24403(16-05-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24403  

CORTE     SUPREMA     DE   JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado ponente:  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado Acta N° 047  

Bogotá,  D. C., diecisiete (17) de mayo de  dos mil seis (2006).   

V I S T O S :  

Decide la Sala sobre la admisibilidad formal  de  la  demanda  de casación presentada por el defensor del procesado FRANCISCO  ENRIQUE  VILLALBA  HERNÁNDEZ, quien fuera condenado en primera instancia por el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  Especializado  de Antioquia como coautor  penalmente  responsable  de  un  concurso  triple  de  homicidios  agravados, en  sentencia  proferida el 16 de noviembre de 2004, decisión que fue confirmada en  su  integridad  por  el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Antioquia, en  fallo del 4 de abril de 2005.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.          Los  primeros  fueron  declarados en el  fallo de segunda instancia de la siguiente manera:   

“Entre  los días 22 y 30 de noviembre de  1997,  hombres  fuertemente armados que dijeron pertenecer a las Autodefensas de  Córdoba   y   Urabá,   incursionaron  en  las  veredas  de  “La  Balsita”,  “Antesales”,  “La  Argelia” y “Buenavista”, comprensión territorial  del  Municipio  de  Dabeiba;  y  en  forma  selectiva le ocasionaron la muerte a  varios  campesinos de la región, arrasando de paso con viviendas, y llevándose  consigo ganado y demás semovientes que encontraron a su paso.   

No  obstante  que  en  la investigación se  habló  de  numerosos  muertos  por la referida acción violenta, solo se logró  establecer  la  occisión  de  Luis  Alfonso Valderrama López, Oscar Valderrama  Cruz y Alejandro Higuita Mesa.”   

2.             Abierta     la    correspondiente  investigación  y  vinculado  al  proceso FRANCISCO ENRIQUE VILLALBA HERNÁNDEZ,  mediante   indagatoria   realizada   el   9   de   junio   de   19981, la Fiscalía  al  resolverle  la  situación  jurídica  inicialmente  se abstuvo de imponerle  medida de aseguramiento.   

3.          Cerrada  la  instrucción por la Unidad  Nacional  de  Derechos Humanos de la Fiscalía General de la Nación, ubicada en  Medellín,  el 4 de diciembre de 2001 profirió resolución de acusación contra  FRANCISCO   ENRIQUE   VILLALBA   HERNÁNDEZ  y  otras  personas,  como  presunto  responsable  de  homicidio agravado y simultáneamente le decretó la detención  preventiva.   

4.          Correspondió  al Juzgado Segundo Penal  del  Circuito  Especializado  de  Medellín  adelantar  el juicio y celebrada la  audiencia  pública en varias sesiones que transcurrieron entre el 6 de agosto y  el   22  de  noviembre  de  2004,  profirió  sentencia  condenando  al  acusado  mencionado  en  concurso  con  otras  personas, a la pena principal de treinta y  siete  (37) años de prisión como coautor penalmente responsable de un concurso  material  y homogéneo de conductas delictivas de homicidio agravado, agotado en  Oscar  Valderrama Cruz, Luis Alfonso Valderrama López y Alejandro Higuita Mesa,  además,  les  impuso la pena accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas  por  un  lapso  de  diez  (10)  años  y  les  negó  la  suspensión  condicional de la ejecución de las penas irrogadas.   

Igualmente  condenó  solidariamente  a los  procesados  al  pago  de los perjuicios materiales ocasionados con las conductas  punibles  de homicidio a favor de los herederos de Oscar Valderrama Cruz, por la  suma  de  $14’139.570.00,  en   beneficio  de  los  de  Luis  Alfonso  Valderrama  López,  $43’342.423.00,  y  a  favor  de  los  de  Alejandro    Higuita    Mesa,    $34’020.616.00;  y por los perjuicios morales les impuso la obligación  de  pagar  el valor equivalente a cien (100) salarios mínimos legales mensuales  vigentes, a favor de cada grupo de herederos.   

5.          El  fallo  anterior  fue  recurrido por  algunos  de  los  defensores  de  las  personas  condenadas,  entre ellos, el de  FRANCISCO  ENRIQUE  VILLALBA HERNÁNDEZ y el Tribunal Superior de Antioquia el 4  de  abril  de 2005 lo confirmó, pronunciamiento contra el cual el representante  judicial  del acabado de nombrar interpuso y sustentó el recurso extraordinario  de casación.   

  LA    DEMANDA  :   

El casacionista postula dos cargos contra la  sentencia   proferida   por  el  Ad  quem, así:   

Primer reparo:  

Lo  enmarca  dentro de la causal tercera de  casación  prevista  en  el artículo 207 del Código de Procedimiento Penal por  considerar  que  la  sentencia  se  dictó  en  un juicio viciado de nulidad, de  acuerdo  con  lo  previsto en el artículo 306, numerales 2° y 3°, del Código  de  Procedimiento  Penal,  esto  es,  por  violación  del  debido proceso y del  derecho de defensa.   

Sostiene  que  si  bien es cierto FRANCISCO  ENRIQUE  VILLALBA  HERNÁNDEZ  estuvo  asistido en la  indagatoria  y  en la ampliación de dicha diligencia por un defensor de oficio,  éste  no  desempeñó  el cargo a tono con lo dispuesto en el artículo 136 del  Código  de  Procedimiento  Penal, según lo revela la decisión de la Fiscalía  de  solicitar  a  la  Defensoría Pública la designación de un nuevo defensor,  pedimento  que  solamente fue atendido hasta el 9 de julio de 2002, cuando ya se  había practicado la mayoría de pruebas en la instrucción.   

Destaca la inactividad de los defensores en  el  transcurso  del  proceso  como  lo  demuestra  el  hecho  de que no hubieran  solicitado  prueba  psiquiátrica  para establecer el estado mental de FRANCISCO  ENRIQUE  VILLALBA HERNÁNDEZ al momento de rendir la indagatoria y al ampliarla;  la  total  ausencia de peticiones escritas y de interposición de recursos; y el  caso   omiso  que  hicieron  frente  a  las  irregularidades  existentes  en  el  proceso.   

Argumenta que su representado “…careció  completamente  de una defensa técnica, adecuada y eficaz…”, vicio  que  impone  la  anulación de esta actuación a partir de la indagatoria mediante la  cual  fue  vinculado  a  esta actuación, y que debe incluir las providencias en  que  se  le  resolvió  la situación jurídica y calificó el mérito sumarial,  las   dictadas  durante  el  juicio  para  impulsarlo,  así  como  las  pruebas  practicadas  sin  contar  con  el defensor técnico en detrimento del derecho de  contradicción.   

Considera, además, el libelista que no hubo  investigación  integral  pues  no  se  buscó  establecer  el estado mental del  procesado  al  momento  de  rendir  las versiones que sirvieron de sustento a la  sentencia condenatoria.   

Para  evitar  que  su  demanda  de sanción  procesal  sea  despachada  negativamente  con  el  argumento de la existencia de  otros  elementos  probatorios  “claros”,  alude a la necesidad de rehacer la  actuación  contando  con  un  defensor  eficaz,  única forma de restablecer el  equilibrio  entre los sujetos procesales y de recaudar pruebas que develen   la realidad.   

Pide paralelamente a la nulidad la libertad  provisional  de  su  representado  en  caso  de  que  no se opte por la libertad  inmediata  e  incondicional  ante  la  inexistencia  de  la  indagatoria y de la  resolución de situación jurídica.   

    

1. Segundo ataque:     

Lo formula al amparo de la causal primera de  casación   consagrada   en  el  artículo  207,  numeral  1°  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  por  cuanto el sentenciador de segundo grado incurrió en  violación   indirecta   de  la  ley  (artículos  232  y  7°  del  Código  de  Procedimiento  Penal; 29 y 30 de la ley 40 de 1993; y 28 y 31 del Código Penal)  por  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad,  en  relación  con la  confesión   vertida   por   FRANCISCO   ENRIQUE   VILLALBA  HERNÁNDEZ  sin  el  cumplimiento de requisitos legales.   

Atribuye  a  los  juzgadores  de  primera y  segunda  instancia  tergiversación  de dicha prueba por haberle dado un alcance  del  que  carece  y  una  “significación”  ajena  al  conjunto probatorio y  desconocedora  de  los  criterios de la sana crítica (artículos 233, 238, 280,  281 y 282 del Código de Procedimiento Penal).   

Más  adelante define la certeza y a la vez  que  plantea  su  inexistencia  propone  se  de  aplicación  al  principio  del  in  dubio  pro  reo y a la  presunción de inocencia.   

Al final pide se case la sentencia impugnada  y, en su lugar, se absuelva a su procurado.   

CONSIDERACIONES    DE   LA   CORTE:   

1.          El  recurso extraordinario de casación  no  constituye  sede  adicional  para  continuar  el debate probatorio sobre los  hechos  investigados  y  la responsabilidad del procesado el cual se cumplió en  las  instancias  y  concluyó  con  el fallo de segundo grado, por el contrario,  exige  para  la  admisión de la demanda que el sujeto procesal recurrente tenga  presente  las  exigencias formales previstas en  el artículo 212 de la Ley  600  de  2000,  en  el  propósito  de demostrar a través de un juicio técnico  jurídico  que la declaración de justicia allí contenida, la cual llega a esta  sede  amparada  de  la  dual presunción de acierto y legalidad, se sustentó en  errores  de  hecho  o  de  derecho ostensibles y relevantes o se profirió en un  juicio  viciado  de  nulidad,  ocurrencias  una  y otra que reclaman para sí el  necesario correctivo.   

2.          A partir del anterior marco conceptual,  lo  primero  que se advierte es que en la demanda presentada por el libelista se  acierta  en la identificación de los sujetos procesales, la sentencia objeto de  impugnación,  la  síntesis de los hechos materia del juicio y el resumen de la  actuación  procesal, pero no acontece igual con los restantes requisitos porque  si  bien  invoca  las causales tercera y primera, al fundamentarlas abandona los  presupuestos   de  precisión,  claridad  y  trascendencia  requeridos  para  la  demostración de las censuras. En efecto:   

     

1. En     relación    con    el    primer  cargo:     

La   jurisprudencia   de  la  Sala  tiene  establecido  que  la  proposición  de  nulidades  en sede de casación no puede  soslayar   el   cumplimiento   de  los  requisitos  que  orientan  no  sólo  la  impugnación  extraordinaria  sino  el instituto mismo, de modo que en relación  con  la  causal tercera el casacionista no está relevado de su observancia como  quiera  que  este  recurso no es en modo alguno de libre postulación ni permite  una   amplitud   como   para  que  la  Sala  entre  a  suplir  las  deficiencias  argumentativas o a corregir los desatinos del libelo.   

Propone   el   demandante  que  el  fallo  condenatorio  de  segundo  grado  se  dictó  dentro  del  un proceso viciado de  nulidad  por  conculcación  del  derecho  de  defensa técnica por cuanto en la  mayoría  de  las  pruebas practicadas no intervino el defensor a pesar de haber  sido  nombrado  oficiosamente uno a partir de la primera indagatoria y porque el  profesional  que  lo  reemplazó  asumió el cargo tardíamente y en respuesta a  petición  de designación elevada por la Fiscalía a la Defensoría del Pueblo,  ausencia  esta que privó al acusado del ejercicio del derecho de contradicción  a través de su representante judicial.   

Pero ocurre que dicho reparo le imponía al  demandante  concretar  las pruebas y señalar razonablemente el conocimiento que  a  través  de su contradicción se hubiese podido aportar al juez, así como la  incidencia  favorable  en la situación jurídica del procesado, única forma de  establecer  el  grado  de  lesividad  de  dicha  omisión y la procedencia de la  casación2.   

El   simple   extrañamiento   de  prueba  psiquiátrica  para  establecer  el  estado mental de FRANCISCO ENRIQUE VILLALBA  HERNÁNDEZ  en  el  curso  de las indagatorias por él rendidas, es insuficiente  para  discutir  el  cargo mencionado, como quiera el demandante omitió explicar  razonadamente  la  procedencia de dicho medio de convicción según exigencia de  la      normatividad      procesal      vigente3.   

Estima  también el libelista que configura  violación  del  mencionado  derecho fundamental, el hecho de que los defensores  nombrados  oficiosamente  a  FRANCISCO  ENRIQUE  VILLALBA HERNÁNDEZ no hubieran  ejercido  el  derecho  de  postulación  a  través  de  memoriales  ni hubieran  recurrido  ninguna providencia, vacío este que planteado en forma tan genérica  no  suministra  ningún  elemento  de  juicio que permita examinar si la postura  defensiva   echada   de  menos  condujo  a  la  vulneración  de  la  mencionada  garantía4.   

La  ineficacia  de  la defensa técnica que  atribuye  el  censor  a  la  indiferencia  asumida  frente a las irregularidades  violatorias   del   debido   proceso   -sin    precisión   alguna-,  revela  el  reducido  dominio de la técnica casacional, pues de  considerar  que  dentro  de  este  proceso  se  presentaron  no  sólo vicios de  garantía  sino  también  de  estructura,  le  correspondía al censor formular  cargos  separados  por  cuanto  las  conclusiones serían diferentes, tal y como  indica     el     principio     de     autonomía    regulador    del    recurso  extraordinario5.   

El  ataque  enunciado por el incumplimiento  del  deber  de  investigación  integral  en cuanto no se decretó prueba alguna  dirigida   a   establecer   el  estado  mental  de  FRANCISCO  ENRIQUE  VILLALBA  HERNÁNDEZ,  también  fue  indebidamente  sustentado, pues desconoció el actor  las   pautas   establecidas   al   respecto   en   la   jurisprudencia  de  esta  Sala:   

“De  igual forma, en la demanda y bajo el  mismo  cargo, se alega la vulneración del principio de investigación integral;  sin  embargo,  no  se encuentra en el trayecto del alegato su justificación, ya  que  no  es  suficiente  con  indicar  someramente  cuáles fueron los medios de  convicción      que      se      dejaron      de     practicar     –lo  cual,  dicho  sea  de  paso,  no  especificó  la libelista-, ni cuál su fuente, sino que es deber del recurrente  precisar  su  pertinencia, conducencia, utilidad, eficacia y trascendencia, todo  lo  cual  surge  de  la confrontación lógica con el restante acervo probatorio  que  sustentó  la  sentencia,  de  tal  modo  que  se  evidencie que de haberse  practicado,  su  sentido habría sido, de uno u otro modo, favorable al acusado,  hasta  el  punto  de  hacerse  indispensable  derribar  lo  actuado para que las  pruebas   omitidas   puedan   ser   practicadas.”6   

     

1. Respecto  de   la   segunda   tacha     

La  violación  indirecta  de  las  normas  sustanciales  e  instrumentales invocadas por el recurrente, la deriva del error  de  hecho por falso juicio de identidad en que incurrieron los sentenciadores al  valorar  la  confesión vertida por FRANCISCO ENRIQUE VILLALBA HERNÁNDEZ sin el  cumplimiento  de  las  exigencias  legales,  motivo éste que no podía sostener  dentro  de  este  cargo  sino  que  le  correspondía  proponerlo  dentro  de la  perspectiva  de  un  error  de derecho por falso juicio de legalidad relacionado  con  el  proceso  de  formación  de dicho elemento de prueba, es decir, con las  normas    que   regulan   la   manera   legítima   de   practicarla7,  de  cuya  invocación en ningún momento se ocupó.   

Al  haber  encaminado el actor el reproche  por  el  error de hecho por falso juicio de identidad estaba obligado a tener en  cuenta  los  parámetros  fijados  por  la Corte para su fundamentación, en los  siguientes términos:   

“El    casacionista   debe   indicar  expresamente  qué  en  concreto dice el medio probatorio, qué exactamente dijo  de  él  el  juzgador, cómo se le tergiversó, cercenó o adicionó haciéndole  producir  efectos  que  objetivamente  no  se  establecen  de  él,  y  lo  más  importante,  la  repercusión  definitiva  del  desacierto en la declaración de  justicia   contenida   en   la   parte   resolutiva   del  fallo.”8   

Luego  al  observarse  que  el  actor  al  sostener   el   señalado  reproche  se  limitó  a  decir  que  los  juzgadores  tergiversaron  la  confesión  de FRANCISCO ENRIQUE VILLALBA HERNÁNDEZ al darle  un  alcance  del  que  carece  y  una  “significación”  ajena  al  conjunto  probatorio  y desconocedora de los criterios de la sana crítica, demuestra otra  falencia de técnica casacional.   

A  similar conclusión conduce la alusión  genérica  del  libelista  a  la  inexistencia  de  certeza  sobre la autoría y  responsabilidad  del procesado y al correlativo desconocimiento por parte de los  juzgadores   del   principio   del   in   dubio  pro  reo  que  ha  debido  abordar  siguiendo  las  pautas  fijadas por la Sala:   

“Frente   a   este   planteamiento  el  recurrente  olvidó  que  cuando  la  pretensión  del casacionista se dirija al  reconocimiento  del  in  dubio  pro reo, la  jurisprudencia  de  la  Sala  tiene  entendido  que dos son las  alternativas  con  que cuenta para su reclamo en esta sede: Una, acudiendo a los  postulados  de la violación directa cuando el fallador admite en la motivación  de  la  sentencia  su  ocurrencia  pero no la reconoce en la parte resolutiva; y  otra,  bajo  los  lineamientos  de la violación indirecta en el evento  en  que  la  sentencia  no  la  admite  pero  el  demandante demuestra a la Corte su  existencia    por   haber   incurrido   aquél   en   errores   de   derecho   o  hecho.”9   

3.          La  imposibilidad que tiene la Corte de  suplir  las  deficiencias  y corregir las imprecisiones de la demanda, impone su  inadmisión,  de  conformidad  con lo dispuesto por los artículos 212 y 213 del  Código  de  Procedimiento  Penal, y, además, porque no encuentra violación de  garantías  fundamentales  que  deban  ser  protegidas  oficiosamente,  lo  cual  conlleva   la  consecuencia  procesal  de  declarar  desierta  la  impugnación,  mediante  decisión  que adquiere ejecutoria en la fecha en que es suscrita y no  admite ningún recurso.   

A mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

R E S U E L V E :  

1.          INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  en  defensa  del procesado FRANCISCO ENRIQUE  VILLALBA  HERNÁNDEZ  y,  en  consecuencia,  declarar  desierto  el  recurso  de  casación interpuesto.   

2.          ADVERTIR  que  contra esta providencia no procede ningún recurso.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase al  Tribunal de origen.   

CÚMPLASE.  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                   ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

ÉDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                             ÁLVARO  O. PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                               JORGE   L.  QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                                                                                      JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria.   

    

1  C.  N° 2, fols. 467-471 y C. N° 3, fols. 718-722.   

2 CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Auto  del 23 de febrero de 2005, rad. N° 23.166.   

3  CORTE    SUPREMA    DE    JUSTICIA,    Sent.  del 28 de julio de 2004, rad. N°  15.670;  y  Auto del 31 de  agosto de 2005, rad. N° 22.741.   

4 CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, Sent.  del 21 de julio de 2004, rad. N°19.716.   

5 CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA.  Auto  del 28 de agosto de 2005, rad. N° 22.640.   

6 CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Auto  del 23 de febrero de 2005, rad. N° 23.166.   

7 CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Auto  del 11 de mayo de 2005, rad. N° 22.226.   

8 CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, Sent.  del 26 junio de 2002, rad. N°. 11.451.   

9  CORTE    SUPREMA    DE    JUSTICIA,    Auto. del 17 de agosto de 2005, rad. No.  23.324.     

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