite de los  recursos  de apelación dentro de los procesos referidos.  En tal normativa  se señala lo siguiente:   

“La  Sala  de Descongestión creada por el  artículo   primero   de   este   Acuerdo,   conocerá   exclusivamente   de  la  sustanciación  y  fallo  de  los  recursos  de  apelación  interpuestos contra  sentencias  y autos en procesos penales adelantados por delitos asociados con el  proceso  de  liquidación  de  la Empresa Puertos de Colombia “COLPUERTOS” y  del   Fondo   de   Pasivo   Social   de   la   Empresa   Puertos   de   Colombia  “FONCOLPUERTOS”,   cuya   competencia  exclusiva  en  primera  instancia  se  encuentra   actualmente  en  los  jueces  penales  de  circuito  y  de  circuito  especializado  creados  por  los Acuerdos 1886 y 1799 de 2003, que se encuentren  en  curso  en  la  Sala  Penal  del Tribunal Superior de Bogotá, y en todas las  Salas  Penales  y  Mixtas  de los Tribunales Superiores de Distrito Judicial del  territorio  nacional.  Así mismo, conocerá de los recursos de igual naturaleza  que  sean concedidos por los jueces competentes durante la vigencia del presente  Acuerdo”.   

   

          Por  su  parte,  en  el  artículo  4°  del  Acuerdo  1799 de 2003,  taxativamente  se asignó la competencia de estos mismos procesos a los Juzgados  Penales  de  Circuito  de Descongestión del Circuito Judicial de Bogotá, de la  siguiente forma:   

“Los  juzgados  penales  de  circuito  de  descongestión   creados   por   el  artículo  primero  del  presente  Acuerdo,  conocerán  del trámite y fallo de los procesos penales adelantados por delitos  asociados  con  el  proceso  de  liquidación  de la Empresa Puertos de Colombia  “COLPUERTOS”  y del Fondo de Pasivo Social de la Empresa Puertos de Colombia  “FONCOLPUERTOS”,  que  se  encuentren  en  curso  en los juzgados penales de  circuito  del territorio nacional. De igual manera, conocerán de las causas con  Resolución  de  Acusación  y  de  las  actas  de  formulación  de  cargos por  sentencia  anticipada,  proferidas por los fiscales competentes en el territorio  nacional, en relación con los mismos delitos.   

               

En ese orden de ideas, es claro que asistía  plena  competencia,  por  razón  de  las  medidas de descongestión aludidas de  carácter  transitorio  vigentes  para  cuando  los funcionarios judiciales  intervinieron  en  el  conocimiento  del  presente  asunto  en primera y segunda  instancia,  sin  que  se  vislumbre  duda  alguna  que  impida  aseverar que las  conductas  delictivas  imputadas  a  GENOVEVA  BEATRIZ  TROMP  THOWINSON  están  asociadas  con el proceso de  liquidación  de  la Empresa Puertos de Colombia “COLPUERTOS” y del Fondo de  Pasivo  Social  de  la  Empresa  Puertos de Colombia “FONCOLPUERTOS”, habida  cuenta  se  pretendió  de  manera  fraudulenta obtener el reconocimiento de una  suma  de  dinero  por  concepto  de  una prestación derivada de la vinculación  laboral con esa entidad, cuyo pago ya se había efectuado.   

De  lo  anterior  se  extrae  con  meridiana  claridad  que  carece de razón el casacionista en su planteamiento contenido en  este  reparo  orientado a demostrar que en el trámite de la presente actuación  se  conculcó  el  principio  de Juez Natural y que, a consecuencia de ello, era  preciso  decretar  la  nulidad  de  la  actuación  procesal,  circunstancia que  permite colegir su improsperidad.   

2.   Segundo  cargo  (primero  de  la  demanda),  nulidad por violación al debido proceso, prescripción de la acción  penal por el delito de fraude procesal.   

          Luego  de  referir  a  las  normas  que  regulan  el fenómeno de la  prescripción  de  la  acción  penal  en  el  Decreto  100  de 1980, señala el  demandante  que  ésta  se  desencadenó  respecto del delito de fraude procesal  imputado   a   su   defendida  “desde  antes  de  la  iniciación  del  juicio respectivo”, para lo cual es  preciso  tener en cuenta que “el supuesto de hecho se  ejecutó  y  agotó con la providencia del 12 de septiembre de 1996, mediante la  cual  el  señor  Juez  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Santa Marta resolvió  favorablemente   la   acción   de   tutela  incoada  por  la  apoderada  de  mi  poderdante”.   

         

Sobre  el  particular,  indica  que  dicha  conducta  punible  se sancionaba en el artículo 182 del estatuto mencionado con  una  pena  de  prisión  de  uno (1) a cinco (5) años, de modo que “una  simple  operación  aritmética  demuestra que para la fecha  del  18  de  diciembre  de  2001,  cuando  se ejecutó material y formalmente la  resolución  acusatoria,  había  transcurrido  suficientemente  el lapso de los  mencionados  cinco  (5)  años,  razón elemental para predicar la presencia del  fenómeno  jurídico  de la prescripción, cuya declaratoria procede en armonía  con las normas transcritas”.   

          En  relación con la problemática de la prescripción de la acción  penal  frente al delito de fraude procesal, añade el recurrente, las instancias  sostuvieron   que   por   tratarse   de   un   delito   permanente  “su  pervivencia  avanzó  hasta  la  fecha  cuando  la  H.  Corte  Constitucional    concluyó    la    revisión   de   la   tutela”.    Encuentra   el   casacionista  que  esta  postura  de  los  juzgadores  para no acceder a su reconocimiento es equivocada, pues “si  en  gracia  de  discusión  se indujo en error al señor Juez  Segundo  Penal  del  Circuito de Santa Marta, la secuela de tal pretendido error  fue  precisamente  la  sentencia constitucional emitida por el funcionario en la  fecha  del  12  de septiembre de 1996, luego el error, el engaño al juez, allí  concluyó”.   

Tan   cierta  es  esta  tesis,  agrega  el  demandante,  que  dicho  funcionario  no  verificó  diligencia adicional alguna  respecto  de  la  aludida  tutela,  “de manera que si  este   fallo  trascendió,  nunca  más  incidió  en  las  funciones  de  aquel  administrador  de  justicia”.  Además, señala  que  ésta  ha  sido  la postura acogida por la Sala, tal como se reflejó en la  sentencia  del 5 de mayo de 2004, al precisarse que si bien el funcionario puede  permanecer  indefinidamente  en  error,  ese  hecho  tiene  un  límite para los  efectos  de  la  prescripción,  que  no  es  otro que el de la ejecutoria de la  resolución  o  acto  administrativo  contrario a la ley, pues de otra manera la  acción  penal  se  tornaría  en  imprescriptible, lo cual riñe con el mandato  constitucional que prohíbe tal situación.   

A lo anterior se suma, en su criterio, que la  revisión     de     la     Corte     Constitucional    no    es    “fatalmente    obligatoria    para    todas    las   demandas   de  tutela”, pues sólo se lleva a cabo si la respectiva  Sala  de  Selección  la  escoge,  tal  como  se estatuye en el artículo 35 del  Decreto 3591.   

Con  fundamento  en lo expuesto, solicita se  declare  que  el  juicio  se tramitó desconociéndose el debido proceso, por no  haberse  decretado  la  prescripción  de  la acción penal del delito de fraude  procesal.         

Como se configura en su criterio la causal de  nulidad  prevista  en  el  artículo  304-2 del Decreto 2700 de 1991, depreca se  case el fallo recurrido.    

En  criterio  del  Procurador  Delegado este  cargo  tampoco  está  llamado  a  prosperar,  al  convenir  con  la Sala que la  vulneración  al  interés  jurídico  protegido  por  la  normas  se prolonga a  través  del  proceso  durante  el  tiempo  en  que  la  maniobra engañosa siga  produciendo  sus  efectos sobre el servidor público y si bien el acto inductivo  da  origen  a  la  conducta  reprochada,  se  extiende hasta cuando subsista con  potencialidad   de   seguir   produciendo   efectos   en   el   bien   jurídico  tutelado.         

De acuerdo con la anterior tesis, sostiene el  colaborador  del  Ministerio  Público,  los  efectos  en  el presente asunto se  proyectaron  hasta  cuando  la  Corte  Constitucional el 16 de noviembre de 1997  revocó  el  fallo  de  tutela  por  virtud  del cual, bajo inducción en error,  amparó    los    derechos    fundamentales   de   la   procesada   GENOVEVA    BEATRIZ    TROMP   THOWINSON,  “tal  como  se  colige  del  hecho  de  que  en  el  interregno   se   hubiera   producido  el  pago  de  la  espuria  indemnización  reclamada”.   

A partir de esta fecha, resulta claro para el  Procurador  Delegado que no transcurrieron los 5 años previstos legalmente para  que  prescribiera la acción penal adelantada por la referida conducta, hasta el  momento  en  que  cobró  ejecutoria la resolución de acusación en el presente  asunto, hecho que ocurrió el 18 de diciembre de 2001.   

Con  base  en  lo  anterior, concluye que el  cargo no debe prosperar.   

De  tiempo atrás viene sosteniendo la Sala  que  el delito de fraude procesal, definido como aquel comportamiento atribuible  a  quien  “por  cualquier medio fraudulento induzca en  error  a  un  servidor  público  para  obtener  sentencia,  resolución  o acto  administrativo  contrario  a la ley” (artículo 182 del  Decreto  Ley  100 de 1980 e idénticamente en el 453 de la Ley 600 del 2000), es  un    delito   de   mera   conducta,   para   cuya   consumación   “es  suficiente  con  que  el  actor, así no obtenga el resultado  perseguido,  proceda con el propósito de alcanzar un indebido provecho mediante  la   inducción   en   error   del   funcionario”3.   

También se ha reconocido en forma pacífica  que  dicha  conducta es de carácter permanente, lo que significa que la acción  se  prolonga  durante  el  tiempo  en que en que el servidor público permanezca  bajo   influencia   del   error,   o  pueda  estarlo  potencialmente4   

.  

En  el  caso que concita la atención de la  Sala,  se  tiene  que  la investigación tuvo origen en la expedición de copias  dispuesta  por  la  Corte  Constitucional  en  el fallo de tutela T-575 de fecha  noviembre  16  de  1997,  por  cuyo  medio  revocó  la  decisión  del  Juzgado  Segundo   Penal del Circuito de Santa Marta en virtud del cual se ampararon  los    derechos    fundamentales    de    la    aquí   procesada   GENOVEVA  BEATRIZ  TROMP  THOWINSON  y  se  ordenaron  las  medidas tendientes a su resarcimiento.  A dicha conclusión  arribó   esa   Corporación   tras  encontrar  que  la  prestación  económica  pretendida  ya  había sido reconocida fundamentalmente en las Resoluciones 1709  del 3 de agosto de 1995 y 2193 del 20 de noviembre de 1996.   

Por  lo  expuesto,  ninguna  dificultad  se  advierte  para  colegir  que  la  maniobra  fraudulenta  por medio de la cual se  pretendió  a  través  de la acción de tutela obtener de FONCOLPUERTOS el pago  de  una  suma  ya cancelada, mantuvo sus efectos en el tiempo para el momento en  que  el Juez concedió la tutela bajo la convicción errada de que había obrado  conforme  a  derecho,  pero  perduró  hasta  el  instante mismo en que la Corte  Constitucional  expidió  el  fallo  revocatorio  de tal determinación pues, de  acuerdo  con lo expuesto, en este segundo estadio todavía los medios engañosos  empleados    ostentaban    la    potencialidad   de   mantener   en   error   al  funcionario.   

Esa  postura,  a  diferencia de lo que deja  entrever  el  libelista,  por manera alguna se contrapone a la también expuesta  por  la  Sala en el sentido de que en todo caso la proyección de los efectos de  este   delito  deben  tener  un  límite  temporal,  pues  de  lo  contrario  se  propiciaría   su  imprescriptibilidad,  contraviniendo  así  la  proscripción  expresa de la Carta Fundamental frente a una tal situación.   

Pues  bien,  ese  límite  temporal  en  el  presente  asunto,  está  dado  precisamente  por  el  momento  en  que la Corte  Constitucional  optó  por  revocar  la  tutela  favorable a los intereses de la  procesada  TROMP THOWINSON, en  tanto,  como  ya  se  señaló, hasta ese instante se proyectó la inducción en  error   del   medio   fraudulento  desplegado  por  la  sujeto  agente  de  esta  conducta.   

Desde ese punto de vista, el referente para  el  cómputo  de  la  prescripción  de la acción penal por el delito de fraude  procesal  en  la  fase  sumarial  lo  constituye  la fecha aludida en la cual se  adoptó  tal   decisión, esto es, el 16 de noviembre de 1997;  por lo  tanto,  a  partir  de ella deben contabilizarse los 5 años, previstos como pena  máxima  para  el delito de fraude procesal, según el artículo 182 del Decreto  Ley 100 de 1980, aplicable por favorabilidad.   

Producto  de  esa operación matemática se  tiene  que  el  término  de  prescripción  de  la  acción  penal  en  la fase  instructiva  se  consolidaba  el  16 de noviembre de 2002;  es decir, mucho  después  de  la  fecha en que cobró ejecutoria la resolución de acusación en  el  presente  asunto,  fenómeno  que  se  verificó el 18 de diciembre de 2001,  cuando  la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal de Cundinamarca confirmó el  proveído calificatorio de primer grado.   

Bastan  los motivos expuestos para concluir  que el cargo no tiene la entidad de prosperar.   

3.  Tercer  cargo.   Causal  primera,  violación  directa  de  la  ley  sustancial por interpretación errónea de los  artículos 182 y 356 del decreto 100 de 1980.    

Destaca  el  demandante inicialmente que la  causal  de casación invocada en este cargo se configura porque al haber acudido  su  defendida  a la acción de tutela como mecanismo para reclamar sus derechos,  no  se verificó el “medio fraudulento”  que  se  exige  en el tipo penal de fraude procesal previsto en el  artículo 182 del Decreto 100 de 1980.      

Su  propuesta,  señala,  se  ciñe  a  los  parámetros  técnicos  de la causal invocada, pues no tiene por objeto discutir  la  apreciación  de los hechos y las pruebas en la forma como fueron apreciados  por  el  sentenciador,  pues  el  error  se  concreta  a  que los sentenciadores  otorgaron  a  la  acción  de  tutela  el  carácter  de  medio fraudulento para  tipificar  este delito, cuando esta mecanismo “saltó  al  campo  jurídico social colombiano con estirpe constitucional, para luego el  legislador,  en  pro  de  su institucionalidad y arraigo, crear las herramientas  legales  para  su  implementación  y  así  posibilitar  su  alcance  por  todo  ciudadano   que   requiera   de   protección   de  los  derechos  fundamentales  afligidos”.   

Agrega  que  si los juzgadores consideraron  que  la  pretensión  económica  de  su  defendida  ya se encontraba satisfecha  “al  respecto  es  justo  tener  de  presente que la  señora  GENOVEVA  BEATRIZ  TROMP  THOWINSON, tuvo el convencimiento pleno de su  legitimidad  para  el  reclamo,  porque esta señora entendió que no se le hizo  pago  del  reconocimiento  y  reliquidación  de  prestaciones  por  concepto de  dominicales,  festivos  y  horas  extras, que se le hizo según Resolución 1709  del   3   de   agosto  de  1995,  hecho  este  debidamente  reconocido  por  las  instancias”.  En ese orden de cosas, estima, su  actuar fue guiado por la buena fe.   

Advierte que lo mismo ocurre con el supuesto  de  hecho calificado como estafa, también imputado a su defendida, toda vez que  en  este  caso  se  exige  igualmente  el despliegue de medios artificiosos o de  engaños  dirigidos  a  suscitar  error  en  la  víctima  y que entre estos dos  aspectos  se  verifique  un  nexo causal, lo que  igual deber pregonarse en  relación  con  el  provecho  ilícito  originado  en  la exacción patrimonial,  obviamente  injusta,  tal  como se describe el tipo penal  sancionado en el  artículo 356 del Decreto 100 de 1980.   

Puntualiza,  de otro lado, en relación con  la  Resolución  1770  de  noviembre  13  de  1997,  que  ella  no  obedeció al  cumplimiento  de  la  acción de tutela, pues tal “no  se  expide  así tan alegremente y menos si con ella se imparte la orden de pago  y  exacción  de una gruesa suma de dinero”.  En  esa  medida,  no  es  posible  sostener el pretendido engaño o artificio en que  hubiera  podido  incurrir el Director General de FONCOLPUERTOS para considerarlo  estafado en representación de dicho organismo.   

A  continuación,  indica  que  quizá  el  Director  de  esa  entidad   hubiera  podido  ser  engañado  al  emitir la  resolución  referida  “si se le hubiera asaltado su  buena  fe  dentro  de las 48 horas determinadas en la sentencia de tutela.   Pero  cuando  ha  transcurrido  un  lapso  de  catorce  meses,  tiempo  más que  suficiente  para  analizar la petición frente a la documentación individual de  mi  mandante, no es de recibo la prédica del pretendido engaño tipificador del  delito de estafa”.   

Máxime  lo  anterior,  agrega, si en dicha  Resolución  se  hizo  relación de las dos últimas reliquidaciones en favor de  la  procesada,  las  que  ocasionaron  la  moratoria exigida, y menos aún si se  tiene  en  cuenta  que  con  fecha  marzo  31  de 1998, el propio Director de la  Tesorería  General  de  FONCOLPUERTOS  solicitó  a  la Fiduciaria La Previsora  S.A.,  girar  un  cheque  a  favor  de  su  patrocinada  por  la  suma de dinero  reconocida.   

Sobre el delito de estafa destaca que se ha  insistido  en  que  la  persona  inducida o mantenida en error debe ser capaz de  asimilar  las  maquinaciones  fraudulentas, pues si dicha persona no goza de esa  facultad,  no  puede  ser  víctima  de  este  ilícito.  De  manera  que  no se  estructura  cuando se trata de un insano mental o de un incapaz y tampoco cuando  recae  sobre un perito, un ilustrado o un profesional de una ciencia, como aquí  ocurre   al   pretender  estructurarse  con  respecto  al  Director  General  de  FONCOLPUERTOS  y  todos los subalternos que atendían el departamento respectivo  involucrados  en  la  emisión  de la aludida Resolución, porque simplemente lo  estimaron  ajustado a la ley laboral y a la Convención Colectiva de trabajo que  regía para el momento del retiro de su defendida.   

Para el demandante lo expuesto condujo a la  violación  directa  de  los  artículos 182 y 356 del Decreto 100 de 1980, así  como    de    los    artículos    1°    al   5°,   23   y   26   ibídem  y  de los artículos 1°  al  3°,  6° y 22 del Decreto 27090 de 1991, motivo por el cual solicita se case el  fallo  impugnado,  no  sin  antes  señalar  que  con  fundamento  en  el acopio  probatorio restante no es posible mantener el fallo de condena.   

A  juicio del Procurador Delegado, no sólo  el  cargo  se  aparta  de  la  técnica  prevista para la causal y el sentido de  violación  seleccionados  por  el actor, sino que, además, carece de razón el  demandante  al  advertir  que la acción de tutela en este caso no se erigió en  el   medio  fraudulento  usado  por  la  sindicada  para  inducir  en  error  al  funcionario judicial.   

Lo    anterior    porque   “nadie  mejor que una víctima de una vía de hecho, podría saber  si  se le afectaron o no sus derechos fundamentales”,  de  modo  que  cuando  una persona utiliza este mecanismo preferente y sumario a  sabiendas  de  que  no  existe  vulneración  o  amenaza de afectación para sus  derechos     fundamentales,     es     evidente     que    engaña    al    juez  constitucional.   

Precisa  que  como son elementos comunes de  los  delitos  de  fraude  procesal  y  estafa  el engaño, el fraude o el ardid,  diferenciándose  tan sólo por el bien jurídico protegido, resulta inobjetable  que  en  este  evento  se  verificaron tales conductas punibles al ocultarse por  parte de la procesada el pago de la indemnización reclamada.   

Culmina indicando que como en la demanda no  se  demostró  el  cargo  propuesto  “la sentencia de  segunda    instancia    conserva   intacta   su   presunción   de   acierto   y  legalidad”,  lo  cual  le  conduce  a  deprecar  su  improsperidad.   

Para  la Corte no se remite a duda que este  tercer  reparo,  al  igual  que  los  precedentes, no está llamado a prosperar,  por  partir de un presupuesto erróneo.   

Ciertamente,  si bien no puede considerarse  en  sí  misma  a    la acción constitucional de tutela como un medio  fraudulento,  tal  como  lo  señala  el  demandante,  por cuanto se trata de un  instrumento  idóneo  para  conseguir  la protección de derechos fundamentales,  tal  circunstancia  no  la  excluye de ser utilizada con propósitos distintos a  los  que  motivaron su creación, e incluso, con fines delictivos, como ocurrió  en   este  evento,  al  valerse  de  ella  para  obtener  un  indebido  provecho  patrimonial.   

En  dichos  eventos,  el  medio  que  por  antonomasia  tiene  por virtud la protección de derechos fundamentales adquiere  la  connotación  de servir para propósitos fraudulentos por razón del uso que  se le otorga.   

Una discusión similar se abordó de antaño  por  la  Sala al aducirse que el negocio civil por ser fruto de la autonomía de  la  voluntad  de los contratantes no podía considerarse como instrumento viable  para  conducir a la víctima hacia el engaño, impidiendo estructurar, por ende,  el delito de estafa.   

Al respecto, se puntualizó por la Corte que  tal   situación   no  escapa  al  ámbito  de  protección  del  Derecho  Penal  “pues de antiguo la jurisprudencia tiene establecido  que  a  través  del  contrato  civil  se  puede incurrir en el delito de estafa  cuando  se  causa perjuicio patrimonial a través de inducir o mantener en error  a  una  de las partes sobre un aspecto trascendente de la negociación, el cual,  de  haber  sido oportunamente conocido, habría determinado una variación en la  voluntad de contratar”.   

En  la  misma  providencia,  también  se  precisó lo siguiente:   

“La  permisibilidad  de un contrato lícito  no  descarta  la existencia de artificios o engaños,  pues  nada  impide  que  la inducción o el mantenimiento en error tengan origen  precisamente  en  la  aparente  sinceridad  y  legalidad  de  que se revista ese  acuerdo  de  voluntades. Por eso, ha reiterado la Sala  que  el  contrato  en  muchos  casos  resulta  utilizado como medio idóneo para  ocultar   el   verdadero   ánimo  de  defraudar”5          (subrayas    fuera    de    texto).    

     

Bajo esas mismas consideraciones, se colige  que  frente  al  comportamiento  de la sindicada orientado a utilizar la acción  tutela  con  un  propósito  ilegal  diverso  al  de las razones garantistas que  condujeron   al   Constituyente   a   consagrarlo,   habida  cuenta  que  tenía  conocimiento  de  que se encontraba satisfecha su aspiración prestacional y que  por  consiguiente  no estaban comprometidos sus derechos fundamentales, es dable  adecuar su conducta a los tipos penales que se le atribuyen.   

    

Finalmente,  cabe  precisar  que  tampoco  resulta  admisible  el  argumento  del  actor  en  el entendido de que no fue la  acción  de   tutela  la que determinó el reconocimiento del pago, sino la  autorización  otorgada por los funcionarios de FONCOLPUERTOS luego de verificar  que  el  reclamo  consultaba  con  la  legislación  laboral  y  la  Convención  Colectiva  de  la  empresa,  pues  dicha  interpretación desconoce el carácter  imperativo de esta acción constitucional.   

Con  base  en  los argumentos expuestos, se  colige que el cargo no prospera.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando Justicia en nombre de la  República y por autoridad de la Ley,   

RESUELVE  

NO   CASAR  la  sentencia  impugnada,  de  conformidad  con los argumentos expuestos en la parte  motiva de esta decisión.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

1  Sentencia C-037-96 del 5 de  febrero de 1996.   

2  Autos  de fechas 4 de mayo y 15 de noviembre de 2005, rads. 24466  y 23550, respectivamente.   

3   Entre  otros,  auto  del  24  de  junio  de  2003,  rad.  20935.   

4 Entre  otros,  auto  del  4  de  octubre del año 2000, Rdo.  11.210.   

5  Providencia del 29 de agosto de 2002.     

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