24238(07-03-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24238  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

Acta número 20  

Bogotá  D.C.,  siete  de  marzo  de  dos mil  seis.   

Decide la Corte lo pertinente con relación a  la  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  propuesta por la defensora de  Adolfo        José       Bohórquez, en contra de la  sentencia  del  10  de  mayo  de  2005  proferida  por  el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial de Medellín, mediante la cual revocó la del Juzgado primero  penal  del  circuito  de la misma ciudad, para en su lugar condenar al procesado  como autor del delito de concusión.   

HECHOS  

Así  pueden  narrarse según lo expresado en  las instancias:   

En  los  días anteriores a la semana santa  del  año  2002,  un  agente  de  la  policía  llegó  hasta el establecimiento  comercial  Los  Amigos  de  la  ciudad  de Medellín, con el fin de advertirle a  Ramón  Eduardo López López que solo mediante el pago de 30 millones de pesos,  la  policía  dejaría  de investigar su supuesta participación en el homicidio  de José Antonio Gaviria Trujillo.   

Como  consecuencia de las presiones, López  López  convino  en  pagar  una  parte de ese dinero y efectivamente entregó la  suma  de  12  millones por intermedio de su amigo Carlos Augusto Múnera  –  fallecido  violentamente  días después -. No obstante, antes de pagar el saldo  restante,  cobró valor para por intermedio de su hermana dar a conocer al Mayor  Luis  Francisco  Mariño  Florez,  que  un agente de la institución de apellido  Bohórquez  y  que  trabaja  en  la  estación  de Laureles de la ciudad, venía  exigiéndole  una  fuerte  suma de dinero a cambio de un silencio por el cual no  tenía porque pagar dinero alguno.   

El  oficial  logró  establecer  que  en la  estación  de  policía  mencionada  trabajaban  solo  dos  agentes  de apellido  Bohórquez:  el  uno  de  tez blanca y el otro de tez morena, razón por lo cual  fue     fácil     saber     que    Adolfo    José  Bohórquez, el agente de tez blanca, era quien venía  haciendo las ilegales exigencias.   

         

ACTUACION PROCESAL  

          Con  base  en el informe suscrito el 18 de mayo de 2002 por el Mayor  de  la  Policía  Luis Francisco Mariño Flórez, el Juzgado 155 de Instrucción  Penal  Militar abrió investigación previa el 22 de agosto de 2002 (fs.,  4).  Sin  embargo, el 10 de mayo de  2003,  luego  de escuchar en declaración al oficial mencionado, decidió enviar  lo  actuado  por  competencia  a la Fiscalía General de la Nación (fs., 16).   

          La  Fiscalía 111 seccional asumió el trámite de la investigación  y  el  12  de  marzo  del  mismo  año  abrió investigación previa  (fs.,  23),  luego  de lo cual, el 21 de  octubre  siguiente,  abrió  investigación  penal,  ordenando  la  vinculación  mediante       diligencia       de       indagatoria       de       Adolfo             José             Bohórquez  (fs.,  87).   

         

          El  20  de  febrero de 2004 escuchó en diligencia de indagatoria al  procesado  (fs., 140), a quien  el   3   de  marzo  siguiente,  la  fiscalía  seccional  le  impuso  medida  de  aseguramiento    de   detención   preventiva   (fs.,  165),  que  la  delegada  ante  el  Tribunal confirmó  mediante   decisión   del   28   de   abril   del   mismo   año   (fs., 234).   

          El   1   de   junio  de  2004,  la  fiscalía  seccional  cerró  la  investigación  (fs.,  365),  que  calificó  acusando  al  sindicado  por la probable comisión del delito de  concusión   (fs.,   417),  mediante  decisión  que  fue  confirmada  el  18 de agosto de 2004 (fs., 431).   

          Rituada  la  fase  del juicio, el Juzgado primero penal del circuito  de  Medellín,  en sentencia del 13 de diciembre de 2004, absolvió al sindicado  de  los  cargos  que  le  fueron formulados (fs., 524 a  552).   

          Apelada  la  decisión  por  la  fiscalía,  el Tribunal Superior de  Medellín  la  revocó  mediante  la  suya del 10 de mayo de 2004, y en su lugar  condenó  al  procesado  como autor del delito de concusión a la pena principal  de  72  meses  de  prisión,  multa por valor equivalente a 50 salarios mínimos  legales  e  inhabilitación para el ejercicio de funciones públicas por 5 años  (fs., 608).   

          La  defensa  interpuso  contra  ella  el  recurso  extraordinario de  casación.   

         

DEMANDA DE CASACION  

          Luego  de indicar los hechos, la actuación procesal adelantada y de  identificar  la  sentencia que recurre, la demandante postula un cargo contra la  sentencia  de  segunda  instancia,  a  la  cual  tilda  de  ilegal por infringir  indirectamente  el artículo 7 de la ley 600 de 2000, como consecuencia de haber  incurrido  el  juzgador  en  un  error  de  hecho  por falso juicio de identidad  (numeral  1  del  artículo  207  de  la  ley  600  de  2000).   

          Considera  la  demandante  necesario  aclarar, antes de sustentar el  cargo,  que  no  discutirá  los  hechos,  si  por tales se entiende la efectiva  realización  de  la conducta, es decir, que efectivamente Ramón Eduardo López  López  fue obligado a entregar una cuantiosa suma de dinero a un funcionario de  policía.   

          Lo  que discute es la autoría del comportamiento, pues en el sentir  de    la    demandante,    no    fue   Adolfo   José  Bohórquez   quien  lo  ejecutó,  sino  una  persona  diferente,  como  en  su  momento  lo  entendió el Juez de instancia, mas no el  Tribunal,  que se dedicó a demostrar solo la ocurrencia de la conducta punible,  algo que, reitera, no está en discusión.   

          Ya  en  materia,  aduce que la investigación se inició con base en  el  informe  suscrito por el Mayor Luis Francisco Mariño Flórez, en el cual le  indicó  a  su  superior jerárquico que la jefe de Prensa de la institución le  había  hecho  conocer  que  su  hermano  venía  siendo  víctima de exigencias  económicas    por    parte    de    un   oficial   de   apellido   Bohórquez,  a  cambio de no continuar una  investigación   por   un  homicidio  en  el  cual  se  hallaría  comprometido.   

          Destaca,  a  continuación,  que  el  Tribunal no tuvo en cuenta las  contradicciones  entre  el  informe  del  oficial  Mariño, su declaración y el  testimonio  rendido por la hermana de la víctima, y menos la animadversión del  Mayor    Mariño   hacia   José   Adolfo     Bohórquez     Puentes,  como  si  lo  hizo  el juez de instancia a partir de las fundadas  explicaciones  que  el  procesado  brindó  en  ese  sentido en la diligencia de  audiencia pública.   

          Además,  dice,  el  Tribunal  no  paró  en  mientes para otorgarle  crédito  a  la  diligencia  de  reconocimiento en fila de personas, sin ninguna  glosa,  pese  a  que la defensa dejó constancia de la inseguridad del testigo y  de    algunas    irregularidades    surgidas    en    el    transcurso   de   su  práctica.   

          En  últimas,  dice, con base en los testimonios de Mariño Flórez,  Sánchez   Martínez,  Andrés  Felipe Giraldo, Paula Andrea Arbeláez y de  Eliana  López  López,  el  Tribunal  se limitó a analizar la ejecución de la  conducta,  mas  no la autoría, la dedujo de la diligencia de reconocimiento, en  la que López y Giraldo identificaron al procesado.   

          Siendo  a  su  juicio  importante la demostración de la autoría, a  ella  solo  se  podía llegar tergiversando lo medios de prueba. En ese sentido,  en  el  informe  suscrito por el mayor Mariño Flórez, se dijo que luego de que  Eliana  López  conoció la situación que vivía su hermano, se estableció que  únicamente       dos       policías       de       apellido       Bohórquez  trabajaban  al  servicio de la  policía,  de los cuales uno era de raza morena y otro de tez blanca, razón por  la  cual la señorita López pudo reconocerlo sin dificultad, pero nunca se dijo  de  dónde  Eliana  López obtuvo esa información y por qué lo identificó sin  conocerlo.                 

         

          Mas  aún,  en  el  proceso  se  recepcionaron las declaraciones del  oficial  Mariño  Florez  y  Eliana  López, limitándose la testigo a negar que  supiera  de  cualquier  información acerca de exigencias económicas de las que  fuera  víctima  su  hermano,  con  lo  cual las afirmaciones de Mariño Flórez  quedan  en  entredicho,  como  con acierto lo concluyó en su momento el Juez de  instancia.   

          Sostiene,  además,  que  Mariño  Flórez  declaró  el  día 23 de  febrero  de  2003,  diciendo  que  el  18  de  mayo  de 2002 elaboró el informe  relacionado   con   la  posible  actividad  delictiva  del  agente  Bohórquez, lo cual no puede ser cierto en  tanto  López  López  ya  había  hecho  entrega del primer dinero antes de esa  fecha,  como  se  prueba  con la declaración del Mayor de la Policía Luis Omar  Sánchez  Martínez,  quien conoció mucho antes que Mariño de los hechos, pero  sin    que    así    mismo    se   le   hiciera   mención   al   apellido   de  Bohórquez.   

         

Así   mismo,   en   su  criterio  resulta  contradictorio  que  Ramón  López  dijera  el  13  de mayo de 2003 que no pudo  reconocer  al  agente  que  lo  concusionaba,  cuando  le  fueron  indicadas  la  fotografías  de  los  posibles implicados y que el Mayor Mariño afirmara mucho  antes  que  ya sabía de quien se trataba, todo lo cual por supuesto el Tribunal  no tuvo en cuenta.   

          En  síntesis,  el  Tribunal no fue objetivo y consideró suficiente  el  señalamiento que Ramón López y Giraldo Duque hicieron del sindicado en la  diligencia  de  reconocimiento  en  fila de personas, que la demandante también  censura  porque  a su juicio no se interpretó tal actividad como una extensión  del testimonio de los iniciales declarantes.   

          Concluye,  entonces,  que  de  haberse  interpretado la prueba en su  conjunto,   se   habría   llegado   a  la  conclusión  de  que  no  se  probó  suficientemente la responsabilidad del procesado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          La demanda se inadmitirá por las siguientes razones:   

Primero: El recurso  de  casación,  como  medio  de  impugnación  extraordinario,  está sometido a  puntuales  exigencias  que  no  se pueden soslayar, tales como la de abordar los  cargos  en  forma  precisa,  clara  y  coherente  en  el  contexto  de la causal  seleccionada,  con  el  fin  de conducir a la Corte como Tribunal de casación a  estudiar la demanda dentro del marco del principio de limitación.   

          En  ese  orden  de  ideas,  en  la  demanda  se  ofrece claro que la  recurrente  denuncia  la  infracción  indirecta  de la ley como consecuencia de  posibles  errores  de hecho originados en falsos juicio de identidad al apreciar  los  diversos medios de prueba (numeral 1 del artículo  207  de la ley 600 de 2000). En otros términos, lo que  allí  se  afirma  es que el Tribunal dio por probados supuestos de hecho que no  se  encuentran  demostrados,  incurriendo en la indebida adjudicación de normas  de  derecho  sustancial y en la falta de aplicación del artículo 7 del código  de la ley 600 de 2000.   

          Segundo:   Tratándose   de   un   error  esencialmente  fáctico,  como  lo es el falso juicio de identidad, es imperioso  que  el  demandante identifique la prueba sobre la cual recae el error y precise  en  qué  consistió la tergiversación, confrontando con tal fin lo que dice en  concreto  el  medio  de  prueba  erróneamente  apreciado  con  la  aprehensión  material  que  de  él  hizo el juzgador, cuidando de acreditar la trascendencia  del  yerro  en  la  construcción de la decisión impugnada, para cuyo efecto se  impone  realizar  una  nueva  valoración  de  la  prueba  en  sistemática y en  conjunto  en  orden  a  destacar  cómo  de  no  haberse presentado el yerro, la  solución     habría     sido     diversa.     1   

          No  obstante  que  la  mención a la modalidad de error anunciada es  clara,  la  recurrente  no propone justamente un desacierto que se ubique en ese  modelo,  sino en el mas amplio del error de raciocinio, pues insiste en destacar  las  contradicciones  entre  los  testigos,  las  cuales  a  su  juicio  son tan  evidentes  que  la  única manera de solventarlas es mediante la aplicación del  principio  del  in  dubio  pro  reo,  el  cual efectivamente se puede demostrar,  cuando es del caso, por la vía de la infracción indirecta.   

          Empero,  aun  superando  la  indebida  alusión  al  falso juicio de  identidad,  no  es  suficiente  con destacar las contradicciones que se pudiesen  encontrar  entre  los  testigos, y entre éstos y las pruebas documentales, pues  en  sede  extraordinaria  se requiere demostrar cómo a partir de ese momento se  da  inicio a la infracción de las reglas de la lógica, las leyes de la ciencia  o las máximas de la experiencia.   

         En  este  orden de ideas, aceptando que el error de raciocinio es un  problema  esencialmente  argumentativo, el casacionista debe demostrar que a él  se  llega  mediante  la  transgresión  de  las reglas de la sana crítica en la  apreciación  de  las pruebas por el desconocimiento de sus principios, máximas  o  postulados,  toda  vez  que  en  esta  sede  no  es  objeto  de discusión la  disparidad  de  criterios  entre  el  fallador  y el impugnante acerca del   valor probatorio que merece un determinado medio de convicción.   

         En   otros   términos,  cuando  de  asuntos  de  argumentación  se  trata,  “es  menester que (el demandante) demuestre  el  absurdo  de  los razonamientos probatorios del fallador, sin perder de vista  que  lo  que  interesa no es construir otra explicación de los hechos, a partir  de  la  prueba  que  el  demandante  examina  en  perspectiva diferente a la del  juzgador,  sino  demostrar  que  definitivamente en el fallo cuestionado no hubo  ese  despliegue elemental de la lógica, la ciencia o la experiencia común, que  es  lo  que  se  denomina  sana  crítica  o  persuasión  racional (providencia  del  22 de junio de 2005, M.P. Sigifredo espinosa Pérez)   

         Tercero:  Además de que la estructura del  cargo  no  cumple  las  exigencias  de  fundamentación a las cuales se ha hecho  referencia,  la  demandante  no deja en claro, como algunos de los apartes de la  demanda  lo  dan  a entender, si el tema de su exposición gira en derredor solo  de  esos  supuestos,  porque  tangencialmente  además se ocupa de cuestionar la  legalidad  de  la  diligencia de reconocimiento en fila de personas, lo cual, si  tal  era  el  caso,  conduce a la infracción de las reglas de producción de la  prueba  y  consecuencialmente  a  un  falso  juicio de legalidad por estimar una  prueba ilegal que llevaría a la exclusión de la misma.   

          Mas  nada  dijo  la  demandante  sobre  esos aspectos y solamente se  limitó  a  hacer  referencias  de tipo general (que se  dejaron  constancias  sobre  la inseguridad del testigo y otras irregularidades,  afirma),  pero  sin destacar su vocación para afectar  la legalidad de la prueba.   

          Cuarto:    Como   consecuencia   de   la  imprecisión  de  los cargos, la demanda se inadmitirá, sin que haya lugar a la  intervención  oficiosa de la Corte al no observar ilegalidades sustanciales que  deban enmendarse oficiosamente.   

Decisión   

          Por   lo   expuesto,  La Sala de Casación penal de  la    Corte    Suprema    de    Justicia,   

Resuelve   

          Inadmitir   la   demanda   de   casación  presentada     a     nombre    de    Adolfo    José  Bohórquez.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

  NOTIFIQUESE    y  CUMPLASE   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ              ALFREDO    GOMEZ  QUINTERO         

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO             ALVARO  O  PEREZ  PINZON                

MARINA        PULIDO        DE  BARON                  JORGE              QUINTERO  MILANES              

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS               JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

      

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