24237(26-01-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 24237  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta N° 005.  

Bogotá,  D.  C., enero veintiséis (26) de  dos mil seis (2006).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la impugnación  interpuesta  por  el defensor del procesado LUIS MARIO  GAITÁN  MUÑOZ, contra la sentencia de fecha julio 13  de  2005, por cuyo medio el Tribunal Superior de Pamplona lo declaró penalmente  responsable  en calidad de autor del delito de concusión en concurso homogéneo  (causas  acumuladas 833, 834 y 835) y le cesó procedimiento por el mismo delito  por  haber  operado  el fenómeno de la prescripción de la acción penal (causa  830).    

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Las  tres  causas  acumuladas que subsisten  para  este  momento  procesal  dan  cuenta de las exigencias de dinero por parte  de    LUIS    MARIO    GAITÁN   MUÑOZ,   cuando   se  desempañaba  como  Juez  Promiscuo  Municipal  de  Paratebueno  (Cund.),  durante  los períodos comprendidos entre el 1° al 22 de  diciembre  de  1996  y  entre  el  11  de  enero  al 14 de abril de 1997,    a    los   usuarios   de   la  administración  de  justicia Manuel Rodríguez Sierra  y Pablo García,  involucrados  en  un  proceso  penal  por  el delito de lesiones  personales  culposas  con  el  objeto de garantizar la entrega de un vehículo y  para   la  práctica  de  un  dictamen  pericial  (causa  833),  a  Guillermo     Bueno,     Gabriel    Peralta    y   Carmen  Julio  Niño  a  fin de cancelar  honorarios  a un abogado para llevar a cabo la practica de una prueba anticipada  (causa  834) y a Nelsy Marleny Bueno      para    impulsar    un    proceso    de    sucesión    (causa  835).                 

La instrucción de cada una de las presuntas  ilicitudes  se  surtió  por separado, concluyendo con resolución de acusación  en contra del mencionado, de la siguiente manera:   

El 3 de agosto de 1999, la Fiscalía Primera  Delegada  ante  el  Tribunal  de  Villavicencio,  por el delito de concusión en  concurso  homogéneo y sucesivo, con fundamento en las exigencias en dinero y en  especie   efectuadas   por   el  procesado  a  Manuel  Rodríguez  Sierra  y Pablo  García.  Contra esta decisión, interpuso recurso de  apelación  el  acusado,  pero  fue  declarado  desierto  el  22  de  septiembre  siguiente  por la Unidad de Fiscales Delegados ante la Corte Suprema de Justicia  (causa 833).      

El  13 de enero de 2000, la referida Unidad  de  Fiscales Delegados ante esta Corporación, confirmó la proferida en primera  instancia  contra  el  sindicado  el  6  de  diciembre de 1999, por el delito de  concusión  en  relación  con la exigencia de dineros por parte del procesado a  Guillermo     Bueno,  Gabriel    Peralta    y  Carmen  Julio  Niño con el  fin  de  cancelar  honorarios a un abogado para llevar a cabo la practica de una  prueba anticipada (causa 834).   

Y, el 16 de febrero de 2000, la misma Unidad  de  Fiscales  Delegados  ante esta Sala, confirmó la misma determinación   adoptada  en  primera  instancia contra el sindicado el 20 de diciembre de 1999,  también  por el delito de concusión en lo que tuvo que ver con la exigencia de  una    suma    de   dinero   del   procesado   a   la   ciudadana   Marleny  Bueno  Jiménez,  a  cambio  de  prestarle  ayuda  en  un  proceso  de  sucesión  (causa 835).        

La fase del juicio correspondió adelantarla  inicialmente  al  Tribunal Superior de Villavicencio, corporación que agotó el  trámite  legal  pertinente  y  tras  decretar  la  acumulación de las diversas  causas  remitió  la  actuación  por  descongestión  al  Tribunal  Superior de  Pamplona,  el  cual  profirió  fallo  el  13  de  julio  de 2005 por cuyo medio  condenó    al    acusado    LUIS   MARIO   GAITÁN  MUÑOZ  como  autor penalmente responsable del delito  de  concusión  en  concurso  homogéneo  (causas  833,  834 y 835), a las penas  principales  de  ocho  (8)  años  de  prisión,  multa  de  cien (100) salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  interdicción de derechos y funciones  públicas  por  un  período  igual  al  de la pena privativa de la libertad, al  tiempo  que decretó la cesación de procedimiento en su favor por prescripción  de   la  acción  penal  por  los  hechos  a  que  se  circunscribía  la  causa  830.     

Contra  el fallo referido, se interpuso por  el  defensor  del procesado el recurso de apelación que concita en este momento  la atención de la Sala.   

LA  IMPUGNACIÓN   

         En  el  escrito  por  medio  del  cual  se fundamenta el recurso de  apelación  interpuesto  contra  el  fallo  condenatorio, el defensor expone los  argumentos  de  forma  independiente en relación con cada una de las causas que  subsisten  en  contra del procesado LUIS MARIO GAITÁN  MUÑOZ       (causas       833,       834      y  835).           

Por tanto, y con el objeto de no incurrir en  repeticiones   innecesarias,   los  argumentos  del  apelante  se  expondrán  y  responderán en la parte motiva de esta decisión.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         Previo  a  exponer  los  argumentos del impugnante y de precisar el  criterio  de  la Sala en relación con ellos, impera señalar que de conformidad  con  la  preceptiva  del  artículo  204  de la Ley 600 de 2000, que regula este  trámite,  la  competencia para decidir el presente recurso se concretará a los  asuntos  objeto  de  impugnación  y  a  aquellos que resulten inescindiblemente  vinculados a éstos.   

         1. Causa No. 833:   

          Para  el  recurrente,  en  lo que atañe a la responsabilidad de su  prohijado  por  los hechos que se derivan de esta causa, el juzgador simplemente  “toma  literalmente las acusaciones pero en ningún  momento        se       analizan”.        

         Llega  a  tal conclusión tras revisar la declaración que rindiera  Manuel Rodríguez Sierra el  5  de  diciembre  de 1997, toda vez que allí el declarante se limitó a afirmar  que                      el                     procesado                     le  exigió               $  100.000,oo  para  el  pago de un peritaje a los vehículos accidentados y que  ese  dinero  se  lo  prestó  Darío Chica,   pero   sin   informar   en   dónde   y  cuándo  procedió  su  entrega.   

         De   otra   parte,  señala  que  Darío  Chica corroboró lo anterior y que al interrogársele  sobre  quiénes  estaban  presentes  cuando  se  efectuó la entrega del dinero,  adujo  que  “en el despacho se encontraba el doctor  GAITÁN  quien recibió el dinero, su secretaría, el Doctor POSIDIO HERNÁNDEZ,  el   conductor   de   la   buseta   MANUEL   RODRÍGUEZ   y  mi  persona  DARÍO  CHICA”.   

         A  su  juicio,  la anterior afirmación resulta absurda, pues no se  concibe  que  el  juez  hubiera  hecho  exigencias de dinero en presencia de tal  cantidad     de     personas,    menos    aun    cuando    no    son    de    su  confianza.         

         En  su  criterio,  lo  dicho  por  Blanca  Nieves  Achury  de Cárdenas y el abogado Posidio    Hernández    ratifican   su  planteamiento,  pues  ellos  en  ninguna  parte  confirman haber presenciado ese  acto;   en  especial  la  primera, pues siempre estuvo atenta y solícita a  informar  las  actuaciones  de su defendido, pero también el segundo, ya que no  sólo   negó   enfáticamente   haberlo  presenciado  sino   que,  por  el  contrario,  adujo  que  cuando  Rodríguez  y Chica  le  dijeron que habían entregado  un  dinero  al  funcionario,  les  insistió  que  si  tal situación era cierta  ameritaba  formular  denuncia  por cuanto tal comportamiento era prohibido en el  proceso  penal  que  se  rige  por  el  principio de gratuidad, sin que nunca se  presentara,   argumentándole   los   mencionados   que   eso   no   valía   la  pena.       

En  cuanto a la sindicación consistente en  que   el   mismo   Rodríguez   Sierra  tuvo  que  darle al procesado $ 200.000,oo para que le entregara la  buseta  involucrada  en  el  accidente de tránsito, indica el impugnante que al  revisar  la  declaración  de esa persona, la cual obra de los folios 274 al 279  del  cuaderno  original  de  la  causa  830,  por  ninguna parte se refiere a la  entrega  de  esa  suma  de dinero, pues “únicamente  insiste  en  los  $  100.000,oo”, cuya existencia se  encuentra   desvirtuada   por  la  secretaria  del  despacho  y  por  el  doctor  Hernández,  quien fungió  en   dicho   trámite   como    abogado   defensor   del   autor   de   esa  afirmación.     

         De  este  modo,  para el impugnante no es admisible que el Tribunal  haya  deducido  certeza  para  radicar  responsabilidad  penal  en  contra de su  defendido  con  fundamento  en  unos  testigos  que niegan haber presenciado los  hechos   e,   incluso,   en  quien  rechaza  las  afirmaciones  de  Rodríguez    Sierra   y   Chica   Castaño,  como  ocurre  con  el  abogado  Hernández.   En  consecuencia,  solicita la revocatoria de la condena por esta causa para que  en su lugar se absuelva a su defendido de los cargos.     

         Los  cuestionamientos  a  la  prueba  que  propone el recurrente no  consultan  con  su  análisis integral y objetivo, el cual, ciertamente, como lo  precisó  el  Tribunal en el fallo impugnado,  permite arribar, en grado de  certeza,  a  la  convicción  plena  sobre  la  responsabilidad  de LUIS   MARIO   GAITÁN   MUÑOZ  en  los  comportamientos      que      se      le      endilgan      en      la     causa  833.         

         Adviértase  que  el  declarante  Manuel  Rodríguez  Sierra,  eleva cargos concretos en contra  del  procesado en el sentido de que en su condición de Juez Promiscuo Municipal  de  Paratebueno,  dentro  del proceso contravencional 039 que se seguía en  su  contra  y  de  Pablo  Elías  García   por  el  ilícito  de  lesiones  personales  culposas,  le  hizo  exigencias  de  dinero  con  el  fin  de  practicar  un dictamen pericial y para  agilizarle  la  entrega  del  vehículo  involucrado  en  esa  actuación.    

En  su  atestación, que tuvo lugar el 5 de  diciembre  de  1997,  sostuvo  el  mencionado,  lo  siguiente:      

         “…me  dijo  el  mismo  doctor  GAITÁN, que arregláramos a las  buenas  y  yo  le  dije que como era eso de arreglar a las buenas, y él me dijo  que  yo  me  echara  la  culpa  del  accidente  y con eso pagaba el seguro de la  buseta,  eso.  Dejo constancia que él pidió la suma de cien mil pesos por  el  peritazgo  de  cada  carro,  es  decir  que  el  peritazgo  del tractor y la  buseta   tenía  que  darle  cien  mil pesos y que después él decía a la  contraparte  para  que  me  diera  a  mi  los cincuenta mil pesos. Y nunca me ha  devuelto  la  plata.   En  una  audiencia que hubo en el juzgado del doctor  GAITAN  yo  le  pedí  que  me  diera un recibo de la plata porque yo tenía que  demostrar  a  mi patrón que le había dado esa plata y nunca me dio el recibo y  una  vez  delante  de  la  contraparte,  esta  también  le reclamó es decir el  muchacho  del  accidente  o  conductor del tractor se paró y le dijo que él ya  había  pagado  y él ahí mismo tergiversó el tema1”.   

En  lo  sucesivo  de  esta  diligencia  el  declarante  no  sólo  fue  reiterativo en confirmar la solicitud de dineros por  parte  del  sindicado,  sino  que, a diferencia de lo que señala el recurrente,  especificó  cómo  y  cuándo  se produjo tanto la exigencia como la entrega de  los   $   100.000,oo,   según   se   extrae   del   siguiente   pasaje   de  su  atestación:   

“PREGUNTADO.  En  que fecha aproximada le  entregó  usted  cien  mil  pesos  al  doctor  GAITÁN  y  qué personas estaban  presentes.   CONTESTO.  En  la  segunda  entrevista  que tuvo con el doctor  GAITAN,  después  de la indagatoria que estuve con el  doctor POSIDIO, fue  cuando  me  solicitó los cien mil pesos, eso a mi a don DARIO CHICA, la suma de  cien  mil  pesos  para  el  peritazgo  y  a  la  tercera  vez  cuando se hizo la  inspección  al  carro  y  al tractor fue cuando le entregué los cien mil pesos  …No  me  acuerdo  quienes estaban presentes.  Me parece que el perito era  un  mecánico  del  pueblo,  ya  que llegó lleno de grasa e inclusive pasó los  daños     mas     del     tractor     que     de    la    buseta”.   

De  este  modo,  el  cuestionamiento  del  impugnante  a  este  medio  de prueba, por no haber supuestamente determinado el  momento  de  la  entrega  del  dinero al procesado, carece totalmente de razón,  pues  otra  cosa  es  lo  que  allí  se  advierte,  de  acuerdo  con  el  texto  transcrito.                                                    

         Ahora,  de  esas acusaciones directas contra el sindicado relativas  a  la  solicitud  de  dineros  para  el  pago  del  dictamen  pericial sobre los  vehículos  se  ratificó el deponente con posterioridad, en su declaración del  28  de octubre de 1998, a pesar del tiempo transcurrido desde la anterior.   Sin  embargo,  en  esta  segunda  declaración,  ante  el  interrogante de si el  procesado  le  había  hecho  otra  exigencia  de  dinero,  el atestante puso en  conocimiento otro hecho similar, en el siguiente sentido:   

         “PREGUNTADO:   Díganos  si  aparte  del  pago  que hizo del  peritazgo,  el  doctor  GAITAN MUÑOZ le hizo a usted alguna exigencia de dinero  en  otra  ocasión  y  en  razón  a la investigación que le adelantaba por las  lesiones  personales? CONTESTO:  El me dijo que si quería que me entregara  el  vehículo  más  rápido  que  le diera otra plata y que él me entregaba el  vehículo  rápido,  porque  el  tenía  un más (sic)  para  entregarme  el  carro.   Yo  le  pegunté  cuánto  más  o menos se necesitaba para que me entregara el carro, y el doctor  GAITÁN  me  dijo  que  por  ahí  cerquita  a  los  doscientos  mil  pesos para  entregármelo  más rápido y entonces yo le respondía que hasta que no hablara  con  don  DARIO no podía decirle.  Le consulté a don DARIO y él dijo que  no  le  entregáramos  plata  y el doctor GAITÁN no volvió a decirme nada, eso  también   se  le  comentó  esa  situación  al  doctor  POSIDIO”.          

         Así  las cosas, se vislumbra que el procesado en dos oportunidades  hizo    exigencias    de    dinero    a   Rodríguez  Sierra;  en  primer  lugar,  para  la  práctica  del  peritaje  y  luego,  para  agilizarle la entrega del vehículo involucrado en el  proceso,  pero  de  conformidad  con  su  dicho  sólo  se le entregó el dinero  solicitado  en  la  primera  ocasión,  porque  el  representante  de la empresa  transportadora,  esto  es,  Darío  Chica,    le    aconsejó    que    no    accediera    a    la   última  petición.   

         Es  de  suma  importancia  lo  anterior  porque permite colegir que  tampoco   es   cierto  el  reclamo  del  recurrente  dirigido  a  cuestionar  la  credibilidad  que  ofrece  esta  prueba con fundamento en que en su declaración  rendida  en  la  causa  830, también contra el procesado, no hizo alusión a la  entrega  de  los  $  200.000,oo  exigidos  por  el sindicado, sino sólo a los $  100.000,oo.   

Fácil se advierte que el cuestionamiento es  infundado,  porque de acuerdo con lo que señala el declarante si bien se llevó  a  cabo la segunda solicitud económica por el sindicado, a ella no se accedió,  por  lo cual no se encuentra ninguna contradicción con lo expuesto por el mismo  ofendido en la otra causa.    

De  todos  modos  es necesario señalar que  este  último  aspecto  no  es  incidente para establecer la estructuración del  delito  por el último supuesto pues, como lo ha sostenido la Sala en múltiples  oportunidades,  el  delito  de  concusión que se imputa al procesado es de mera  conducta  y  no  exige  para  su  configuración la satisfacción de la utilidad  pretendida,  bastando  para  ello  con  el  despliegue  del  acto de inducción,  constreñimiento  o de solicitud del servidor público en abuso de su cargo o de  sus  funciones.   En  ese  sentido  lo ha precisado la Sala reiteradamente,  como  se  indicó  en el aparte de un fallo reciente que bien está traer a  colación:   

“El  delito de concusión, que es de mera  conducta  en tanto basta con que se constriña, induzca o solicite al particular  el  dinero  o cualquier utilidad indebida, quedó consumado en el mismo instante  en  que  a  través  de  la violencia moral, como fue la amenaza de privar de la  libertad  a  las  señoras  (…)  y  con  la sugerencia que su demora sería de  quince  años, las indujo para que tácitamente complacieran en el apoderamiento  por  parte  de la Fiscal de los dólares y los pesos colombianos que hallaron en  su   residencia,   permaneciendo  impávidas  ante  tal  proceder”2.   

         Como  los reparos del impugnante a la prueba objeto de análisis no  ofrecen  ninguna  entidad,  no existen motivos para desconfiar de su dicho, como  en     forma     correcta     lo     precisó     el    Tribunal    a-quo;  por el contrario, el relato  se  muestra  concordante e imparcial, pues no se vislumbran razones para inferir  que  el  testigo falta a la verdad sólo con el objeto de ocasionar un perjuicio  al procesado por alguna circunstancia que no aflora en el proceso.   

         Pero  lo  que  definitivamente  otorga  mayor  credibilidad  a  las  acusaciones    de    Rodríguez   Sierra,  en  sentido  contrario  a  lo  que  afirma  el recurrente, es su  concordancia  con  los  demás  medios  de prueba aportados en esta causa.   Así,  es  el  mismo  coprocesado  en aquella actuación, el señor Pablo  Elías  García  González,  quien  confirma  las  aseveraciones de Rodríguez, al señalar lo siguiente:   

“…el   conductor   de   la   aeroban  (se  refiere  a Rodríguez  Sierra) me dijo que había  tocado  que  darle  cien  mil  pesos  al  perito,  y  que  a mi me correspondía  devolverle  cincuenta  mil pesos a él, pero yo en ningún momento vi que él le  dio  la  plata  a ése señor, ni que la haya pasado al Juzgado o la secretaria,  él  únicamente dijo que  había dado cien mil pesos al perito3”.   

         Los  términos  expuestos  por  este  declarante  coinciden  en  lo  fundamental  con  lo  dicho por Rodríguez  corroborando  su  veracidad,  pues pese a señalar que el ex juez  “a  mi  no  me  dijo deme plata para hacer esto, lo  único  fue  una  fotocopia pero si ya fue el abogado el que me pidió a mi para  las   fotocopias,   yo   no   he  sabido  nada  de  que  el  ahiga  (si)  pedido  alguna cosa”,    sí    ratifica    el    hecho    aludido   por   Rodríguez  de que le requería para que  le  devolviera  los  $  50.000,oo  correspondientes  al  pago  efectuado para la  práctica del peritaje.   

         Está    claro,    entonces,    que   el   ex   juez   GAITÁN   solicitó   de   Rodríguez   Sierra  $  100.000,oo  para  llevar  a  cabo  el dictamen pericial sobre los vehículos y como éste accedió  al  pago total exigido, luego requirió al otro procesado para que le devolviera  $    50.0000,oo;    además,    porque    así   se   lo   sugirió   el   aquí  sindicado.     

         Ahora   bien,  el  dicho  de  Rodríguez  Sierra  en  cuanto  a que tuvo que pagar $ 100.000,oo  para  la práctica del peritaje en cuestión está respaldado con lo dicho el 26  de   diciembre   de   1997   por   el  señor  Darío  Chica, representante de la empresa Sugamuxi a la cual  estaba  afiliado  el  vehículo  involucrado  en el accidente de tránsito, cuya  ocurrencia  dio  lugar al proceso contravencional por lesiones personales que se  tramitó en el despacho del ex juez.   

En  efecto,  el  mencionado  Darío  Chica  confirma  que  la aludida  suma  de  dinero “se canceló en el Juzgado para ser  pagados  al  mecánico  y  que  el  dio  del  fallo  del valor de los perjuicios  (sic);   quien según  el  Juez  el  Dr. GAITAN MUÑOZ, le correspondía cincuenta mil pesos a cada uno  de  la  partes  para  agilizar  la  entrega  del  vehículo yo les dí completos  mientras   la   otra   persona  llegaba  aportarlos4”.    Además,   en  forma  concordante  con  lo  que  precisó  Rodríguez  “lo  cien mil pesos se le entregaron al  dr.  GAITAN  MUÑOZ  en  su  oficina  estando  su  secretaria,  el conductor del  vehículo    y    el    dr.   POSIDIO   HERNÁNDEZ5”.            

         Posteriormente,  el mismo declarante, en su ampliación de fecha 28  de  octubre  de  1998, ratifica lo afirmado en precedencia al señalar que el ex  funcionario  “exigió  el  valor  de cien mil pesos  eran  para  el  peritazgo  que  se  le  iban a hacer a los dos vehículos, y que  cuando   la   contraparte  pagara  los  cienta  (sic)  mil  pesos  que  le correspondían nos los devolvía,  nunca  nos  dio  recibo  de  esos  cien  mil  pesos6”.          

         Pero  este  declarante  no  sólo  ratifica la primera petición de  dinero  para la práctica del peritaje por parte del procesado sino, igualmente,  la  que  se  efectuó  para  agilizar  la  entrega del vehículo, al indicar que  “según el conductor de la buseta MANUEL RODRÍGUEZ  el  señor  juez le pidió ciento cincuenta mil pesos para hacerle entrega de la  buseta,  pero  yo  no autorice ese dinero, la entrega de la buseta si se demoró  más   de   quince   días,   pero   no   se  le  dio  el  dinero”.    Salvo  la  leve  contradicción  referida  al  valor  exigido  en  esta segunda ocasión, este testigo, en todo lo demás, es unánime  con  Rodríguez,  no sólo  por  ratificar  que ella existió, sino también al advertir que no autorizó su  pago,  motivo  por  el  cual  no  se  le entregó más dinero al ex funcionario.   

         Ahora,  es  cierto  que  ni  la  secretaria del juzgado para cuando  ejercía   como  titular  GAITÁN  MUÑOZ,   esto  es,  Blanca  Nieve  Achury  de  Cárdenas,  ni      el      abogado      Posidio  Hernández,  tal  como  lo  señala  el  impugnante,  admiten  haberse  percatado  del momento en que se verificó la entrega de los $  100.000,oo  por parte de Rodríguez Sierra  para  la  práctica  del  peritaje,  aspecto que se ofrece apenas  entendible  dada  la  posibilidad  de verse comprometidos de alguna manera en el  ilícito,  pero  sus reiteradas afirmaciones son contundentes para establecer la  configuración  del  delito  de concusión en contra el procesado y para inferir  su responsabilidad penal.   

         La  primera  en  mención  es  especialmente  enfática al poner en  conocimiento  todos  los  comentarios  que  efectuaban  diversos  usuarios de la  administración  de  justicia  sobre  el comportamiento indebido de GAITÁN  MUÑOZ,  no  sólo en relación  con  los  hechos  a  los  que  se  contrae  esta causa, sino de todas las demás  acumuladas  en  esta  actuación.   En  particular sobre lo que concierne a  esta   causa,   manifestó   lo   siguiente:              

         “Otros  comentarios  en  una contravención especial en accidente  de  tránsito,  la  039 adelantada contra MANUEL RODRÍGUEZ Y PABLO GONZALEZ, el  primero  de  los  nombrados conductor  de una colectiva afiliada a la Flota  Sugamuxi,  que  el  doctor  LUIS MARIO GAITAN le había exigido ciento cincuenta  mil   pesos   por   concepto   de   ayudarle   en   ese   proceso,  ese  comentario  salió  del  mismo MANUEL RODRÍGUEZ y DARIO CHICA  que  es el gerente o representante de la empresa Sugamuxi aquí en Villavicencio  en  el  Terminal7 (subrayas fuera de texto).   

         Los  términos  de  la anterior declaración fueron ratificados por  la  deponente en su declaración posterior del 26 de octubre de 1998, en la cual  indicó  que  “por  boca  de  don  DARIO  CHICA nos  enteramos  que el doctor LUIS MARIO GAITAN le había pedido doscientos mil pesos  a  MANUEL, no se si fue para agilizar el proceso o para la entrega de la buseta,  pero  MANUEL  le  reclamo  de  que  (sic) estaba  en  malas  condiciones  y le rebajó a ciento cincuenta mil  pesos,  y  don  DARIO  le prestó esa plata a don MANUEL para poderle cumplir al  doctor             LUIS             MARIO8”.          

         Por   su   parte,   el   doctor  Posidio  Hernández,  en  su declaración de fecha 22 de abril  de  1998,  indicó  que  “en  un  momento que yo me  retiré,  dicho  después  por  don DARIO CHICA, el señor juez MARIO GAITÁN le  insistía  que  era  mejor  que  arreglara  porque  los  daños  realmente  eran  incalculables  negándose  rotundamente  el  señor  CHICA  a  su  pedimento tan  insistente.   Cuando yo obtuve el poder aún no habían entregado la buseta  a  la empresa, y me comentó, más no lo oí, el conductor MANUEL RODRÍGUEZ que  ese  juez  era  muy  comelón  (sic)  que le había tocado darle, no recuerdo si  fueron  trescientos  mil pesos, para que le entregara la buseta y que él había  accedido  a  ese  pedimento,  lo  cierto es, como lo dije antes, yo no ví estos  hechos”.   

         Y,  en  cuanto  al  pedimento  económico  para  la  práctica  del  peritaje  señaló  que “MANUEL RODRÍGUEZ se quedó  un  poco  y  al salir me dijo doctor dizque al perito hay que pagarle doscientos  mil  pesos o más, no recuerdo exactamente por el tiempo transcurrido y a mí me  dijo  que  le dejara la mitad y yo le día la plata, yo le dije a MANUEL que eso  era  incorrecto, que eso era objeto de denuncia penal y me dijo doctor así como  van  las  cosas  uno de pobre lo que tiene es que agachar la cabeza, pero sí es  así  doctor  yo  le voy a pedir que me los devuelva, en la siguiente cita en el  juzgado”.   

         Las  escasas  divergencias  que  se encuentran entre los anteriores  dichos  no  son  suficientes  para  minar  su  credibilidad,  pues  existe plena  concordancia  en  cuanto  a las graves acusaciones que obran en contra del aquí  procesado  de  efectuar  solicitudes  a  los  usuarios  de la administración de  justicia con el fin de obtener una utilidad indebida.   

         Mas  no  son  sólo los mencionados quienes contribuyen a confirmar  en  grado  de  certeza la conducta del justiciable, pues también se logra dicha  convicción   con   fundamento  en  lo  aseverado  por  otros  deponentes.    

En  ese sentido se cuenta igualmente con la  declaración  de  María Obeida Bermúdez,  escribiente  del  juzgado  para  la  fecha en que ocurrieron los  hechos,  quien  en  sus  dos  salidas  procesales  también  da  cuenta  de  los  comentarios  de los usuarios en torno a las exigencias de dinero del titular del  despacho.  En una primera oportunidad señaló lo siguiente:   

“Se que al gerente de la Empresa Sugamuxi  DARIO  CHICA  a  él  y al conductor MANUEL RODRÍGUEZ SIERRA, también le   había  pedido  plata,  me  parece  que  MANUEL  RODRÍGUEZ  SIERRA  si  le  dio  plata;   eso  fue  en  la  contravención  039,  donde es querellante es de  oficio  informe policivo, están como querellados o implicados MANUEL RODRÍGUEZ  SIERRA  y PABLO no recuerdo el apellido.  Me parece que a PABLO también le  pidió      plata      o      su      patrón”9.   

En  su  ampliación  de declaración que se  llevó  a  cabo el 30 de octubre 1998, esta testigo con mayor amplitud sobre los  hechos   que   ocupan   la   atención,   fue   enfática  en  señalar  lo  que  sigue:                     

“se  designó  al  señor  RAFAL  MARIA  SALAMANCA  GALVIS  para  que avaluara los daños del tractor como de la Sugamuxi  para  que dijera cuál había sido la falla del accidente.  Recuerdo que en  el  momento  no  se  le  pagó  ningún  honorario,  pero don RAFEL después nos  comento  que  el  doctor  LUIS MARIO GAITÁN les había dicho a MANUEL y a PABLO  que  había  que  pagarle  honorarios  al  perito,  cuando nos comentó esto don  RAFAEL  nos  volteamos  a  ver  con  doña  BLANCA  y  le dijimos don RAFAEL esa  diligencia  como  es  penal  no  se cobra entonces don RAFAEL dijo que no que el  señor        Juez        había        dicho10”.               

En  cuanto  a  la exigencia de $ 200.000,oo  para  agilizar la entrega del vehículo afiliado a la empresa Sugamuxi, también  esta   deponente   confirmó   los  comentarios  al  respecto  al  señalar  que  “el señor MANUEL que era el conductor de la buseta  la  Sugamuxi nos comentó que el doctor LUIS MARIO GAITAN  le había pedido  dinero  y  que  les  colaborara  en  la  contravención  y  entonces nosotros le  preguntamos  a  MANUEL  que  sí él le había dado esa plata y él nos comentó  que  él  le  había  dicho que no tenía plata que sí la conseguía pues se le  daba  y entonces si, el nos dijo que don DARIO CHICA le había prestado la plata  y  que  él  se  la  había  dado  al  doctor  y  que  el  doctor había quedado  comprometido   en   colaborarle   en   ese  proceso11”           

El   recuento   probatorio  anterior  era  imprescindible  con el fin de aclarar que la presente causa no se circunscribe a  un  conjunto  de  rumores, sino que obra una acusación concreta y directa   por    parte    del    señor    Manuel   Rodríguez  Sierra, usuario de la administración de justicia, al  informar  sobre  dos  exigencias  de  dinero por parte del enjuiciado dentro del  proceso  que  se  adelantaba por la contravención de lesiones personales;   la  primera,  para  la  práctica de un peritaje y, la segunda, para agilizar la  entrega   del   vehículo  involucrado;   acusaciones  que  están  además  refrendadas  con  lo  expuesto  por  el  señor Darío  Chica, quien le facilitó el dinero solicitado por el  sindicado   y   le   aconsejó   que   no   le   diera   más   dinero   al   ex  funcionario.   

Sobre dichas indebidas peticiones, además,  tuvieron  conocimiento  por   comentarios  de  los  referidos,  el  abogado  Posidio  Hernández, quien  representó  a Rodríguez en  la    aludida    actuación   y   las   empleadas   del   juzgado   Blanca   Nieves   Achury  y    María    Obeida   Bermúdez.   Adicionalmente,  adquiere  mayor  credibilidad  su  dicho con lo atestado por el  coprocesado    en    el    aludido    trámite   contravencional,   Pablo    Elías    García,  quien si bien es enfático en señalar  que  a  él  no  le  hizo  ningún  pedimento,  sí  pone de manifiesto la forma  desprevenida   como  Manuel  Rodríguez  le  increpaba  para que le devolviera los $ 50.000,oo que anticipó  para  tal  efecto,  de  acuerdo  con lo que le dijo el ex juez, pues el peritaje  debía  pagarse  por mitades, con lo cual se pone en evidencia la sinceridad del  relato     de     Manuel    Rodríguez.   

Ahora  bien,  la contundencia que surge del  análisis  integral  de  los  referidos  medios  de  prueba no se afecta con las  declaraciones   recibidas  durante  la  diligencia  de  audiencia  pública  por  Flor    Alba    Urrego    de    Vergara,   Carmen  Arcelia  Gómez  Cendales  y  Blanca  Mery Avila, funcionarias de la administración  municipal  de Paratebueno para la época de los hechos y quienes advierten sobre  las  diferencias  existentes entre el acusado y Blanca  Nieves  Achury, secretaria del juzgado, a raíz de un  proceso  disciplinario  que  el procesado adelantó en su contra, pues a lo sumo  dicho  antecedente  tendería  un  manto  de  duda  sobre  la  objetividad de la  atestación  de  la  mencionada,  pero  no  tiene  el  mismo  efecto frente a lo  indicado    por    Manuel    Rodríguez,  cuyo  dicho  fue  ratificado, según se señaló, por los demás  medios de prueba referidos en este acápite.      

Todo  lo  expuesto  permite  colegir que la  decisión  que corresponde es la de confirmar la condena en contra del procesado  por   los   hechos  a  que  se  contrae  la  causa  833.       

2. Causa No. 834:  

En  relación  con  la condena impuesta por  esta  causa,  el  impugnante  se  limita  a  indicar que la conducta imputada es  atípica,  en  tanto  que para la fecha en que se giró el cheque por un millón  de   pesos   a   nombre  de  Julio  Niño,  esto  es, el 20 de diciembre de 1996, el cual luego fue endosado  al  procesado  y  cobrado  a  su favor por un tercero y con el que se pretendía  cubrir  los  supuestos honorarios de un abogado recomendado por este último, ya  no  ostentaba el cargo de juez y que, por ende, no era servidor público, lo que  revierte en la atipicidad de la conducta.   

Precisa el recurrente que, como el despacho  judicial  entró  en vacaciones colectivas el 19 de diciembre del año en cita y  su  defendido  inicialmente  fue  nombrado  en  encargo  a  partir  del  1°  de  diciembre,  teniendo  sólo  una expectativa de continuar en su desempeño luego  del  período vacacional, para la fecha en que se giró el título valor actuaba  como   abogado   litigante   “sin  impedimento  ni  inhabilidad alguna”.   

Agrega que el Tribunal aprecia erróneamente  una  cita,  según  la  cual  el  delito  se  realiza  aún  cuando el sujeto se  encuentre  en  uso  de  licencia  remunerada o sin remunerar, en vacaciones o en  similar  condición,  porque ello ocurre cuando el funcionario tiene continuidad  en  su  ejercicio  pero no en el presente caso porque a su defendido sólo se le  dijo   que   iba  a  ser  juez  a  partir  del  1°  de  diciembre  “y  por  sustracción  de materia hasta el 19 del mismo mes, pues  si  a partir del 20 no había despacho judicial, por ser una vacancia legal, mal  podía  seguir  ejerciendo  el encargo”.        

En  punto  del  argumento  que  sostiene el  impugnante  es preciso acotar que no le asiste razón, de conformidad con lo que  a continuación se expone:   

Como  se  indicó en el acápite previo, la  Sala  ha venido sosteniendo en forma reiterada que el delito de concusión es de  mera  conducta,  lo  cual  significa  que  se  consuma al constreñir, inducir o  solicitar  el  dinero  o  la utilidad indebidos en provecho del servidor o de un  tercero,  con  independencia  de que el dinero o la utilidad que se exigen hayan  penetrado  o  no  a  la  esfera  de disponibilidad del actor, según se concluye  tanto  del  alcance  y  significación  de  los verbos rectores contenidos en el  tipo,  como  de  la circunstancia de que el bien jurídico tutelado, esto es, la  administración   pública,   resulta   lesionado   con  la  conducta  misma  de  constreñir,   inducir   o  solicitar  indebidamente,  pues  ello  quebranta  la  legislación  que  la  organiza  y  estructura  y  contraría  los principios de  lealtad, probidad y transparencia que la caracterizan.   

Si  ello  es así lo que importa establecer  para  el  juicio  de  adecuación  típica, es que el agente de la conducta haya  ostentado  el cargo de servidor público para el momento en que se llevó a cabo  el   acto  de  inducción  o  de  solicitud  (concusión  implícita)  o  el  de  constreñimiento   (concusión   explícita)   sobre   la   víctima  y  no  que  necesariamente  conserve  esa  categoría  para  momentos  ulteriores en los que  simplemente  se  materializa  el  agotamiento  de la figura delictiva analizada.   

Para el caso que concita la atención de la  Sala,    en   el   cual   el   doctor   LUIS   MARIO  GAITÁN  abusando  de su cargo solicitó una cantidad  de  dinero  a  los  señores  Guillermo Bueno, Gabriel  Peralta   y  Carmen  Julio  Niño  con  el  fin  de  sufragar los honorarios a un  profesional  del  derecho  que  intervendría  en  la  práctica  de  una prueba  anticipada  (concusión  implícita),  se  giró  para  tal efecto un cheque por  valor  de  un millón de pesos a nombre de un tercero que luego lo endosó al ex  juez,  quien  terminó  cobrándolo a través de un tercero, no tiene relevancia  alguna  para  establecer la consumación de la conducta la fecha en que se giró  tal  título  valor (20 de diciembre de 1996, primer día de vacancia judicial),  por  estar  demostrado  que  a  ella precedió la exigencia indebida a que se ha  hecho  alusión  cuando  el  sindicado se desempeñaba como titular del despacho  bajo la modalidad de encargo.   

Desde esa perspectiva, el planteamiento del  impugnante  que  olvida  la investidura de servidor público para la fecha en la  cual  se  consumó  la  conducta, para en su lugar concentrar la atención en un  acto  posterior,  no  repercute  nocivamente,  como  así  lo  pretende,  en  el  fenómeno de la tipicidad de la conducta.   

Por  otro lado, la Sala tampoco comparte el  argumento  del  impugnante en el sentido de que para el 20 de diciembre de 1996,  primer  día  de  la  vacancia  judicial  colectiva, automáticamente perdió su  investidura como juez designado en encargo.   

Lo  expuesto,  porque  si se revisa el acto  administrativo  por  medio  del  cual  se nombró por primera ocasión al doctor  LUIS    MARIO    GAITÁN    MUÑOZ    como    Juez   Promiscuo   Municipal   de   Paratebueno12,  aparece  claro  que  su  nombramiento  en encargo fue por 22 días, que correspondían al  período  vacacional  de  la titular del despacho, comprendidos ente el 1° y el  22  de  diciembre  de  1996.   Es  decir que, independientemente de que los  últimos  tres  días  de  este  lapso (del 20 al 22 de diciembre de la referida  anualidad)  hayan  coincidido  con  el  período  de  vacancia  judicial  y  del  consiguiente  cierre  del despacho, ello no implica, ni mucho menos, que hubiera  perdido  su  investidura,  luego entonces, por lo menos durante esos tres días,  se  mantenían  las inhabilidades que el ejercicio de dicha dignidad impone y no  se  remite  a duda que ostentaba la condición de servidor público que exige el  tipo           penal           de           concusión          para          su  configuración.          

Además, no es cierto que la posibilidad de  continuar  en  el  cargo  al  cabo  del  período vacacional le representaba una  simple   expectativa   a  GAITÁN  MUÑOZ,   como   lo  sostiene  su  defensor  en  los  fundamentos  de  la  impugnación  que  se  ventila,  cuando  para  el  20 de diciembre de 1996 ya se  tenía  conocimiento  de su nombramiento posterior tan pronto se reiniciaran las  labores   ordinarias   de   la   Rama  Judicial,  como  quiera  el  Tribunal  de  Villavicencio,   mediante   Acuerdo   039  del  18  de  diciembre  de ese mismo año lo designó nuevamente en  el  cargo  en  consideración  a la licencia concedida a la titular del despacho  por   el   término   de  60  días  contados  a  partir  del  11  de  enero  de  1997.          

Como  los  planteamientos  del  recurrente  carecen  de  razón  de acuerdo con lo expuesto, es preciso confirmar la condena  en  su  contra por el delito de concusión respecto de los hechos que conciernen  a la causa acumulada 834.   

3.  Causa No. 835:  

En torno a la responsabilidad que se dedujo  en  contra  de  su  defendido  en  esta última causa, señala el recurrente que  surge   gran   inquietud   en   relación  con  el  testimonio  de  Marleny  Bueno  Jiménez, según el cual  el  procesado  se  ofreció  a ayudarle en un juicio de sucesión y que para tal  efecto  tenía  que  conseguir  un  abogado  y  $  200.000,oo,  propuesta que le  pareció  muy costosa y que por tanto se la rebajó a $ 100.000,oo, pues es bien  significativo  que sólo hasta el mes de noviembre de 1997 se hubiere presentado  a  formular la queja, a pesar de tener conocimiento que desde el mes de abril su  padre   también   había  formulado  denuncia  contra  el  doctor  GAITÁN  MUÑOZ,  por  los  dineros que,  según él, le había entregado.   

Para el impugnante surge mayor duda de esta  declaración  cuando  sostiene  que  le  decían  que esperara a ver que pasaba,  “sin  que  hubiera dado ninguna explicación de que  personas  le  decían  eso”, lo que permite inferir  que  su  declaración es producto de un ánimo vindicativo en contra del ex juez  por  los  hechos  que  se  investigaron  en  la causa 830 y que supuestamente le  ocasionaron depresión y malestar a su progenitor.   

Como  ningún  otro  medio  de prueba obra  dentro  del proceso que sirva de respaldo a las afirmaciones de la declarante en  mención  “si  no  es  el  rumor  malintencionado y  recogido  por  personas  que no simpatizaban con LUIS MARIO GAITÁN MUÑOZ y que  lo  vierten  dentro del proceso con el claro y definido propósito de agravar su  situación  jurídica”, estima el recurrente que no  se  configura  el  grado de certeza exigido para condenar;  además, porque  no  se  puede  tener  como  indicio  el  hecho  de  que  la señora Marleny  Bueno  lo hubiere visitado a su  despacho,  pues  ello  no  es  suficiente  para  dar por sentadas las exigencias  indebidas               a              que              alude.        

En  relación  con  las  argumentaciones  presentadas  por  el  recurrente,  es  preciso  indicar,  de  forma  similar  al  análisis  que  se  acometió en lo referente a la causa 833, que aquí también  se   cuenta   con   una  acusación  directa  elevada  por  una  usuaria  de  la  administración  de  justicia,  quien pone de presente las solicitudes de dinero  por  parte  del  ex  juez  GAITÁN MUÑOZ para  colaborarle  en  un  asunto sometido a su conocimiento cuando  fungía como Juez Promiscuo Municipal de Paratebueno.   

La  sindicación está contenida en lo que  refirió  la  aludida  testigo en su declaración del 27 de noviembre de 1997, a  través  de  la cual principalmente expuso lo relativo al inconveniente que tuvo  su progenitor con el ex juez, para luego señalar que:   

“Antes  de  suceder  todo  esto yo le comenté a mi papá sobre el  problema  que  tengo  sobre  una casa que me dejó mi abuelita, la mamá de él,  entonces  él  me  dijo,  hija  vaya  donde el juez que era el doctor LUIS MARIO  GAITÁN,  coméntele  el  problema  al  juez  y  verá  que él le ayuda, yo sin  pensarlo  fui  al juzgado, llevé los papeles y no estaba y me dijeron que fuera  al  otro  día  en  la  mañana y volví y estaba el doctor LUIS MARIO GAITÁN y  hablé  con  él, le comenté el problema y me dijo mire nena eso se requiere de  un  abogado,  y  me  dijo  mire  chiquita  yo  te voy a ayudar pero que todo era  Calletano  (sic)  o sea que  no  fuera a comentar a nadie que él me estaba ayudando y que todo era de labios  cerrados,   me  dijo  mira  consíguete  doscientos  mil  pesos  me  sacas  unas  fotocopias   y  que   faltando  diez  para  la  una  que  él  estaba  ahí  esperándome  para  recibirle  el sobre con el dinero y los papeles, entonces yo  le  dije  mire  doctor  es  que  yo  no  tengo plata, y entonces me dijo ahí si  chinita  eso si no sé porque esto se necesita de plata y entonces fue cuando me  dijo  aunque  sea  cien  mil  pesos,  entonces  yo tenía una plata en la casa y  entonces  le  dije  bueno doctor listo, y me dijo entonces aquí la espero, y si  en  caso  de  que  las  secretarias estaban que no dijera nada y que entrara por  derecho13”      (subrayas      fuera     de  texto).   

La   transcripción   anterior   permite  evidenciar  que  previo  a  que  se  suscitara el problema entre el ex juez y su  progenitor,  Marleny Bueno,  siguiendo  la  sugerencia  de este último, ya le había pedido su colaboración  al  primero  en otro proceso que tenía a su cargo, de lo cual se infiere que la  última  sindicación  no  fue  fruto exclusivo de un afán vindicativo y por lo  mismo  irreal,  como  se  sugiere  de  lo  expuesto  por el defensor, sino de la  inconformidad  que  surgió  al sentirse timada por el sindicado al igual que su  padre,  lo cual no necesariamente despoja de credibilidad las serias acusaciones  contenidas en su atestación.      

Además,  las  reveladoras manifestaciones  contenidas   en   el   dicho  de  Marleny,  se  ven refrendadas con los testimonios de oídas  vertidos  por  las  empleadas  del  mismo  juzgado Blanca Nieves  Achury14y  María  Obeida  Bermúdez15, quienes se  dedican  a  transmitir  lo  que  a  su vez aquella les comentó, y con lo que se  demostró  en los demás procesos seguidos en su contra, lo que amerita condigna  represión punitiva.   

El solo hecho de que hipotéticamente haya  podido  existir  algún  sentimiento  de  animadversión,  como  ya  se dijo, de  Blanca   Nieves   Achury,  secretaria   del   juzgado,   hacia   el  sindicado,  por  un  supuesto  proceso  disciplinario  que  aquél  tramitó en contra de aquélla, no es suficiente, se  reitera,   para   restar   toda  credibilidad  a  lo  narrado  por  Marleny  Bueno  Jiménez  y  por la otra  empleada     del  juzgado María Obeida  Bermúdez,  en  quienes no está demostrado asistían  los     mismos     motivos     u     otros     para     desconfiar     de     su  dicho.         

El  análisis  anterior  conduce a colegir  que,  al  igual  que las anteriores causas, la decisión que se ofrece razonable  es   la   de   confirmar  la  condena.          

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,     

RESUELVE   

         CONFIRMAR  la sentencia objeto del recurso  de   apelación   interpuesto   por   el  defensor  del  procesado  LUIS    MARIO    GAITÁN   MUÑOZ,   de  conformidad  con  los  razonamientos  expuestos  en  la  parte  motiva  de  esta  providencia.     

Contra  esta  decisión no procede ningún  recurso.   

Cópiese y notifíquese.  

MAURO   SOLARTE   PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                                ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                      

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                          ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZÓN           

MARINA  PULIDO  DE  BARÓN                                 JORGE   LUIS   QUINTERO  MILANÉS              

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1  Folios 41-42 del cuaderno original de la causa 833.   

2  Sentencia de fecha abril 13 de 2005. Rad. 21447.   

3 Folio  76 ibídem.   

4 Folio  44 ibídem.   

5 Folio  45 ibídem.   

6 Folio  104 ibídem.   

7 Folio  18 ibídem.   

8 Folio  86 ibídem.   

9 Folio  39 ibídem.   

10  Folio 108 ibídem.   

11  Ibídem.   

12  Acuerdo  No.  035  del  27  de  noviembre  de  1996  del  Tribunal  Superior  de  Villavicencio.      

13  Folio 232 c.o. de la causa # 835   

14  Folio 16 ibídem.   

15  Folio 36 ibídem.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *