24570(30-11-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  24570   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado   Ponente:  JAVIER      ZAPATA  ORTIZ   

Aprobado  en  acta  No.  139   

Bogotá D.C., treinta de noviembre de dos mil  seis   

Se pronuncia la Sala sobre la admisibilidad de  la  demanda de casación presentada por el apoderado de la parte civil contra la  sentencia  de  segunda  instancia, proferida el 12 de  julio de 2005 por la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de Cali, mediante la cual  revocó el  fallo  condenatorio  emitido por el Juzgado 21 Penal del Circuito, que condenaba  a   JHON   DIDIER   GIRALDO   RENGIFO   como   autor   responsable   del   delito   de   homicidio  culposo.   

I.     ANTECEDENTES     FÁCTICO     –  PROCESALES   

1.  De  acuerdo  con   la  sentencia  de  segunda  instancia,  los hechos objeto de juzgamiento tuvieron lugar  el 20  de julio de 2001,  cuando   

aproximadamente  a  las  7:30  de  la  noche  colisionó  de  frente la moto que conducía José Orlando Franco Rodríguez con  el  bus  urbano  de  la  empresa  Villanueva Ruta 1, cuando se desplazaba por la  carrera  29 entre calles 41 y 42 de la ciudad de Cali, choque a consecuencia del  cual falleció en forma instantánea.   

2.     La  correspondiente   investigación   fue  adelantada   por  la  Fiscalía  85  Seccional,  que  el  31 de julio de 2002 calificó el mérito del sumario,   profiriendo    resolución    de    acusación   en   contra   de   JHON   DIDIER   GIRALDO   RENGIFO  como  presunto  autor responsable  del delito de homicidio culposo, decisión que  fue confirmada en segunda instancia el 15 de mayo de 2003.   

3.  La  etapa  del  juicio  correspondió al  Juzgado  21  Penal   del Circuito de esa ciudad, Despacho que  una vez  realizada  la  audiencia  pública,  emitió  el fallo respectivo el 27 de   octubre   de   2004,   en   el   cual   además   de   condenar  a  JHON  DIDIER  GIRALDO  RENGIFO a 26 meses  de  prisión,  multa  por  el  equivalente  a 22 SMLM,  como  autor responsable  del delito de homicidio  culposo  y  suspensión del ejercicio de la conducción de vehículos por 3  años,  lo   condenó   junto  con  JOAQUÍN  ANTONIO   HERRERA   MARTÍNEZ   y   la  EMPRESA  VILLANUEVA BELÉN LTDA, en forma  solidaria,  a  pagar   $112.073.461  por  perjuicios  materiales a favor de  Julieta  Jiménez  Morales y del menor Andrés Felipe Franco Jiménez y 100 SMLM  por  perjuicios  morales  a  cada  uno  de  los  citados,  quienes  habían sido  reconocidos como parte civil en el proceso.   

4.    Contra   dicho   fallo,    el  defensor    de   JHON  DIDIER  GIRALDO  RENGIFO  interpuso   recurso   de  apelación   que  fue  resuelto   por    Sala   Penal  del  Tribunal  Superior  de  Cali  en   providencia  del  12  de  julio  de  2005,  revocando  la  condena  impuesta  al  procesado,  para  en su lugar absolverlo del delito imputado por la Fiscalía 85  Delegada de la Unidad de Vida, Libertad Sexual y Dignidad Humana.   

DE  LA DEMANDA  DE  CASACIÓN   

El  apoderado  de  la  parte  civil presentó  demanda  de  casación,  en   la  que  luego  de  identificar  los  sujetos  procesales  y  señalar  los  antecedentes del caso, plantea un único cargo, al  amparo   de  la  causal  primera  como  “violación  indirecta  de  una  norma  sustancial  derivada  de un  error de hecho, por  falso juicio de identidad, y falso juicio de existencia”.   

En su desarrollo cuestiona que en la sentencia  de   segunda  instancia  se  haya  aducido  que   la  víctima  se  habría  suicidado,  según  lo  colige de las declaraciones de Julieta Jiménez Morales,  compañera  del  occiso  de  quien se había separado, y Ricardo Osorio Cardona,  conclusión   que  en  criterio  del  recurrente   desconoce  el  verdadero  contenido  de  la  prueba   para  deducir  algo  que  está  muy  lejos  de  demostrar, identificando aquí el falso juicio de identidad.   

A  renglón  seguido,  afirma  que  el  fallo  atacado  también incurre en un falso juicio de existencia, al señalarse que la  víctima  había  estado  ingiriendo  licor,  conducía  la  moto  sin luces, en  contravía  y  a  gran  velocidad,  ya  que  los declarantes dicen justamente lo  contrario,  pues  incluso atribuyen al procesado el haber invadido el carril del  motociclista,   es   decir,   que   dichas   conclusiones  carecen  de  respaldo  probatorio.   

Luego,  de tal apreciación retoma nuevamente  el  reparo  que  formula por falso juicio de identidad, en cuanto el Tribunal le  da  al croquis un sentido diverso del que corresponde, pues cuando colige que la  víctima  había  invadido  el  carril  del  bus,  la prueba estaba indicando lo  contrario,  que  fue  el  bus  el  que ocupó parcialmente la vía por la que se  desplazaba la moto.   

Agrega  que  el  Tribunal dejó de considerar  “las declaraciones de las personas que presenciaron  los  hechos  y  que  no  fueron  registradas  por  el  Guarda  de Tránsito como  testigos,  cuando  han  concurrido  a  declarar con todas las formalidades y han  sido  objeto  de  interrogatorio”  aduciendo  que no  existe  entre  ellos  una  identidad  plena, argumento que considera deleznable,  pues  hicieron otros aportes a la investigación, como cuando hacen referencia a  la  disputa  entre  dos  buses  y  a  la  invasión  del  carril,  por lo que la  exclusión  de los testimonios se hace a través “de  criterios  de valoración que no consultan ni las reglas de la experiencia ni la  lógica, lo cual implica un falso raciocinio.”   

Conclusión   que   explica   alegando  que  usualmente  quien  ha  presenciado  un  hecho en el que no está involucrado, en  principio  da  muestras  de  insolidaridad  siendo  renuente  a participar en la  actividad  judicial,  pero  una  vez conocidos los antecedentes, al darse cuenta  del  desenlace de los hechos se ponen a disposición del afectado, por lo que no  resulta  extraño  que  no  le digan nada a la autoridad pero sí a la víctima,  porque esa es la condición humana.   

Alude, igualmente, a que la experiencia indica  que  las  personas  frente  a  un  mismo hecho lo perciben de maneras distintas,  aunque  no  en lo esencial, luego lo que resulta sospechoso es que el relato sea  exacto pese a encontrarse en perspectivas diferentes.   

Concluye,  señalando que las reflexiones del  Tribunal  sobre las que cimenta la duda, relativas a que se encontraba en estado  de  embriaguez,  a  que  pese  a  no  usar  casco  de  nada le habrían servido,  “configuran  un  falso  juicio de identidad, porque  esos  factores  por  sí  solos  no  permiten  radicar  la responsabilidad en el  conductor”,  si  se tiene en cuenta que la ley exige  que  la  violación  al  deber  objetivo   de  cuidado  sea  la  causa  del  resultado,  luego  del  planteamiento  del  Tribunal  respecto a que aún con el  chaleco  y  el  casco, el resultado habría sido el mismo sería intrascendente,  si  como  deduce  la  causa eficiente del resultado típico fue la invasión del  carril,   situación   que  era  previsible  para  el  conductor  del  vehículo  pesado.   

Por lo tanto, solicita casar la sentencia para  que  en  su  lugar  la  Corte  dicte  la de reemplazo, es decir, la condenatoria  conforme la decisión de primera instancia.   

ALEGATO  DE  LOS  NO  RECURRENTES   

En  el  traslado  para los no recurrentes, la  defensora  del  procesado  y  el  apoderado  de  los terceros civiles, de manera  conjunta,  expresan  que   la  prueba   evidencia  que  la víctima no  estaba   conforme  con  su  situación  de  pareja,  confirmando  su  propia  ex  compañera  la  separación,  por  lo que deducen que la pretensión de la parte  civil  es meramente económica. Además, no puede evidenciarse del análisis del  Tribunal    ningún   falso   juicio   de   identidad   ni   falso   juicio   de  existencia.   

Respecto  al falso juicio de identidad que se  atribuye  al  fallo  cuestionado  por  señalar  que  la muerte de José Orlando  Franco  Rodríguez  obedeció  a  su  estado de embriaguez, exceso de velocidad,  conducir  sin  luces y en contravía, señalan que está probado el grave estado  de  embriaguez  del  occiso,  III grado, lo que permite inferir que no conducía  guardando  las  normas que regulan tal actividad, por lo tanto, alegar que ésta  no  fue  la  causa  de  la  muerte,  es  negar  que  su  conducta fue claramente  imprudente.   

Cuestiona   el   reparo   que   formula  el  casacionista  por  falso  juicio  de  existencia  al ignorar el fallador lo  afirmado   por   los  testigos  citados  por  la  parte  civil,  ya  que  éstos  aparecieron   un  año y medio después de los hechos, y pese a afirmar que  los  presenciaron  incurren  en  varias contradicciones, no aparecen registrados  como  testigos  en  el  informe  sobre  el  levantamiento,  luego colige que sus  declaraciones lo que hacen es confundir la investigación.   

Finalmente, presentan su propia valoración de  los  medios  de prueba allegados al proceso para plantear su hipótesis sobre lo  acontecido,  para  deducir  que  la  responsabilidad  fue  exclusivamente  de la  víctima.  Resaltando las contradicciones en que habría incurrido el demandante  en  su  discurso argumentativo, en el que se cuida de omitir aspectos tales como  el  estado  de  embriaguez,  la  falta de elementos de seguridad de la víctima,  siendo aquélla la causa determinante del accidente.   

Por   lo  que  solicitan  se  desestime  la  demanda.   

II CONSIDERACIONES DE LA  CORTE   

1.  Como quiera que el recurso extraordinario  de  casación  se  formula  en  contra de un fallo absolutorio, no existe reparo  alguno   para   concluir,  conforme  lo  tiene  definido  la  Sala  1,  que  en tal  evento  por  estar  referida  la  impugnación  de  manera  exclusiva  a asuntos  penales,  la  postulación  del  recurso  y  la  presentación de la demanda que  presenta   la   parte  civil  ha  de  seguirse  por  las  causales  del  proceso  penal.   

Del  mismo  modo,  se  advierte   que es  evidente  el  interés  que tiene la parte civil para recurrir en casación, por  cuanto  la  impugnación  está  dirigida  contra  una  sentencia  de  carácter  absolutorio,   pues   justamente  su  pretensión  indemnizatoria  surge  de  la  declaratoria  de responsabilidad penal, momento a partir del cual se torna   viable la reparación de los perjuicios ocasionados con el delito.   

2. Por lo tanto, el recurrente estaba obligado  a  respetar  las  formalidades  propias  del  recurso conforme a las previsiones  establecidas  por  el  Código  de  Procedimiento  Penal, es decir, que al estar  dirigida  la  impugnación  contra  una sentencia proferida en segunda instancia  por  un  Tribunal Superior de Distrito Judicial  en relación con un delito  que  tiene  prevista  como  sanción una pena de prisión inferior a 8 años, el  recurso  debió  formularse  por la vía discrecional, conforme lo dispuesto por  el inciso 3º del artículo 205 de la citada normatividad.   

Conclusión  a  la que se arriba, en virtud a  que  para la época de los hechos, 20 de julio de 2001, la norma que regulaba la  procedencia  del  recurso extraordinario de casación, artículo 218 del Código  de  Procedimiento  Penal,  Decreto 2700 de 1991, modificado por el artículo 1º  de  la ley 553 de 2000, establecía como requisito que la pena máxima señalada  para el respectivo delito fuera de 8 años.   

Ninguna  dificultad se advierte, en señalar,  que  pese  a  la  declaratoria  de  inexequilibilidad  determinada  por la Corte  Constitucional  2   de   la   expresión   ‘ejecutoriadas’,  referidas  a las sentencias, que contenía el artículo 1º de la  ley  553  de 2000, que modificó el citado artículo 218, dicho fallo no afectó  en  modo  alguno  el  resto  del  contenido  de la norma, que conservó su plena  vigencia  hasta  cuando  entró  a  regir  la ley 600 de 2000, el 25 de julio de  2001.   

En  efecto,  la  Corte  Constitucional  en la  citada  sentencia dispuso “declarar inexequibles las  expresiones     ‘…  ejecutoriadas…’  del  inciso  primero  del  artículo 218 del Código de Procedimiento Penal, tal como  fue  modificado  por  el  artículo 1 de la ley 553 de 2000 y la contenida en el  inciso  primero  del  artículo  205  de  la  ley  600  de  2000.”  .  Lo  cual  permite  concluir  que   la  norma  en lo demás  permaneció incólume.   

En consecuencia, al no haber regido el asunto  ley  distinta  en  ningún  interregno  del trámite procesal aquí cumplido, el  término  de  los  8  años  se  tornaba  en  exigible para acudir al recurso de  casación  por  la  vía ordinaria, como así lo ha definido la Sala3.   Hecho  no atendido por el recurrente.   

Por  lo  tanto,  el recurso extraordinario de  casación  propuesto  por  el  apoderado de la parte civil debió ser presentado  por  la  vía  excepcional,  con  el  cumplimiento  no  sólo  de las exigencias  formales      previstas      en      el      artículo      212     ibídem,  sino  de  lo  dispuesto  por el  inciso  3º del artículo 205 de la citada normatividad, señalando la necesidad  de  su  admisión  bien   para  el  desarrollo  de la jurisprudencia o como  garantía  de  los  derechos  fundamentales  que  hubieren sido vulnerados en su  trámite.   

3.  En  este  caso  se  aprecia  que  la  demanda  presentada por el casacionista carece de tales exigencias, ya que   no   adujo  ni  se desprende de ella que recurría a la vía discrecional y  por   consiguiente,   incurre   en   una  falencia  en  la  formulación  de  su  sustentación   al  no  sustentar   en modo alguno las razones por las  cuales    se    hacía    necesaria   la   intervención   excepcional   de   la  Corte.   

En  efecto,  se  echa  de  menos razonamiento  alguno  que  sustente  en  cuál  de  los  dos  motivos  señalados  por  la ley  fundamenta  el  recurso,  esto  es, si consideraba que había  sido violada  alguna  garantía  fundamental  a  la  parte  que  representa  o porqué se hace  necesario  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia,    pues  sólo  una  vez   superado este requisito, la Sala podrá examinar si fueron observadas  las   reglas   de  la  técnica   en  la  formulación,  desarrollo  y  demostración  de los cargos que se elevan contra la sentencia, según la causal  a  cuyo  amparo  se  invoquen y el modo en que se identifique la violación  de la ley sustancial.   

No obstante, que para el cumplimiento de   dicha   exigencia  no  se  requiera  una  formalidad  específica,  pues  no  es  indispensable  que  se  haga  en  capítulo  separado,   al punto que puede  entenderse  como  satisfecha cuando la sustentación del cargo que se eleve  resulte  coincidente  con cualquiera de los motivos previstos por la ley para su  invocación,  como  así  lo tiene definido la Sala 4,  este requisito, en todo  caso,  resulta  insalvable,  ya  que de no aducirse y sustentarse una de las dos  posibilidades,  se  inadmitirá  la  demanda,   al igual que  si no se  observan  los  requisitos  a que se refiere el numeral 3º del artículo 212 del  Código de Procedimiento Penal.   

4.  Luego,  al  ser  examinada  bajo  tales  presupuestos  la  demanda  de  casación presentada por el apoderado de la parte  civil,  reconocida  en  este  proceso,  contra la sentencia de segunda instancia  proferida  por  la  Sala  Penal  del Tribunal Superior de Cali el 12 de julio de  2005,  encuentra  la  Sala que no cumple las exigencias citadas,  al omitir  el  recurrente  exponer  las  razones por las cuales solicitada la intervención  excepcional    de    la    Corte,    a   través    del   recurso   de  casación.   

Se  observa que el  escrito demandatorio  se   limita   a   formular   reparos   indistintamente  como  falsos  juicio  de  identidad   o de existencia, sin distingo ni concreción alguna que permita  la  presentación  coherente y lógica de uno sólo de los cargos que postula de  forma  conjunta,  desconociendo  elementales  reglas  de técnica que imponen su  postulación  en  cargos separados, a los que mezcla razonamientos de un posible  error por falso raciocinio.   

Pero,  además  el censor no logra consolidar  una  fundamentación coherente y lógica  que permita precisar en cada caso  en  qué  consistió el yerro del Tribunal, cuál fue la prueba que pese a obrar  válidamente  en  el  proceso  no fue considerada por éste, la trascendencia de  dicha  omisión  y  cómo  hubiera  incidido  en  el fallo atacado de haber sido  ponderada,  si  pretendía  identificar  el  ataque  como  un  falso  juicio  de  existencia.   

Del mismo modo, con similares exigencias, pero  en  capítulo  separado  debió  construir  su  propia  propuesta en torno a las  censuras  que  identifica como falsos juicio de identidad y falso raciocinio, ya  que  no  le  era  permitido  entremezclar  las  reflexiones  de cada cargo, para  formular   como   una   sola   crítica   reparos   que  responden  a  diferente  técnica  y desarrollo en su postulación.   

Estas falencias resultan insalvables y la Sala  no  puede  suplirlas en virtud a la naturaleza rogada del recurso, por lo que se  dispondrá el rechazo de la demanda.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:   

1º    Inadmitir  la  demanda  de  casación presentada por  el apoderado de la parte civil.   

2º  En firme esta decisión,  contra la  que  no  procede  recurso  alguno,  remítase  la  actuación  a  la  oficina de  origen.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ              ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                                       

ÁLVARO       ORLANDO       PÉREZ  PINZÓN     MARINA PULIDO DE BARÓN   

JORGE        LUIS       QUINTERO  MILANÉS          YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS   

JULIO        ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA      JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Rad. 21901  del 13 de julio de 2005   

2  C-  252 del 28 de febrero de 2001   

3  Auto   del   31   de   octubre   de  2006,  radicado  26096   

4  Rad. 20222 del 7 de mayo de 2003     

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