24231(25-05-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24231  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No.051  

Bogotá, D.C., veinticinco (25) de mayo de dos  mil seis (2006).   

VISTOS:  

En dos causas acumuladas, el Juzgado 2º Penal  del  Circuito  de  Popayán,  condenó  a  MILLER EDUARDO MEDINA GUACHETÁ a las  penas  principales  de  21  meses  de  prisión  y  multa de 3 salarios mínimos  legales  mensuales,  y  a  la accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas  por  el mismo lapso de la restricción de la libertad, como autor del  delito  previsto  en  el  inciso  segundo del artículo 33 de la Ley 30 de 1986,  esto  es,  por  conservar  con fines de venta sustancia estupefaciente a base de  cocaína.   

En el mismo fallo también fue condenada ZULEY  SOLIS  IMBACHI  a  la  pena  de  14  meses  de  prisión y multa de dos salarios  mínimos  legales  mensuales,  más  la accesoria de interdicción de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo lapso de la privación de la libertad, como  autora  del  delito  previsto en el inciso segundo del artículo 33 de la Ley 30  de 1986, por conservar sustancia a base de cocaína para la venta.   

A  los  dos  sentenciados  se  les  negó  la  suspensión condicional de la ejecución de la sentencia.   

Apelada   la  sentencia  anterior  por  los  defensores  de  los  procesados,  en  fallo  del 17 de mayo de 2005, el Tribunal  Superior  de  Popayán,  lo  revocó  en  cuanto  tiene  que  ver con la condena  impuesta  a  ZULEY  SOLIS  IMBACHI  y a MILLER EDUARDO MEDINA GUACHETÁ, por los  hechos del 13 de noviembre de 1998.   

No obstante, a MEDINA GUACHETÁ se le condenó  a  las  penas principales de 14 meses de prisión y multa de 2 salarios mínimos  mensuales  legales  vigentes,  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por término idéntico al de la  restricción  de  la  libertad,  como  autor  del  delito  descrito en el inciso  segundo  del  artículo  33 de la Ley 30 de 1986, por los hechos ocurridos el 24  de noviembre de 2000.   

Al  sentenciado,  se  le negó igualmente, la  suspensión condicional de la ejecución de la sentencia.   

Recurrido  en  casación  el fallo de segundo  grado,  por  la defensora del procesado, procede la Sala a calificar formalmente  la demanda.   

HECHOS y ANTECEDENTES:  

Fueron así resumidos por el Tribunal Superior  de Popayán:   

“El primer hecho, por el cual se investigó  y  juzgó  a  MILLER  EDUARDO  MEDINA  GUACHETÁ  y  a su compañera ZULEY SOLIS  IMBACH,  ocurrieron  el  13  de noviembre de 1998, fecha en la cual se practicó  una  diligencia  de  allanamiento  y registro al inmueble ubicado en la calle 13  número  4-45,  barrio  Alfonso López de Popayá, sucediendo que al llegar a la  residencia  –según el acta  respectiva-  aquellos  salieron corriendo, deshaciéndose de una bolsa plástica  que  luego  sería  recuperada  por Agentes de la Policía y en cuyo interior se  encontró  la  cantidad de 173 papeletas, conteniendo una sustancia que después  se   establecería   correspondía   a   cocaína   base  en  cantidad  de  19.6  gramos.   

“Un  segundo proceso, en contra únicamente  del  señor  MILLER  EDUARDO MEDINA GUACHETÁ, se adelantó a raíz del hallazgo  materializado  en  diligencia  de allanamiento y registro al inmueble ubicado en  la  calle  14  número  4-45  del  barrio  Alfonso  López de Popayán, el 24 de  noviembre  de  2000,  cuando  en  uno  de  los  baños,  se  encontró una bolsa  plástica  con 134 papeletas de sustancia que luego se establecería corresponde  a cocaína base, en cantidad de 19.7 gramos”.   

En el primer caso, el 11 de junio de 20001, la  Fiscalía  06-002  Delegada  ante  los  Jueces  Penales del Circuito de Popayán  calificó  el  mérito  probatorio  del sumario con resolución de acusación en  contra  de los dos implicados, como autores materiales del delito definido en el  inciso segundo del artículo 33 de la Ley 30 de 1986.   

En el segundo, la acusación fue proferida el  5  de  junio  de 2001 por la misma Fiscalía, en contra de MILLER EDUARDO MEDINA  GUACHETÁ,  también  por  infracción al artículo 33, inciso segundo de la Ley  30 de 1986.   

En  la  etapa  del  juicio, en auto del 19 de  junio  de  2001,  el  Juzgado  2º  Penal  del Circuito de Popayán, decretó la  acumulación jurídica de las dos causas anteriores.   

LA DEMANDA:  

Al  amparo  del  cuerpo  primero de la causal  primera  de  casación,  acusa el demandante el fallo de segundo grado de violar  directamente,  y por falta de aplicación de la ley 750 de 2002, en cuanto tiene  que ver con la prisión domiciliaria.   

Se  refiere  a  las razones que inspiraron la  expedición  de  dicha  ley,  y  enfatiza que MILLER EDUARDO MEDINA GUACHETÁ es  padre  responsable  de  6  niños  de 15, 13, 12, 7 y unos gemelos de 6 años, y  además  cuando  puede  le  ayuda  a su hijo mayor, quien vive con la madre. Por  todos  debe  responder económicamente con su trabajo, pues la madre no está en  capacidad para sostener esa numerosa familia.   

Por  lo anterior, el concepto de madre cabeza  de  familia,  no  puede  interpretarse de manera exegética, en el sentido de la  ausencia  física de uno de los padres, pues de ser así en ningún caso, cuando  existan  los  dos  padres,  podría  un  juez  pronunciarse  sobre  la  libertad  condicional o la prisión domiciliaria.   

En  el  presente  asunto,  el  juez  omitió  considerar  los  requisitos  para conceder la prisión domiciliaria, y aunque el  Tribunal  se ocupó del tema, lo hizo para negarla. De todas maneras, en ninguna  de  las  dos instancias se tuvo en cuenta que en el hogar de los MEDINA IMBACHI,  ha  sido  el  padre  quien  ha conseguido el sustento; y que en esas condiciones  debe  prevalecer  el  derecho  de  los  niños  que  requieren  de  su crianza y  sostenimiento.   

Asimismo,  lo  anterior,  implicó  que  la  negativa  de  la  prisión domiciliaria únicamente por el Tribunal, quedara sin  posibilidad de ejercer la segunda instancia.   

Adicional  a  lo anterior debieron tenerse en  cuenta  los  requisitos  de  la  condena de ejecución condicional y la libertad  condicional,  así  como  la  realidad  actual  de los niños, máxime que está  demostrado  que  desde  la  última  indagación,  MILLER  MEDINA  GUACHETÁ  ha  trabajado   para  sus  hijos  y  no  tiene  investigaciones  en  su  contra,  no  pudiéndose  argumentar  como  lo hizo el Tribunal que “que no puede otorgarle  la  concesión  de  subrogado  alguno  por  cuanto puede expender estupefaciente  desde su hogar”.   

Agrega igualmente que si bien no desconoce la  carga  laboral  que  agobia a los despachos judiciales, en este caso la negativa  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena o la prisión  domiciliaria,  no cumplirán ninguna función después de 5 años de iniciada la  investigación,  pues a estas alturas el procesado ya no requiere de tratamiento  penitenciario.   

Por último, expone:  

“COMO   LEY  FAVORABLE  DE  PETICIÓN  SIMPLE  Y  GENÉRICA  Y  COMO  PARA  VERIFICAR  SI POR  FAVORABILIDAD  DEBE  INTRODUCIRSE ALGUNAS MODIFICACIONES. CARECEN DE COMPETENCIA  LOS  FUNCIONARIOS  DIFERENTES  A LOS MAGISTRADOS DE LA CORTE SUPREMA”.   

Así,  en  el  capítulo  que  titula  como  “demostración  del cargo”, reitera lo expuesto, y solicita se case el fallo  recurrido  para  que  prevalezcan  los  derechos  de los hijos menores de MILLER  MEDINA  GUACHETÁ,  concediéndole,  o bien la condena de ejecución condicional  de la ejecución de la sentencia o la prisión domiciliaria.   

CONSIDERACIONES:  

1.  Por  no cumplir los requisitos formales a  que  se  contrae  el  artículo 212 de la Ley 600 de 2000 la Sala inadmitirá la  demanda objeto de estudio.   

2.  En  efecto,  dando  por descontado que en  razón  al  máximo  de pena previsto para el delito de tráfico, fabricación o  porte  de  estupefacientes  conforme  a  lo dispuesto en el artículo 33 (inciso  2º)     de     la     Ley     30     de     19861,  vigente para la fecha en que  se  cometieron los hechos, o a lo regulado en el artículo 376 (inciso 2º de la  Ley          599          de          2000)2,  cuyo  rigor  imperaba  a  la  fecha   de  la  sentencia,  es  claro  que  bajo  cualquiera  de  los  estatutos  procedimentales  que  rigieron  el  presente  trámite (Decreto 27003 de 1991 y Ley  600  de  2000),  la  procedencia  de  la  casación  estaba  sujeta a las reglas  previstas  para  los  eventos  en que la Corte puede admitir excepcionalmente la  impugnación extraordinaria.   

3.   Por   tal  motivo,  al  demandante  le  correspondía  señalar  de  manera  clara  y  suscinta cuál de los propósitos  perseguía  en este evento, esto es, si el desarrollo de la jurisprudencia sobre  un  tema  sobre  el cual se carece de criterio de autoridad que oriente la labor  interpretativa  de  los  jueces;  o se unifiquen posiciones contrarias; o que la  Corte  se  ocupe  de  los alcances que en punto de una determinada y tradicional  posición  jurisprudencial  acorde  a  nuevas  previsiones  legales;  o  decante  aspectos  oscuros  o  confusos  de  la  doctrina,  en  fin, en todo caso, que se  precise  de  un  pronunciamiento  que  permita  a  la jurisprudencia servir como  criterio auxiliar de interpretación.   

4.  De  la  misma  manera, si el objetivo del  recurso  extraordinario  es  la  protección  de garantías fundamentales de los  sujetos  procesales, el demandante debe precisar cuál de ellas fue vulnerada en  el curso del proceso y en la sentencia.   

En  ambos  casos,  los cargos y su desarrollo  deben  corresponder al tema o temas por los cuales el recurrente  considera  que   en  el  asunto  en  particular  resulta  necesario  que  la  Corte  revise  extraordinariamente  el  proceso y se cumplan los fines de la casación por vía  excepcional.   

5.  Nada  de  lo  anterior  se cumplió en el  presente  asunto,  pues  el  escrito  que  a  manera de demanda ha presentado la  defensora  del  procesado,  no explica ni esboza de ningún modo cuáles son los  motivos  de  hecho o de derecho que en este caso en particular harían meritorio  que  la  Corte  aborde  un  estudio de fondo del asunto, cumpliendo así con los  fines     de     la     impugnación     extraordinaria    en    su    modalidad  discrecional.   

6.  Esos  elementos  de  juicio,  de  los que  precisaría  la  Corte  en  orden  a evaluar la necesidad de superar aspectos de  estricta  formalidad  para darle paso al derecho sustancial, y a la función que  constitucionalmente  le  compete  en  materia de protección de la legalidad del  proceso  y,  por  supuesto,  de  los  derechos y garantías fundamentales de los  sujetos  procesales,  ni  siquiera  se pueden inferir del único cargo propuesto  contra el fallo de segunda instancia.   

7.  En  efecto, si en gracia de discusión se  quisiera  entender que la demanda pretende el desarrollo de la jurisprudencia en  cuanto  tiene  que  ver  con la procedencia de la prisión domiciliaria, aún en  eventos  en  que  existan  los  dos  padres,  y  sólo uno de ellos se encuentre  privado  de  la libertad, esa consideración tampoco resultaría suficiente para  la   admisión  del  libelo,  no  sólo  porque  dicho  instituto  se  encuentra  claramente  regulado  en la ley 750 de 2002, en donde se señalan los requisitos  hacen  aconsejable  la  medida  a  la  mujer  o padre cabeza de familia, como lo  admitió  la Corte Constitucional en relación a éstos últimos en la sentencia  C-184  de  2003,  sino  porque  el  sustento argumentativo del cargo es confuso,  inconsistente e insustancial.   

8.  Obsérvese al respecto, que la demandante  planteó  una  violación  directa  de la ley sustancial, lo cual le exigía una  argumentación  de  estricto  derecho  en relación con el concepto de cabeza de  familia,  ya  definido  por cierto en la sentencia de constitucionalidad aludida  al  estudiar  la exequibilidad de la ley 750 de 2002; sino que al tiempo termina  por  sugerir que debe extenderse a los eventos en que quien quede a cargo de los  menores,  no  esté  en  posibilidades económicas de proveer el sustento de los  menores.   

Es más, se refiere de manera indistinta a la  libertad  condicional  y  a la prisión domiciliaria, enfatizando reiteradamente  que  el  Tribunal  no  valoró  la  situación  de los menores, cuestionando las  apreciaciones   probatorias   para   negar  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la sentencia; dejando al descubierto como expresamente lo refiere  en  la  demanda,  que a su juicio, las posición del juez de segundo grado “no  es sino una manifestación respetable, pero no compatible”.   

En suma, no comprueba que los requisitos de la  prisión  domiciliaria  se  cumplían  en  este  caso, no obstante la existencia  física de los dos padres.   

Por  las  anteriores  razones,  entonces,  la  demanda  será  inadmitida,  no  sin  antes dejar en claro que en este asunto no  encontró  la  Sala  circunstancia  alguna  que tradujera en causal de nulidad o  vulneración  de  garantías fundamentales de los sujetos procesales que obligue  acudir  a  la  oficiosidad  en  los términos del artículo 216 de la Ley 600 de  2000.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

1.   Inadmitir   la  demanda  de  casación  presentada a nombre del procesado MILLER EDUARDO MEDINA GUACHETÁ.   

2.  Contra  esta decisión no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                               ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                                        

Permiso  

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO                             ÁLVARO                              ORLANDO                              PÉREZ  PINZÓN                     

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                                JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                                  

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                                   JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

1 1 a 3  años   de   prisión   y   multa   de   2   a  100  salarios  mínimos  legales  mensuales.   

2 4 a 6  años  de  prisión  y  multa  de  2  a 100 salarios mínimos legales mensuales.   

3 Hasta  antes  de la entrada en vigencia de la Ley 553 de 2000, que entró a regir el 15  de  enero  de  2000,  el artículo 218 establecía como límite punitivo pena de  prisión que “que exceda de seis (6) años.     

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